Hola a todxs! Como han estado? He vuelto con todo. Dentro de muy poquito llegaremos al final.

Como siempre agradezco enormemente sus palabras, son una caricia al alma y un gran incentivo a la escritura.

Quedo a la espera de sus comentarios, prontito estaré actualizando porque sé que se van a quedar con ganas de más.

Recuerden que habrán capítulos super cortitos y otros muy extensos. Pero como siempre digo, todo tiene un porqué.

Los quiero!

Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.


ERES MÍA

Cap 24: La celebración

Parte 2 "El cadáver".

-¡Akane!

Miró horrorizado alrededor, pues no imaginaba encontrar aquel desolado escenario.

Segundos después escuchó las puertas cerrarse tras sí.

-¿Hibiki? _ inquirió dándose vuelta en dirección a las mismas.

Touma retrocedió sus pasos lentamente, por completo confundido.

-Ella no está aquí _aseguró con firmeza.

-¿Cómo… cómo que no está aquí?

El soldado comenzó a buscar por todas partes, en cada rincón de la habitación, mientras el sirviente del heredero a la corona permanecía de pie, viendo la ridícula escena.

-¿Dónde está Akane? _increpó corriendo hacia él para tomarlo del cuello_ ¿Dónde está mi prometida? _cuestionó abatido.

En un movimiento difícil de anticipar, el escudero se deshizo de su agarre y lo lanzó hacia el piso cayendo de espaldas sin poder siquiera hacer uso de sus reflejos para amortiguar la caída.

-Está donde debe estar _respondió finalmente el escudero.

Touma hizo el ademán de levantarse, pero cayó de rodillas mientras tomaba su cabeza aún intentando unir las piezas del rompecabezas.

-Pero ella….

-¿No lo entiendes?, ¿Tú realmente pensaste que podrías llevártela de aquí? ¿Todavía no comprendes quien es él y quien eres tú? Lo que pasó con la señorita Kasumi ¿no fue prueba suficiente para que entiendas que nadie se escapa del palacio sin que él lo sepa? ¿Piensas que él te dejaría volver a la tropa, así como así?, ¿o acaso creíste que desconocería tu identidad?, ¿pensaste que no descubriría tus planes con la familia de la señorita Akane o la participación de vecinos del poblado?, ¿Realmente crees que no anticipaba tu intento de acercarte a ella?, ¿Tantas agallas crees tener para fiarte que podrías llegar hasta aquí sin problemas? Y aún así, ¡te ilusionaste con que ella estuviera detrás de estas puertas! Seguramente debes creer que eres un soldado excepcional, un héroe mítico, un gran samurai. ¡Despierta de tus sueños, muchacho! , ¡Si llegaste hasta aquí es porque él así lo quiso!

-Ayúdame Hibiki! _ suplicó arrastrándose hasta el escudero_ Kasumi me contó que tú has ayudado a Akane, sé que eres justo. ¡Ella no quiere estar aquí, ella es mi prometida!

-¡Lo era! Pero lo que has hecho solo la perjudicará. ¡Tu estúpido plan les ha costado la vida a varias personas!

-¿Qué? _dijo mirándolo aterrorizado.

-¡Tú has arriesgado la integridad de su familia, de la tuya y por sobre todo has puesto en peligro a la señorita Akane!

-¿Qué dices?, ¿Qué han hecho con mi familia?, ¡Dime! _exigió asustado.

Touma se apartó y retrocedió deslizándose por el piso.

-¿No vas a ayudarme Hibiki, verdad?, ¿Qué haces aquí entonces?

-Protejo a mi señora.

-¡Eso es exactamente lo que yo he venido a hacer! _exclamó con ímpetu, esperanzado de poder convencer al noble escudero de que lo dejara huir con ella.

-No, muchacho. Te equivocas. Incluso si lograras llevártela contigo, él la recuperará más temprano que tarde y te matará con tus propias manos, a ti y a todos los que complotaron en su contra… incluso a su familia.

Touma se quedó en silencio. No sabía qué decir o hacer. Muy dentro suyo sabía que Hibiki tenía razón.

Sus lágrimas corrían libremente por su rostro ante la conclusión de que todo había sido en vano.

Sin ella no quedaba más que esperar el fin de su patética existencia.

-Mátame, vamos _lo alentó_ Ya no tengo razones para vivir.

-Dije que vine a salvar a mi señora. Si te asesino eso la lastimaría profundamente. Vete, desaparece de mi vista por donde habías planeado huir con ella. No intentes nada estúpido porque no dudaré en matarte si te vuelvo a encontrar. Ve hacia el sur, lejos de nuestras tierras y olvídate de ella.

