Hola a todxs! Cómo están? Antes que nada, mil perdones por la demora. Se me juntaron fechas de parciales y exigencias laborales, por lo que no pude actualizar antes.

Aca les dejo un nuevo capitulo, el proximo ya esta en camino asi que espero poder actualizar prontito!

Como siempre amé todos sus comentarios, conteste sus ultimos reviews salvo aquellos que no puedo hacerlo por privado: Norma Justinian, Maria,Ferchis chan, Grace, Norkane, Yancy, Daya, Liliana, mil gracias por sus hermosas palabras y su aliento!

Teuton: Guau, me asombró tu review y los escenarios posibles que has pensado sobre el desarrollo de la historia y el destino de sus personajes. No puedo decirte cuanto de tus predicciones se acercan o no a mis ideas para esta historia, pero si te digo que agradezco mucho que hayas compartido tus ideas, me prometo que la cosa se va a poner mas amorosa en este pandemia, solo tenme un poquito de paciencia! Espero seguir leyendote!

Les mando un enorme abrazo a todxs, cuidense mucho!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 14: El regreso

Desde pequeña había sido consentida. Todo lo que quería, ella lo tenía. Su padre, el poderoso Monarca de la familia Kuno, cumplía todos sus deseos y caprichos pues ella era su pequeñita, su "Reinita", la joya más valiosa del reino.

Su hermano, Tatewaki, era dos años mayor que ella. Era un niño malcriado, competitivo y temperamental, tal como su hermana. De hecho eran tan parecidos que terminaban peleando constantemente sobre quien tenía el poder dentro del palacio, desatando caos a su alrededor. Su padre, a pesar de tener que lidiar con sus irritantes conductas, los amaba y por ello siempre avalaba sus locuras. Lo que ellos no sabían era la inutilidad de su enfrentamiento ya que su progenitor tenía bien en claro el lugar que cada uno ocuparía en el futuro. Tatewaki sería su futuro heredero, su poder sería otorgado a su hijo y no había ninguna novedad o relevancia en ello. Pero ella, ella era la promesa de la familia.

Y Kodachi siempre lo supo.

Sabía que cuando su padre la llamaba "Reina" no estaba bromeando y que cuando llegase el momento ella efectivamente sería la Reina más poderosa del mundo. Nunca le molestó la idea, pues el imaginarse rodeada de joyas, oro y sirvientes que hicieran absolutamente lo que quisiera era una idea más que tentadora, incluso si el príncipe fuese horrendo.

Claro que cuando asistió al matrimonio de éste y la Primer Consorte Ukyo, entendió lo que "enamorarse a primera vista" significaba. Para su bendita fortuna aquel príncipe que su padre prometió para ella era un sueño hecho realidad. Galante, varonil, fuerte y desafiante, Ranma Saotome era todo aquello que ella podría desear.

Desde ese día no hubo un minuto en que Kodachi sacara de su cabeza al Príncipe Heredero, soñando despierta con ser su esposa. Tampoco hubo día que pasara sin que le insistiera a su padre que acordara con el Rey Genma el matrimonio con el hombre de su vida.

Cuando finalmente llegó el día de su boda con Ranma sintió su corazón estallar de alegría. Confiaba en que cuando éste la viera caería a sus pies como solían hacerlo todos a su alrededor.

Pero no fue así.

No solo no la miró con una pisca de deseo, cariño o interés, sino que lo único que recibió en su primer encuentro frente al Rey Genma fue desdén y un aliento a alcohol que la descomponía.

Toda la celebración fue una pesadilla, nada más distante a lo que había imaginado. Pero se mantuvo positiva. Todavía quedaba la noche de nupcias.

Lo esperó en su habitación pensando que él remediaría su actitud en la boda. Su esposo irrumpió en la habitación incluso más borracho, atinando simplemente a caer inconsciente en la cama, tal como lo había hecho, según se rumoreaba, con sus otras dos esposas.

