Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo 15
EPOV
—Emperador, venga por aquí, por favor —dijo el teniente Hawk—. Sus habitaciones se encuentran en la cubierta siete.
—No hay necesidad de esforzarse tanto —dije, siguiéndolo hacia las habitaciones que usualmente se asignaban a invitados especiales y dignatarios. Yo no era ninguna de esas cosas. Era un capitán de la Flotilla de la Galaxia cuya nave se encontraba muy dañada y necesitaba reparaciones de consideración.
No, no lo eres. ¿Recuerdas? Pediste permiso para darte de baja de la Flotilla de la Galaxia. Entras en la categoría de dignatario, Cullen. Eres el líder de los cygnarians mientras Bella no esté disponible. Acostúmbrate.
La conversación que tuve con mi padre donde le expliqué el razonamiento tras mi decisión no fue agradable. Él me recordó que yo tenía una obligación con mi tripulación y con la Federación. Yo le repetí con firmeza que mientras Bella estuviera capturada por los alphans y remans, yo era el emperador de Forx. No podía desempeñar ambos roles. Creaba un conflicto de intereses. Mis acciones como capitán de la Flotilla de la Galaxia y como emperador eran drásticamente diferentes. Me apegaría más a las reglas como capitán, pero necesitaba la habilidad de forzar las normas como el emperador.
Lo que sea para recuperar a mi pareja.
Una de esas reglas que necesitaba forzar eran mis sentimientos personales sobre el asesinato. Quería asesinar a Jakob y a los remans por secuestrar a mi pareja. Tenía que hacerlos pagar por sus transgresiones. No podía hacerlo como capitán de la Flotilla de la Galaxia. Probablemente tampoco podría hacerlo como emperador, pero tenía más flexibilidad con el segundo. Claro, quería mantener mi integridad, pero deseaba la libertad de hacer lo que necesitaba hacer para salvar a mi pareja y a mi nuevo hogar.
Porque ahora Forx era mi hogar.
No…
Forx no era mi hogar. Bella lo era. Y Bella vivía en Forx. Por lo tanto, Forx era mi hogar junto con Bella. Y la necesitaba. Necesitaba con desesperación a mi pareja. Estaba enfermo a causa de la preocupación, preocupado por lo que le estaba pasando a ella en este mismo momento. Sabía que estaba viva, pero sufría. Aunque no estaba seguro de si era mi dolor o su dolor el que sentía enterrado en mis huesos.
Unos momentos después el teniente Hawk se detuvo frente a un conjunto de habitaciones. Fruncí el ceño, estaba incómodo con mis acomodaciones. Mis lujosas acomodaciones.
—Teniente, no necesito ninguna consideración especial.
—No, señor. El capitán Picard dijo que debía quedarse en estas habitaciones ya que está a bordo como el emperador de Forx —respondió Hawk—. Además, queremos asegurar el confort de la emperatriz cuando la recuperemos.
—Suenas seguro de que la recuperaremos —murmuré. El teniente Hawk hizo un gesto hacia la puerta, sonriendo de forma rígida. Me subí la mochila sobre el hombro, presioné un botón y abrí la puerta.
—La información que el príncipe Charanel nos entregó sobre la nave reman y la estela que deja la radiación thalaron es invaluable. —Hawk exhaló—. Y la información que nos enviaron desde la nave ha sido la clave para planear este intento de rescate. Con ese conocimiento, tengo la esperanza de que tendremos éxito. Ahora, si necesita algo, no vacile en contactarme o al capitán Picard. Dejaremos la órbita y nos uniremos a la flotilla en unas dos horas. Tenemos que hacerle unas actualizaciones a la matriz de sensores antes de irnos. El capitán Data nos entregó estas mejoras para localizar de forma más fácil las estelas de radiación thalaron.
—Gracias, teniente —dije. Asintió, se doy media vuelta y me dejó en mis habitaciones. Me senté, me metí las manos entre el cabello y respiré profundamente unas cuantas veces. La ausencia de mi pareja me estaba pasando factura. Cada momento que pasaba separado de Bella me rompía el corazón. No podía comer, dormir y apenas podía reaccionar. Tenía que permanecer fuerte, pero estaba resultando ser una tarea difícil.
Una tarea muy difícil.
Sacudiendo la cabeza, me levanté y me puse mi uniforme nuevo. Mi uniforme de la Flotilla de la Galaxia estaría colgado en el armario hasta nuevo aviso. Ahora usaba un pantalón gris y una chaqueta azul marino propia del emperador. Con la separación de mi pareja usaba la cinta blanca de luto cruzada sobre mi cuerpo. Sobre la cabeza llevaba una corona simple, pero elegante. Seguía llevando mi comunicador, pero ya no era parte de la Flotilla de la Galaxia.
Al menos, no en un futuro próximo. Mi concentración estaba en encontrar a mi pareja.
Acomodándome en mis aposentos, inicié una transmisión hacia la superficie. La cara de Charanel llenó la pantalla. Sonrió, pero no le llegó a los ojos. Extrañaba a su hermana tanto como yo.
—¿Ya te fuiste, Edward? —preguntó.
—Todavía no, Charanel. Nos iremos en una hora más o menos. Quería saber cómo estabas.
—Estoy bien. Estaré más feliz cuando mi hermana esté de regreso. ¿Crees que la información que te di les pueda ayudar? —preguntó Charanel, mordiéndose el labio.
—La combinación de lo que sabes de cómo rastrear la nave reman y la información que Lianel envió a Forx sobre los dispositivos de camuflaje será de mucha ayuda —le aseguré.
—Tenía que hacer algo para compensar haber causado la muerte de todas esas personas —susurró, unas cuantas lágrimas caían por sus mejillas.
—Charanel, no era necesario. No fue tu culpa —lo tranquilicé—. Norex te manipuló. Se suponía que él debía amarte y cuidarte. Lo que hizo fue horrible y no deberías cargar con ninguna culpa. ¿Me entiendes?
—Sí —respondió de forma hosca, sin creer en realidad lo que dije. Había sido traicionado por su familia. Tardaría mucho tiempo antes de poder confiar en alguien más. Se acurrucó, enterrando la nariz en su peluche que pocas veces se separaba de él. Decidí cambiar la táctica y el tema.
—¿Cómo van tus estudios?
—Van muy bien. Data ha sido mi maestro desde que llegamos a la superficie. Sus lecciones son retadoras, no sabía que podía entender temas tan complejos: teoría cuántica, mecánica avanzada de dispositivo de saltos, literatura, teoremas científicos, es increíble. Hay muchas posibilidades nuevas —suspiré—. Ansío cada lección nueva y me deleito con cada reto nuevo.
—Puedo imaginarlo —dije. Charanel se mordió el labio, abrazando con fuerza su peluche de Flotter. Sabía que se sentía ansioso por su hermana—. Charanel, recuperaremos a Nirabelle. Te lo prometo.
