Hola a todxs! Como han sido tan buenos conmigo les dejo otro capitulito mas.
Espero leer sus comentarios!
Si sigo así de motivada prontito subiré el próximo que será una bomba!
Gracias a todos por sus palabras!
Espero que les guste!
Los quiero!
Esta historia es sin fines de lucro, siendo mi única ganancia el placer de escribir. Los personajes de Ranma 1/2 son propiedad de Rumiko Takahashi.
ERES MÍA
Cap 25: La celebración
Parte 3 "La curiosidad mató al gato".
Era el único hijo varón, una enorme bendición para su familia. Sería, por lo tanto, el único heredero al trono. Tatewaki lo sabía desde que era muy pequeño, cuan especial era. Por eso a pesar del nacimiento de su hermana jamás su vida se vio afectada por la existencia de ésta. Sin bien era insoportable y sus demandas nunca cesaban, la rosa negra sería como todos a su alrededor: un instrumento a ser utilizado por él.
Al llegar a la adolescencia, sus cuerpos comenzaron rápidamente a florecer develando la promesa de un crecimiento triunfante que los convertiría en un hombre y una mujer fuerte, sagas y deslumbrante
Tatewaki sería un esplendoroso Rey y Kodachi una gran dama de cuyo casamiento bien posicionado se obtendrían grandes beneficios comerciales.
Todos podían verlo.
Menos su padre.
El joven Príncipe no podía evitar reír ante la ridícula creencia del Rey, quien sostenía fervientemente que su amada flor llegaría a lo más alto en aquella poderosa familia vecina.
Tatewaki comprendía a su progenitor. Al fin y al cabo qué padre no se dejaría afectar por el hecho de que su hija era sangre de su sangre, una parte suya. Su propio narcisismo lo llevaba a alardear sin reparo de que Kodachi era la más hermosa y valiosa mujer en la tierra y que su matrimonio sería el evento más importante en la historia de la nación. Aún más que su propia coronación.
No iba a negar que dicha creencia le molestara un poco, bastante quizás.
Ella era muy bonita, eso tampoco lo iba a negar. Sus genes definitivamente la hacían especial, más allá de su terrible carácter. Es que esos mismos genes portaba él y sería una locura total omitir el irrefutable hecho que la belleza corría por sus venas. Nadie podía negarlo, mucho menos el mayor de los Kuno quien cada mañana lo confirmaba frente al espejo.
Pero si había algo en lo que el trueno azul era experto era sobre las mujeres y su valor.
Su primera experiencia sexual había acontecido con su niñera, una joven quince años mayor que él, quien le enseñó los placeres velados bajo las delicadas prendas que ocultan celosamente las cuervas femeninas. Para el muchacho fue descubrir tempranamente un nuevo mundo que nunca dejó de explorar. Todo había empezado una noche cuando con apenas trece años salpicó accidentalmente con agua las ropas de su sierva mientras ella lo bañaba. Fue la primera vez que vio los pezones sobresalir sobre las prendas de la tierna mujer. El solo recuerdo del relieve que emergió sobre aquella superficie lo hizo tener su primera erección.
Pronto comenzó a repetir la travesura, ansioso por ver aquel punto erguirse nuevamente. Un día, casi sin poder evitarlo, llevó sus manos a los pechos de la mujercita, que sorprendida por el arrebato de su joven amo emitió uno de los sonidos que desde aquel día Tatewaki amó escuchar: un gemido tímido pero placentero.
Comenzó a investigar en la biblioteca de su casa sobre los cuerpos femeninos y masculinos. Más tarde sobre los órganos sexuales de cada género y pronto descubrió la mecánica del acto sexual. Los fines reproductivos estaban claramente detallados pero eso no era lo que a él le interesaba. Había más, estaba seguro de ello. Y fue gracias a su insistente curiosidad que dio con ese libro que permanecía oculto en el último estante de la enorme biblioteca familiar. "El arte del placer sexual". Lo escondió entre sus prendas y lo llevó consigo a su alcoba. En aquel libro comprendió que el sexo no servía solamente para engendrar. El cuerpo humano era una infinita fuente de placer. El órgano sexual más extenso era la piel y tanto la boca como el ano, incluso la voz, los sabores y los olores podían excitar tanto como la penetración.
Tatewaki nunca había sido tan buen estudiante. No solo leyó el libro con suma concentración de principio a fin, sino que de inmediato se dispuso a practicar.
