Hola a todxs! Cómo están? Espero que se encuentren todxs muy bien! Yo me encuentro amando todas sus palabras y reviews! Cada vez me siento mas alagada y motivada gracias a ustedes.
Asi que aca les dejo un nuevo capítulo!
Prometo responder cada mensaje y review que me quedo pendiente del capitulo anterior, pero quiero dejarles la actualización ya que muchos me han trasmitido que la estan esperando.
Como siempre espero todos sus comentarios con muchas ansias.
Les mando un enorme abrazo!
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 13: Amigos
-Shhhh, tranquila pequeña _le dijo con su cara a tan solo centímetros de su delicado rostro.
Akane miró a su alrededor dándose cuenta de que estaba sola con el extraño hombre. Recordó que Narumi había ido a buscar los vegetales con las demás muchachas a la huerta.
-Si no gritas liberaré tu boca, ¿sí?
Akane asintió frenéticamente.
Él expuso una extraña sonrisa al ver su insistente afirmación. Y solo luego de observarla con atención durante un tiempo que resultó innecesario, según la consorte, retiró su mano de su boca.
-¡Dijiste que me liberarías! _exclamó sintiendo sobre ella el firme agarre del brazo alrededor de su cintura.
-Dije que liberaría tu boca _aclaró con burla.
-¿Quién eres tú? _preguntó intentando apartar su cuerpo del extraño.
-Soy… quien te va a sacar de aquí.
"¿Sacar de aquí?", pensó Akane.
-¿Quién te ha… a qué te refieres con eso?_ cuestionó confundida.
Las voces de las chicas se escuchaban a la cercanía.
Akane dirigió su vista hasta la puerta trasera que conectaba con la huerta.
-Ya lo sabrás _dijo la voz llamando su atención de vuelta_ No le digas a nadie que me has visto, o ya no podremos seguir con el plan_ advirtió.
Y con esa declaración dejó la habitación por la entrada principal justo cuando por extremo opuesto del cuarto ingresaron las criadas.
Akane se tomó de la mesada para no caer. El asalto, totalmente inesperado, la dejó temblando. No entendía que había pasado, quien era ese hombre o que quería de ella. Todo había sucedido demasiado rápido. Pero sus palabras quedaron resonando como eco en su cabeza.
¿Ese hombre la iba a sacar del palacio? Acaso… ¿él lo había enviado?, ¿él la rescataría?
Su corazón se disparó de emoción ante esa conclusión. ¿Podrían escapar juntos?, ¿Podrían volver a ser felices?
A pesar de sus deseos había algo que todavía le hacía ruido, pues la joven esposa Saotome era perspicaz. No conocía a ese tipo, no podía confiar en él. Pero también era cierto que si alguien se infiltraba en el palacio debería ser un desconocido, alguien extranjero tal vez, como ese hombre. Su mirada sin embargo no le daba ni un poco de tranquilidad.
De todos modos ¿sería seguro?, ¿y su familia?, ¿qué pasaría con ellos?
-¡Akane! _llamó interrumpiendo sus cavilaciones.
-Ka… Kasumi _reaccionó ante su fraterna.
Su hermana mayor la tomó entre sus brazos y ella correspondió el gesto.
-¡Gracias por venir! Sabes que no se cocinar.
-¡Lo sé! _ambas rieron, Akane solo un poco pues no solo era tenaz sino orgullosa.
-Bueno, yo comencé a preparar el pescado. Puedes indicar al resto de las chicas qué deben hacer.
-Bien, ¡manos a la obra!
Las mujeres se dispusieron a preparar los platillos entre risas y charlas distendidas.
Sin embargo en la cabeza de la consorte seguía resonando las palabras del extraño.
-Kasumi… ¿sabes algo de él?
-¿De quién?_ repreguntó inocentemente.
-Touma_ dijo por lo bajo.
Kasumi se puso nerviosa, pero hizo su mayor esfuerzo por disimularlo.
-Solo lo que ya te he dicho, querida. Él no vive aquí. Pero se encuentra bien, no te preocupes_ respondió sin despegar sus ojos de las preparaciones.
-Claro _enunció desesperanzada.
-Aquí está el agua, Mi Señora_ entregó la muchacha el fuentón.
-Gracias Yuka… ven conmigo un segundo_ pidió tomándola del brazo, guiando sus pasos hasta el pasillo exterior.
- ¿Viste a un hombre extraño deambulando por aquí?
