Hola a todxs! Cómo están? Les traigo un nuevo capitulo, disfrute mucho escribiendolo, espero que les guste!
Gracias a todxs por sus comentarios!
Contesto por aqui a quienes no puedo responder de forma privada, quedando una par pendiente cuyos nombre no figuran pero aprecio mucho las palabras que me dejaron!
Carla: Mori de la risa! Bueno, espero no tener que buscarme un sacerdote para expiar mis pecados por no contar con tu perdon! De todos modos no suelo jamas dejar una historia sin final, asi que no te preocupes! Gracias por hacerme reir!
Grace: Coincido con vos, y con muchos de los que hablan sobre los sentimientos encontrados de Akane. Creo que ella esta abrumada por lo que esta empezando a sentir. Creo que es muy dificil estar en sus zapatos. Veremos que hace nuestra consorte con su corazon. Gracias por compartir tus pensamientos!
Teuton: Definitivamente todos estamos a la expectativa de la reunion amorosa entre Ranma y Akane, estoy trabajando en ello. Estoy de acuerdo. Genma no puede entender todavia lo que significa Akane para su hijo, y habra que ver los efectos de su incredulidad. La union hace el poder, y si Ranma puede unir a su pueblo coincido en que sera mucho mas dificil que los enemigos se salgan con la suya. Me encantó tus hipotesis sobre el futuro de nuestra pareja y las consortes, no puedo adelantar nada al respecto pues no me gustan los spoilers, pero muchas gracias por compartir sus predicciones!
Norma, Maria y Yaci, gracias por sus palabras de aliento como siempre!
Les mando un enorme abrazo a todxs, cuidense mucho!
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 15: Reunión
Ser la nieta de la Reina Madre tenía grandes beneficios. El poder elegir, secretamente, qué sector del palacio manejar era una bendición aunque por supuesto no suficiente, ya que si no se poseía la inteligencia que ella tenía, no habría seleccionado estar a cargo de la casta media y superior de sirvientes de la morada real. No es que disfrutara tener contacto alguno con sirvientes por más superior que fuese su casta. Eran, al fin y al cabo, siervos. Pero ellos tenían acceso a algo que valía tanto como el oro: información. Conocían secretos, chismes, complots y alianzas. El saber es poder.
A su vez, controlar a los siervos le permitía hacer lo que quisiera dentro del palacio amenazando a posibles testigos sin tener que dar cuentas por ello, obteniendo además la mano de obra necesaria para lograr lo que se propusiera, como en ese mismo momento. Realmente era muy bueno tener ese privilegio, aunque ella se lo merecía.
Fue realmente un privilegio, además, ser la más hermosa entre las nietas de Cologne. Pero no fue solo su belleza la razón por la que su abuela la había elegido para ser la representante de las amazonas en el reino de los Saotome. No, ella se había ganado ese derecho, la tradición así lo comandaba y ella quería creer que su unión con Ranma estaba destinada, pues que él la haya vencido con tanta facilidad la tarde que lo desafió no podía ser más que obra de los cielos. Nunca nadie la había derrotado, ninguno de los jóvenes de la aldea contigua pudo hacerlo en las cientos de peleas que había tenido con ellos, ya que para nadie era desconocido que quien venciera a una amazona podría casarse con ella. Y Shampoo, por ser la más fuerte y exótica entre todas, era el objeto de deseo de todo hombre que ponía sus ojos sobre ella. ¿Quién no estaría honrado de tenerla como esposa?
Claro que eso era desconocido por un muchacho que vivía a miles de kilómetros de distancia de su reino y que había llegado allí obligado por su padre y por la soberana mayor de su país con el fin de generar pactos y acuerdos para el bienestar de ambos pueblos. Por supuesto que tanto el Rey Genma como la Reina Madre Cologne sabían el motivo implícito de aquel viaje: el encontrar una candidata para ser consorte de Ranma una vez que éste llegara a la mayoría de edad.
Grande fue la sorpresa de la soberana cuando los planes que tenía en su cabeza se vieron facilitados gracias a los dioses. Las cosas no podrían haber salido mejor, evitándole la amarga tarea de convencer a su nieta estrella de que aceptara ser la Consorte del nieto de su gran amor.
Ranma no hizo más que defenderse de una loca muchacha que lo había atacado por la espalda. Claro que sus reflejos era finos y su cuerpo sumamente ágil, por lo que pudo derrotarla en un solo movimiento, desconociendo por completo el significado de su acto. Años más tarde, luego de su primer matrimonio, supo el significado de la estúpida tradición. De haberla conocido se hubiera dejado vencer por cada una de esas mujeres aunque perdiera su orgullo por completo en el proceso.
Para Shampoo también el resultado fue muy confuso. No conocía al Príncipe, y a pesar de que su madre junto con sus tías habían comunicado a todas las muchachas del reino que el Príncipe Saotome vendría a seleccionar a una de ellas para comprometerse a matrimonio, Shampoo no estaba interesada. Ella en realidad quería ser la heredera al trono de su reino y debido a ello había entrenado duramente durante su corta vida. El matrimonio no era algo que estaba buscando, más bien era todo lo contrario. Por ello iba a vencer a aquel hombre lo más rápido posible, y aprovechó a atacarlo a sus espaldas para garantizar su éxito ni bien tuvo la oportunidad.
La sorprendida fue ella. Sorprendida por su derrota. Sorprendida por el hombre que sería su esposo.
La había deslumbrado. Comprobó que era fuerte, sin dudas, pues la había vencido de una forma humillante, pero realmente no se dejó afectar por ello.
Se encargó de espiarlo durante su estadía descubriendo otras cualidades en él. Cualidades que terminaron de convencerla que era el hombre para ella, su destino, su amante.
