CAPITULO 9: Semejanza
NdT: Lamento en verdad el retraso de este capítulo. Han sido meses ocupados a nivel personal, y el calor del verano no ayuda.
Desperté con una luz tenue sobre los ojos. Las cortinas habían sido corridas y apenas dejaban entrar la poca luz del sol que recién salía. Estaban abiertas justo en dirección al sitio donde yo descansaba.
Solté un ligero quejido, y cerré los ojos para bloquear la luz. Me hice un ovillo en la calidez de la cama, disfrutándola lo más que podía. Sabía que no volvería a concebir el sueño con facilidad, y el sol no ayudaría en mi intento. Por ello, solo suspiré y bajé la cabeza, esperando ocultarla entre las sabanas. No funciono: para mi sorpresa, me encontré con la cabeza de Levi.
Retrocedí un poco, para verlo apretado contra mí, su pecho desnudo contra el mío y sus brazos atrapados entre nosotros. Me dio envidia que siguiera durmiendo, pero no podía centrar la atención en ese sentimiento. Estaba enfocado en cómo se sentía contra mí, en cómo los mechones de cabello se arremolinaban sobre su frente y mejillas, en cómo su aliento me producía cosquillas en el pecho, y n cómo sus labios estaban entreabiertos. Podía ver la humedad entre ellos y, apenitas, percibir el aroma a te en su aliento. Estaba así de cerca de él, tanto que podía ver las marcas de expresión en su rostro, tanto que podía per sus blancos dientes asomarse de sus suaves labios, tanto que nuestros rostros estaban separados por apenas unos centímetros, tanto que, si me inclinaba un poco…
… Jaeger, retrocede, carajo.
No debería estar pensando estas cosas sobre nadie, y mucho menos de mi jefe. Era demasiado temprano en la mañana, y me sentía cansado, muy muy cansado. Acusé estos sentimientos a una semana ya de por sí bastante extraña.
Piensa Eren, piensa. ¿Qué pasó ayer, para que terminaras en esta situación? Recordaba lo que Levi hizo por mí, y quedarme dormido entre sus brazos. Desperté, y me sentí mucho más cansado que antes. Levi nos trajo a casa, y luego… ¿Qué pasó? No volví a desmayarme, ¿verdad?
No, no lo hice. Recordé llegar a la casa, cenar con los abuelos, terminar a tiempo mi tarea (claro que con la ayuda de Levi), y luego ir a la cama. Había experimentado tantas emociones que estaba agotado, y el resto del día pasó en un suspiro. Así que, ¿cómo fue que llegué a esto? Me fui a la cama y…
Oh…
Mierda.
Hice tremenda cucharita con él. Ahora lo recordaba, tan claro como el agua. Cuando nos fuimos a la cama, sin siquiera pensarlo, me apreté contra su espalda y lo rodeé con los brazos. En su nuca hundí la cara, y así me dormí.
¿Por qué me dejó hacerlo? ¿Por qué no se opuso? Se suponía que dormiríamos cada uno por su lado, así que, ¿por qué me dejó hacerle cucharita? ¿Por qué dejó que las cosas llegaran tan lejos?
De acuerdo, era hora de que me calmara. Si entraba en pánico, lo iba a despertar, y era muy temprano como para que se pusiera de malas conmigo. La cosa ya era bastante rara, como para terminar con una bota enterrada en el culo. Que sería una maravillosa manera de empezar el día.
No había señales de sus abuelos. Era evidente que no estaba actuando.
Me volví a mirarlo antes de apartar los brazos: esperaba liberar el izquierdo, que estaba debajo de su cabeza, sin que en el proceso lo despertara. Me moví un centímetro, y Levi apretó los ojos, para volver a acurrucarse contra mí; todavía dormido, su cabeza cayó contra mi hombro. A la altura de su boca, sus manos se cerraron en puños y arrugó la frente, mientras un susurro escapaba de sus labios. Ni me preocupe por haberlo despertado: estaba totalmente anonadado por lo tierno que se veía.
Rivaille, mi jefe, podía verse… ¿lindo?... Carajo, eso sí que es algo retorcido…
–Ah, ¿Levi…? –. Hubo un llamado a la puerta, seguido por la voz de la abuela al otro lado. Fui despertado de mis pensamientos por su voz, y volví a acomodar el brazo para que ella no sospechara nada. Levi no despertó cuando entró (podía caminar, pero, como se cansaba rápido, usaba la silla de ruedas), por lo cual levanté la cabeza, simulando haber despertado recién –. Ah, Eren, no quise despertarte.
–Está bien–, susurré con una sonrisa cansada, y me froté los ojos–, ya me había despertado.
