A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 12 de 31
Canción del día: Beautiful Stranger, por F (Amber, Luna, Krystal)
13- ¿Qué sabes tú?
No volvimos a tocar el tema.
O siquiera lo mencionamos.
Me desperté la mañana siguiente, vestido y adolorido como nunca. Me encontré en la cama de Levi, solo. Como la soledad me inquietaba, fui a buscarlo. Estaba junto con los abuelos, en la cocina, desayunando. Todos me saludaron con alegría (incluso Levi), y la abuela rápidamente explicó el motivo por el cual no me habían despertado: era porque Levi le había dicho que me había costado conciliar el sueño.
Todo lo contrario, dormí como tronco. No había dormido tan bien desde…
Nunca había dormido bien.
Mientras conversábamos, el abuelo no dejó de mirarnos. Ah, si tuvo alguna duda antes, ahora seguro no. Probablemente, también admiraba el tremendo chupón en mi nuca. ¿Quién no lo haría, cuando parecía que me habían dado con un bate?
Sonriendo, terminamos el desayuno. Ayudé a Levi a lavar los utensilios, mientras los abuelos iban al living. Con ellos ausentes, planeé confrontarlo sobre la noche pasada, pero el aire cambio. Ya no sonreía, y una delgada y aterradora mueca la reemplazó. Sus ojos se hundieron y parecieron vacíos, desinteresados. Ahí tuve mi respuesta.
No íbamos a discutir el tema.
Así que, dos días después, aquí estaba. Eran casi las ocho de la noche, limpiaba la mesita de café con un trapo viejo y agua tibia, porque había derramado mi gaseosa. Sólo iba a secarlo pero decidí limpiar al recordar el residuo pegajoso que dejaría, aparte de se notaba. Levi ofreció ayudarme, jugando su personaje, pero me negué, diciendo que estaba bien y que no era un inútil.
–Si quieres, hay un poco de limpia vidrios en el armario–, me dijo. Asentí, dejando el trapo y yendo a buscarlo. Entre al pasillo y, una vez que estuve fuera de rango, suspiré. La tensión, a pesar de que actuábamos, era demasiada. No estaba seguro de qué sentir cuando me hablaba, porque o me estaba matando, o me estaba desnudando con la mirada. No tenía idea, y no estaba seguro de querer conocer la respuesta.
En lugar de eso, apoyé el peso en las blancas paredes unos segundos. Allí era más oscuro, sin luces encendidas y la única iluminación provenían de la cocina y el living. A pesar de ello, era muy aburrido. Soy consciente de que se trataba de un pasillo, y de que la gente no acostumbra a decorarlos, pero allí no había nada. Nada en el piso, puertas o paredes, y eso lo hacía más espeluznante. Cuando murieron mis padres, con Mikasa dejamos unas fotos, mayormente de nosotros con Armin. Sólo una era de mis padres, pero era algo.
–Ufff…–, musité, poniéndome derecho. ¿Por qué no se molestaba en poner alguna foto de su familia, o amigos? Pensándolo bien, ¿por qué no he visto ninguna? No tenía nada, ni sobre en una mesa, ni fotos de su casamiento. No había nada.
¿No dijo la abuela que tenía una hermana, Isabel? ¿Por qué no había fotos de ella? ¿O de Levi, con Petra? Habían estado casados por diez años. Alguna foto debía tener, aunque fuera de la boda.
Debía contenerme. No era asunto mío. Si no las tenía, no las tenía, y él tendría sus motivos. No era cosa mía meterme en su vida privada, así que, a pesar de la curiosidad, no debía comentarlo.
Suspiré, apartándome la pared para ir hasta el armario. Fue entonces donde me encontré delante de... ellos. Había dos armarios. ¿Me dijo en cuál debía fijarme? No, sólo dijo "en el armario".
Bueno, no había motivos para dudar. Me dirigí al más próximo y lo abrí: dentro, había cajas, pero nada de lo que buscaba.
