Mis queridxs! Han sido tan geniales y cálidos con sus preciosos comentarios sobre mi historia que les quiero regalar el siguiente capítulo.

He leído todos sus reviews, prometo responder cada uno a la brevedad.

Quería aclarar dos cosas. Como leerán a continuación, aparecerán varios personajes que conocemos muy bien. Recuerden que es un UA, con lo cual espero que no se sientan ofendidos por el uso que he hecho de los mismos. Intenté tomar alguna que otra característica o referencia a sus personalidades originales, aquellas del anime/manga, pero el 90% es pura invención. Lo aclaro por las dudas y no me castiguen por usar descripciones sobre los mismos que no tienen que ver con la serie. Pero bueno, también lo pueden hacer si así lo quieren jajaja.

Lo otro. Si bien se hablará de estados monárquicos, en Asia los mismos tenían consejos y ministros, con lo cual el Rey jamás podría tomar decisiones a su antojo, todo debía ser debatido y aprobado por estas personas. En las monarquías europeas pasaba lo mismo, pero tal vez de forma más disimulada, todos sabemos que muchos reyes era figuritas manejadas por el clero y los señores feudales.

Verán que se hablarán de acuerdos y pactos entre reinos enemigos, pero bueno, así es la política, verdad? Se pueden hacer alianzas incluso con aquellos con los que no se acuerda ideológicamente.

Si supiera dibujar haría un mapa, tipo game of thrones o el señor de los anillos para ubicar cada reino, moriría por hacer incluso insignias para cada estado, jajaja. Pero soy inútil con las manualidades. Tal vez intente hacer algo así en mi página de face (pueden buscarme como Caru San), lo más probable sea una línea de tiempo pues verán que cada estado emergió en un tiempo distinto, espero y se entienda, sino me preguntan.

Bueno, espero y les guste el capitulo! Quiero leerlos y saber que piensan al respecto.

Les mando un abrazo enorme!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 21: El veintiún porciento restante

La extensión estaba dividida en ocho regiones. Tres de ellas son monarquías. La más grande era la de los Saotome, una enorme extensión de tierra; rodeada de montañas, ríos, lagos y valles; como efecto de doscientos años de guerras y triunfos que los hacía los mejores en el arte de la invasión. Gracias a matrimonios que se había consumado forzosamente con los descendientes de los jefes de las aldeas conquistadas durante éstas invasiones, contaron con "acuerdos políticos" que favorecieron la incorporación de las nuevas poblaciones al reino de los Saotome que, poco a poco, con cada victoria, se fue consolidando en unidad y esplendor. Más tarde las alianzas matrimoniales entre los Saotome y las monarquías restantes se llevaron a cabo exclusivamente con fines políticos y económicos, conformando un negocio con múltiples beneficios para las partes, trayendo paz a la toda la región.

El segundo reino más poderoso, aliado a los Saotome gracias a una decena de matrimonios arreglados entre ambas familias, eran las Amazonas. Esta nación era singular pues estaba gobernada exclusivamente por mujeres. No había Reyes o Príncipes, solo Reinas y Princesas. Nació gracias a la agrupación de viudas caídas en la miseria, esposas fugitivas, mujeres desterradas, asesinas y ladronas. Todas eran recibidas por la gran Reina. Eran protegidas, alimentadas y educadas en el arte de la guerra. Desde las más pequeñas hasta las ancianas estaban preparadas para defender a sus hermanas ante posibles ataques de aquellos hombres que fallidamente intentaban hacerse con ellas. Vivían de la agricultura y comerciaban arcos, flechas, lanzas y armaduras, las mejores de la región, ya que muchas de ellas eran excelentes herreras. Poseían, además, la fama de ser las mujeres más hermosas de la región porque todos sabían que aquellas amazonas que se casaban especialmente con fines procreativos, lo hacían con los hombres que poseían los mejores genes tanto en belleza, como en inteligencia y fuerza. Eso las hacía solamente más deseables, por eso todos los Lores de la región buscaban casar a sus hijos con alguna de ellas. Era todo un honor ser seleccionado por una amazona, porque ese hecho indicaba por si mismo que dicho caballero era "lo mejor de lo mejor". Otro sector de las amazonas, entonces, estaba destinado a contraer matrimonio exclusivamente por conveniencia con los hombres más poderosos de la extensión, logrando de esta forma, gracias a sus capacidades para seducir y dominar al sexo opuesto, convencer a sus esposos de tomar las decisiones que su soberana les indicara. Porque ante todo las Amazonas eran leales a su Reina, a su nación y a sus hermanas. Ningún hombre y/o descendencia (especialmente si era masculina) debía anteponerse a los intereses del conjunto amazónico. Por eso era prácticamente imposible no encontrar alguna amazona casada con algún Lord en cualquiera de los reinos. Los Saotome ciertamente no eran la excepción, y la alianza con ellas a cambio de protección militar para sus mujeres les había permitido contar con el apoyo económico y político provisto por los matrimonios de las amazonas.