-¿Cómo puedes decirme algo así? _preguntó colérico_ ¡Ella es mi mujer!, ¡Ella es mi vida! ¡De no ser por tu maldito dueño, nosotros estaríamos juntos, formando nuestra familia! _Touma llevó sus manos hacia su cabeza, el dolor era demasiado insoportable_ ¿Cómo puedes decirme eso? ¡No puedo simplemente olvidarme de ella, la he amado todo mi puta existencia!

-Comprendo más de lo que imaginas, muchacho. Pero el destino quiso otra cosa para ti. No sirve de nada pelear contra el designio de dios. Vete, no seas el responsable de matar a su familia.

-¿Matar a su familia?

-Él lo sabe, conoce todo tu plan, ya te lo dije. Él decidió perdonar sus vidas a cambio de que tú desaparezcas. Pero si intentas acercarte a ella…

Touma se quedó petrificado. ¿Acaso el Príncipe realmente mataría a la familia de Akane?

Sí, lo haría.

-Deja de perder el tiempo y desaparece de aquí. Él me ha ordenado asesinarte _continuó insistiendo_ Y no sabes las cosas que es capaz de hacer con tus restos.

Ryoga realmente no quería matar al pobre enamorado. Mucho menos arriesgarse a entregar su cuerpo sin vida al Príncipe cuando éste prometió exhibir el cadáver ante todo el reino como muestra de lo que haría con sus traidores: dejar que los cuervos se alimenten con sus entrañas. No sabía si hablaba en serio o solo era la expresión de la locura que lo dominaba en momentos como ese al descubrir los planes del joven soldado de llevarse a su futura consorte.

Prefería mentir y abusar de la confianza de su amo antes que ser cómplice de semejante atrocidad.

- ¡Cumple sus designios entonces! _lo desafió ignorando el conflicto interno que batallaba en la cabeza del escolta.

-Pero ella… si lo hago ella lo odiará aún más, ella me odiará a mí... _concluyó para sí mismo.

Entonces Hibiki apuntó de repente su espada hacia el destrozado muchacho.

-¡Vete ahora! ¡Desaparece de este lugar y empieza de nuevo! Perdono tu vida porque eres tan inocente como ella en todo esto, pero si por tu culpa ella experimenta nuevamente sufrimiento _trasladó su katana a la largo del cuello del soldado rasgando superficialmente su piel_ rebanaré tu garganta _afirmó con determinación tal, que aterrorizó al joven soldado.

Touma asintió sintiéndose morir. Lentamente se puso de pie y se dirigió al pasadizo oculto en la habitación contigua.

Ryoga lo vio irse contrariado. Sabía que probablemente estaba cometiendo un error… y no se había equivocado.


-¡He llegado a reclamar lo mío, Saotome!

Todas las miradas se dirigieron al hombre que impunemente avanzaba hacia la familia real que permanecía custodiada por un grueso perímetro de guardias alrededor de ellos.

Ranma, sin embargo, solo tenía ojos para su Akane, quien había sido capturada por ese hombre que reconoció de inmediato. ¿Acaso no estaba muerto?

-Ella va a estar bien a menos que tu imprudencia la ponga en peligro, claro _exclamó nuevamente el intimidante masculino al sentirse ignorado por completo por la persona de la que deseaba obtener completa atención.

Empero, sonrió ladinamente. No se equivocó cuando decidió capturar a la Cuarta Consorte y hacer de ella un señuelo para tenerlo entre sus manos.

Que Ranma dirigiera su atención al desafiante sujeto ante su declaración confirmaba el éxito de su plan.

-¿Eres tú quien está detrás de todo esto? _inquirió severo el heredero a la corona Saotome.

-¿Todavía no lo entiendes?

-¿Por qué estás haciendo esto?, ¿Qué quieres?

-Ya te lo he dicho, vengo a reclamar lo que es mío.

-¿Lo que es tuyo? ¡¿De qué demonios estás hablando?! _rugió colérico.

Akane contemplaba la escena a metros de distancia. Todavía no entendía qué estaba pasando.

-Tranquila mi amor, todo va a estar bien _dijo esa voz en su oído.

-¿Touma? _se atrevió a pronunciar sin poder voltear a verlo.

-Sí, Akane.

-¿Qué está pasando?

-He venido por ti, mi vida. Nos iremos pronto de aquí.

-¿Irnos? Pero-

-No te preocupes por tu familia _interrumpió anticipando sus cavilaciones_ mi gente ya ha ido por ellos.

-¿Tu gente? ¿Qué es todo esto, Touma? _preguntó nerviosa.

