Hola a todxs!

Les dejo un nuevo capítulo!

Seguimos con "El nombramiento de la princesa heredera".

Espero que les guste, prontito me pondre a responder reviews!

Agradezco sus mensajes y quedo a la espera de sus comentarios próximos!

Los quiero!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 23: La celebración

Parte 1

Elegirla como reina había sido la mejor de sus decisiones. Ella estaba reluciente aquel día en que la nombró su soberana. Su cabello, perfectamente arreglado, brillaba de una forma especial esa mañana bajo el sol que con sus rayos resaltaba esa extraña tonalidad, entre chocolate y borgoña, tan única como ella misma. En aquel balcón, desde donde dirigió sus saludos al pueblo que se había agrupado dichoso a felicitar a su nueva mandataria, confirmó que no necesitaría otra persona en el mundo para ser feliz. Ella lo colmaba de una forma en que sabía nunca nadie más lo lograría. Lo entendió de inmediato cuando la vio por primera vez.

Ambos, en sus inocentes catorce años, se conocieron en una reunión política entre su padre, el Rey, y el que años más tarde se convirtió en su suegro, en ese entonces el general con mayor jerarquía de la región. El ahora difunto hombre había sido homenajeado por su padre luego de haber vencido exitosamente la rebelión al sur de sus tierras, alentada por supuesto por los traidores Daimonji. Llevó junto a él a su esposa y su única hija, Nodoka. Y Genma quedó cautivado de inmediato por aquellos ojos caobas que tímidamente se posaron sobre él.

Mientras los adultos bebían y se ahogaban con su ego y fanfarronería, Genma pudo librarse de la asfixiante compañía de la sobrina de la concubina amazónica de su padre, traída especialmente para enamorarlo y convertirse, más temprano que tarde, en su prometida.

En vano fue el intento, pues desde esa misma noche el corazón de Genma solo perteneció a la dulce muchacha con la que conversó toda la jornada. No habían hablado de algo en particular, algo profundo e interesante que mereciera el título de una "buena charla". No a causa de que ella no fuera culta o fuese banal. Muy por el contrario, era una joven instruida e inteligente. Pero no era lo que salía de su boca específicamente lo que lo había conquistado, sino algo en su tono de voz, en las palabras que elegía para armar sus oraciones. La forma en que reía agraciadamente, los parpadeos repetitivos cuando se quedaba pensando en algo que la interrogaba. Tenía una manía de jugar con el mechón de su cabello que caía sobre el lado derecho de su rostro. Y cuando sonreía sus ojos se perdían en su rostro. Era muy tierna, muy bella la noble jovencita. Por eso podían hablar de todo y de nada, porque descubrió junto a ella que simplemente disfrutaba de su compañía. Así que daba igual si debatían sobre los Daimonji o contaban los pétalos de una margarita. Las palabras entre ellos simplemente fluían, acariciándose en el camino entre sus bocas. Nunca existió un silencio incómodo entre los dos. Y esa forma de comunicarse que apareció ese inolvidable día nunca se detuvo, por el contrario, perduró hasta el últimos de sus suspiros.

Si algo tenía Genma que agradecerle a su padre fue el haber respetado su decisión: "Solo me casaré una vez, no tendré concubinas, solo mi querida esposa, mi amiga, mi Reina Nodoka".

Un año después de haberse casado la mujer adquirió un nuevo título: la madre de su hijo, su único descendiente y heredero, Ranma.

Desde que supo la noticia de su pronta llegada a este mundo la alegría que sentía Genma solo pudo incrementarse, se convertiría en el padre de un hijo de Nodoka y estaba seguro que éste sería el primero de muchos más.

Ella lo hacía increíblemente feliz, y esa dicha la volcó al pueblo.

Ella, firme a su lado, lo apoyaba y lo alentaba a cuidar de los más humildes. Por eso a penas asumió sus funciones como Rey junto a Nodoka como su Reina, una vez finalizada ya la guerra con los Daimonji, se propuso reconstruir el reino entero y hacer todo lo que estuviera en sus manos para dejar un mundo en paz para su gente, para su hijo y los próximos que vendrían.