Así que cuando su abuela le comunicó que ella sería su consorte, Shampoo aceptó pero ya no para cumplir con su tradición, sino por sus propios deseos y su orgullo como amazona.
Continuó los siguientes años entrenando a la espera de su matrimonio. No solo siguió mejorando sus técnicas marciales sino que además comenzó a entrenarse en el arte de la seducción. Shampoo sabía que debía ganarse el corazón de su esposo por sobre las demás mujeres que podrían llegar al palacio, y para ello debería ser la mejor en la cama.
Ella ya no sería la reina de las amazonas, en cambio la reina de todas las reinas del mundo, pues juró sentarse en el trono del reino más poderoso, el de los Saotome.
Claro que quería obtener el corazón del Príncipe, pero principalmente quería tener su primogénito.
Sabía que el príncipe no la amaba todavía, solo se habían visto tres veces, por lo que no tenía grandes expectativas cuando llegó al palacio para celebrar su boda y la unión de ambos reinos una vez más. Por eso no le molestó la actitud fría y desagradable de Ranma durante la ceremonia. Sin embargo, lo que importaba era lo que acontecería en la alcoba. Por fin pondría en uso todos sus conocimientos en el arte del amor y desplegaría su sensualidad sin tapujos.
Pero el príncipe llegó cargado por sus sirvientes en un estado inconsciente debido al elevado nivel de alcohol que corría por sus venas.
Así que por más que intentó despertarlo, haciendo uso de todas las formas conocidas de estimulación, no pudo hacer nada de lo que se había propuesto.
Lloró de la bronca y frustración, pero jamás se daría por vencida. Por lo que a la séptima noche de compartir la alcoba, la noche donde por primera vez su esposo llegó consciente a compartir su lecho, le sirvió aquel té afrodisíaco que en pocos segundos hizo efecto en él.
Se sintió realizada. Pudo demostrarle todo lo que había aprendido, orgullosa de que por fin esa noche el maquillaje y vestimenta regalada como dote por su esposo no sería desperdiciada otra vez. La noche fue un éxito, y si bien la actitud de su esposo, frío y distante, no había cambiado en lo mínimo con ella, estaba segura que había engendrado un heredero al haberse encargado de hacer todo lo que debía hacerse para asegurar su éxito.
Sin embargo el niño nunca llegó.
La oportunidad de concretar con éxito el acto sexual tampoco, ya que su esposo no era tonto y descubrió fácilmente las hiervas que había puesto en su té, algo que jamás pudo volver a utilizar como método para hacerlo perder el control.
Sabía que él la pasaba bien con ella, que lo hacía disfrutar. Sin embargo Ranma nunca terminaba en su interior por más que Shampoo se las ingeniaba para intentar sabotearlo.
Pronto llegó a la conclusión de que si ella no podía tener un heredero las demás tampoco lo harían. Y gracias a sus "tés", la ayuda de su abuela y la información recibida de mano de los sirvientes sobre las noches compartidas de su esposo con las demás concubinas, su determinación se sostuvo.
Desconocía que su esposo, gracias a los consejos de su más fiel amigo, colaboraba con sus intenciones de frustrar cualquier embarazo, incluso el de la mismísima Segunda Consorte.
Shampoo solo debía esperar otra oportunidad, la oportunidad de tomarlo desprevenido. Y por ello estaba frente a su recamara en ese momento.
No debía interrumpir al príncipe en su descanso a esas horas de la madrugada. Mucho menos ingresar al dormitorio sin ser anunciada por los eunucos, quienes por supuesto también estaban bajo su poder. Los únicos que no la obedecían eran los guardias, hombres que gracias a la ayuda de sus siervos podrían ser distraídos con facilidad.
Al único que no podía dominar o engañar era al molesto escolta Hibiki, quien para su sorpresa no estaba custodiando la entrada.
Sabía que su esposo no había tocado a Kodachi en su viaje. Una de las sirvientas que la había acompañado le informó sobre sus noches llenas de sollozos en el vacío de su recámara. Y si sus cálculos no fallaban, el príncipe estaría más que irritado de haber pasado tanto tiempo a su lado, agregando además el hecho de que por casi dos semanas no había tenido una noche de placer.
Llegó en silencio junto a la cama del heredero. La habitación todavía en penumbras.
Se sorprendió cuando percibió que la misma no solo estaba vacía sino parecía no haber sido ocupada.
¿Dónde estaba?
Salió hecha una fiera hacia sus aposentos pidiéndole a Mika, su primera dama, que obtenga información sobre el paradero de su esposo.
-Él está con ella, Mi Señora.
-¿Ranma?, ¿Con ella… con Kodachi? _preguntó anonadada.
-No, Mi Lady, con la Cuarta Consorte Akane.
-¿Hi…biki, qué haces aquí? _ soltó desprevenida, mientras sus mejillas se teñían de un color carmesí.
La sirvienta llegaba a los aposentos de su ama para comenzar el día cuando lo vio montando guardia fuera de la habitación.
-Señorita Yuka _respondió con una reverencia_ Llegamos a la madrugada.
-Ah… está bien. ¿El Amo lo ha enviado a custodiar a Mi Señora nuevamente?
-No, señorita. Su Alteza pasó la noche junto a Mi Señora.
-¡Oh! _exclamó uniendo las piezas en su cabeza.
-De hecho le agradecería mucho si usted puede ir a despertarlo. El Príncipe debe ir junto al Rey a primera hora, seguramente estará esperando por él.
-Sí…por supuesto. Iré a despertarlos. Lady Akane también tiene mucho por hacer hoy.
Yuka se quedó frente al apuesto guardia avergonzada, esperando vaya uno a saber qué.