-Es una larga historia, mi amor. Pero ya tendremos tiempo para ello. Ahora solo confía en mí y quédate quieta. Pronto toda esta pesadilla terminará.

Akane dirigió su mirada a Ranma quien discutía ardientemente con el desconocido hombre.


En las afueras del palacio se corrió la voz de que una revuelta estaba ocurriendo en la ceremonia de coronación de la princesa heredera Shampoo. Los rumores de que la familia real estaba siendo amenazada puso en alerta a todo el pueblo.

¡La Consorte Akane y el Príncipe Ranma fueron capturados!

No había noticia más aterradora que esa. No podían abandonar a sus principales protectores en manos de sus enemigos. Tenían que hacer algo.

Rápidamente los jefes de familia comenzaron a reunirse para improvisar una defensa.


Las noticias también llegaron al hogar de los Tendo pero de otra forma. No fue un simple rumor el que apareció de imprevisto esa triste tarde sino el arribo abrupto de unos desconocidos que irrumpieron en su propiedad en representación del General Touma.

Kasumi sabía que el muchacho seguía con vida. La última vez que lo había visto fue el día en que se supone iban a huir hacia las tierras de los Daimonji junto a su prometido, su padre y hermana Nabiki. Tenían todo listo para ello gracias a la ayuda de sus vecinos que colaboraron en la justa causa.

Cuando llegó Touma llorando desconsoladamente a su casa diciendo que había fallado, todas sus esperanzas se esfumaron. El Príncipe los había descubierto.

Ryoga, sin embargo, lo dejó escapar secretamente con la condición de que desapareciera de la vida de la su hermana. Por lo que, luego de consolar al muchacho que prácticamente era parte de su familia y convencerlo que era la única solución, llegó el momento de despedirse. Les pidió que le dijera a su amor que la amaba con toda su alma y que le prometía volver por ella algún día, que por favor lo esperara.

Kasumi solo le pidió que fuera feliz, que se mantuviera con vida, que es lo que su hermana quería para él. Touma afirmó una vez más que vendría por Akane, porque ella era su felicidad.

Los Tendo acordaron no revelar el destino de Touma a la menor del clan. Tampoco le transmitieron sus últimas palabras. Creían que era muy cruel hacerla esperar algo que era imposible, pues se dieron cuenta que nadie podría apartar a Akane del caprichoso y egoísta Príncipe Ranma.

El tiempo había transcurrido y nunca había llegado noticia alguna del muchacho hasta ese día.

Los hombres les ordenaron que empacaran lo fundamental. Touma tenía todo listo para irse con ellos y llegaría en cualquier momento.

Soun no dijo una palabra. Tampoco quiso empacar ni una prenda a pesar de la urgencia con la que los hombros exigían.

-No voy a hacer nada hasta que mi hija me lo pida.

Tanto Kasumi como Nakibi coincidieron con la determinación de su padre. Los tres estaban de acuerdo con esperar a Akane.

Es que todo había cambiado en sus vidas. Si la primera vez que Touma había planeado huir con ellos todos estuvieron de acuerdo fue porque conocían los sentimientos de Akane y la injusticia de la que estaba siendo víctima.

Ahora las cosas eran diferentes y ya no estaban tan seguros de lo que acontecía en el corazón y en la cabeza de las más pequeña. Ellos mismos no estaban seguros de querer abandonar el reino, ya no.

Así que junto a aquellos hombres aguardaron en su morada por la llegada del, ahora, General.


Cuando todo explotó y el jardín se transformó en un caos, el heredero de los Tatewaki fue tomado por la espalda sorpresivamente. Una daga estaba empuñada contra sus costillas obligándolo a retroceder lentamente sobre sus pasos.

-Por favor… no me haga nada, yo no tengo nada que ver con los Saotome, por favor, solo soy un simple invitado _suplicó a su captor.

Cuando por fin salió del jardín su apresador le dijo en voz baja.

-Mi Señor, soy yo, Sasuke. No se preocupe, lo pondré a salvo.

-¿Sasuke? ¿Eres tú de verdad? _preguntó anhelante.

-Shhh, tenemos que disimular. Haga silencio y sígame, conozco una salida segura.

Tatewaki suspiró aliviado. Por un momento pensó que lo matarían.

-Por fin sirves para algo _aseguró dejándose llevar por el ninja.

-Gracias por sus palabras, Mi Señor. Jamás las olvidaré.

Pronto desaparecieron en el interior de una habitación del palacio, mientras los gritos, las corridas y el sonido de las filosas espadas chocando contra si empezaban a amortiguarse tras las paredes del oscuro lugar.