A forged wedding / Una boda fingida

Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi


Capítulo 12 de 31

Canción del día: Beautiful Stranger, por F (Amber, Luna, Krystal)


12-LIBERACIÓN

Creo que, en cualquier circunstancia, si una persona corriente descubriera a su biznieto con la cabeza metida en la bragueta de su pareja, lo trastornaría. Sería lo lógico, porque creí que me moriría de la vergüenza, pero, no, ah, no el abuelo de Levi. Él no tenía problemas.

–Chicos, no me presten atención. No me podía dormir: había olvidado mi agua. Sigan con lo suyo, no es nada que no haya visto antes. La internet está llena de eso, uno entra a un sitio infantil para terminar en porno, ¿no es eso feo? Los nenes sólo deberían ocuparse de sus clases, no mirar porno, pero ¿qué se le va a hacer? Los papás no lo bloquean ni los vigilan…

Su monologo siguió, mientras iba por el pasillo y entraba a la habitación de invitados. Juro que pude seguir oyéndolo farfullar.

Silencio. Absoluto.

Ninguno de los dos podía respirar, era como si no existiéramos. El único sonido perceptible eran los latidos de mi corazón, bombeando sangre en mis oídos.

Lentamente, Levi se puso derecho, apartando las manos de mi cinturón. Como a mí, la situación al fin le estaba afectando y, evidentemente, se arrepentía. Debía hacerlo. ¿Quién no? Sé que yo también lo haría, a no ser de la tremenda erección que todavía tenía.

Sí, el abuelo de Levi nos pescó con las manos en la masa, y no hizo que se me bajara. Yo también estaba sorprendido.

Al fin, el aire pareció volverme a los pulmones, gélido. Eso provocó que Levi se moviera y toda la tensión y presión fueron demasiado. No pude más: me erguí sobre los codos, para alejarme lo más posible, pero Levi permaneció sobre mis caderas. Volvió a moverse y, al hacerlo, sentí que todavía seguía excitado. El corazón me dio un respingo, y tragué saliva haciendo ruido.

Sentí la culpa afectarme, junto con unas repentinas náuseas. Lo que habíamos hecho, y a lo que podríamos haber llegado de no haber sido descubiertos, estaba mal, de muchas maneras. Rompimos tantas reglas (y algunas leyes, de eso estoy seguro).

Era mi jefe. Desde hacía dos años. Había un vínculo legal entre los dos, y lo cagamos.

Estaba el tema del "profesionalismo". Estábamos "actuando", así que, a menos que Levi supiera que su abuelo iba a interrumpirnos y fuera una charada, también la habíamos roto.

Y también la cuestión de que estaba mal. ¿En qué sentido? Bueno, no lo puedo decir de manera cierta, pero sí que lo estaba. De alguna manera, o forma, lo que hicimos estaba mal, y lo sabía.

¿Acaso Levi lo sentía así? No estaba seguro, y no iba a quedarme a averiguarlo. Me puse de pie, casi golpeándome la cabeza contra su barbilla. Lo empujé de los hombros, haciéndole caer sobre el sofá y sacándomelo de encima. Salí del living, mientras corría por el pasillo, tratando de que no se me cayeran los pantalones. Levi me había sacado el cinto, recordé.

No lo oí llamarme, lo cual consideré positivo, mientras me encerraba en el baño. Estaba oscuro, así que encendí la luz. Lo primero que vi fue mi reflejo en el espejo.

Tenía la cara, orejas, y el cuello rojos, al igual que algo de sudor. A pesar de mi rubor, seguía pálido. Tenía los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas, hasta esconder el tono verde. Tenía los cabellos desordenados y erizados, y estaba seguro de que así tenía los de la nuca. Parecía como si acabara de ver un fantasma (bueno, el abuelo casi era uno).

Aparté la mirada, mientras me mordía el labio inferior. Bajé los ojos: mala idea, ya que enfrenté la tienda en mis calzoncillos.

–Mierda…–, maldije, intentando cerrarme el cierre. El ligero roce hizo que volviera a ponerme rojo–. Mierda, mierda, mierda…

Esto no debió pasar. No se suponía. Lo que hicimos nunca debió ser, pero las imágenes seguían repitiéndose en mi cabeza, muy vívidas. Sus manos y labios suaves, sus mejillas ruborosas, esos ojos, que por un instante mostraron emociones, y aquellos dulces sonidos, que emitió mientras nos frotábamos, cual adolescentes cachondos…

¡Eren, córtala!

Piensa en otra cosa. Algo que me distrajera para que se me pasara. Pensé en la escuela, aburrida como la mierda, o en los asquerosos vegetales y mi declarado desprecio. En la cara de caballo de Jean-

Ay no, mierda. No me hacía falta ponerme en ese o quien fiera, aunque sirviera para bajarme la calentura.