–Para esta hora, normalmente Levi ya está levantado. Debió haber tenido una noche muy agotadora–, repuso ella, mientras iba hacia las cortinas para abrirlas. La brillante luz de la mañana inundó la habitación, a lo cual reaccioné encogiéndome y escondiendo la cara en la nuca de Levi, tratando de cubrirme. Que no sirvió de mucho–. Nunca ha tenido el sueño fácil.
–Yo tampoco–, musité.
–Hijo, perdona el haberte despertado–, replicó la abuela, haciendo un mohín.
–Está bien. Como dije, ya estaba despierto–. Giré un poco, mientras la abuela se acercaba a mi lado, y se sentó. Me encogí, ya que podía oír a sus pobres huesos quejarse con crujidos–¿Por qué está usted despierta tan tempano? –, pregunté.
–Hacía el desayuno–, explicó, dándome otra de sus cálidas sonrisas.
–Me voy a poner gordo por cómo me alimenta–, repuse con sarcasmo. Ella rió, palmeándome el hombro.
–No te vendría mal un poco de peso.
–Yo como–, rezongué.
–Sí, pero no como deberías. Levi era igual, pero conseguí hacerlo entender–, dijo, señalándolo.
–Ah, ¿sí? –, pregunté–. Porque la última vez que le llevé el almuerzo, le dio tres mordidas a su hamburguesa, y tiró el resto a la basura–. Suspiré. Era evidente que Levi ya no comía. Nunca conseguía que comiera su almuerzo en el trabajo, siempre se quejaba de estar "muy ocupado" como para hacerlo.
–Vamos a tener que enseñarle de nuevo como comer, pero no hoy. Hoy es un día muy ocupado–, dijo ella.
–¿Por qué? ¿Qué haremos? –, repliqué. Levi no se había molestado en decirme el itinerario del día. Creí que iba a ser otro de aburrimiento (de nuevo libre del trabajo), comiendo la comida de la abuela y viendo la tele.
–Eren, verás, esperaba que saliéramos a dar un paseo–, respondió, volviéndome a palmear el hombro.
–Ah, claro, bien. Deberemos esperar a que Levi despierte–, dije, mirándolo cuando se reacomodó en su sitio. No se estaba haciéndose el dormido, ¿no?
–Ah, no, no, mon bebe. Quiero dar un paseo contigo, a solas–, explicó, con otra sonrisa. Sentí una extraña tensión en el aire, como si ella estuviera planeando algo extraño. ¿Qué sería? No sabía, pero sí que algo iba a pasar. Complotaba algo, y, si le preguntaba a Levi, seguro concordaría conmigo.
–Oh… Bueno, no veo problema con eso–, repuse, apretando gentilmente los hombros de Levi. Si estaba despierto, silenciosamente le imploraba por auxilio.
–¡Maravilloso! –, dio una palmada y se removió feliz sobre la cama. Estaba feliz de verla contenta, pero tenía la rara sensación de que no iba a poder zafar de esto, sin importar lo que dijera. No iba proponerme matrimonio ella también, ¿verdad? –. Bueno, será más tarde. Debes relajarte: te haré saber cuándo esté el desayuno–. Me acarició la cabeza antes de salir del cuarto, sin mediar más palabras.
Agaché la cabeza con un pesado suspiro, relajando los hombros. ¿Cómo era que me sentía tan cansado después de dormir toda la noche? ¿Y por qué también pasaba tras haber conversado con alguien? Supongo que ella era una persona energética.
–La puta madre–, gruñó Levi contra mi cuello. Me senté derecho y torcí el cogote para mirarlo. Definitivamente, estaba despierto, y también encabronado. Jamás había visto a Levi tan enojado tan temprano por la mañana.
–Buenos días–, dije con un bostezo, un recuerdo de que estaba cansado. Levi no respondió. Sólo se sentó erguido, apartando mis brazos en el proceso, e hizo a un lado las mantas. Tragué saliva, la tensión en el aire otra vez era densa.
Mierda, estaba encabronadísimo, pero ¿por qué? ¿Qué había hecho mal? ¿Acaso se debía a lo de anoche?
–Buenos–, respondió con aspereza, tras un momento de silencio. Sentí que esa era mi señal para cerrar el pico, y que ya me estaba apuñalando mentalmente con un cochillo para manteca, pero yo, como siempre, no pude mantener el pico cerrado.
–Ah… So-sobre anoche…
–¿Qué pasa con anoche? –. Preguntó, mirando por encima de su hombro.