—Te creo, Edward. Cuídate por favor, fei'rene —susurró Charanel, alzando la vista hacia mí con aspecto inocente como el de un niño—. No quiero perderte a ti también.
—No me perderás —respondí—. Sigue trabajando con Data, Jasper y Kunnan. Todos son muy buenos maestros, en especial Jasper. Él te enseñará a pelear. Rezo para que no necesitemos que lo hagas, pero preferiría ser precavido. Llámame en cualquier momento. Siempre te responderé.
—Gracias, fei'rene —respondió Charanel, sonriendo en grande—. Te quiero y quiero que regreses a mí y me traigas a mi hermana. —Charanel se apoyó la mano en el corazón antes de terminar la transmisión.
Repitiendo el gesto, apagué la pantalla de la computadora y me moví para sentarme en el sofá. Estaba leyendo el reporte que envió Data sobre las capacidades tácticas de las naves reman al estar camufladas. Según la información de Lianel, los escudos de las naves no estaban en funcionamiento mientras el camuflaje se activaba y eso nos daba una ventaja táctica. La información de Data mostraba los lugares más vulnerables para atacar, donde causar la mayor cantidad de daño sin destruir por completo la nave. Sin embargo, aunque las partículas thalaron nos daban un área general de dónde estaba la nave, no era algo exacto. Podríamos estar disparando a ciegas.
Era ahí donde entraba yo. Mi conexión con Bella podría funcionar como otra matriz sensorial. La usaríamos para ubicar la nave reman además de permitirles transportarme directamente a la ubicación de mi pareja.
—Picard a Cullen. —Sonó mi comunicador.
—Habla Cullen —respondí, tocando mi insignia.
—Planeamos salir de órbita —dijo el capitán Picard—. ¿Te gustaría acompañarme en el puente?
—Estaré ahí en un momento, capitán —respondí—. Gracias por avisarme.
—Entendido. Picard fuera.
Agarré la tablet con la información sobre la nave reman, los cálculos de Charanel sobre la estela de radiación thalaron y la investigación de mi madre sobre quién atacó primero: los alphans o los cygnarians. Salí de mis habitaciones con dirección al puente del Enterprise. Al llegar al puente, la tripulación se puso de pie como si fuera más importante de lo que me sentía. Sonrojándome, me senté junto al capitán Picard.
—¿Ya rastrearon la nave reman?
—Según los datos astrométricos, están viajando a máxima velocidad. Deberían llegar en unas ocho horas —respondió el capitán Picard—. Además, hay dos naves alphans afuera del sistema H'Nan. Los sensores de alto alcance las registraron junto con otras firmas de thalaron que no pertenecen a la nave reman que capturó a la emperatriz Nirabelle.
—¿Cuándo saldremos de órbita para unirnos a la flotilla? —pregunté.
—Nos iremos ya y llegaremos en unas cuantas horas. ¿Tuviste oportunidad de revisar las reparaciones del Volvo? —preguntó el capitán Picard.
Hice una mueca. Mi nave tenía una larga lista de daños. No estaría en condiciones de salir al espacio en aproximadamente unas tres semanas. Estaba orbitando Forx mientras mi tripulación trabajaba sin descanso para hacer las reparaciones necesarias, con excepción de Rosalie. Ella estaba a bordo conmigo en caso de que Bella necesitara atención médica. No era que no confiara en su oficial jefe de medicina, el doctor Julian Bashir, pero quería a alguien que conociera la historia de Bella por si necesitaba tratamiento médico.
—No puedo creer que no tuviéramos una vulneración en el núcleo de salto. El campo de contención apenas funcionaba y la reacción de materia-antimateria fluctuaba de forma peligrosa.
—Al menos se les dio buen uso a las piedras marchesian que se confiscaron de las cuentas privadas de Norex —resopló el capitán Picard.
—Me sorprendió que el Consejo de Ancianos y la Asamblea de Nobles aprobaran el comercio con la Federación —me reí de forma ansiosa—. Esas piedras debieron guardarse como evidencia contra Norex y Liannette. No debieron ser usadas para rellenar mi matriz de dilitio. No parece lo correcto.
—Tú eres el emperador. Pudiste haber dicho que no —el capitán Picard sonrió—, pero entiendo que te pusieron en una situación difícil. Querías actuar como capitán de la Flotilla de la Galaxia. Como capitán, te verías obligado a decir que no. Como el emperador, te verías forzado a decir que sí. Entiendo por qué pediste la baja de la Flotilla de la Galaxia. No podías hacer tu trabajo. Ninguno de los dos.
Miré a uno de mis mentores y héroes al crecer. Tenía razón, pero seguía sintiéndome en conflicto.
—Tú no viste la decepción en los ojos de tu padre, capitán —murmuré, recordando claramente el profundo ceño fruncido de mi papá.
—Edward, tu padre está muy orgulloso de ti. No estaba decepcionado. Sabía que iba a pasar, pero él no quería que tuvieras que elegir —susurró Picard, poniendo su mano en mi hombro—. Te has convertido en uno de los capitanes más condecorados en la historia de la Flotilla de la Galaxia. Y apenas teniendo treinta años, has recibido numerosas condecoraciones y premios. Hay cadetes en la academia que se unieron para trabajar contigo. Puede que ahora ya no tengan la oportunidad.
—No renuncié, Jean-Luc —dije, alzando una ceja—. Solo me tomaré un tiempo libre. ¿Quién sabe? Probablemente regrese. Quiero regresar. Puede que Forx sea mi hogar ahora, pero siempre querré viajar entre las estrellas. Ellas me llaman.
—Igual que nos llaman a todos, capitán. —Picard sonrió. Girándose hacia el frente del puente, ladró—: Teniente Hawk, prepárate por favor para salir de órbita y fija el curso hacia la flotilla cygnarian.
—Sí, señor —respondió Hawk—. ¿Factor de salto dos?
—Afirmativo —respondió Picard—. Arranquen. —La nave salió de órbita, alejándose del sistema planetario. Luego de alejarnos de Forx y Cygnaria Prime, los motores se encendieron, llevando la nave hacia la flotilla a velocidad luz. Después de determinar que el viaje transcurriría tranquilo, el capitán Picard se giró hacia mí—. ¿Gustas acompañarme a mi despacho, emperador? Podemos planear la estrategia de cómo se desarrollará esta misión de rescate.
Asentí, siguiéndolo hacia la espaciosa habitación junto al puente. Pasamos casi todo el viaje hacia la flotilla inmersos en discusiones sobre cómo íbamos a liberar a mi pareja. También sabía que los primos de Bella, Norelle y Lianel, estaban a bordo, pero su paradero era desconocido. Si tuviera que adivinar, diría que probablemente los mantenían en las celdas de la nave o alguna ubicación fuertemente protegida. La información que Lianel había estado enviando clandestinamente se detuvo de golpe dos días atrás y fue entonces cuando decidimos tomar acción.
