Hola a todxs! Cómo están? Como siguen con la pandemia? Espero que se encuentren todxs muy bien!
Gracias, mil gracias por sus hermosas palabras. Hacen que me sienta muy feliz, gracias por su apoyo y su buena onda. Me seguire esforzando para ustedes!
Ame cada hipotesis que hicieron! Si, Ranma esta mostrando otros colores, se le esta pasando lo loquito porque bueno, su amada ya esta a su lado. Sin embargo no sera facil llegar a ella. Se que Akane puede ser un tanto irritante, pero creo que es entendible. No solo por lo vivido sino por su naturaleza en si. No me gustan las historias donde la protagonista es muy debil y cae facilmente bajo los encantos del galan, jajaja, por supuesto es una preferencia particular. Las consortes y la reina, pues dejenme decirles que ellas recien estan comenzando.
Me preguntaron sobre las reglas del protocolo. Son invenciones si, pero me base en decenas de dramas historicos!
Sobre Touma... bueno...
Me gustaria seguir leyendo sus pronosticos e hipotesis sobre lo que acontece en este capitulo, agradeciendo como siempre el enorme gesto de dedicarle un tiempo a leer la historia y dejar sus comentarios.
Agradezco a aquellos a quienes no puedo hacerlo individualmente por sus hermosas palabras: Ferchis-chan, Ale, Grace, Daya, Hikari y un par de personas mas cuyos nombres desconozco.
Y a A.R. Tendo por su preciosa oferta de compartir y difundir mi historia, me conmoviste! Gracias!
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 12: Shhh
-Noticias del palacio de los Saotome, Mi Señor.
El guardia se acercó con el papel entre sus manos que, con impaciencia, fue leído por el señor del castillo.
-Ya se ha consumado _arrugó la hoja descargando su enojo_ ¡Ese cerdo!, ¡Otra más! _dijo asqueado.
Todos a su alrededor se estremecieron ante su reacción, esperando temerosos a que terminara de moderar su ira.
-¿Ya ha despertado?_ dijo volviendo a sus cabales.
-No aún, Mi Señor.
-Apenas recobre la conciencia lo traen ante mí.
-Por supuesto, Amo.
El calor era sofocante. ¿Estaba bajo el sol?
Abrió despacio sus ojos pero la habitación apenas estaba iluminada por el astro.
No era la estrella quien calentaba su piel. Entonces ¿de dónde emergía semejante calor?
Intentó levantarse. Estaba sedienta y pronto descubrió el sudor empapando levemente su piel.
Y entonces vio esa extremidad tomando su cintura.
Sus ojos se abrieron como platos al ver la enorme mano posada sobre su vientre. Descendió su mirada hasta encontrar sus piernas entrelazadas a otras más fuertes y por sobre todo peludas.
Pero lo peor fue aquel músculo duro haciendo presión sobre su baja espalda. Eso la hizo reaccionar de inmediato.
-¡Aléjate de mí, depravado! _gritó empujando el cuerpo masculino lejos de sí.
Se quedó de pie junto al ventanal comprobando si había alguna señal en su cuerpo de abuso.
¿Cómo, cómo pudo quedarse dormida tan profundamente otra vez?
¡Seguramente la había drogado!
El hombre sí lo estaba. Estaba extasiado de su esposa. Otra noche más compartida junto a ella. La primera mañana que se despertó con ella entre sus brazos.
-Cálmate Akane _enunció intentando despabilarse por completo_ no soy un depravado.
-¿Ah, no? ¿Entonces por qué estabas abrasándome?
-¿Abrasándote?, ¿Qué dices? _expresó fingiendo ignorancia.
Era verdad, sin embargo, que no lo había hecho a propósito. El había despertado en medio de la noche aferrado al cuerpo de Akane. Pero se sentía tan bien estar junto a ella que simplemente se abrazó más a su cuerpo y se quedó dormido otra vez.
-Sí, sí lo sabes. Me estabas abrazando, yo… ¡yo no te permití hacerlo!
-No necesito tu permiso _enunció dolido_ pero realmente no me di cuenta, lo hice dormido.
-¿Tú… tú me has hecho algo?
-¿Qué?, ¿De qué hablas?
-¡De eso! _señaló la mujer a su entrepierna.
Como si un balde de agua fría cayera sobre sí, sintió su miembro despierto y suplicante.
Se enrojeció de inmediato al haber sido descubierto por su esposa. Era un pervertido, sí.
De inmediato se levantó del lecho, dándole la espalda a su Consorte. ¿Ranma Saotome tímido?, ¿Quién lo hubiera dicho?
-Yo… no puedo evitarlo. Perdóname.
-¿Que no puedes evitarlo?, ¿Acaso eres un animal?
-¡No lo soy, pero estoy durmiendo junto a una mujer hermosa, una mujer que amo y deseo!, ¿Qué quieres que haga?