Después estaban los Kuno. La extensión de su terreno era, sin embargo, la mitad del que abarcaba las Amazonas. Pero esa porción era sumamente estratégica pues dominaban la sección de tierra que, más tarde junto a los Kirin, permitía el acceso al mar, ruta de comercio elemental para región con los demás continentes. Los Kuno poseían, en comparación con los Kirin, una inmensa fortuna ganada a costa de injustos impuestos y la destinación de pocos recursos económicos a mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Ellos creían firmemente que mientras más ignorante fuera su gente, mayor sería la concentración de poder entre sus manos. ¿Quién podría reclamar derechos y mejoras en sus vidas y en las de su prole si no tenían tiempo para pensar, agruparse o educarse? La vida en el reino de los Kuno era muy costosa, no había tiempo para perder en debates o protestas, mucho menos tenía sentido destinar valiosos minutos pensando en algo que de todas formas no podían modificar. Había que trabajar duro para subsistir otro día. "El tiempo es oro", era el lema de los Kuno, lema que era reproducido por sus habitantes con resignación. Todo había funcionado de esta forma a lo largo de las décadas y las cosas no podían estar mejor... dentro del palacio de la familia real, por supuesto. Tan confiados estaban en la inefabilidad de su creencia que no advirtieron que en esta vida nada es para siempre. Luego de semejante error, juraron que no volverían a dejar que ocurriera otra vez lo que pasó con los Kirin, quienes gracias a su inteligencia e ideales se rebelaron contra ellos hace siete décadas.

Hasta ese entonces todo tratado comercial de la extensión tenía que pasar por sus manos, aún aquellos que no requerían el uso de sus puertos. A base de acuerdos legales, ilegales, impuestos altísimos, extorciones y alguna que otra amenaza, tenían comiendo en sus manos a la mayoría de los comerciantes de la región quienes terminaban contrayendo deudas esclavizadoras con ellos al incumplir con el pago de algún impuesto o trato comercial, algunos incluso aumentando su débito aún más después de solicitarles préstamos que jamás lograrían ser pagados.

Los Kuno habían logrado casar a algunas de sus mujeres con los Saotome a cambio de su protección y de acuerdos comerciales, pues muchas veces su modos extorsivos no eran muy bien recibidos por sus deudores. Gracias a la alianza con los Saotome habían frustrado unos cuantos intentos no solo de venganza directa contra su familia en manos de sus furiosos morosos sino de lo que era más peligroso: la rebelión de su propia gente que; con el pasar del tiempo y la llegada de ideales de libertad y justicia provenientes del viejo mundo; insatisfecha con la desidia a la que los sometían, habían intentado un par de veces derrocarlos.

Luego existían cinco regiones pequeñas administradas por familias de distintos orígenes y jerarquías. Algunos eran estados muy jóvenes, otros casi tan antiguos como las primeras monarquías. La mayoría se habían independizado de alguno de los tres reinos, otros habían comprado porciones de tierra ofertadas por éstos, fundando así sus pequeñas ciudades.

Los Kirin eran una familia llegada desde el viejo continente para establecerse en las costas de los Kuno. Eran pescadores y dominaban con experticia todo lo relacionado con las embarcaciones. Rápidamente construyeron un aserradero con los ahorros que habían traído desde su tierra natal con la ilusión de comenzar desde cero en el reino de los Kuno. Estos no se habían opuesto al desarrollo de su negocio mostrándose, por el contrario, interesados en alentar su crecimiento ofreciendo incluso préstamos a un "muy bajo interés" para que el mismo despegase con mayor rapidez, algo que los extranjeros rechazaron cordialmente. Pero cuando los Kirin comenzaron a ganar dinero y aumentar sus intercambios comerciales, obteniendo rápidamente buena fama en la región por la calidad de sus embarcaciones, sintieron envidia, sintieron impotencia, sintieron miedo, así que no dudaron en recordarles con altísimos impuestos y algún que otro incendio en sus aserraderos que ellos estaban bajo su poder.

Pronto, como efecto de la injusticia e impotencia que sentían, se reunieron secretamente con otras familias de clase media que al igual que ellos sufrían en carne propia el egoísmo y la impunidad de los Kuno. Algo tenían que hacer y la solución vino de la mano de una de estas familias quienes conocían a un joven muchacho que se encontraba comerciando en la región y que había sufrido también el maltrato de los Kuno. Resultaba ser que este joven era amigo de otro joven que no era un muchacho común y corriente sino el hijo de un gran monarca. Ese heredero estaba enemistado con los Kuno, pues el hijo del Rey había robado su prometida. No podía sin embargo cobrarse venganza de los Kuno de forma directa, no sin afectar el destino de su pueblo. Pero cuando su querido amigo le contó las intenciones de los Kirin, finalmente encontró la forma en que podía cobrárselas a la detestable familia real. Fue así como les proveyó un pequeño regimiento y vastos recursos militares para hacer lo que sabían hacer: invadir y conquistar.

Los Kirin y sus aliados tomaron con la ayuda camuflada de los Saotome la región norte de las tierras de los Kuno, quienes no pudieron hacer nada para impedirlo al no contar con el poderío militar que pudiera hacer frente a la situación. Ese día nació un nuevo estado, el de los Kirin, dueños de una pequeña costa pero con un gran poderío en el mar. Tenían de hecho una potente flota que generaba ingresos de tal magnitud que los convertían en uno de los estados más prósperos. Gracias a su único puerto lograron importantes alianzas con algunos comerciantes de la región que buscaban rutas alternativas a las dominadas por los Kuno. Ese día también nació una secreta sociedad entre los Kirin y los Saotome.