Esa noche por primera vez en su vida Kodachi Kuno sintió en sangre propia el rechazo. Ella profesaba que el Príncipe Ranma se enamoraría de ella, creyéndose exenta de recibir la indiferencia y el desprecio que habían obtenido las otras dos consortes. Pero se equivocó. Tuvo que esperar más de dos meses para que el príncipe, obligado por su padre y en un estado completamente alcoholizado, le hiciera el amor consumando su matrimonio. Amor fue lo menos que existió esa noche. Él fue concreto, rudo incluso. Simplemente la penetró fuerte y profundo, intentando acabar con todo lo antes posible. Ni siquiera la desvistió, o besó sus labios o acarició su piel. Solo la tumbó sobre la cama, se bajó los pantalones y entró en ella.

Y tan rápido como llegó al orgasmo se fue, dejando a la rosa negra de la familia Kuno deshecha.

Ella lo amaba, estúpidamente, como lo amaban las otras dos.

Y al igual que ellas haría lo que fuera por ser coronada. Si no podía vivir a su lado como su amada mujer, por lo menos lo haría siendo su única Reina.

Por eso aquella mujer que había acaparado la total atención de su esposo debía desaparecer, y si con ello le hacia un favor al idiota de su hermano mejor.

La Tercera Consorte era peligrosa.

No solo había llamado la atención de su marido, pero también la de su hermano.

Por suerte las rosas, por más bellas que fuesen, tenían espinas.

Y ya era la hora de usarlas.


-¡Habla hermano, di lo que ella hizo!

-¡Yo no hice nada!_ insistió Akane.

-Lord Kuno, es de suma importancia que aclare por qué Lady Akane estaba junto a usted en tan íntima posición.

-¡Sí Tatewaki, dilo! _insistió abriendo los ojos como platos.

-Yo… yo la vi corriendo por el pasillo y la llamé pensando que había ocurrido algo. Lady Akane no pareció escucharme así que me aproximé a ella, la tomé del brazo para que me vea pero ella tropezó. Estaba por caer, así que la sostuve para que no se golpeara. Entonces tú nos viste y mal interpretaste todo, hermana_ afirmó disimulando su nerviosismo.

-¡Kuno! _exclamó alterada.

El idiota de su hermano estaba arruinando todo su plan.

-¿Es eso así Lady Akane?_ indagó Ukyo.

-¡Por supuesto! Risa se cayó en el huerto-

-¿Risa?

-Sí, una de las muchachas que cocina. Parecía haberse herido de gravedad así que preocupada salí en búsqueda del médico cuando Lord Kuno me tomó del brazo con demasiada fuerza y perdí el equilibrio. Hubiese caído si… si no hubiese sido por él_ agregó esto último con el fin estratégico, y denigrante, de coincidir con el relato de su acosador.

-Creo que debemos discutirlo con la Reina de todas formas_ dijo la Primera Consorte.

-¡Sí, definitivamente será lo mejor! _agregó Kodachi.

Sabía que al igual que ella, Ukyo no dejaría pasar la oportunidad de sacarse a la campesina de encima.

-¡Pero yo soy inocente!_ gritó Akane.

-¿Qué pasa aquí?

Se escuchó una voz masculina acercándose, acompañada del sonido de pasos apresurados.

-Mi Señor, encontramos a Lady Akane y a Lord Kuno en una circunstancia sospechosa _expresó derrotada, pues ya sabía que esta batalla estaba perdida.

-¡Una situación indecente y reprobable, Mi Señor! _rebatió la tercera esposa.

-¡No!, ¡No es así! ¡Yo, yo no hice nada malo!

-¿Que sucedió Akane?

-Ellos estaban-

-Akane _enfatizó el príncipe dedicando una mirada de advertencia a la rosa negra_ ¿Qué pasó?

-Yo estaba en la cocina limpiando arroz. Risa se lastimó la pierna en la huerta. Ryo-Hibiki fue a ayudarla porque yo se lo pedí ya que no había otro hombre disponible. Salí a buscar al médico para que la asista y entonces Lord Kuno… él me tomó del brazo, yo me sorprendí por su acto y trastabillé. Él me sostuvo de los brazos para que no cayera y tanto Lady Kodachi como Lady Ukyo nos encontraron en esa posición mal interpretando la situación.

Ranma respiró profundo intentando calmarse.

-¿Es eso cierto, Lord Kuno?

-Sí, Su Alteza, es tal cual lo describió Lady Akane.

