A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer (Link: : / / w w w . fanfiction u / 2552343/
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 3 de 31
NdT: Hoooolaaaa! Tras una semana de anginas y fiebres estamos aquí, intentando traducir un nuevo capitulo
Tema del día: Pomp and Circumstance, Kamiya Hiroshi
Sigo sin creer que me desmayé, y delante de mi jefe, quien acababa de hincarse de rodillas y hacerme la propuesta. Si bien me había explicado que no significaba nada, que sólo me daba el gusto, tenía un terrible sentido del humor… parecido al de mi mamá.
Me desperté, teniéndolo delante y, para mi sorpresa, también a Mikasa. Parece que estuve ido el tiempo suficiente como para que ella llegara y me encontrara frito en el piso. Como siempre, entró en pánico: se asustó y, cuando me reaccionaba, casi le da un puñetazo a Levi. Qué bueno que tenga esos reflejos, porque, si no, le rompía la nariz.
Él le explicó que me trajo a casa porque en el trabajo no me sentía bien, y me desmayé por la fiebre. La mentira funcionó, y ella se la tragó, pero estaba convencida de que Levi tenía algo que ver con mi enfermedad. Los ignoré: no necesitaba oírlos pelear.
Y encima, no tenía una respuesta para Levi. Mikasa salió de la habitación para traerme unos paños fríos (no le discutí, ya que necesitaba un minuto con mi jefe a solas). Intenté incorporarme, pero volví a caer contra el sofá. Levi puso su mano en mi frente para comprobar mi temperatura, pero lo aparté.
–Por favor, no haga eso. Ya me basta con Mikasa–, mascullé, irritado.
–Lo siento… no creí que te desmayarías–, se disculpó.
–Yo tampoco–, musité. Mikasa regresó con una palangana llena de agua y unos trapos húmedos. Me encogí cuando me tocó y me negué, pero, al fin, ella me ganó. Me dio unas palmaditas en la cabeza, mientras miraba a Levi por el rabillo de sus ojos negros: carajo, sí que estaba cabreada.
–Mikasa, ya te dije que estoy bien–, resoplé.
–Calla–, me retó ella, presionando el trapo contra mi nuca. El frío era terrible, pero ligeramente relajante–. Estabas bien ayer, ¿cómo es que ahora tienes fiebre? –, preguntó. Tenía la sensación de que hablaba consigo misma más que conmigo o Levi, porque su voz era apenas un susurro.
–Anoche no dormí bien–, susurré, esperando que ella me creyera.
–Hoy, te acostarás temprano–, ordenó de repente. Me encogí ante su tono duro, y dejé caer la cabeza.
–Está bien–, repuse. No había caso en pelear con ella: si no obedecía sus órdenes, me iba a obligar a ir a la cama y vigilaría hasta que me quedara dormido. Estoy demasiado grande para esa mierda. Puede que haya sido tierno cuando teníamos cinco, pero, a los veinte, es algo que da pavor.
–También quiero que tomes mucha agua–, añadió.
–Por favor, no delante de mi jefe–, gemí. Ella me tiró de la oreja, logrando que soltara un grito de dolor, y que luego le rogara, para terminar obedeciéndola por completo. Levi simplemente nos miró, sin cambiar su cara de póker a una sonrisa, asombro o bostezo. ¿Acaso respiraría?
–También quiero que te tomes el antialérgico, por si llega a ser eso–, agregó Mikasa.
–No creo que haya quedado–, gruñí, mientras me frotaba la oreja. Ella carraspeó, molesta, y miró a Levi con irritación. Luego resopló, y se volvió a verme.
–Entonces iré a comprar–, dijo con renuencia. Asentí, mientras ella se erguía y recogía su bolso del suelo –. El único motivo por el cual le dejo quedarse, es porque no deseo que Eren esté solo, y tampoco quiero que salga en ese estado–, señaló.
–Es comprensible–, murmuró Levi. Los ojos de Mikasa se torcieron antes de darse la vuelta y salir por la puerta de entrada, dejándonos solos. Ella de verdad lo odia. Me sorprendía que todavía no lo hubiera matado.
Sin embargo, estábamos solos. Comencé a juguetear con los dedos sobre mi regazo, el rostro ruborizado por ese discurso y bajé la cabeza para ignorar su mirada. Solos, y tenía su completa atención. Maldición…
–Disculpa que te haya hecho desmayar–, se disculpó otra vez, sin huella alguna de sarcasmo.
–E-está bien…–. Me oía horrible. Sonaba como un gato al que le habían pasado encima… aunque no tenía idea de cómo sonaba eso–. Sé que no lo pretendía.
Aunque me pregunto si disfruta torturarme de esta manera, pensé, guardándome mis cavilaciones. Pasaron unos segundos, y lo único que se oía era el reloj de la pared, a unos pasos de nosotros, marchando mientras el tiempo corría. El silencio no se cortó hasta que Levi suspiró pesadamente.
–Eren, lamento sacar este tema de nuevo, pero preciso una respuesta–, dijo. Podía oír el pánico entremezclarse con su acostumbrado estoicismo.
–¿No puede decirles que vengan en un mes, o algo así? Para entonces, seguro consiguió a alguien–, improvisé débilmente. Estaba demasiado cansado como para dar algo de pelea, callándome por el cansancio.
–No puedo. Ya están viajando, y llegan mañana. Ya no me queda tiempo–, replicó Levi. Me removí en mi sitio, con las manos apretando una a la otra.