–So- sólo eso, que me disculpo. No sé por qué lo hice, y… lo siento, eso es todo–. Seguí balbuceando y parando, seguro de que eso lo ponía más furioso, pero debía dejarlo salir. Era mejor a no decir nada.
–Gracias–murmuró, y salió de la cama, dejándome a solas sobre el lecho, un poco frio tras la pérdida del calor de su cuerpo. Le observé ir al baño dando prácticamente trompicones, pero ni se molestó en cerrar la puerta.
¿Qué hice para molestarlo tanto?
–Esto… ¿Rivaille? –, salté de la cama y miré dentro del baño. Se estaba lavando la cara con agua fría, y todavía se veía enojado.
–¿Qué? –, repuso. Me ahogué con la respuesta cuando vi como el agua caía por su rostro. Concéntrate, Eren.
–Lo, lo siento, en verdad–, volví a disculparme.
–Te oí la primera puta vez–. Mientras parecía arrancarme la cabeza, tomo una toalla. Si el aire no hubiera estado tan cargado y presionándome, me habría reído ante la imagen de Levi literalmente arrancándome al cabeza de una mordida.
–Ya lo sé, pero-
–Si ya lo sabes, ¿para qué sigues disculpándote? –, replicó, mirándome a los ojos.
–Porque estás tan enojado conmigo, y en verdad no sé qué hice mal–, respondí, mirándome los pies. No podía soportar verlo a los ojos cuando estaba tan enojado, porque me daba la sensación de que me apaleaba mentalmente.
–No estoy molesto contigo. Ni siquiera estoy enojado–, dijo, empujándome hacía la habitación.
–Podría haberlo jurado…–, repliqué, mientras lo seguía.
–Eren, estoy molesto. Estoy irritado–explicó, incliné la cabeza, mudamente pidiendo que se explayara. Él solo suspiró–. Mi abuela no sabe nada personal de nada. Solía ir "a pasear" con Petra cada vez que venía de visita, y siempre le contaría algo sobre mí que no quería que ella supiera.
–Lo mantengo en secreto por un motivo, pero mi abuela no lo entiende. Cree que todos en el mundo deberían saber todo sobre mi vida, y eso me revienta.
–Así que… ¿crees que ella me contará algo? –, pregunté, dubitativo.
–Eso, o que quiere sabe más sobre ti y husmear en tu vida–. Levi sacó un camisa limpia de color blanco, y unos jeans negros.
–Ya le conté sobre mis padres. ¿Qué más querrá saber? –, dije, siguiendo mientras se vestía.
–Lo que sea que quiera saber–, dijo, mientras se arreglaba la camisa.
–Entonces, ¿debería decirle que no? –, repuse, con los dedos temblorosos sobre los botones del pantalón. Había medio sido obligado en contarle a Levi lo que me había pasado. No me arrepentía de ello, al manos ya no, pero no estaba listo. Tampoco para compartir mi historia con el resto de mundo.
Levi suspiró, deteniéndose en medio del abotonamiento de su camisa.
–Mira, puedes contarle lo que se te la gana, o mejor, lo que te parezca cómodo de compartir. Sólo niégate en el caso de que sea algo demasiado sensible, porque sé cómo es, y, a veces, es medio metiche. Sin embargo, siempre es amable, así que no te sonsacará información: parará si le dices que no–. Me miró las manos mientras proseguía–. Sólo… no prestes atención a lo que te diga.
En verdad me lo estaba implorando.
–Los pantalones se me van a estallar…–, susurré, antes de contener un eructo. La abuela rió, feliz al dejar caer una espátula en el fregadero.
–Entonces, he cumplido con mi trabajo–, señaló. Reí antes de volverme a ver a Levi, cuya cabeza estaba contra la mesa, con una taza de te en la mano y una tostada mordida en la otra.
–Qué bueno que también te haya alimentado–, dije. Levi tuvo un hipo antes de girar la cabeza y dejar caer el resto de la tostada en su plato. Gruñó, apretando la mano sobre la taza y la otra sobre el vientre.
–Te odio…–, gimió por lo bajo, pero le había oído, y supe a que se refería. Hablaba sobre lo de esa mañana, y sobre que le conté a la abuela que comía muy poco. Lo obligó a comerse tres porciones en el desayuno, y no fueron ligeras. Fueron panqueques, algo llamado "huevos benedictinos" (que no pensé que me gustarían tanto, pero que me parta un rayo si alguna vez me los perdía).
–Me amas, y lo sabes–, dije, y le recorrí el pulgar con el dedo. Levi gruñó otra vez, intentando volver la cabeza, cosa que no pudo. Aun así, podía verle la cara, y estaba pálido. Quizás, la abuela se había sobrepasado–. Levi, ¿estás bien?