-¡No es lo que yo vi! _se hizo oí Lady Kuno.

-¿Y qué es lo que viste, Kodachi?

Ranma sabía perfectamente cuáles eran sus intenciones.

-Los vi… abrazados.

-¿Abrazados? _la miró embravecido.

-Sí… bueno… él… mi hermano… Tatewaki la… la tomaba por los brazos y ella se sostenía de él.

-Tal como describió Kuno, ¿no es así?

-Sí… ¡pero aún así!

-¡Ya es suficiente! Ambos explicaron el episodio. No hay necesidad de agregar nada más.

Tomó a Akane del brazo y la llevó lejos del lugar.

La Primera Consorte hizo lo mismo en dirección a sus propios aposentos, dejando a los hermanos solos en el estrecho pasillo.

-¿Qué hiciste idiota?_ recriminó la pelinegro_ ¡Te dejé la oportunidad en bandeja y negaste todo!

-¡Idiota eres tú, Kodachi!

-¡Hice lo que me pediste, te estaba dando la oportunidad de que la expulsen y te la puedas llevar!, ¿acaso no comprendes lo que acababa de pasar?

-¿Cómo podría llevármela, estúpida, si yo mismo hubiese perdido la cabeza? Estás tan ansiosa de sacarte a Akane de encima, a cualquier costo, que no puedes pensar claramente.

-No… no te entiendo.

-¿Crees que me perdonarían un intento de adulterio?

-Pero si ella fuera la responsable.

-Incluso si alguien la responsabilizara por completo a ella, incluso si eso sucediera y milagrosamente perdonaran su vida, algo poco probable, ¿crees que simplemente podría llevarla conmigo sin pagar con mi vida por ello? ¡Al minuto que supieran que está conmigo confirmarían el adulterio de mi parte también y moriríamos los dos, imbécil!

Y con eso terminó de irse, pensando que tal vez debido a ese imprudente movimiento de su hermana, había perdido casi por completo cualquier oportunidad de tener a Akane.

El matrimonio ingresó al dormitorio de la dama, o mejor dicho el esposo hizo ingresar a su mujer de una forma para nada caballeresca, cerrando de un portazo la habitación.

-¿Sabes lo que acaba de pasar?

-Ranma yo-

-¿Acaso entiendes lo que podría haber sucedido si yo no llegaba a impedir que te lleven con Cologne?

-¡Yo soy inocente!, ¡No tienen nada contra mí porque no hice nada malo!

-Oh Akane, ¡tienen todo contra ti!, ¡Justamente por eso debes escucharme y hacerme caso! _gritó eufórico_ ¿Por qué demonios estabas sola?

-Como te dije, Risa se lastimó entonces-

-¡Hibiki tenía que estar a tu lado todo el maldito tiempo!, ¡Tenías que esperar a que llegara con la sirvienta y luego ir a buscar al maldito doctor junto a él!

-Yo… yo no pensé que iba a suceder todo esto.

-¡Exacto!, ¡Tú no tenías que pensar nada!... ¡Solo obedecer lo que te ordené justamente porque yo pensé por ti, por tu integridad!, ¡Pero no! Siempre eres testaruda, siempre queriendo salirte con la tuya, desafiarme, sin pensar en cómo te pones en peligro.

-¡No es mi culpa que ese idiota este asechándome!

-¡Lo sé!, ¡Pero lo hace y no puedo hacer nada al respecto porque ese infeliz tiene mucho poder!, ¿Crees que no quisiera matarlo?, ¿Que no muero por borrar su existencia por atreverse a mirarte de la forma en que lo hace?, ¿Sabes la impotencia que siento Akane?, ¿Acaso llegas a comprender cómo funcionan las cosas en este lugar, donde a pesar de ser un príncipe y tu mi esposa, tenemos que cuidarnos de esta forma porque aquel hombre no infringe ninguna regla solo por perseguirte?, ¿Crees que no enloquezco al saber que para todos aquí su vida vale mil veces más que la tuya?

Akane no pudo responder. No sabía que decir.

-Por eso mande a Hibiki a cuidarte _continuó con su arrebato_ ¡Porque sabía que esto iba pasar!