-Gracias _expresó el escolta real.
-¿Qué? _dijo la muchacha saliendo de su letargo.
-Gracias por ir a despertarlos, señorita Yuka _insistió de forma cortés.
-Ah, claro. Voy… adentro.
Y con ello, sintiéndose expuesta y estúpida, ingresó al dormitorio.
Si sus mejillas ya estaban rojas por haberse encontrado al admirable escolta, su cara ahora era un verdadero tomate al divisar al matrimonio dormir de aquella forma tan íntima sobre el lecho.
Lady Akane estaba enredada por las extremidades del heredero que parecía estar aferrado a su pequeña espalda.
Su rostro masculino era apenas distinguible por estar oculto entre los cabellos azabaches de la doncella.
Ambos estaban profundamente dormidos, por lo que el carraspeo de la sierva no ayudó a despertarlos.
La muchacha se acercó entonces hacia el lado de su señora y tocando su brazo la llamó.
-Despierte, Lady Akane, ya es hora.
Akane reaccionó lentamente al llamado, abriendo despacio sus ojos.
-¿Yuka? _enunció con una sonrisa al divisarla.
-Sí, Mi Señora. Ya… es tarde, para los dos.
-¿Los dos?
Allí percibió el tan conocido calor detrás suyo.
Y se removió frenéticamente en la cama golpeando a su dormido marido que despertó alarmado ante la salvaje golpiza.
-¿Qué?, ¿Qué sucede Akane? _gritó poniéndose en guardia.
-¡Ya… ya es hora de que te vayas! _vociferó sonrojada corriendo al baño.
Yuka, ahora prácticamente morada ante la imagen de Su Alteza desnudo cintura arriba, se unió a su Señora en la habitación contigua.
Ranma miró a su alrededor buscando algún peligro y luego de entender que todo el alboroto era por él, sonrió alegre por despertar junto al amor de su vida.
Se levantó y caminó hasta la puerta del baño y le dijo.
-Mi amor, debo volver a mi recamara. Prepárate en la tarde porque retomaremos nuestros asuntos en el pueblo.
Esperó unos segundos por su respuesta y rió cuando finalmente llegó.
-Está bien… y ya te dije que no me digas "mi amor".
-Vendré por ti… y creo haberte dicho también que eso eres para mi, mi amor. Así que no puedo llamarte de otra forma, "mi amor".
Y con ello, se vistió rápidamente y dejó la habitación.
-¡El viaje estuvo estupendo! Mi esposo estaba feliz de ver a mi padre y de descansar en nuestro palacio.
Continuó relatando la Tercera Consorte mientras las demás mujeres presentes la escuchaban sabiendo que la mayor parte de su relato era una invención.
-¡Estoy segura que muy pronto daremos la noticia del advenimiento del primogénito del Príncipe! _comentó riendo escandalosamente, frotando su vientre.
La Segunda Consorte rió aún más fuerte, de forma notablemente burlesca. Y ello no pasó desapercibido para ninguna de las demás.
-¿Qué le resulta tan gracioso, Lady Shampoo?
-Nada, mi querida. Estoy muy contenta por ti. Bebe tu té, antes que se enfríe.
-Lady Akane_ interrumpió la Reina Madre_ ¿Hoy retomará sus asuntos en el pueblo junto al Príncipe?
-Lo desconozco, Su Alteza.
-Dudo que así sea, ya que estoy segura de que el Príncipe se lo ha informado personalmente.
-Es a usted a quien obedezco, Mi Señora. Incluso si el Príncipe lo comandase, esa es una decisión que solo usted puede tomar. Por eso desconozco si usted lo ha aprobado o no, Su Majestad.
-Pues así será _respondió con indisimulable fastidio_ Sabes que el mismo Rey lo ha decretado. No te olvides que debes primero cumplir con todos tus deberes.
-Por supuesto, Mi Reina _agregó haciendo una reverencia.
El carruaje había llegado al pueblo hace más de media hora. Estaban en el medio de la plaza principal escuchando los reclamos de su gente sobre las tierras del norte. Los aldeanos que solían rentar aquellos terrenos debían soportar los continuos asaltos de los soldados desertores de su propio ejército en los últimos meses. No conformes con asaltar las granjas, habían cometido una diversidad de delitos como violaciones y asesinatos. Se agregaba además el hecho de que el acceso a esos latifundios era prácticamente inexistente lo cual dificultaba el traslado de la cosecha al pueblo para su posterior comercialización. Sin embargo, explicó Akane, aquellas tierras eran sumamente fértiles gracias a la cercanía con el rio. Pero el combo entre la inseguridad y la inaccesibilidad hacía que tanto los dueños de los terrenos, en su mayoría ex militares y funcionarios sin títulos de nobleza, como los campesinos que deseaban trabajar en ellos, se encontraran en terribles condiciones económicas y salubres, y ello era un gran peligro para la corona. El malestar de sentirse olvidados y desprotegidos lleva rápidamente a la traición, generando revueltas y rebeliones como las que había ocurrido hace unos meses. No era difícil caer en las ofertas de otros reinos interesados en conquistar tierras fértiles como aquellas, sobre todo si se pedía la lealtad a la corona.
Debían actuar de inmediato.
Ranma decidió que al día siguiente visitarían esas tierras, por lo que al llegar al palacio decidió reunirse con el General Kudo para obtener una mayor información sobre la situación.
Akane, mientras tanto, volvió a su recamara y se dispuso a elaborar, por indicación de su esposo, un detallado informe sobre la situación que encontraron en las tierras del norte.
Dicho informe fue escuchado y aprobado de inmediato por su esposo quien llegó a sus aposentos poco antes del atardecer, seguido de sus sirvientes que dejaron en el lugar una serie de pertenencias.