Pero tal vez el daño que su padre había hecho por tantos años, tanta sangre que había derramado, tenía un precio.

La deuda exigía ser cobrada.

Una terrible y fulminante enfermedad se cobró la vida del ser que más amaba.

Nodoka lo dejó con su pequeño hijo y con un dolor tan grande que aún hoy, en este día sobrio y amargo, sigue punzando. Intensifica, de hecho, el malestar que inunda su pecho por completo al ver a su hijo junto a una mujer que, sabe, no ama.

Allí estaba ella, saludando al pueblo desde el balcón con fingida emoción, despertando los recuerdos de la Reina que había adorado.

Pero a escena era tan distinta que la culpa lo carcomía.

Sí, Shampoo era tan hermosa como lo había sido su esposa. Pero nada más. El pueblo no estaba allí, solo habían llegado algunos pocos, la mayoría mujeres descendientes de amazonas que ahora vivían en su territorio y estaban orgullosas de que una de las suyas estuviera sentada en el trono.

Es que actual la Princesa heredera no era la favorita del pueblo de los Saotome, lejos estaba de serlo.

Sabía, sin embargo, que a ella no le afectaría semejante desplante, pues ellos "no eran su gente".

Su hijo tampoco se parecía a la imagen que tenía de sí mismo aquel inmortal día. Ranma estaba serio, molesto, impaciente. El Rey lo había visto observar con dolor en cada oportunidad que tenía a la consorte de cabellos azulados.

Y allí comprendió que si él hubiese estado en sus zapatos miraría de la misma forma a su Nodoka. Si él hubiera sido forzado a nombrar como su futura compañera a una mujer que no amaba, tal vez podría comprender el inmenso dolor que su hijo ahora estaba experimentando y hubiese hecho algo para evitárselo.

Por primera vez se sintió un terrible y egoísta padre.

Había obligado a su hijo a tomar varias consortes con el objetivo de mantener la paz del reino por medio de esas uniones matrimoniales. Le había exigido incansablemente que se acueste con ellas para obtener un heredero lo antes posible. Como si un hijo fuese un objeto, un trofeo o un carnero a ser sacrificado en honor a la nación. Eso mismo había sido Ranma para él. Enceguecido por cumplir la promesa de paz y prosperidad que le había hecho a su Nodoka antes de que falleciera, sacrificó a su hijo.

Temiendo, además, que su sobrino llegara en cualquier momento a reclamar el trono ante los rumores de infertilidad de Ranma, pasó por encima de sus deseos y sentimientos. Es que aquel sobrino era hijo de aquel hermano, ese fraterno que tanto lo odiaba por haberse quedado con el que consideraba era su trono. Como si Genma hubiera forzado a su padre a elegirlo por sobre su hermano mayor.

Cuando supo que su sobrino estaba esperando su primer heredero y contaba con el apoyo de un sector muy importante de nobles y comerciantes, Genma solo pudo hacer una cosa: presionar más y más a su hijo. Y de esa presión surgió ese desdichado matrimonio.

Nadie le sacaría lo suyo, nadie podría hacerse con su trono.

Y esa ambición lo llevó a instrumentar a su hijo para sostener su orgullo.

¡Qué terrible padre era!, ahora lo ve.

Pero no todo lo que había hecho fue con el objetivo de beneficiarse a sí mismo o a su pueblo, no.

Él siempre creyó que debió haber escuchado a su padre y tomar otras consortes. De haberlo hecho, confía, no hubiese sufrido tanto la pérdida de su única esposa. Tendría además más hijos con quienes compartir la carga de gobernar el reino y no todo caería sobre las espaldas de su único heredero.

Quería eso para su Ranma. Que no sufriera por amor como lo había hecho él, que no entregase su corazón a una sola mujer que tarde o temprano lo abandonaría, como suele pasar con todos los mortales.

Por eso quería que se casara con Ukyo y la hiciera su reina, porque entre todas ella lo amaba sinceramente, se había dado cuenta de ello sin mucha dificultad. Era una mujer amable y sencilla como su Nodoka.

