A forged wedding / Una boda fingida

Autor: mystyhollowdrummer

Traducción: Maru de Kusanagi


Capítulo 10 de 31

Canción del día: Dancing alone, de Billion


CAPITULO 10: FIESTA


No puedo decir que el haber salido del departamento con la cola entre las piernas es mi momento más honroso, en especial después de todo el show que hice sobre proteger a la abuela de algún vejete violador.

Y no puedo decirlo, porque eso sería mentira.

Lo único que me detuvo de ir por la policía fue la voz de mi hermana, llamándome con tono jocoso.

‑ ¡Eren, no, espera! ¡Regresa! ‑, exclamó. Me detuve en la puerta, asomándome para verla allí, parada junto a Levi y a la abuela. Me sonreía y, para mi sorpresa, Levi también se veía risueño. La abuela reía a carcajadas, lo cual me confundía completamente.

‑ ¿Por qué diablos lo hicieron? ‑, chillé cuando recuperé las fuerzas para mover las piernas. No había amenaza o motivo para esconderme como un gato asustado.

‑Idiota‑, me retó Levi.

‑Eren, vuelve aquí y disfruta de tu fiesta‑. Mikasa caminó hasta a mí y me tomó de la mano, ampliando su sonrisa.

‑ ¿Fiesta…? ¿Cu-cuál fiesta? – repliqué, siendo arrastrado hasta el living, donde esperaba el abuelo.

‑La de tu cumple, bobo‑, repuso ella. Eso me sonó totalmente extraño.

‑ ¿Cumpleaños…?

‑Eren, hoy es tu cumpleaños‑, anunció el abuelo, mientras señalaba la guirnalda que decía "feliz cumple" que colgaba de la pared, y lo que debieron ser un millón de globos colgando del techo.

‑Eren, ¿olvidaste tu cumpleaños, verdad? ‑ inquirió Levi, yendo a mi lado y tocándome la espalda. Me miré a mí mismo, en busca de un motivo irracional.

¿Qué, acaso tenía un calendario pintado encima, donde podía consultar la fecha?

‑Sí…‑, fue mi patética respuesta. Tanto su familia como la mía rieron, más por alegría que por tomarme el pelo, y tanto Mikasa como Levi me empujaron hacia la torta sobre la mesita de café. Me senté con cada uno a un lado, mirando el colorido decorado y los globos de mazapán de decoración. Los miré a todos, quienes sonreían felices, y, al fin, me comenzó a caer la ficha de la situación‑. Entonces… ¿me hicieron salir para armar una fiesta?

‑Sí, lo hice‑, respondió la abuela, bastante orgullosa de sí misma. Miré a Mikasa, y al fin me percaté de que hacía una semana que no la veía.

‑Oh, Mikasa‑. Le rodeé los hombros y la abracé con todas mis fuerzas‑ ¡Te extrañé tanto!

‑Yo también, Eren‑. Respondió, aunque un poco ahogada, contra mi hombro.

‑ ¿Nadie me da un poco de cariño? ‑ repentinamente preguntó a mis espaldas Levi‑. Después de todo, soy tu esposo‑. Me reí y dejé de abrazar a Mikasa y me volví a abrazarlo. Sin pensarlo, le besé la frente, olvidándome que mi hermana seguía a mis espaldas. Cuando lo recordé, sentí una punzada de terror y a Mikasa resoplar a mi espalda.

‑Mimosos asquerosos‑, masculló a mis espaldas. Reí, aunque sabía que habría matado a Levi si no fuera todo un teatro armado‑. Ya, ¡córtenla con la luna de miel!

‑ ¿Por qué, si todas las noches es sexo duro y parejo? ‑, replicó Levi. La boca se me desencajó del asombro, ¿en serio dijo eso frente a sus abuelos? ¿De mi hermana?

Mikasa me saltó encima para atrapar a Levi, pero él fue más rápido y escapó del sofá, cuidando no derramar nada de su copa de vino. Rió y sonrió con malicia ante su reacción, pero yo sabía la verdad: ella lo habría matado de no haber estado los abuelos en la misma habitación.

‑Ay, que descortesía la mía‑, dijo de repente la abuela, y se nos acercó para saludar extendiendo su mano‑. Mikasa, es maravilloso conocerte al fin‑. Mikasa le sonrió y estrechó su mano con firmeza y amabilidad.

‑Es un gusto conocerla. Eren me ha contado mucho sobre ustedes dos‑. Replicó. ¿Y Levi cree que yo soy actor? Es un maldito milagro hacerla sonreír como lo hacía en estos momentos.

‑Eren, nunca comentaste lo hermosa que era. Mira qué cara tan bonita‑. La abuela la estaba llenando de mimos, y Mikasa apartó la cara, con las mejillas un poco sonrojadas por sus palabras.

Definitivamente era un maldito milagro.

‑Gracias‑, repuso Mikasa.

‑ ¿Terminaron las introducciones? ‑intervino Levi.

‑Qué metiche‑masculló Mikasa.

‑Hum… eso creo, ¿por? ‑, pregunté.

‑No queremos que el pastel se eche a perder‑respondió la abuela.

‑Bueno, eso, y que hay regalos que entregar‑, agregó Levi.

‑ ¿Me trajeron regalos? ‑, me levanté por la sorpresa.

‑Pero claro. ¿Creíste que no? ‑, repuso el abuelo.