Al llegar a las coordenadas de la flotilla, el capitán Picard y yo regresamos al puente. Su oficial táctico, la comandante T'Pel, una mujer tulurian, estaba escaneando en busca de estelas thalaron de las naves reman o partículas ómicron de las naves alphan. Con los escáneres de alto alcance del Enterprise pudimos confirmar que la nave donde estaba Bella viajaba a velocidad máxima, yendo en nuestra dirección general. No sabíamos si habían detectado nuestras naves en sus sensores. Al menos, íbamos a estar preparados para eso.
Durante el ataque cerca de M'ay'aki, no estaba consciente del poder táctico de las naves remans ni de sus vulnerabilidades. Es por eso que el Volvo resultó tan dañado. Con las lecturas de los sensores y al reproducir la pelea con los capitanes en el sistema cygnarian, encontramos agujeros y debilidades en sus defensas. Planeábamos aprovechar eso en nuestra ventaja además de la información táctica que Lianel nos había entregado.
Nos quedamos en la línea, esperando, conteniendo la respiración. Me sentía ansioso, desesperado por poner las manos en mi pareja. Un pitido bajo captó mi atención.
—Señor, tengo a la nave reman en los escáneres de alto rango —dijo la comandante T'Pel—. Debería estar llegando aquí en una hora.
—Regresaré a mis habitaciones para cambiarme. Contáctenme cuando esté dentro del rango de transportación —respondí cortante, asintiéndole al capitán Picard. Él me dedicó una sonrisa tranquilizadora. Dejé el puente y me puse ropa más cómoda. También iba a estar armado hasta los dientes. Mientras me acomodaba la insignia del comunicador en el pecho, Rose y el doctor Bashir me contactaron para que los acompañara en la unidad médica. Salí de mis habitaciones. Al llegar a la unidad médica me pusieron un implante neuronal en la base del cráneo. Sería usado para potenciar los sensores, permitiéndoles así disparar a la nave reman. También potenciaría mi conexión con Bella, dándome coordinadas precisas de su ubicación.
Estábamos trabajando en las pruebas finales para asegurar que funcionara adecuadamente cuando me contactó el capitán Picard.
—Emperador, ya estamos en rango de transportación. Favor de acudir a la sala de transportación número dos, y prepárate para ser enviado directamente a la ubicación de la emperatriz Nirabelle.
—Entendido —dije. Miré de frente a Rose—. Prepárate para cualquier cosa. Tienes que asegurarte de que ella esté bien.
—Lo haré, Edward. Lo prometo —susurró, agarrándome la mano.
Tensé la mandíbula y corrí a la sala de transportación. El implante neuronal estaba funcionando y todo se potenciaba, no solo mi conexión telepática con Nirabelle. Busqué fácilmente a través del espacio y encontré a mi pareja. Estaba en una habitación a oscuras, usaba un pedazo de tela negro transparente. Estaba cubierta de moretones, cortadas y laceraciones. También había una pequeña mujer reman con ella, hablándole. Toqué mi comunicador.
—Cullen a Picard. ¿Tienes las coordenadas de la nave?
—Tenemos las coordenadas del lugar a donde necesitamos enviarte —respondió Picard—. ¿Dónde sugieres que disparemos?
—Apunta a doce grados hacia estribor —dije—. Según lo que me envió Lianel, es ahí donde se encuentran ubicados los generadores de escudo. Al tirar esos se deshabilita su camuflaje y su escudo defensivo.
—Comandante T'Pel, ubica las coordenadas y dispara —gritó Picard en su comunicador—. Han dejado la velocidad de salto. ¿Estás listo para ser enviado?
Concentré mi mente en la de Bella. Estaba exhausta, me hacía sentir aletargado.
Bella, ¿puedes escucharme?, pregunté, intentando mantener la ansiedad fuera de mi voz mental. Fallé miserablemente.
Estoy aquí, respondió con voz cansada y ronca. ¿Dónde estás?
En la sala de transportación del Enterprise. Están usando mi cerebro como rastreador para intentar determinar tu ubicación. ¡Espera! Tenemos el lugar. ¡Aguanta!
—Teniente, ¿tiene la ubicación fijada? —pregunté otra vez, suplicándole a la jefa de transportación.
—Sí, señor —ladró.
—Energizar —espeté, ajustándome el rifle láser. Desapareció la plataforma de transportación y me encontré en la habitación heladísima, oscura, húmeda y maloliente donde estaba encerrada mi pareja. Mi pareja estaba en una cama grande. Estaba temblando y le caían lágrimas por sus mejillas amoratadas. Corrí hacia ella, queriendo aplastar su cuerpo contra el mío—. Bella —suspiré, mis manos se mantuvieron sobre su cuerpo maltratado. La cargué con ternura en mis brazos y se detuvo cada pizca de la agonía por nuestra separación. Me he vuelto loco sin ti. No respondió, solo me abrazaba débilmente.
—Emperador —se escuchó una profunda voz femenina—. Tienen que irse. Llévala contigo y váyanse. Las alarmas están sonando. —Moví la mirada hacia la mujer reman. Bella explicó que N'essie era una esclava y quería que le dieran asilo en la Federación. La habían torturado como a mi pareja y demostró que era leal a ella. Acepté a regañadientes, transportándonos a los tres de regreso al Enterprise, directo a la unidad médica. N'essie pidió asilo y el doctor Bashir fue por Rosalie. Ayudé a Bella a ponerse una bata de hospital, tapándola con cuidado. Mi corazón se rompió por todo el daño que parecía tener. Rose regresó, obviamente estaba enojada ya que yo no quería dejar a mi pareja. Incluso mientras le realizaba cirugía en la pierna, me negué a alejarme de ella. En mi mente, no confiaba en Rose ni en nadie más. Tenía que asegurarme de que estuviera bien.
No supe cuánto tiempo estuvimos en la unidad médica, pero Rose terminó con sus tratamientos. Nos informó que estábamos en órbita en Forx. Cargué a mi pareja y la llevé a nuestras habitaciones a bordo del Enterprise. Una vez dentro del enorme baño, llené la tina y desnudé a Bella, depositándola dentro del agua caliente con burbujas. Se derritió sobre mí, su pequeño cuerpo estaba agotadísimo. La abracé cerca de mí, acariciando su suave piel. Estaba casi dormida cuando el agua se enfrió hasta resultar incómoda. Recordé lo fría que estaba la habitación, no quería que se enfermara. La cargué con gentileza y le puse una pijama suave y calentita. La deposité sobre la cama, me puse un pijama y me acurruqué con ella.