-Touma… él jamás se comportó conmigo así. ¡Y él sí me amaba!
Enfurecido al escuchar sus palabras, corrió hacia ella tomándola entre sus brazos por sorpresa.
-¿Qué haces?, ¡Suéltame! _exclamó temerosa intentando separarse de su atacante.
Ranma tomó con una de sus manos el rostro de su esposa forzando sus ojos sobre los propios.
-¡No vuelvas a nombrarlo! _ordenó entredientes_ no puedo soportar que nombres a ese tipo.
-¿Por qué? _preguntó desafiante_ ¿Por qué no puedo nombrarlo?
-¡Porque eres mi esposa, no puedes hablar de otro hombre frente a mí!, ¡Me debes respeto! _advirtió.
-¿Respeto?, ¡Lo dice alguien que comparte la cama con cuatro mujeres!
-¡Solo con una, solo comparto la cama con una, solo tengo en mi corazón y mi cabeza a una! _dijo respirando aceleradamente mientras comenzaba a descender su vista hasta los labios de la muchacha_ Solo… solo me pongo así por una _afirmó presionando su entrepierna contra el cuerpo de la consorte.
-¡Me das asco! _exclamó Akane.
-Créeme Akane, quiero darte muchas cosas. En este momento quiero darte un beso, uno de esos que solo le puedo dar a la mujer que se adueño de mí por completo _le dijo con desesperación.
Y sin poder contenerse estampó sus labios sobre los de ella. A pesar de que Akane no respondió al estímulo Ranma tampoco se apartó a pensar de su negativa. Luego de unos minutos, simplemente se dedicó a acariciar sus bellos labios con los propios, frotándolos y lamiéndolos lentamente. Su respiración errática lo hizo apartarse y entonces Akane lo empujó separándose de él para esconderse en el baño.
No quería empezar así el día. No quería asustarla. No quería presionarla.
Pero no soportaba que nombrase a aquel infeliz. ¡Él ya se había asegurado de desaparecerlo! ¿Por qué sin embargo seguía presente en su vida?
Se quedó apoyado contra el ventanal intentando recuperar su cordura. Quería pedirle perdón, abrazarla, decirle que la amaba, que ella y solo ella era a quien deseaba y que por eso dolía tanto sus palabras. Pero había aprendido que Akane necesitaba espacio, así que simplemente se vistió y dejó la habitación.
Una vez fuera, llamó a Yuka.
-Hoy asignarán la tarea de Akane dentro del palacio, ¿verdad?
-Así es, Mi Señor.
-Cuando lo sepas ven a decime lo que se ha decidido.
-Lo haré, Su Alteza.
-Dime… ¿Akane ha tomado el té con la Reina?
-Lo hizo, Mi Señor.
-Lo había olvidado por completo. ¡Hibiki!
-Mi Señor.
-Envía a alguien al servicio de la Reina. Ordena que no se atrevan poner nada raro en el té de la Cuarta Consorte. Si me entero que hay restos de alguna hierva que no sea té, los mataré a todos_ dijo con tono amenazante.
-Como ordene, Su Alteza.
-Niña, debes prestar atención al té de tu señora. Si ves algo extraño no permitas que lo tome. Si ella expresa que sabe raro no dejes que lo consuma. Pregúntale, debes hacerlo.
-Lo haré, Amo.
-Esa estúpida no sabe que está haciéndome un favor. Es tan evidente lo que hace, como si no hubiera formas más discretas y efectivas _dijo para sí mismo_ Es tan estúpida como para pensar que yo permitiría que mi mujer embarazada tuviera contacto con ellas.
Ranma sabía que cuando sus hijos fueran engendrados tendría que proteger a Akane de aquellas arpías.
Con ese pensamiento dejó el cuarto de su esposa.
Cuando Yuka ingresó Akane estaba sentada sobre su cama, pensativa.
-Mi Señora, ¿ Ya está lista para que comience a arreglarla?
-Sí, sí lo estoy Yuka_ dijo liberando un sonoro suspiro.
La sirvienta buscó todo lo necesario para preparar a su señora.
-Akane, ¿usted… ha sentido algo anormal cuando bebió el té ayer en el palacio de la Reina? _preguntó mientras peinaba su larga cabellera.
-¿Cómo lo sabes?, ¿Me escuchaste hablando con Kasumi? _cuestionó sorprendida.
-¡No, Mi Señora, no me atrevería! Desconocía que usted había hablado con la señorita Kasumi al respecto.
-Pero ¿cómo lo sabes tú?
-El Príncipe… me lo dijo.
-¿Qué? _exclamó levantándose de la cama.
-Él… él me ordenó que impida que usted tome el té.
-¿Él lo sabe?
- No sé a qué se refiere Akane, pero ordenó a Hibiki que advirtiera a los criados de la Reina que no se atrevieran a poner nada raro en su té.
Akane no supo qué pensar. ¿Acaso era él quien ordenaba a preparar el té abortivo?