Su hijo, sin embargo, había heredado su sangre y sus errores, y se había enamorado locamente, incondicionalmente de una única mujer. Eso también lo veía con claridad y ya no podía negarlo. Por eso su muchacho estaba allí de pie, destrozado en mil pedazos.

Sí, era un terrible padre que ya nada podía hacer por su hijo.

-La ceremonia de nombramiento ha finalizado. Solicitamos a los presentes dirigirse al jardín Haruka para comenzar con la celebración.

El anuncio del Eunuko fue lo que Shampoo necesitaba para abandonar el balcón. Su orgullo estaba pisoteado, pero luego se recordó que ella sería la Reina y decidió en ese instante que uno de los primeros actos a llevar a cabo cuando asumiera finalmente el trono sería hacer que cada uno de esos campesinos se postrara a sus pies.

Junto a su esposo comenzaron a avanzar entre los invitados que se hacían a un lado con cada paso dejándolos abandonar el salón entre reverencias y bendiciones. Todos ellos curiosos de ver a la pareja más poderosa de la región, todos ellos intrigados por lo que la dupla haría con el enorme poder que tenían ahora entre sus manos.

Al llegar al jardín todo lucía esplendoroso, no cabía dudas que se había gastado una buena cantidad de dinero para dicha celebración, cantidad más que suficiente para culminar la construcción de la biblioteca y pequeña escuela, y comprar centenares de libros para iluminar la mente del pueblo.

Tomaron su lugar en la pequeña tarima en donde estaban emplazados los siete asientos a ser ocupados por la familia real.

Junto a ellos llegaron poco después el Rey Genma, la Reina Madre Cologne y las tres consortes.

Sintió como las uñas de su ahora Princesa se clavaron sobre su brazo, pero ni siquiera ello lo llevó a retirar su mirada de su adorada Akane.

Se veía serena, lo cual era importante. Pero sabía que ella era muy buena escondiendo sus sentimientos de él.

Ranma estaba intranquilo, solo de imaginar lo que ella podría estar sintiendo en esos momentos le aterrorizaba. ¿Y si lo odiaba? ¿Y si perdía el pequeño enorme progreso que había logrado en su corazón? ¿Si se sentía traicionada y decidía volver a ignorarlo?

¿Cómo seguir adelante sin ella? Habían prometido avanzar, fortalecer alianzas, pensar estrategias y planificar la pelea contra sus enemigos juntos. ¿Pero si ella desistía?

El Príncipe se sintió ansioso. Solo quería tomarla entre sus brazos y salir corriendo de allí. Algo que anheló hacer desde que la conoció por primera vez. Es que desde el inicio siempre hubo gente entre ellos, obstáculos que impedían su amor. Incluso su persona misma.

Cuando sus miradas se cruzaron por fin, ella asintió con nobleza y le dedicó una preciosa sonrisa.

Su simple gesto le devolvió algo de sosiego. Debía calmarse para poder mantenerse firme y alerta toda la ceremonia. Tenía que soportar la farsa del nombramiento de Shampoo el tiempo que fuese necesario con tal de no generar conflictos que, en este momento, solo llevarían al derramamiento de sangre.

Durante más de una hora saludaron a todos los invitados, algunos más indeseables que otros. Por suerte Ranma también tenía a sus aliados y amigos allí, esas personas que indirectamente lo estaban apoyando.

De vez en cuando dirigía su atención a Akane que permanecía de pie saludando a algunos invitados también.

Más allá de toda esa hipocresía, la "celebración" se desarrollaba en paz.

Cuando los saludos culminaron, tomaron asiento nuevamente.

El Rey ordenó de inmediato que el banquete fuese servido.

Los músicos acompañaron el ambiente y a la par las bailarinas y cantantes se preparaban para desplegar su próxima actuación.

Shampoo intentaba ser cariñosa con su esposo. Lo acariciaba con discreción, le susurraba palabras al oído; desde las más cariñosas hasta las más sugerentes; intentaba alimentarlo con coquetería, pero a pesar de todas sus maniobras de complacer a su Príncipe, éste siempre la apartaba y rechaza sin mucha discresión.

"Paciencia", se repetía la Amazona, y volvía a intentarlo.