-¡Está bien, detente! _lo interrumpió_ Comprendo.

-No, no comprendes_ le dijo acercándose a ella_ No comprendes cuánto me dolería si algo te pasara.

-¡Todo esto es tu culpa Ranma, tú me trajiste aquí!, ¡Este es tu mundo!, ¡Tu gente!

-¡Lo sé!... ¡Lo sé y eso me vuelve aún más loco!... No te traje aquí para que te lastimaran. ¡Te traje conmigo para hacerte feliz!, ¡Pondría el mundo a tus pies si me lo pidieras!

Akane quería gritarle que entonces la deje ir, que esto no estaría pasando si él no la hubiese traído a esta prisión, que lo odiaba y que si algo le pasaba sería por su culpa.

Pero no pudo. La mirada del hombre frente a ella contenía tanto dolor, que simplemente decidió callar.

Ranma en efecto estaba triste, sí, además de hastiado, temeroso y enamorado.

Evitar abrasarla en ese momento no era una opción. Quería fundir su cuerpo con el de ella, quería protegerla de todos, incluso de sí mismo.

Ella no correspondió el abrazo, pero se dejó tomar. Sintió las manos de éste subir y bajar por su espalda. Sintió sus labios besar su cabello y oyó su nariz aspirando su aroma. No podía separarse de él cuando lo vio tan afectado. Ella no podía.

Tampoco podía admitir que muy dentro suyo se sintió bien entre sus brazos. No iba a admitir que temió por su vida cuando las consortes la acusaron injustamente. No confesaría que se sintió aliviada cuando lo vio llegar. Mucho menos aceptaría que allí, entre sus brazos, se sentía segura, y que a pesar de que lo odiaba se relajó de inmediato cuando su cuerpo entró en contacto con el suyo, sintiendo unas ganas enormes de dormir, dormir tranquila y profundamente como no lograba hacerlo desde hace cuatro noches.

Estaba tan inmersa en el calor abrazador de su esposo que cuando éste se apartó, sintió un vacío inmediato.

-Hasta que logre que ese desgraciado se marche de aquí tienes que dejar que Hibiki te acompañe. Solo harás lo indispensable en lo que respecta a tus obligaciones como consorte y el resto del tiempo me acompañarás al pueblo.

-¿Al pueblo?

-Sí, iremos a hablar con los pobladores sobre el arrendamiento de tierras.

-Ella… no lo permitirá

-Yo me encargaré de eso. Tú solo tienes que confiar en mí _tomó sus manos entre las propias_ Yo me estoy ocupando de solucionar todo. Nadie te hará daño, lo prometo.

Acarició su rostro sorprendido de que ella no lo había apartado. Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla para desaparecer de su vista en dirección al Salón de asuntos reales donde su padre seguía esperando dialogar con él, luego de que su encuentro se viera retrasado por la intercepción de su escolta quien se atravesó en su camino buscando su ayuda.

-Padre.

-Hijo _enunció todavía leyendo los papeles entre sus manos.

-Necesito que hagas que Kuko Tatewaki desaparezca de aquí.

-Ya supe lo que pasó.

-Justamente por eso. Desde que llegó no ha dejado de perseguir a Akane y hoy, apenas tuvo la oportunidad, se lanzó sobre ella.

-Sabes cómo es.

-Me importa muy poco como es. Lo quiero lejos de mi mujer. No consentiré que la mire siquiera _expresó su resolución manteniendo la calma.

El Rey se quedó en silencio dejando los papeles de lado para observar con detenimiento a su heredero.

-Lo haré. Algo se me ocurrirá para hacer que vuelva a su reino.

-Gracias padre.

-Llevará unos días, sin embargo. Sabes que no podemos hacerlo tan obvio.

-Lo sé.

-Hago esto porque últimamente te veo trabajar mucho, hijo. Estas entusiasmado con la regulación del arrendamiento de las zonas de cultivos. Nunca te había visto tan convocado por los asuntos del reino, mucho menos aquellos que implicaran mejoras para los campesinos.

-Es todo por ella.

-¿Por quién?_ preguntó confundido.

-Es gracias a Akane, ella me motiva. Ella me está ayudando mucho… en todo sentido.