Sin importar en lo que pensara, fuera feo o asqueroso, la erección seguía, ansiosa de contacto. Apreté los muslos, y esa ligera presión me hizo morderme la boca para acallar un gemido. Era consciente de lo que precisaba para librarme pero, con la amenaza de ser descubierto, ¿valía la pena? Cambié de pie, mientras los muslos se rozaban, y me imaginaba lo que vendría.

Rayos, . Sí que valía la pena.

Cojeé hasta el inodoro, me bajé tanto pantalón como calzoncillo hasta los muslos, lo suficiente para liberar mi adolorida erección. Sabía que debía cuidar de no venirme encima de algo de Levi, porque sino me mataba, y la muerte no era compensación suficiente.

Cual hombre que se sujeta a un salvavidas, me tomé con la mano y tiré. El calor era diferente, y el placer que se juntaba en mi vientre era maravillosamente ardiente. Casi perdí el deseo de morderme los labios. Tiré del cuello de mi camisa y lo mordí, silenciándome mientras seguía frotando mi piel sin piedad. Carajo, que rico.

Me agarré del lavamanos para sostenerme, mientras las piernas se debilitaban y las caderas respondían a mi mano. La mirada se me nubló por la evidente lujuria y supe, por experiencia, que tenía las mejillas en cincuenta tonos de rubor. Comencé a sudar: tanto la habitación como mi cuerpo ardían. Temblé de gozo, un calambre que me recorrió a espalda y fue derecho a mi erección.

Acaricié la punta con el pulgar, y procedí a embarrar el líquido preseminal a modo de lubricante. Ya estaba goteando, no me faltaba mucho. Por ello, decidí darme el gusto y pensar en Levi.

En su suave y cálida piel, en su aliento, cálido contra mi nuca, en mi oído, su cuerpo, así como su erección, contra mí, así como su voz. Su profunda, ardiente voz. Podía volver a oír esas palabras saliendo de su boca, esas maldiciones y medias frases.

Carajo…

"Mierda, así…"

"Eren…"

Gemí, mientras mis caderas arremetían mas de lo que mi mano frotaba. Estaba cerca, tan cerca. Rozaba la locura, y estaba llegando. Un par más de tirones, y estaría listo.

Al pensar en eso, de repente, una mano me tapó la boca. Entré en pánico, pero fui acallado.

–Eren, shh–. La voz de Levi era apenas un susurro, y me hizo temblar. Otra mano fue a mi cintura, conteniéndome mientras me retorcía–. No querrás que te escuchen los abuelos, ¿no?

Cuando dijo eso, la mano que me sostenía de la cintura fue a mi miembro, apartando mi mano y comenzó a acariciar.

Gemí contra la palma, tendiendo la cabeza hacia atrás, sobre su hombro, mientras las piernas cedían. El tirón de su mano me obligó hacer que las piernas me sostuvieran, lo suficiente que durasen sus caricias. Mantener de pie era difícil, pero no tenia opción: su mano era poderosa, y me sostendría aunque cayera. ¿Acaso era algo malo?

No tenía una respuesta a eso. Giré los ojos hacia atrás, mientras centraba la atención en su mano y, por un instante, veía todo negro. Sus dedos rozaban mi piel, acariciaban la parte sensible y aceleraba sus movimientos. La mano sobre mi boca hizo mi cabeza a un lado, y sus labios atacaron mi cuello, chupando y mordiendo y haciéndome temblar. Gruñí, y me alivió que su mano me cubriera. Me hubieran oído hasta la China.

–Mierda, qué sexy te ves, Jaeger–, suspiró contra mi oreja. Le rasguñé la mano, intentando apartarlo para protestar porque, a pesar de sus palabras tan sensuales, podía seguir con la mano firme. No cedió–. ¿Te gusta lo que te hago, Eren?

Lo único que podía hacer era asentir y gemir contra su mano. Era lo único que podía hacer, con su mano en mi boca.

–Que bien–, volvió a chuparme la nuca, al punto de que podía sentir el chupón que se formaba. ¿Justo debajo de la línea del cabello, para que todo el puto mundo la viera? Se apartó, dejando una línea de saliva, lo cual me hizo perder los estribos. Embestí contra su mano, buscando más, y Levi sonrió ante mi padecimiento–. Me había olvidado de que eras virgen. Significa que no debo ir con todo.

Le habría hecho una mueca, de no ser que sentí algo duro contra mi muslo.

Agradecí no ser el único excitado, pero no me importo mucho entonces. Estaba tan, tan cerca, y precisaba liberarme.