Uno de los socios más importantes de los Kirin se encontraba en la región sudeste de la extensión. También habían llegado del viejo mundo un siglo y medio antes con la intención expandir sus negocios agrícolas en otros continentes, ya que poseían una inconmensurable fortuna. Con ella compraron unas cuantas hectáreas de tierra al sur de los dominios amazónicos, debido a que el matriarcado estaba atravesando una profunda crisis económica como consecuencia del rechazo pronunciado por de una de las princesas a contraer matrimonio con el primogénito de los Kuno, quienes en revancha reclamaron el pago de todas sus deudas pendientes.

Desesperadas aceptaron la oferta de los extranjeros sin prever que dicha princesa se enamoraría del terrateniente foráneo. Luego de secretos encuentros y explosivas sesiones de amor, la pareja decidió fingir el secuestro de la joven princesa, amenazando a la corona de las Amazonas de acabar con la vida de la hermosa mujer al menos que permitiría su unión en matrimonio. La princesa era la preferida de su madre quien estaba dispuesta a todo por ella, a tal punto que había aceptado su repudio por el Príncipe de los Kuno a pesar de saber el daño que causaría a su economía.

Por supuesto que aceptó la unión de su hija menor con Chardin, pero cuando la farsa se vio descubierta y el matrimonio ya había sido consumado, como consecuencia de tal ofensa tanto la princesa como su descendencia fue desterrada para siempre de los confines de las Amazonas cortando todo lazo con ellas, pues según las leyes matriarcales la heredera real había cometido un acto de traición al sobreponer sus intereses amorosos por sobre los de su propio pueblo, no una sino dos veces.

Pronto llegaron los hijos fruto del amor profesado por el matrimonio y con ellos otras familias extrajeras que se establecieron en la zona dedicándose a la agricultura y la ganadería. Y mientras vivió la madre de la princesa la paz en la región existió, ya que la Reina dedicó hasta el último de sus suspiros en proteger a su hija ante los insistentes intentos por parte del consejo amazónico de acabar con su vida y expulsar de sus tierras a los extranjeros que habían dañado su estirpe .

Cuando la soberana falleció, la princesa quiso asistir al funeral de su madre. En su intento de llevar su último adiós fue humillada por sus hermanas quienes no la dejaron siquiera poner un pie dentro de su territorio, dedicándole palabras repletas de desprecio y rencor, responsabilizándola incluso de la muerte de la Reina: "Murió de tristeza y vergüenza por ti", le aseguraron. Pocos días después, haciéndose cargo de las mismas, encontraron su cuerpo colgando de la rama de un añejo árbol junto al río Tamashi, el río de las almas. Se quitó la vida con la esperanza de alcanzar a su madre y rogar su perdón. Chardin estaba colérico y profundamente melancólico. Perdió el amor de su vida por culpa de las Amazonas, quienes sin perder tiempo le notificaron la resolución de recuperar sus tierras, explicitando un corto plazo para abandonar el lugar o sufrir en caso contrario la ira de las poderosas mujeres. Desesperado por proteger a su familia y la pequeña comunidad que había fundado junto a su adorada esposa, buscó ayuda en quienes eran conocidos por ofrecerla. Firmó un contrato con los Saotome, quienes en ese entonces no tenían compromisos excluyentes con las amazonas. Eso surgió después, cuando los Daimonji osaron en independizarse de su reino y fue necesario establecer alianza con ellas necesitando el acceso a los recursos políticos que esa ancestral familia consolidaba. Poco antes de ello, cuando los Saotome ayudaron a los Chardin, las Amazonas tuvieron que retroceder ante la milicia del reino guerrero, retirando sus amenazas y postergando su sed de venganza contra los extranjeros. Unas décadas después, luego del matrimonio de Oiji Saotome con la Princesa Katana, la paz entre las Amazonas y los Chardin fue firmada en un tratado que permitió que el viejo Jacques Chardin pudiera partir en paz dejando un estado pequeño pero prospero y en paz en las manos de su nieto, abuelo del actual Picolet. El odio por las amazonas permaneció intacto con el paso de las décadas, pues el dolor del primer jefe de familia Chardin cuando encontró el cuerpo sin vida de su amada esposa, seguía deambulando la región susurrando en los oídos de cada habitante el rechazo eterno a la monarquía amazónica.

Lo que sí cambiaron fueron los contratos económicos con el viejo mundo gracias a los Kirin. Cuando muchas décadas después sus coterráneos se independizaron de los Kuno e inauguraron su pequeño puerto, los Chardin no dudaron en establecer una alianza con aquella joven nación. No querían de ninguna manera continuar negociando con los sucios Kuno, ganándose por supuesto la enemistad con éstos.

Mantuvieron también la alianza con los Saotome, siendo los actuales líderes de estado, así como sus herederos, grandes amigos a pesar del rechazo de las Amazonas por ese lazo.

