A forged wedding / Una boda fingida

Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi

Capítulo 4 de 31


Canción del día: Silence, de Nano

CAPITULO 4: TENGAMOS UNA CHARLA

Después de la cena, Levi y yo ayudamos a los abuelos a instalarse en el cuarto de invitados. Insistí en comida casera, pero Levi repuso que todos habían tenido un día demasiado largo y no quería ponerse a cocinar (ni esperar) por la comida, aunque fuera más sabrosa. Tras conversarlo, los cuatro decidimos pedir comida china de una tiendita cerca del Time Square. Yo no la conocía, pero Levi insistió en que era muy buena. Al terminar de comer (y concuerdo en que la comida china era lo que precisaba), los ayudamos para ir a la cama. Y ahora era nuestro turno… ay no…

Había seguido a Levi de cerca con la cola entre las piernas, pero, cuando abrió la puerta de su cuarto, juro que el corazón se me paró. Sé que no fue a causa de la lujosa y amplia estancia, porque me esperaba una habitación gigantesca tras haber visto el resto de la casa, pero, ¡estaba en la habitación de Rivaille, nada menos que mi jefe! Tampoco había pensado en eso. ¿Iba a compartir la cama con él, o dormiría en el piso? ¿Cabía la posibilidad de que tuviera otra habitación para mí? Si tenía que dormir allí… si tenía que dormir allí, pues así seria.

–Hay un baño, si precisas cagar–, dijo Levi, señalando dicho lugar. Me había acostumbrado a su tono mordaz, pero a veces me sorprendía.

–Gracias–, dije, encogiéndome de hombros. En realidad, no tenía idea de cómo responderle de otra manera. Tal vez debería haberle dicho "me aseguraré de hacerlo", pero no tenía ánimos para el sarcasmo.

–Supongo que en algún momento de mañana traerás tus cosas…–, murmuró él, más para sí mismo.

–Puedo decir que iré a trabajar–, sugerí.

–Por si no te diste cuenta, mocoso, trabajas para mí. Trabajas los mismos días que yo, y me tomé los próximos para pasarlos con mis abuelos". Explicó, mientras se sentaba en la cama king size. Le giré los ojos cuando me llamó mocoso.

Típico de Levi.

–Prometí ayudar a un amigo en su mudanza–, improvisé–. Mientras, puede sacarlos a pasear y mostrarles la ciudad. Para cuando terminen, ya habré terminado y puedo preparar el almuerzo–. Levi me miró con una mezcla de furia e irritación, pero, tras un rato, apartó la mirada para fijarla en el piso. Sus ojos se suavizaron, y pude notar que consideraba la idea.

–No es tan mala idea…–, murmuró, nuevamente para sí mismo. Me removí en mi sitio, tratando de decidir si me sentaba en la cama o escogía un lugar en el suelo para dormir–. Supongo que podemos seguir esa idea.

–¿Tiene otra mejor? –, pregunté, con un sarcasmo que no fue intencional.

–Muy gracioso, Jaeger. No me hagas despedirte–, amenazó.

–¿Qué onda con el apellido? Después de todo, estamos casados– dije sonriendo, mientras mostraba el anillo de bodas falso en mi dedo. Ahora sí estaba siendo sarcástico.

–Vete a la mierda–, dijo Levi, levantándose de la cama–. Me voy a duchar. ¿No precisas el baño?

–Nah, estoy bien–, respondí, haciéndole un gesto. Él soltó un suspiró antes de ir a su vestidor y sacar unos pijamas–¿Dónde pondré mis cosas? –, pregunté.

–Puedes correr las mías si lo precisas–, me respondió sin mirarme. Supongo que no hará falta, el vestidor era más grande que él–. No pensarás traer toda tu habitación, ¿verdad?

–No, sólo algo de mi ropa–, repuse–. Y también mi cepillo de dientes–, agregué, sonriendo. Eso pareció agradarle.