‑ ¡Ni yo me acuerdo de la fecha! ¡Claro que no me los esperaba! ‑. Prácticamente daba saltitos por la ansiedad. Actuaba como un crío, pero no me importaba: no había tenido una fiesta de cumpleaños en años, la última quizás fue a los doce.

‑Eren, ¿qué quieres hacer primero? ‑, preguntó el abuelo‑ ¿Quieres pastel, o abrir los regalos?

‑Regalos‑, ni lo pensé dos veces.

Mikasa me palmeó la espalda al ponerse de pie: ‑Buena respuesta.

‑Los regalos están en el comedor‑anuncio Levi, dirigiéndose a dicho lugar. Le seguí sin miramientos, arrastrando conmigo a Mikasa. En dicho salón, sobre la mesa, estaba un solo regalo pero, como dije, no había tenido fiestas en años, así que todo esto era para mí un regalo

‑ ¡Eren, primero debes abrir el nuestro! ‑, dijo emocionada la abuela.

‑Asumo que es ése‑, señalé al solitario regalo sobre la mesa. Su respuesta fue más alegría, mientras asentía vivamente. Gire los ojos mientras me sentaba en una silla y atraía el regalo a mi regazo para inspeccionarlo.

Era sólo brillante envoltorio azul con un moño blanco a un lado, de forma rectangular.

‑ ¿Qué es? ‑, pregunte al sacudirlo. No oí nada.

‑Ábrelo y mira‑, dijo el abuelo, sonriendo ampliamente mientras envolvía un brazo sobre los hombros de su esposa. Le obedecí, deshaciéndome del envoltorio a velocidad de la luz y descubrir un portafolio de cuero.

‑Wow‑, lo admiré.

‑Pensamos que uno bonito te vendría bien para cuando seas abogado‑, explicó la abuela, mientras sujetaba la mano de su esposo.

‑ ¡Es increíble! ‑, exclamé-

‑También valioso, así que cuídalo‑, añadió ella.

‑Lo haré. No veo la hora de ser abogado, y poder entrar a una corte con esto y sentirme un ganador‑. Mientras hablaba, revisé el interior: tres bolsillos para documentos y carpetas, y uno lo suficientemente grande como para llevar la laptop si me apetecía. Era perfecto. No había considerado la necesidad de tener un portafolio, así que estaba contento de que ellos lo hubieran previsto.

‑Levi, entrégale a Eren tu presente‑, ordenó la abuela mientras daba una palmada una palmada.

‑No‑, repuso.

Ella hizo un mohín. ‑ ¿Por qué? ‑. No miento cuando digo que también hice una morisqueta.

‑Lo puede tener más tarde en la noche‑, replicó, sonriendo. Me enrojecí vivamente mientras me llevaba la mano a la frente.

‑ ¿Cuántas copas te has bebido ya? ‑, le pregunté.

‑Voy por la segunda‑, dijo, mostrando la copa casi vacía.

‑Para ahí.

‑No‑. Suspiró. Resoplé antes de volver mi atención al portafolios y sorprenderme nuevamente.

‑Supongo que eso indica que es hora del mío‑. Dijo Mikasa, y se puso de pie. Asentí cerrando mi maletín, emocionado por ver qué era lo siguiente. Esperé, observándola estar ahí parada, pero, tras unos segundos, eso fue todo. Ella solo se quedó parada.

‑… Sí, eres un maravilloso regalo, Mikasa- ¡ah! ‑. Lo repentino de sus dedos agarrándose a mis lados y haciéndome cosquillas me hizo dar un brinco con otro sonoro (y femenil) grito. Estaba por retarla, cuando me di cuenta de que no se había movido. Y ahora que me percataba, todos estaban frente a mí, sonriendo risueños, sin moverse. Si no habían sido ellos, ¿entonces…?

‑Vaya Eren, ¿sigues siendo igual de quisquilloso en este lugar? ‑. Esa voz hizo que mi corazón diera un vuelco. No podía ser. Era improbable. Imposible.

Lentamente, me volví, y era verdad. Fui recibido por el mismo cabello rubio y esos ojazos azules con los que había crecido.

‑ ¡Armin! ‑. No le di chance para respirar ni para corresponder el abrazo. Lo cogí de las axilas y lo zarandee mientras daba saltos de alegría. Reí y casi lloré cuando me di cuenta de que mi amigo de la infancia estaba presente, en mi cumpleaños veintiuno. En verdad estaba presente.

La última vez que habíamos hablado dijo que no llegaría a causa de un complejo examen el domingo, hoy y mañana. Estar listo para los exámenes era algo muy serio para él, y, sin embargo, aquí estaba, entre mis brazos, riendo mientras lo zarandeaba de un lado al otro. Al fin lo solté, pero seguí abrazándolo, sólo para asegurarme de que seguía allí. Cuando nos separamos, tuve la oportunidad de mirarlo bien. tal vez hablamos mucho al teléfono y de vez en cuando una video chat, pero no lo veía en persona desde las vacaciones de la primavera pasada. Debía ahorrar para costearse su vida, así que tomar un avión o venirse manejando era imposible.

Sin embargo, todo en él seguía igual: sus ojos expresaban alegría y esperanzas, aunque estaban un poco hinchados, supongo que por la falta de descanso. La sonrisa era amplia, mostrando sus perfectos dientes blancos, el cabello era el mismo, largo hasta el cuello y tan dorado como lo recordaba. La piel estaba un poco más pálida, pero siempre comentaba que no dejaba su cuarto por el estudio, así que supuse que era eso. La altura no había cambiado un ápice, por lo cual era unas pulgadas más bajo y eso me hizo sonreír.