La nación más joven de la región era la de los Konjo y los Shiratori. Dos grandes familias que, linderas al reino de los Saotome, habían construido una enorme y moderna ciudad, llena de entretenimiento para todos los habitantes de la región. También conocida como la "ciudad del pecado" o "la cueva del demonio", en sus calles se podían encontrar los siete pecados capitales. Negocios de los más turbios se llevaban allí a todas horas, desde contrabando hasta prostitución, apuestas ilegales y orgías, encontrando sicarios y prestamistas en cada esquina del lugar. Pero no todo era oscuridad en la pequeña nación, pues la pareja de líderes amaba el arte, el teatro y la música más que a sus propias vidas.

Nadie sabe muy bien cómo hicieron sus fortunas. Eran muy jóvenes para haber trabajado por ellas, pero poco les importó a los Kuno cuando llegaron a ellos con una enorme oferta por aquella porción de tierra al este de su territorio medio. Era un lugar estratégico entre los tres grandes reinos. Ellos lo sabían muy bien así como también conocían la codicia del actual Rey y, por sobre todo, del Príncipe Tatewaki, quien vendería su propia alma por una pequeña suma de dinero.

Fue así que empezaron a construir la ciudad de inmediato y con la misma rapidez con las que se levantaban muros y paredes, comenzaron a hacerse populares por toda la región. Cada día llegaban a ella cientos de personas en búsqueda de sana e indecente diversión.

Si bien el matrimonio no tenía conflictos con ninguno de los reinos, ambos habían desarrollado una increíble fascinación por el Príncipe Ranma Saotome. Lo habían conocido al asistir al cumpleaños del Príncipe Tatewaki y entre los presentes estaba el Príncipe, recientemente casado con la rosa negra. Con un par de copas encima había luchado con experticia en la competencia de esgrima que se estaba desarrollando como entretenimiento principal, y el par cayó enamorado por los ágiles movimientos del noble. No dudaron en acercase a él cuando lo encontraron un poco más sobrio al día siguiente pues tenían dos ofertas para el heredero, de las cuales, finalmente, solo tomó una. Sí, aceptó visitar su pequeña ciudad comprometiéndose a asistir a su show de danza dramática. No, no aceptó la oferta de compartir la cama con los dos, las orgías no eran lo suyo. Se hicieron grandes amigos a pesar de tener personalidades bastantes opuestas, celebrando prontamente un acuerdo entre ambas naciones, en el cual los Saotome, por supuesto, brindarían protección militar ante cualquier amenaza, y ellos otorgarían aquello que brotaba como humedad en las paredes de la pecaminosa ciudad: información. Es que el alcohol y la lujuria eran buenos desinhibidores. Y ellos tenían excelentes oídos ambulantes por la ciudad.

Estaban finalmente los Taro. Otro pequeño pueblo mercante, independizado de los Daimonji hace unas décadas atrás. Eran comerciantes de telas y tenían grandes negocios con los reinos de la región pues sus productos eran exquisitos. El actual jefe de estado era muy joven y desconfiado, más bien bastante paranoico, por lo que vivía aislado de su pequeño pueblo en la cima de una montaña desde donde podía observar todo lo que pasaba a su alrededor o eso le gustaba pensar. A pesar de su vigilia casi militar, los Taro eran de naturaleza pacifica y armónica. Valoraban por sobre todas las cosas la educación pues allí residía para ellos, en contraposición a los líderes de su antigua nación, la clave del éxito y la prosperidad. Esa había sido la principal razón por la que se independizaron. Porque el viejo abuelo Taro no quería que sus hijos o nietos se unieran a la milicia, como obligatoriamente estaba determinado por los Daimonji. Él había sido militar toda su vida y había contemplado terribles horrores en su carrera en la milicia. No quería eso para los suyos. Quería que cultivaran sus mentes, que sean médicos, políticos, comerciantes, que usaran su intelecto para la paz, no el conflicto. Que salvaran vidas, no que las tomaran en sus manos. Por eso emigró del lugar junto a su numerosa familia, y otras que compartían su filosofía, hacia el sur de la región, a una zona de montaña que parecía inhabitable, o poco interesante, por lo que no había sido reclamada por ninguna monarquía hasta ese momento. Y allí fundó su estado, el cual gracias a la inteligencia de los miembros de su familia encontró diversas formas para poder subsistir transformándose en la capital de la seda.

La permanente actitud de alerta del joven jefe de la nación se debía a un secreto que éste cuidaba con recelo. Nadie podía saber sobre ello, ya que los efectos de la posible develación sería catastrófica para su reino, para su familia, para su corazón. Es que el joven Taro se había enamorado perdidamente de aquella criatura cuando siendo todavía un niño su padre lo llevó a la reunión de negocio con el monarca. Estaba deambulando por el palacio cuando escuchó las espadas rechinar en un vigoroso encuentro. Se acercó atraído por los estruendos y su corazón se aceleró ante la exquisita imagen. Sus movimientos precisos, su sonrisa orgullosa, sus cabellos flotando libremente al ritmo del viento. Estaba tan embelesado con la escena que trascurría ante sus ojos que cuando la mujer llamó su atención al descubrirlo espiando, tropezó sobre sus pasos y cayó al piso de espaldas, golpeando su cabeza contra una roca al costado del pasillo.