-¿Un extraño, Akane?_ dijo asustada.
-Sí.
-¿Por qué lo pregunta?, ¿Acaso le hicieron algo? _indagó preocupada.
-No, no Yuka. Solo lo vi pasando por aquí. Debe ser un nuevo criado.
-Puede ser, en el palacio constantemente hay nuevos sirvientes ¿Le dijo algo? Usted parece preocupada.
-No, no es nada. Solo preguntaba, sabes que soy curiosa.
Resolvió no decir nada más recordando la advertencia del hombre. Si esa persona era quien ella creía, era mejor no comprometer a nadie dentro del palacio.
La actitud de su hermana también era sospechosa. Le vio nerviosa, algo definitivamente sabía y se lo estaba ocultando. Tal vez ellos…
El banquete estaba listo. Todo se llevo acabó con éxito.
El sol ya se estaba escondiendo y su hermana había dejado el palacio hace unos minutos.
Ella debía prepararse para la reunión familiar, y lo peor de todo es que estaba exhausta.
Quizás podía cenar con ellos y excusarse lo antes posible. No deseaba estar con aquella gente.
Las consortes la despreciaban al igual que la Reina madre. Suponía que el Rey también lo hacía, si bien nunca más volvió a dirigirse a ella luego de haberla enviado a casa el día en que fue capturada. No conocía a ninguno de los invitados. Solo tendría a Yuka a sus espaldas con quien no podría interactuar… y a él.
Si sus sospechas eran correctas, esta sería la primer y última cena con ellos, pensó como consuelo.
-¡Vamos Akane! _ se animó frente al espejo.
Yuka ya había separado su vestimenta y ornamenta.
Esta noche sería especial para la consorte y debía vestirse a la altura de la ocasión. Un kimono rojo, con bordados de oro y zapatos que combinaban tanto en color como en los diseños en formas de aves. Un collar y aros de zafiro adornaban su cuello y sus orejas, que quedaron a la vista gracias al peinado que la criada había empleado en su señora, recogiendo su cabello con brillantes hebillas a sus costados, que exponían colgantes en forma de pájaros.
Sus labios maquillados de rojo era todo lo que su bello rostro necesitaba.
Cuando Akane se miró en el espejo una vez más quedó sorprendida. Pero esta vez no se sintió tan incómoda. Tal vez sería la última vez que vestiría esas telas tan suaves y elegantes. Así que solo sonrió y se dirigió hacia el salón de ceremonias donde aguardaban por su llegada.
En efecto todos estaban presentes. Al ser la consorte la protagonista de la reunión ingresaría por último al salón.
El Rey Genma estaba sentado en la cabecera de la enorme mesa. A su derecha el impaciente Príncipe Heredero y a su lado la Primera Consorte Ukyo. A la izquierda del monarca la Reina madre y a su lado la Segunda Consorte Shampoo. Junto a ella una serie de invitados entre los que se encontraba Lord Kuno, hermano de la Tercera Consorte Kodachi quien tomó asiento a su lado.
-¿Cuándo llegaste?
-Ésta madrugada. Tengo un asunto urgente a tratar contigo hermana.
-¿Qué sucede?
-Hay una sierva que quiero llevarme conmigo al castillo.
-¿Una sierva?
-Así es.
-¿Y por qué me dices esto?
-Porque trabaja aquí. ¿Tú me la darás, no es así?
-¿Para qué la quieres?
-Porque es hermosa. A penas la vi supe que tenía que llevarla conmigo. ¿Podrás hacer eso por mí, no?
-¿Dónde la encontraste?
-Bajé a buscar algo para comer, la vi en la cocina. No entiendo como una criatura tan magnífica puede estar oculta en este palacio, pero creo que es mejor para mí.
-Bueno, si trabaja en la cocina tendré que pedirle permiso a la campesina, jajaja.
-¿Campesina?
-Sí, la Cuarta Consorte.
-¡Es un buen apodo!
-Lo sé.
-La Cuarta Consorte, Lady Akane ha llegado _se anunció a los presentes.
-Hablando de Roma_ murmuró a su hermano por lo bajo.
Lady Akane ingresó al salón. Todos los presentes se levantaron respondiendo la reverencia de la deslumbrante mujer.