-Mañana iremos allí para dialogar con los Lores. El General Kudo nos acompañará con una pequeña tropa. Aparentemente sabía de la situación pero no le dieron la importancia que ameritaba. ¡Idiota!
-No me sorprende, muchos de esos soldados desertores eran sus hombres Ranma.
-Son traidores Akane, no importa si son sus mejores amigos, sus hijos o sus padres. Y ya se lo dejé en claro. Los quiero a todos capturados y luego colgados como ejemplo para los demás.
-¿Todo tiene que terminar en muerte?
-La traición se condena con la muerte, amor.
Akane revoleó los ojos.
-También podrías indagar las razones por las cuales desertaron, ¿no te parece? Y condenarlos justamente por sus crímenes.
-No hay razón alguna para justificar su traición.
-No los justifico. Pero los soldados… no solo son muy mal pagos sino que las condiciones en las que viven son deplorables. ¿Quién sacrificaría su vida por tan poco? Mucho menos si a quienes defienden no merecen su respeto.
-¡Todos aman a mi padre, es un Rey justo!
-Lo es, pero aún así ha descuidado mucho a su gente y lo peor es que su heredero…
Akane se quedó en silencio.
-¿Su heredero qué, Akane?
-Nada.
-Continúa, prometo no enojarme _afirmó disimulando su ya incipiente enojo.
-Su heredero es un egocéntrico idiota que no solo se indigna al mezclarse con su pueblo por creerse superior, sino que quiere gobernar sin el menor deseo de prosperidad y justicia.
Fue difícil escuchar esas palabras pronunciadas por la persona que amaba. Pero sabía que el mismo se había hecho esa fama y no podía desmentir que eran ciertas.
-Pero ya no. Lo era, sí. Pero intento cambiar. Y tú me puedes ayudar, ya lo estás haciendo. ¿Me crees, verdad?
-Tienes que cambiar por tu gente Ranma, no por mí.
-No puedo, yo quiero cambiar por amor a ti, no me importa nadie más.
-Sigues siendo un egoísta.
-Lo seré siempre. ¿Pero acaso no es un egoísmo un poco más… productivo?
Akane no quiso agregar nada. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando.
-¿Por qué trajiste esas ropas aquí? _inquirió cambiando de tema.
-Porque voy a dormir contigo _sostuvo_ No vamos a volver a tener esa conversación _agregó, interrumpiendo el intento de Akane de retrucar sus palabras.
-Ranma, no creo que puedas.
-Yo voy a dormir donde quiera Akane. Nadie puede impedírmelo.
-No estoy tan segura de ello.
-En todo caso yo asumo la responsabilidad, tú no tienes que preocuparte. Ahora iré a bañarme _anunció levantándose de la silla_ Toda esa caminata me dejó muy sucio y no quiero oler feo para ti.
-No me importa tu olor.
-Me haces sonrojar, Akane. Pero está bien, yo también te amo sin importar lo mal que puedas oler.
-¡Cállate idiota! _lo retó avergonzada de que sus palabras fueran mal entendidas_ Me refiero a que no presto atención a como hueles o como te ves. ¡Solo… solo haz lo que quieras!
-¡Oh, yo creo que si lo haces!_ le dijo guiñándole un ojo _ mi amor.
Y se dirigió al baño.
No se equivocaba, pues Akane percibía claramente su olor cada vez que la abrazaba, especialmente mientras dormían juntos. Y no era un olor desagradable. Todavía no sabía cómo describirlo, pues no quería prestarle demasiada atención.
Él, en cambio, parecía amar su aroma.
Por eso no le sorprendió cuando sintió su nariz rosando su cuerpo, acercándose peligrosamente a su espalda.
-¡Aléjate! _le gritó sentándose en la cama súbitamente.
Ranma se había acostado junto a ella, tal como lo había hecho la noche anterior, y no pudo evitar intentar abrazarla por la espalda. Aunque más que abrazarla, quería capturar su cuerpo rodeándola con todas sus extremidades.
-¿Por qué no puedo abrazarte? _reclamó.
-¿Por qué, dices?, ¡Porque no quiero! No puedo prohibirte que duermas aquí, porque como has dicho, ésta es tu propiedad y no la mía. Pero jamás te permití abrazarme.
-¡No quiero! Anoche dormimos tan bien juntos, ¿por qué no me dejas ahora?
-Porque anoche no pude evitarlo, me tomaste por sorpresa, no te esperaba… yo además… estaba prácticamente dormida.
-¿Cuál es la diferencia Akane?, ¡Vamos!, ¡Tú también dormiste bien entre mis brazos!
-¡No es así!, ¡Yo duermo bien siempre, no te necesito para dormir!
-¡Yo sí!, Yo necesito estar cerca de ti para dormir… para vivir.
-No es mi problema.
-De todos modos cuando me duerma sabes que te abrazaré, inconscientemente lo haré porque es más fuerte que yo. Todas las mañanas despiertas en mis brazos, ¿cuál es la diferencia si nos adelantamos a ese resultado?
-La diferencia es que yo no te lo permito. ¡Si tú quieres hacerlo a la fuerza o inconscientemente hazlo! No puedo defenderme si estoy dormida o si decides forzarme. Pero mientras pueda, quiero dejarte en claro que no quiero que te acerques a mí. Así que has lo que te plazca, pero debes saber que no es con mi consentimiento.
-¡Esto es ridículo!
-¡No! Lo ridículo es que pienses que yo… quiero estar contigo, ¡cuando sabes muy bien lo que quiero!
-¿Qué quieres Akane?, ¡Dime!