El joven Kuno experimentó lo que eran los sueños húmedos, las erecciones matutinas y finalmente la masturbación. Pero en seguida se dio cuenta de que ya no era suficientemente divertida ni satisfactoria la exploración solitaria.
Por ello cuando mojó nuevamente las prendas de su niñera esa noche, en su usual baño antes de dormir, se abalanzó sobre ella y poseyó sus labios con desesperación. Sus manos recorrieron cada centímetro de su cuerpo hasta que logró despojarla de todas sus húmedas ropas. Impaciente se posicionó entre sus piernas y la penetró.
La sensación que sintió al tener su miembro enterrado en su niñera fue tan abrumadora que con solo dos movimientos dentro de ella llegó al orgasmo.
Ella rió divertida ante la escena del, hasta entonces, virgen muchacho y conmovida por su arrebato se convirtió, a continuación, en su instructora de sexualidad.
Con ella aprendió todo lo esencial del acto sexual, cómo complacer a una mujer y sobre todo, cómo no cumplir con aquel fin que definitivamente no buscaba concretar.
A los quince años concluyó que necesitaba expandir sus horizontes y luego de una última noche de pasión despidió a la mujer que lo inició.
Desde entonces habían desfilado por sus brazos cientos de mujeres: siervas de las tres castas, institutrices, prostitutas, nobles, campesinas, morenas, rubias y coloradas, jóvenes y "maduras", solteras, casadas y viudas.
Su gran porte, sus penetrantes ojos azules y encantadora sonrisa hacían todo el trabajo por él. Y si alguna doncella se resistía ante sus encantos, con solo nombrar su apellido lograba cambiar la suerte a su favor.
Por eso con sus veintinueve años poseía un conocimiento a la hora de la seducción y del sexo realmente envidiable por todos sus camaradas.
Por todos menos por su cuñado, quien ni una sola vez lo había alagado o pedido algún consejo para conseguir hacerse con alguna mujer a pesar de su generosa y constante oferta.
En fin, por todo eso comprendía muy bien que su hermana jamás llegaría a ocupar ese lugar tan importante que su padre había soñado para ella. ¿Qué hombre aceptaría estar junto a una sola mujer?
Los había, por supuesto, pero incluso así, ¿por qué elegir a alguien tan insoportable?
Comprobó que su teoría era cierta cuando conoció a su extraño cuñado. Nunca mostró ni una pizca de interés por su bella hermana y debía admitir que empatizaba con él por ello. Si él estuviese en sus zapatos y tuviera que elegir a una de las consortes para ser su única Reina elegiría por supuesto a la sensual Amazona. Con el tiempo, sin embargo, se sorprendió al darse cuenta de que ella tampoco logró ser elegida por el insulso Príncipe.
Era conocido por todos que la preferida para ocupar el trono junto a él sería la Primera Consorte. Pero dicha elección, bien era sabido, no fue hecha por Ranma sino por su padre. Parecía ser que el hombre no tenía interés alguno en sus esposas, o en ninguna otra mujer ya que jamás aceptó acostarse con las bellas doncellas que él mismo contrataba para complacer a su cuñado. Tal vez los rumores eran ciertos y el esposo de su hermana apetecía de otros cuerpos… masculinos.
De cualquier forma Kodachi no tenía posibilidad alguna. Muy, muy dentro, le daba lástima semejante hecho, pero era la verdad.
Cuando su hermana le envió aquella carta desesperada contándole sobre la llegada de una Cuarta Consorte al reino por quien, además, su esposo estaba enloquecido, su curiosidad se elevó en demasía. ¿Quién había sido capaz de enloquecer a su cuñado? Si la sensual Amazona no lo había engatusado, si la correcta y elegante Ukyo no lo había enamorado, y si su propia hermana no le produjo ningún tipo de interés comercial para tomarla como Reina, ¿qué noble mujer habría logrado tal hazaña?
A penas tuvo la oportunidad arribó al reino de los Saotome para saciar su intriga.
Su llegada fue imprevista pues no quería advertir a nadie de sus intensiones.
A la mañana siguiente se propuso deambular por los rincones del palacio en búsqueda de algún rumor sobre la intrigante mujer. Llegó así a la cocina del castillo pues sabía que allí abundaban los secretos.
