Hola a todxs! Ahora sí, les dejo aquí un nuevo capitulo!
Como siempre gracias por sus comentarios y mensajes, ya respondí cada uno de aquellos que pude responder por privado.
Respondo aquí a algunos puntualmente, en otro capítulo responderé a otrxs:
Javi: Has leído mi mente! Sí, coincido y creéme, este capítulo resultó como efecto de esa misma preocupación. Desde el comienzo expresé mi desagrado por las historias donde la protagonista cae de inmediato en los encantos del personaje principal. Salvo que esté muy bien relatada, por supuesto, porque a veces la química/atracción entre dos personas surge al instante. En esta historia lo dije, e intenté darle un tiempo a los sentimientos de Akane. Sé que todavía es muy pronto, pero también creo que es el momento correcto, sino tendría que extender la historia y llenarla de eventos que para mi son irrelevantes. Al fin y al cabo uno no elige cuando sentir lo que se siente, pero bueno, espero saber que pensas al respecto luego de este capítulo. Muchas gracias por tus palabras. PD: creo que hay mucha literatura y demás sobre cosas terribles, hay varias categorías dentro de los mangas por ejemplo que hablan de cosas no solo moralmente abominables sino en el marco de lo ilegal y criminal. Pero bueno, cada uno lee aquello que lo convoca y se horroriza con cosas que por alguna razón hacen ruido dentro de su subjetividad, y está bien que así lo sea.
Ranma Love: Lamento mucho haberte decepcionado, comprendo tus razones y por supuesto que puedes dejar de leer mis historias si sientes que mis opiniones como "escritora" no coinciden con tus expectativas, esta bien que así sea. Gracias de todos modos por acompañarme en el viaje hasta aquí!
Kyori: Ya nos encontramos en el face, verdad?
Ale: Gracias por tus palabras, realmente espero no decepcionarte con mi historia. Por cierto, de qué lugar del querido Chile me escribís?
Grace: Gracias por tus apreciaciones sobre el lemon y la historia en si.
Unfanmas: Gracias por tu comentario! Agradezco que valores la versatilidad de una persona para escribir diversos escenarios con distintos personajes! Tomaré en cuenta tus consejos y recomendaciones, gracias por preocuparte!
Mil gracias también a: Norma Justiniano, Ferchis chan, Iselaglezcam (preciosa tu ciudad, la googleé), Alexandraaa, Grace, María, Sil Cortez, Teuton y Alicia (de qué lugar del Salvador me escribis?) Tambien a unos cuantos "Guests" que no puedo nombrar por sus nombres.
Esperaré ansiosa sus reviews y quien sabe... tal vez suba el próximo prontito.
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 20: ¿Qué hubiera sido?
¿En qué momento?
¿Fue cuando la besó por primera vez? No, no fue allí. Esos primeros besos y manoseos nunca se sintieron bien. Sinceramente el asco y rechazo que le producían impedían contemplar aquellas acciones como demostraciones de amor. No lo eran, de ninguna manera.
Fue mucho después, y un poco antes también. Pues no podía negar que cuando se encontró con sus ojos azules por primera vez; esos que ahora estaban cerrados mientras Akane recorría con los propios la superficie del rostro durmiente; se sintió incómoda. Pensó que dicho sentimiento se debía a la mirada penetrante que tenía aquel cliente que se acercó a comprar el pan que había horneado esa mañana. Creyó que se debía a la forma en que le pidió que recordara su nombre cuando prometió volver para saldar la deuda contraída. Seguramente la fricción que había ejercido sobre su mano la había afectado, ¡y como no!, tenía que admitir que era muy apuesto. Cualquier mujer se hubiera sonrojado ante su proximidad.
Su mirada tuvo el mismo efecto, sin embargo, cuando lo encontró por segunda vez. Era tan intensa que le costaba corresponderla. Y su sospechosa solicitud a cambio de unas monedas dudosamente legales solo hizo que esa incomodidad prosperase. Lo inusual era el hecho que ella había vivido en ese lugar toda su vida, y miradas perversas, desafiantes y denigrantes habían sido dedicadas a su persona desde que tenía consciencia. Ninguna había provocado en ella esos nervios, esa electricidad irradiando por su cuerpo y por sobre todo la imperiosa necesidad de mantener distancia. ¿Por qué ese muchacho le generaba tanto revuelo?, ¿Qué tenía de especial?