–Mm.… seguro…–, nuevos masculladas: eso me dio la impresión de que Levi no podía hablar más fuerte.
–Levi, ¿por qué no vienes a dar un paseo con nosotros? –, sugirió la abuela, posando la mano sobre su espalada.
–No–, la respuesta fue automática.
–¿Por qué…? Te ayudará con la digestión–, señaló ella, frunciendo el ceño.
–Si me muevo, vas a ver lo que comí–. Me reí por lo bajo ante su comentario. Levi actuaba como un adolescente caprichoso, como un chico que se negaba a limpiar el cuarto o hacer la tarea. Verlo tan desafiante no era algo que esperaba ver, pero era algo adorable para alguien como él.
Adorable…
Concéntrate, Eren.
–Oh, bien. Si es así, Eren, salgamos. Nosotros podemos mantenernos saludables solos–su tatarabuela suspiró, antes de ponerse de pie y arrastrarse por el cuarto. Fue mi turno para gruñir: el estómago me rezongó cuando me puse de pie y estiré los brazos. Concordaba con la idea del paseo, pero ponerse a ellos era más fácil decirlo.
–¡Vamos entonces! –, festejé–. Levi, ¿estarás bien solo? ¿quieres que te cargue, o algo?
–No, estaré bien si me quedo un rato aquí…–, susurró. Noté que el abuelo enderezaba el cuello, como intentando oír mejor. Me di cuenta de que, seguramente, no había oído nada de lo que había susurrado Levi.
–¿Seguro? Puedo traerte algunas papas fritas, si quieres–, bromee.
–Eren, te odio–. Me reí al oírlo. En verdad sonaba como un adolescente.
–También te quiero, Levi–, repuse, y me agaché para darle un beso en la frente. Me aparté y, por un segundo, sus ojos se fijaron en los míos. Otra vez se veía molesto, pero ahora era más por preocupación que por enojo.
Sólo podía suponer el motivo.
Me incliné de nuevo, ahora para dejar un beso en sus labios. Hubo un instante de vacilación, antes de que me correspondiera con una mano que se posó en mi nuca y jugueteo con mi cabello. El beso en si no fue largo, pero algo quedo pendiente cuando nos separamos, algo que me hizo desear volver a besarlo.
Debía hacer ese sentimiento a un lado.
Después, le sonreí y le pasé los dedos por los mechones de su cabello, apartándolos. Levi abrió la boca, como si fuera a decir algo, pero la abuela entro al cuarto a toda marcha y comenzó a parlotear.
–¡Eren, vamos, vamos! ¡Se nos acaba la luz de la noche! –, dijo, tirando de mi manga.
–Abuela, es luz del día–, le dijo Levi. Volví a reír, pero cuando desapareció de mi vista y salimos de la casa, fruncí los labios. Tenía una molesta sensación en el estómago, algo que no sentía desde hacia tiempo. La conocía y podía identificar que sentimiento era, pero no iba a decirlo.
No iba a admitirlo.
–Ah, que hermoso día de sol–, celebró la abuela de Levi, mientras caminábamos por el parque cercano. La vi internar andar más rápido, apenas, y, tras cinco segundos, estar tan cansada como yo estaba la noche anterior.
–¿Sabe? Antes de que llegaran, había estado lloviendo una semana entera. Me parece que se trajo el sol con usted–, le dije, envolviendo el brazo sobre sus hombros. Ella rió, palmeándome el brazo y sus ojos grises miraron en derredor del lugar, llenos de emoción y asombro. ¿Cómo diablos estaba emparentada con Levi?
–Oh vaya, no sé porque Levi se queja tanto de esta ciudad. Es muy hermosa–, dijo, con tono airoso.
–¿Se queja de este lugar? –, pregunté, y de inmediato me arrepentí. No debía hacerla sospechar.
–Sí, al menos cuando habla por teléfono. ¿No te lo dice?
–No, pero a veces lo oigo cuando conversa con usted. Supuse que se quejaba sobre otra cosa–, respondí, rascándome la nuca.
–Ah, ya veo. ¿Por qué se queja de este lugar? –inquirió ella.
-Bueno, usted ha visto muchos lugares, pero no toda la ciudad. Hay muchas zonas peligrosas, muchos crímenes, y siempre esta en movimiento. Después de todo, es la ciudad que nunca duerme.
-Nunca oí sobre eso–, susurró, cosa que de verdad dudé. ¿Cómo era posible de no haber oído de Nueva York? No digo que sea la mejor ciudad del mundo, cosa de lo que estoy seguro, pero es bastante famosa, sin mencionar el atentado del once de septiembre.