El corazón del Príncipe saltó de su pecho con orgullo, con amor, con anhelo, ante la imagen encantadora de su mujer. Confirmó una vez más que su porte era el de una Reina, su Reina. Fue a buscarla tres veces durante el día pero jamás la encontró en sus aposentos. Y a pesar de que intentó ir a verla en la cocina, donde le informaron que se encontraba, su escudero lo detuvo diciendo que era imprudente para él bajar a aquel lugar del palacio considerado indigno de su presencia, pues estaba rodeado de sirvientes de la tercera casta.
Pero el corazón del heredero no fue el único que se desbocó ante la presencia de la Consorte.
-¿Quién … quién es ella? _preguntó a su hermana sin quitar los ojos de la mujer que tomó asiento justo frente a él, a lado de la Primera Consorte.
-¿No me escuchaste?, ¡Es la campesina!
-¿Ella… ella es la Cuarta Consorte?
-Sí.
Todos tomaron asiento, y entonces sus miradas se cruzaron.
Akane lo reconoció. Ese era el hombre que la acorraló en la mañana. ¿Qué hacía aquí?
Desvió su mirada hacia la copa sobre la mesa intentando recomponerse de la sorpresa.
Sorpresa era lo último que sentía el cuñado del Príncipe. Él estaba espantado. ¿Acaso estaba equivocado?
No, era ella, nunca olvidaría su rostro.
¿Pero qué hacía en la cocina? Lo peor fue concluir que sus intenciones se vieron frustradas en solo unos segundos. Si ella era la Cuarta Consorte ya no podría llevársela con él. Maldijo su mala suerte.
A Lord Kuno no le faltaban mujeres para compartir su cama. Pero cuando vio a la muchacha su cuerpo se tensionó de inmediato, como si se hubiese encontrado con su destino. Y antes de que pudiera evitarlo se encontró abalanzándose sobre ella a penas se quedó sola en la habitación.
No sabía bien qué haría con la muchacha. Hacerla su esposa sería un enorme error, era solo una sirviente y además todavía no estaba seguro de querer renunciar a su soltería. No, seguramente no lo haría. Pero no cabía duda que deseaba tenerla junto a él de todas las formas posibles, formas que se dedicó a imaginar todo el día. Primero tenía que hacerse con ella, pero estaba seguro que su hermana lo ayudaría. La haría su amante, eso sería lo primero que haría, tal vez su concubina. La sola idea lo mantuvo entusiasmado y excitado incluso en aquel momento, ya que no podía dejar de mirarla.
Algo que por supuesto no pasó desapercibido por el esposo de Akane.
-Veo que no conoce a mi esposa, Lord Kuno _anunció irritado.
El aludido dirigió su atención a su cuñado.
-No… no la conocía_ volvió a observarla _ yo… no pude venir a la ceremonia de matrimonio.
-¡Ella es Lady Akane, es-
-¡Quiero proponer un brindis por mi nueva hermana política, quien desde hace una semana comenzó a ser parte de esta honorable familia real _anunció de pie la Primera Esposa, interrumpiendo la tensionante conversación entre su esposo y el desagradable hermano de Lady Kodachi.
Todos levantaron sus copas en dirección a la Consorte Akane, brindando a su salud.
Ella, con una gentil sonrisa, pidió que cuiden de ella "agradecida" por formar parte de la poderosa familia.
El resto de la velada transcurrió en completa tirantez, al menos para cuatro de los presentes.
Ranma, que dirigía su mirada hacia su consorte y luego hacia su "asqueroso" cuñado.
Kuno, quien portaba una expresión conflictiva en su rostro, mientras se animaba a mirar de reojo a la nueva esposa del Príncipe hasta que su mirada asesina lo obligaba a mirar hacia el plato frente a sí.
Ukyo, que reconoció la conducta posesiva de su marido aún sin entender qué sucedía. Él reaccionó de inmediato cuando descubrió los ojos de Kuno sobre la mujer a su lado. Ella conocía al tipejo, también había sido coqueto con ella y Shampoo, más nunca su esposo le dio importancia. Ella no pudo evitar entristecer recordando como antes, de niños, Ranma la celaba cada vez que la veía cerca de otros niños. Más de adultos, lejos de celarla la alentaba a aceptar las atenciones de los muchachos que querían cortejarla. Había algo que, sin embargo, no había cambiado con el tiempo, y eso era la forma en cómo terminaba las escenas de celos donde él se lanzaba sobre los demás, cayéndole a golpes e insultos. Y sabía que si no detenía aquel intercambio ésta sería una cena sangrienta.