Claro que para mejorar su humor y persistencia tuvo que recurrir al vino. De ninguna manera dejaría que su felicidad de viera arrastrada por los desplantes de su marido. Nada mejor que un poco de alcohol para soportar lo insoportable.

-¡Oh, Mi Señora! ¡No debe usted beber! ¡Recuerde su estado! _advirtió la dama de compañía de Lady Kodachi.

Shampoo la miró fijamente. Su mirada sagaz y asesina tuvo el efecto esperado en la pobre sierva que, al estar ella misma embarazada, se preocupó sinceramente por el error de la Princesa y la salud del futuro heredero.

- ¿Quien te crees que era tú para cuestionarme?_ le dijo entre dientes, intentando contener su temperamento.

Estaba a punto de levantarse y darle una bofetada ella misma a la impertinente sierva, pero la conocida tos de su abuela, como un ancla; y una clara advertencia; la encalló en su asiento.

-El médico me lo permitió, muchacha _sintió la necesidad de aclarar_ Sé perfectamente cómo cuidarme.

Todas las miradas estaban sobre ella, pues sin poder evitarlo su voz se había elevado más de la cuenta.

-¡Por supuesto! El médico permitió a mi nieta tomar un poco de alcohol el día de hoy _aseveró la Reina Madre.

-¡Perdone, Su Alteza! _rogó de rodillas la sierva.

-¡Levántate! _ordenó Kodachi levantándose de su asiento_ ¡Tú no puedes disponer de mi dama de compañía!

-Claro que puedo, Lady Kodachi, y de ti también. No olvides que a partir de hoy soy la Princesa heredera de esta nación, futura Reina de los Saotome. ¡Tú, me debes respeto! Lo que es más, a partir-

-¡Silencio! _exclamó Ranma con voz firme_ No hagan un número innecesario, tengan respeto hacia nuestros invitados. La muchacha solo quería cuidar a su Princesa, ¿no es así niña?

-Sí, Mi Señor _asintió postrada aún en el suelo.

Ranma se topó con la mirada de Akane. Estaba sonriendo ante su gesto. Se sintió orgulloso, porque sabía que su esposa valoraba que defendiera a los más débiles de las injusticias. Él le devolvió la sonrisa hasta que, al ser descubierto, la homenajeada llamó su atención nuevamente.

-¡Ranma!_ se quejó la Princesa Amazónica_ ¡No puedes dejar que me hable así!

-Ahora no, querida _advirtió presionando levemente su brazo, haciendo señas para que observe a su alrededor.

Entonces la mujer cayó en cuanta del papelón que estaba llevando a cabo.

Con una sonrisa nerviosa se disculpó a los presente. Y agregó:

-En mi estado, las mujeres nos ponemos más sensibles e irritables. Disculpen ustedes a esta pobre mujer.

Todos asintieron y pronto volvieron al alcohol.

La Reina Madre ordenó poco después que ingresaran las bailarinas. Era la mejor forma de distraer a los ojos curiosos y las bocas chismosas.

Así se hizo. Toda la atención fue puesta sobre las bellas bailarinas que comenzaron a danzar al compás de los instrumentos manipulados con experticia por los músicos.

Los invitados estaban alegres y entretenidos observando las escenas desplegadas en el escenario donde se desarrollaba el hermoso show menos un hombre de mirada hambrienta, mirada que recaía sobre la Cuarta Consorte.

Incómoda, Akane buscó el origen de la desagradable sensación que percibía sobre ella. Y pronto la halló.

Aquel hombre, aliado de las amazonas, estaba allí. Aquel tipo dispuesto a traicionar a su propia sangre con tal de conseguir sus egoístas intereses. Akane creía que nunca alguien podría generarle tanto rechazo, tanto asco, como aquel tipejo.

Volteó su rostro evitando corresponder su mirada por más tiempo. Pero ese inocente acto hizo que Tatewaki caminara hacia ellos.

-Felicitaciones a la nueva Princesa heredera _dijo haciendo una leve reverencia.

-Muchas gracias, Mi Lord_ correspondió una gran sonrisa.