-¡Mi libertad!, ¿Me das mi libertad, Ranma?
-No.
-¡Entonces haz lo que quieras, idiota! _exclamó al borde de las lágrimas acostándose de costado, dándole la espalda.
Ranma se sintió frustrado una vez más. Cuando pensaba que se había acercado a ella, nuevamente ella ponía distancia entre los dos.
Se apartó de ella, muy a su pesar. Se puso de costado contemplándola. Estiró su brazo tomando su mechón de cabello. Por lo menos eso lo mantenía aferrado a ella, como si fuera una soga que lo mantenía a flote.
Al día siguiente llegaron al lugar luego de un incómodo viaje caracterizado por un silencio profundo entre los dos.
Al llegar a la primera propiedad de camino a la zona norte de cultivos, fue Ranma quien llevó adelante la tarea de dialogar con el propietario. Akane solo los escuchó con atención descubriendo la seriedad del asunto de los desertores. Siguieron hasta la siguiente propiedad en búsqueda de un mapa realizado por un ex militar, ahora dueño de unas cuantas hectáreas, en dónde logró detallar la zona en que los maleantes aparentemente se escondían. Claro que para llegar allí tuvieron que recorrer un largo camino signado por barro, maleza y bosta de animales, y por supuesto aquel mutismo entre los dos. Akane estaba preocupada por la situación, en cambio el Príncipe estaba asqueado e iracundo por lo mal que estaba siendo su día.
Al llegar, Ranma permitió al General Kudo, amigo del ahora Lord Susuki, tomar riendas en el asunto.
La Consorte escuchaba con atención a los hombres hablar del asunto y descubrió la naturaleza de los desertores. Muchos de ellos habían sido delincuentes y fueron obligados a enlistarse en el último conflicto con el reino de los Daimonji.
Ranma entonces prometió tomar cartas en el asunto y Kudo juró ocuparse de la tarea.
Al volver al palacio Akane decidió preguntar sobre los pasos a seguir, dejando de lado el mal humor con su esposo pues realmente estaba preocupada por toda la situación.
Ranma de inmediato cedió ante ella y los ánimos entre los dos volvieron la normalidad que los caracterizaba, donde a veces podían hablar animadamente de diversos temas, e incluso reír y bromear al respecto, mientras por momentos se enojaban, desafiaban y distanciaban.
Los siguientes tres días volvieron a la zona pues debían dialogar con todos los Lores para llegar a un acuerdo en cuanto a la ley de arrendamiento, así como también notificar de las futuras acciones del ejército en la zona y prometer la construcción de caminos que optimizasen el comercio. La mayoría de los Lores se mostraban satisfechos ante las palabras del Príncipe y acordaron trabajar conjuntamente con el reino para lograr las mejores no solo para ellos sino para sus arrendatarios.
Claro que lo más difícil fue llegar a cada vivienda de la zona, pues a medida que se acercaban al río, las condiciones del suelo eran peores.
Tal fue así que a la vuelta de la visita llevada a cabo en la última propiedad de la zona, el Príncipe Heredero, por estar tan ocupado blasfemando las condiciones del camino y el terrible olor que cada vez se intensificaba debido a la humedad, no escuchó la advertencia que su escudero le dio sobre el enorme charco frente a él.
Cayó sin poder evitarlo, pues tal había sido la sorpresa que sus finos reflejos no habían servido de nada.
Estaba cubierto de lodo y de todo tipo de restos orgánicos que en el suelo existían.
Akane observó la cara de horror, asco e ira de su marido sin poder contener la risa. La soltó de forma estrepitosa, abrasando su cuerpo que con espasmos reaccionaba ante la imagen del gran Ranma Saotome completamente sucio como cerdo en un chiquero.
Éste, como por acto de magia, reaccionó ante la burla de su mujer olvidando todos los sentimientos negativos que hasta solo segundos lo inundaban.
-¿Cree que es muy gracioso ver a su esposo cubierto de barro, verdad?
-¡Lo… es! _respondió duras penas, con lágrimas en los ojos.
El Príncipe se agachó, tomó con su mano una generosa cantidad de lodo y la arrojó al cuerpo de su amada consorte.
-¿Qué haces?_ se quejó al sentir algo húmedo impactar sobre su vestido a la altura de las piernas.
-Si esto es un chiquero _avanzó hacia ella_ entonces eso te hace una cerdita, ¿verdad?
Y a continuación esparció una buena cantidad de barro sobre su cabeza.
La consorte sintió el frío recorrer su cuero cabelludo, notando como el barro descendía hacia su rostro.
Ahora la risa que se escuchaba era masculina.
La pequeña figura tomó con ambas manos la tierra húmeda que caracterizaba al lugar y, aprovechando que el heredero al trono estaba riendo con los ojos cerrados, hizo una mascarilla facial rica en nutrientes para él y, por qué no, de paso, le hizo degustar un posible nuevo postre rústico rico en arcilla.
Ranma retiró como pudo el lodo de su rostro, salpicando sus manos en dirección a la muchacha que reía desquiciadamente.
-¿Así que mi cerdita quiere divertirse? _se agachó una vez más recogiendo la tierra mojada_ ¡Pues aquí te traigo la fiesta! _ exclamó acercándose a ella, quien por su parte comenzó a correr para protegerse del ataque de su marido.
Los presentes fueron testigos de una escena nunca antes vista, ya que ver reír de alegría a Ranma Saotome no era algo que creían poder atestiguar en sus vidas.
Hibiki, observaba la escena conmovido, pues ni siquiera de niño había visto a su amo jugar de la forma en que estaba jugando con Akane, libre y sin preocupaciones.
Su corazón se conmovió también al verla reír junto a él por primera vez desde que estaban juntos.