—Estas habitaciones son mucho más grandes que las que tenías en el Volvo. ¿Por qué? —murmuró, de forma casi incoherente.
—Porque pedí un permiso para darme de baja temporalmente de la Flotilla de la Galaxia. Estas habitaciones son para visitas de dignatarios. Ya no soy un capitán. Estoy actuando meramente como emperador de Forx —respondí—. No puedo actuar como capitán de la Flotilla de la Galaxia y emperador. Mi prioridad eres y siempre serás tú. Te amo y me mató ver que te llevaban. —La abracé con más fuerza, besando suavemente sus labios. Sentí que nos rodeaba una manta de calidez y seguridad. Suspiré, mi cuerpo se relajó por primera vez desde su secuestro—. Ahora duerme. Estás a salvo y haremos lo que sea necesario para mantenerte así.
No respondió, tarareó en voz baja y se acurrucó más en mis brazos. Le aparté el cabello de su pálida piel y besé su frente antes de que mis propios ojos se cerraran con pesadez. Te amo, susurré mentalmente antes de deslizarme en la inconsciencia.
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Permanecimos a bordo del Enterprise por tres días más antes de ser transportados a la superficie. Bella tenía una escayola removible en la pierna donde le habían practicado la cirugía de injerto óseo. También debía usar un bastón para darle soporte extra. El cuerpo de Bella había estado cubierto de numerosos moretones, cortadas y heridas. Con la ayuda de Rose, ya todo eso había desaparecido, con excepción de las heridas profundas en sus muñecas. Esas requerirían de varios tratamientos más con el regenerador dermal antes de desaparecer por completo de su cuerpo.
Las cicatrices mentales eran significativamente más problemáticas. Después de esa primera noche, Bella insistió en que estaba bien, pero en cuanto se dormía no dejaba de agitarse con sus horribles pesadillas. No las recordaba al despertar. Sin embargo, cuando sufría de esas berannes, yo podía sentir su terror absoluto. Sentía mi corazón repiquetear contra mis costillas. La terapeuta a bordo, la teniente comandante Ezri Dax, que además era la esposa del doctor Bashir, intentó hablar con Bella sobre el calvario que había vivido, pero ella no quería abrirse respecto al tema.
Mantenía la boca cerrada con firmeza y su miedo se extendía por su cuerpo como un cáncer.
—Estoy ansiosa por regresar al palacio imperial —dijo Bella, iba vestida con un sencillo vestido azul cielo y leggins grises—. Extraño a mi hermano y mi cama.
—Sé que Charanel también te extraña —dije, abotonándome la chaqueta—. Y tal vez dormir en nuestra cama aliviará tus pesadillas.
—Estoy bien, Edward —siseó, mirándome enojada. Se pellizcó la nariz, una costumbre que había adoptado de mí—. Lo siento. No pretendía contestarte así. Es que…
—Lo sé, Fíorghrá —susurré. La miré con tristeza, me preocupaba su dolor—. Bella, tienes que hablar con alguien sobre lo que te pasó. A pesar de tu terquedad al insistir que estás bien, no lo estás. Apenas duermes y puedo sentir tu enojo.
—Estoy enojada —bramó, dejándose caer en la cama—. Los remans y alphans han formado una especie de alianza, atrayendo también a los talaxians y ferengi. Mi tía está dispuesta a vendernos a esta Alianza y quiere asumir el liderazgo. Ella quiere ser la emperatriz. Me niego a darle el control. Tienen que pagar por su traición.
—Y pagarán —prometí, me recosté junto a ella y la jalé a mis brazos—. Ahora hay que pasar un poco de tiempo sanando como pareja, y conociendo a tu nuevo y mejorado hermano. —Se giró hacia mí, su cara se suavizó y sonrió dulcemente. Me miró parpadeando, sus ojos se llenaron de emoción, felicidad y un amor infinito por Charanel. Le acomodé el cabello en su intrincado peinado. Suspiro, apoyándose en mi mano—. ¿Quieres que te cargue o quieres caminar, Fíorghrá?
—Quiero caminar —respondió, parándose lentamente. Agarró el bastón de madera tallada que Rose había replicado para ella y apoyó en él la mayor parte de su peso. Cojeó lentamente hacia mí y me rodeó la cintura con su brazo. Le besé la frente y me eché la maleta al hombro. Caminamos hacia la sala de transportación. El capitán Picard ya nos estaba esperando. Bella se irguió en toda su altura, caminando lo más grácilmente que podía para hablar con él—. Gracias, capitán, por encontrarme y darle protección a N'essie de sus captores reman. ¿Qué sucedió con la nave reman?
—Terminó muy dañada. Regresaron con dificultad al territorio alphan con el resto de su grupo —respondió el capitán Picard—. Tuvieron muchas bajas.
—¿Quién? —preguntó Bella.
—No lo sabemos con certeza —respondió.
Esperaba que Jakob, Liannette y Vruk hubieran sido destruidos en el ataque, pensó Bella para mí. Una ráfaga de enojo extremo cruzó nuestra conexión, seguida de una tristeza por sus primos. ¿Cuándo terminará esto?
—Terminará pronto, Fíorghrá. Te lo prometo. Esta Alianza no seguirá creciendo —juré, acercándome a su lado—. Capitán, apreciamos de verdad tu asistencia en la misión de rescate. —El capitán Picard me dio un apretón de manos. Besó galante la mano de Bella antes de subirnos a la plataforma de transportación—. Transpórtenos a la sala del trono, por favor.
—Entendido, emperador —dijo el jefe de transportación—. Energizar. —Bella entrelazó sus dedos con los míos y el cosquilleo de la transportación emanó en nuestros vientres. Llegamos a la sala del trono; estábamos de pie ante Maralice, Jasper, el Consejo de Ancianos y Charanel. Bella se tensó cuando vio a los miembros del consejo.
¿Qué sucede?, pregunté.
Uno de los miembros del consejo está a cargo del golpe de estado. Esa persona aprobó las acciones traicioneras de Norex y Liannette. Quiere que nos unamos a la Alianza. ¡Uno de esos Q'nanis me vendió al príncipe heredero Jakob!, respondió Bella. Su cara se mantenía imperturbable, pero sus pensamientos eran un tumulto.
—Emperatriz. —El consejero Marcusi sonrió, acercándose a nosotros—. Nos hace muy felices que estés de regreso.
—Gracias —respondió con un asentimiento—. Es bueno estar de regreso en casa. Sin embargo, estoy exhausta y quiero pasar tiempo con mi familia. Discutiremos mañana nuestros planes para la Alianza y la investigación que descubrió el capitán Cullen. —Agarró su bastón, mirando mal al resto de los miembros del consejo.
Cálmate, Bella, ordené. No queremos que sepan que sospechamos de uno de ellos.