Me encogí de hombros. Podía ser cierto, pero en verdad me resultaba algo insólito.
–Sí. Se que a Levi no le gusta aquí, y en eso puedo coincidir…–, comenté. No quise decir algo como "deseamos mudarnos" porque, si hablaba con él y no concordaba, sabía que yo habría metido la pata mal–. Quizás podamos mudarnos más adelante–, sugerí. Quizá con eso no haya problema
–Eren, ¿a qué lugares te gustaría ir algún día? –, me preguntó, mirándome.
–Bueno, nunca antes viajé, y no he pensado sobre el tema, pero sé que tengo muchas ganas de ir a la playa alguna vez–, admití con una sonrisa. No había comentado del tema en años, no desde que Armin viviera con nosotros, mucho antes de la universidad.
–Ah, la playa. ¿No hay alguna cercana por aquí? –, preguntó.
–Sí, pero he estado muy ocupado, y… había prometido ir con un amigo mío. Es quien me dio la idea.
–¿A qué universidad va tu amigo?
–Harvard–, respondí, sonriendo.
–¿Un chico Harvard? Debe ser muy listo.
–Armin es un genio–, respondí sin más–. Mientras que otros chicos de nuestra edad se drogan o tienen relaciones, él leía libros. Los amaba, por lo cual leía cualquier cosa. Una vez, durante un sábado en que estábamos aburridos, se leyó el diccionario para entretenerse.
–Suena como un joven encantador–, dijo la abuela de Levi. hubo un instante en el cual algo sonó fuera de lugar, la sangre se me heló en como pronuncio la palabra "joven".
No se había dado cuenta, ¿verdad?
–Sí, es genial. Hace semanas que no lo veo, y lo último que supe de él fue a través de una llamada, pero está muy ocupado con la escuela. No sé cómo lo hace.
–Bueno, está bien relajarse de vez en cuando–, repuso ella, y la oí suspirar.
–¿Está cansada? –. Me detuve.
–Sólo un poco agitada–. Pude notar que su respiración estaba un poco alterada, y, algo asustado, busqué el asiento mas próximo. Para nuestra fortuna, había un banco a unos metros, y ahí nos dirigimos. La ayudé a sentarse, sintiéndome mal por ella cuando noté cuán difícil se le hacía. La pobre no solo estaba cansada, apenas si podía andar.
–Quizás deberíamos regresar. Debe descansar–, sugerí, poniendo una mano sobre su huesuda rodilla. No lo había notado anteriormente, pero ahora que la sentía, me percataba de su delgadez. No te dabas cuenta gracias a su amplio suéter o largas polleras, pero era increíblemente delgada. Quizás, alguien debería preocuparse por su alimentación.
–Quizás, pero primero déjame descansar. Debo recuperar el aliento–. Alzó la mano en señal de que necesitaba reposo y asentí, sentándome a su lado.
–Por supuesto.
Después de ello, se hizo el silencio. No algo absoluto, ya que podías oír los coches a la distancia y pasaron algunos corredores, y en el fondo a los niños riendo y chillando. Aparte de eso y los resuellos de la abuela, estaba tranquilo. Le froté la espalda con la mano, intentando ayudarla y, al cabo de unos minutos, al fin se compuso.
–¿Mejor? –, pregunté.
–Sí, estoy mejor–, dijo, sonriendo con seguridad. Eso hizo que la imitara. Estaba feliz de saber que estaba bien. Tenía noventa y ocho años, y no era común oír de una nonagenaria dando un paseo por la ciudad de Nueva York.
–¿Quiere ya volver? –, inquirí, inclinando un poco la cabeza.
–En un momento…–. Se inclinó contra el banco, dejando caer la cabeza contra mi hombro durante la calma. Sonreí, pero algo pareció hacer clic en mi cabeza. Ay, por dios…
Era igual a Levi.
No creo que al principio haya sido algo evidente, había notado algunas cosas sueltas, como el color de los ojos o como demostraba alegría (y apenas s tenia un punto de comparación, ya que el nieto nunca estaba contento), pero ese era el rostro de Levi, solo que mayor.
Levi se parecía a una chica… eso era algo con lo cual podría divertirme.
–Bien–rompí el silencio al fin. La abuela abrió sus ojos, mirándome con curiosidad–. Sé que no quería simplemente dar un paseo, así que, ¿cuál es el tema? –, inquirí, sonriendo. Sus ojos parecieron avivarse, como si hubiera estado esperando a que le hiciera esa pregunta.
Sentí que me había cagado encima: –Bueno, sí tengo una pregunta que hacerte.
Ay, mierda.