Lo único diferente era lo que vestía. La camisa y pantalones no eran holgados y amplios como los míos o los de su abuelo, sino ropa nueva. La camisa blanco con negro estaba cubierta por una chamarra con capucha de manga corta, que dejaba ver la camisa. Los pantalones eran unos caquis verde oscuro, y calzaba medias blancas y unas zapatillas deportivas que no le había regalado para que ahorrara el dinero.

Quitando la actualización de su gusto (que realmente era algo que le hacía falta), seguía siendo el mismo viejo Armin que quería y recordaba.

‑ ¡No puedo creer que estés aquí! ‑ exclamé, revolviéndole los cabellos. Rió y se arregló el peinado: su risa era música para mis oídos.

‑Bueno, esto es el mejor presente de todos. Mikasa, muchas gracias‑envolví los brazos alrededor de Armin y lo abracé, él me correspondió con una risita.

‑Creí que sería una gran sorpresa, pero es a Levi a quien debes agradecerle. Él fue quien pagó el pasaje de avión de Armin‑ explicó Mikasa. Sonreí ampliamente y fui junto a Levi: lo atraje en un abrazó de oso.

No podía estar más feliz.

‑Sí, sí, también te quiero, Eren. Ahora suéltame, mocoso‑, dijo Levi, aunque sonreía feliz. Lo solté, pero no evite dejarle un beso en la frente.

¿Un beso en serio no importaba, verdad?

‑Forever alone…‑ oí a Armin susurrar a mis espaldas. Estallé en risas: de verdad había extrañado su sentido del humor.

‑Armin, no eres el único‑, suspiró Mikasa.

‑Sí, pero… ¿Eren? Siempre creí que tu serías la primera. Di-digo, hay chicos y chicas babeándose por ti cuando pasas‑. Le giré los ojos a Armin, sin molestarme en responder mientras me dejaba caer en mi silla. Estaba anonadado por tanta felicidad: intenté recordar cuando fue que me había sentido así de feliz, pero no pude.

No creo que haya sido así de feliz antes.

‑ ¿Acaso no dije que es hermosa? ‑insistió la abuela.

‑Sí, y así es‑comentó el abuelo.

‑Bien, lo entiendo‑. Mikasa volvió a ruborizarse.

‑Ella odia que le echen flores‑, les informé.

‑Pero lo merece. Es demasiado linda como para no escucharlo‑, volvió a insistir la abuela, haciendo que Mikasa escondiera la cara entre las manos, y que Armin sonriera mientras le palmeaba la espalda.

‑Bueno, dado que eso esta zanjado, ¡es mi turno para dar regalos! ‑. Armin palmeó emocionado al decirlo. Me removí en mi sitio por la emoción‑. De he-hecho iba a mandarte esto por correo, ya que no iba a estar presente, pero ahora no debo hacerlo, ¿verdad? ‑, repuso, y sacudí la cabeza, ¿de verdad pensó que no me daría cuenta?

‑ ¿Qué pasa? ‑, pregunté.

‑ ¿Qué pasa con qué? ‑. Inclinó un poco la cabeza.

‑La voz se te quebró un poco.

‑No, no pasó.

‑Que sí.

‑No-

‑ ¡Armin al fin llegó a la pubertad! ‑. Alcé los brazos encima de la cabeza, mientras lo anunciaba a los cuatro vientos. Armin se ruborizó intensamente, casi dejando caer un sobre que había sacado del bolsillo.

‑Eren, por Dios…‑, gimió.

‑Bueno, bueno, perdóname‑. Me disculpé con una sonrisa‑ ¿Ya puedo tener mi regalo? ‑, dije, extendiendo las manos.

Tras girar los ojos, Armin me tendió el sobre, ampliando la sonrisa de la emoción. ¿Era algo bueno o no? Lo tomé con cautela, mas atento a el que del sobre. ¿Qué estaría planeando?

‑ ¡Ábrelo! ‑ordenó.

‑ ¡Bueno, no me apures! ‑. Me obligué a simular un grito, que lo hizo reír. Lo abrí, sacando los papeles que contenía y los leí. No había mucho que leer, ya que las palabras eran en otro idioma, pero dos cosas sobresalían:

"Parque Estatal Caladesi" y "Pasajes de avión".

‑ ¿Qué es esto, Armin? ‑, repuse.

‑Pasajes a la playa en Florida‑. Anunció, sonriendo tan amplio que le cubría la cara‑. Tengo vacaciones en abril, por lo cual iremos entonces.

‑… ¿Qué?

Estaba totalmente arrobado (algo que estaba pasando muy seguido últimamente), solo mirando los tickets que tenia en las manos, como si estuviera en medio de un sueño.

‑ ¡Vamos a la playa! ‑. Exclamó con alegría, y le sonreí al verle dar brincos.

‑Armin… ¿Cómo hiciste para pagar esto?

Seguía demasiado confundido como para siquiera procesar la situación de manera correcta.

‑¡He estado ahorrando desde que entre a la uni! Cincuenta dólares cada dos semanas, así podíamos ir‑. Se puso derecho con orgullo, y no lo culpaba: una vez intenté hacer eso, pero siempre algo se entrometía, como el arreglo del coche, el hospital, la comida, y nunca podía ahorrar.