Si Touma no hubiese estado en su corazón, podría haber admitido en voz alta que el chico era efectivamente un hombre muy apuesto cada vez que alguna de las muchachas del pueblo lo hacía notar. Alto, de contextura delgada pero notablemente maciza. Sus facciones eran masculinas pero su piel, por alguna rara razón, era muy limpia, clara como la leche, sin cicatrices o manchas, apenas ensombrecida por una incipiente barba que crecía sobre sus mejillas y su mentón. Le gustaba lo angulosa que era su mandíbula y cómo su nariz era perfecta, casi tallada. Parecía un príncipe, esos que solían protagonizar las historias que amaba leer, no solo por su belleza sino por su porte erguido y correcto, por sus modales al comer y beber, incluso su marcha era agraciada, precisa y deslumbrante. Si no hubiese sido porque aseguraba ser un simple comerciante con un gran sueño hubiera jurado que era un noble.
El desgraciado realmente la había engañado.
O tal vez ella no quiso ver más allá. No le prestó demasiada atención a lo que su olfato denunciaba cuando percibía ese perfume fino que despedía su existencia toda cuando estaba cerca suyo. Tampoco el cosquilleo que se extendía por los dedos de sus manos pidiendo enterrarse entre los cabellos azabaches que lucían tan suaves como los pétalos de una rosa. No era el pelo de un campesino, duro, sucio y mal oliente. Estaba incluso prolijamente trenzado, como si alguien lo hubiera hecho por él, ya que un hombre no poseía semejante delicadeza.
Pero ¿por qué un noble estaría allí, tomando clases con ella, cuando existían en la región cientos de docentes con mayor experticia? ¡No tenía sentido!, así que decidió creerle, serían al fin y al cabo solo un par de semanas. Semanas en las que a pesar de mantener su distancia con él; porque veía como la observaba y captaba alguna que otra indirecta dirigida hacia ella; llegó a apreciarlo al punto de llevarlo a su propia casa. A sus hermanas y a su padre le había simpatizado. Para ella fue una buena señal porque ellos tenían un sentido especial, como si pudieran predecir el corazón de la gente, y eso era tranquilizador para la menor de las Tendo, porque tal vez ese muchacho de tiernos ojos no era una persona mala o dañina como sus instintos le señalaban constantemente, obligándola a mantenerse en alerta cada vez que estaba junto a él. Quizás no estaban mal sus sentimientos tiernos por él, podrían incluso ser amigos en el futuro.
Por alguna razón con el pasar de las lecciones seguía nerviosa cuando sus brazos se rozaban, sus miradas se cruzaban, cuando él le decía lo hermosa que estaba esa mañana, o alaba su comida. Y Akane, por alguna inusual razón, se encontraba repitiéndose a sí misma, cada vez con mayor frecuencia, que Touma era su prometido. Es que si Touma no existiera… nunca se animó a completar esa frase. Por temor o sin sentido, es que Touma, su novio, su futuro marido, estaba en su vida y ella en la de él.
Lo que más preocupaba a Akane es que esa frase solo aparecía cuando se trataba de este alumno en particular y de ningún otro. ¿Por qué? Sabía que muchos se enamoraban de ella, era consciente de ello. Pero dichas demostraciones afectivas hacia ella solo le producían ternura, nunca incomodidad. Jamás pensaba ante las mismas en la existencia de su novio como un enunciado condicional. Ella había recibido declaraciones románticas de alumnos, vecinos y compañeros de distintas edades. Sin embargo siempre había estado la afirmación de que Touma era su amor, no existían con ninguno de ellos los "Si" o los "Hubiera". Solo con Ranma. Concluyó que de alguna extrañísima forma él evocaba a su novio, y la ausencia de éste provocaba que lo extrañara tanto, tanto, que buscaba en su alumno de trenza negra y sonrisa pícara una pizca de amor romántico, lo buscaba a él, a Touma, por supuesto.
