El que Mikey finalmente accediera a recibir de regreso en la pandilla a Kazutora, fue la mejor noticia que Baji pudo recibir durante la semana. Entendía que para su amigo de toda la vida no había sido tan sencillo decirle que sí, detrás de su decisión tuvo que haber existido un montón de incertidumbre, de dudas, de miedos y recuerdos que no eran para nada agradables. Cualquier persona se habría negado desde el principio, pero Mikey no era como cualquier persona. Mikey tenía algo que lo colocaba en un nivel superior.

—Puede quedarse en tu división, en la de Pah o en la de Mitsuya. Deja que él decida —le indicó su amigo, antes de descender por la escalinata, dando por terminada la conversación.

Sus hombros se sintieron más ligeros después de eso, no se había percatado de cuanta tensión representaba en su vida el que la respuesta tardara tanto en llegar.

—Ah, y una cosa más —Mikey giró el cuerpo antes de llegar al penúltimo escalón—. Dile que espero verlo aquí en la próxima reunión, que quiero taiyaki y… —pareció meditarlo—. Te avisaré si se me ocurre algo más.

Con una sonrisa juguetona, las manos en los bolsillos y el cabello al viento, su amigo retomó su camino para reunirse con Draken. Baji se quedó pasmado durante un instante, se esperaba todo menos eso.

—Qué cabrón —murmuró divertido, sintiendo sus energías renovarse.

No perdió ni un segundo para marcarle de una vez, dándole igual la hora. Después de todo, Kazutora no era fan de dormir temprano. Le tomó poco tiempo informarle de las buenas nuevas y acordaron encontrarse al otro día al finalizar sus respectivas jornadas escolares. Todo iría bien de ahí en más.

Baji movió su cabeza intentando destensar sus músculos antes de descender por el mismo lugar que Mikey, no debía olvidar que Chifuyu todavía le esperaba y ya iban tarde a sus casas. Moría por contarle todo con detalle, estaba convencido de que su vicecapitán compartiría su alegría, al igual que siempre lo había hecho.

En eso pensaba cuando lo buscó con la mirada entre los pocos integrantes que aún quedaban dispersos por ahí. Lo encontró sentado bajo la copa de un gran árbol, texteando en el celular. No pudo evitar rodar los ojos al asumir que se trataba de Takemichi y su incapacidad para lidiar con un gatito indefenso. Si el llorón no podía con su nueva mascota, que se lo diera a Chifuyu y ya, todos felices. A Baji no le importaría compartir la custodia de otra mascota con él, hacían un buen equipo en toda la extensión de la palabra.

—Ya podemos irnos —le comunicó, sacando las llaves de su moto de entre sus bolsillos. Luego reparó en la expresión taciturna de Chifuyu—. Oye, ¿por qué esa cara?

—Es la única que tengo.

—Ah, bien —se cruzó de brazos, tratando de ignorar la molestia que le producía la respuesta tan antipática que recibió de su parte. Chifuyu nunca le hablaba de manera grosera o cortante. Al contrario, le hacía sentir respetado en niveles muy superiores—. ¿Sabes? Si tu "compañero" el mil lágrimas te hizo enojar, ve a desquitarte con él.

—Sí, tienes razón. Lo siento, Baji-san.

Aquello sonó como una disculpa sincera, pero el rostro contrario no varió de expresión. Baji lo observó ponerse de pie, sacudirse el polvo y caminar con desgano. Chifuyu podía estar ahí físicamente hablando, pero su mente no. De verdad esperaba que no fuera algo grave, como problemas económicos o de salud.

—¿Vas a decirme qué es lo que te pasa? —inquirió, dándole alcance.

—Tengo mucho sueño.

—¿Desde cuándo pones esa cara cuando tienes sueño? Te conozco y normalmente no luces así.

Chifuyu se detuvo de golpe.

—Espera… ¿Me has visto dormir?

—¿Uh? —la pregunta lo tomó con la guardia baja. Baji no supo qué contestar—. N-no, claro que no. Solo recuerda aquella vez… en… Ya, olvida eso y démonos prisa, que mi madre debe estar preguntándose qué es lo que pienso para volver.

De camino a casa, el ánimo de Chifuyu pareció mejorar un poco, tal vez a costa de ponerlo en una situación incómoda, pero Baji prefirió no decir nada al respecto y dejarlo estar. Si con ello había logrado hacer sentir mejor a su amigo, entonces valió la pena.

Solo por precaución le insistió en que lo acompañaría hasta la puerta de su apartamento, necesitaba asegurarse de que lograría llegar sin que le sucediera algún percance en el camino, ya sea por el sueño que le dijo tener o por otras razones. El detalle fue que, una vez estando ahí, de pie junto a la puerta, Baji ya no quería irse. Tenía tanto para contarle, pero, al verlo en ese estado tan extraño, optó por quedarse callado. Ya se presentaría la oportunidad de hacerlo en mejores circunstancias.