–Muy bien–, dijo. Le observé llevar sus cosas al baño y abrir el agua. No pretendía mirar, pero mis ojos vagaron mientras se quitaba la camisa blanca. Me descubrí sintiendo celos, porque ese hombre, petiso, desgarbado y sin carne en sus huesos, tenía tremendos abdominales. ¿Cuánto tiempo me costó tener abdominales cuando iba a la secundaria? Me parece que me tomó TODA la cursada.

Mi curiosidad se incrementó, mientras él seguía con sus cosas y me fue imposible no preguntarle.

–Eh… hum… ¿Rivaille? –, le llamé.

–¿Sí…? –, regresó a la habitación con una toalla sobre los hombros.

–¿Dónde… eh… dónde dormiré yo? –, pregunté.

–Obvio que en mi cama– dijo, sin el menor atisbo de sarcasmo ni rictus en la cara. Otra vez, ¿cómo es capaz de mantener esa cara de póker?

–¿Está seguro? Pu-puedo dormir en el piso, si eso facilita las cosas–. Mierda, tartamudeé. Es porque no está usando camisa y le tengo envidia, eso es todo.

–¿No sería un espectáculo raro en el caso de si entraran mis abuelos: tú en el suelo y yo durmiendo solo en la cama? –. Resopló y se apoyó contra el marco de la puerta, cruzando los brazos sobre el esculpido pecho–. Puedes quedarte en un lado de la cama, y yo en el otro. Si ellos entran, podemos hacer todo lo referido a "cariñitos". ¿Te parece bien? –, preguntó.

Asentí, comprendiendo. Era mejor que dormir en el piso con unas sábanas como almohada.

–Sí, está bien–, dije. Levi asintió, para desaparecer dentro del cuarto de baño y cerrar la puerta. Suspiré cuando me quedé solo, aflojando el cuerpo cuando estuve libre de su inquisidora mirada. Aproveche para mirar en derredor y embeberme con la belleza de la habitación, antes de sentarme en el otro extremo de la cama.

Estaba contento de que Levi me dejara dormir en la cama. Era increíblemente cómoda. Miré sobre mi espalda para asegurarme de que Levi no me viera, y me dejé caer sobre la cama, para luego hundir la nariz en las almohadas. Incluso estas tenían funda de seda azul. ¿Eran de memory foam? Yo tenía unas viejas y baratas en la cama de mi casa, y ni eran así de cómodas. Me tomé un largo rato para disfrutar del lecho, las sábanas y almohadas me adormilaron más rápido de lo que pensaba.

Mientras cerraba los ojos e inhalaba, dejando que el sueño me cubriera como una manta, el perfume de Levi atrajo mi atención. Hundí más la nariz en la almohada y volví a inhalar, intentando hallar ese conocido aroma. Lo conocía por los dos años de trabajar con él como su asistente personal, pero también podía percibir algo más, algo más indefinido que no se notaba, a menos que metieras la nariz en su cabello o ropas. ¿Qué era? Lo reconocía, pero no lo podía identificar.

Era un aroma áspero, como de bosque amaderado. Quizás a lluvia. ¿Era eso? Como una buena y pesada tormenta. ¿Sería el champú que usaba Levi? Pero nunca hallé alguno con ese perfume.

Me costó varios minutos de meditación darme cuenta de que me veía ridículo. Sentado en la cama de mi jefe, olisqueando un aroma adictivo. Decidí olvidarme de eso, aunque seguía sintiendo curiosidad. Probablemente iba a descubrir que era en esas dos semanas, así que estaría bien.

Olvidando el aroma, me erguí para quitarme la camiseta y la doblé, dejándola en el piso por el momento. No tenía nada que ponerme, quedando desnudo, y una vez listo me metí entre las sabanas. No estaba seguro de si tenía permitido dormir dentro o fuera, pero si me equivocaba, Levi se aseguraría de matarme después. ¿No sería eso divertido?