-¡Basta!, ¡Basta! _dijo con las manos en alto _Debemos… debemos regresar_ agregó Ranma, muy a su pesar pues se estaba divirtiendo.
-Está bien, pero ni pienses que vas a viajar conmigo oliendo a excremento.
-¿Y qué podemos hacer?, tendrías que haberlo pensado antes de atacarme, mi amor.
Akane frunció el ceño ante aquella frase que odiaba, pero ahora realmente solo estaba exhagerando.
-¡Ryoga!_ llamó al escolta.
-Sí, Mi Señora_ se acercó a ella decidido a cumplir con sus órdenes.
-Ve al pueblo y busca a la Señora Higarashi. Pídele que nos envíe algunas viejas prendas para Ranma y para mí. Déjale unas monedas por ellas, ¿si?
-Por supuesto, Mi Señora. Ya regreso.
-Sabes Akane, cambiarnos de ropa no va a hacer que el olor se vaya.
-¡No me digas!, ¿Cómo no me di cuenta? _respondió con notable sarcasmo _ ¡Ven!_ indicó tomando su mano y tirando de ella.
Y ese simple acto bastó para que Su Majestad se rindiera ante ella por completo, dejándose llevar al fin del mundo si esa fuese la intención de su mujer.
Minutos después soltó su mano y corrió a zambullirse al agua.
Él la vio desaparecer en el río y luego emerger en una imagen que para sus ojos fue sumamente sensual: el agua escurriendo por sus cabellos, rodando suavemente por la blanca piel de su rostro. Su boca entreabierta recuperando el aire de sus pulmones, para luego transformarse en una encantadora sonrisa mientras abría sus ojos a la par. Su ropa estaba pegada a su cuerpo, delineando sus perfectas y femeninas curvas. Todo en ella era una invitación para él, quien por supuesto no declinó la oferta ante la tentadora imagen.
Se sumergió bajo las aguas del río, aguas que no eran tan profundas a esa altura del año.
Nadó hacia ella e irrumpió frente a la misma.
Akane estaba masajeando su larga cabellera intentando desprender el barro que todavía la cubría. Él comenzó a hacer lo mismo con su cabello, sin retirar sus ojos del cuerpo de Akane.
-El río tiene poco caudal.
-Sí, en esta época del año es así.
-Vamos a solucionar todo esto Akane, vamos a recuperar estas tierras y castigaremos a quienes cometieron atrocidades, te lo prometo.
Ella solo lo observó y sonrió.
Sabía que lo haría. Le creía. Esos días junto a él le demostraron que si él se lo proponía podía ser sumamente responsable. Akane quería creer en sus palabras, porque ella además había empeñado la suya, así que lo haría cumplir.
Ranma, intentando continuar con lo que habían iniciando, le dijo.
-Creo que todavía tienes barro en tu rostro.
Akane tomo agua con sus manos y bañó su piel en ella.
-No, todavía tienes sucia tu cara.
-¿Dónde?
-Allí _salpicó agua sobre el rostro de su mujer, orgulloso de haberla tomado por sorpresa anticipando lo que vendría a continuación.
Su respuesta líquida llegó con una mayor intensidad.
Comenzó así la batalla naval, y entre salpicaduras y carcajadas el joven matrimonio siguió jugando por segunda vez en su corto tiempo juntos.
La Cuarta Consorte cerró sus ojos y los refregó con impaciencia, pues el agua había entrado en ellos. Cuando los abrió, Ranma no estaba por ningún lado.
Nadó adentrándose a la parte más profunda del río buscándolo y fue allí cuando sintió como su tobillo era jalado hacia abajo.
Comenzó a mover insistentemente su pierna, pero el agarre era fuerte y no la liberaba. Ranma soltó su tobillo, pero trepó por sus piernas hasta llegar a su cintura, pegando su cuerpo con el de Akane.
Rió inevitablemente al ver la expresión de enojo de su mujer y luego de unos instantes subió a la superficie, sin deshacer su abrazo.
-¡Idiota!, ¡Me asustaste! _recriminó Akane golpeando con ambas manos sus hombros.
-Te gané, eso hice.
-¿Ganaste?
-Esta batalla, hundí... tu barco.
-¿Barco? _dijo riendo sin poder impedirlo_ ¿piensas que mi cuerpo es un barco?
-Esta era una batalla naval, hundí tu barco y te capturé. Si quieres liberarte, tendrás que darme un tesoro_ declaró mirándola profundamente a los ojos.
Su rostro a solo centímetros del de Akane.
La muchacha no lograba separarse de Ranma por más que lo intentaba. Sin embargo, no lo estaba haciendo seriamente, no tenía intenciones de hacerlo, por eso no estaba empleando todas sus fuerzas. No se sentía incómoda, no se sentía con temor. Se sentía extrañamente a salvo, como sentía cada vez que él la abrasaba.
Quiso seguir jugando. Hace mucho que no se divertía, y aquel había sido un buen día.
-¿Cuál es el tesoro del que hablas? _cuestionó susurrando, evitando su profunda mirada.
-Un beso _respondió al oído.
Akane se removió entre sus brazos en un intento de rebelión, pero el capitán Saotome no renunciaría a reclamar su botín.
-¡Esta bien! , ¡Solo un beso! _cedió.
-Es suficientemente valioso.
Akane respiró profundo y se acercó al rosto de su esposo. En movimiento rápido dejó sus labios rozar la rasposa mejilla.
Ranma enrojeció.
-Ahora libéreme, señor pirata_ exigió mirándolo completamente ruborizada.
Pero él solo pudo abrazarla emocionado.
Era la primera vez que su esposa le daba un beso por iniciativa propia, incluso aunque fuese el resultado de un juego.
