A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 14 de 31
14- Las disculpas no funcionan en los dos sentidos
Eran las cuatro de la mañana…
Y Levi seguía sin regresar.
Pude calmar a los abuelos tras su partida: al abuelo, le di un vaso de agua, y se durmió en minutos. La abuela me costó un poco más, porque creía que todo había sido su culpa. Y no lo era, a pesar de que lo creyera así.
Había oído la mayor parte de la discusión. Después de que tanto Levi como yo dejamos el departamento, no sé cuánto oyó. Me costo diez minutos regresar luego de que Levi se subiera al ascensor, y ella estaba esperando, ya fuera a sólo uno de los dos. No importaba. Cuando volví, su rostro compungido era algo terrible de ver.
No estaba seguro de si oyó a Levi cuando dijo que no estábamos casados de verdad. Si lo había hecho, no dijo nada. Y si no… no me importaba.
No me importaba. Tenía miedo, frío, y estaba solo. El estar sentado aquí, a las cuatro de la mañana, pasando canales y esperando su regreso, me quitaba toda la energía y ánimos que me quedaban en el puto cuerpo. Si ella lo sabía, si se lo dijo a su esposo, si me odiaban por el resto de la eternidad, no me importaba.
Sólo deseaba que Levi regresara a casa.
Lo admito. Lo extrañaba. Y tenía mucho miedo y preocupación por él. ¿Dónde estaba? ¿A dónde fue a esas horas? ¿Acaso regresaría?
Debía hacerlo. Su familia estaba aquí, esperándolo, tan preocupada como yo, o más. No, seguro mucho más, y por mi culpa. Tuve que abrir la boca.
¿Y si Levi esperaba a que me marchara? ¿Y si no deseaba que estuviera allí cuando regresase? Esa sería tremenda manera de echar. No me gusta estar donde no me quieren, y si Levi no volvía, es porque no me desean ni él ni sus abuelos.
Pero no me importaba.
Sólo quería saber si estaba bien, y cuándo iba a regresar.
Quería decirle que lo lamentaba. Sentía haberle pegado, o hacerlo que dejara su maldita casa a tan alta hora de la noche. Deseaba disculparme por todo, pero no atendía el teléfono. Para nada, ni siquiera un mensaje, ni para responder a mis ruegos de si estaba bien.
Estaba aterrado, y no sabía dónde se encontraba, o cuándo regresaría.
Todo apestaba tanto, que deseaba llorar. No lo iba a hacer, porque, si despertaba a los abuelos, no quería ocuparme de ellos.
Así que me lo tragué. Dolía, pero debía soportar un poco más…
Eso esperaba.
Suspiré, apagando la tele. No me ayudaba, así que, ¿para qué tenerle prendida? Ya sólo percibía ruido blanco e imágenes borrosas. Dejé el control sobre la mesa, y me tendí sobre las almohadas del sofá. Quería volver a la cama, pero no era lo mismo sin Levi.
Me había acostumbrado al calor de su cuerpo por las noches. Sin él, no me sentía a gusto.
Duérmete Eren, duérmete. Era consciente de que, si me dormía, él volvería. Necesitaba descansar, al menos unos minutos. Me revolví y di vueltas, de un lado y del otro, con los pies colgando o sentado sobre el borde. Intenté dormir con y sin las almohadas, pero, definitivamente, las prefería. Incluso me traje la sábana del cuarto, cosa que me ayudó un poco.
Una vez que tendí la sabana, puse la almohada, la tele apagada y el cuarto prácticamente a oscuras (la luz del comedor seguía encendía), me obligué a cerrar los ojos. Tras minutos u horas, sentí el sueño quitarme la consciencia. Me sentí aliviado, recibiéndolo con entusiasmo. El sueño era algo maravilloso, pero solo duro un par de segundos.