Levi estaba en un verdadero aprieto, ¿verdad? En verdad no deseaba molestar a sus abuelos, ero no tenia tiempo para pensar algo mejor. No quería decirles que en realidad seguía soltero y romperles la ilusión, carajo, habían venido desde Francia para conocer a su pareja. Yo tampoco quería molestarlos. No soy tan frio, pero mentirles y engañarlos para que fueran felices, y, peor, ¿hacerles creer que estaba casado? No me creía capaz.
–Levi, n-no creo que...–, murmuré.
–Eren, preciso de tu ayuda. Eres la única persona que puede ayudarme–. Se acercó más, haciéndome dar un respingo.
–No vuelva a hacerme la propuesta. No me creo estar listo, física o mentalmente, para manejarlo–, susurré, mientras apartaba la mirada a un lado. Pude oírle resoplar, pero sin llegar a ser una risa.
–No lo volveré a hacer. Lo siguiente tenerte en una ambulancia camino al hospital–. ¿Acaso bromeaba? ¿Podía Levi hacer eso? Mi jefe, Rivaille, ¿sabía cómo hacer chistes? –. Eren, no quisiera apurarte, pero preciso una respuesta–, insistió.
–Si no me ayudas, está bien, buscaré a otra persona, pero haría este mes mucho más fácil para mi si me ayudaras–, prosiguió. Abrí la boca, pero me ganó de mano–. De todos modos, ¿no fuiste tú quien dijo que no sabíamos cuánto les quedaba? –, inquirió–. ¿Puedo sobornarte? Si quieres, te doy un aumento.
–N-no no lo preciso–, repliqué, sacudiendo la cabeza. Otro momento de silencio pasó, hasta que volvió a hablar.
–Ustedes están yendo a la universidad, ¿no es cierto? –, preguntó. Esto atrajo mi atención, haciendo que levantara la cabeza para mirarlo. Asentí, vacilante, notando un destello en su mirada: era evidente que se había percatado de que tenía mi atención–. Si haces esto por mí, te pagaré toda la carrera–, ofreció.
Los ojos se me abrieron como platos. ¿Pagarme toda la carrera? ¿Hablaba en serio? Era una oferta muy generosa, en serio estaba desesperado, ¿verdad?
–Tengo dinero de sobra, y no lo uso. Te pagaré la carrera y, si lo deseas, incluso un posgrado. Cuanto dinero tu hermana y tú precisen, se los puedo dar–, dijo, mirándome directo a los ojos, y frunciendo más el ceño, mostrándose aún más circunspecto.
Era lo que necesitaba. ¿En verdad lo haría? No tendríamos que volver a desesperarnos por esos préstamos, no estaríamos endeudados hasta la muerte, y lo único que costaría es que jugara a ser su marido por un tiempo. Era una gran oportunidad para los dos y, si la tomaba, Mikasa no tendría que trabajar tan duro. Podría simplemente enfocarse en sus estudios, así como yo. No tendríamos que rompernos el trasero por una vida mejor. Todo lo que debía hacer para facilitarnos el futuro era decir que sí…
Volví a mirarme las manos sobre el regazo, miré mis dedos tironear las uñas y las cutículas. Volví a suspirar hondamente, las manos me temblaban mientras me animaba a mirar a Rivaille. Seguía con esa expresión aterradora en el rostro, la mirada de una persona que no tiene nada que perder, la mirada de quien prácticamente se mostraba derrotado…
Creo que así me veía cuando conseguí este empleo.
–… ¿Sólo por un mes? –, pregunté con un susurro.
–Dos semanas. Si se quedaran más tiempo, no sabría qué hacer–. Respondió Levi bastante rápido, como si sintiera que una esperanza comenzaba a brillar en las cenizas del anterior rechazo–. Sólo puedo soportarlos por ese tiempo–, terminó. Volví a apartar la mirada, y suspiré. Inclinó la cabeza, una vez más acercándoseme, hasta que nuestras rodillas se tocaban. En algún momento, su brazo estuvo en mi espalda, sobre el borde del sofá, así que, de esa manera, me sentía encerrado.
¿Me daba la opción de negarme, o no?
–Eren, ¿me ayudarás? –, dijo. Pude sentir el peso de su mirada contra mi cráneo.
–…Sí–, dije al fin, con un hilo de voz. Me atreví a volver a verlo, y pude ver el alivio en su rostro. Él soltó un pesado suspiro, librando el peso y la preocupación que llevaba en el pecho. Casi sonrió… Casi.
Él estaba… ¿feliz? Sabía que estaba aliviado, pero ¿feliz? No podía asegurarlo.
La verdad, me arrepentí de decirle que sí, porque ahora corría por el Time Square, intentando llegar al departamento de Levi, y estaba retrasado. Lo que uno planea siempre se retrasa, ¿no? Seguro que todavía no llegaron al país, y menos al departamento de Levi. Sólo eso me faltaba: el primer día como esposos, y ya había fastidiado a mis nuevos bisabuelos. Wau.
Sabía dónde quedaba la casa de Levi, aunque nunca había estado allí. Tenía su dirección y eso, pero conseguir un taxi era complicado. Le hice señas a uno y casi me subo, pero apareció una anciana con su hija y un bebé, y no quise hacerles esperar bajo esa lluvia.
Sip, sigue lloviendo. Tengo una suerte. Sé que soy demasiado amable, pero supongo que es otro rasgo que saque de mama. Si llego a lo de Levi y todavía tengo un plan de acción válido, entonces estaré contento con mi decisión. Hasta entonces, estaré pateándome el culo a mi mismo por haberles cedido el taxi.