Pero con aquel chantaje, con las amenazas y la locura que vivió luego de confirmar que sus instintos no le habían fallado, esos "que hubiera sido sí" simplemente se detuvieron, se hicieron trizas avergonzándola profundamente por alguna vez haberlos enunciado en los rincones de su mente. A partir de tal desengaño Akane solo pudo formular un único enunciado: "Si Ranma no existiera". Sí no hubiera cruzado su camino estaría junto a su familia. Estaría en los brazos de tu genuino amor, de su Touma. No hubiera sufrido. No hubiera perdido su libertad. No hubiera tenido que renunciar a sus sueños. Si tan solo Ranma no existiera... No dejó de repetírselo durante las semanas que vivió retenida en el frío castillo esperando su sentencia final.
Hasta que un día comenzó a llenarse de preguntas.
"¿Qué hubiera sido si él me tomaba a la fuerza?", se preguntó la noche de bodas. Pero debido a lo que no pasó pudo descansar de forma segura junto a él, porque a pesar de que podría haberla forzado no lo hizo.
¿Qué hubiera sido si no hubiese insistido en dormir con ella las noches que el protocolo señalaba?, ¿Y si se hubiera marchado al amanecer como lo hacía con las demás mujeres? Akane pensaría que eran mentirosas sus palabras cuando aseguraba que él la amaba a ella de una forma distinta a las demás.
¿Y si no hubiese sentido su cabello ser tomado con suma delicadeza mientras lo escuchaba olfatearlo?, ¿Y si no hubiera respetando el espacio que ella necesitaba mientras compartía junto a ella el lecho matrimonial? Solo lo hubiese odiado más, irreversiblemente más.
Si tan solo no hubiese notaba su ausencia cuando no durmió a su lado. Si no lo hubiese extrañado al punto de que su sueño ya no se conciliaba sin él allí. Akane hubiera creído que su presencia le era por completo indiferente, que él no la afectaba en ningún sentido.
Si Ranma no hubiera permitido las visitas de su familia con lo mucho que ella los necesitaba en aquellos días de tanta soledad, ¿Qué hubiera sido de su cordura?
Si por haberlo visto salir del baño en paños menores esa mañana no hubiera tenido un furioso enrojecimiento en sus mejillas. Y si aquel calor que la abrazaba cuando despertaba sintiendo su cuerpo firme tras ella no hubiera tomado lugar. Tal vez no le hubiese costado tanto mantener su distancia. O dicho en otras palabras, ¿Qué hubiera pasado si resultaba inmune a sus encantos?
¿Qué hubiera sucedido si el Príncipe no hubiese admitido su terrible personalidad y la cruda realidad de lo que había hecho con ella?, ¿Qué si no aceptaba que la había forzado y engañado para estar junto a él?, ¿Si no hubiera sido sincero y se hubiera desresponsabilizado de sus actos? Akane jamás podría contemplar forjar una relación con él de cualquier índole en base a mentiras y engaños.
Cuando conoció su historia, cuando vivenció en carne propia lo que implicaba ser parte de la realeza, no pudo evitar pensar qué hubiera sucedido si el muchacho hubiera nacido en otro lugar, en otra familia, en otro tiempo. Quizás no sería tan egoísta, tan apático y desagradable.
¿Y si no le hubiese pedido ayuda para cambiar su forma de proceder?, ¿si no le hubiera importado su opinión respecto de sus malos hábitos y su terrible carácter?
Quizás si no la hubiese escuchado cuando por fin pudo expresar sus ideas y proyectos de progreso para su gente. Probablemente Akane no hubiese bajado sus defensas contra él.
Si no hubiesen vuelto a compartir aquellas charlas animadas, llenas de ideas y planes. Si no hubieran ido al pueblo juntos para dialogar con su gente y dar su palabra de compromiso.
¿Qué hubiera hecho Kuno con ella si Ranma no la protegía? Definitivamente hubiese sido abusada por él y luego asesinada por traición.
Si no conociera a Ryoga o a Yuka, si no hubieran sido asignados por él a su servicio, no hubiera tenido amistades tan leales dentro del desolado palacio.
Sin Ryoga jamás hubiera conocido las locuras que hizo el Príncipe para acercarse a ella. Sin Ryoga no hubiese conocido a alguien que afirmara la veracidad de los sentimientos del hombre de pelo azabache hacia ella
Y si su corazón no se hubiera acelerado cuando la llamó "mi amor".
Si no hubieran jugado ese día en el barro y en el río, jamás hubiese reído por él. Ese mismo día donde descubrió que podía olvidarse de Touma, allí entre sus brazos, pasándola tan bien.