El Rey lo sabía. Nunca pasó por desapercibido las visitas encubiertas de su hijo al pueblo. Conocía que estaba tomando clases con esa muchacha. No entendía por qué debía ser un secreto, simplemente podrían llevarla al palacio. Pero pensó que las razones detrás de todo el misterio que estaba sosteniendo su hijo se debía a la vergüenza que le causaba afrontar sus dificultades en la lecto-escritura. Nunca se imaginó sus verdaderas intenciones, pues su hijo no dejaba pasar oportunidad alguna para dejar bien en claro cuánto despreciaba a "la plebe". Así que no le dio mayor importancia. Solo ordenó que lo vigilaran de cerca por si corría algún peligro. Fue solo después de que encontró a la mujer en una de las recámaras del palacio, siendo acorralada por su hijo, que comenzó a tomar en cuenta la dimensión del asunto. En ese momento no la reconoció, pero luego, cuando su hijo suplicó por ella comprendió que aquellas reuniones entre los dos era mucho más que simples clases.

Pensó que la mujer estaba manipulando a su hijo con tal de tener un lugar en la familia real. Pero pronto comprobó que la muchacha no tenía intención alguna de permanecer junto al príncipe, quien por lo contrario parecía obsesionado con ella.

Sin embargo luego de que Ranma se casó con la hija de Tendo, vio un cambio muy positivo en su descendiente. Estaba alegre, ya no era indiferente a lo que sucedía a su alrededor como antes. Incluso había comenzado a ocuparse de todos sus deberes como futuro monarca. Y no podía dejar de admitir que la presencia de Akane tenía algo que ver en su cambio.

Sabía también que ello no duraría para siempre. Si bien Ranma convenció a Cologne de que admitiera a Akane como consorte, el costo de esa decisión sería reclamado más temprano que tarde.

-Ella te ha mostrado una realidad que no querías ver hijo, creo que es algo que en este momento te entusiasma.

Ranma sabía lo que su padre estaba haciendo. Quería desestimar el efecto de Akane sobre él. Pero no podía pelear con su progenitor cuando necesitaba su ayuda.

-Necesito que ordenes que Akane me acompañe los siguientes tres días en los que recorreré los sembrados.

-¿Para qué?

-Nadie como ella conoce a la gente del pueblo. En realidad todo este proyecto ha sido idea de ella, padre.

-¿Es eso así?

-Lo es, Akane no es una simple campesina como todos la ven en este lugar. Ella es brillante, tiene muchas ideas, siempre las ha tenido, pero nunca tuvo los recursos para llevarlas a cabo. Debes permitir que esté a mi lado en esto. ¿Sabes que está desperdiciando su tiempo ocupándose de los sirvientes de la tercera casta cuando hay tantas cosas que ella podría estar haciendo?

-¿Sabes que esa no es mi decisión, hijo?_ respondió con sarcasmo.

-Ellas lo hicieron a propósito pensando que Akane se sentiría humillada por tener que tratar con los sirvientes del nivel más bajo. ¡Ja!, no la conocen, Akane no es ese tipo de personas, no es como ellas_retrucó orgulloso.

-¿Estás seguro de que la quieres a tu lado solo para que te acompañe?

No, no es la única razón. Si fuera por él Akane sería su sombra… o él la de ella.

-Solo necesito que hables con Cologne _continuó, omitiendo responder su pregunta_ para que permita que me acompañe, liberándola de unas horas de su servicio en el palacio.

El Rey no sabía si conceder a su hijo su pedido. Sabía que estaría facilitando que se encariñe aún más con esa mujer a pesar de estar al tanto que dentro de unos meses debería anunciar el nombramiento de su futura Reina y el nombre de Akane Tendo no sería pronunciado.

-Está bien, hablaré con Cologne para que permita que Akane te acompañe.

-Y recuerda mandar a Kuno a su casa, no lo quiero aquí padre_ pidió nuevamente antes de dejar el lugar.

El Rey ordenó a través de un decreto real que Lady Akane acompañe al Príncipe Ranma al poblado del este. La Reina madre Cologne no estuvo de acuerdo, pero no podía oponerse a la ley.