Corrí por la Séptima Avenida y bajé por la calle Cuarenta y seis. Pude ver el edificio que Levi me dijo, y, con los restos de mi energía, corrí hasta el lugar. La gente me miró con extrañeza, pero no les hice caso. Esta es la ciudad de Nueva York: no iba a ser lo más raro que verían hoy. Lo único que casi me detuvo fue la seguridad del edificio, que me dio un susto tremendo. Este debe ser un edificio muy pijo como para tener semejante seguridad.
Sólo me dieron una advertencia. Me dijeron que no debía correr y que debían revisar mi mochila. Les dejé hacer, considerando que nada tenía para ocultar, y escuché sus advertencias acerca de no correr… hasta que estuve fuera de su vista. Me dirigí hacia el ascensor, pero, al llegar, había tanta gente esperando que no podía ni ver la condenada puerta. Corrí hacia las escaleras, sabiendo que así llegaría más pronto que si esperara el ascensor.
Estaba en lo cierto. Fue mas rápido. solo deseé que Levi no viviera en el piso veinte.
Resollaba para cuando al fin di con su piso. Cuando llegué a la puerta y llamé, estaba doblado sobre las rodillas, viendo manchas, sudando como cerdo.
Todo un atleta. Es fácil ver porqué Levi se casó conmigo.
Dicha persona repentinamente abrió la puerta, haciendo que levantara la mirada con ojos aterrados y la boca abierta, luchando por respirar.
–¿Ya-ya llegaron? –, pregunté, sin aire.
–No, el vuelo se retrasó media hora por la tormenta–, respondió Levi, mientras abría la puerta para que entrara. Tras oírlo, me dejé caer al suelo, medio cuerpo en el pasillo y la otra mitad en el interior del departamento. Gruñí, aliviado y totalmente fastidiado, ¿acaso no me podía haber mandado un mensaje? ¡Tiene mi número! –¿Qué te hizo tardar tanto? –, repuso, pateándome el costado.
–Se me rompió el coche y no conseguí taxi. Terminé corriendo hasta aquí–, dije, entre resuellos.
–¿Quieres agua…? ¿O un inhalador? –dijo él. Sacudí la cabeza, con una sonrisita cubriendo la mueca de mi boca. Me obligué a ponerme de pie y lo miré, esperando a que diera el siguiente paso. Levi avanzó, indicándome con la mano a que lo siguiera. Hice eso, yendo a su living y quedándome asombrado en mi sitio.
–¿Sa-sabe si se hospedarán aquí? – dije, admirando en derredor mío. El lugar era gigantesco. Ya no me sorprendía más la seguridad del edificio en la entrada: cualquiera que viviera aquí lo precisaba.
Para empezar, su departamento tenía un pequeño salón, que daba cada cuarto. El living era lo primero a mi derecha. Había allí otra puerta que daba al comedor, y, más allá, estaba la cocina. El sitio era enorme, como un pent-house. Podía ver a que se refería con tener mucho dinero. El living por si solo era gigante, más que nuestro departamento, y ni podía decir del resto, ya que no los había visto.
Estaba tan ensimismado rezándole a los dioses de la pantalla plana, que no noté los dos sofás enfrentados, o la mesita para el café de cristal en el medio. La pantalla plana estaba contra la pared, colgando sobre un equipo de entretenimiento que parecía sacado de una película. No me fijé en las luces azules, o los paneles de madera que subían por media pared. Ni por las cortinas, que cubrían los ventanales que hacían de pared. Sólo las noté porque, a través de ellas, podía ver toda la ciudad.
Estaba completa y absolutamente impresionado por el lugar, incluso algo envidioso. Creo que me hubiera pasado el día fantaseando con todo, de no ser porque Levi se me cruzó por delante para apagar la tele. Usó el mando que estaba sobre la mesita de café, y luego lo bajó con cuidado, posiblemente porque no quería rayar el cristal.
–En cualquier momento. Has sido muy puntual–, comentó él. Casi me había olvidado de lo que le había preguntado. Levi se paró más derecho, mientras me miraba. Dejé de admirar el departamento cuando sentí sus ojos encima mío, y noté su mirada desaprobadora.
–¿Qué pasa? –, dije.
–¿Sueles vestir así fuera del trabajo? –, preguntó, señalando mi atuendo. Me miré, sintiendo que no había nada malo con ello. Vestía unos jeans azules, con una camisa manga corta gris, que tenía un gorro. Las zapatillas eran Converse y la mochila era del tipo que cualquier estudiante universitario usaría. No notaba nada raro con ello.
–Sí, ¿por?... ¿Hay algo malo en cómo me visto? –, repliqué, un poco ofendido porque se estuviera burlando de mi gusto. Era consciente de que no tenía demasiado sentido del estilo, pero era mejor que tener ninguno.
–Vistes como un adolescente–, señaló. Le clavé la mirada ante ese comentario.
–Todavía voy a la universidad, ¿qué esperaba? –, repuse, asegurándome de que mi tono de voz demostrara mi fastidio.
–¿No crees que es un poco raro que un tipo que pasó los treinta esté casado con alguien tan joven? –, dijo maliciosamente, mientras me ponía colorado ante ese comentario. No había pensado en la diferencia de edad. ¿Sus abuelos harían preguntas? ¿Me desaprobarían por ser menor? Ni los había conocido, y ya seguramente me odiaban. Era injusto.