Todo sucedió muy rápido y cuando sus ojos reaccionaron se encontraron con los de la divina criatura a una corta distancia, casi nula. A continuación sintió como lo levantaba entre sus brazos y lo llevaba a otro lugar. No pudo, durante todo el trayecto, dejar de admirarlo.

Ese fue su primer encuentro y el momento en que juró lealtad total a sus designios. Sabía que jamás correspondería sus sentimientos. Desde un principio fue distante con él pues se encargó de asegurarle que no lo había ayudado porque le importara sino porque no quería que muriera ante sus ojos y ensuciara su palacio. Rechazaba continuamente sus invitaciones a jugar y no perdía la oportunidad de burlarse de las telas con las el pequeño Taro armaba muñecos rellenos de paja para practicar esgrima junto a él. Pantimedias, solía llamarlo, haciendo referencia a las telas que usaba para armar los blancos de entrenamiento, telas que usualmente se creaban para cubrir las piernas de las damas. Pero al final él siempre cedía y terminaba por incluirlo en sus juegos, en sus prácticas y en sus charlas cada vez que acompañaba a su padre al enorme castillo de los Saotome.

Ya de adolescente, cuando hubo suficiente confianza entre los dos, incluso comenzó a compartir sus infidencias más íntimas, aquellas que no compartía siquiera con la molesta hija de Lord Kounji.

Se hicieron amigos, y solo amigos.

Pero eso estaba bien para él, porque con tener a Ranma a su lado, así fuera de esa forma, era suficiente para "pantimedias Taro".

Los Daimonji fueron el primer pueblo en independizarse de una de las tres antiguas monarquías. Fue la traición de la historia. El general Hinata Daimonji era el más fiel de los generales del Rey Takumi Saotome, padre de Oiji. Confiaba en su general más que en su propia sombra pues habían sido amigos desde infantes. Su madre fue nodriza de Takumi así que se criaron como hermanos. Pero cuando Takumi nombró al general Watabe como ministro de defensa y no a él, se sintió traicionado.

En realidad fue la gota que rebalsó el vaso, pues Hinata siempre se sintió desplazado en su vida. Primero por su madre quien cuidaba y consentía a Takumi de una forma en que él jamás experimentó a pesar de ser su propia sangre. Segundo porque su padre nunca se refirió a él con una cuota de admiración con la que alababa a Takumi, asegurando que de ser un militar sería mucho mejor que él porque a diferencia suya, el entonces príncipe, contaba con una "habilidad nata para la guerra". Le dolió, en efecto, cuando su amigo no apoyó su pedido de matrimonio con su hermana, la Princesa Aoi. Tenía razón, él no era mas que un simple soldado, a pesar de ser un buen hombre, a pesar de amar a su hermana sinceramente y de que su amor era correspondido por ella. Lo entendía, y el profundo cariño que su amigo le profesaba, sus palabras de admiración y de absoluta confianza habían bastado para superar los sentimientos negativos que acumulaba hacia él.

Incluso cuando le rogó que expulsara a su hijo menor del batallón para salvar su vida; un inexperto pero orgulloso niño de trece años; ya que sabía de ante mano que enviarlo a la guerra sería una sentencia de muerte. Siquiera cuando su Rey y amigo se negó argumentando que antes que nada su pequeño hijo era un soldado y como tal su presencia era necesaria. Aún cuando su querido muchacho terminó muriendo en su primer batalla de una forma atroz en manos de los enemigos.

Incluso eso le perdonó, o tal vez no.

¡Pero aquel puesto era suyo!, todo por lo que se había esforzado en sus cuarenta años de servicio y amistad a su lado. ¡Se lo merecía, era lo justo!

Para su suerte la mitad del regimiento lo admiraba, la misma mitad que estaba en contra de las políticas y los modos del entonces Rey Takumi Saotome. Así que en la madrugada posterior al anuncio, se sublevaron en las murallas del sur. Allí tomaron el castillo Kaze y fundaron una nueva nación, enemiga, por supuesto, del tirano y traicionero reino de los Saotome.

Estuvieron en guerra por más de cincuenta años, hasta que finalmente firmaron un acuerdo de paz. Fue cuando los Saotome se aliaron con las Amazonas y los Kuno, dejándolos sin alternativa. Los Daimonji sabían que de no ser por esas asquerosas alianzas habrían exterminado a los Saotome, pues ellos era movidos por el hambre de la justicia mientras que los otros eran viles ratas traicioneras.

Es hasta el día de hoy que las dos naciones siguen enemistadas y la zona limítrofe entre ambas está siempre vigilada de ambos lados. Todos saben que a pesar de la aparente paz en la que se encuentra la región, solo basta un pequeño litigio para que hacer que una vez más el vaso medio lleno de los Daimonji se vuelque sobre los Saotome.

Si los Kuno y las Amazonas decidieran aliarse a ellos, la suerte de los Saotome estaría echada.