Dejé caer la cabeza sobre la almohada y me cubrí con las mantas. Nuevamente, ese aroma invadió mis sentidos. En verdad olía como una tormenta, y me carcomía saber cómo era posible que Levi tuviera ese olor en su propiedad privada, pero me convencí de que más tarde lo descubriría. Cerré los ojos y me relajé, el sueño fue veloz en atraparme.

Estaba medio dormido para cuando oí que Levi salía de la ducha. Apenas registre que salió y que eventualmente se sentó sobre la cama, a mi lado. Me quedé en silencio, atrayendo más las mantas a mi rostro. Aspiré de manera inconsciente su aroma. Me dí la vuelta, apenas abriendo los ojos y viendo qué hacía Levi.

Mi jefe estaba estirando los brazos por encima de su cabeza y suspirando, mientas sus músculos se estiraban. Tenía un vaso de agua en la mesita de luz, y junto una pequeña píldora blanca. Vagamente recordé lo que dijo el abuelo sobre tomar agua e irse a dormir, y me provocó una sonrisa: Levi se parecía mucho más a sus abuelos de lo que pensaba.

–¿Para qué es la pastilla? –, pregunté. No me había percatado de que lo hice hasta que las palabras resonaron en mi cabeza, y Levi se volvió a verme, con su usual enfado.

–Para ayudarme a dormir–, repuso, antes de tomarla. Le observé volver a poner el vaso en la mesita y solté una risilla.

– ¿Qué es tan gracioso? – gruñó, mientras tendía las mantas sobre sus piernas.

–Ah, na-nada, es que-

–¿Qué? –, me ladró amargamente, mientras se recostaba apoyándose sobre los codos.

–Me recuerda a su abuelo… L-lo del agua–, respondí, encogiéndome en el caso de que decidiera golpearme (porque lo haría, si lo fastidiaba lo suficiente). Levi miró su vaso con expresión ausente, antes de resoplar y tumbarse del todo.

–No me diga que no se dio cuenta–. Estaba sorprendido. ¿Nunca se había dado cuenta de su parecido con su bisabuelo?

–Buenas noches, Jaeger–, gruñó, antes de darse la vuelta y darme la espalda. Tiró de las mantas para cubrirse los hombros y ocultar la cabeza en las almohadas, efectivamente evitándome su imagen. Un momento de silencio se hizo, antes de que yo suspirara y me volviera a mi lado, sin mirar a nada en particular, mientras cerraba los ojos.

–Buenas noches, Rivaille…–, susurré, pero no me respondió. El silencio nos rodeó, la oscuridad al fin se asentó y me dificultó dormirme. Yo acostumbraba a hacerlo mientras oía algo de fondo, una canción tranquila (preferentemente piano) o sino las noticias de la tele. Esta situación era algo a lo que me iba a tener que acostumbrar. Podía buscar mis auriculares y escuchar música en el celular, pero no quise correr el riesgo de molestar a Levi. Que era lo único que me faltaba.

Eso me hizo acordar a Mikasa. Le había mandado un mensaje durante la cena, para decirle que me iba a quedar hasta tarde en el trabajo y que no me esperara, pero seguramente lo haría. Mañana, no solo iba a tener que explicarle la situación, también tendría que disculparme por todo una y otra y otra vez…

Me iba a matar antes de que Levi lo hiciera.


Me alegra decir que el sueño me encontró media hora después. Me sorprendió, ya que no suelo dormirme tan fácilmente (tampoco dormir) sin que algo suene en el fondo. Me sorprendí más cuando desperté, porque estaba atrapado en un poderoso abrazo: unos brazos me rodeaban, una mano en mi cabello y la otra en mi hombro. Podía oír el latido de un corazón y el apagado murmullo de unos susurros. Alguien hablaba, pero no podía asegurar de si era yo u otra persona.