–No te preocupes, mentí sobre tu edad. Creen que tienes veintiocho–, me dijo Levi. suspiré, relajándome cuando oí eso. Bien, no me odiaban… todavía.
–Gracias–, me encogí de hombros, y dije. –¿Qué más les dijo sobre mí?
–No mucho: sólo que trabajas conmigo, la edad y que haces un posgrado–, dijo, mientras se sentaba en un sofá. me quedé en mi sitio, inseguro de cómo seguir. ¿debía sentarme a su lado? ¿quedarme de pie? Sabía que jugábamos a estar casados, pero no me había dicho que tan lejos debíamos llegar con esta "simulación".
–¿Les dijo cuál es mi especialidad? –, pregunté, con voz temblorosa. El arqueo de ceja me indicó que me había oído, y maldije por lo bajo.
–Derecho… ¿verdad? –, dijo. Asentí vivamente, sintiéndome superado por la presión que me aplastaba. Deseaba terminar con todo, pero ¿qué iba a decir? ¿Qué se suponía que debía hacer? No tenía ni idea.
–¿Qué esperas? Puedes sentarte, si quieres–, me indicó cualquiera de los sofás con la mano, y suspiré, aliviado. Esbocé una sonrisa de alivio y me sentí en el sofá, a su lado. No quería hacer las cosas difíciles, aunque creía que ya lo habíamos superado.
–No voy a arrancarte la cabeza por sentarte–, resopló Levi contra el respaldo del blanco sofá.
Su brazo se apoyó detrás mío, prácticamente encerrándome. Podía sentir mi respiración entrecortarse mientras intentaba hacerme más pequeño, pero todo lo que lograba era hacerme las cosas más difíciles.
–Bueno…–, murmuré, mientras dejaba mi bolso en el suelo, a mis pies.
–¿Qué creías que haría en realidad? –, me preguntó, clavándome la mirada. No supe qué responderle. Creía que sí, pero también que podría sobrepasarme. Entonces, hallé cómico que Levi no me patearía el trasero en un millón de años por algo tan tonto. Abrí la boca para responderle, mientras se mostraba un poco impaciente e incómodo con mis silencios, pero entonces el sonido del timbre me interrumpió. Era la puerta. Me volvió hacia el pasillo mientras Levi se levantaba del sofá y yo preparaba.
–Deben ser ellos–, murmuró con patetismo. Me levanté y lo seguí, mientras se dirigía a la puerta. Tomó el picaporte y se detuvo, para volver a verme.
–¿Estás listo? –, preguntó.
¿Era en sentido figurado? ¡Claro que no lo estaba! Conocía muy poco sobre Levi, y todo lo referido a sus bisabuelos me era algo nuevo. ¿Cómo podía simular conocerlo a la perfección, si apenas sabía algo sobre él? Debía, por lo menos, saber cosas como su color favorito (si lo tenía), y qué le gustaba hacer en su tiempo libre.
A pesar de haber trabajado con este tipo por dos años, era totalmente ignorante de sus gustos. Raramente hablaba sobre su vida personal, ¿tendría algún hobby, o habilidad especial? ¿Se quedaba en casa o salía con los amigos? ¿Cuál era su comida favorita? ¿Su show preferido? Debía tenerlo, si poseía semejante televisión.
Debería conocer los detalles más mundanos, como si le gustaba dormirse con la tele prendida como sonido de fondo, o salir a caminar después de una fea pesadilla (como yo hago, por desgracia), pero no, no sabía nada.
A pesar de mi conflicto interno, me miré a mí mismo, y luego me encogí de hombros.
–Tanto como lo podré estarlo–. Ah, era tremenda mentira. Podía hacerlo mejor. Levi tomó aire y asintió. Entonces abrió la puerta, revelando a dos personas mayores paradas detrás.
La señora estaba en silla de ruedas con una gastada manta sobe las piernas. Vestía un viejo sweater azul, pero fui capaz de notar que el motivo de mariposas bordadas en él habían sido agregadas. Su cabello gris estaba atado en un rodete, y alrededor del cuello tenía una larga cadena, que se conectaba a unos lentes sobre su rostro. Poseía una amplia y brillante sonrisa, que enseñaba sus dientes y que me entibio el corazón.
El caballero detrás (que tomé por el esposo) era quien había pasado los ciento un años. Nunca había conocido a alguien tan mayor, tampoco visto a uno, siquiera en la tele, que todavía caminara. Poseía una sonrisa tan agradable como la de su señora, con una evidente dentadura postiza, pero eso no me importó. Vestía una pesada chaqueta sobre los hombros, una cosa grande y abultada que se ataba en su cintura y llegaba a sus rodillas. Sólo podía ver los bordes de los jogging azules y sus zapatos que, para mi sorpresa, eran unas zapatillas Converse, como las mías.
Al encontrarse, los ancianos exclamaron con alegría al ver a Levi. Su abuela lo hizo agacharse para un abrazo, y su abuelo le palmeó la espalda, pacientemente esperando su turno. Lo primero que noté fue que hablaban francés.
Ah, el francés. Hice inglés en la secundaria, y apenas si aprobé con un 4.5. No hablaba nada de francés, ni tenía el menor conocimiento de este. No tenía idea de lo que decían, cosa que me preocupó. Uno de ellos podía insultarme, y yo no podría diferenciarlo de un simple saludo. ¿Qué es lo que podía hacer?