De no ser porque el actual jefe de estado de los Daimonji no deseaba establecer ningún tipo de alianza con los demás reinos, aduciendo que no los necesitaba, el escenario sería sumamente complejo. Ellos tenían la única plantación de té de la región cuya comercialización les dejaba las suficientes ganancias como para sostener su soberanía. Tenían además su propio ejército que, si bien representa un cuarto del número del ejercito de los Saotome, en lo que respecta a experticia eran igual de poderosos. No debían temer, entonces, invasión alguna.

Ranma no conocía personalmente al mandatario de los Daimonji, Sentaro, y estaba seguro de que éste no lo conocía a él. Sabía que el muchacho había llegado a lo más alto del poder de su nación porque no tuvo otra opción al fallecer su padre y ser él el único heredero hombre. Según decían era un hombre libidinoso, que vivía asechando a mujeres, queriendo convertirlas en sus amantes. Le gustaba los juegos de azar y el buen alcohol. A diferencia de sus antepasados no era un gran guerrero, se decía incluso que era débil y miedoso. Al igual que Ranma no tenía deseo alguno en gobernar, mucho menos de traer descendencia al mundo. Las cosas funcionaban mas o menos bien dentro de su estado por los manejos que ejercían su abuela y su prima Hinako, ambas brillantes y sanguinarias.

Es así como Ranma y Sentaro no podrían odiarse pues no sabían si quiera de qué color tenían sus cabellos, pero sus apellidos eran razón suficiente para saber que ninguno de los dos podría ser un aliado del otro.

-Voy a reunirme en secreto con cada uno de ellos. Intentaré formar nuevos pactos, ampliar rutas comerciales, pedir información sobre los movimientos de los Kuno y las Amazonas, ya sabes, dejar las cosas listas para cuando llegue el momento indicado de deshacernos de esos malditos traidores _expresó una vez finalizada su exposición.

Ambos estaban de pie junto a la mesa observando con atención el mapa que había llevado para explicarle a su esposa los movimientos estratégicos que llevaría a cabo en la región y la ubicación de sus aliados.

Ranma quería que ella supiera todo... por si algo le pasaba. Tenía que saber dónde y a quién recurrir por asilo y protección. Eso también formaba parte de su plan, el pedir amparo para ella y los suyos en caso de que algo saliera mal y él ya no pudiera cuidar de ella.

Claro que ésta parte de su plan Akane jamás conocería. Que el príncipe también estaba preparando las cosas por si él dejase de existir en este mundo.

-Yo hablaré con los integrantes del consejo del pueblo para que se reúnan con cada cabeza de familia y sepan sobre la traición de las Amazonas y los Kuno. ¡El pueblo te apoyará, ya lo verás! _dijo con absoluta seguridad y determinación.

-Gracias, mi amor. Sí, haz eso por mí. No podré acompañarte pero ordenaré que seas mi representante en la supervisión de las obras allí. Eso te dará la excusa perfecta para no levantar sospechas. Debes ser muy cuidadosa, por favor.

-Descuida, lo sé.

-Sí, eres mi pequeña genio. Confío en ti _afirmó sosteniendo su rostro entre sus manos, juntando sus frentes.

-Yo también confío en ti _agregó ubicando sus manos sobre las de su esposo.

-Esto puede llevar mucho tiempo _susurró_ Akane… no podré evitar casarme con ella.

-Sé que es así. No puedes evitarlo, no me importa en realidad.

-¡Nada cambiará entre nosotros, lo juro! _exclamó al borde de las lágrimas_ No la tocaré, ni a ella ni a ninguna de las otras. Solo a ti. Solo tú eres la dueña de mi cuerpo… la única madre de mis hijos.

Akane sonrió ante esa promesa. ¡En ese momento tu esposo sonaba tan tierno!

Ranma comenzó a repartir besos por su sonrojado rostro con el afán de tranquilizar la angustia que lo invadía al pensar en perderla.

-Cuando seamos lo suficientemente fuertes la expulsaré de aquí, a ella y a las demás. Y al día siguiente te coronaré como mi Reina y saldremos a festejar con el pueblo entero. ¡Imagina el jolgorio, amor! Por primera vez en nuestra historia una hermosa y brillante campesina llegará al poder.

-Suena muy bien.

-Sí, mi Reina.

-¡No, no eso! _exclamó escapándose de su cercanía_ Suena muy bien cuando dices que soy brillante.

-Eres brillante, inteligente, suspicaz, fuerte, persistente, trabajadora-

-¡Ya basta! _lo interrumpió intentando tapar su boca con las manos.

El Príncipe llenó sus palmas con besos húmedos y empalagosos, hasta que sin poder batallar con la vergüenza que arremetía contra ella cedió liberando la boca inquieta de su señor.

-Y valiente, solidaria, hermosa y sensual.

-¿Crees… que soy sensual? _preguntó abochornada_ Nunca nadie… me había descrito de esa forma.

Ranma desplegó una sonrisa orgullosa y llena de malicia.

-Eres el ser más atractivo, apetecible y tentador que he contemplado en esta vida. Y ahora mismo… te lo voy a probar.