‑Armin… e-esto es increíble‑dije, cuando al fin fui capaz de procesar todo y levantarme para darle un abrazo.

‑Sabía que te gustaría‑susurró en mi oído‑. A mí también. Lloré cuando compré los pasajes‑. Reí, porque sabía que no mentía. Era un sueño que teníamos desde la infancia. Él había sido quien me había dado la idea, y le prometí ir juntos.

Y ahora, al fin iba a realizarse.

‑Esto se siente irreal‑. Me aparté, y sentí las lagrimas rebosar mis ojos. No llores, Eren, al menos no ahora.

‑ ¿Por qué, cariño? ‑inquirió la abuela, frunciendo el ceño.

‑Porque… hace muchísimo tiempo que no me sentía tan feliz‑. Debía mantener la compostura.

‑Eren‑, la mano de Armin se posó en mi hombro, y lo miré‑, ¿no crees que ya es hora de que pasé algo bueno en nuestras vidas? ‑dijo, ladeando la cabeza. Mikasa me tomó la mano y dio un tironcito, para reconfortarme y darme fuerzas. Levi hizo lo mismo con mi mano libre.

Ahora solo estaban intentando hacerme llorar.

‑Sí… Sí, tienes razón‑. Solté un suspiro, intentando recomponerme.

‑ ¡Claro que la tengo! ‑repuso Armin‑. Vamos, ¡deja de ser un amargado! Estoy aquí, los abuelos están aquí, estas felizmente casado, yo soltero, pero eso no importa: ¡comamos pastel y festejemos!

‑ ¡Sí, es hora del pastel! ‑, se sumó el abuelo al festejo.

‑ ¡Bien! ‑, festejemos ahora, lloremos después‑ ¡Mi pastel, quiero mi pastel! ‑. Mikasa giró los ojos y salió, sin olvidar darme una palmada en el hombro. Al regresar, ya había encendido las velas, iluminado el pastel y en derredor.

Entonces, todos comenzaron a cantar. Me senté en mi silla, mientras el pastel era colocado delante, oyendo a los demás cantar. A la distancia, noté un destello: o Armin o Mikasa habían tomado una foto, y no me importó. Al terminar la canción, Levi me dijo que pidiera un deseo, y lo hice. Soplé las velas y todos aplaudieron.

‑ ¿Qué pediste, Eren? ‑, me preguntó Armin.

‑Es un secreto.


Cuando al fin pudimos estar a solas en el balcón, suspiré aliviado. Mikasa y Armin me imitaron, pero sólo yo caí de rodillas junto a la baranda.

‑ ¿Cansado, Eren? ‑, me preguntó mi amigo con una sonrisa. Asentí, con los ojos entrecerrados. Estaba agotado.

‑Sí, bastante. Hoy fue un día abrumador.

‑ ¿Para ti? Me voy un año, y ya tienes veintinueve ¡y estás casado con tu jefe! ‑, replicó‑ ¿Cómo que hoy te abrumó?

Estallé en risas, pero me callé cuando intervino Mikasa.

‑Que hermosa noche‑ dijo con tranquilidad. Armin y yo admiramos la ciudad, y este era el motivo por el cual me gustaba: de noche, era hermosa. Lo único malo era que no se veían las estrellas.

‑Olvidé lo animada que es‑, susurró Armin, mientras se tendía sobre la baranda.

‑La vida de universitario no es tan mala como la pintan, ¿verdad? ‑preguntó Mikasa, mientras lo imitaba.

‑No lo sé. Me la paso estudiando, y no salgo de juerga. Como dije, forever alone‑, suspiró, apoyando la mejilla en la palma‑. Sólo ustedes son mis amigos.

‑Ah, vamos, Armin. ¿Qué hay de tu compañero de cuarto? ‑, dije mientras me paraba.

‑Lo echaron‑. Fue una respuesta veloz. El silencio que siguió fue algo incomodo, pero, tras un momento, fue Mikasa quien habló.

‑… Qué incomodo‑. Los dos nos reímos. Ella podía ser reservada, pero en ocasiones, raras, podías decir la mayor barbaridad o lo mas gracioso y hacer reír a todos. Debe ser cómico, porque siempre es muy reservada.

Siguió mas silencio, pero ya no hubo quejas. Era un silencio feliz, uno al que estábamos acostumbrados. Era cuando uno meditaba sobre las cosas, buenas o malas y, ahora, ¿Qué cosa mala debíamos considerar?

‑Bueno…‑, suspiró Armin‑ ¿Cuándo fue la ultima vez que estuvimos solo nosotros? ‑. lo miré, esbozando una débil sonrisita. No lo recordaba.

‑ ¿Sólo nosotros tres, por nuestra cuenta y solos…?

‑Ha pasado bastante‑, susurró Mikasa.

‑Unos años…‑, agregué.

‑Unos años…‑meditó Armin‑. Nos estamos poniendo viejos…

Me reí, porque era cierto.

‑En verdad‑, volvió a decir Mikasa, con su acostumbrada suavidad. Armin se inclinó y dejó caer la cabeza sobre mí, su cabello sobre su rostro.

‑Extrañé esto… a mi familia…‑. Le envolví los hombros con un brazo y lo atraje, haciéndolo sonreír.

‑También te extrañamos.

‑Sólo aguanta, Armin. Ya casi son las vacaciones de primavera, y entonces irán a Florida a disfrutar de la playa‑comentó Mikasa.