–Grand-mère, grand-père, il est bon de vous revoir–, Levi se inclinó para darle un beso a la mejilla de su abuela. Ella se lo devolvió, con una brillante sonrisa. Se veía contenta de verlo, pero yo estaba incrédulo al notar que Levi no era capaz de devolverle la sonrisa. ¿No se alegraba de volver a verlos? Había estado tan preocupado en contentarlos conmigo, pero ni siquiera les sonreía después de ¿cuánto, diez años? –Allait-il comment votre vol?
Era extraño oír a Levi hablar francés. Sabía que había nacido y crecido en Francia, pero ni tenia atisbo de acento, por lo que era capaz de notar. No te percatabas que era de allí, de no ser por su nombre. Siempre hablaba español en el trabajo o en las conversaciones, y nunca decía palabra alguna en francés mientras estaba solo. Oírlo hablarlo era raro, pero mas extraño era que su voz tenia un timbre un poco mas agudo al hacerlo. Sonaba casi como si lo hiciera a propósito, aunque no estaba seguro.
–Votre grand-mère a dormi par la plupart, mais le turbulance était terrible. Elle este chanceuse qu'elle pouvait dormir–. La voz del abuelo era fuerte y vibrante, vivo y alegre. Casi me impactó, por lo profunda que era. No me esperaba semejante voz de alguien tan mayor –. I'll es très bon revoir mon garçon jeune–. Dijo su abuelo, y lo abrazó.
Levi respondió el abrazo, le palmeó el hombro, pero siguió sin sonreír. Miré al anciano, de arriba abajo. No podía creerlo, este caballero centenario estaba parado delante de mí, sonriéndole a su nieto y abrazándolo con sus brazos esqueléticos. Se veía tan lleno de vida, así como la señora. No estaba seguro de qué esperaba cuando supe de ellos, pero era claro de que no me esperaba esto.
–Oh, Rivaille! Regardez-vous! Vous êtes plus beau depuis l'epoque passé, mais vous êtes toujours tellement sous peu pour votre âge–. No tenía idea de qué había dicho, pero ella frunció el ceño mirándole de pies a la cabeza, y Levi tampoco pareció demasiado conforme.
–Je sais, grand-mère–, replicó.
–Maintenante, où est-il? Où est votre nouveau mari? –. su abuela prácticamente saltaba en la silla, mientras hablaba. No sabía que había dicho, pero Levi señaló hacia mí, y sus abuelos se fijaron en mí. Mientras me admiraban, me quede helado en mi sitio, bajando la mirado a mis pies, mientras Levi empujaba a su abuela hacia a mí.
–Son visage est très beau, Levi–, dijo la abuela, levantando la mano. La miré cuando me hizo un gesto de que levantara la cabeza, y cuando a miré a los ojos, por un segundo, noté el parecido entre ambos–. Et les jeux. Très jolie.
–Vous choisez toujours les jolies personnes. Petra était beau aussi–. Oi el nombre de Petra cuando el abuelo habló, y me pregunté si me comparaban con ella.
–Grand-mère, grand-père, il s'apelle Eren–, dijo Levi al fin. Oí mi nombre, así que supuse que se los había dicho.
–Et un nom beau aussi–. En verdad esperaba que hablaran un poco de español. Me iba a saber mal usar a Levi para que me tradujera. Al fin, su abuelo dejó a la señora y a Levi para estrechar mi mano. Al hacerlo, puso una mano firme sobre mis hombros, y le dio un apretoncito.
–Es bueno conocerte al fin–, dijo. No puedo expresar lo aliviado que me sentí al oírlo hablar español.
–Igualmente. Rivaille me habló mucho de ustedes–. Me maldije por llamarlo por su nombre de pila. Técnicamente, estábamos casados, así que supuse que debí usar algún mote, pero ya era tarde.
–Sólo cosas buenas, supongo–, dijo la abuela, palmeándome el brazo. Lo admito: me sorprendió lo correcto de su español. No tenían acento alguno, pero era evidente que eran franceses.
–Sí, sólo cosas buenas–, aseguré.
–La abuela comentaba sobre tu belleza. Decíamos que Levi siempre escoge gente bonita, como Petra. A veces eres demasiado cabeza dura Rivaille, pero creo que no importa, si te hace feliz–. Señaló el abuelo a Levi, sacudiendo un dedo mientras hablaba.
Así que hablaron de Petra. Nos comparaban, pero decían que era tan lindo como ella, así que no era un insulto (pero no estaba seguro de cómo me sentía con ser llamado lindo). A pesar de esos comentarios, reí por lo bajo, mientras la abuela giraba los ojos.
–Discúlpalo, a veces pierde el hilo–. Dijo ella, mientras me tiraba de la manga. Me reí nuevamente, y el abuelo habló.
–¿Pierdo el hilo? ¿Quién era la que continuamente preguntaba cuánto faltaba para que terminara el vuelo? –, señaló con un esquelético dedo, y volvió a reír.
En verdad eran alegres e intensos. Una gente realmente amable, lo que facilitaba relajarse. Estaba temeroso de dar una mala impresión y hacerlos odiarme, pero viendo lo fácil y tranquilos que parecían ser, me sentí un poco menos ansioso.
–Todos, marchemos. Dejemos de perder tiempo aquí–, dijo Levi, y avanzó hacia el living. El abuelo le siguió, dejando a la señora detrás y maldiciéndolos en francés. Sonreí y tomé la silla, empujándola.
–Oh, gracias, Eren–, me dijo, acariciándome la mano–. Qué buen muchacho eres–, halagó, y volvió su atención a los otros–. Es evidente quien ha sido bien criado–, les bufó.