La abuela de Levi se sentó derecha, no sin algo de mi ayuda. Pensé al principio que planeaba pararse, así que me agaché para ayudarla, pero ella solo me sonrió y frotó la frente.
–No, no, estoy bien–, aseguró, pero siguió sentada.
–Y…entonces, ¿cuál es la pregunta? –estaba nervioso y en guardia. Temía lo que fuera a preguntarme, su juicio, el haber cagado una semana de trabajo duro y haber dormido junto a Levi. si así era, al menos podría decir que la había pasado bien haciéndolo. Claro que todo dependía de cual fuera su pregunta.
–Eren…–, volvió a frotarme la frente–, ¿Cuántos años tienes, en verdad?
Momento… ¿Qué?
–¿Ah?
–No es posible que tengas veintiocho años, Eren. Levi me lo había dicho por teléfono, y lo creí posible, pero ahora lo sé–. Me guiñó su anciano ojo y me tocó la nariz, como si fuera un crio.
–Pe-pero lo soy–, insistí. Volvió a sonreír, suave, dulce y totalmente sabia.
–Eren, eres demasiado inocente para tener veintiocho. Has visto muy poco, y Levi demasiado–. Otra vez me había quedado sin palabras, porque tenía la razón, pero ¿cómo se había percatado? –. Además, tú mismo lo dijiste. Nunca has ido a la playa, y menos viajado. Para los veintiocho, la gente ya conoce lugares.
… ¿Se había dado cuenta por eso? ¿Se había dado cuenta por preguntas cotidianas? Pequeña e insidiosa… Mierda, Levi tenía razón. ¿Qué, o más bien, con quien estaba lidiando? Estaba demasiado inconsciente cuando acepte este trabajo.
–Eren, soy vieja, he visto más que ustedes dos, y sé algunos trucos–. Suspiré pesadamente. No había manera de ocultarle nada, al menos no ahora. Solo esperaba que no me desaprobara, o peor, hiciera un escándalo con Levi. no quería problemas–. Así que, ¿cuántos años tienes? –, preguntó.
–… tengo veinte años–. Me cubrí ante el inminente impacto de las palabras duras, los insultos o maldiciones, pero no llegaron. En cambio, la abuela apoyó mi cabeza contra su pecho, y me gorgojeo contra la oreja:
–Mi pobre niño.
Esta… no era la reacción que esperaba.
–¿No… no está enojada? –, interrogue, mientras intentaba apartarme, pero, para ser tan cenicienta, me sostenía con firmeza.
–No, no, no lo estoy. Estoy muy enojada por ti–, explicó.
–¿Molesta? ¿Cómo que molesta? – ¿Estaba enojada porque Levi se había "casado" con alguien catorce años menor?
–Mi pobre niño perdió su familia a los diecisiete, han pasado tan sólo tres años–. Me abrazó con más fuerza. ¿Era en serio? ¿Eso era lo que la molestaba? No que su hijo de treinta y cuatro se hubiera casado con su empleado veinteañero. ¿En serio?
–Y-yo estoy bien, ¿sabe? No es tan serio–. Diablos, su agarre era fuerte–. N-no puedo respirar.
–Oh, lo siento–. Rápidamente me soltó, y tuve que contener el resuello. Debía ser cuidadoso si no quería ofenderla–. Pero es verdad. En verdad lo siento por ti, Eren.
–Está bien, no se moleste. Ya hice las paces con sus muertes–. No estaba muy seguro de las palabras, y ella se daba cuenta.
–Eren… ¿Qué les pasó en realidad?
–¿Tan mal miento? –. La pregunta me vino rápido.
–Tienes cierta manía cuando mientes–, me informó.
–¿La tengo? Espere, ¿qué es lo que hago? –, pregunté, el pánico me aplastaba.
–No, no te lo voy a decir–. Eso no era lo que quería escuchar. Si hacia algo cuando mentía, entonces todo lo que había estado diciendo había sido evidente para ella. Por lo que entendía, sabía que no estábamos casados, que no nos queríamos. ¿Cuándo sabia ella en realidad? Necesitaba saber lo que me delataba, así podía corregirlo.
–Yo…–. Ni siquiera odia discutirle–¿Así que…?
–Ah… Esto…–. Aparté la mirada, dejando caer los ojos sobre una hoja seca en el suelo. Recordé lo que Levi me había dicho que, si no podía seguir, podía negarme, y lo haría. Quería negarme, pero había una parte que ya no quería seguir con esta mierda. No era capaz de mentir, porque ella, de alguna manera, sabia cuando lo hacía, pero ¿qué pasaría cuando me negara?