Estar con Chifuyu era agradable, su simple compañía le daba una sensación de paz indescriptible, por tal motivo le inquietaba lo que pudiera estar ocurriéndole. ¿Tal vez un golpe recibido durante la reciente pelea? ¿dolor de estómago? ¿migraña?

—Bueno, ya… estoy en casa, Baji-san. Mañana estaré mejor, solo necesito dormir. Gracias por preocuparte —Chifuyu le sonrió ligeramente, aferrado al marco de la puerta.

Todo parecía indicar que no mentía, sin embargo, Baji aun no entendía por qué razón evitaba mirarlo a los ojos.

—Fuyu, mírame —fue una petición que sonó más como una orden—. Por favor, mírame.

No esperó a que le obedeciera, en lugar de ello dio un paso al frente, poniendo un pie ya dentro de la vivienda y tomando al chico cabizbajo por la barbilla. Sus ojos conectaron sin remedio, los notó cristalinos y sorprendidos por su actuar.

—¿Qué te pasa?

—N-nada, Baji-san. Ya te lo dije —los dedos de Chifuyu se aferraron a los suyos con el objetivo de que lo soltara, pero no lo hizo.

—Entonces infórmaselo a tu cara, a tus ojos llorosos especialmente. Sabes que sea lo que sea, puedes contármelo. Patearé el trasero de quien se haya atrevido a dañarte o iré a la farmacia si se trata de alguna dolencia. Solo tienes que decírmelo.

A pesar de toda su retahíla de palabras, Baji no consiguió que Chifuyu se animara a contarle. El chico seguía sosteniéndole la mirada con gran determinación y los labios apretados.

—¿No? —probó por última vez—. Bien, como quieras —suspiró cansado. Insistir y no conseguir nada le frustraba muchísimo, pero tampoco podía forzarlo a hablar. Tal vez mañana las cosas serían diferentes—. Aun así, al menos déjame darte algo para que te distraigas.

Baji se inclinó para dejar un casto beso sobre sus labios, luego se alejó. Era mejor retirarse y darle su espacio.

—Hazlo de nuevo —Chifuyu lo sostuvo por la muñeca justo antes de que diera media vuelta. Baji arqueó una ceja, confundido ante su petición inesperada—. Baji-san, bésame una vez más.

—Oye, acabas de decir que…

—Sí, ya sé lo que dije. Solo ignora eso y haz lo que te pido, por favor.

Chifuyu se veía bastante seguro de lo que le pedía. Tenía un rasguño en la mejilla y el cabello alborotado de un costado.

—Empiezo a dudar de tus facultades mentales, pero está bien. Ya que insistes. —se encogió de hombros riendo levemente.

Besarse en la puerta del departamento, cerca de la medianoche, con la luna en lo alto del firmamento como única testigo, fue el preludio perfecto para lo que terminaría por desarrollarse una vez que se animaran a continuar a puerta cerrada.

Un beso llevó a otro, a involucrar la lengua y también las manos. En medio de su intento por llegar a la habitación, Baji empotró a Chifuyu en cada pared que se encontraba a su paso. Lo hacía sin llegar a ser bruto, procurando no lastimarlo, tan solo reducir todavía más la distancia entre sus cuerpos como si aquello fuera posible.

Ya estando sobre la cama que a estas alturas conocía de sobra, Baji le desabrochó los botones del uniforme de la ToMan para poder meter su mano y palpar su abdomen, la piel de Chifuyu quemaba como si estuviera ardiendo en fiebre. Entre más lo acariciaba, más quería probar de él. Dejó de devorarle la boca para poder desabotonar los pantalones de ambos, liberando aquello que pedía a gritos ser tocado. Estaban en igualdad de condiciones, ruborizados hasta las orejas, agitados y con ganas de liberarse.

Dubitativo, Baji acercó la mano hasta envolver el pene de Chifuyu entre sus dedos, intercalando la mirada entre este y sus ojos extasiados. Tenía una idea, una fantasía suya que se hacía realidad exclusivamente en sus sueños de adolescente hormonado, pero esto no era parte de ellos. Era el mundo real. Y él, un fiel creyente de que había que dar para recibir.

—¿Baji-san? —Chifuyu ladeó la cabeza sin entender qué era lo que estaba pasando por su cabeza. Tenía los labios hinchados y hacía un esfuerzo por regular su respiración.

A Baji le gustaba mucho verlo en ese estado.