–Ay no, aquí vamos de nuevo–, el abuelo giró los ojos, mientras se sentaba en el sofá donde yo lo hice. Llevé a la abuela hasta el mismo sofá y luego fui junto a Levi, para darles espacio–. Tu abuela puede estar un siglo hablando sobre educación y cortesía. Es una cosa de nunca acabar con ella–. Hallé cómico cómo ese hombre podía hacer tantos gestos enérgicos mientras hablaba de ese tema. Su esposa no parecía demasiado contenta con ello, pero seguro ya estaba costumbrada por la larga convivencia.
–¿No tienen sed? ¿Quieren algo de tomar? –, preguntó Levi, llevándose las manos a los bolsillos.
–Me vendría bien un poco de agua, querido–, dijo la abuela, frotándose la garganta.
–No me des agua. Ya me conoces, tomo un poco y caigo rendido. Mi cuerpo pensará que ya es la noche, y me dormiré–. El abuelo volvió a hacer gestos con las manos al hablar. Levi asintió tranquilamente, y fue a la cocina para buscar el agua. Me dejo a solas con ellos, y no podía estar más nervioso.
No estaba seguro de que debía hacer. Sabía que tenía que actuar como si estuviéramos casados, pero habría sido más fácil si supiera como era eso. Decidí que, dado que estaba parado jugueteando con mis dedos como un idiota, al menos debía sentarme. No había motivo para estar ahí como un idiota inútil.
–Así que, Eren–, comenzó la abuela. La miré y sonreí, intentando mantener la calma a pesar de mi turbación interna–. Levi me contó que te conoció en el trabajo. Eres su asistente, ¿verdad?
–Sí, hace unos años, cuando me contrató–, respondí, y, vaya, espero que Levi no les haya mentido sobre eso.
–Ah, bien. También dijo que estudiabas para abogado–, señaló. Asentí. Esperaba que me dijeran que más les había dicho Levi, así podía seguir la corriente y no parecer tan estúpido–. Te ves muy joven para eso–, observó ella. Me encogí de hombros, haciéndome desentendido.
Yo era joven. Ni tenía la edad legal para beber, pero ellos eso no lo sabían. Pensaban que solo era cinco o seis años menos que Levi, no quince. ¿Cómo reaccionarían al saber mi verdadera edad? Seguro nada bien. apenas tenia la edad legal para salir con alguien, ni hablar de matrimonio.
–¿A qué universidad vas? –, preguntó el abuelo.
–La hago de manera virtual, así puedo trabajar y estudiar–, dije. Lo había decidido tras la secundaria, y me alegraba de ello. Estaba seguro de que mi vida habría sido un infierno si hubiera decidido estudiado y trabajado de manera presencial.
–Una idea muy lista–, dijo el abuelo–. En mis tiempos eso no existía. Todavía debamos ir a los campus y no sé qué–. Me di cuenta de que este caballero había vivo en los tiempos en que la segregación racial fue común en América. Deseaba preguntarle sobre ello, pero no sabia como. Seguramente lo ofendería demasiado.
–¿Y Levi te ayuda con las tareas? –, inquirió la abuela.
–Eh, se ha ofrecido en ocasiones, pero no puedo aceptarlo. Creo que debo aprender por mi mismo–. Ay, por favor, odiaba mentir. Levi jamás se ofreció a ayudarme, y estaba seguro de que nunca se me ocurrió pedírselo. Ahora que lo pensaba, sonaba una buena idea.
–Levi, escogiste un buen esposo–, me volvió cuando ella dijo su nombre. Levi había regresado, con un vaso de agua para su abuela. Ella lo tomó, agradecida, y bebió mientras seguía hablando–. Pero, dime, ¿por qué decidieron juntarse tan así de repente?
Levi y yo intercambiamos una mirada, y pude ver que en sus ojos brilló lo mismo.
Mierda… nunca pensé que tocaríamos ese tema. Me imagine todos los posibles escenarios en que Levi y yo podríamos juntarnos. ¿diríamos otra mentira, o lo dejaríamos así? Lo miré, en busca de respuesta, pero pareció tan confuso como yo por la pregunta.
–Eh…–, comencé–. Bueno, para ser honestos, el casamiento nunca fue algo que me interesó–. Levi me miró mientras hablaba, y supuse que estaba sorprendido de que intentaba tomar el control de la situación (me sorprendí a mi mismo por ello)–. Para mí, es un simple papel que une legalmente a las personas, pero… Levi en verdad gustaba de la idea–. Me volví a verlo, con una pequeña sonrisa.
Su rostro evidenciaba su sorpresa. Aparté la mirada, para evitar las sospechas, pero estaba confundido conmigo mismo. ¿Me había excedido? ¿me veía como un estúpido? ¿No era creíble lo que decía? ¿Les habría dicho algo totalmente distinto?
–No me pareció malo, porque lo amo y él a mí, así que… decidimos hacerlo. Juntarnos, en realidad, lo que en realidad me sorprendió–. Me reí inocentemente, mientras me frotaba la nuca–. Le dije que debíamos esperar, pero… eso lo hacía feliz–. Mis ojos siguieron a Levi, mientras él lentamente iba al sofá, para sentarse a mi lado.
–Espero que no les moleste mi pregunta, pero han estado casados por bastante tiempo, ¿verdad? –, les pregunté. Los dos ancianos asintieron en respuesta–. ¿Cómo lo hicieron? Como les comenté, el matrimonio no es algo fácil para mí, y ustedes llevan juntos tanto tiempo. Estos días, los divorcios son tan comunes, que…–, dije.