‑Sigo pensando que deberías venir también.

Mikasa sacudió la cabeza, alzando los brazos.

‑No, aunque lo disfrutara, ése es el sueño de ustedes. Dejaré que lo disfruten‑, aseguró. La puerta tras nosotros se abrió y el abuelo de Levi se asomó con una copa en la mano.

‑Ah, Mikasa, la abuela quiere preguntarte algo‑dijo. Ella asintió y nos saludó antes de entrar. La puerta se cerró y, mientras la veía ir, noté que los ojos de Armin seguían fijos en el marco de la puerta. Le sonreí.

‑No te pises las babas‑, bromee.

‑¡N-no babeo! ‑ chilló, avergonzado, mientras la voz volvía a quebrársele y las mejillas sonrojarse.

‑Ah, vamos, estabas mirándola.

‑ ¡Eren…! ‑, chilló, mientras hundía el rostro contra mi hombro para ocultar su vergüenza. Me reí, pero no solo por eso: era demasiado adorable como para no reírse.

‑ ¿Cuándo se lo dirás? ‑, pregunté. Armin alzó la cabeza y se pasó una mano por las mejillas, intentando quitarse el rubor. Claro que no sirvió de nada.

‑Nunca.

‑No puedes pasarte la vida deseando algo sin siquiera intentarlo.

‑Te acuerdas lo que pasó cuando le dije a alguien que me gustaba por primera vez, ¿verdad? ‑, replicó, arqueando las cejas.

‑Sí… Momento, ¿ya me superaste? ‑pregunté, y me respondió con un puñetazo.

‑Eren, ya, deja de fastidiar.

‑Perdona‑. Me froté el hombro‑. Pero de verdad creo que deberías decírselo.

‑ ¿No te basta con que yo sea un acomplejado social, verdad? ‑, gruñó‑. No se lo voy a decir. Es solo un encandilamiento, ya pasará.

‑Desde los catorce que estas enamorado de Mikasa. Los catorce, Armin. Han pasado seis años. No es un encandilamiento: estás enamorado de ella.

‑Bueno, la amo, pero eso no implica que iré al techo y se lo gritaré a los cuatro vientos‑. La puerta volvió a abrirse pero, esta vez, sólo era Levi. La cerró detrás de sí y se sumó a nosotros.

‑No estas robándome la mujer, ¿verdad, Arlert? ‑, le preguntó con una sonrisa.

‑Ja, ja, que gracioso, Levi‑dije, molesto. Armin rió a mi lado, y recordé su carácter y su manera de ver las cosas‑. Dime una cosa, Armin: si estuviéramos juntos en verdad, ¿quién sería la esposa?

‑ ¡Eren, por Dios! ‑. Armin estalló en risas. Levi simplemente chasqueó la lengua, y giró los ojos.

‑ ¡Lo digo en serio! Todo mundo cree que soy la esposa, pero sé que siempre vez las cosas desde otro ángulo, así que, ¿qué piensas? ‑, pregunté. Armin siguió riendo, pero, cuando nos miró, me percaté que en verdad lo estaba considerando. Bien. Ya era hora de obtener verdaderas respuestas.

‑Bueno…‑, comenzó a decir‑… fácilmente puedo ver a Levi como la esposa.

‑… ¿Qué? ‑. Levi en verdad estaba sorprendido, mientras yo sentía el sabor de la victoria.

‑Bueno, usted es mayor, Levi, y Eren un joven e inocente virgen‑. Carajo Armin, ¿por qué? ‑, así que tiene sentido que no quiera aprovecharse de él. Al mismo tiempo, es mayor, y Eren dijo que ya estuvo casado, lo cual lo hace más experimentado y… eso fue mal chiste…‑. Dejó caer la cabeza contra la baranda mientras soltaba un quejido.

‑Chico listo‑, dijo Levi, y me reí. Armin giró los ojos en mi dirección, y esa linda carita que puso me hizo sentir culpable por enojarme con él. No sabía si lo hacía a propósito, o si era consciente de su habilidad, pero funcionaba‑. Sigue estudiando. Te llevará lejos.

‑Ah, eso me recuerda—Lo que Levi dijo me dejó pensando algo que no había tenido en cuenta anteriormente‑. Armin, ¿por cuánto tiempo te quedas? Digo, ¿será solo por hoy?

Desafortunadamente, asintió.

‑Si, mi avión sale a las diez cuarenta y cinco. Mañana sigo teniendo un examen‑, gruñó, mientras dejaba caer la cabeza.

‑Eso apesta…‑, suspiré.

‑En verdad me gustaría quedarme más tiempo‑. La voz volvió a quebrársele, como si otra vez estuviera atravesando la pubertad, aunque sabia la verdad. La voz se le quebraba porque intentaba no llorar.

‑Oye, no importa. El hecho de que estés aquí importa más que otra cosa‑. Le apretujé el hombro, y Armin me miró con esas sonrisas que eran solo de él.

‑Sí, tienes razón.

‑ ¿Acaso entré a una maldita sesión de terapia? ‑. El repentino estallido de Levi me hizo recordar de que seguía con nosotros, y eso me hizo ruborizar. La gente solía confundirnos como "más que amigos": éramos muy cercanos y hacíamos cosas que la mayoría de los amigos no hacía, pero eso no significaba nada. Éramos amigos de la infancia, hermanos, y eso era todo. Sabía que Armin había estado enamorado de mi de chicos, pero comprendía el motivo.