-Él… dijo algo que así como "esa estúpida no sabe que me está haciendo un favor".
-¿Dijo eso?
-Así es Akane.
-Esto es muy sospechoso…
Ambas se mantuvieron en silencio.
Cuando se percató del paso del tiempo el dichoso té ya estaba siendo servido frente a ella.
Tomó la elegante taza llevándola hacia su nariz. Luego movió lentamente el líquido con un movimiento circular, hasta que acercó la infusión hacia sus labios.
No había señal alguna de la raíz en la taza.
Sin embargo la mirada atenta de la Segunda Consorte seguía allí, confirmando sus sospechas.
Akane bebió el contenido simulando un poco de asco.
La sonrisa que apareció en el rostro de Shampoo fue siniestra. ¿Las demás consortes sabrían del té?, ¿Debería decirles?
-Consorte Akane.
-Sí, Mi Reina.
-Debemos elegir la tarea que te corresponde realizar dentro del palacio.
-Como ordene, Su Alteza.
-¡Yo tengo una propuesta para la Consorte Akane! _interrumpió la Tercera Consorte.
-Lady Kodachi, la escuchamos _accedió Cologne.
-No hay nadie en el palacio que se ocupe de controlar los a los criados de la tercer casta.
-Me parece una tarea muy pertinente Lady Kodachi_ dijo la Segunda Consorte, quien se encargaba del manejo de todos los sirvientes y eunucos de la casta superior.
Tenía en su poder la asignación de los mismos a las distintas consortes, la distribución de las tareas dentro del palacio de todos los siervos y por supuesto acceso a la información que circulaba por los pasillos del palacio.
-Estoy de acuerdo con ello _agregó Lady Ukyo, a cargo de la administración del dinero destinado a las Consortes, así como los recursos destinados para las ceremonias y celebraciones que tengan que ver con las esposas del príncipe.
El dinero que le correspondía a cada una de las Consortes, así como el permiso para poder disponer de él dependía de su criterio y autorización. Es así que las consortes podían morir de hambre si ella creía que no le correspondía dinero alguno ese mes.
-Me parece una idea fantástica, Lady Kodachi_ afirmó la Reina madre, quien controlaba todo lo que las Consortes hacían, si bien su función principal era regular y aplicar las leyes y castigos dentro de su palacio.
Leyes que muchas veces se adecuaban a los intereses de la Reina.
-Me alegro que les haya gustado mi propuesta _dijo con una enorme cara de satisfacción la Tercera Consorte, encargada de llevar a cabo la planificación y ejecución de todas las ceremonias dentro del palacio.
Kodachi había disfrutado mucho invertir lo justo y necesario en la ceremonia de bodas y nombramiento real de la Cuarta Consorte, tanto como lo había hecho Ukyo recortando necesariamente los recursos económicos debido a la crisis vivenciada ese mes, principalmente y enfáticamente esa semana, razón por la cual Lady Shampoo tuvo que destinar muy pocos siervos ese día, ya que no podría pagar las monedas extras que se solían entregar a los que servían durante la ceremonia.
-Bueno, entonces a partir de mañana Lady Akane deberá empezar con sus labores_ anunció la soberana.
-Estaré encantada de llevar a cabo la tarea que me ha asignado, Mi Señora_ respondió sin un dejo de molestia o sorpresa, algo anhelado por las demás presentes.
Claro que Akane sabía que la intención de ellas era denigrarla, si no por tener que llevar a cabo aquella tarea que ninguna de ellas se rebajaría a realizar, sería por verla reproducir su rol de campesina.
Era bien conocido lo conflictivo que era lidiar con los siervos de la tercer y última casta quienes solían ser ignorantes, un tanto irrespetuosos y rebeldes. No podía ser de otra forma, ya que no solo su paga era miserable sino que las tareas que debían realizar eran las más desagradables dentro del palacio. Además siempre eran tratados despectivamente no solo por la realeza sino por todos los sirvientes de las dos castas superiores.
Pero Akane, no podía estar más agradecida. Ella los comprendía e intentaría hacer algo por mejorar su calidad de vida. Tal vez para ello estaba allí en ese palacio.
Una vez terminada la reunión se retiraron y Akane prosiguió con su objetivo de inspeccionar el cuarto del boticario.
Una vez allí, Akane pidió revisar las hierbas asegurando que su espalda todavía dolía y estaba buscando una hierba en particular cuyo nombre no recordaba pero que podría reconocer si la veía.
A ninguno de los siervos le pareció sospechoso su pedido ya que todos sabían el castigo que había caído sobre ella hace unos días. Quizás por compasión o por el trato tan ameno y respetuoso de la Cuarta Consorte hacia ellos, que le permitieron el acceso al lugar.