Y estaba Akane, la más confundida y triste del salón, quien solo atinó a comer en silencio, aguantando las lágrimas en sus ojos que amenazaban con caer. No entendía quien era ese hombre, pero definitivamente era un aliado de Ranma, razón por la cual no iba a llevársela de allí, por lo menos no con Touma. Sentía, para colmo, las miradas de Ranma, de ese hombre y de las Consortes sobre ella. Akane quería que la cena terminara de inmediato. Quería ir a su habitación y enterrarse entre sus sábanas. Quería volver a los brazos de su amor. A penas si probó bocado, no tenía ganas de comer lo cual era una lástima porque quería disfrutar de la comida que había preparado su querida Kasumi.
Así que cuando retiraron los platos la cena finalmente se dio por finalizada, pues toda aquella celebración, no lo era para nadie. Ellos no la querían y ella tampoco a ellos.
Luego de que el Rey y la Reina abandonaron el lugar, el resto de los invitados pudieron hacerlo.
Akane se levantó de su asiento, hizo una pequeña reverencia a los presentes y se dirigió fuera del lugar. Sin embargo, vio de reojo como su esposo también se dispuso a retirarse y estaba segura que iría tras ella, razón por la cual apresuró sus pasos.
Ya estaba en el pasillo cuando la tomó del brazo haciéndola girar en su dirección.
-Ranma ¿qué qu-
-Perdóneme, Lady Akane. No soy él, mi nombre es Kuno Tatewaki, soy el hermano de Lady Kodachi.
-Mucho gusto, Mi Señor, ahora si me permite_ brumó zafando su brazo del poderoso agarre.
Comenzó a avanzar por el pasillo pero aquel imponente hombre se paró frente a ella bloqueando su paso.
-No quiero asustarla, quiero disculparme… por lo sucedido en la cocina. Yo… pensé que era una sirvienta.
-¿Eso es una excusa?
-¿Cómo dice?
-Si una mujer es sirvienta, ¿lo habilita tratarla de esa forma?
-Bueno, yo…
-Somos seres humanos, más allá de nuestra posición dentro de este palacio. ¡No importa si yo fuese sirvienta, una Consorte o la misma Reina! ¿Ustedes… ustedes creen que pueden hacerse con una solo porque así lo quieren? _expresó indignada.
Por supuesto que no solo hablaba de aquel tipo, sino de su propio marido. Ellos eran iguales.
-Tiene razón, Mi Lady, es que me dejé atrapar por su belleza… yo realmente soy sincero sobre lo que dije, si usted quisiera-
-¡Mire!_lo interrumpió asqueada por su insinuación_ como sabe soy una Consorte. Dejemos esto en un mal entendido, no creo que volvamos a encontrarnos. Que tenga buenas noches _dijo retomando su paso, rodeándolo.
-¡Akane! _lo escuchó llamándola.
Lo último que le faltaba era lidiar con él. Así que lo ignoró.
Ranma, que había sido retenido por su primera esposa quien quería entender qué pasaba con él, salió del salón tras su mujer solo para encontrarse con su cuñado observando como ella se alejaba de él.
Se acercó a éste con aplomo.
-¿Qué hacías hablando con mi esposa?
-Yo solo estaba presentándome, Su Alteza.
-No hay necesidad. Lo único que debes saber es que ella es mi esposa. ¡No hay razón alguna para que te acerques a ella, para que le hables o la mires! ¿Entendido?
-Cuñado, solo estaba tratando de ser cortés.
-Cuñado, conozco tu cortesía ante las mujeres bellas, pero con ella deberás abstenerte.
-Tiene razón, Su Alteza.
Ranma le dio la espalda y corrió tras Akane, si se quedaba un segundo más allí mataría a ese desgraciado.
-Ella es bella, de verdad _dijo para sí Lord Kuno.
-Hermano, ¿qué pasó con mi esposo?
-Dime Kodachi, ¿hay alguna forma en que una consorte sea expulsada del palacio?
-Las hay, varias de hecho. Pero muy pocas terminan con la expulsión, la mayoría terminan en muerte.
-Ya veo.
Estaba a punto de cerrar la puerta cuando aquellas manos se interpusieron.
Cerró los ojos y exhaló molesta.
¿Acaso no iba a dejarla en paz, un día siquiera?
Le dio la espalda dirigiéndose al jardín.
-¡Akane! _gritó siguiéndola.
Cuando la alcanzó tomó su mano deteniéndola.