En un atrevimiento de pasión, apreté mis caderas contra las suyas, y tiré de sus pantalones. Levi profirió un gemido, mientras mi miembro se retorcía en su mano.

–Mierda–, siseó–. Tú lo pediste.

Me soltó la boca. Temiendo ser descubiertos, me mordí la mano, justo donde había una vieja cicatriz sobre el pulgar. Por habito, mordí fuerte, casi atravesando a piel, pero Levi no me dejo. Me quitó la mano de la boca y, antes de darme cuenta, sus labios cubrieron los míos, su lengua forzando el acceso. La mía bailo con la intrusa, y mis gemidos subieron de tono. El ruido de las lenguas bailar dentro de nuestras bocas era intenso y, con un par de tirones, acabé.

Gemí dentro de su boca, embistiendo sin decoro alguno mientras acababa en su mano. Clave las uñas en la mano que tenia en las caderas (la que había cubierto mi boca), de lo cual no me arrepentí mientras subía al éxtasis. Levi me modio el labio inferior, dejando que un potente gemido escapara de los míos, quedando al borde del agotamiento.

Sus brazos al fin me soltaron y, sin su sostén, caí como un saco, resollando y agitado. El suelo estaba frio, totalmente opuesto al calor de mi cuerpo, pero se sintió muy bien y agradable, cosa que agradecí. Cerré los ojos unos momentos, quizás minutos, ya que se sintió como un eternidad hasta que recuperé la cordura y el aliento. Lo primero que pensé fue "Levi".

Haciendo un esfuerzo, lo miré, mientras examinaba los fluidos en su mano. No parecía incómodo: de hecho, parecía algo aburrido, por como miraba. Sentí las mejillas sonrojárseme más (ya debía parecer un tomate), y me di cuenta de que podía volver a ponerme duro.

Entonces, vi sus caderas. Seguía erecto, era evidente por las ropas que yo había desabrochado. También estaba ruborizado, y respirando con dificultad.

Era la primera vez que lo veía tan fuera de sí, o con tantas emociones en el rostro. Aunque solo se trataran de deseo y pasión (eran lo mismo, ¿no?), era algo extraordinario.

Deseaba ver más.

Me obligué a arrodillarme y me arrastré hasta él, para tomar sus pantalones. Los aparté, lo que le provocó una exclamación de sorpresa e intentó apartarse, pero la pared lo mantuvo a raya.

–No, Eren–. Le miré, implorándole lo mas que pude con los ojos. Tenía los labios rojos e hinchados por el besuqueo, lo que me obligaba dejarlos entreabiertos. Tenia todavía los ojos abiertos, las pupilas dilatadas, cosas de las que me aproveche, así como el hecho de estar de rodillas a meros centímetros de su ingle. No me vanaglorio, pero creo que me veía muy atractivo.

–Carajo…–, maldijo, mientras se mordía el pulgar.

Lo tomé como un sí.

Le bajé los pantalones de un tirón, solo dejándole los interiores, para que sufriera. Vacilante, estiré la mano y cubrí el bulto, sintiendo como se ponía tenso bajo mis dedos, mientras seguía mordiéndose el pulgar. Le miré un instante, silenciosamente preguntando si podía seguir. Al no oponerse, comencé a acariciarlo con cuidado, y Levi maldijo un par de veces.

–¿Duele?

Era algo ingenuo de preguntar, pero no quería herirlo, solo complacerlo.

–N-no…

Con esa afirmación, proseguí, desde la base y, lentamente ascendí a la punta. Le pellizqué, sintiendo el liquido escurrirse por su ropa, y sus piernas temblaron ligeramente, como si estuviera a punto de ceder. Para aliviarle, dejé de acariciarle para bajarle los calzoncillos, dejándolo al desnudo.

Probablemente no era el momento para sentirme mal por mi tamaño, pero no pude evitarlo al verle. El grosor de Levi no le hacía la más mínima justicia a lo que se ocultaba.

Wow

Lo dije tan bajo que Levi no me oyó, y apenas yo mismo. Fue mas como una gesticulación, antes de volver a mis menesteres.

–E-ren, mierda…

Temblé por cuán maravilloso sonó mi nombre saliendo de sus labios ardientes. Alcé la mirada, para encontrarme con sus oscuros ojos mirándome, su mano cubriéndole la boca y sus mejillas ruborizadas. Debió haberse sentido avergonzado, ya que lo dijo en voz alta. Le habría sonreído, si no m hubiera encandilado su mirada.