—Voy a chupártela, Chifuyu. Si no quieres que lo haga, dímelo ahora.

—¿A-ahorita?

—Sí, ahorita. Ya.

En su mente, comenzó a contar los segundos que transcurrían hasta que respondiera o hiciera algún gesto que le indicara que no debía hacerlo, que no lo aprobaba. Sin embargo, todo lo que percibió fue el movimiento de las caderas de Chifuyu impulsándose hacia adelante.

Ante esto, Baji no perdió el tiempo. Se agachó frente a él y pasó su lengua por el glande humedecido de Chifuyu, probando el sabor de sus fluidos transparentes y ligeramente pegajosos. No sabía mal, lo cual lo ánimo a continuar, divertido por la cara enrojecida del otro y su expresión de admiración.

No le quitó los ojos de encima en ningún momento, era la vía perfecta para saber si lo estaba haciendo bien o si debía parar. En el proceso pudo conocer nuevas expresiones en el rostro del vicecapitán, podría armar una colección interesante con todas ellas y guardarlas para siempre entre sus recuerdos más memorables.

Chifuyu resoplaba entre dientes, tensaba las piernas y el sudor le recorría el pecho, la frente, las mejillas. Baji era torpe, estaba consciente de ello y de su falta de experiencia en ese campo, pero fue cuidadoso. La impulsividad podía reservarla para las peleas de la pandilla.

Cuando necesitó tomar aire, liberó el miembro de Chifuyu de su boca y le acarició sus muslos con la punta de sus dedos, deslizándolos más internamente, en dirección a lo desconocido.

Tener a Chifuyu así, ansioso, buscando de lo mismo que él, lograba encender sus deseos más primitivos. Las charlas sobre esperar al momento adecuado, que su madre tanto insistía en darle, quedaban de lado en cuanto Chifuyu emitía un suspiró o jadeo en reacción a sus caricias. Baji quería descubrir todo de él, como un niño desesperado desenvolviendo un regalo de cumpleaños..

No sabía mucho del proceso a seguir para tener sexo con otro hombre, pero al menos sí por dónde debía ocurrir todo. Y no era que no le bastara con lo que habían conseguido hacer hasta ahora, era algo más. Por fortuna o por desgracia, siempre frenaba. Siempre recobraba la cordura cuando reconocía el límite, cuando los ojos de Chifuyu se agrandaban y este tragaba saliva.

No. Baji no iría más allá si Chifuyu no estaba de acuerdo.

Así que retrocedía, le bajaba las revoluciones a su carro y se mordía los labios. Otro día, en otro tiempo. No repara en que estaba planeando demasiado a futuro con un chico con el que no había concretado nada.

—¿Estás bien? —le preguntó, incorporándose solo para volver a besarlo—. ¿Estás mejor ahora?

—Siempre estoy bien cuando estoy contigo, Baji-san.

La atmosfera cambió repentinamente, la excitación fue desplazada por un revoloteo en su estómago. La impresión de que aquello había sonado diferente, de que no fue en el tono usual de su amigo, provocó que Baji parpadeara un par de veces. Chifuyu carraspeó.

—M-mi madre… uh, no debe tardar ya. La tuya debe estar preocupada.

—Sí, sí. Ya me voy. Yo… —Baji miró en todas direcciones menos hacia Chifuyu, tenía el corazón acelerado—. Cualquier cosa me escribes y estaré aquí enseguida.

Salió toda prisa de la habitación de su amigo, acomodándose la ropa en el camino hasta la puerta principal.


Cuando llegó al sitio acordado para hablar tranquilamente con Kazutora, Baji se encontró con la sorpresa de que no estaba solo. Un par de individuos de aspecto sospechoso y, sobre todo, con el uniforme de una pandilla contraria, estaban platicando a gusto con él.

Detuvo su andar un momento, metió sus manos en sus bolsillos y arqueó una ceja. Sí, a uno de ellos no había manera de que no lo reconociera. Shuji Hanma no tenía precisamente buena fama dentro del mundo de los pandilleros. Si Kazutora se involucraba demasiado con él, nada bueno podría salir de ahí.

En cuanto los dos individuos se percataron de su presencia, Baji escuchó cómo se apresuraron a despedirse de su amigo del cascabel. ¿Por qué? Si él les estaba dando su espacio para que terminaran de conversar. No estaba entre sus planes interrumpir ni nada por el estilo.

Casi enseguida, Hanma y el otro tipo pasaron cerca de él saludándolo con un cabeceo al que no respondió.

—¿En enserio, Kazutora? —le habló en tono recriminatorio una vez que estuvo delante de él—. Yo sacando la cara por ti con Mikey y tú con gente de Valhalla. ¿Estás pendejo o qué?