-¿Qué?, ¿Qué quieres Ranma?, ¿Podrías dejarme en paz?, ¡Solo hoy por favor! _pidió liberando sus lágrimas.
El esposo se alarmó ante su llanto.
-¿Qué pasó, mi amor?, ¿Te hizo algo?, ¿Ese infeliz te hizo algo? _investigó sosteniendo su rostro con ambas manos.
¡Lo mataría!, ¡Nadie se mete con su mujer, nadie!
-¡Suéltame! _lo empujó tomándolo por desprevenido_ Él… él no me hizo nada.
-¡No mientas Akane, lo vi! ¡Vi como te miraba, vi que se te acercó!, ¡Lo conozco!
-Él solo se presentó.
-¡Ese infeliz te desea!, ¿Se propasó contigo?
-¡No!, ¡Ya te lo dije!, ¡Solo se presentó!
-¡Ese malnacido no se va a quedar satisfecho!
-¡Ja! _rió ante sus palabras.
-¿De qué te ríes?
-¡Comprendes sus intenciones!, ¿verdad?
-Ya te dije que sí. Él es hermano de Kodachi, es un idiota mujeriego. No se resiste cuando ve a una mujer bonita.
-¡Claro que lo conoces, es de tu misma calaña! _le gritó enfurecida.
-¡No me compares con él!
-¿Por qué no?, ¡Tú te encaprichaste conmigo y me arrastraste hasta aquí! Estoy segura que él haría lo mismo. ¡Tú arruinaste mi vida, justo como él lo haría!
-¡Yo no soy como él Akane! _le gritó con la misma intensidad.
-¡Lo eres y lo sabes!
-Akane_ se acercó queriendo abrazarla.
No soportaba verla llorar.
-¡Vete de aquí!, ¡Vete!, ¡No tienes que estar aquí, está prohibido!, ¡Largo antes de que alguna de tus esposas me acusen de seducirte y me maten!
Akane se alejo de él. Solo quería llorar.
Como estúpida se había hecho ilusiones de que ese hombre iba a llevarla lejos de allí, de vuelta con su prometido, con su familia.
Pero solo era otro asqueroso noble que se había encaprichado con ella.
Al otro lado del jardín, perdida entre las flores, se sentó abrazando sus piernas y lloró como hace mucho no lo hacía.
Ranma la contempló con dolor, él mismo no pudo contener las lágrimas que ahora caían por su rostro. Ella tenía razón, él era parecido a su cuñado de muchas formas, pero ella no era un capricho para él. Ella era el amor de su vida. Alguien a quien quería hacer feliz, proteger, amar.
Pero no sabía cómo hacerlo. Simplemente seguía haciendo las cosas mal, alejándola de su lado cada vez más.
Sintió como su cuerpo era levantado.
Abrió sus ojos cuando vio al muchacho llevándola entre sus brazos.
-¿Hibiki?_ preguntó.
-Mi Señora, usted se quedó dormida. La estoy llevando adentro.
Akane no dijo nada y simplemente se sostuvo del joven, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello.
El escudero descendió su cuerpo con cuidado y gentileza sobre la cama.
Hizo una breve reverencia y se dispuso a irse.
-¡Espera! _pidió la consorte.
-¿Si, Mi Señora?_ volviendo sus pasos hacia la bella mujer.
-¿Por qué estás aquí?, ¿Por qué no estás con tu Amo?
-Él me envió a cuidarla, Señora.
-¿Cuidarme?, ¿Dónde está mi escudero?
-Él está afuera.
-Entonces ¿Por qué estás cubriendo un puesto que no es necesario?
-El Príncipe ordenó que la escolte personalmente mientras Lord Kuno este en el palacio.
-¿Por qué?
-Porque no quiere que el Señor Kuno se acerque a usted.
Akane quedó en silencio. ¿Tan peligroso era ese hombre? No, seguramente Ranma no quería que su cuñado se acerque a su juguete preferido de turno.
De todos modos no le molestaba la presencia del muchacho, más bien era todo lo contrario.
-¿Hibiki puedes… hacerme compañía? Ya no tengo sueño.
El muchacho abrió los ojos como platos, pero asintió con su cabeza.
Akane se levantó.
-Ven siéntate aquí_ señaló corriendo la silla para que se siente.
-No podría Mi Señora, yo estoy bien de pie.
-No pregunté muchacho, es… una orden.