Ella lo besó y fue la mejor sensación que había sentido en su vida. Así que la abrazó incluso más fuerte.
Y Akane lo dejó, una vez más.
-¡Este es el día más feliz de mi vida, mi amor!
Entonces los recuerdos llegaron su mente.
Touma, en el río junto a ella, enseñándole a pescar.
Las tardes de verano donde solían refrescarse juntos.
Los abrazos interminables.
Los besos tímidos.
Y ahora ella estaba en ese mismo lugar, sintiéndose bien por estar en brazos del hombre que lo había alejado de su vida.
Akane comenzó a llorar.
Lo había traicionado.
-Mi amor, ¿qué sucede? _preguntó alarmado separándola de su cuerpo para poder observarla con detenimiento.
-¡Quiero irme de aquí!, ¡Quiero que me sueltes! _pidió entre sollozos.
-Akane, ¿qué pasó? _insistió.
La cuarta esposa Saotome pudo zafarse de una vez y nadó en dirección a la orilla del río.
Allí estaba Yuka con ropa limpia para ella y ambas se retiraron, escoltadas por unos soldados, a la tienda que habían montado para ellos mientras jugaban en el río.
Ranma lo observó alejarse desalentado.
Hace un momento estaban felices, jugando como nunca lo había hecho, y de repente la mujer que amaba lloraba desconsoladamente.
Decidió darle espacio, había aprendido que eso era lo mejor para ella.
Volvió al palacio montando un caballo mientras Akane viajó en el carruaje junto a Yuka.
Al llegar se dirigió a su habitación y luego de un baño caliente se metió en su cama sin querer probar la cena. Solo quería dormir y olvidar ese sentimiento que jamás había sentido en su vida hasta ese momento: culpa.
Ranma quiso ser más fuerte y cumplir con su palabra de mantener la distancia. Pero allí estaba una vez más, entrando a la habitación que alguna vez perteneció a su madre. Intentó dormir en su cuarto esa noche, pero no pudo. ¿Cómo lograr dormir dejos de ella de nuevo? ¡Imposible!. Así que llegó al dormitorio en medio de la noche y simplemente, con sumo sigilo, se acostó al otro lado de la cama, ¡su lado!, sintiendo el corazón acelerado como cada noche por estar junto a ella.
Se puso de costado pero esta vez en dirección opuesta a su mujer. Se mantuvo al borde de la cama y enterró su nariz en la almohada intentando conseguir algo de su perfume en la tela. Deseaba que su inconsciente no lo llevara a prenderse de ella mientras dormía. Realmente quería darle un espacio, pero sin morir de soledad en el intento.
Ella lo notó. Escuchó cuando llegó a la habitación. Sintió el peso de su cuerpo hundir el colchón al otro lado de su cama. Pero sobre todo percibió la ausencia de sus dedos en los mechones de su cabello y la sensación de su respiración rebotando sobre la piel de su nuca.
Y por ello no pudo dormir en toda la noche.
Antes de alba decidió levantarse y dejar el lecho. Caminó hasta la enorme ventana que estaba en el pasillo del ala sur. Desde allí podría observar la salida del sol en toda su gloria.
Estaba exhausta.
Su cabeza la atormentaba, su corazón le dolía, sus ojos le ardían.
¡Maldito destino!
-Lady Akane, ¿qué hace aquí a estas horas?
-Lady Ukyo _contestó haciendo una reverencia_ no podía dormir, vine a observar el amanecer.
-¿Qué la mantuvo despierta?
-Mis pensamientos. No puedo dejar de pensar.
Hubo un silencio.
Ukyo tendría que preguntar por sus preocupaciones y ofrecer su ayuda.
Pero sinceramente no le importaba.
En realidad solo una cosa quería saber.
-¿El Príncipe durmió contigo otra vez?
Akane solo asintió sin despegar su vista de la ventana.
-Él realmente es insaciable, ¿verdad?
-¿Insaciable? _preguntó Akane no comprendiendo sus palabras.
-Ya sabes a que me refiero. Estoy segura de que todavía no se cansó de satisfacer sus bajos instintos contigo, por eso sigue yendo a tu lecho.
-¡No!, ¡Nosotros no lo hemos hecho!
Akane se tapó la boca con ambas manos al darse cuenta de lo que había dicho.
-¿Cómo que no lo han hecho?_ indagó la Primera Consorte.
-¡Esta noche!… no me ha tocado esta noche_ respondió, y no mentía.
-¿Eso es lo que te preocupa?
-Para nada, Lady Ukyo. Más bien… es todo lo contrario.
-Sabes, ya se aburrirá, como lo ha hecho con todas nosotras. En un principio es así, siempre escabulléndose por las noches para tomarnos, partiendo temprano en la mañana para evitar rumores. Ha sido así con cada una, especialmente los días después del matrimonio, hasta que finalmente pierde el interés. Así que no te hagas ilusiones pensando que eres especial, mucho menos que te ama solo porque ha compartido tu cama por más de una semana. Te lo digo por tu propio bien.
-No lo pienso, Mi Señora. Sé que soy su juguete_ enunció sintiendo una opresión en su pecho.
-De todos modos, está siendo muy evidente contigo. No se ha puesto a pensar que quien puede ser castigada eres tú, como si no le importase lo que pueden hacer con tu vida. Ellas lo percibieron también, que estas acaparando toda su atención. Por lo que te aconsejo que lo persuadas a que no duerma contigo con tanta frecuencia, porque créeme, yo sé a quién tiene en su corazón y comprendo a los hombres, son todos iguales en cuanto a satisfacer su apetito sexual. No me molesta, se que eres una novedad para él y nada más. Pero las demás… ellas no se quedarán tranquilas si él no comienza a visitar su alcoba.