Lo que decía era verdad. Los divorcios eran algo que conocía de cerca, considerando que trabajaba en eso siempre, así como Levi. Últimamente, parecía que todos nuestros casos eran de divorcios. Puede que no estuviera casado con Levi, pero en verdad tenia curiosidad de saber cómo podían llevar tanto tiempo juntos.
El abuelo de Levi sonrió, mostrando sus dientes falsos, mientras la abuela le miró con amor. Ella le tomó de la mano, y él le devolvió el gesto.
–Sé a lo que te refieres. Incluso el pobre de Levi lo ha padecido–, el rostro de la anciana se ensombreció al decirlo, pero cuando me miró, su ánimo se había alegrado un poco.
–En estos días, los niños se casan tan jóvenes–, dijo el abuelo, exagerando un gruñido.
–Es verdad, pero la edad no importa mucho. Le conozco desde el sexto grado. Fue nuestro destino. Hay gente que cree que sabe lo que es el amor, pero, a veces, no lo captan. Sin embargo, cuando se trata de la persona indicada, lo sabes. A veces, es algo que hace clic, y te das cuenta de que hallaste la persona con la que quieres estar para siempre–, dijo la abuela con suavidad, mientras sostenía la mano de su esposo.
Sus palabras era inspiradoras. Esto era lo que debía ser un verdadero matrimonio. Estas personas eran los perfectos modelos para las futuras generaciones. Yo en verdad tenia problemas con el matrimonio: de chico había jurado nunca hacerlo, sin importar cuanto mi mama me hablara al respecto, pero, por como hablaba la abuela, en verdad deseaba darle un intento, mientras fuera con la persona correcta.
¿Cómo podría saber sobre ese clic? ¿Cómo en verdad podía saber quien era la persona indicada? Tantas dudas, pero supuse que no había respuesta concreta. El amor es distinto para cada uno, eso sí lo sabía. Estaba a punto de preguntarles sobre cuando se dieron cuenta que estaban enamorados, pero Levi me hizo salir de mis pensamientos.
Apoyó la cabeza en mi hombro y su mano halló la mía, sus dedos se cruzaron tranquilamente con los míos. Me ruboricé por nuestra postura, pero, cuando miré a sus abuelos, en verdad parecían absortos, como si fueran lo mejor que sus ancianos ojos habían atestiguado.
–Mon bébé–, dijo la abuela con ternura–. Mírate, Levi. No te había visto sonreír en mucho tiempo–. Al oírla, me volví a verlo. Para mi sorpresa, en verdad sonreía.
¿Levi podía hacerlo? ¿Sonreír? ¿Mi jefe podía sonreír? Y no de cualquier manera, parecía tan… feliz. Se veía contento y tranquilo con esa sonrisa en la cara y los ojos adormiladamente entrecerrados. Nunca le había visto esa expresión, pero, honestamente, se veía feliz.
–Nos hace feliz saber que nuestro niñito está a buen recaudo–, dijo la abuela, mientras juntaba las manos sobre su regazo.
–Ya no soy tan pequeño, abuela–, rió Levi: mierda, se rió, y yo no pude evitar sonreír mientras le besaba la cabeza. Esperaba que no le molestara, porque solo seguía la corriente. No pareció reaccionar a ello, ni siquiera parpadear, así que asumí que estábamos bien.
–Eso es cierto. Ya es un chico grande, con su departamento y sus cosas–, dijo el abuelo, señalando en derredor. No pude estar mas de acuerdo con él.
–¿Esa es tu manera de pedir quedarte aquí y no en un hotel, abuelo? –, preguntó Levi, con otra risita que derretía el corazón. Debía dejar de hacer eso. No estaba acostumbrado. Ni estaba seguro de poder oírlo sin que se me saltaran los ojos de la cara.
–Ah, ya que te ofreces–. Me reí con el abuelo.
–No te causaremos problemas, y ni se darán cuanta de que estaos aquí–. La abuela hizo un gesto y nos sonrió ampliamente, pero una cosa se me vino a la mente, y, por como Levi me apretaba la mano, también lo hizo.
Carajo… no había pensado en eso tampoco.
–Se hospedarán en el cuarto de invitados, al final del pasillo–, dijo Levi, y se paró–. ¿Quieren que los acompañe?
–Si pudimos hacer el viaje desde Francia hasta América, estoy seguro de que podemos dar con el cuarto, Rivaille–, le retó el abuelo mientras se paraba, no sin cierta dificultad. Oí sus pobres huesos crujir y sonar mientras se erguía, y no pude evitar encogerme pero, cuando estuvo de pie, fue capaz de andar sin problemas. Ayudó a su esposa empujando la silla de ruedas (otro cosa que me sorprendió, considerando sus crujientes huesos) y, una vez que estuvieron fuera de nuestro radio, Levi se volvió a dejar caer en el sofá. Hundió el rostro en las manos mientras lo miraba, dejando salir la preocupación que yo ocultaba.
–Levi–, gemí.
–Ya lo sé–, gruñó entre sus manos–. Tampoco lo consideré. Nunca se me vino a la cabeza–, admitió, mientras se frotaba las sienes.
–¡Levi, esperan que convivamos! –, susurré, en estado de pánico.
–Eren, ya lo sé. No hace falta que me lo recuerdes–. Silbó, dejando caer las manos sobre las rodillas. Le miré un momento, esperando alguna idea de su parte, pero no la tenía, igual que antes. Puede que yo no haya estado listo, pero era evidente que él tampoco.