El escudero se precipitó a cumplir con lo que le pidió su Señora.
Akane sonrió por su torpe actitud. El hombre parecía un pequeño niño en ese momento. Se alejó de él y llamó a Yuka al interior de la habitación.
Hibiki escuchaba a las mujeres dialogar y caminar de un lugar a otro, pero no se atrevía a mirarlas.
-Quédate aquí, ya vuelvo _dijo la consorte con prendas en sus manos dirigiéndose al cuarto de baño.
Él solo asintió.
Más tarde Yuka, la dama de compañía de Lady Akane, dejó con un notable sonrojo en sus mejillas, algo que paso inadvertido para el escudero, unas tazas de té y una tetera sobre la mesa, además de un platillo con algunos dulces.
En ese momento apareció Akane con sus cabellos sueltos, vestida con su simple Yukata, sin joyas o maquillaje encima.
No es que necesitara de algo para verse hermosa. Su existencia en si ya la hacía especial, pensó el muchacho sonrojándose.
Akane tomó asiento frente a él y procedió a servirle té.
El escudero torpemente intentó detenerla, diciendo que no era necesario, pero ella lo silenció de inmediato.
-Esta noche solo somos Akane y… ¿Cómo es tu nombre de pila?
-¿Mi nombre? _preguntó el joven sirviente.
Muy pocos lo sabían, menos aún eran quienes lo llamaban por su primer nombre. Él siempre fue Hibiki, el escudero del Príncipe o el "perro real", como muchos se referían a él.
-Ry… Ryoga, Mi Señora.
-¿Ryoga? _preguntó con una gran sonrisa_ ¡Tienes un nombre muy lindo!
-Gra..gracias _tartamudeó completamente rojo, mirando fijamente hacia la mesa.
Akane se enterneció ante su reacción. Ese muchacho a pesar de aparentar ser duro y feroz era un osito panda, o no, más bien parecía un tierno cerdito, uno que tomaría entre sus manos.
-Como te decía, esta noche seremos Akane y Ryoga. ¿Quieres ser mi amigo? _preguntó acercando su rostro al del muchacho.
Ryoga levantó tu cabeza para mirarla con estupefacción.
-¡No… no podríamos!
-Sí, sí podemos. Yuka es mi amiga. Quiero que también lo seas. Solo en privado, te prometo que no le diré a nadie. Pero podemos ser amigos cuando estamos solos, ¿Qué dices?
-No lo sé.
-Entiendo, no quieres ser amigo de alguien como yo _enunció tramposa.
-¡No!, ¡No es eso, Mi Señora!
-¿Entonces?
-¡Usted es una Consorte!
-Soy una mujer Ryoga, una campesina que no quiere estar aquí. Todos me odian, ¿no lo viste? Estoy sola, solo tengo a Yuka y quisiera contar con tu amistad también.
-¿Por qué?_ indagó curioso.
-Porque eres amable, creo que eres muy sabio y leal. Sé que tú me entenderás y yo quisiera entenderte también.
Ryoga sentía su corazón latir como loco.
-Vamos, ¿qué dices?, ¿Quieres ser mi amigo? _preguntó nuevamente, haciendo uso de sus encantos.
-Sí, sí quiero_ dijo bajo, casi en contra de su voluntad.
Akane saltó de la silla mostrando entusiasmo.
-¡Gracias Ryoga! Así que tomemos este té para celebrar nuestra amistad.
-Sí, Mi-
-¡Akane!, No me digas "mi señora" ni nada de eso cuando estemos solos. Yo te diré Ryoga. Tú Akane.
-Akane _dijo con alegría al escucharse pronunciar su nombre.
-¡Gracias! Ahora bebamos el té mientras me cuentas sobre ti.
-¿Sobre mi?
-Sí, tu familia por ejemplo.
El muchacho la miró consternado pero comenzó a relatar su simple historia.
El hijo menor entre 5 hermanos, fue el único que mostró interés y deseos de seguir los pasos de su abuelo y padre, quienes habían sido escuderos reales, los más leales y valientes, a quienes Ryoga admiraba profundamente. Como tal, su familia vivía en las tierras cercanas al palacio, allí donde se encontraba actualmente la familia de la consorte Akane.
Como decidió seguir los pasos de su padre, desde muy temprana edad comenzó a entrenar en el palacio, así que prácticamente vivía por completo dentro del castillo. Por ello creció atestiguando el desarrollo de su Príncipe, ya que tenían la misma edad.