Kazutora solo le sonrió sin dimensionar la gravedad de la situación.

—¿Qué hay, Baji? También me alegro de verte. ¿Dónde está Chifuyu?

Su amigo miró por encima de su hombro, buscando al rubio en cuestión detrás de él. Keisuke cerró los ojos por un segundo tratando de reunir fuerzas y paciencia para no acomodarle un zape. Chifuyu nada tenía qué ver en los asuntos que ellos debían tratar.

—No me cambies el tema, idiota. ¿Qué hacías con esos dos?

Kazutora se sentó en la orilla de la acera para conversar más cómodamente, aunque claro, sin dejar de sonreír.

—¿Recuerdas que me dijiste que sería buena idea que hiciera más amistades? —Baji frunció el ceño, pero asintió. Si de verdad se lo había dicho, ya no lo recordaba con exactitud—. Pues es justo lo que hago con ellos, ¿qué te parece?

No pudo contenerse más, la pregunta de su amigo fue la gota que derramó el vaso de su paciencia. Baji se vio en la obligación de darle un golpe con la suficiente fuerza como para asegurarse de que su cerebro se reiniciara. Tora se quejó, frotándose la zona adolorida.

—¡¿Qué me parece? ¿Cómo se te ocurre más bien, tarado?!

—No te pases de listo, Baji. ¿Quieres ponerme de malas justo ahora?

—¿Y qué harás al respecto, Tora? ¿Golpearme?

Baji se inclinó hasta quedar a su nivel, acercando su rostro peligrosamente. El concepto de espacio personal no existía entre ellos en aquel instante.

—No, te diría que voy a besarte, pero dijiste que ya no lo haríamos más y yo ya tengo mis ojos puestos en alguien más.

—No me digas, ¿y en quién? ¿Hanma o el raro de los anteojos? —una sonrisa burlona le extendió los labios. De estar en lo cierto, solo podía pensar en los malos gustos que tenía su amigo—. Pensé que te enfocarías en salir con las chicas de tu clase hasta que no quedara ni una. Es lo que habías dicho que harías, ¿no?

—Sé lo que dije, Baji, sé lo que dije. Pero también sé que es de sabios cambiar de opinión —Kazutora movió la cabeza ligeramente de un lado a otro. El cascabel de su pendiente fue lo único qué se escuchó por varios segundos.

—Suenas como un anciano.

Terminó sentándose a su lado para al fin poder comenzar la tan esperada charla. La tensión inicial se disipó por completo porque era normal que tuvieran confrontaciones entre ellos, al final siempre volvían a hablar y gastarse bromas pesadas como si nada hubiese pasado.

Keisuke le contó lo de Mikey y todo lo que este le había dicho la noche anterior. Kazutora lo escuchó con atención de principio a fin, tomándose el tema con la seriedad necesaria. Que los fundadores de ToMan se mantuvieran juntos como antaño, dependía de ello. De las decisiones que Kazutora tomara de ahí en más.

Todo iba bien, su amigo no se mostró renuente ni ante los requerimientos alimentarios de Mikey. De manera oficial, Mitsuya tenía ya un uniforme qué arreglar.

—Espero que lo del Taiyaki no vaya a ser diario, o Mikey me dejará en la ruina.

—No puedo prometerte nada. Nunca se sabe con el enano.

Un auto pasó frente a ellos y Baji no le quitó la mirada de encima hasta que giró en la esquina hacia la derecha, dejándole a Kazutora una buena visión de su cuello.

—¿Qué diablos tienes ahí?

—¿Eh? —devolvió la vista hacia su amigo, quien tenía la cabeza ladeada y le señalaba un punto cercano a su nuca. Sus ojos se abrieron por un instante al comprender de qué podría tratarse.

—Nada, nada. Me… saltó aceite caliente cuando ayudaba a mi mamá a freír ayer.

—¿Aceite?

—Ajá.

—¿Cuál dedo quieres que me chupe, Baji?

—No insinúes tonterías. Mejor termina de contarme sobre tu nueva conquista —desvió el tema a conveniencia, cubriendo disimuladamente la marca en su piel con ayuda de su cabello—. Por lo que más quieras dime que no es alguien de otra pandilla, como los tipos con los que estabas hace un rato.

—Ah, sobre eso… —Kazutora se masajeó en cuello y bajó la mirada hacia el suelo, como buscando las palabras correctas para expresarse—. ¿Sabes si Chifuyu está saliendo con alguien?

—¿Qué?


Notas:

Llegamos prácticamente a la mitad de la historia. A partir de aquí esto se va a descontrolar, así que abróchense los cinturones y no odien a ningún personaje, por fis. 🙌

¡Gracias por seguir aquí!