Entonces vio a la deslumbrante criatura. Estaba concentrada limpiando pescados sobre la mesada. Sus cabellos azulados la hacían resaltar entre las demás sirvientas. Sus movimientos eran delicados y su sonrisa resplandeciente. Su cuerpo era pequeño, pero perfectamente voluptuoso. Su semblante tímido e inocente era lo que estaba necesitando. Se sintió atraído de inmediato y supo que debía hacerse con ella cuanto antes. Con tan solo imaginar ver ese rostro completamente sonrojado y corrompido bajo él, se excitó por completo. Por eso cuando la vio sola no pudo resistirse y la tomó por la espalda. Olía exquisitamente. Se preguntó cómo una simple sierva podía tener ese aroma tan delicioso. La joven doncella se asustó al percatarse de su presencia, así que tuvo que silenciar la tentadora boca con su mano. Si de lejos era bella de cerca solo podía decir que era impecable. Su piel, sus ojos, sus pestañas, sus labios. Era una muñeca. Intercambió las palabras justas con la muchacha, prometiéndole que la llevaría consigo. Cuando las demás sirvientas comenzaron a retornar a la habitación se fue.
Kodachi prometió ayudarlo a conseguir a la tierna cocinera que no había abandonado su mente en todo el día. Tatewaki jamás hubiese esperado verla aparecer ante sus ojos en aquella cena. La campesina, la Cuarta Consorte de la que tanto se quejaba su fraterna era nada más y nada menos que la muchacha que descubrió en aquel húmedo lugar del palacio. No podía creer su suerte, pero lejos de desentusiasmarse, su curiosidad por la mujer solo aumentó. La comenzó a seguir sigilosamente, averiguando todo cuanto pudo de su procedencia. Efectivamente era una campesina, efectivamente había robado el corazón del Príncipe. Algo tenía de especial, indudablemente. Y él lo poseería.
Intentó acercarse a ella infinidad de veces pero ella solo le mostraba indiferencia y desagrado. El heredero Kuno soñaba con doblegarla.
Le encantaba además el efecto de su asecho en Ranma. Sentía que por primera vez tenía en sus manos una forma de vencerlo.
Por eso cuando lo vio tan determinado en marcarle que ella le pertenecía, llegando al punto incluso de echarlo del palacio, tomó la decisión que ya venía elaborando en su cabeza sobre aceptar la oferta que le había hecho la Amazona mayor.
Disfrutaría demasiado verlo rogar por su amante. Aquel cretino que se creía tan superior a él aprendería quien era Kuno Tatewaki. Su amada mujer gritaría su nombre cuando la reclamara, ¡lo juraba!
-¿Sasuke que hacemos aquí? _preguntó impaciente sentado sobre la cama_ ¡Tenemos que huir!, ¿acaso no entiendes lo que acaba de suceder?
-Mi Señor, su hermana llegará en cualquier momento.
-¿Mi hermana? ¡Me importan tres cuernos Kodachi!
-¿Acaso no piensa llevarla con nosotros?
-Ella pertenece a los Saotome, Sasuke.
-¡Pero su vida está en peligro, Mi Señor!
Tatewaki cerró los ojos fastidiado por los cuestionamientos de su estúpido siervo.
-Dudo que le hagan algo, como siempre ella es irrelevante.
-Me conmueve la estima que me tienes, hermano _dijo la mujer ingresando a la habitación minuciosamente.
Kuno abrió los ojos sorprendido por la llegada de la mujer.
-Ko-Kodachi _rio nerviosamente_ ¿estás bien, querida? _preguntó poniéndose de pie.
-Por supuesto que lo estoy.
Tatewaki se sintió incomodo. Ella definitivamente lo había oído.
-¿Escuchaste lo que dije? Yo solamente-
-Solamente tienes toda la razón, Tatewaki _afirmó con tranquilidad acercándose al rayo azul.
-¿La tengo? _cuestionó consternado.
-La tienes. Soy realmente alguien irrelevante en este palacio. Mi esposo no quiere, el pueblo me desprecia, hasta mis siervos aquí dentro me detestan. Incluso tú hermano.
-¿Yo?
-Tú. Me traicionaste.
-¿De qué hablas? _inquirió haciéndose el desentendido.
-Lo sé todo. Sé sobre el acuerdo con las Amazonas. Debido a que priorizaste tus propios intereses dejaste que la coronaran a ella antes que a mí… a tu propia sangre.
Se aclaró la garganta antes de responder. De nada serviría esconder la verdad. Al fin y al cabo no tenía que darle explicaciones a ella que era alguien insignificante.
-Seré el futuro Rey de nuestra nación _habló con resolución_ El acuerdo comercial que hice con ellas es mucho más importante que verte junto a un hombre que jamás podrá amarte. Lo sabes, te he hecho un favor.