-¿Nunca quisiste otra cosa para ti?
-No… Yo soy muy feliz siendo lo que soy.
-¡Te creo, no te ofendas por favor!
-Nada más lejos de mis sentimientos, Akane.
-Solo que es tan riesgoso… tú pareces muy inteligente. Podrías dedicarte a otra cosa.
Ryoga no pudo evitar sonreír ante el semblante pensativo de la muchacha.
-¡Ya sé!, ¡Podrías ser explorador! Dedicarte a llevar a quienes soliciten tus servicios a lo largo del reino.
-En realidad mi sentido de orientación es pésimo, Mi Señora, por eso siempre cargo esto conmigo.
Sacó de su bolsillo una pequeña brújula, entregándosela a la mujer.
-¡Es hermosa!
-Lo es, el regalo de mi abuelo para mí.
Akane la observó con detalle y luego se la devolvió a su dueño.
-Bueno, si eres feliz siendo escudero me parece bien.
-Me gusta lo que hago. Poder proteger a quienes son importantes para mí y para el reino entero.
-Lástima que tengas que cuidarlo a él.
Ryoga percibió el cambio de humor de Akane al referirse a su amo. Su bonita sonrisa se había borrado.
-Él… no es malo, Akane.
-No concuerdo. Siempre te ignoraba cuando se hacía pasar por alumno. Te dejaba de lado, ni siquiera dejaba que me acerque a ti.
-Eso es porque toda su atención está puesta en usted y no quiere que nadie la separe de él.
-Es un enfermo.
-Sé que lo que hizo estuvo mal, el haberle mentido, el haberla obligado. Pero lo conozco, yo realmente creo que-
-No quiero hablar de él Ryoga_ interrumpió_ No quiero arruinar nuestro té. Solo espero que no te lastimes por defender a ese inútil.
-Akane, en realidad él es mucho más fuerte y hábil que yo _admitió con vergüenza.
-¡Ja!, ¡No lo creo!
-Lo es, pero aún así debo cuidarlo. Si llega el momento entregaré mi vida por la suya sin dudarlo.
-Espero que eso nunca pase Ryoga.
-Yo también espero eso _sonrió tímido.
-Bueno, es mejor que descansemos.
Ryoga comprendió de inmediato lo implícito en sus palabras y se levantó haciendo una reverencia para dirigirse al exterior de la habitación.
-¡Ryoga!_ lo llamó.
-Sí, Mi Señora.
-¡Buenas noches! _lo despidió sonriendo.
-Buenas noches… Akane.
Y con ello cerró la puerta tras sí.
El escudero sentía una sensación cálida en su pecho. Ella siempre fue muy amable con él, ahora incluso le había ofertado su amistad. No podía creerlo.
Y fue allí cuando la culpa llegó.
Le había fallado, si tan solo supiera lo que sucedió con su ex prometido…
Los siguientes tres días la rutina dentro del palacio siguió igual.
Akane cumplía con sus obligaciones como consorte asistiendo a las reuniones con la Reina y luego pasando todo lo que restara del día con "su gente", volviendo muy tarde a su habitación, una vez que Yuka le confirmaba que su marido ya no estaba esperándola.
Ella no lo había vuelto a ver después de su última discusión y no tenía intención de hacerlo.
Bastante tenía con aquel hombre que constantemente la seguía, intentando en ocasiones acercarse a ella, y habría logrado su objetivo de no ser por su amigo Ryoga quien no se había despegado de su lado.
Cuando éste le informaba a Ranma sobre el asecho de su cuñado, el Príncipe desesperaba pues a pesar de que le había advertido al tipejo que no se acerque a su mujer éste no cesaba de perseguirla. ¿Qué quería? ¡Claro que sabía lo que este deseaba!: seducirla. Si no podía abordarla con la facilidad en que lo hacía con las sirvientas, haciendo uso de su poder y dinero, trataría de seducirla haciendo que ella caiga por él, accediendo a satisfacer sus necesidades sexuales a espaldas suyas. Lo había hecho con las esposas y concubinas de otros nobles, quienes se dejaban engañar por sus trucos sucios. Lo conocía. Y nuevamente se sentía impotente por no poder sacarlo a patadas de su morada. ¿Cómo echar al hermano de una consorte tan poderosa? ¡Él no había hecho nada malo como para poder expulsarlo! No ante los ojos de los demás por lo menos.