Inspeccionó sorprendida de la variedad de hierbas que existían en la habitación. Las raíces de colocasia estaban a la vista. Recordaba las palabras del prometido de su hermana cuando revisaba a las mujeres que acudían a él en búsqueda de alguna solución para prevenir el embarazo. Algunas porque ya tenían muchos hijos a su cargo, otras porque eran muy jóvenes o muy viejas, y estaban aquellas que, como ella misma, fueron obligadas a casarse cuando no tenían intenciones de hacerlo. Tofu jamás le negaba las hierbas que actuaban como anticonceptivo. Prefería ayudarlas antes que verlas morir en partos complicados o abortos autoprovocados fuera de tiempo y por métodos dañinos. Había además demasiados niños que vivían en condiciones terribles porque había muchas bocas que alimentar en sus familias.
Akane aprendió mucho de su cuñado, al igual que su hermana quien solía ayudarlo todos los días en su práctica médica.
Nunca imaginó que sus conocimientos la ayudarían algún día, pues no pensaba tener que evitar un embarazo.
Localizó las hierbas, aquellas que tenía que comenzar a tomar cuando su marido abusara de ella. Porque Akane estaba segura de que lo haría. Era un alivio saber que estaba la colocasia, no deseaba tomarla pero en el peor de los casos sería necesario.
-Yuka, ¿ves estas hierbas?, ¿Las conoces?
-No, Mi Señora.
-Esta es colocasia y ésta de aquí Vinagrillo. Mira el tamaño y la textura. Huélela _ordenó.
La muchacha obedeció procurando prestar mucha atención.
-Estas hierbas serán mi salvación, ¿entiendes? Si algún día las necesito vendrás a buscarlas por mí.
-Lo haré, Mi Señora.
-Gracias Yuka. Vamos.
Al dejar la habitación le pidió.
-No le digas nada de esto al Príncipe.
-No lo haré Akane, puede confiar en mí.
-Gracias _agradeció con un beso en su mejilla.
Ambas volvieron a la habitación. Akane no se sentía segura en ningún otro sitio, tampoco tenía ganas de estar en otro lugar, a excepción, claro, de su casa familiar a la que sabía que jamás podría volver.
Con toda la tarde por delante se cambió a ropas más sencillas liberándose de las pocas joyas que tenía sobre su cuerpo.
Lo único que amaba de aquel lugar era el jardín. Así que abrió las puertas para poder acceder a su pequeño edén.
Comenzó a observar con detalle el sitio que el día anterior no había tenido ganas de recorrer.
Caminó entre las flores intentando reconocer cada una de las especies.
Decidió comenzar a arrancar la maleza que las rodeaba como solía hacer en su propia huerta, recordando de nuevo el adorado lugar donde creció.
-¿Qué estás haciendo? _la interrumpió la conocida voz.
-Estoy escribiendo un libro, ¿no lo ves? _le dijo con ironía.
Ranma no pudo contener la risa ante la ocurrente respuesta. Le gustaba esa forma de ser de su mujer, tan única.
Hacía mucho que la mujer no lo escuchaba reír. Antes, cuando compartían sus clases, solía reír mucho cuando practicaban la lectura de comedias, como "Sueño de una noche de verano". Tenía una risa muy agradable, muy distinta a las acciones que habían tomado lugar en la mañana.
Ante el recuerdo de las mismas se levantó limpiando sus manos en sus simples ropas, ahora cubiertas por tierra.
Sin mirarlo, pasó a su lado en dirección a la habitación, pero él no la dejaría escapar.
-Perdón. Sé que actué como un animal esta mañana.
-No actuaste como uno, lo eres Ranma.
-Sé que enloquezco cuando me pongo celoso_continuó.
-No eres celoso, eres posesivo. No entiendes que no soy un objeto tuyo. Pero no tengo intenciones de explicártelo… haz lo que quieras, no me importa.
-Akane _ tiro de ella hasta que la pequeña mujer quedó frente a él, como siempre desviando su mirada_ lo siento, de verdad. No quiero descontrolarme, no quiero obligarte a nada más.
-Lo admites _susurró.
-¿Qué cosa, cariño?
-Que me obligaste a estar aquí _respondió ignorando la última palabra enunciada.
-Lo hice, sí. Nunca lo negué. Sé que no es una explicación válida para ti, pero no podía hacerlo de otra forma.
-¿No vas a obligarme a nada mas? _preguntó mirándolo ahora a los ojos.
-No lo haré… pero no puedo prometer que mi carácter desaparezca. Yo soy así Akane, siempre he sido así y nunca nadie me cuestionó… hasta que llegaste a mi vida.
-Entonces ¿estás diciendo que lo sientes, pero seguirás haciendo lo que quieres? _exclamó indignada.
-No, te estoy pidiendo que me enseñes.
-¿Quieres seguir con las lecciones de lectura? _dijo extrañada.
-Sí, para eso estoy aquí, liberé toda mi tarde para estar contigo. Pero no solo quiero que me enseñes lectura. Quiero que me enseñes a ser un buen hombre.