–Je ne sui spas sûr. Que voulez-vous faire aujourd'hui? –. Oía con claridad la voz de Levi. No tenía idea de lo que decía o de dónde me encontraba, pero no me importó. Me acurruqué en su calor y suspiré, algo me rozaba la nariz, con el aroma de Levi.

–I'll y a beaucoup de choses à faire dans une ville cette grande. Ill serait agréable de s'asseoir dans un parc. Pouvons-nous le faire? –. Vagamente pude identificar la voz de la abuela, pero, así como Levi, hablaba en francés. Estaba más perdido que lo esperable.

–Bien sûr, nous le pouvons–. Otra vez Levi. Su voz era mucho más fuerte que la de la abuela, a pesar de que susurraba.

–Eren aimerait-il aller au parc? –. Distinguí mi nombre, y eso me hizo abrir los ojos. Parpadeé débilmente, tenía los ojos cansados y fuera de foco. Todavía estaba algo oscuro, pero pude ver el contorno del hombro de Levi, su cuello y pecho estaban a centímetros de mi cara.

–Je ne vois pas pourquoi qu'il ne l'aimerait pas. Je lui demanderai quand il se réveille–. Dijo Levi con quietud, y su abrazo se hizo más fuerte. Me vi obligado a contener algo similar a un suspiro.

–Laissez-le dormir. Hier, c'était une longue journée–. Dijo la abuela tan tranquila como él, pero su voz cargaba el esperado cariño. ¿Cómo era posible que estuviera emparentado a esa gente? Eran tan amables y cariñosos, y Levi era… no tan así.

–Vous n'avez pas una idée–. La voz de Levi fue sarcástica, así que seguro había replicado que le dijeron.

–Travaillez-vous dur pour votre bureau? –, dijo la abuela.

–Oui, nous travaillons dur. Nous terminons une enquête maintenant, en fait.

–Que lest votre itinéraire après? –. Para esta altura, y por el silencio, suponía que el abuelo no estaba en la habitación.

–Nous espérons pour se détendre. Cette enquête a éte difficile pour tout le monde–. Levi suspiró tras hablar, su barbilla se posó sobre mi cabeza. Suspiré a gusto, acurrucándome más cerca de su cuello, la mejilla contra su hombro, del que me percaté estaba desnudo. Toda la parte superior de su cuerpo estaba descubierta, de hecho, si acomodaba los brazos, era capaz de sentir su piel rozar la mía. ¿A dónde había ido a parar su camiseta?

Ahora que me daba cuenta, yo tampoco tenía la mía. Me la había quitado antes de acostarme, quedando con el torso desnudo. Los dos ahora estábamos en la misma cama, uno contra el oro, descamisados, y, además, Levi conversaba con su abuela como si nada, como si no fuera un momento incómodo. Y, para colmo, me estaba acurrucando contra él, con las manos atrapadas entre nuestros pechos y posadas sobre sus bíceps, cosa que recién me percataba. Había tantas cosas mal con esa postura, que ni sabía dónde empezar.

–Ne le laissez pas ruiner votre mariage comme il avait avec ariage avec Petra–. El nombre de Petra otra vez. ¿Nos estaban comprando? ¿Acaso ella me insultaba? ¿Estaba insultando a Petra? Ella no había hecho nada para merecerlo.

–Je ne vais laisser cela se produie à nouveau. Ma relation avec Eren ne sera jamais ruiné–. Volví a oír mi nombre, y no pude evitar incorporar la cabeza un poco. Eso hizo que mi fisgoneo se arruinara (que tampoco era algo fructífero, ya que no entendía nada de lo que decían), porque Levi inclinó la cabeza para mirarme–. Eren, ¿estás despierto? –, preguntó, para mi fortuna, en español.

Alcé otro poco la cabeza y la apoyé contra la almohada, en vez de su hombro. Su brazo seguía tras mi nuca, proveyéndome más comodidad mientras asentía.

–Mhm–, murmuré, mientras me frotaba los ojos con la palma.