Había sido, durante años, su único amigo, y muchas veces lo defendí de los acosadores que lo acorralaban. Me habían pegado por él, y hoy seguiría haciéndolo, de ser necesario. Así que tenía sentido de que se enamorara de mí, pero, como dije, pasó, haciendo que se fijara en Mikasa bajo una nueva luz. Después de eso, ese enamoramiento pasó y estaba contento por ello.

‑Así es. Tenemos cámaras ocultas por todas partes‑, replicó Armin.

‑ ¿Y qué haces aquí? ‑, pregunté a Levi‑ ¿Acaso Mikasa te molesta?

‑No, son mis abuelos el tema‑, gruñó‑. Hay un límite de lo que puedo soportarlos, antes de querer cortarme el cuello.

‑ ¿Te casaste con esto? ‑interrogó Armin, señalando a Levi con el pulgar. Levi giró los ojos, fingiendo ignorancia, pero yo me reí. En verdad lo había extrañado.

‑Tanqui, bro. No es en serio.

‑Sería cómico si lo fuera‑. Juguetonamente, Armin me dio otro puñetazo al hombro‑. Me voy a la uni, y lo siguiente que sé es que Eren creció nueve años, ¡y se casó! ¿Qué sigue, unos niños?

‑ ¡Ja, ja, qué gracioso! ‑. Lo cogí de la cabeza y lo atraje contra el pecho, acallando sus gritos mientras le daba el mayor coscorrón posible. Era como volver a ser niños.

‑Actúan como críos‑, nos reprochó Levi, por encima de nuestros gritos.

‑ ¡Somos críos! ‑aulló Armin contra mi hombro.

‑No podemos evitarlo‑repuse, sintiéndome un poco culpable‑. Perdona.

‑No te disculpes. Nunca dije que eso tuviera algo de malo‑. Levi se encogió de hombros y bebió de su copa de vino.

‑ ¡No tiene nada de malo! ‑Armin consiguió zafarse y resopló, pero no sin darme un empujoncito ‑. Pero debo preguntarle, su tatarabuela lleva toda la noche mirándome. ¿Hice o dije algo fuera de lugar? ‑, preguntó, mientras se acomodaba los cabellos.

‑No, sólo trata de averiguar porqué te ves como una niña‑. El tono plano que empleó Levi me hizo reír, porque fue como si fuera una cosa diaria y, como se esperaba, Armin gimió y dejó caer la cabeza contra mi hombro.

‑ ¡Lo sé, lo sé! ¡Es la historia de mi vida!

‑Lo peor es que te pareces a Christa‑ lo piqué, intentando descargar mi última risa.

‑Ya lo sé…‑. La revelación lo carcomía. La puerta se abrió otra vez a nuestras espaldas, y Mikasa se paró con un vaso con agua en la mano.

‑Armin, la abuela quiere preguntarte algo‑, dijo, sonriendo y pasándole el vaso.

‑Gracias‑respondió. Con un breve saludo, volvió a entrar, seguido por Mikasa, quien cerró la puerta. Eso nos dejó a solas, pero no me molestaba. Después de esta noche, sinceramente creía que me sería imposible guardarle algún tipo de rencor.

Volví a mirar a mis amigos y familia dentro. Mikasa y el abuelo de Levi reían, la abuela sonreía con curiosidad y Armin parecía deshecho. La abuela no se lo había preguntado, ¿verdad?

… Probablemente lo hizo.

‑Toma‑. Sentí algo frio tocarme el hombro, acompañado de la voz de Levi. volví a mirarlo sostener una lata de cerveza, indicándome que la tomara.

‑Levi, no puedo. Soy menor‑, dije, apartando la lata.

‑Hoy cumples veintiuno, ¿no? ‑. repuso. Lo medite un momento y, al recordarlo, si, en verdad cumplía veintiuno‑. Tienes permitido beber a gusto. Creí que tendrías curiosidad, y prefiero que lo hagas frente mío, donde puedo vigilarte, que en un bar‑. Tomé la lata con escepticismo, leyendo la etiqueta.

‑Gracias…‑susurré.

‑Mocoso, no estás obligado. Solo te la ofrezco; si no quieres, dilo y la guardo.

‑No, está bien‑, le aseguré, y abrí la lata. Para ser sincero, tenía curiosidad, y lo que Levi decía tenía bastante sentido. Me observó con una mirada desafiante, como si supiera que no me iba a gustar, o que a ultimo minuto me echaría para atrás. La levante y olisquee el contenido, y, siendo honesto, no me pareció apetecible.

‑ ¿…Y? ‑, me apremió. Chasqueé la lengua antes de tomar un gran sorbo.

Lo que fue realmente una mala idea. Sabía horrible, cosa que Levi se percató por mi expresión. Intenté tragar, pero, cuando fue inútil, simplemente me ahogué y lo escupí sobre la baranda, mientras sonaba como un gato con arcadas.

‑Siento mucho haber escupido sobre…‑dije, con voz ahogada.

‑No creí que pasaría‑, observó Levi.

‑Ni yo. ¿Por qué me diste eso?

‑Creí que a los jóvenes le gustaban cosas fuertes. Supongo que me equivoqué.

‑Bastante…‑. Giré la cabeza entre las manos mientras hablaba. La cerveza sabía a rayos, y me dejó un extraño zumbido en la cabeza, extraño e incómodo.