–Eren–. La voz de Levi sonó frenética desde el otro lado del pasillo. Abrí más, buscando el origen de la voz, pero sólo lo atisbé cuando que un terrible dolor me dio de lleno en la cabeza. Caí al suelo, cubriéndome una herida abierta en la frente. Sentí la sangre escurrirse por mis dedos y brazos, y Levi ya estaba a mi lado, atrayéndome para ver mi herida.
–¡Oh no! ¿Qué pasó?
De repente, la abuela apareció en el pasillo, seguida por su esposo. Los dos llegaron a nuestro lado, y la abuela estaba angustiada por como la sangre arruinaba mi linda camiseta blanca.
Sep, ésa era una buena pregunta.
Aparté la mirada de Levi, ya que me aterraba. Miré al piso a través de los dedos, y noté una foto enmarcada que ahora estaba hundida de lado, y la esquina manchada de mi sangre. La foto ahora estaba sin protección, ya que el vidrio se había hecho añicos. Me costó unos segundos analizar la información en mi cerebro desangrado, pero, cuando lo hice, comprendí. Una foto enmarcada se había caído, y me había dado de lleno en la cabeza. Con una esquina me había dado un feo corte sobre la ceja.
Momento, ¿foto enmarcada?
–¿Qué tan mal está?
Dejé caer la cabeza contra el hombro de Levi, no adrede, sino porque ya no podía sostenerla. Esperé que me perdonara por mancharlo con mi sangre.
–Bastante mal, pero creo que no necesitarás puntos–. Me explicó, mientras pasaba los dedos cerca de la herida. Los abuelos no pudieron estar más aliviados, y la abuela se agachó, lentamente, para recoger la foto –. Eren, perdóname. Debí decirte que no era en ese armario–, se disculpó, mientras me levantaba la cabeza.
Era la primera vez que me miraba a los ojos, desde aquella noche.
–No, no, está bien. Después de todo, soy bastante tonto. Debo estar agradecido de tener la cabeza tan dura, o habría sido peor–, bromeé. Levi sonrió, pro había cierto brillo en sus ojos.
¿Era alivio?
Tendría sentido. No habíamos conversado sin sentirnos presionados en días. Me sentí mejor de sólo conversar de manera casual con él, como si el peso se hubiera ido. Lo hacía más sencillo, a pesar de la herida, me sentía aliviado…
O al vez era por la herida. Seguía perdiendo sangre.
–¡Oh! ¡Mira esto! –, dijo la abuela, sosteniendo la foto–. Levi, mira, son tú e Isabel, en el sofá, mirando dibujos.
Alzó el marco roto, mostrando una foto todavía oculta por los vidrios rotos. A pesar de eso, fui capaz de distinguir que la abuela hablaba en pasado. ¿Se habría equivocado, o le había sucedido algo a Isabel? ¿Por qué no estaba aquí ahora?
–Tenemos que conseguir un marco nuevo y colgarla. ¿Qué tal en el living? O junto a la tele–, sugirió la abuela. Sentí como si se estuviera echando sal a una herida abierta o, como quien dice, "echando leña al fuego". La tensión crecía, produciéndome náuseas. Y no por la herida.
Levi se adelantó de manera repentina, y arrancó el marco de las manos de su abuela. Lo hizo con tremenda rudeza, sin cuidado con los vidrios, sin mencionar lo maleducado que fue.
–Levi-
Me callé cuando arrojó la foto dentro de una caja en el armario, cerrando la puerta con rudeza. El ruido fue tan potente queme hizo dar un respingo. Volvía a estar molesto, ¿por qué? ¿Qué habíamos hecho mal?
–Levi…
–Vamos, Eren. Hay que limpiarte la herida–, me dijo, cogiéndome del brazo. Me hizo poner de pie con violencia, provocándome vértigo y mareos. Me llevó aparte de repente, hasta la cocina, donde había mejor luz.
Me hizo sentar en una de las banquetas junto a la barra, y esperar a que hallara el botiquín en alguno de los estantes. Tomó unas servilletas de papel y se sentó a mi lado. Abrió el botiquín, sacó una bandita, peróxido y un ungüento antiséptico. Mientras lo hacía, permaneció en silencio. Sentía la presión en el aire, mas densa que nunca, mientras me quedaba en mi sitio y él me limpiaba con la servilleta y yodo.