Akane debía apurarse en cumplir con las labores "impostergables" que la Reina había impuesto como condición para dejar el palacio, soportando las caras de odio de las demás consortes al ser anunciado que en los siguientes tres días acompañaría a su esposo en su visita al pueblo.

Pero estaba entusiasmada. Volvería a ver a su gente y lo mejor de todo era que los proyectos que habían discutido con Ranma finalmente estaban concretándose, a pesar de que había desconfiado en un principio de las intenciones del heredero.

Heredero que estaba más que feliz de poder pasar tiempo con ella otra vez. La extrañaba mucho, demasiado.

Preparó todo para su viaje al pueblo con notable entusiasmo. Desde el carruaje que los iba a llevar, hasta la guardia que los iba a escoltar.

Sabía que no lo iban a recibir con los brazos abiertos después del engaño que sostuvo por semanas fingiendo ser quien no era, agregando el hecho de que mandó a castigar a quienes habían colaborado con Touma en su intento de "fuga".

El solo hecho de ser "Ranma Saotome, el heredero a la corona", ya restaba en su popularidad.

Las pocas veces que volvió al pueblo luego de su compromiso con Akane lo había comprobado. Miradas de odio y rechazo donde la indiferencia era lo mejor que podía recibir.

Pero tendría que soportarlo pues no se arrepentía de sus decisiones.

Tampoco buscaba ganarse sus corazones. Solo quería comenzar a ser un mandatario justo y mejorar la calidad de vida de quienes menos tenían, y no lo hacía porque lo consideraba necesario, ni siquiera por sus creencias o convicciones. No, lo hacía porque amaba a una mujer que tal como ellos había sufrido a consecuencia de la ineptitud de las leyes vigentes de su reino.

Lo más importante para Ranma era que Akane pudiera reencontrarse con sus amigos y vecinos. Era consciente que para ganarse la confianza de su mujer tenía que ceder en algo aunque no quisiera.

Ambos estaban sumamente nerviosos sin que el otro lo supiese, por lo que el viaje transcurrió en el más absoluto silencio.

Al llegar al pueblo un aluvión de personas los estaba esperando, o mejor dicho la estaban esperando. Ella bajó del carruaje con lágrimas en los ojos y su corazón latiendo frenéticamente. Ranma permitió que ella pudiera tener contacto con ellos, siempre y cuando no desapareciera de su vista, escoltada por supuesto por Hibiki.

El Príncipe mantuvo la distancia contemplando la escena con un poco de desazón. Celos de que todos aquellos recibían la atención completa y amorosa de su mujer, y envidia de que Akane fuese amada de esa forma por su pueblo.

Al final no pudo más que sonreír.

Cuando Akane terminó de saludar a los presentes, Ranma le indicó a su escudero que la trajera de vuelta a su lado. Tomó su mano, a pesar de la extrañeza expresada en su rostro, y se dirigió a los presentes anunciando los proyectos que él y su esposa tenían en mente para mejorar su calidad de vida.

Sin embargo la respuesta por parte del gentío no fue la esperada.

La mayoría se mostraban escépticos y desconfiados ante sus promesas. Pero bastó con que Akane diera su palabra para que sus rostros asintieran en conformidad.

Recorrieron el lugar unas cuantas horas tomados de las manos, escoltados por sus guardias y seguidos por los habitantes que estaban felices de ver a su querida Akane Tendo asumiendo sus responsabilidades como consorte real.

La mayoría creía que por fin tendrían una fiel y digna representante en el poder.

Con la promesa de volver al día siguiente regresaron al palacio, pero esta vez el carruaje se llenó del entusiasmo que despedía Akane en cada uno de sus comentarios. Estaba feliz y verla tan llena de vida inundó su corazón de bienestar.

Antes de separarse, cada uno hacia su habitación, Akane le dijo:

"Di mi palabra Ranma, mi palabra es lo más valioso que tengo".

Él le aseguró que no iba a defraudarla, que le diera un voto de confianza ya que sus intenciones eran más que sinceras en todo sentido.

Ella hizo una breve reverencia y le dio la espalda.

Akane se sintió feliz, como en mucho tiempo no se había sentido. Por fin se percibió útil y pensaba que tal vez, solo tal vez, la razón de su llegada al palacio iba a valer la pena para alguien.