Mentiría si dijera que no me molestaba esconder mi pasado. Lo hacía. Odiaba mentir, y odiaba esconderlo. Quizás, ahora podría decirlo. Ella parecía cómoda con el conocimiento de mi verdadera edad.
–Mi, ah…–. Alcé la mirada, viendo las expectativas en sus ojos. Aquí iba…
–Mi, ah, mi mamá era la que estaba en el auto. Un conductor borracho giró y la chocó… aparentemente, los médicos no llegaron a tiempo, todo fue muy rápido. No estuve allí, eso fue lo que me contaron…
La abuela de Levi me sostuvo la mano, como si me diera ánimos para continuar y, a la vez, me dijera que me tomara mi tiempo.
–Así que… unas semanas después de eso, bueno, mi padre cayó en una terrible depresión. Mikasa me despertó y me mostró esa carta, todo lo que decía era "Lo siento". Mi padre desapareció. No sé a dónde fue, ni siquiera si vive o ha muerto. Sólo esta desaparecido…–. Suspiré, más peso había dejado mis hombros, pero todavía no había terminado.
–Mi Eren…–, murmuró ella.
–Así que, a los diecisiete, tanto Mikasa como yo habíamos sido abandonados. De no ser por Armin y su abuelo, habríamos terminado en el sistema.
–¿Y Armin es tu amigo? –, preguntó ella a modo de confirmación.
–Sí. Nos ayudaron muchísimo. Él nos ayudó a los tres para conseguir el departamento y ponernos en marcha–. Sonreí ante los recuerdos, pero lo agridulce se disipó cuando recordaba que el abuelo de Armin ya no estaba. Había fallecido cuando teníamos diecinueve y Armin dieciocho, y tuvimos que cuidarnos solos por primera vez, sin nadie que nos diera consejo.
No hubo nadie que nos ayudara.
–Oh, Eren…–. La abuela me atrajo para otro abrazo, pero, esta vez, se lo devolví. Me frotó la espalda, su voz consoladora mientras me susurraba contra el oído. Esta vez no lloré, pero pude sentir las lágrimas asomarse.
–Estoy bien, en serio…–, le aseveré. Ella asintió, posando una mano contra mi mejilla así me veía obligado a verla. Me sonrió, y yo asentí. Retrocedí, secándome las lágrimas que me ardían en los ojos y sentí a la abuela tirarme del brazo. Intentaba pararse, y la ayudé.
–Eren, no estás solo. Nos tienes a nosotros, a tu abuelo y a mí, y a tu hermana. Somos tu familia también–, dijo, y me sostuvo la mano. Asentí, eran maravillosas noticas para mí, pero la culpa seguía en la boca de mi estómago. Estaba mintiendo.
–Sí, y tengo a Levi. No sé qué haría sin él–, dije, suspirando con alivio. La abuela sonrió con más ánimo, pero no estaba seguro de tener miedo o no por ello.
–¿Sabes a quién me recuerdas, Eren? –, preguntó de repente.
–Ah, no sé, ¿a quién? –. Le rodeé los hombros con el brazo, mientras comenzábamos a caminar, dejando la banca detrás.
–A Isabel–, anunció. Incliné la cabeza ante ese nombre, no me sonaba.
–Isabel. ¿Quién es esa? –. inquirí–. ¿Alguien famoso?
–No, tontito, es la hermana menor de Levi–, dijo, riéndose. Eso me golpeó como una roca. ¿Levi tenía una hermana? ¿Una hermana menor? ¿Y yo le recordaba a ella a la abuela?
Esto era la vuelta por haber pensado que Levi se parecía a una chica, ¿no es cierto?
La abuela dejó de caminar, mi brazo abandonó sus hombros cuando ella me miró. No estaba seguro de como responderle. ¿Levi había mencionado a su hermana menor? ¿le había dicho algo a ella? En verdad no estábamos preparados para esto…
–¿… te contó Levi alguna vez sobre su hermana? –, preguntó ella.
–…N-no, no lo hizo–. No podía ocultarle la verdad. ¿Qué sentido habría? Ella sabría si le mentía
–Oh, vaya…–, suspiró, cruzando los brazos sobre el pecho–. No me sorprende. No sabíamos nada de ella hasta que Petra llamó, comentando sobre el tema. Levi no quiere que nadie se entrometa: ni nosotros, Petra, ni tú, y, para ser sincera, me sorprende que no te moleste no saber sobre ella. ¿Alguna vez te dijo algo sobre lo que pasó?
–No–. Realmente apestaba en esto. Su abuela dio unas pisaditas, haciendo una mueca.