Si las palabras de Ukyo no le hubieran dolido tanto al decirle, junto al enorme ventanal en aquel amanecer, que él se olvidaría de ella también, no hubiera actuado impulsivamente, celosamente.
Si no hubiera cumplido con sus promesas. Y si toda la gente que tanto quería no se lo hubiera confirmado, ella seguiría pensando que él en realidad no había cambiado, que seguía siendo el mismo egoísta y que sus palabras, aquellas que afirmaban que todo lo que hacía era solo por interés hacia ella, no sentiría tanta alegría al verlo cambiado.
Sin su pedido de perdón, aquel que repitió infinidad de veces. Sin haber mostrado su sincero arrepentimiento ante el intento fallido de apoderarse de su cuerpo, Akane no podría estar viéndolo a la cara.
Y cuando la cubrió de los injustos latigazos, tragándose su orgullo y dolor en el acto, creyó de verdad que él haría cualquier cosa para protegerla.
Si no se hubiera negado a tomarla cuando ella se lo pidió la noche en que la perdió su virginidad, si no hubiera sido tan gentil, si no la hubiera cuidado mientras le repetía mil veces al oído cuanto la amaba, ahora no estaría deseando que le hiciera el amor una vez más.
Y si después no hubiera llorado entre sus brazos jurándole lealtad, no lograría entender que ese hombre la amaba con devoción y entrega total.
Sin todo lo que vivieron juntos en tan poco tiempo, con tanta intensidad y profundidad, quizás nunca hubiera sido posible comprender porqué ahora sentía lo que estaba sintiendo por él.
Lo cierto es que ya no podía afirmar que lo odiaba... mucho menos que lo amaba.
Solo tenía unas ganas enormes de permanecer junto a él. Le producía demasiado placer sus caricias. Había disfrutado mucho estar con él en la intimidad. Descubrir gracias a él todas aquellas sensaciones que desconocía.
También le dolía el corazón al verlo sufrir. Nacían ganas de cuidarlo y protegerlo, como si fuese un pequeño niño indefenso.
Lo respetaba, admiraba su inteligencia y su determinación. Confirmó que tenía palabra y cumplía sus promesas.
Era honesto, pues nunca más volvió a mentirle luego de la obra de teatro que desplegó para ella en sus días como alumno.
Pero tenía mucho miedo, porque cuando Shampoo fuese coronada como futura Reina su lugar junto a él ya no estaría garantizado. Ya no podría continuar con sus cavilaciones al respecto de la compleja relación que había construido con el hombre que dormitaba a su lado.
Y ahora Akane se sentía más conflictuada que nunca, porque a pesar de todos los "hubiera", su libertad era algo que no cuestionaba, algo que todavía anhelaba con todas sus fuerzas.
-¿Soy muy apuesto, verdad?
La consorte se sobresaltó ante la sorpresiva interrupción. Se apartó de inmediato del rostro de su esposo pero éste, ágil como una gacela, la volteó sobre la cama colocándose encima de ella.
-No, no lo eres _negó sonrojada.
-¡Oh, sí que lo soy! Por eso mi esposa estaba hipnotizada con mi belleza.
-¡Claro que no, idiota!
-Por eso quieres besarme, ¿no es así?
-¡No quiero!
-¡Qué más da!... porque yo estoy agonizando por hacerlo.
La besó profundamente, entregando todo de sí como el buen amante que era.
Deslizó su brazo derecho por debajo de su cintura, y con su mano izquierda la tomó por la nuca.
No tenía escapatoria, y ella tampoco la buscaría. Así que optó por cruzar ambos brazos alrededor de su cuello acercándolo más a sí.
Era increíble como sus cuerpos parecían encajar a la perfección, como dos piezas de rompecabezas. Porque sin darse cuenta, a pesar de que recién se estaban conociendo en esa intimidad de amantes, sus cuerpos actuaban por motus propio, haciendo espacios, formando curvas y relieves que conectaban todas sus extremidades a la perfección.
-¿Es verdad?_ preguntó interrumpiendo con suma dificultad su sesión de pasión.
-¿Qué cosa?_ repreguntó, recuperando de paso el aire que había sido arrebatado por su esposo.
-¿Te quedaras a mi lado? _aclaró temeroso de oír la respuesta, sin apartar los ojos del mar de chocolate en los que se estaba ahogando.