Los días pasaron. Ranma partía al anochecer a reunirse secretamente con sus aliados en la frontera sudoeste del reino, en aquella ciudad donde nadie estaba libre de pecado para arrojar la primera piedra, especialmente si se contaba con el apoyo de los dueños del purgatorio. Akane, por su lado, iba cada tarde al pueblo para dialogar con distintos jefes de familia y convencerlos de apoyar a su Príncipe, quien había sido vilmente traicionado. La mayoría se mostraba reticente ante su pedido. Confiaban en el Rey Genma, era un buen monarca. Había terminado la reconstrucción del reino, iniciada por su padre, luego de los años de guerra con los Daimonji. Si bien quedaba mucho por mejorar, era un soberano bondadoso que se había encargado de mantener la paz en la región. Su hijo, sin embargo, no generaba la misma simpatía. Había sido reticente con ellos, no mostraba piedad o nobleza. Sin embargo no podían negar que desde su matrimonio con la hija de Tendo había mostrado otra cara. No era suficiente, aún así. Pero la promesa de Akane de gobernar junto a él, ella que había sido su vecina, alumna, docente, amiga y lectora más querida, era sumamente atrayente. Y reafirmando esa promesa Akane comenzó a ganar apoyo.

Dos semanas antes de la ceremonia, la Segunda Consorte finalmente hizo su aparición ante las demás esposas. Atentamente la observaron avanzar por el pasillo del palacio Tsubaki para tomar posesión de aquel asiento que hace solo una quincena de días había sido manchado con su sangre.

Los desayunos matutinos se habían retomado hace cuatro días, pero era la primera vez que se la vio aparecer en todo el palacio.

Durante esos días de ausencia se había especulado una amplia variedad de cosas. Desde su desaparición repentina de los confines del reino, hasta su envenenamiento y muerte, reuniones secretas con aliados, reposos obligatorios por enfermedad, hasta una larga recuperación por un aborto espontáneo.

Lo cierto era que nadie pudo descubrir qué había pasado en aquella habitación que permaneció herméticamente sellada hasta que su dueña decidió abrir sus puertas.

Esa mañana se veía bella como siempre. Su vientre, oculto bajo capas de finas ropas, no dejaba distinguir si portaba en su interior una vida humana. Su rostro lucía sereno y sus mejillas rebosantes, sin rastros de enfermedad o padecer.

Su mirada de desdén permanecía imperturbable, aún cuando las otras dos consortes le dedicaban, a través de vigorosas miradas, maldiciones y amenazas varias.

Cuando el encuentro terminó en el más absoluto silencio, la Reina abandonó el lugar dejando tras sí al pequeño grupo de mujeres, que extrañamente decidió permanecer en el salón repartiendo entre sí miradas ponzoñosas.

Hasta que aquella con la lengua más letal decidió hablar.

-¡Tú, maldita gata! _exclamó exaltada levantándose de su asiento_ ¿Crees que te saldrás con la tuya? _escupió Kodachi avanzando hacia la futura monarca.

-¡Ten más cuidado cuando te refieres a mi persona, Kodachi!, ¡No te olvides que estas hablando con tu futura Reina! _retrucó poniéndose de pie, lista para defenderse.

-¡Has traicionado a Ranma!_ profirió la primer consorte poniéndose de pie junto a su silla.

-No traicioné a nadie. Solo protejo lo que es mío _explicó llevando instintivamente sus manos a su vientre.

-¡Esto no se quedará así!, ¡Te lo juro! _continuó con su arrebato Lady Kuno.

-¡Ya lo creo! _soltó sonriendo desafiante_ Cuando sea coronada las cosas definitivamente no se quedarán así.

-¿Es eso una amenaza?

-En una promesa, querida Ukyo.

Y luego de su declaración caminó hacia la salida, sorteando el cuerpo de la rosa negra que permanecía frente a ella.

En su derrotero, sin embargo, decidió detenerse frente a Akane, quien permanecía sentada silenciosamente en su asiento.

-Tú cabeza será la primera en rodar, lo juro _ dio su palabra mirándola de costado.

-Supongo que usted le ha rezado a Buda estos días, ¿verdad, Mi Señora? _contestó Akane.

Shampoo sintió su piel erizarse ante las palabras de la Cuarta Consorte.

-¿Por qué lo dices?

-Si usted ha rezado es porque cree en su intervención divina. Y si usted cree en él debe creer en el karma.

-¡Ja!, ¿Me estás amenazando?

-La única que ha proferido amenazas aquí es usted, Mi Señora.

-¡Yo sí creo en el Karma! _gritó Ukyo.

-¡Yo también! _agregó Kodachi.

-¿Usted, Mi Señora? _interrogó Akane.

Shampoo cruzó sus brazos sobre su vientre una vez más y dejó el lugar.

Akane no creía en mucho, así que no sabía qué tan poderoso era eso del karma.

Pero sí creía en ella y ahora en su esposo, y confiaba que tarde o temprano todo su dolor sería recompensado. Si eso era creer en el karma, entonces comenzaría en denominarse como una fiel devota.

Con esa confianza atravesaron juntos las siguientes dos semanas, ocupándose de abogar por sus alianzas sin incumplir las obligaciones en tanto Consorte y Príncipe. Y en aquellas noches en las que no restaba asunto pendiente por ocuparse, se reunían en las penumbras de la habitación de la consorte para ponerse al día con las noticias entre caricias profundas, besos furtivos y abrazos interminables. Hicieron el amor cada una de esas noches con total entrega bajo la promesa de que nada cambiaría entre los dos, que se pertenecerían el uno al otro.