-Felicitaciones Reina Cologne, veo la admiración y el respeto que ha logrado por su pueblo. No solo usted sino ahora su nieta han alcanzado sentarse en el trono de tan noble familia.

-Gracias, Lord Kuno _explicitó la anciana con cierta molestia.

A pesar de haber establecido una alianza beneficiosa con los Kuno, no soportaba la arrogancia de ese hombre. Sin poder olvidarse que quien traiciona una vez…

-Mi Rey, ¿está usted feliz con su futura Reina? _dijo mirando de reojo a la Cuarta Consorte a tan solo unos pasos de distancia.

-Por supuesto, Lady Shampoo será la madre de mi primer nieto. Merece ocupar el trono junto a mi hijo _respondió en el tono más sincero que logró articular.

-¡Cierto! ¡Felicitaciones Ranma! ¡Serás padre muy pronto!_ exclamó con sarcasmo.

Ranma, quien había advertido como el sujeto frente a sí observaba indecorosamente a su mujer, solo pudo asentir.

Kuno se dio cuenta de la desagradable y desaprobadora actitud de su cuñado para con él, pero poco le importó.

Ya no importaba.

Dio otra breve reverencia antes de acercarse a la mesa de las consortes. Saludó cordial pero indiferentemente a la Primera Consorte y rápidamente se dirigió a su hermana.

-Luces muy bella esta noche, hermanita.

-Tú también luces muy elegante, Tatewaki. ¿Estás celebrando algo?

-Pronto _afirmó mirando fijamente a la mujer sentada junta a su hermana.

-¿Ah, sí? ¿Y se puede saber qué es lo que pronto celebrarás?

-Todo a su tiempo, hermana.

Dio dos pasos más hacia su costado y ante la Cuarta Consorte hizo una marcada reverencia.

-Mis saludos, Lady Akane.

La joven muchacha respondió la reverencia y volteó su rostro en dirección a su esposo.

Un escalofrío erizó toda su piel. Sabía que esto pasaría. Sus puños cerrados, sus músculos tensionados, sus labios apretados contra sí. Sobre todo su mirada gélida pero rabiosa clavada sobre Lord Kuno. Ranma estaba a punto de explotar.

Entonces milagrosamente sus ojos se encontraron y ella lo hizo desistir de lo que fuera que estuviera a punto de hacer.

-Se ve usted deslumbrante, Mi Lady _expresó Tatewaki atrayendo la atención de la dama.

-Agradezco sus palabras, Mi Lord _respondió en seco la esposa Saotome.

-No tiene nada que agradecer, es la más absoluta verdad. Quería disculparme por el mal entendido de la última vez.

-Todo fue aclarado.

-Me gustaría de todas formas conocerla más íntimamente, amistosamente, por su puesto. Podríamos llegar a ser buenos amigos.

-No creo que sea posible.

-¿Por qué no?

-Usted es cuñado de mi esposo. Fuera de ello, no hay nada que nos una.

-Podríamos encontrar otras razones, mi hermosa Señora _agregó acercándose a ella hasta hacer que sus piernas chocaran con el borde de la mesa.

-No tengo la menor de las intensiones, Lord Kuno _afirmó con certeza.

Lejos de enojarlo, esa determinada personalidad solo lo incitaba más.

-Es usted esplendida, Mi Señora. Estoy seguro que muy pronto nos volveremos más cercanos, debo insistir.

-¿Qué quiere decir con esas palabras?

-Solo expreso mis más arduos deseos.

Asqueada por sus palabras, Akane volteó su rostro una vez más con el fin de dejar de mirarlo. Pensó que con el gesto desalentaría su presencia y retornaría a su lugar dentro del palacio: lejos de ella.

Muy por el contrario, sintió de repente como Tatewaki tomó su mano y la llevó a continuación hacia su boca, plasmando un beso en la delicada piel. En la prohibida piel.

Akane retiró su mano de inmediato, rogando para sus fueros internos que su esposo no haya atestiguado el atrevido acto.

Para su suerte, el mismo estaba saludando al general Kudo que estaba presentando sus respetos a la pareja.