Akane dejó un prolongado silencio antes de asentir.
-¿Me vas a ayudar a acabar con ellos? _inquirió una vez más.
Ella sonrió despejado su frente del flequillo que la cubría en su totalidad.
-Lo haré _afirmó con total entereza.
Ranma exhaló sonoramente, aliviado y feliz. No podía creer cómo había cambiado su vida en tan poco tiempo. ¡Todo parecía tan irreal, tan supremo e increíble! Pero el sonido de su voz lo plantaba firme sobre la superficie, sus leves caricias despertaban sus células, sus cabellos le hacían cosquillas divertidas y sus ojitos, que pestañaban intermitentemente, lo traían de vuelta a la realidad. Una realidad que se había prometido no perder, porque finalmente estaba experimentado lo que era la felicidad… junto a ella.
Tomado por completo por las abrumadoras emociones que su esposa le provocaba, la abrazó con verdadero ímpetu de fusionarse con ella.
Cayó sobre su espalda en la cama, atrayéndola sobre su pecho en el acto.
No habían hecho el amor esa noche y descubrió que no era necesario para sentirse totalmente satisfecho, que le bastaba con ella recostada a su lado para estar completo y en paz.
-Hoy hablaré con mi padre. Él no está de acuerdo con todo esto, seguro encontraremos una salida.
Ella se abrazó mas a él, enterrando su respingada nariz en el cuello masculino que estaba en su cercanía.
-¿Cómo puedo ayudarte?
-Te diría que con el solo hecho de saber que estas aquí es suficiente _ besó su frente_ pero no me atrevería a desperdiciar una mente tan brillante.
Akane sonrió orgullosa.
-Bien por ti que te diste cuenta, porque ya tengo un par de ideas, ¿sabes?
-Lo imaginé. Pero no hablemos ahora.
-Está bien. Tampoco quiero hablar. Solo quiero quedarme así.
Permanecieron perdidos en el cuerpo del otro hasta que el astro sol anunció que ya debían enfrentar los fantasmas que aguardaban su salida para atraparlos y llevarlos a lo más profundo del inframundo.
-Volveré por la noche _prometió luego de besarla unas cuantas veces para perderse en la oscuridad del pasadizo secreto.
-Te estaremos esperando _sonrió traviesa al ver su cara estupefacta por sus palabras_ yo y mis brillantes ideas.
La observó entrecerrando sus ojos solo para dar tres pasos hacia atrás. Luego se detuvo y volviendo sobre los mismos le dio un último beso y le susurró al oído.
-Espéranos… a mí y a mis besos.
Se separó de ella guiñándole el ojo y corrió por el pasillo antes de dejarse vencer por esas locas ganas de regresar a ella.
La consorte cerró la abertura del lugar secreto y llamó a Yuka, quien ingresó de inmediato para empezar con los preparativos de cada mañana.
El desayuno fue inesperadamente incómodo, pues la ausencia de la segunda esposa, futura Reina de los Saotome, no era fácil de ignorar.
Por alguna razón el anuncio sobre la consorte sumamente ocupada resolviendo asuntos de la coronación no sonaba muy convincente. Nadie, sin embargo, quiso indagar en profundidad.
Así que la reunión terminó rápidamente, siendo la Reina Cologne la primera en dejar el salón.
Akane se dispuso a seguirla pero entonces alguien la retuvo.
-¿Lo sabías? _inquirió parándose frente a su persona.
-¿A qué se refiere, Lady Ukyo?
-¿Su embarazo?, ¿Su coronación?
-¿Por qué habría de saberlo?
-¿Él, lo sabía?_ interrumpió la rosa negra, ahora de pie junto a la primera esposa.
-Si se refiere al Príncipe, debería preguntárselo usted mismo.
-¿Cómo pudo?, ¿Cuándo pasó? _agregó la primera esposa.
-No lo sé. Yo lo supe de la misma forma que ustedes_ explicó con serenidad.
Si bien no era completamente cierto, era verdad que compartía con ellas el mismo desconcierto.
-¡Ella, lo planeó todo!, ¡Se salió con la suya!, ¡Hipócrita! _estalló la Tercera Consorte, zapateando contra el piso.
-Ella es astuta, Lady Kodachi. Mientras hacía alianzas con nosotras, tejía traiciones a nuestras espaldas.
