A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 1 de 31
Canción del día: I'm running out of these) Vocaliz, por Gita Gutawa
NdT: HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. DE LAS PROFUNDIDADES DEL INFRAMUNDO LLAMADO TAMBIEN "CUARENTENA OBLIGATORIA ARGENTINA", me escapo al fin para poder ponerme a trabajar. Es de conocimiento la situación con el covid-19, y si a eso le sumamos que estoy en una casa donde no me quieren, la cosa se complica.
En fin, al capitulo
11-GRATIFICANTE
Después de que los abuelos fueran a la cama, se hizo el silencio. Renuente, Mikasa también se marchó, tras besarme la mejilla y decirme que me cuidara. Armin me abrazó, y casi fui incapaz de soltarlo. No estaba listo para volver a despedirme, pero era consciente de que no podía retenerlo para siempre. Cuando al fin lo solté, le revolví los cabellos por última vez, antes de que partiera. Una vez solos, Levi ayudó a su familia en irse a la cama, mientras yo recogía los trastos de la fiesta.
Sonreí para mis adentros, mientras los dejaba en el fregadero y hacía correr el agua. Aparte del incidente y los pensamientos, la noche había ido bien. Nos abrazamos, besamos, él se rió, reímos tanto que lloramos y, por una noche, sólo una, sentí como si tuviera una de esas familias que veía en la tele. Sé que no es algo a lo que debería acostumbrarme, pero, estar rodeado de familiares fue… lindo.
Era un gran cambio de nuestra costumbre de sentarse frente a la tele con Mikasa. No conversábamos mucho, si se daba era sobre el trabajo, o la escuela, pero ahora era diferente. Todos sonreíamos, reíamos, conversábamos con el otro, pasándola bien. Me recordaba a cuando éramos sólo yo, con Armin y Mikasa, haciendo lo imposible para que el otro la pasara bien. Teniendo en cuenta todo lo pasado, como se vivió y lo inevitablemente cercanos que fui a su familia, lo disfrutaba sin temores.
Solía creer que estaba mal jugar al matrimonio con Levi, pero me estaba acostumbrando. Sus abuelos habían sido muy amables al aceptarme en la familia.
Cuando mentía era difícil, pero debía que hacerlo. Mientras desconocieran la verdad, todo estaría bien. Aunque no era algo seguro: si la abuela había descubierto aquello, era porque no dejaba en evidencia que tan aguda era en verdad. Siendo honestos, no me importaba si lo descubría. No me molestaría, mientras me siguieran tratando como de la familia
Porque, bien en el fondo, no quería que todo terminara.
—Eren–. Me volví cuando oí a Levi llamarme. Estaba de pie en el marco de la puerta de la cocina, una mano posada en la madera mientras me clavaba los ojos.
–Hey–, dije. La voz me seguía un poco ronca por la risa, pero tampoco intenté elevar el tono por temor a despertar a los abuelos–¿Ya se acostaron?
–Lo están, y la abuela ya está tiesa–, respondió, en voz baja. No creo que haya oído a Levi alguna vez hablar o reírse tanto. Más allá de unas risillas, hoy había reído y hablado más que todo el tiempo en que lo conocía. También debía dolerle la garganta.
–Qué bien. Se los veía cansados–, dije, riendo. Me sequé las manos con una toalla, mientras Levi ingresaba y se apoyaba en la mesada. Pareció mirar a la nada un instante, mientras yo lo admiraba. Se había quedado en silencio, y algo me decía (seguramente era su postura) que debía no insistirle, pero no pude. Había una cosa que debía decirle.
–Rivaille, oye…–susurré.
–¿Mm…? –, replicó, y se volvió a verme. Tenía los ojos un poco nublados, y deduje que era por las cinco copas de vino, y la falta de sueño.
–Gracias… me refiero a esta noche… gracias por molestarte–, dije, mientras le miraba a los ojos. No me importó que estuviera borracho: necesitaba que oyera y comprendiera cuan agradecido estaba.
–Ah… sí…–murmuró, apartando la mirada. Me alejé de la mesada para enfrentarlo, y asegurarme que tenía su completa atención.