Lo sé, respondió con voz cansada. El enojo se disipó de su cara. El dolor estaba grabado en su piel y sus ojos se nublaron con fatiga.
—Si no les molesta, necesito descansar.
—Tómate todo el tiempo que necesites, emperatriz —asintió el consejero Marcusi. Señaló hacia la cámara del consejo y los tres se fueron.
Charanel parecía estar vibrando dentro de sí. Bella lo miró, las lágrimas desbordaban de sus ojos azules. Él se veía igual, pero sus ojos estaban brillantes e inquisitivos. Tomé la mano de Bella, la posé en mi brazo y la ayudé a llegar hasta Charanel. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, él sonrió en grande, rodeando a su hermana con sus brazos. Sonreí suavemente y retrocedí un paso para permitirles esta reunión.
—Él se puso muy feliz al saber que la habían recuperado —susurró Maralice—. Quería transportarse al Enterprise en cuanto supo que la habían sacado de ahí, pero lo necesitaban en la superficie para analizar los datos más recientes sobre la nave reman. Charanel descubrió la estela de radiación thalaron. Ahora está trabajando en una forma de contrarrestar el envenenamiento por radiación thalaron y detener sus propiedades destructivas. —Se giró y me sonrió—. ¿Por qué no van los tres a la suite de Bella? Disfruten de este tiempo para reforzar sus lazos como familia. Mañana tendremos mucho que discutir sobre la Alianza. Yo los mantendré a raya.
—Gracias, Maralice —dije, palmeándole la espalda. Los llevé a nuestra suite y cerré la puerta. Charanel y Nirabelle estaban envueltos en un fuerte abrazo. Asintiendo ligeramente, los dejé para que se reencontraran. Me metí en nuestra habitación y decidí ponerme a trabajar en interpretar los datos sobre el ataque a las naves reman. También quería determinar quién estaba tras el golpe de estado. Norex, Liannette y el resto de los nobles eran marionetas. Un miembro del consejo era el catalizador.
Pero ¿quién? ¿Quién había traicionado a su gente?
—¿Edward? —me llamó Charanel. Estaba sosteniendo a una Bella dormida—. Se quedó dormida a medio hablar. Dijo que no ha estado durmiendo bien. Berannes. —Señalé la cama y aparté las cobijas. Él la depositó sobre las sábanas, acariciándole la mejilla—. No estoy enlazado telepáticamente a ella, pero sé que se siente muy preocupada.
—Lo sé, pero no quiere hablar con nadie —suspiré, mirando a mi pareja durmiendo. Me agaché para quitarle la escayola y puse su pie hinchado sobre una pila de cojines.
—Se puso igual cuando nuestro padre murió. Encerró sus sentimientos durante meses. Cuando al fin explotó no fue algo lindo. —Charanel hizo una mueca—. Intentó lastimarse.
—¿A qué te refieres? —pregunté, entornando la mirada hacia mi cuñado.
—Tuvo una sobredosis de medicamentos. No fue una dosis letal, pero sí fue lo suficiente para causar preocupación. Maralice la encontró. —Charanel frunció el ceño—. Fue entonces cuando decidió hablar con Tal, la psicóloga y esposa de Kunnan.
—¿Crees que Tal esté dispuesta a hablar con ella otra vez?
—Al principio se mostró reticente, pero cuando empezó sus sesiones con Tal noté la diferencia. Incluso con mi déficit reconocí el cambio —murmuró Charanel. Se agachó para besar la mejilla de Bella. Alisándose la túnica, me dedicó una sonrisa preocupada—. Iré a mi lección con el capitán Data. Llámame si despierta. Quiero hablar un poco más con ella. —Miró una vez más a su hermana antes de salir a prisa de nuestra suite.
¿Qué sucedió?
Lo que más me preocupaba era el hecho de que Bella había tomado esos medicamentos, una sobredosis porque estaba mal por la muerte de su padre. ¿Por qué no sabía esto? Fruncí el ceño, me metí a la cama y me acurruqué con ella. Suspiró, apoyando la cabeza en mi pecho. Simplemente la abracé, pasé mi mano por sus rizos y le di el confort que tan desesperadamente deseaba.
Cuando ya llevaba una hora en su siesta, Bella empezó a gimotear. Empezó a balbucear en cygnarian. Entendía la mayoría de lo que decía. Sus murmullos más claros eran los nombres de las personas que la habían maltratado. Con un grito, se sentó y se empezó a jalar el vestido.
—¡NO ME TOQUES! ¡NO SOY TUYA!
—Bella —dije, tomándola en mis brazos. Se resistió, pegándome en el pecho y sollozando histéricamente. Escúchame, Bella. Estás a salvo. Nadie te lastimará. Cálmate, por favor, Fíorghrá. La tomé en mis brazos, abrazándola con fuerza. Eventualmente dejó de removerse y colapsó en mis brazos. Su mente estaba recordando una brutal sesión de tortura. Al comprender dónde estaba, Bella abrió los ojos y se estremeció—. ¿Estás conmigo?
—Estoy b… —empezó a decir, pero se detuvo rápidamente cuando vio la mirada severa en mi rostro—. Bien, no estoy bien.
—No lo estás —susurré—. Puedo sentir cada pizca de tu dolor, Nirabelle. No me dejes fuera. No alejes a tus amigos, a tu familia.
Sabes, susurró mentalmente, las lágrimas rebosaban sus ojos azul hielo, fue un lapsus momentáneo, Edward. Me encontraba en un lugar muy sombrío. Sentía que tiraban de mí en diferentes direcciones luego de la muerte de mi padre, tenía que asumir el liderazgo de Forx y lidiar con Norex. Solo quería detener el dolor.
—¿Lo ibas a hacer tomando píldoras? —pregunté.
—No sabía qué más hacer —dijo ahogada, unas cuantas lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas—. Tal me ayudó, pero decidieron que estaba loca y no era competente para lidiar con las responsabilidades de liderar a mi gente. Fue entonces cuando Norex inició con sus quejas sobre mí.
—Bella, tienes que cuidarte. Algunas de tus heridas son externas, como el injerto óseo y las cicatrices. El resto son internas, y sin importar la falta de cicatrices físicas, tienen que ser tratadas con la misma importancia que las heridas físicas —la calmé—. Habla con Tal, por favor.
—No sé. Todo está muy reciente. —Bella frunció el ceño.
—Bella, tú me obligaste a lidiar con la pérdida de Victoria. Fue tu amor y tu paciencia lo que me trajeron de regreso. Ahora es mi turno. Sé que no soy capaz de darte la ayuda que necesitas, pero hay alguien aquí que sí puede hacerlo: Tal —murmuré, tomando sus manos en las mías.
—¿Me acompañarás? —preguntó, su voz tembló un poco.
—A cada paso del camino —juré.