-Si me hubieses apoyado por lo menos sería la Reina de esta nación, ¿no crees que eso beneficiaría a nuestra familia?
-¡Ja! ¡Eso jamás iba a pasar! Si ella no hubiese sido coronada lo hubiese sido Lady Ukyo. ¡Incluso la consorte campesina hubiera llegado al trono antes que tú! No vales nada Kodachi, solo eres una niña caprichosa. Comprendo por qué Ranma jamás se enamoró de ti, ¡porque eres insoportable! Así que no intentes culparme de tu propia ineptitud, hermanita.
Kodachi trataba de contener su rabia ante las palabras de su hermano. Pero esta vez no la iba a vencer.
Inspiró profundo.
Simplemente caminó hacia él y extendió aquel sobre hacia su persona.
-¿Qué es esto?
-Esto es algo que puedes elegir leer o no, hermano.
Sobre una de las caras del mismo llegó a leer aquellas letras tan familiares: "Para Kodachi".
-No lo leeré hasta que me digas qué es. No tengo tiempo para perder en tus estupideces.
-Como quieras. Tú decides.
El heredero al trono de los Kuno no pudo resistir la curiosidad. Haciendo caso omiso a los gritos que se escuchaban en el exterior de la habitación, se concentró en extraer la carta que yacía en el interior.
"Mi adorada princesa:
Desconocía la jugarreta que tu hermano ha realizado, también a mis espaldas. Perdona a tu padre, estoy viejo y cansado. He cometido el error de confiar en mi propia sangre, pensando que jamás cometería semejante traición contra el Reino y nuestra familia. Me ha engañado afirmando que la coronación de la Amazona fue una decisión exclusiva de los Saotome, y al parecer se encargó sobornar a mis súbditos más allegados para que la información con la que me has iluminado no llegara a mis oídos.
Te prometí que serías Reina, mi preciosa rosa negra.
Y lo serás.
Haz lo que tengas que hacer. Yo prepararé todo para tu llegada.
Te ama profundamente, tu padre.
D. Kuno".
Las manos del hasta entonces heredero comenzaron a temblar. Su vista empezaba a nublarse y el aire a escasear.
-¿Qué… qué es esto Kodachi?
-Esto es una probadita de tu propio plato, querido hermano.
Kuno soltó la hoja que sostenía aún entre sus manos, cuando comenzó a sentir su corazón latir frenéticamente.
-¿Qué me has hecho? _dijo haciendo uso de sus últimas fuerzas.
La rosa negra se acercó a su fraterno, quien cayó arrodillado llevando sus manos a su cuello.
Le costaba terriblemente respirar.
-Es solo un agradecimiento, Tatewaki. Me has ayudado a darme cuenta que pierdo mi tiempo aquí. Que hay un trono del cual puedo apropiarme rápidamente y sobre todo, ahora, legítimamente.
-¿Me… has envenenado?
-No, querido, no me culpes de tu propia ineptitud. Eso es lo que te pasa por tomar en tus manos lo que no te corresponde.
-Sasu…ke _enunció ahogadamente.
-Lo siento Mi Señor, ha sido realmente un displacer servirlo.
Kodachi se puso su capa negra y dejó sobre la mesa de luz la tiara que la distinguía como Tercera Consorte. Y echando una última mirada al lugar donde pudo compartir las noches más breves pero hermosas junto a quien siempre será el amor de su vida, volteó en dirección a su fiel siervo y le dijo:
-Cuando su corazón deje de latir, degüella su cuello y deja su cuerpo cerca del jardín. ¡Ah! No te olvides de quemar la carta. No la toques con tus manos descubiertas, o ya sabes que pasará_ sonrió victoriosa.
-Sí, Mi Señora. Futo la estará esperando a la salida del pasadizo. Su padre tiene todo listo para usted.
-Gracias Sasuke. Apúrate que ya quiero llegar a casa, y cuando ocupe mi lugar todos verán cuánto vale esta rosa espinosa.
Esas fueron las primeras palabras enunciadas por la nueva Reina de los Kuno, antigua consorte de los Saotome.
Esas fueron las últimas palabras que llegaron a los oídos del antiguo heredero al trono de los Kuno, muerto aquel memorable día en que la desgracia se desató en el interior del palacio de los Saotome.
Dice la historia que fue asesinado de forma cruel por los soldados rebeldes cuando cobardemente intentaba escapar del palacio el día conocido como "La trágica coronación de Lady Shampoo".