Lo confirmó el día siguiente cuando nuevamente visitaron la región.

Esta vez fue más difícil y Ranma tuvo que poner la cara pues debían visitar a los Lores quienes no se sintieron para nada alegres con las noticias.

Fue el turno de Akane de contemplar el desenvolvimiento de su esposo ante aquellas personas quienes no evitaron reflejar el rechazo que sentían por ella al afirmar que, como tantos otros habían dicho, ella se había encargado de seducir al príncipe para hacer con él lo que quisiera.

Ranma fue impecable y a pesar de la tempestad que se había creado con cada Lord, se mantuvo firme en cada decisión tomada al respecto.

Fue la primera vez que Akane sintió algo parecido a la admiración por ese hombre, y el odio y rechazo hacia su esposo pudo hacerse a un lado, solo por unos instantes. Si él podía ser ese tipo de mandatario, si él realmente cambiaba y dejaba de ser el Príncipe caprichoso y repulsivo que tanto rechazaba, Akane creía que podría respetarlo como su futuro Rey.

Ahora, no era lo mismo aceptarlo como Rey que como esposo. En ese aspecto, Akane no dudaba de sus sentimientos por el muchacho. Él había arruinado su vida y eso nunca sería capaz de olvidar o modificar.

Ajeno a sus pensamientos, Ranma se sintió radiante por haber pasado otro día junto a su esposa, aliviado además de mantenerla lejos del palacio al que lamentablemente debían retornar.

Si tan solo no existiesen Ukyo, Shampoo o Kodachi. Si Cologne no tuviera el poder que tiene sobre él. Si tan solo fuesen él y Akane, todo sería más fácil.

Apenas llegó a su hogar fue notificado del llamado de Rey. Uno de sus problemas se había resuelto, pues Genma le comunicó a su hijo que el padre de Kuno había ordenado su regreso al reino, correspondiendo a la disimulada insinuación que le había hecho llegar el mayor de los Saotome. Pero como todo en esta vida, había un costo y ello implicaba la visita de su amada hija Kodachi… y de su yerno Ranma a su morada.

Ranma se negó, de ninguna forma iría a la casa del padre de la Tercera Consorte. Tenía asuntos que atender, siendo el principal de ellos estar junto a Akane.

Sin embargo su padre le recordó que él había pedido que interviniera y ahora debía hacerse responsable.

Accedió no sin antes abandonar la habitación de su padre evidenciando su total disconformidad, cobrándose la existencia de algunos jarrones que se encontró en su derrotero.

De las tres mujeres, Kodachi era quien más lo irritaba.

Pues Ukyo siempre se mostraba amable y hasta tímida, ya que él no dudaba en hacer uso de la culpa y el reproche para marcar distancia con ella. Shampoo era atrevida y seductora, así que solo debía ignorar sus insinuaciones para ofenderla y de inmediato cesaba su avance… hasta que volvía a intentarlo pues nunca se rendía. Kodachi era complaciente y demandante a la vez. No paraba de hablar y de reír de sus propias ocurrencias. Por más que él la ignorase o incluso si él la rechazaba de las peores formas, ella seguía allí, como si no le afectara sus desplantes. Así que tenía que invertir un enorme esfuerzo en hacer como si le prestaba atención o simplemente hacerse el dormido. Incluso ante ese último escenario, ella lo tomaría del brazo recostándose sobre él para dormir a su lado.

Fue a la habitación de Akane ya que debía contarle que pospondrían por lo menos unos siete días sus visitas al pueblo por estar obligado a partir junto a los hermanos Kuno.

Ella abrió la puerta sorprendida por su aparición a esas horas, sabiendo que no podía dejarlo entrar.

Ranma contuvo la rabia que aún sentía ante la noticia y se la comunicó dando miles de vueltas y justificaciones.

"Está bien, que le vaya bien con su esposa y su familia", fue lo único que dijo con un semblante serio y relajado, cerrando la puerta ni bien terminó la oración.

Fue la gota que rebalsó el vaso pues muy dentro imaginaba que ella se mostraría triste o por lo menos celosa, que le reclamaría por irse con Kodachi y abandonarla, pero no. Solo lo despidió desafectada, como si le hubiese dicho que el cielo era azul.