Pero aún así sus demostraciones de cariño no eran lo suficiente como para engañarse, pues la coronación era inevitable.

La amenaza de la Amazona no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Akane desde aquella mañana. No se lo contó a su esposo, prefirió cargar con el miedo ella sola.

Le temía sí, sabía que era peligrosa y era capaz de hacer cualquier cosa si se sentía acorralada. Y por más que Shampoo lo negara, Akane era su único rival. Veía en ella un gran peligro, algo totalmente recíproco.

De lo que más temía Akane no era de su destino, sino de lo que podría hacerle a su familia y a su gente.

Y no estaba equivocada, porque los planes que tenía la amazona rondando por su mente dejaban entrever que no quedaría nadie de su séquito con vida una vez que fuera coronada princesa heredera.

Nadie que haya amado a la joven Tendo seguiría existiendo en el reino.

Nadie se interpondría en sus designios, ni siquiera su propio aliado.

Su abuela se lo había garantizado. Que después de tanto dolor, ella le concedería lo que pidiera.

-Sí Akane, creo en el karma, y esta vez me tocará ser feliz _le contestó tardíamente una noche al verla ingresar a su recámara del brazo de Ranma.


Las invitaciones habían sido enviadas. Eran hermosas, hechas del mejor papel con fibras de lino, escritas con tinta dorada.

Los anuncios de la coronación cubrían las paredes de cada espacio público en el pueblo.

Los trajes para la ceremonia ya estaban listos, confeccionados en las más caras sedas, bordadas con hilos de plata.

La corona de la futura princesa fue elaborada por la mejor herrera de las Amazonas, de oro blanco y decorada con piedras preciosas, entre las que se distinguían esmeraldas y amatistas. Era la corona más costosa y más pesada que jamás una reina había usado en la historia del reino.

Los músicos y bailarinas habían sido contratados con órdenes explícitas de desplegar un espectáculo jamás antes visto.

Se había seleccionado la comida para la celebración, manjares de la mejor calidad y variedad, destinando un gran presupuesto para ello. Dinero recortado por supuesto de las obras públicas que estaban siendo realizadas en el pueblo de la Consorte Tendo.

Por insistencia de la todavía Segunda Consorte, luego de la coronación pasaría una semana junto a su esposo en un pequeño palacio de Lord Kuno al norte de la extensa costa de su reino. Le urgía esta a solas con Ranma, quien no pudo hacer nada más que acceder a su solicitud pues ella tenía en sus manos el destino de su reino entero… y la vida de aquel ser insignificantemente valioso para él.

No había decidido qué hacer con las otras dos consortes todavía, pero gracias al poder que ahora concentraba estaba segura que pronto ellas mismas se darían cuenta que su presencia en el palacio ya no tenía sentido alguno e intentarían abandonar el lugar. Shampoo no sabía todavía si se los permitiría, el salir con vida.

Sí sabía que tendría que inventar alguna excusa con Tatewaki para calmar su ira ante el incumplimiento del pacto, pero estaba segura que podría con eso.

Porque había resuelto que ella sería la madre de los hijos de Ranma y nadie más. Que una vez que esas mujeres estuvieran fuera de su vida él correspondería a sus encantos porque ella iba a ser la esposa que todo hombre desearía a su lado. Lo atendería como el Rey que era, sería complaciente a su lado, cuidaría de sus hijos personalmente y lo haría sentir orgulloso pues para eso había nacido, estaba segura, para ser suya.

Y dentro de solo unas horas lo sería, su Princesa, su futura Reina.


-Partiremos ahora mismo _anunció decidido.

-¿No crees que sería mejor esperar un poco más?_ aconsejó_ Todavía podemos sumar más gente.

-¡No, no voy a esperar! _dijo dándole la espalda, caminando en dirección a la puerta_ ¿No lo entiendes? _se detuvo de golpe y volteó a verlo_ ¡Esta es la ocasión perfecta!, ¡Es ahora o nunca! ¡No necesitamos más gente!, ¡Tú irás por lo tuyo, yo iré por lo mío, ellos irán por lo suyo!, ¡Todos podremos vengarnos, no hace falta nada más!

-Creo que es muy riesgoso, pero tú estás al mando.

-Lo estoy. ¿Sabes lo que tienes que hacer, no?

-Por supuesto. Yo también he esperado mucho este momento. No fallaré, no le fallaré.

-Entonces termina de alistar todo y anuncia que ha llegado la hora de partir. El día ha llegado, nuestro día.


Qué me cuentan? Les gusto?

Quisiera saber que piensan de las ocho regiones.

Hay alguna familia que les haya gustado o llamado la atención?

Algunas serán desarrolladas con mayor profundidad.

Me encantó escribir el capitulo, creo que me entusiasmé y dejé a mi mente volar, espero y les haya gustado.

Para escribir sobre las amazonas me inspiré en un drama Coreano, se llama "The Tale of Nokdu".

Bueno, espero leerlos prontito!