-¡Ja! Estás bromeando, ¿verdad?
-No.
Su semblante era serio.
Estaba hablando con total honestidad.
-No puedo enseñarte a ser un buen hombre, lo eres o no lo eres. Tus acciones lo determinan.
-Entonces puedes guiarme a tomar las sesiones correctas.
Akane se quedó observándolo.
Ranma suplicaba que ella aceptara.
La joven esposa desvió su mirada una vez más, y entonces se encontró con unos papeles en la mano del hombre frente a sí.
-¿Qué es eso?
Ranma sonrió. Por lo menos no había arremetido contra su propuesta como solía hacer.
-Vine a pedirte ayuda para leer estos pedidos. No entiendo mucho estas solicitudes.
Akane no pudo contra su instinto curioso y estiró sus manos en dirección a los mismos, pero se detuvo.
-Primero… iré a limpiar mis manos. Puedes esperarme sentado allí _ordenó en dirección al sakura.
-¿Bajo el árbol, dices?
-Sí, ¿o acaso Su Majestad no quiere ensuciar sus limpias ropas?
-Puedo ensuciarlas sin problemas, mi querida. Será una excusa perfecta para quitármelas luego _le dijo pícaro, guiñándole un ojo para luego dirigirse al sakura.
Akane lo fulminó con la mirada y susurró para ella misma, "pervertido", antes de ingresar al cuarto de baño.
Lo que restó de la tarde la pasaron bajo la sombra del árbol leyendo los informes.
Ranma le explicó que había decidido ocuparse personalmente de la supervisión de los terratenientes que rentaban sus haciendas a los campesinos.
Había enviado a sus eunucos a investigar minuciosamente los movimientos de los Nobles, pero para ser sincero había detalles de aquellos informes que no entendía, pues los años lejos del contacto con su pueblo lo había encerrado en una burbuja que le impedía saber el estado real de su gente.
Gracias a Akane y a los meses compartidos con ella puede decir que a pesar de que su atención había estado por completo en su instructora, se había hecho cercano a las personas del pueblo quienes lo trataban muy bien, mejor de lo que merecía.
Se dio cuenta que el lodo y las pésimas condiciones en las que vivían muchos de ellos, no solo era desagradable para él sino para todos los residentes del lugar, quienes no podían hacer nada más que resignarse a su destino.
Akane le explicó cómo funciona el sistema de arrendamiento de las tierras, desde el punto de vista de quienes lo alquilan, develando las terribles condiciones e ínfimas ganancias que reciben los campesinos debido a los injustos contratos.
Ranma desconocía, por supuesto, esos detalles.
-¿Qué piensas que debería hacer?
-Primero, los contratos se deben regular por terceros. No puede ser que cada Lord pueda establecer a su antojo las condiciones de los mismos. ¡Ah!, y los impuestos sobre las tierras deberían ser abonados por sus dueños no por quienes la alquilan, pues estas no le pertenecen. ¿Sabes qué?, ¡sería genial si se pudiera financiar la compra de tierras para los agricultores! _dijo entusiasmada.
Es que Akane tenía muchas propuestas en su cabeza.
-Ya veo. ¿Me ayudarás, Akane?
-¿A qué?
-A mejorar las condiciones de mi pueblo.
-Tú… ¿de verdad quieres hacerlo?
-Lo quiero.
-¿Por qué?
-Porque ellos son como tú. No quisiera que tú sufrieras.
-Yo no he sufrido Ranma, pero hay gente que de verdad no tiene siquiera para comer.
-Ahora lo sé.
-¿Antes no?
-No, antes no me importaba. No quería salir del castillo, no había necesidad.
-Es tu gente… tú serás su soberano.
-Lo sé, pero nunca quise serlo. No tengo opción. Ya te lo he dicho, mi padre me ha obligado a ser su heredero, yo nunca quise serlo.
-Me encantaría estar en tu lugar, ¿sabes las cosas que podrías hacer por mejorar la vida de toda esa gente?
-¿Tú quieres mi poder?
Akane se asustó por su semblante serio. ¿Acaso pensará que ella quiere usarlo?
-No dije eso, me refiero a que si yo hubiese nacido en tu lugar estaría muy contenta de tener en mis manos la posibilidad de cambiar la vida de tantos.
-No todo es color de rosas, no siempre puedes hacer lo que quieres, mi amor _le dijo dedicándole una mirada triste_ incluso aunque quiera ayudarlos, los Nobles no van a aceptar pacíficamente perder dinero.
Era verdad. Pocos días había vivido en aquel lugar y ni siquiera tenía la posibilidad de vestirse como quería. Se preguntaba cómo había vivido Ranma todos esos años, con tanta presión sobre sus hombros. Pero cuando se encontró divagando con esos pensamientos se detuvo. Lo que él había vivido o dejado de vivir no tenía nada que ver con ella.