Temprano partieron los hermanos Kuno junto al príncipe y la guardia real.

Tatewaki tenía un semblante triste y no dejaba de suspirar mientras miraba por la ventana del carruaje en dirección al palacio. Aquello desquició al príncipe pues suponía que quien causaba esos suspiros era la dueña de su corazón. ¡Oh, cuánto deseaba ser él el causante del último suspiro dado por el hombre conocido como "el rayo azul"! Pero incluso si quisiera atacarlo tendría primero que deshacerse del agarre asfixiante de Kodachi, quien desde que se encontraron en el salón real para despedirse de los demás integrantes de la familia real, se pegó a su brazo como sanguijuela, haciendo alarde de su cercanía ante las demás consortes, entre ellas Akane quien una vez mas no se mostró afectada en absoluto y eso lastimó su corazón una vez más.

Sabía que era ridículo esperar esas reacciones de Akane, que ella no estaba cerca siquiera de estimarlo, mucho menos quererlo o celarlo. Pero aún así le dolía ver su indiferencia.

Accedió a pasar tres días en la casa del padre de la consorte, excusándose de que estaba muy ocupado. Permitiría, sin embargo, que ella pudiera permanecer junto a su familia por el tiempo que quisiera. Pero Kodachi fue enfática en que volvería junto a él pase lo que pase.

Las tres noches que vivió allí se sintió ansioso. No hacía más que pensar en Akane y ello le revelaba cuanto la extrañaba, haciendo crecer su añoranza por ella y su ansiedad por volver a su palacio. Ranma estaba entrapado en un espiral donde sus sentimientos y emociones se causaban recíprocamente.

Ninguna de esas tres noches Kodachi, por su parte, dejó de asistir a su habitación con el fin de acompañarlo. Ninguna de esas ofertas fue tomada, sin embargo.

Cuando por fin se cumplieron los tres días de estadía, Ranma se sintió más ansioso que nunca, pues no solo pasaron los días del viaje que había estipulado, sino que se cumplió el plazo de algo que estaba esperando con desespero: sus días de abstinencia.

Partieron a primera hora de la mañana para llegar a media noche del siguiente día. Kodachi se había quedado dormida en el camino y él ordenó que la llevaran a su habitación. No estuvo allí para presenciar cuando retiraron el cuerpo inconsciente de su tercer esposa del carruaje, mucho menos para cerciorarse de que llegara sana y salva a su recamara. Porque ni bien llegó al palacio los pies del príncipe corrieron hacia aquella habitación que contenía en su interior a quien anhelaba en su corazón.

Abrió la puerta con cuidado. La habitación estaba por completo oscura, pero la luz de la luna igual alcanzaba a iluminar el cuerpo que descansaba sobre la cama. Su ritmo cardíaco se aceleró a cada paso que daba en su dirección, dejando piezas de su ropa por el piso. Llegó al lado, hasta entonces, vacío de la cama matrimonial. Corrió las sábanas y entró al interior del lecho moviéndose hasta quedar detrás del cuerpo de su mujer, quien dormía de costado. Juntó su pecho haciéndolo chocar contra la pequeña espalda, quedando también de costado. Deslizó su brazo izquierdo debajo del cuello de Akane, hundiendo, en el mismo movimiento, su cabeza en el delicioso cuello de la fémina. Akane despertó de inmediato, pero quedó inmovilizada por el fuerte brazo que se envolvió en su cintura empujándola hacia atrás. Sus cuerpos, ahora, quedaron en contacto por completo.

-¿Ran…ma?_ pronunció identificando su masculino e inconfundible olor.

-Te he extrañado tanto_ susurró el susodicho en su oído, olfateando su piel y sus cabellos, mientras aprisionaba mas el delicado cuerpo al enredar sus piernas con las de la mujer.

Akane estaba tensa, pero al ver que no tenía escapatoria y que en realidad él solo la estaba abrazando, se quedó quieta, sintiendo un cálido aliento chocando contra su cuello hasta que finalmente se quedó dormida. Profundamente, como no lo había hecho desde hace más de una semana, cuando él dejó de dormir a su lado.