–Tal vez arda–, me advirtió. Asentí y cerré los ojos, mientras apoyaba la servilleta. Que ardiera era algo esperable. Pero dolía como la mierda. Junto con las náuseas y la pérdida de sangre, y de no ser por su mano contra mi mejilla, me habría desmayado.
–¿Estás bien? –, preguntó quietamente.
–Mhm…–, susurré. Viviría, pero no mucho si llegaba a vomitarle encima por los mareos. Me mataría. Quitó la servilleta, y luego limpió la sangre que tenía en el rostro. Lo hizo en silencio y, antes de volver a hablar, revisó la herida cuidadosa y atentamente.
–Sí, pero necesitarás puntos–, señaló, quitando la servilleta.
–Qué bien…–, gemí. Sacó la bandita de su envoltorio sanitario, le puso un poco del ungüento y luego me la puso. Volvió a arder, pero no tanto como el peróxido. El ungüento alivió el dolor, provocándome un suspiro.
–¿Mejor…?
–Mucho. Gracias–, asentí. Me preparaba para ponerme de pie, cuando los brazos de Levi me empujaron contra la barra a mi espalda, atrapándome en la silla. Sentí que el corazón se me aceleraba a mil en el pecho, y que las mejillas se me ruborizaran porque me cohibía la manera en que me miraba.
–¿Qué te dijo mi abuela?
–¿Eh…?
No tenía sangre en la cabeza ¿Qué clase de respuesta esperabas?
–Cuando salieron a caminar juntos el otro día, ¿qué te dijo?
¿Eso era lo que le preocupaba? Al considerarlo, tenía un poco de sentido. Después de todo, pasó días aterrado. Nunca tuvo oportunidad de preguntármelo y, después de lo que pasó en mi cumpleaños, nos habíamos estado evitando. Debió haber estado muy preocupado estos días.
–Ah… no me dijo nada.
Me encogí de hombros. Decía la verdad. A pesar de la mención de la hermana menor, eso era todo lo que sabía. Lo demás fue sobre mí, y de mi pasado.
Sin embargo, no pareció ser lo que deseaba oír. Agachó la cabeza y negó, y pude ver en sus ojos la decepción.
–Eren, no me mientas…–, masculló. No pude evitar que emociones extrañas me revolvieran el estómago. ¿Creyó que le mentía…?
–No miento–, me defendí–. Conversamos sobre la ciudad, y mi familia-
–¡Basta, Eren!
Que levantara la voz hasta gritar, era un incordio. Que sus manos golpearan a mis lados, aterrador. Que se dirigiera a mi así, me hacía doler el vientre. ¿Por qué estaba tan enojado conmigo? –. Hace días que me mata no saber qué paso entre ustedes. ¡No soporto pensar las cosas que te contó!
Dio un paso hacia atrás, y se puso a dar vueltas. Al fin me levanté, pero di un paso hacia atrás.
Me asustaba. ¿Por qué estaba tan molesto?
–¡No me dijo nada! –, repetí. Pasó un momento de silencio tenso, que fue roto cuando la abuela entró en la cocina, con expresión preocupada.
–¿Están bien, chicos? Los oímos gritar–, dijo, arrugando el ceño. Odiaba verla así, tanto como odiaba ver a Levi en ese estado.
–Laissez-nous tranquilles! –, ladró él. La abuela dio un respingo, pero, lo que fuera que le dijo, hizo que se marchara. Yo estaba estupefacto: era incapaz de creer que acababa de gritarle a su bisabuela. Prefería que me hubiese gritado a mí.
–Levi, ¡no le grites así! –, espeté–. ¡No hizo nada malo
Él se tiró de los cabellos, y dio más vueltas.
No lo comprendía.
–Mierda…–, maldijo por lo bajo.
–Levi, ¿qué te pasa? –, pregunté. Me estiré para tocarlo, agarrarle el hombro, pero me rechazó con premura.
No fue intencional. Sólo pretendió apartar mi mano, pero igual fue un golpe. Creí que había dicho que no volvería a hacerlo…
–Mierda, yo…
Se calló, mostrándose algo culpable. ¿Intentaba disculparse?