-Ya está oscureciendo, es mejor entrar _vociferó parándose.
Ranma la imitó.
-A mi lado, vas a poder ayudar a tu gente Akane.
-Claro que sí Ranma, una simple consorte puede cambiar el mundo_agregó con ironía.
-Has cambiado el mío, tienes más poder del que te imaginas.
-Basta.
-¿De qué?
-Basta de decir esas palabras, gentiles y alabadoras. No las necesito.
Akane no las quería escuchar. No quería bajar la guardia, no quería que la afectaran.
-Digo lo que pienso, y es verdad. Tú cambiaste eso en mí también. Jamás había dicho palabras amorosas o amables. Yo no era así, pero tú… tú me generas esos sentimientos. Yo realmente te admiro.
Akane no dijo más nada y se dirigió hacia el cuarto del baño seguida de Yuka.
Y como las últimas noches, cenaron en silencio luego de bañarse, para después dirigirse a la cama.
Pero esta vez no hubo coqueteos, no hubo gritos o quejas.
Solo tomaron su lugar en el enorme lecho.
-¿Me acompañarás mañana al pueblo?
-¿Para qué?
-Quiero ir a ver las tierras de las cosechas del Este, quien mejor que tú para ser mi guía
Silencio.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Mañana empiezo con mis tareas en el palacio.
-De ninguna manera permitiré que te relaciones con ellos, son peligros.
-¿Cómo sabes lo que tengo que hacer?
-Solo lo sé, yo lo sé todo Akane. Y no quiero que lo hagas. Hablaré con-
-¡No lo harás! _gritó girando para verlo_ Es mi deber y solo harás que tus esposas me odien.
-No son mis esposas.
Akane volvió a recostarse dándole la espalda.
-Lo son.
-Son las consortes del palacio. Tú eres mi esposa, mi mujer.
-Y también soy consorte, así que no desafíes a la Reina… por favor.
Silencio.
-¿Pero vendrás otro día, verdad?
-Cuando me desocupe.
Silencio.
-Esperaré ese día _aseguró el príncipe.
Silencio.
De nuevo esa presión sobre su pelo y el movimiento al otro lado del colchón.
-Dame mi libertad, Ranma.
Silencio.
Se encontró despertando otra vez pegado a su pequeño cuerpo. No se daba cuenta en qué momento lo hacía. Pero le encantaba despertar junto a ella de esta forma.
El sol ya se estaba asomando y él tenía que partir temprano.
Se tomó, sin embargo, unos minutos para observarla sintiendo su corazón acelerarse desbocado. Sin poder evitarlo se encontró besando su mejilla antes de abandonar la habitación.
Akane despertó una hora después sintiéndose rara, pero aliviada a su vez, de no encontrarlo a su lado.
Se alistó de inmediato y asistió como siempre al desayuno con las Consortes y la Reina madre, quien no tardó en recordarle que debía comenzar ese mismo día sus tareas.
Así que al dejar el salón se dirigió directo al sector de lavado.
Las sirvientas hicieron una reverencia al verla ingresar pero Akane de inmediato las interrumpió pidiendo además que la llamaran por su nombre, a pesar de que Yuka le sugirió no hacerlo.
-Soy como ustedes, mi hermana trabajo en el palacio hasta hace muy poco. No tengo por qué pretender un trato distinto. Yo, como sabrán, solo soy una campesina. Mi trabajo aquí no es controlarlas, quiero ayudarlas y ver qué puedo hacer para mejorar las condiciones en que trabajan. Por favor, cuiden de mi_ finalizó haciendo una reverencia.
Procuró hablar con cada una de ellas con el fin de conocerlas y no se había equivocado al decir que venían del mismo lugar pues con todas compartía algún conocido directamente o a través de su familia. Ello generó de inmediato en todas ellas empatía por la joven consorte.
Le había tomado todo el día pero sentía que había hecho un buen trabajo.
Cuando volvió a sus aposentos, él estaba allí esperando por ella.
La llenó de preguntas sobre su trabajo, a las que Akane respondió de la misma manera: "No es de tu incumbencia", procurando además cambiar de tema.
-¿Podemos por favor ir a lo importante?, ¿Qué informes trajo hoy, Su Majestad? _urgió.
El aludido, rendido, tomó su mano y la llevó hasta tomar asiento junto a él, entregándole luego los papeles para que leyera.
-Dime qué piensas _pidió encantado.
Sabía que esa era la mejor invitación que podría destinar a su esposa, a quien se le iluminaban los ojos procurando de inmediato a exponer sus opiniones e ideas.
Así transcurrieron los siguientes tres días de la semana. Despertando juntos, casi siempre Akane encerrada entre sus brazos.
Mientras uno se cambiaba el otro se aseaba en el cuarto de baño.
Ranma coqueteaba con ella.
Akane lo acusaba de libidinoso.