Su mano dejó la pared y sus dedos se enredaron en mis cabellos. Les dio un tironcito y el corazón se me retorció en el pecho. Tenía la impresión de que sabía qué era lo que me pedía, pero no sabía si podría hacerlo bien. el único conocimiento que tenia sobre el sexo era lo que había aprendido de ver porno, pero nunca había hecho nada. Lo único que conocía era mi mano nada más, pero, si Levi lo deseaba, lo intentaría.

–Eren…

Si iba a seguir diciendo mi nombre así, entonces sí, mierda, lo intentaría.

Volví la atención a su impresionante miembro, y tímidamente lamí la punta. No estaba seguro de qué esperaba, algo amargo o asco, pero Levi no emitió queja alguna. Así que lo repetí, y otra vez, abriendo la boca más grande y metiéndomelo de cabeza. Sus caderas se movieron, y supe que luchaba con los deseos de embestirme la boca. Apreté las manos contra sus muslos, indicándole que se quedara quieto mientras recorría la punta goteante con los labios y la lengua.

–Ah… mierda…

Por como sonaban sus gemidos y resuellos, debo haber estado haciéndolo bien. Intenté abrir un poco mas la boca para recibir más, pero era difícil, haciéndome llorar. No estaba acostumbrado a nada de estas cosas, pero él era tan tentador y seductor, que quería hacerlo con mas ahínco, mientras pronunciara mi nombre de aquella manera.

Me aparté con un gemido, ya que era difícil respirar con un pene en la boca. Me recuperé y volví a intentarlo. Ignoré el reflejo de arcadas, metí mas hasta sentir la punta contra la garganta. Mas lagrimas me inundaron los ojos, y sentí algunas rodar por mis mejillas. Cuando volví a ver a Levi, volviendo la cabeza hacia atrás mientras un gemido mudo escapaba de sus labios, me di cuenta de que lo soportaría todo con gusto.

Vacilante, le solté los muslos y posé las manos en su cintura, dándole la libertad para embestirme la boca. Sabia que intentaba contenerse, pero no me importó. Si no lo hacía, lo haría yo, y lo sabía. Así que, con cuidado, embistió, mientras yo seguía chupando (como si hubiera tenido opción). Sus manos dejaron mis cabellos, para posarlas en mis hombros y apretarlos con suficiente fuerza para dejar un moretón, a lo que respondí con un gemido.

–Mi-mierda… Eren, para…

Masculló. ¿Para…? ¿Por qué querría que parara?

–Maldita sea, voy… vo-voy a …

¿Por qué decía que quería que parase? Bueno, estaba equivocado. Me obligué a tragar y recibirlo hasta la base, profiriendo un gruñido. Él me correspondió, su mano volvió a mis cabellos y me empujó hacia delante. Sus caderas arremetieron con fuerza, haciéndome gemir de dolor antes de que acabara en mi boca.

Había mucho. Intenté tragarlo todo, pero me fue imposible. Sin embargo, su mano no se movió, manteniéndome sobre su miembro mientras se corría. Cuando me soltó, me aparté de repente, buscando aire, tosiendo a los lados, mientras el semen escapaba de mi boca. Era amargo y para nada agradable, pero más me preocupaba respirar que el gusto.

Levi se dejó caer al suelo, conmigo, resoplando con una ligera capa de sudor en la frente. apoyó la cabeza contra la pared, relajando sus exhalaciones y, con los ojos cerrados, parecía que quería dormir, pero no era así. Abrió los ojos y agachó la cabeza, y temblé por la manera en que me miró. Se estiró hacia delante, enredó los dedos en mis cabellos y me atrajo hacia él. Ni siquiera pude dejar escapar un quejido, en un segundo, sus labios estaban sobre los míos.

Gemí en su boca, con los sentidos ahogados, silenciando todo menos el beso. se sintió bien, pero había cierta sensación de cansancio en este. Sus movimientos eran torpes y lentos y, cuando nos separamos, vi que sus ojos estaban cerrándose de sueño. No me ofendí: de hecho, me enorgullecía.

No había experimentado insomnio desde que había comenzado a trabajar con él.

Volvió a apartarse pero, en vez de volver a besarme, me atrajo para que posara la cabeza en su hombro, como si me hubiera leído la mente. Sus manos me sostuvieron en un fuerte abrazo, como nunca había sentido. Suspiré a gusto, apoyando las manos contra su pecho y jugueteé con los botones de su arrugada camisa. Sus dedos me revolvieron los cabellos, y unos suaves y lentos besos se posaron en mi frente. le oí suspirar encima mío, pero había algo que me hizo pensar que ese suspiro implicaba que no se había sentido tan a gusto en mucho tiempo, como yo.

Todo esto, había sido algo que los dos precisábamos.