La mejor decisión fue haber enviado a Hibiki a cuidar de ella, su mujer, su Akane, a quien no había podido ver desde hace tres días pues lo estaba evitando. No entendía bien qué había hecho mal esta vez. Hace cuatro noches que no lograba descansar y no podía pensar con claridad. Quizás allí residía la causa de su enojo: ¡él se había quedado dormido en su cama mientras la esperaba!, era lo único que había hecho mal. ¡Pero no era su culpa! La extrañaba demasiado. Así que cuando fue a su dormitorio a esperarla, el día siguiente a su discusión, no pudo evitar quedarse dormido sobre el lado de la cama en el que dormía ella. Allí se sentía su aroma claramente y relajando su cuerpo por completo. Seguramente había vuelto y lo había encontrado en esa posición y por ello se enojó con él. Yuka le informó que Akane sabía de su presencia en la habitación y también describió, luego de que le ordenara que lo hiciera, que su esposa no estaba contenta ante la idea de encontrarlo allí.
Sin embargo no podía no esperarla como siempre. Sabía que no podía dormir con ella pero nada prohibía que pudieran continuar con sus reuniones de lectura y debates. Akane, aún así, no aparecía, y él ya estaba a punto de perder la paciencia.
-Eres cruel, mi amor. No te importa hacerme sufrir_ exclamó derrotado al vacío del dormitorio, pues ya no podía quedarse en la habitación o la metería en problemas_ Solo tres días más, y tus noches volverán a ser mías.
-¡Mi Señora, Risa se ha resbalado en la huerta!, ¡No puede levantarse, creo que se rompió la pierna!_ entró gritando la sierva a la cocina en donde Akane estaba separando los granos de arroz.
-¡Oh, por Dios! Ve por Tomoya_ ordenó.
-Él fue al pueblo por harina, Mi Señora.
-Ryoga, ve con ella y lleva a Risa a su cuarto. Yo iré a buscar al señor Kento para que la revise.
-¡Pero Mi Señora, no puede ir sola! Usted le dio el día libre a toda su corte. ¡Espere por lo menos que busque a uno de mis hombres para que la acompañe!
-No hay tiempo que perder Ryoga. ¡No va a pasarme nada, ve!
Ryoga obedeció y corrió hacia el huerto lo más rápido que pudo.
Akane hizo lo mismo buscando al médico que atiende a los sirvientes de la tercer casta.
-¡Akane!_ escuchó esa voz a sus espaldas.
Siguió caminando, esto era urgente.
Lo escuchó aumentar la velocidad de sus pasos y ella reaccionó de inmediato. ¡Ya estaba harta!, ¡Tenía que enfrentarlo de una vez por todas!
-¿Qué quiere, Señor Kuno? Estoy muy ocupada y usted lo sabe, pues estuvo persiguiéndome toda la tarde, o mejor dicho todas mis tardes desde que llegó al palacio.
-Akane yo-
-Lady Akane, soy una consorte, la esposa de su Príncipe, así que me debe respeto.
-Él no es mi Príncipe, este no es mi reino.
-Sigo siendo una persona, como tal exijo que me respete y que me deje en paz.
Le dio la espalda y continuó en búsqueda del médico.
-¡Espera! _vociferó tomándola del brazo haciéndola perder el equilibrio por el brutal e inesperado movimiento.
El hombre tomó su cuerpo acercándola contra el suyo evitando la caída, pero también encerrándola entre sus brazos.
-Usted… es la criatura más hermosa que he visto _dijo descendiendo su rostro hacia el de la asustada muchacha.
-¡Suéltame!_ gritó Akane intentando zafarse de él.
-¿Qué está sucediendo aquí?_ preguntó la Primera Consorte.
Kuno liberó a Akane y ésta lo empujó aumentando aún más la distancia con el desagradable tipo.
-¡Yo lo vi!, ¡Lady Akane… estaba seduciendo a mi hermano! _enunció Lady kodachi.
-¿Qué?, ¡No!, ¡Yo no hice nada!
-Lady Akane debe ser castigada por adulterio_ pidió Kodachi.
Los ojos de Akane se abrieron como platos.
Esto no podía estar pasando.
-¡Yo no hice eso!_ insistió.
- ¡Yo te vi!, ¿No es así hermano?
Y? adivinaron? Creo haber leído un comentario que había pensado en Kuno!
Me encantaron todas sus especulaciones, todas geniales y muy posibles.
Que piensan que sucederá?