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Pasamos el resto de la tarde en nuestra suite. Charanel se quedó con nosotros, nos platicó a ambos sobre su lección y su emoción por aprender cosas nuevas y emocionantes. Bella estaba feliz por su hermano, pero se portó distante y cansada. Eventualmente se quedó dormida en brazos de Charanel y permaneció ahí toda la noche, sin tener pesadillas. Agradecía que ella hubiera pasado una buena noche de descanso con su hermano. Lo necesitaba desesperadamente.
Temprano al día siguiente, Tal y Kunnan vinieron para analizar a Bella. Los dejé atendiendo a mi pareja mientras yo acudía a las lecciones de Charanel con Jasper y Data. Jasper entrenaba con él, enseñándole tácticas letales de pelea. Después de la sesión de entrenamiento, Data y yo trabajamos con Charanel para interpretar estudios astrométricos, teoría de salto avanzada y lecciones en diplomacia.
Igual que su hermana, Charanel tenía un talento innato para ser un líder. Tenía una confianza silenciosa y era justo en cada escenario que se le presentaba. Lo único en lo que vacilaba era en ofender a alguien. Si se trataba de una disputa por un territorio o algo donde hubiera un conflicto, siempre intentaba complacer a ambas partes. Desafortunadamente, en la diplomacia casi siempre alguien tenía que perder o ceder en algo. Me miraba en busca de consejos ya que yo era su instructor en esas actividades y me escuchaba con atención cuando explicaba por qué haría lo que hacía.
Estábamos terminando para comer ya tarde cuando Kunnan acompañó a Bella hacia el gran salón. Su piel pálida estaba teñida de rosa y tenía los ojos hinchados, pero las emociones alzándose debajo de eso estaban tranquilas. ¿Estás bien, Bella?, pregunté.
No en este momento, pero lo estaré, respondió, sonriéndome de forma cálida y amorosa.
—Charanel, Kunnan te llevará a comer con Maralice. Necesito que el comandante Whitlock y el capitán Data nos acompañen al emperador y a mí a la sala de conferencias. Tenemos mucho que discutir sobre los remans y la Alianza.
—¿Ya comiste? —pregunté.
—No tengo mucha hambre —respondió, apretando su bastón. Tengo el estómago revuelto por la medicina para el dolor y esta fue una mañana difícil. Terminemos esta reunión y luego comeremos en la privacidad de nuestra propia suite. Siento que me vigilan como a un ginuck.
¿Qué es eso?, pregunté, alzando una ceja.
Un roedor enorme con alas con plumas. Se alimentan de cadáveres, respondió, arrugando la nariz. En su mente apareció un murciélago del tamaño de un buitre o águila.
—Charanel, ¿estarás bien?
—Quiero participar en esas discusiones, Nirabelle —argumentó Charanel, frunciendo el ceño—. Quiero saber qué es lo que está pasando. Ya no tengo la mente de un niño. Quiero ayudar.
—Creo que Charanel tiene razón —dijo Jasper, apoyando una mano en el hombro de Charanel—. Fue su configuración sensorial única lo que nos permitió rastrear las emisiones thalaron de las naves reman. Puedes darnos una visión diferente, Charanel.
—Gracias, Jasper —murmuró Charanel, sonriéndole con timidez a mi primer oficial.
—Bien —dije—. Kunnan, gracias por acompañar a Bella aquí. Si requerimos algo adicional, te contactaremos.
—Por supuesto, emperador —respondió Kunnan, asintiendo. Se dio media vuelta y salió del salón.
Me acerqué para pararme junto a mi pareja, entrelazando su brazo con el mío. Se recargó pesadamente en mí, apoyando su mejilla en mi bíceps. Todos recorrimos el laberinto que era el palacio imperial hacia la sala de conferencias que estaba junto a mi oficina. El Consejo de Ancianos ya se encontraba ahí junto con el representante de la Asamblea de Nobles. Mi padre, madre y hermana estaban sentados junto a los capitanes Picard y Riker. Maralice y D'Metri estaban parados a cada lado de las sillas ornamentadas a la cabeza de la mesa. Ayudé a Bella a sentarse, besándole la sien. ¿Te duele algo?
Estoy bien. Por ahora, respondió, sonriéndome con sarcasmo.
—Gracias a todos por sus esfuerzos combinados para regresarme a mi gente. Estoy en deuda con la Federación y estaré eternamente agradecida —dijo con majestuosidad.
—A todos nos alegra que haya habido un resultado positivo, emperatriz —respondió papá—. Te agradecemos por las piedras marchesian que se necesitaron para reponer el dilitio en el U.S.S Volvo.
—Por lo que me dijeron, no se estaban usando, y mi pareja, el emperador Edward, tomó la decisión —respondió Bella, estirando el brazo para darme un apretón en la mano—. Estamos dispuesto a proveer lo que sea que requiera la Federación.
—Gracias. —Papá sonrió, asintiendo con solemnidad—. Ahora, mi esposa e hija tienen información sobre los inicios de esta guerra. ¿Esme?
Mi mamá sonrió, se puso de pie y encendió la pantalla.
—Con la ayuda de Ang'ele, pudimos descifrar una gran cantidad de pergaminos antiguos y textos de los inicios de su historia. Había muchos hechos inexactos, pero pudimos construir una línea de tiempo de los eventos que llevaron al primer ataque en Forx. Sin embargo, los alienígenas que dieron el primer paso en este planeta no fueron los alphans. Fueron los remans.
—¿Estás segura? —preguntó Bella.
—Encontramos este dibujo en un álbum que fue abandonado hace mucho tiempo en lo profundo de los Archivos Nacionales —dijo mamá, mostrando un dibujo burdo de un reman. Las similitudes a los alphans quedaban claras, pero era un reman. La falta de cabello y el amarillo en sus ojos indicaban las enormes diferencias. La mala percepción que se tenía de los alienígenas que atacaron primero se debía a la prolongada guerra.
Mi madre siguió, señalando una gráfica intrincada que se proyectaba en la pantalla.
»Y encaja con la línea temporal. Los remans dominaron las capacidades de salto casi al mismo tiempo que los turulians y se fueron en busca del mineral para darle poder a sus motores. Esto se correlaciona con la datación por carbono de los pergaminos, aproximadamente hace mil años. Encontraron ese mineral en abundancia en Cygnaria Prime y en Forx. Es por eso que empezaron a transportarse a la superficie del planeta. No obstante, los cygnarians se defendieron y presumiblemente los remans dejaron de venir. Asumiría que querían encontrar el mineral más cerca de su hogar en una ubicación que no fuera inhospitable.