–Deberías saber lo que le pasó, tanto de niño como de adulto–, rezongó. Levi tenía razón: sí que era una metiche.
–¡No! –. La detuve antes de que pudiera decir algo sobre el tema. Lo repentino la asustó, pero no tanto como a mi mismo–. Qui-quiero decir… no, no me diga nada.
–¿Por qué? Mereces saberlo–, señaló.
–Lo sé, pero… Levi tendrá sus motivos para que yo no lo sepa–, le expliqué.
–Eren, debería confiar en ti–. Sonaba enojada.
–Lo hace.
–Entonces, ¿por qué no te cuenta? –, insistió.
–Confía en mí, pero… no creo que confíe en si mismo–. Eso pareció confundirla–. No importa cuánto confíe en mí. Podría confiar en que yo recibiría un disparo por él, pero no importaría. Es evidente que lo que sea que experimento hizo que se esconda. Tiene miedo, y lleva tiempo para que algunas cosas sanen.
–Hay gente que le lleva tiempo, y quizás así sea él. confía en mí, lo sé, pero no está cómodo consigo mismo. Podríamos tener un matrimonio tan perecedero como el de ustedes, y él seguiría sin contármelo. Todo se relaciona con cuan cómodo se sienta diciéndolo, y no lo obligare a hacerlo por la fuerza. Cuando esté seguro, si siquiera llega a estarlo conmigo para decírmelo, lo escucharé, y seguiré queriéndolo igual. Es… algo con lo que él haga las paces.
–Me ama, y confía en mí, pero debe confiar también en sí mismo, y no creo que lo haga. En algunos años, quizás se lo comente, y quizás entonces se sienta bien al respecto, pero no lo obligaré a hacer algo que no sienta, ni ahora ni nunca–. Conforme con mi discurso, al fin me di cuenta de que no me había molestado en tomar aire. Me costó recuperar el aliento.
Mientras, la abuela se mostraba evidentemente contenta. Tenía una sonrisa suave, los ojos entreabiertos, como si estuviera contenta conmigo. No sabía por qué. Solo intentaba detenerla, tal como me había pedido Levi.
–Eres un chico muy bueno, Eren–, dijo, tomándome la mano–. Cuando te vi, supe que serías maravilloso para Levi, y tenía razón–. Me empujó, caminando al ritmo de una pulgada por hora–. Ahora, volvamos a casa. Estoy cansada.
Estoy muy confundido…
–De acuerdo, de acuerdo, probaré un poco, pero mañana, o la otra semana. No puedo comer otro bocado después del desayuno–. Al fin habíamos regresado a lo de Levi, y ahora estábamos cruzando el hall. La abuela estaba a mi lado, debía andar despacio o ella quedaría muy atrás, me refiero a mucho.
–Me gusta cocinarles. Ha pasado tanto desde que pude cocinar para una familia, y el "abuelo" no puede cuando cocino tanta comida. Solía comer como cerdo, pero ya no más–, explicó ella.
–Me pregunto porque será…–, dije por lo bajo. No cabía duda de que el abuelo ya no podía más, después de años y años de generosas y maravillosas comidas.
–¿Dijiste algo?
–¡Nada! –. Di un respingo, hundiendo las manos en los bolsillos en busca de las llaves. Las saque y abrí la puerta con premura, antes de que me interrogara de nuevo pero, cuando entramos, descubrí que el lugar estaba a oscuras. Los pasillos parecían largos y aterradores, y la única luz era la que entraba por las ventanas, la cual era leve. No podía ver a donde iba y no había un botón en el estúpido pasillo (lo había, pero no tenía idea de donde)–. ¿Por qué están las luces apagadas?
–¿Habrá saltado un fusible? –, pregunto la abuela a mis espaldas. Pensé eso, pero, de ser así, ¿no estaría todo el edificio a oscuras?
–No lo sé…–, hice que la abuela se quedara a mis espaldas, en caso de que algo estuviera mal: como, por ejemplo, un robo. No era algo que me pareciera posible en un edificio con semejante seguridad, pero uno nunca podía saber. No quería que le pasara algo–. Quédese detrás mío…–, susurré, mientras entraba de putillas en el living. Era la única luz encendida, así que tenía sentido ir allí.
Me asomé, pero estaba demasiado oscuro como para ver algo. Estaba a punto de dar otro paso, cuando sentí un empujón a mis espaldas. La abuela me había empujado dentro y, cuando estaba por darme la vuelta y preguntarle que diablos hacía, las luces se encendieron.
–¡Sorpresa!
Ante eso surgió el mayor grito de niña que haya proferido.
–¡Feliz cumpleaños, Eren!