–¿Qué haremos? –, pregunté, esperando que pensara rápido e ideara algo con premura. No respondió. Le empujé la rodilla con la mano, ganándome un cachetazo que hizo que lanzara una exclamación. Alcé la mano a forma de defensiva cuando el levantó la cabeza. La mirada muerta de sus ojos me dijo que algo andaba mal.
–Entonces, eso es–, dijo, mientras se encogía de hombros.
–¿Qué cosa?
–No podemos seguir con esta fachada. Se los explicaré, y podrás volver a tu casa–. Se levantó para irse, para ir a hacer lo que había dicho, pero lo tomé de la espalda de la camisa y lo obligué a volverse–. Eren, ¿qué haces? –, preguntó con amargura.
–N-no, no haga eso. Les romperá el corazón–, le rogué. La postura en la que estaba me obligó a ponerme de pie, pero incluso con la diferencia de estatura seguía sintiendo que media medio metro ante su mirada.
–Entonces, ¿qué mierda haremos? –, preguntó él. Me mordí el labio ante su duro tono, y aparté la mirada. Sabía que podía fácilmente librarme del problema, me habían dado la oportunidad, pero, tras conocer a sus abuelos y ver lo agradables que eran, lo aceptadores que eran, no podía hacerles eso.
–Si… si usted es capaz de aceptarme, viviré aquí hasta que se marchen-, sugerí. Levi se mostró totalmente incrédulo por ello, pero no estaba seguro de si era capaz de aceptar la idea. ¿Yo, viviendo con él? Para mañana estaría muerto, y él lo sabía tan bien como yo–. Me mantendré fuera de tu camino tanto como pueda, y, cuando estén cerca, actuaremos como matrimonio. Además, es solo por dos semanas, ¿verdad? –, repuse, para confirmarlo.
–Sí… –, murmuró. Me miró otra vez, hasta el punto de que casi terminé con el culo contra el suelo cuando habló–. ¿Estás seguro de que deseas hacerlo? –, preguntó.
–No deseo molestarlos, y dije que ayudaría, ¿no es así? –. Levi inclinó la cabeza y resopló.
–¿Estás seguro que no es sólo porque quieres pagarte la uni? –, preguntó. Me desmoralicé por la pregunta. Para ser honestos, no lo había pensado. En verdad no deseaba herir los sentimientos de sus abuelos, y eso era todo. Cuando vi la aprehensión que enfrentaba, Levi me giró los ojos y se cruzó de brazos–. Jaeger, olvídalo. Si en verdad deseas ayudarme, solo hazlo.
–De acuerdo… pero tendré que decirle a Mikasa–, señalé. Levi me miró con fastidio.
–¿Por qué?
–¿No cree que ella notaría mi ausencia? –, repliqué. Levi apartó la mirada, pero pude notar que lo pensaba, y que bien sabía que ella lo mataría al enterarse de las novedades.
–¿No le puedes decir que te quedarás unos días en lo de un amigo? –, preguntó, renuente.
–El único amigo con el que me quedaría, está en la universidad. Siempre puedo decirle que me quedo en lo de Hanji o Petra, pero sólo traería más preguntas–. Me encogí de hombros ligeramente. Levi volvió a girar los ojos y chasqueó la lengua, antes de hacer un gesto con las manos.
–Bien, como sea. Has lo que se te de la gana. No me importa–, masculló. Sonreí ampliamente ante sus palabras, y sentí que podía abrazarlo, pero no lo hice. Me conformé con asentir.
–Bien–, repuse, con un suspiro. Los hombros se me relajaron, mientras Levi apartaba la mirada de mí y la dirigía al corredor, donde sus abuelos estaban. Cuando vio que seguían lejos, se volvió a verme y se sentó en el sofá–. Tengo una pregunta–, dije de repente.
–Dispare–, murmuró.
–O sus abuelos no ven bien, o no les importa que yo sea un tipo…–, dije, mientras me sentaba a su lado.
–Lo saben, sólo que no les importa. Mientras esté casado, no les importará, aunque mi pareja sea un animal–, gruñó, mientras se tendía en el sofá. Otra vez esas bromas, sabía que eran puro sarcasmo, pero me sorprendía que intentara bromear–…De hecho, estás bastante cerca de uno–, añadió quietamente, más para él que para mí. Levi alzó la cabeza del borde del sofá y me miró.
–Eren, no sé si te diste cuenta, pero mi abuelo tiene un don para el parloteo–, señaló. Medio que ya me había percatado de ello–. Puede hablar eternamente sobre cualquier tema. Cuando era más joven, lo oía hablar por una hora sobre el gobierno americano–, agregó.
–Medio que me percate de ello, pero... ¿Por qué me lo dice?
–Porque te quemará los oídos, así que te pongo de sobre aviso–, me advirtió. Comprendiendo, asentí, dejándose caer contra el sofá para relajarse.
–Levi, ¿podrías a ayudarnos un momento? –. su abuela llamó desde el cuarto de invitados. Levi gruñó, antes de levantarse y sacudirse.
–Sí–, respondió. Me miró un momento, con una mirada inquisitiva.
–¿Qué…? –, pregunté.
–Tengo curiosidad… ¿Seguro que tu especialización no es en drama? –, dijo.
–No, no lo es. ¿Por?
–Por nada, es que me sorprendiste antes. De no saber de nuestro acuerdo, me lo hubiera creído–, respondió, antes de irse a ayudar a sus abuelos.
… ¿Acaso me había hecho un cumplido?