—Es ahí donde entran los alphans —intervino Elizabeth—. Según su historia, los remans encontraron su planeta por casualidad. Usando sus escáneres de alto alcance, encontraron pruebas de que el mineral necesario para recargar sus motores estaba en Lapus. Era una cantidad pequeña, pero lo suficiente para empezar su manipulación de los alphans. Los alphans apenas empezaban a viajar por el espacio, pero no habían podido moverse más rápido que la velocidad de la luz. Los remans ayudaron a los alphans a afinar sus naves y pronto pudieron viajar largas distancias, pero su forma de hacerlo era más tosca que el método reman. No podían viajar igual de rápido y la reacción de materia y antimateria resultaba tóxica. Muchos alphans murieron al comienzo de sus misiones espaciales de largo plazo. Desde entonces las cosas no han mejorado.
—La fuente de energía de sus naves ahora corre en todo el planeta y es por eso que está muriendo. Sin mencionar que todos los recursos naturales ya casi se han extinguido. —Mamá frunció el ceño—. Los remans ayudaron a los alphans en su caída y los alphans están demasiado ciegos para verlo.
—Sea como sea, no son inocentes como dicen —espetó Bella, mirando enojada a mi mamá, y sus manchas brillaron de un profundo rojo—. Puede que los remans hayan atacado primero, pero los alphans siguieron esta lucha durante siglos.
—Eso es verdad. Les lavaron el cerebro para hacerles creer que ustedes eran el enemigo, evitando así que consiguieran lo que necesitaban para terminar su flotilla —dijo Elizabeth, abriendo un archivo alphans—. Los remans han estado manipulando a los alphans desde la primera vez que pisaron Lapus. Sin embargo, según nuestra investigación, ellos retrocedieron hace unos doscientos años. No está claro por qué lo hicieron, pero esta reciente reaparición de los remans indica que están desesperados por este mineral para la reacción thalaron de sus núcleos de salto. Y eso se encuentra aquí y en Cygnaria Prime.
—¿Qué hay de la Alianza? —preguntó Bella, frunciendo el ceño—. ¿Han comprobado su existencia?
—Así es —respondió papá—. Está muy mal organizada y se basa en gobiernos que fueron derrocados, similar a lo que Norex y Liannette intentaron hacer. —Tocó su tablet, enviando la información a la pantalla—. Los remans y los alphans son los más fuertes de sus miembros. Aunque los alphans se encuentran de camino a su extinción en base a lo que leí de los reportes médicos de Rose y Julian.
Edward, tenemos que seguir esta conversación sin el Consejo de Ancianos, pensó Bella para mí. No estoy segura de que sepan que estamos conscientes de su participación.
Estoy de acuerdo, asentí. Finge que no te sientes bien y terminaré la reunión; le pediré al personal de la Federación que se encuentre con nosotros en la sala de conferencias del Volvo.
Y también al senador J'ran, dijo Bella, parpadeando al ver al representante de la Asamblea de Nobles. Es de confianza. Era un amigo cercano de mi padre. Norex lo destituyó de su cargo cuando yo asumí el liderazgo, proclamó que él tenía el derecho de estar en la Asamblea y no J'ran. No sé por qué, pero agradezco poder verlo. Se mordió el labio, recargándose pesadamente en mí.
—Edward… no me siento bien.
Le acaricié la mejilla y me sorprendí al sentir su piel sudorosa y muy caliente.
—Lamento terminar esto de repente, pero creo que tengo que llevar a Nirabelle de regreso a nuestra suite para que descanse. Esto es lo más que se ha esforzado desde que la dieron de alta de la unidad médica.
—Por supuesto —dijo mamá, mirando con preocupación a mi pareja.
Ayudé a Bella a ponerse de pie y salimos de la sala de conferencias. Una vez estuvimos a salvo en nuestra suite, le envié rápidamente un comunicado a personal de la Federación y al senador J'ran para reunirnos en el Volvo a las mil setecientas horas. Les pedí que fueran discretos al irse. Teníamos unas cuantas horas antes de nuestra reunión con mis compañeros de trabajo y mi familia.
—Edward —murmuró Bella, acurrucándose en mi pecho—. Todo esto es demasiado.
—Lo sé, Fíorghrá —susurré, rodeándole el cuerpo con mis brazos—. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Haz que todo desaparezca. Solo por un momento —suplicó, mirándome con ojos de venado sexys, pero inocentes—. Sé que no es el momento ideal, pero necesito sentirte. Jakob me decía a diario cómo es que él iba a… —Hazme tuya. Recuérdame nuestro amor. ¿Por favor?
—Siempre, Bella —dije, cargándola en mis brazos. De inmediato buscó mis labios, besándome profundamente mientras la cargaba hacia nuestra habitación—. Computadora, cierra la puerta por favor e informales a todos que no se nos debe molestar hasta después de nuestra reunión a bordo del Volvo. —La computadora sonó en volumen bajo a modo de aceptación.
La deposité con cuidado sobre la cama. Se movió para ponerse de rodillas, sus dedos se enredaron en mi cabello. Me miraba, sus ojos se clavaron en los míos. Ayúdame a recordar la sensación de calidez, de amor, seguridad, protección…
—Hasta mi último aliento, Bella —juré, tomando su cara en mis manos. Tracé con gentileza sus delicadas facciones. Gimió, cerró los ojos con un revoloteo y se inclinó hacia mi tacto. Apenas le acariciaba la piel. Sus manos se movieron de mi cabello, tomó mi chaqueta y desabrochó la lana ligera. Me empujó la chaqueta sobre los hombros y esta cayó de mi cuerpo. Agarré la orilla de su vestido, levantándolo de su menudo y delgado cuerpo. Bella entrelazó sus dedos detrás de mi cuello y me jaló hacia el colchón. Caí de frente, encerrándola. Mis labios encontraron ese lugar suave y dulce detrás de su oreja. Gimoteó, rodeándome la cintura con las piernas.
Tócame, por favor, Edward, rogó, deslizando sus dedos sobre mi mandíbula. Besé sus labios con dulzura, mis manos se movieron sobre su torso desnudo, deleitándose con la suavidad de su pálida piel. Sus manchas ardían, llamando a mis manos. Me lamí los labios, trazando cada mancha. Bella gimió, arqueando la espalda para acercarse a mí. Me recosté a su lado. Mi mano acariciaba cada centímetro de su piel.
—Edward… —jadeó, mirándome con pasión. Más.
Besé sus labios, probando su dulzura. Mis dedos llegaron a la cintura de sus leggins. Se los quité con gentileza del cuerpo. Quedó desnuda ante mí, mojada y deseosa.
—¿Qué quieres de mí, Fíorghrá?
—Hazme el amor —susurró—. Quiero sentirte en todas partes.