‑Ten, prueba esto‑. Levi me ofreció su copa en vez de otra cerveza. Le hice una mueca, rechazándolo al instante‑. Eren, es vino, no cerveza. Es más suave‑. Tras esa explicación, la tomé, no sin renuencias. La miré, la removí haciendo que el vino girara y viendo su reacción‑. No es veneno.

‑Perdona‑. Cuando al fin superé mi temor (el de que Levi me diera un peor castigo), tomé un sorbo. Para mi sorpresa, era tal como dijo: más suave‑. Ah…

‑ ¿Mejor…?

‑Sí, muchísimo. No es tan fuerte como la cerveza. Es más dulce, como…‑ ¿A qué era lo que sabía?

‑ ¿Uvas? ‑, me preguntó.

‑Sí, a eso‑. Tomé otro sorbo antes de devolverle la copa. Levi la recibió sin mediar palabra.

El vino me cayó mucho mejor que la cerveza. Definitivamente era mejor, aunque ese zumbido de la experiencia previa seguía presente. ¿Acaso ya estaba borracho por tener baja tolerancia? Eso funcionaría para una noche divertida.

‑Parece buen chico‑. Dijo Levi de repente. No acostumbraba ser demasiado conversador, así que, cuando hablaba, en verdad te causaba sorpresa.

‑ ¿Armin…? Sí, lo es‑, dije‑. Listo también.

‑Sólo te alegra que crea que yo soy la esposa‑. Levi me giró los ojos. ‑Tú lo eres, así que chúpala y acéptala.

‑Bien, lo haré esta noche como parte de mi regalo‑, dije riendo, y admiré la ciudad.

‑Eso en verdad seria difícil‑. La voz de Levi era baja, pero aun así me llegó a los oídos. Me volví a verlo, en pos de algún cambio en su expresión. Nada. ¿Por qué me sorprendía eso? Ya no debería hacerlo, en definitiva.

‑Espere… No hablas en serio, ¿verdad? ‑. Me ruboricé hasta las orejas al hacer la pregunta.

‑ ¡Claro que no! ‑, espetó Levi‑ ¿De verdad crees que te quitaré la puta virginidad?

‑Sí. Di-digo, ¡no! Digo, al principio no lo creí, pero entonces tú-

‑Cállate Eren.

‑Gracias‑. Dejé caer la cabeza otra vez entre mis manos, escondiendo la cara. No podría haber sido algo mas engorroso a menos que en verdad le hubiera pedido que me desvirgara.

‑Eren‑, suspiró Levi‑, cuando dije que te daría un regalo más tarde, me refiero a algo real, concreto, no a coger‑. Me explicó, y dejó su copa vacía sobre la mesita que tenía al lado.

‑Así que… ¿de verdad me dará algo? ‑. Levanté la cabeza, un poco sorprendido por esta nueva información.

‑Pero claro. Vamos‑. Me indicó que lo siguiera y obedecí, entrando al departamento. La conversación de la familia era la siguiente:

‑No, sólo me crece rápido‑, masculló Armin.

‑Entonces, ¿por qué no te lo cortas? ‑, inquirió la abuela de Levi.

‑Lo hago‑, gimió Armin mientras, se tironeaba del cabello.

‑Digo que debes cortarlo más corto.

‑N-no sé. No me queda bien el pelo tan corto como el de Eren.

‑Más corto tu cabello, más te pareces a una chica ‑, dijo tranquilamente Mikasa.

‑ ¡Mi-Mikasa! ¡No es así!

Les sonreí mientras seguía a Levi por el pasillo, hasta el cuarto. Cerró la puerta detrás de nosotros, y el silencio pronto se hizo. No estaba consciente de lo grueso de las paredes hasta que los gemidos de Armin y la risa de Mikasa desaparecieron. Observé a Levi ir a su armario, abrirlo y sacar un delgado empaque rectangular.

‑Pensé que era broma susurré‑. Levi me tendió el regalo, con el rostro totalmente vacío de emociones.

‑No bromearía con algo como esto‑. Dijo. Miré el empaque, intentando descifrar lo que era por su forma, pero no pude‑. Antes de que lo abras‑, la mano de Levi me detuvo cuando hundía las uñas en el envoltorio‑, quiero que sepas que, si te lo doy ahora, es porque o me matarás, o llorarás.

‑ ¿Es algo que va a alterarme?

‑ ¿En tu caso…? Sí, mas que seguro‑. Su respuesta me dio más miedo. Lo abrí, pero lo hice despacio, nada que ver con como abrí el de los abuelos. Saqué, lenta y cuidadosamente, una foto enmarcada. La foto era de mi padre y yo.

Recordé cuando se tomó esa foto. Habíamos logrado construir una casita del árbol, una que mi mamá califico de trampa mortal (cosa que coincidiera con ella). La casita estaba al fondo, dejándome a mi papa y a mi como centros de la foto. Era una de esas fotos que atestiguaba los pocos momentos en que m padre realmente me trató como su hijo. En la foto, estaba sentado sobre sus rodillas (entonces tenia ocho años), con los brazos alrededor de su cuello y sus brazos me abrazaban para protegerme del frio. Los dos sonreíamos felices, y esa casita del árbol fue el mejor regalo que pudo haberme hecho. No era la casita en sí, sino el tiempo que empeñamos en ella. Por eso era una foto especial, de un momento especial.

Pero había algo que me molestaba. Nunca vi esta foto cuando revolví el ático. Creí que me había deshecho de ella, considerando el momento una falacia. ¿Cómo fue que Levi la obtuvo?