Ranma dejaba la habitación con el fin de atender los asuntos del Reino.
Akane asistía al desayuno con la Reina y luego se dedicaba a conocer a profundidad las tareas de "sus personas", como le gustaba decir, muchas veces incluso uniéndose en las labores como si fuera una más. Algo que resultaba ser un gran entretenimiento para las demás consortes.
Volvía a su habitación al atardecer y siempre allí estaba su esposo esperando por ella. Su presencia la irritaba, sí. Pero cuando se ponían a trabajar en los interminables informes y proyectos para el pueblo, todo malestar se desvanecía.
Pronto se dio cuenta de lo inteligente que era el Príncipe en cuanto a los números y su amplio conocimiento en reglamentos y tratados políticos a la hora de buscar posibles soluciones. La lectura y escritura, por supuesto, estaba a cargo de ella.
Luego solían tomar una ducha, obviamente cada uno por su lado, para finalmente cenar en silencio y dirigirse a la enorme cama.
Lo que nunca faltaba era el tacto de Ranma sobre los cabellos de Akane y el pedido firme y concreto de libertad por parte de la consorte.
Pero esa noche fue distinta.
-Mi Señor _interrumpió el escolta.
-¿Qué pasa Hibiki? _preguntó mientras terminaba su tazón de sopa.
-Vengo por usted, Su Alteza.
-¿Qué ha pasado? _inquirió curioso.
-Tengo que escoltarlo a su alcoba _anunció con cautela.
-No hay necesidad, dormiré aquí _expresó sin duda.
-Ya… ya pasaron siete noches, Mi Señor. Se ha cumplido una semana desde sus nupcias.
Ni Ranma ni Akane se habían dado cuenta de ello. El tiempo había pasado muy rápido.
-¿Y? _expresó nervioso.
-Ya no puede quedarse en mi habitación, Mi Señor _irrumpió Akane ocultando su alegría.
-¿De qué hablas? Ya te dije. Este es mi palacio, tú eres mi-
-Pero no podemos seguir compartiendo las noches, Mi Príncipe_ interrumpió_ Usted tiene que irse. Lo dice el protocolo.
-No quiero. ¡Yo soy el futuro Rey, Ranma Saotome! Voy a hacer lo que quiera.
-¡Señor esposo! _anunció una voz femenina desde el exterior de la alcoba.
Ranma entrecerró los ojos, fastidiado.
-¿Qué quieres Ukyo? _vociferó.
-La Reina me envía a acompañarlo a su alcoba, Mi Señor.
Claro que lo haría. Las tres Consortes estaban expectantes e impacientes a que llegara el día en que su marido abandonara por fin a la odiosa campesina.
Durante una semana, como nunca había acontecido, el Príncipe heredero había dedicado cada segundo libre de sus días y sus noches a esa mujer. No las había ido a saludar, ni siquiera una vez. No es que antes lo hiciera, pero por lo menos una vez a la semana alguna de ellas recibía su forzada atención.
-Mi Señor_habló Hibiki_ usted debe cumplir con el reglamento. El tiempo en que puede compartir con Mi Señora se ha terminado. De aquí en adelante Lady Akane es una consorte más, con los mismos derechos, sobre su tiempo y atención, que el resto de sus esposas, me atrevería a decir que incluso menos. Usted deberá permanecer una semana en abstinencia hasta volver a compartir el lecho con alguna de ellas. Es lo que indica su protocolo, Su Alteza.
-¡Maldición!_ estalló el Príncipe levantándose abruptamente.
Akane se asustó por su reacción pero no podía estar más contenta. ¡Por fin estaría sola, deseaba demasiado estar sola! En esos días siempre estaba él allí, con ella. Por lo menos no se había vuelto a exaltar, al contrario la trataba de manera respetuosa, juguetona y hasta amorosa. Pero eso solo la enfurecía más.
-¿Acaso Lady Akane lo está reteniendo, Mi Señor?_ inquirió la voz desde el exterior_ Deberé informar a la Reina sob-
-¡Cállate! Ya voy _le gritó embravecido.
-¡Malditas reglas!, ¿De qué carajos me sirve ser Rey si no puedo dormir con quien quiero?_ exclamó con impotencia.
Se dio vuelta mirando a Akane.
La contempló con tristeza. No había anticipado que su felicidad culminaría así. Tendría que pasar muchas noches hasta poder dormir junto a ella nuevamente. Y la sola idea lo estaba matando.
-Me tengo que ir _dijo en voz baja.
-Que descanse, Mi Señor _lo despidió haciendo una reverencia.
Ranma se quedó de pie, inmóvil, unos cuantos minutos hasta que violento como un huracán salió de la habitación en dirección a sus aposentos, ignorando a la Primera Consorte que lo vio partir, triunfante.
Akane abrazó a Yuka con alegría.
-¡Por fin Yuka, por fin podré dormir en paz!_ exclamó con dicha.