–Lo digo en serio. No tenía que hacerlo, pero lo hizo, y de todas formas celebró mi cumpleaños–. Sonreí al ver un atisbo de rubor en sus pálidas mejillas–. Fue verdaderamente tierno…
–Me pareció apropiado para hacer las cosas más veraces. Además, la abuela adora los cumpleaños. Cuando se lo conté, fue quien tuvo la idea–, explicó. Sonreí cuando miró a un lado. Acababa de mentirme, ¿verdad?
–¿Y de quién fue la idea de invitar a Armin, y a mi hermana? –, repliqué–. No estaba enterado de que supiera sobre Armin, y me dijo que Mikasa llevaba una semana planeando todo–. Levi tragó con fuerza y me apartó para ir al living. Le seguí cerca, no iba a dejarlo libre así de fácil.
–E-es tu cumpleaños veintiuno. Eren, días como éste son especiales. Sabía que querrían estar presentes–. Se dejó caer en el sofá para descansar sus huesos, y lo imité, pero no tan descuidadamente.
–Por lo general, es algo bueno; pero hablamos de Mikasa Ackerman, ¡nada menos que mi hermana! Eso implica que arriesgó su vida por mí. Es un jodido milagro que no lo haya matado hoy–, señalé, seguro, con una risita. Levi giró los ojos y resopló, desdeñando el asunto–. Lo digo en serio, Rivaille. Gracias por esta noche–, volví a agradecerle.
Me acerqué otro poco, y le empujé el hombro con la mano, a lo que Levi respondió con caer del lado opuesto. Me reí ante su actitud de ebrio, pero, repentinamente algo me inquietó, importante, algo que sabía y no recordaba. ¿Qué seria?
–Te… te veías verdaderamente contento hoy–, susurró. Lo miré, un poco sorprendido por sus palabras
–… Lo estaba. Fue algo que necesitaba en verdad.
–Así que… ¿estás contento? –, preguntó.
–Pero claro. ¿Qué le hizo pensar que no? –, repuse. Levi se tendió al lado, hasta apoyar la cabeza en mi hombro. Frotó la frente contra mí, cerrando lentamente los ojos. ¿Acaso planeaba dormirse encima de mí?
–Creí que sería incómodo que pasaras tu cumpleaños con nosotros…–, masculló.
–¡Ni en broma! Nunca tuve tan maravilloso cumpleaños–, dije, envolviéndole los hombros con el brazo.
–… Qué bien…–susurró. Le sonreí.
–Rivaille, estás muy borracho…–bromeé, mientras miraba los restos de pastel en la mesa.
–Eso te producen cinco copas de vino.
Sentí que se movía a mi lado, y su mano deslizarse a mi pubis. Me quedé tieso, sintiéndolo apretarme un poco antes de volver a hablar.
–Eren…–susurró.
–¿…Sí? –le miré, sintiendo el aliento en la garganta al notar que me observaba. Estaba tan cerca…
Los recuerdos de las horas pasadas me cayeron como rocas.
–Puedes llamarme Levi… no me molesta…–pude oler el vino en su aliento, pero eso fue lo último que consideré. Estaba tan cerca. Nuestros rostros a meros centímetros. Podía sentir el aliento alcohólico flotar sobre mi piel y hacer que ardieran mis mejillas por rubor.
Nunca había probado alcohol. Aquella copa y la cerveza fueron la primera vez. Es posible que tuviera poca tolerancia y estuviera ebrio, porque las ideas que tenía estaban tan mal, de tantas formas, y aun así algo me molestaba. Había algo que estaba pasando de largo, una información que sabía, pero no podía ubicar.
–Eren…–, susurró Levi.
–¿Mn…? –. Su mano se levantó, lentamente, para cubrir mi mejilla, su palma se sintió cálida contra mi ruboroso cachete. Sus dedos apenas rozaron el contorno de mi mandíbula, a la vez que ascendían para rodear mi oreja y darle un tironcito. Que fue suficiente como para hacerme ir hacia delante y cerrar el breve espacio que había entre nosotros en un beso.
Nuestros labios se encontraron lentos y vacilantes, y casi reculé al contacto, pero me obligué a no hacerlo. No me atreví a alejarme, temiendo perder tanto el beso como el contacto. Temía muchas cosas a la vez, como que era algo que no podría dar marcha atrás, pero la mano izquierda de Levi subió para posarse en mi omóplato, tranquilizadora y reconfortante. Levanté una mano temblorosa para posarla en su pierna, a centímetros de su cadera. Eso le provocó moverse a un lado e inclinar la cabeza a un lado. Le imité, pero me tendí para el otro lado, evitando que nuestras narices chocaran.