Lo dicho por la primera esposa despertó el interés de la Cuarta Consorte. ¿Acaso sabía de la traición del hermano de Lady Kuno?
Esa era una pregunta que no haría, pues aquellas mujeres acababan de admitir las alianzas que tenían en su contra.
Y en realidad no era su asunto la traición entre los detestables fraternos.
-¡Esto no se va a quedar así!, ¡Mandaré a llamar a mi padre y mi hermano!
"No servirá de nada, muchacha berrinchuda", pensó Akane.
-Yo hablaré con mi padre, pero no hay mucho que podamos hacer.
-¿Por qué lo dices? _cuestionó histérica_ ¡Ella no se puede quedar con el trono!
-Tiene en su vientre el hijo de Ranma, el apoyo de su abuela y quién sabe qué otras jugarretas habrá hecho para que mi esposo aceptara tomarla como Reina.
-¡Hablaré con el Príncipe!, ¡Él no puede elegirla!
-¡Ja!, ¿No pensarás que te elegirá a ti, o si?
Kodachi frunció el seño irritada por las venenosas palabras de Lady Ukyo.
-¡Tampoco a ti, querida!, ¡Solo eres una patética mujer que se enamoró de su amigo y lo obligó a aceptarla valiéndose de la amistad de su padre con el Rey!
Ukyo no pudo evitar ser afectada ante la veracidad de esas palabras y, con lágrimas acumulándose en sus ojos, respondió con el mayor orgullo que pudo encontrar en sus fueros internos.
-¿Y tú?, ¡Solo eres una garrapata que se prendió del primer perro que encontró en el camino! _expulsó por su boca, ridículamente.
Akane volteó los ojos incrédula ante la pelea que las mujeres, o mejor dicho niñas, estaban teniendo entre sí, como si estuvieran disputándose su muñeco favorito.
No tenía sentido permanecer allí. Avanzó hacia la salida sin voltear a responder la pregunta realizada por Kodachi al verla partir.
-¿Y tú?, ¿No vas a hacer nada?
-Yo no tengo nada que hacer. Esta es su pelea, yo… solo soy una campesina, ¿o lo olvidan?
La Cuarta Consorte se pasó el resto del día susurrando en los oídos de su gente el pedido de ayuda. Necesitaba información, cualquier tipo de dato era válido, y ella sería sumamente generosa en el intercambio. No era necesario, sin embargo, pues toda la tercera casta estaba más que dispuesta a ayudar a su protectora.
Así que cuando regresó al atardecer a sus aposentos, llevó consigo buenas noticias para compartir con su esposo quien ya estaba allí, sentado bajo el viejo sakura esperando por ella.
Akane tuvo el impulso de correr hacia él, lo había extrañado. Pero ante tal pensamiento y la imagen de sí misma corriendo como una niña enamorada hacia su amante, sintió desagradado. Así que optó por caminar lentamente en dirección al árbol, con sus manos entrelazadas detrás de su espalda y su labio atrapado por sus dientes, mirando casualmente a las nubes que comenzaban a teñirse de colores anaranjados.
Y él la contempló divertido y repleto de ternura, sintiendo un cosquilleo correr entre sus dedos al querer apresurar el encuentro con la piel de su esposa bajo ellos.
Cuando llegó frente a él Akane apartó con sus pies las masculinas piernas de su esposo creando un espacio entre ellas en donde, a continuación, logró sentarse. Fue recibida de inmediato por fuertes brazos que se embrollaron alrededor de su cintura y una traviesa nariz que, como siempre, empezó a divagar por su cuello.
Usando el pecho de su Príncipe como respaldo, la consorte descargó contra él su peso e inició la sesión de caricias suaves y estimulantes a lo largo de sus brazos.
Permanecieron así por un buen rato, perdidos en el silencio de sus mimos, sus respiraciones acompasadas y sus tímidos besos, hasta que la muchacha decidió que era hora de hablar.
-Shampoo no asistió al saludo matutino. Dijeron que estaba ocupada con asuntos de la coronación.
-No es así, ella no ha abandonado su habitación.
-¿Cómo lo sabes?
-Tengo mis informantes, bueno lo tengo a Hibiki, él tiene a su gente custodiando a cada persona de este palacio.
-Oh, ya veo. ¿Qué crees que está pasando con ella?