–Ay, lindo, espero que nuestra charla no te haya despertado–, dijo la abuela frunciendo el ceño, haciendo que su rostro se arrugara con preocupación y ancianidad.

–No, no fue eso–. Sí, lo fue.

–¿Dormiste bien? –, preguntó Levi, frotándome la nuca con os dedos, que eran increíblemente gentiles de repente. Era muy atento conmigo, no tenía idea de cuánto iba a durar, pero me gustaba. Era un lindo cambio en comparación con el jefe que normalmente me pegaba por cualquier nadería.

–Sí, increíblemente…–, susurré, dejando caer la cabeza contra su hombro.

–Eso es muy lindo de saber–, gorgojeó la abuela, palmeándome tiernamente la cabeza. Yo seguía consciente del hecho de que estaba semidesnudo, pero no quise ser maleducado y esquivar algo que no era más que un simple gesto. Terminé quedándome quieto en mi lugar, sin alejarme de su caricia–. Levi y yo hablábamos de ir hoy al parque. ¿Te gustaría hacer eso hoy, Eren?

–Suena muy bien–, dije, mientras me apoyaba en un codo. Levi apretó su abrazo, como si intentara recordarme nuestro plan, pero yo no era tan tonto–. Salvo que, y olvidé comentarlo, Levi, prometí a un amigo ayudarlo en su mudanza–. Logré decirlo a través de un bostezo.

–¿Era hoy? –, dijo él, logrando sonar desalentado.

–Sí, me había olvidado por completo–, gruñí.

–Ah, qué mala suerte–, rezongó la abuela. Odié lo triste que sonó, y por eso me apuré a corregirlo.

–No debe tomarme mucho. Levi, ¿por qué no los llevas a dar una vuelta por la ciudad, mientras yo me ocupo de eso? Cuando todos estén de regreso, haré el almuerzo-. Miré a Levi y le sonreí, intentando verme como un recién casado. Sólo imitaba lo que había visto en la tele, y, por lo visto, los recién casados se veían muy felices por las mañanas, al despertar junto a sus personas amadas.

–No me molestaría–, dijo él, y miró a su abuela–. ¿Qué te parece?

–Es una idea maravillosa–. La sonrisa de la abuela se hizo más amplia–. Una vez que tu abuelo se despierte, le diré–. Dijo, mientras se erguía de la silla junto al escritorio de Levi. Mis ojos se abrieron rápidamente cuando la vi pararse, ¿no era que no podía hacerlo? La vi, claro como el agua, ayer en una silla de ruedas. ¿Qué había pasado?

Mire a Levi en busca de respuestas, y mi jefe sólo giraba los ojos. Negó con la cabeza, y me hizo volver a tumbarme contra la cama, ocultándome contra el hueco de su nuca. Me reí ante esa acción.

Ya me había percatado de lo que hacía. Estaba siguiendo el momento (actuaba), así que era normal que le siguiera el juego. Le rodeé con mis brazos y lo atraje más cerca, mis manos se posaron sobre su espalda, mientras él prestaba atención a su abuela.

–Abuela, ¿estás bien? –, le preguntó.

–Rivaille, estoy bien. Sólo un poco agitada–, susurró ella, mientras salía. Cerró la puerta, dejándonos solos y, después de unos momentos de silencio, el agarre de Levi al fin cedió. Yo solté un suspiro de alivio, y dejé caer la cabeza sobre las blandas almohadas.

–Disculpa eso. Mi abuela no sabe nada sobre privacidad–. Gruñó Levi, frotándose la nariz. Le respondí con un gruñido desde las profundidades de la almohada–. Nunca tuve privacidad de niño–, prosiguió. Alcé la cabeza y la apoyé de lado, para verlo.

–¿Vivió con sus abuelos?

–Ocasionalmente–, me respondió mientras se sentaba, y se masajeó la nuca.