Sus labios eran imposiblemente suaves. No sabía que alguien como Levi, el hombre que no podía dejar pasar un minuto sin que una maldición saliera de su boca, pudiera tener labios tan suaves, y tiernos. Sus manos eran iguales, suaves y lisas, mientras iban de la mejilla a mi cuello, y tiraban. El movimiento le dio más presión al beso, obligándome a abrir la boca un poco. Aparentemente, era lo que buscaba, porque se apartó para tomar aliento, sin olvidar darme una lamida como de gato a los labios. Pude saborear el alcohol que dejó en mis labios cuando los lamí.
Ah, ahora recordaba qué era lo que me causaba molestia.
–Levi…–, susurré, mientras miraba sus ojos negros.
–Eren…–, dijo mi nombre, pero la manera en cómo ahora lo hacía me provocó algo. Que la cabeza que diera vueltas. Sentí calidez en el vientre, pero no me dolió. Fue todo lo contrario. Y eso me dio miedo.
Se sintió bien.
–Levi…–, retrocedí un poco más, para tomar aire, pero eso solo le provocó a avanzar y mantener la distancia corta–… No estás borracho… ¿verdad?
Sus ojos brillaron con algo desconocido, que fue mi respuesta. No lo estaba, para nada. No podía emborracharse. Eso era lo que me había estaba molestando desde un principio. No sé cómo no me había dado cuenta, pero era evidente, y ahora no era que me importara.
Sus labios volvieron a cubrir los míos al instante, y ¡había tanto más detrás de ese beso! Una pasión tan poderosa, tan fuerte, y un deseo tan ardiente que hicieron que mis labios temblaran, y el vientre me ardiera de maneras que sólo sentí durante las noches solitarias. Era tan tierno, pero ansioso y deseoso a la vez. Tras el beso también había una velada sensación posesiva, pero tampoco me importó. ¿Cómo era que alguien como Levi pudiera comunicar semejantes emociones con un mero beso?
Bueno, no era tan simple, ya que nuestras lenguas comenzaron a luchar por el dominio. Perdí en segundos, y no me importó. Su lengua era muy poderosa, controladora y ¡rayos!, casi me hizo babear, y, cuando gruñó en mi boca, casi me dejó ciego, sordo, tieso. El cuerpo se me derritió tan rápido que perdí la batalla entre nuestros labios unidos.
Mi cuerpo se movió por su propia voluntad, las manos lo rodearon con fuerza y lo atrajeron más al beso. Levi gruñó otra vez, más relajado que antes, mientras sus dedos se aferraban a los cabellos de mi nuca. Me atrajo hasta que nuestros pechos se juntaron y me hundía contra el sofá. Mientras lo hacía, sus piernas me rodearon hasta que quedó a montado sobre mi cintura, sus rodillas apenas rozaban mis caderas. En esa posición, era imposible que no sintiera la erección que tenía.
–Le-Levi–, musité, soltando sus caderas. Su nombre rodó de mi lengua, la cual él dominaba en un beso frenético. Casi no podía seguirlo, casi, pero me obligué a seguirle. Los labios de Levi no se detenían, y por ello era difícil seguirle. Tuve que agarrarme de su nuca, en la parte donde lo rapado se encontraba con lo más crecido, para hacerle que bajara el ritmo (o al menos lo aflojara un poco).
–Mierda…–, maldijo, mientras se apartaba. Su voz sonó cansada, agitada, tan débil, y aun así me hizo temblar las piernas. Volví a pegar las manos a sus caderas, justo donde la camisa se levantaba, y sentir la piel tibia bajo los dedos. Era muy, muy suave, increíblemente suave, y no pude resistir el deseo de mover las manos y apartar la camisa. Levi ahora me mordisqueaba la oreja, y, cuando mis dedos le acariciaron los pezones, prácticamente gimió contra mi oído.