-Supongo que no está bien. Ya te lo dije… ella en cualquier momento sufrirá un aborto.
-¿Crees que lo sabremos?
-Claro que no lo van a anunciar, no hasta la coronación. Pero ya ingeniaré alguna forma de saberlo. El problema es que tiene a su gente de confianza trabajando para ella. Y también la de Cologne.
-Si ella perdiera el bebé, si… se supiera. ¿Ello impediría la coronación?
-Lo dudo.
Ambos se quedaron en silencio una vez más.
-Hablé con mi gente. Ellos me informarán de cualquier cosa que resulte relevante.
Ranma sonrió y dejó otro beso sonoro en su mejilla.
-Gracias, mi amor. El contacto con "tu gente" es muy importante. Ellos jamás confiarían en mi.
-Lo sé. Y lo tienes merecido_ le dijo pellizcando su muslo.
-¡Auch!, ¿Por qué me castigas? _se quejó removiéndose bajo su pequeño cuerpo.
Akane inclinó su cabeza hacia atrás para mirarlo con el seño fruncido.
-Porque siempre has sido despreciable con todos, así que mereces ser reprendido, a ver si aprendes_ y volvió a pellizcarlo.
El violentado le dedicó un fingido puchero lastimero.
Y ella no pudo evitar ceder ante él, así que lo besó con dulzura.
-Pero has cambiado, ¿verdad? _preguntó rosando sus labios contra los del futuro monarca.
-Tú me has convertido.
-¿Lo he hecho?
-Sí _afirmó con completa honestidad.
-Bueno… dicen que cuando uno ama a otro deja de amarse un poco a sí mismo.
-Coincido con quien haya dicho eso_ besó la punta de su nariz_ Te juro que todo el amor que tenía por mí mismo se ha transformado en completa devoción por ti, mi bella campesina.
Besó ahora los labios de su esposa demostrando a qué se refería cuando aseveraba sentir religiosidad por ella.
Minutos después aquella idea volvió imponerse en su consciencia. Y a pesar de que había prometido esperar, de saber que debía ser paciente y no presionarla con su necesidad por confirmar aquello que tanto anhelaba, le preguntó.
-¿Y tú?, ¿Me quieres?, ¿Tú… me amas? _soltó en un susurro temeroso.
Con ojos cerrados esperó su respuesta, pues no quería ver su expresión, no quería encontrarse con su rechazo, ya que las palabras podían engañar pero no los ojos.
La sintió removerse brevemente hasta que se abrazó a él con mayor intensidad.
Pero Akane no dijo nada.
Ese silencio, sin embargo, no era tan malo. O por lo menos eso concluyó el príncipe.
Así que volviendo a su resolución inicial afirmó que seguiría esperándola, continuaría esforzándose por ganar su amor.
-Hablé con mi padre _anunció.
-¿Qué te dijo? _inquirió de inmediato.
Es que ella también quería evitar prolongar el incómodo silencio.
-Que la movida que esos dos hicieron fue magistral. Nos pusieron en jaque.
-¿Tan grave es?
-En efecto. Nuestros grandes socios comerciales harán lo que los Kuno les indiquen. Los contactos políticos de las Amazonas apoyarán cualquier movimiento que éstas quieran dar y frenarán cualquier intento que queramos hacer en su contra.
-¿Entonces no hay nada que podemos hacer?
-Somos un reino fuerte por las conexiones que se han establecido a lo largo de nuestra existencia con otros reinos igualmente poderosos. Podríamos sobrevivir con nuestro mercado interno, ¿pero por cuánto tiempo? Sin el comercio regional con nuestros compradores, en su gran mayoría asociados con los Kuno, rápidamente las demandas quedarán anuladas y eso hará que colapse nuestro sistema económico. Lo que es más, todas las medidas que necesitamos tomar en cuanto a impuestos, leyes, ordenanzas y demás, sin el voto positivo de los ministros y los Lores de las familias más ricas y poderosas que conforman el consejo legislativo, no se aprobarían con la rapidez necesaria, si es que alguna vez lo hacen, y no tendríamos los recursos económicos suficientes para sostener sueldos, llevar a cabo construcciones, comprar bienes y demás asuntos. Sin contar además con el dinero que las familias más importantes nos otorgan a cambio de beneficiar sus fortunas con las medidas que el estado monárquico les da. Prontamente nos quedaríamos sin recursos. Y eso se debe a que la mayoría de ellas están ligadas íntimamente con las Amazonas. Lo único que restaría por hacer, lo único que ellos no tienen, es responder con nuestro gran ejército. Pero Akane, se derramaría mucha sangre inocente, traería pobreza y muerte al reino. Y sin recursos económicos no podríamos tampoco solventar nuestras filas por mucho tiempo.