–¿Por qué? –, pregunté, curioso. La mirada que me dio sugería que no debía insistir en esas cosas.

–No es de tu maldita incumbencia–. Ah, el típico Levi había vuelto. Daba algo de normalidad a una mañana ya de por si extraña–. Me voy a bañar–. Se levantó y estiró los brazos por encima de la cabeza.

–Anoche lo hizo–, señalé, alzando la cabeza.

–Sí, ¿y? –. Se inclinó contra la puerta del baño y me miró. Me quedé callado un momento, y sacudí la cabeza.

–Nada, no importa–, dije, y me senté.

–¿A qué hora sales? –, pregunto, mientras apartaba sus cabellos (desordenados por la cama) de su rostro.

–Deje que me fije–, susurré, mientras me doblaba para recoger mi camisa.

–¿Qué quieres decir con eso? –. Señaló Levi, y pude sentir las cuchillas que me clavaba en la espalda mientras me miraba. Saqué mi celular del bolsillo y lo abrí para ver la hora. No logré hacerlo: había sido bombardeado con llamadas perdidas y mensajes, todos de la misma persona. Abrí el primero y lo leí.

"Eren, ¿dónde estás? Me estoy preocupando". Lo leí en voz alta antes de proseguir al siguiente. "Ya es muy tarde, al menos llámame así sé que estas bien". Seguí con el otro: "Eren, atiende el teléfono. Si no lo haces, llamo a la policía."

Me reí antes de cerrar el teléfono y suspirar.

–Creo que eso responde su pregunta–. Gemí con culpa y vergüenza, antes de patear a un lado las sábanas–. Todos eran de Mikasa.

–¿Tu hermana?

–Sip–, dije, girando el cuello–. Se va a aponer como loca cuando se entere de esto.

–¿Estarás bien si vas solo? –. Levi sonrió con malicia ante su comentario. La verdad era que, sin embargo, no tenía idea. Mikasa no iba a estar contenta de saber que le había mentido, que pasé la noche fuera, que dormí con el jefe y que estaba el tema de contarle que jugaba a ser el marido de éste. Estaba tan jodido, que no había suficientes niveles para marcar cuánto.

–Si no sabe de mi para después del almuerzo, seguro me morí–, espeté, antes de volver a abrir el teléfono. Tenía que responderle a Mikasa antes de que en verdad llamara a la poli (si era que todavía no lo había hecho).

"Lo siento, estoy bien, te lo juro. Llego en media hora. Tengo que hablar contigo", escribí antes de enviarlo. Sabía que, una vez que ella lo leyera, me iba a volver a llamar, por lo que debía apurar el paso para salir.

– ¿No quieres ducharte antes? –, me preguntó Levi.

–Nah, lo hago en casa–. Le hice un gesto con la mano. Levi se encogió de hombros antes de entrar al baño y desaparecer tras la puerta. Oí la ducha correr, y me pregunté de quién cogió esa obsesión con la limpieza, pero deseché la pregunta. Probablemente lo descubriría, viendo que no podía estar cinco minutos sin ponerse a limpiar algo. Si era tan malo como en sus abuelos, lo iban a demostrar muy pronto.

Suspiré una vez más, mientras me ponía la camiseta y me levantaba. Mi mochila estaba sobre el sofá, así que no la habían tocado. Mis zapatillas seguían junto la puerta, así que sólo debía ponérmelas antes de estar listo para irme. Si los abuelos seguían acostados, todo saldría bien, podría escabullirme sin que me vieran (aparte, vistiendo lo mismo que el día anterior), y ocuparme del problema con Mikasa.

Y, justo cuando pensaba en eso, mi celular vibró en mi mano. Bajé la mirada y miré el contacto. Era un mensaje de ella, pero cualquier cosa podría decirse en un mensaje. Contuve el aliento mientras abría el teléfono y lo leía.

9:13 A.M.

Mikasa:

"Cuando llegues a casa estás muerto."

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