Se dirigió a su cama con una enorme sonrisa en el rostro. Esta noche ya no dormiría en la orilla del mueble.
Apagó las luces, pero sus ojos no pudieron cerrarse hasta varias horas más tarde. Por alguna razón no podía conciliar el sueño, se sentía con frío, se sentía sola.
Desconocía que a metros de ella un par de ojos azules se mantuvieron abiertos durante toda la noche.
La extrañaba, mucho, muchísimo.
Extrañaba su calor, extrañaba su suave pelo entre sus dedos, extrañaba su aroma, extrañaba escuchar su respiración acompasada. Sabía que iba a extrañar aún más el despertarse y no encontrarse aferrado a su cuerpo luego de haber soñado con ella toda la noche.
Sentía una tremenda impotencia, sentía ira, sentía tristeza y un vacío como hace tiempo no concebía.
¿Cómo una persona podía cambia su vida a tal punto de sentir desfallecer si no se está a su lado?
¡Malditas reglas, malditas mujeres que lo condenaban de distintas formas!
Durante la noche tuvo varios intentos de salir corriendo hacia ella. ¡A la mierda el protocolo!
Pero las palabras de la Primera Consorte estaban dirigidas a él como advertencia. Si insistía en dormir con Akane, la castigarían a ella por su imprudencia. Siempre la culpa era de los más débiles. Antes no le afectaba, hasta se podía decir que coincidía con ese criterio.
Ahora todo había cambiado.
Al día siguiente toda su corte tuvo que lidiar con su mal humor. No solo no había podido dormir sino que tal como lo había previsto, ver su cama vacía al amanecer le dolió profundamente. Lo peor es que ni siquiera podía ir a desayunar con ella y no estaba seguro si tendría tiempo de verla por la tarde pues Akane estaría ocupada, como ya se lo había advertido.
Esa noche se llevaría a cabo la primera cena real que compartiría Akane junto a su padre, las demás Consortes y la Reina, además de unos invitados que habían llegado por la noche.
Una vez al mes se realizaba la dichosa cena familiar y en esta ocasión Akane sería la agasajada.
La muchacha se levantó ante el llamado de Yuka, algo tan distinto a lo que pasaba últimamente cuando se despertaba al sentir el cuerpo de su esposo distanciase de ella dejándola expuesta a la fría brisa matutina o, por el contrario, debido al extremo calor que despedía la masculina piel a punto de sofocarla.
Sin detenerse a examinar cómo se sentía ante el reciente cambio de hábito, simplemente se preparó para el usual desayuno en el palacio Tsubaki.
Las caras de satisfacción que tenían todas ellas develaban su conocimiento sobre el hecho de que Ranma ya no compartía su alcoba.
Por supuesto que Akane no demostró molestia, porque en realidad no lo sentía. No estaba molesta porque su marido ya no dormía con ella, no. Estaba aliviada. Pero aún así la inquietaba una extraña sensación en su pecho y no sabía por qué.
-Recuerde que todo debe estar impecable para hoy, Lady Akane.
-No se preocupe, Lady Shampoo, todo estará más que perfecto, se lo aseguro.
Y con ello se dio por finalizada la reunión.
Akane se sentía presionada, pero en esos pocos días de compartir con sus personas el trabajo del palacio sabía que podía confiar en ellos.
Cuando bajó a la cocina para inspeccionar los alimentos del banquete se preocupó por no ver a la señora Hiroshi, quien era la única que sabía preparar el plato principal indicado por Lady Kodachi.
-Ella… fue llamada suspendida anoche, Mi Señora _informó una de las criadas.
-¿Suspendida?, ¿Por quién?
-La dama de compañía de la Segunda Consorte. Ella dijo que había preparado la comida de Lady Shampoo con demasiada sal… y le ordenó que no volviera al palacio por dos días negándole además el pago de este mes.
Recordó sus palabras y entendió de inmediato que aquello era una treta para ella.
Por suerte, la señora Hiroshi no era la única que conocía esa receta en el reino entero.
-Yuka, pídele a Toya que busque a Kasumi y la traiga al palacio.
-Sí, Mi Señora.
-Narumi, préstame una de las yukatas, si bien no se cocinar puedo ayudar a preparar los ingredientes.
-Como ordene, Lady Akane.
De inmediato se despojó de sus joyas, dejándolas sobre la repisa cerca de la ventana. Tomó su cabello, lo ató en un rodete y se vistió de inmediato con las prendas que Narumi le trajo.
-Ahora sí. Tú prepara los rábanos, yo los pescados.
-De inmediato, Mi Señora.
Akane comenzó con su tarea, algo que sabía hacer muy bien gracias a su prometido con quien solía ir a pescar.
Tan concentrada estaba que no se percató de la figura que se paró a sus espaldas. Recién se anotició de ello cuando una mano la volteó repentinamente y otra se posicionó sobre su boca.
-Shhhh.