-¿Está todo perdido?
-No me rendiré. Mañana mismo le escribiré a mi amigo. Es un hombre muy inteligente y si bien no tiene medios políticos o económicos para apoyarme en esta lucha, es astuto. Tal vez sepa qué más hacer.
-Ranma, dijiste que el setenta y nueve por ciento de los socios comerciales están bajo el poder de los Kuno. ¿Qué hay del ventiún restante?
-Eres muy lista, pequeña. Eso es justamente lo que pensé. Mañana te lo explicaré. Primero debo hablar con mi padre al respecto y escribirle a mi amigo. Ahora… solo quiero estar contigo, ¿sí?
-Acepto.
-Akane.
-Dime.
-¿Puedo… puedo hacerte el amor esta noche?
La consorte escondió su colorado rostro en el pecho de su esposo, sintiendo sobre su oído el rápido palpitar de su corazón.
-Puedes.
Y con esa oración el Príncipe cargó entre sus brazos a su princesa y se dirigieron al interior de la habitación.
Pues Ranma podía vivir sin sexo, le bastaba con amanecer entre sus brazos, realmente lo hacía. Pero amaba hacerle el amor a Akane, porque para él era el momento en donde ambos podían ser uno.
A la mañana siguiente la segunda esposa volvió a ausentarse del desayuno matutino y los siguientes días la reunión fue directamente suspendida por órdenes de la Reina Madre.
Parecía ser que los asuntos de la coronación las tenían realmente ocupadas.
Akane aprovechó para recabar información entre sus personas, quienes le contaron por lo menos cuatro hechos importantes.
El primero se lo comentó una de las muchachas que realizaba el aseo en el ala del palacio correspondiente a la Consorte amazónica. Le dijo que nadie estaba autorizado a ingresar a la habitación de la Consorte a excepción de su dama de compañía, razón por la cual desde el día del anuncio nadie había aseado el lugar en donde reposaba la mujer.
Otra de las mujeres que trabajaba en el sector de lavandería comentó que llegaron a ella unas sábanas manchadas con abundantes porciones de sangre, a tal punto que todavía quedaban en las mismas restos de coágulos secos. Lo llamativo para la sirvienta estuvo en el hecho de que cuando fue en búsqueda de agua para comenzar con su trabajo no encontró a su regreso dichas telas.
Un joven muchacho le informó que la noche anterior había llegado un siervo de la familia Kuno solicitando hablar con Lady Kodachi. Él por casualidad escuchó la conversación de éste hombre con el guardia que custodiaba el ingreso lateral occidental del palacio, ingreso que está en la proximidad a las caballerizas, lugar a dónde él se dirigía. Astuto ante la sospechosa actitud de los hombres, se escondió tras un cúmulo de heno y desde allí vislumbró como, luego de algunos intercambios de palabras susurradas en los oídos del otro, el sirviente de los Kuno le entregó al guardia unas monedas de oro y a continuación el soldado se hizo a un lado permitiendo su ingreso al palacio.
Finalmente otra sirviente encargada de llevar la comida a los aposentos de Lady Ukyo escuchó; mientras aguardaba que la dama de compañía recibiera los alimentos frente a la puerta de su habitación; una frase explicitada de la siguiente forma: "no puedo hacer nada, todos los demás Lores están con ellas, me han amenazado, tuve que aprobar el nombramiento, lo siento". Y agregó que cuando dejó el lugar logró escuchar agudos sollozos junto a unos cuantos "porqués".
Todo se lo transmitió a Ranma quien a su vez instruyó a su escolta que interrogase a su gente para obtener más información sobre éstas escenas.
Ese día el Príncipe llevó consigo un enorme mapa que desplegó sobre la mesa de madera en el cuarto de la hija de Soun Tendo.
Y a continuación explicó:
-Éste es el veintiún por ciento restante, Akane.
La extensión estaba dividida en ocho regiones…