En serio, "mierda". Actuaba como un… como un "pasivo". No sabía cómo describirlo, así que uso el único que conozco, que pude pensar. La manera en que cómo le acariciaba le hacía casi llorar de placer, y estoy seguro de que nunca pensé que alguien como él podía ser tan sensible. En el caos de besos y manos, alcé la cadera y rocé mi erección contra su trasero.
La respuesta que obtuve fue arrobadora: su espalda se arqueó, presionando su pecho contra el mío, y un gemido agitado salió de sus labios. En ese instante, podría haber tenido un orgasmo, pero logré contenerme, por poco. Sus deliciosos gemidos y gruñidos eran jodidamente eróticos, pero temí que se debieran a dolor, no a placer. Estaba por alzar la cabeza para preguntárselo, cuando comenzó a mover las caderas, frotando su muy evidente erección contra la mía.
Si había un Dios ahí arriba, de verdad me amaba.
Puse mis manos en sus caderas para guiarnos, haciendo que se moviera más lento, no sin un gemido de protesta. Mi agarre fácilmente debió dolerle, aunque no pareció notarlo y yo apenas podía fijarme en ser cuidadoso. Siguió moviéndose, un poco más rápido y duro mientras se empujaba con los codos. Se sentó derecho sobre mis caderas, sin detenerse. Solté un gemido bastante fuerte (mas de lo que me gustaría admitir), mientras seguía empujándolo, y me sentaba mientras Levi bellamente arqueaba su espalda por el placer.
Placer que yo le daba, no lo olvidemos.
Se pasó una mano por los cabellos, apartándolos de su rostro. Si para esta altura no me sangraba la nariz, no sé qué otra cosa me la podría provocar. Se veía tan guapo, perfecto, hermoso, y yo volvía a gemir sin vergüenza.
–Mi-mierda–, volvió a gemir, sus caderas bajando con más fuerza. Volví a meter la mano dentro de su camisa y acariciar un pezón, y sus caderas temblaron antes de se inclinase un poco–… así…
Ay, ya fóllame.
Tiré del cuello de la camisa, atrayéndolo así su pecho volvía a presionarse contra el mío. Apreté sus labios contra los míos en un beso, ansioso de ese contacto y calor. Gemí dentro de su boca, mientras nuestras lenguas volvían a danzar, y por debajo, sentí sus manos ir a cinturón y trabajar con la hebilla. Un calambre de calor me recorrió las piernas, y mis manos bajaron a hacer lo mismo en el suyo. Ni bien lo hice, mis manos rozaron el borde de sus calzoncillos y acaricié la piel de su trasero.
Era muy suave, cálido y liso, pero firme a la vez. No supe qué hacer, más que darle un par de buenos pellizcos, logrando deliciosos gemidos de Levi. Por su parte, tenía problemas en desabrocharme el cinto, y su aliento era agitado. No puedo decir que yo estaba mejor que él. Después de todo, era virgen.
Sin embargo, a pesar de esa deprimente situación, mi cuerpo sabía lo que hacía, antes de que mi mente lo considerara. Era instinto natural. Como nuestro primer beso, mi cuerpo actuaba rápido, así que solo le seguía.
–Carajo–, maldijo otra vez Levi, y al fin abrió la hebilla. Apenas si pude notar una sonrisa en sus labios, sin duda feliz de librarse de ese artefacto del diablo (¿quién carajo inventó los cinturones?), pero, así como lo dijo, acabó. Tiró con fuerza y lo arrojó al piso, y sus dedos cogieron el botón de mi pantalón. Otra maldición antes de soltarlo y bajarme el cierre. El sonido fue tan tentador, casi como si fuera a cámara lenta. Era un fastidio, y amé cada segundo.
Se sintió como una eternidad hasta que al fin bajó, y casi vi estrellas en los ojos. El sonido de cuando se detuvo hizo que todo sonara más fuerte: mi respiración, su aliento, mi corazón palpitándome en el pecho, y entonces…
El sonido de una puerta abriéndose…
Levi también la escuchó. Pude notarlo por cómo se detuvo de repente, sus músculos se paralizaban y cómo alzaba la cabeza para mirar más allá. Me senté, apoyándome en los codos, y me volví para mirar a la puerta. Y, al hacerlo, pude ver al bisabuelo de Levi, cruzando el pasillo, hacia la cocina.