–No entiendo porqué estas alterado, Levi. ¿Qué hice? –, repliqué, mientras recogía la mano adolorida.
–¿Por qué no me cuentas lo que te dijo ella? –, gritó– ¿Qué, fue algo sobre mis padres abusivos? ¿Sobre cómo mi padre me quitó todo, incluyendo la virginidad?
¿…Qué?
–¿Sobre cómo me vendió a unos pedófilos más de una vez?
Basta…
–¿O sobre cómo fue su bolsa de boxeo por catorce malditos años?
Deja de decir esas cosas…
–¿Qué, Eren? ¿Qué mierda te contó?
Había tenido suficiente.
No sé qué sucedió después. Mi cuerpo se movió por sí mismo. No pude detener mi mano, cuando fue hacia su mejilla, haciéndole dar la vuelta la cara.
Cuando pasó, inmediatamente me sentí culpable. Se mostraba tan sorprendido porque hubiera hecho algo tan poco propio de mí, y admito que yo estaba mucho más sorprendido, pero él también se veía herido. Parecía que iba a derrumbarse y llorar en cualquier momento, y odie eso. No quería que llorara, sólo que dejara de decir cosas tan aterradoras.
–Lo único que me dijo–, dije al fin, con voz temblorosa–, fue que le recordaba a tu hermana menor. ¡No me dijo nada más! Intentó, pero la detuve. Le dije que tú me lo contarías, cuando estuvieras listo, y ahí quedó. Nunca me dijo algo sobre tu pasado, no hasta ahora, por lo menos.
Ardía de furia.
–Intenté decírtelo, ¡pero no parabas de gritar! Me asustaste…
¿… Cuándo fue la última vez que fui capaz de decir que estaba asustado?
–… Levi…
Estaba callado, y eso me asustaba más. Con la cabeza de lado y los mechones de cabellos cubriéndole los ojos, no podía saber qué pensaba. Necesitaba saber qué pasaba por su cabeza. ¿Sería algo bueno, o malo? ¿Estaría pensando en terminar con todo esto, decirles la verdad a los abuelos, y obligarme a que me marchara, así no volvería a verme? No soportaba creer que pensaba eso de mí.
Quizás, así era como él se sentía.
Iba a volver a hablar, preguntarle. Necesitaba saber. Cuando iba a hacerlo, vi un rastro húmedo descender por su mejilla. El corazón se me detuvo un momento, constreñido por el dolor. No, lo que veía estaba mal. No era una lágrima. No estaba llorando. No había manera de que Levi pudiera llorar…
¿Verdad…?
No, no, no. No había sido mi intención. Si hubiera sido capaz de retractarme, lo hubiera hecho. No quería que llorara, más bien me aterraba.
–¿Le-Levi?
A pesar del miedo de que volviera a golpearme, me estiré, vacilante, para tomarle la mano. Logré cruzar mis dedos con los suyos, antes de que se apartara y dejara el cuarto de manera abrupta. El corazón me dolió más y, temiendo quedarme solo con esos pesares, corrí tras él. Para cuando lo alcancé, ya había dejado el departamento, con las llaves de auto en las manos y salía por el pasillo.
–¡Espera, Levi! –, le llamé.
Se detuvo en uno de los ascensores, para apretar el botón de "bajar". El ascensor ya estaba en el piso, así que las puertas se abrieron y lo dejaron pasar. Apenas me sostuve en la puerta antes de que se cerraran, obligándolas a volver a abrirse y confrontarlo.
–Levi-
Me quedé sin aire cuando fue empujado hacia afuera. No fue suficiente como para que me derribara, pero sí para que trastabillara y me apartara.
–Escúchame, pequeña mierda–, me silbó en la cara–. No estamos casados, ¡así que deja de actuar como tal!
Con eso, Levi volvió al ascensor y cerró la puerta. Me quedé solo, parado en el pasillo, como un imbécil, mientras observaba los números descender hasta la planta baja. Sentí la sangre escurrirse por debajo de la bandita que tenía en la frente, pero no fui capaz de limpiarla. Estaba estupefacto, aterrado de moverme.
Aquello en verdad había sucedido. Levi acababa de irse.