‑La tenía Mikasa‑. No me había dado cuenta de que miré a Levi en busca de una respuesta hasta que habló‑. Dije que la haría restaurar y enmarcar.

‑…Levi…‑. No le di chances de hacerme a un lado. Lo atraje a mi pecho para abrazarlo, dejando con cuidado la foto sobre la cama y así abrazarlo con todas mis fuerzas.

Y me correspondió. Con la nariz hundida en mi cuello, los brazos sobre mis hombros, mis manos en su espalda y la boca contra su oído, así nos quedamos.

Se hizo el silencio, pero no fue incomodo o vergonzoso. Al menos, no para mí.

‑Entonces, ¿está bien? ‑, susurró débilmente contra mi oído.

‑Sí, más que bien…‑. Asentí. Sentí las lágrimas rodar por mis ojos, y me sentí culpable por llorar, pero Levi alzó las manos y limpió mis mejillas‑. Tenías razón‑, bromeé. Asintió, pero no parecía de humor para bromas.

‑Eren, ¿me odias? ‑, preguntó de repente. La pregunta me tomó por sorpresa, mas de lo esperado. No esperaba una pregunta, y menos una como esa.

‑ ¿Qué…? ‑ ¿Cómo podía ser tan idiota? ‑Levi… todo… todo lo de esta noche, es parte del mejor cumpleaños que haya tenido. Nunca tuve tan maravillosa fiesta, menos tan tan feliz, así que nunca podría odiarte.

Algo brilló en sus ojos, y, me atrevo a decir que fue alivio. ¿Estaba contento de que no lo odiaba, ni que lo haría nunca?

‑Entonces, eso es bueno‑, suspiró.

‑Levi‑, atrapé sus mejillas entre mis manos, asegurándome de que me mirara‑. Gracias…

Y avancé…

‑ ¡Ah, querido Eren! ‑, la abuela apareció de repente en la puerta, con una cámara en la mano, pero no había estado tomando fotos. Aparté a Levi, temiendo ser atrapado con las manos en la masa, pero el brillo malicioso de sus ojos y su sonrisa (otra cosa que Levi evidentemente había heredado) denotaba que nos vio, y que no fui lo suficientemente rápido.

‑ ¡Grand-mère‑, gritó Levi, pero ella no se amedrentó‑, laissez-nous tranquilles s'il vous plaît!

‑Fotos, ¡debemos tomar fotos! ‑, ella sacudió la cámara, antes de volverse y salir de la habitación. Ahora el silencio fue incomodo, y, en vez de solo dar una disculpa o agradecerle, me largué del cuarto.

Apretaba una mano contra los labios, como si tratara de quitarme lo que acaba de pasar, pero pasó.

Mierda, ¿qué estaba pensando? No sólo todo, pero ¿sobre mi jefe? ¿Sobre Levi? No, no. Nada estaba bien. Estaba borracho. Eso debía ser, porque casi hice caso a mis pecaminosos pensamientos.

Casi lo beso.

‑ ¡Vamos Eren! ‑. La abuela me sacó de mi ensimismamiento al dar un respingo. Miré a los demás, notando que ya estaban tratando de posar. Mikasa había rodeado el cuerpo de Armin con un brazo, colocado una mano sobre su cintura, y él no podía ruborizarse más a menos le provocaras una hemorragia. A pesar de su vergüenza, también la habría abrazado, con su mano temblando sobre la cadera de ella, y estaba seguro de que en cualquier momento se desmayaba. El abuelo estaba detrás de ellos, las manos sobre sus hombros y sonriendo de par en par, mostrando sus dientes chuecos. La abuela estaba alistando la cámara, su alegría la hacía más coja que de costumbre. Levi pasó a mi lado y fue hasta ellos, con una sonrisa falsa en los labios mientras se les unía. El abuelo le revolvió los cabellos, haciéndolo quejarse e intentar acomodárselos. Mikasa pareció bastante contenta por su suplicio, y eso expresaba su sonrisa, mientras que Armin reía. Sonreí, la escena era tanto cómica como aliviadora. Era una de esas que se ven en la tele, algo que crees falso y le recriminarías que el mundo era en realidad muy cruel, pero ahí la tenia en frente. Era algo tangible, a unos pasos, y era para mí.

‑Eren, anda‑. Me apremio Mikasa, tendiéndome la mano. Asentí, sonriendo más ampliamente mientras me paraba frente a la cámara. Levi me atrajo hacia él y le crucé un brazo por sobre el hombro, simulando que lo que acaba de pasar, y los pensamientos que tuve, nunca sucedieron. Nuestros dedos se entrelazaron, y no pude evitar mirarlo, junto a los demás.

Era consciente de que era una mentira… de que esta familia no era real.

Pero… ¿tan malo era desear que lo fuera, al menos una vez?

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NdT: ¡Hola de nuevo! He estado pasando una etapa complicada, y con todo este desastre de la pandemia debo quedarme en casa, un lugar donde no quisiera para nada estar. Este capitulo me ha tocado un poco, ya que hace poco fue mi cumpleaños, y, como Eren, no tengo demasiados buenos recuerdos al respecto.
Tambien notaran que este fic tiene capitulos laaaargos, lo cual hace un poco más pesado el trabajo de traducción.
Nos estamos leyendo, cuidense, lavénse bien las manos y eviten andar mucho
Los quiero