—Lo haré, Bella —dije, inclinándome para dejar un beso en sus labios suaves y dóciles. Bajé mi boca por su cuerpo. Usando la lengua, saboreé cada centímetro de su piel. Sus dedos se enterraron en mi cabello, jalando los mechones con fuerza. Mis dedos encontraron la humedad entre sus piernas. Masajeé sus pliegues húmedos, sorprendiéndome ante lo mojada que estaba. Sí que me necesitaba. Nos necesitaba. Sus deditos se movieron de mi cabello a mi cara. Sus ojos me rogaban, anhelaban por nosotros. Me quité rápidamente el pantalón y me lo bajé por las piernas. Su mano me rodeó la dureza, acariciándome de forma gentil y lenta.
—Edward, por favor —gimió, besándome los labios. Me moví entre sus piernas, alineando mi erección con su sexo necesitado. Alcé la vista a sus resplandecientes ojos azules—. Ámame, ti'ane. —Entré en ella, sintiendo nuestra conexión rodearnos. Sentí la calidez de nuestro amor acercarnos más y más. La mente de Bella estaba al fin en paz desde que la saqué de esa habitación maloliente y helada. Empecé a embestir dentro de ella. Bella me miraba a los ojos, el amor brillaba a través de sus resplandecientes y eléctricos iris azules—. Más cerca. Te necesito más cerca, Edward.
La besé profundamente, tomándola en mis brazos. Me senté y la sostuve contra mi pecho. Seguí bombeando dentro de ella mientras se alzaba en el hueco entre mis piernas. Gimoteó, enterrando la nariz en mi cuello. Sabía que ella estaba viendo el sitio donde estábamos unidos, viendo que éramos uno. No me iré a ninguna parte, Fíorghrá. Haré todo para mantenerte a salvo y proteger Forx. Mírame. Me miró parpadeando, notando que no estaba mintiendo. Sus manchas resplandecían del blanco más hermoso, iluminando la habitación con la evidencia de nuestra fuerte conexión. Cada centímetro de mi piel estaba en llamas, estaba siendo lamida con la sensación más exquisita que había sentido en mi vida. A través de nuestro enlace telepático sabía que Bella estaba sintiendo lo mismo, pero en una escala mucho más grande.
—¡Edward! —gritó, echó la cabeza atrás cuando su cuerpo tembló con un orgasmo exhaustivo. Con cada latido de su corazón, su orgasmo palpitaba a través de ella, provocando que el mío explotara de una forma casi salvaje. Mi propia piel se iluminó y se aferró a ella, sosteniéndola contra mi cuerpo mientras nuestros corazones latían como uno mismo. Permanecimos conectados tanto como pudimos. Bella se quedó en mis brazos con sus músculos aferrándose a mi erección que ya se suavizaba y seguía dentro de ella. Le acaricié el cabello, repitiéndole mentalmente que la amaba, que haría todo por protegerla, amarla y adorarla. Ella se apartó, me miró a los ojos y me apartó el cabello sudado de la frente. Al fin me siento completa. Por primera vez en casi una semana y media, no me siento desconectada y perdida. Me siento protegida.
—Es porque lo estás, Fíorghrá —murmuré, encerrándola con mis brazos y piernas. Suspiró contenta, enterrando la nariz en mi pecho. Nos quedamos entrelazados hasta que el estómago de Bella rugió—. Ven, amor. Vamos a limpiarnos y a comer algo antes de transportarnos al Volvo.
Tomamos un baño largo y lujoso, y luego comimos una comida que Bella dijo que era su favorita de niña. Era parecida a los macarrones con queso, con una salchicha picante y vegetales verdes que me recordaron a los espárragos. Después de devorar casi toda la comida nos transportamos al Volvo.
Jasper nos esperaba con Rose, Maralice y Emmett.
—Bienvenidos a bordo, emperador y emperatriz —dijo suavemente, dedicándonos el saludo estándar cygnarian. Fue algo torpe, pero lo intentaba. También noté por su uniforme que había sido promovido a capitán. El Volvo ya no era mi nave. Parecía que ahora era la de Jasper.
—Capitán —sonreí, mirando a mi ex primer oficial—. ¿Cuándo sucedió esto?
—Cuando subimos aquí tu padre sintió que el Volvo necesitaba un capitán. Están haciendo las reparaciones más rápido de lo anticipado y necesitamos esta nave si vamos a atacar a los remans y alphans. Se siente mal ocupar tu cargo, Edward. —Frunció el ceño—. Puede que no lo haya demostrado, pero eres un increíble líder y uno de los mejores capitanes con los que he trabajado. Espero que regreses. Sería un honor servir contigo otra vez.
—El tiempo lo decidirá, capitán Whitlock —sonreí—. ¿Quién sabe? Puede que consiga una nave más grande y mejor.
—Acepto el reto, señor. —Jasper se rio entre dientes, me dio un apretón de manos y me guio hacia la sala de conferencias en el puente de mando—. Solo estamos esperando al senador J'ran. Debería llegar en cualquier momento.
—Excelente —respondí, sentándome a la cabeza de la mesa con Bella a mi lado. Entrelazó sus dedos con los míos, se veía más tranquila que antes. Unos momentos después, Emmett y Garrett escoltaron al senador J'ran a la sala de conferencias; se sentó frente a Maralice, que estaba sentada a la derecha de mi pareja. Llegó el resto del personal de la Federación, se sentaron en la mesa con mi padre en la otra orilla—. Gracias por complacer nuestra petición de reunirnos aquí.
—Tengo que preguntar por qué —cuestionó el senador J'ran, alzando una ceja—. Ya que, honestamente, desconozco todo esto. Cuando me invitaron de regreso a la Asamblea de Nobles después de la muerte de Norex, seguía sin estar al tanto de todo lo que había pasado.
—Creemos que uno de los miembros del consejo es la persona a cargo de este golpe de estado —expliqué—. Norex era la cara pública de la oposición, pero cuando Bella estuvo capturada sobre la nave reman, escuchó la voz de uno de los miembros del consejo. Norelle confirmó que un miembro del consejo estaba a cargo, pero no sabía cuál.
—El Consejo está arraigado en el pasado. El único progresista es Marcusi. Aro y Caius están firmemente arraigados en la época del emperador Ryette. Quieren sentarse en sus laureles y rezar para que los alphans renuncien a sus ataques. Tu padre, Nirabelle, quería ponerle un fin a esta guerra de una vez por todas. Quería luchar activamente contra los alphans —dijo el senador J'ran, apoyando las manos frente a sí—. ¿Qué necesitas que haga?
—¿Estás de acuerdo con esto? —preguntó Bella, sus ojos destellaron con esperanza.
—Nirabelle, tu padre era mi mejor amigo. Lloré por su pérdida más que por la de mi padre. Él fue el testigo en mi ceremonia de unión y el guardián de mis hijos. Quiero ayudarte. Quiero atrapar a los responsables por la muerte del emperador y por venderte a Jakob. Estoy dispuesto a hacer lo que necesites —exhaló el senador J'ran.
Sentí que la balanza se inclinaba a nuestro favor con la promesa del senador J'ran.