Claro, debió sospecharlo, pues Kuno no podía ser tan estúpido de desafiarlo.

Luego de darle una sonrisa que disgustó por completo a la consorte, el heredero al trono de los Kuno volvió a su mesa.

Akane suspiró recobrando su tranquilidad. Tomó la copa frente a ella para llenarla con agua, pero la jarra estaba vacía. Miró a su costado izquierdo buscando alguna persona a quien solicitarle llenar la misma.

Su cuerpo fue atravesado por una sensación gélida.

Sus pulmones, vacíos de oxígeno, comenzaban a doler pero se rehusaban a comenzar a funcionar.

Debía estar alucinando, había enloquecido.

Ella no creía en los fantasmas pero si no, ¿qué otra cosa podría ser?

¡Era él, era su rostro mezclado entre el gentío! Aún así ella lo reconocería entre la multitud sin dudas.

Akane, aún con sus piernas temblando, abandonó abruptamente su asiento en dirección a aquella esquina del enorme jardín donde lo vio escabullirse.

Fue tan abrupta su reacción que sus propios escoltas no tuvieron tiempo de percibir su ausencia e ir tras ella. Para cuando lo hicieron, Su Señora estaba mimetizada entre los invitados.

-¡Qué hacen ahí parados! ¡Busquen a Su Señora! _ordenó el Príncipe.

Los convocó desde su asiento colérico, tomando por sorpresa a los guardias que estaban entretenidos contemplando las bailarinas en el escenario hasta que una sirvienta de la escolta del Príncipe mandó a llamarlos con urgencia.

Él mismo quiso ir tras ella cuando el pánico se apoderó de su ser al ver que no estaba en su asiento y que sus escoltas sí. ¡Inútiles! ¿Cómo podían ser tan incompetentes?

De no ser por el agarre firme de Shampoo sobre su brazo en una clara advertencia, seguramente ya la hubiese encontrado. Lo menos que necesita en este momento es otro escándalo, y la amazona, embebida como estaba, tenía mucho material con el cual montar un enorme drama.

Akane atravesaba la multitud con el mayor decoro posible. Pero estaba aterrorizada, perpleja, ansiosa. ¿Era él?

Llegó a hasta aquel rincón donde lo había visto desaparecer pero no había rastros de la sombra.

Confundida, se quedó observando sus alrededores desde ese punto, buscando y buscando aquel rostro que una vez amó.

Nada.

Seguramente fue el producto de los nervios. Tal vez había soñado con él y no lo recordaba, pero su imagen había permanecido latente en algún rincón de su mente hasta que alguien parecido despertó su reminiscencia.

Inspiró profundamente intentado recomponerse y emprendió el camino de vuelta a su asiento.

Entonces los gritos llegaron a ella.

Decenas de hombres comenzaron a ingresar por la entrada occidental del jardín, tomando la vida de los soldados que fueron sorprendidos por la violenta irrupción.

Los ojos de Akane viajaron de inmediato a Ranma y los de él la buscaban desesperadamente.

Para cuando Akane llegó a la cercanía del sector de la realeza, los únicos que quedaban de pie eran los guardias que custodiaban celosamente a la familia.

Estaba a punto de acercarse a Yuka cuando su brazo fue tomado fuertemente, jalándola hacia atrás.

-¡Akane!_ exclamó aterrorizado su esposo al advertir que estaba siendo atrapada por aquel hombre.

Intentó correr hacia ella pero los soldados de su escolta lo detuvieron con firmeza. Su vida era la más importante, muchos más que una simple consorte. Y por más que luchaba con todas sus fuerzas, no lograba atravesar la muralla de hombres que frenaban sus arrebatos.

Observó con desespero como la espalda de Akane chocó contra el pecho del extraño que, a continuación, la abrazó por la cintura acotando toda distancia entre los dos.

Ante los ojos de la Consorte apareció una daga conocida, para segundos después ubicarse a la altura de su cuello sin llegar a tocar su piel.

-He vuelto, mi amor _le dijo al oído su captor.

-¡He llegado a reclamar lo mío, Saotome! _anunció ese hombre que Ranma conocía tan bien, emergiendo entre los invitados.