-¿Crees que estoy reteniéndolo?
-¡Oh, no! Yo no lo creo, pequeña. Solo repito lo que se dice de ti en los pasillos del palacio. Ya sabes, que eres una caza fortunas, que lo quieres solo para ti, ¡Incluso juran que eres una hechicera!, ¿puedes creer la imaginación de la gente? Solo te lo advierto para que cuides de tu vida.
Hizo una fugaz reverencia, y dándole la espalda, comenzó a caminar en dirección opuesta a la Consorte Akane.
-¡Yo no quiero estar aquí!, ¡Yo no lo amo! Él me obligó a venir a este horrible lugar. ¡Yo era feliz junto a mi familia!, junto a mi prometido…. compartiendo nuestras tardes en el río _exclamó hacia nadie.
Y una vez más rompió en llanto, cayendo de cuclillas sobre el piso.
El sol ya se asomaba y con él llegaba la resolución de la Cuarta Consorte de tomar una decisión. Lo quería lejos de ella, él solo la lastimaba y confundía. Solo la usaba y se divertía con ella.
Pero ella era Akane Tendo y pondría fin a su manipulación.
Limpió las lágrimas de sus ojos y se dirigió al lugar en donde encontraría la solución a sus males.
Cuando Ranma despertó ella no estaba a su lado.
La buscó por toda la habitación pero no la halló.
A quien encontró fue a su escudero quien le anunciaba que su padre lo mandó a llamar.
Dejó el dormitorio con una amarga sensación.
-Ranma.
-Padre, ¿quieres hablar conmigo?
-Sí. Me han dicho que estas pasando las noches solo con una de tus esposas, ¿es eso así?
El Príncipe comenzó a agitarse. "¡Esas malditas!", pensó.
-Así es. ¿Por qué?
-Sabes que eso no está bien.
-¿Por qué padre? El periodo de abstinencia ya pasó. No veo cual es el problema.
-El problema es que no puedes solo favorecer a una de tus esposas.
-Sabes que Akane es la única para mí, así que no veo lo inconveniente en dormir junto a mi mujer, es lo más natural del mundo.
-No empecemos con sentimentalismos. Tienes cuatro consortes y sabes que su rol dentro del palacio es darte herederos, algo que no va a pasar si solo estas con una de ellas.
-Solo tendré hijos con mi esposa Akane, padre.
-¡Cállate!, ¡Deja de ser un niño! Todos estos años he permitido que te salgas con la tuya. Sé muy bien los trucos que ejerces para no embarazarlas. Pero esto tiene que acabar. ¡Necesitamos tu descendencia! Ya eres un hombre y debemos fortalecer nuestro lugar en la corona. Ya aguanté demasiado tus caprichos. Debes coronar con urgencia a tu reina y tener hijos con ella.
-¡Perfecto! Si es por eso, tengamos mañana mismo la ceremonia de coronación. Ya estoy trabajando con ella en el asunto de mi descendencia.
-¿Con Ukyo?
-¡No! Si quieres una reina, Akane será la elegida.
-Sabes que eso jamás sucederá. Solo te estoy anticipando que pronto coronarás a Ukyo. Mientras tanto debes mantener a todas tus consortes contentas por igual. Todas tienen derecho sobre ti, eres su esposo y debes darle tu atención equitativamente, no puedes solo estar con una de ellas.
-¡Son unas brujas! Ellas solo están celosas de Akane. Por eso vinieron a quejarse contigo.
-Estas equivocado, Ranma.
-No, no lo estoy. Desde el primer día que traje a Akane ellas le hicieron la vida imposible. Ahora vienen a quejarse de que paso mis noches con ella porque están celosas pero-
-Fue ella.
-¿Quién?
-Fue Akane quien vino a pedirme que te ordene que pases las noches con las demás consortes.
-¿Qué?, ¿Cuándo?
-Eso no importa. Ella tiene razón. No es justo que solo estés solo con ella, va a llevar a un conflicto y sabes que toda la responsabilidad caerá en su persona. Pidió que todas pasen el mismo tiempo contigo, y lo que es más, cedió su derecho a que la visites en el mes corriente en compensación por las noches que solo dormiste con ella.
-¿Ella hizo eso?, ¡Me estas mintiendo!
-No lo hago. Puedes preguntárselo tú mismo. Por lo que de ahora en adelante, no podrás compartir más de dos noches consecutivas con la misma consorte, hijo. Más tarde escribiré el decreto y-
Ranma no terminó de escuchar a su padre hablar por dejar su habitación en búsqueda de Akane.
La halló en su recámara, siendo peinada por Yuka.
-¿Tú hablaste con mi padre?
Akane lo miró a través del espejo, pero no respondió.
Ranma la tomó del brazo haciéndola levantar, quedando frente a él.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque usted tiene otras tres esposas, Mi Señor. Es lo más justo para ellas, para usted y el reino.
-¡Excusas!, Dime, ¿por qué me haces esto?
-¡Porque no quiero dormir más contigo, por eso!, ¡Ya no soporto tenerte a mi lado cada noche!, ¡Solo quiero que me dejes en paz!
-¿Eso quieres?
-¡Sí!
-¿Quieres verme en los brazos de otras mujeres?
-¡Así es!
-¡Muy bien!, ¡Así será!
La soltó bruscamente, haciéndola trastabillar.
Ranma dejó la habitación, furioso y dolido.
Akane se encerró en el baño.
Ukyo, por su parte, pidió una reunión con la Reina madre.
No se enojen con Akanita! Se que nos saca de quicio pero realmente la esta pasando mal!
Prometo que lo que viene les va a gustar!