Oí ruidos a la distancia: pisadas, puertas abrir y cerrarse. En principio, creí que se traba de los abuelos dando vueltas, buscando a Levi, esperando que hubiese vuelto a salvo. Pensar en el rostro compungido de la abuela, o la mirada de cachorrito abandonado del abuelo me hizo doler la tripa, pero fue entonces en que me di cuenta de que no era lo que creía. Alcé la cabeza de repente, oyendo con atención, mientras la puerta se habría y cerraba. Escuché los cerrojos volver a su sitio, y salté del sofá.
La luz del recibidor parpadeó y, mientras llegaba al pasillo, vi a Levi quitándose los zapatos y dejando las llaves en la canastilla junto la puerta. Cuando se dio cuenta de que no estaba solo, me miró, clavando sus cansados ojos grises en los míos. El alivio me embargó, y nunca sentí las piernas quedárseme sin fuerzas como en ese momento.
–Levi…–, suspiré pesadamente. Abandoné el marco y lo atraje a un abrazo, haciéndonos chocar con la puerta, mientras la energía me volvía. Gruñó cuando lo dejé sin aire, pero cuando sus brazos se cerraron en mi cintura, atrayéndome más cerca, sentí lágrimas en los ojos.
No podía contenerlas, y tampoco lo deseaba. Dejé de intentar ocultar mi dolor y culpa. Estaba cansado, y ya no iba a contenerme, sabiendo que Levi estaba a salvo.
–Le-Levi…–, mascullé, aferrándolo con más fuerza–. Oh, Levi…
Estaba aquí. En mis brazos. Vivo y a salvo, y yo ya no estaba solo.
–Eren, está bien–, me susurró al oído. No creí que posible abrazarlo con mayor fuerza, pero lo hice, y pude oírlo luchar para respirar. Se apartó lo suficiente para mirarme, y sus manos me tomaron las mejillas–. Deja de llorar, Eren–, me ordenó con suavidad, a pesar de que seguía sonando aburrido.
–N-no puedo…
"No quiero", es lo que en verdad deseaba decir, pero no tenía ni la energía o el aire para hacerlo.
–Sí puedes–, sus dedos me acariciaron las mejillas, limpiando y secando mis lágrimas. Apoyé la frente en la suya, porque podía hacerlo, y sentí la necesidad de llorar más.
–¡L-lo siento! ¡Lo siento muchísimo! –, exclamé, a pesar de tratar de mantener el tono. A pesar de que había regresado, no quería despertar a los abuelos.
–Basta, Eren. No debes disculparte por nada, porque no hiciste nada malo–, me dijo, y quise llorar más. Él deseaba que parara, pero ¿cómo iba a hacerlo, cuando me hablaba en ese tono?
–Siento mucho haberte pegado, y gritado, y siento mucho por-
–Eren.
Su voz se puso firme, pero baja.
–No hiciste nada malo. Lo entiendo: estabas asustado, y no sabías porqué hice eso. En verdad lo entiendo. Así que, deja de llorar. Guárdatelo para algo que en verdad sea importante–, me ordenó.
Suspiré y asentí. Inhale y exhala grandes bocanadas de aire. Seguramente no debí haber hacérselo en la cara, solo dios sabe cuanto me apestaba el aliento.
–Eso es mejor–, dijo suavemente, y me secó las ultimas lágrimas.
–Lo siento–, suspiré.
–¿Cuántas veces debo decirte que la cortes? Si alguien debe disculparse, soy yo–, dijo.
–N-no hiciste nada malo…–, susurré.
–No debí haber estallado de esa manera. Tampoco debí pegarte. Tenías todo el derecho en devolvérmelo, porque me la merecía. Me comporté como un completo imbécil–, repuso–. Así que, lo siento.
–No hace falta que te disculpes. No hiciste nada malo–, insistí.
–No podemos dejarlo así. O es culpa de uno, o de ninguno. Estoy seguro de que no es tuya, así que, elige–, dijo, esbozando una ínfima sonrisa.
–¿Qué tal, de ninguno? –, pregunté, encogiéndome de hombros.
–Eso funcionará–, admitió Levi, y se apartó. Fue hasta el living, y le seguí como un cachorrito abandonado. Tocó una lampara e hizo que las luces se disminuyeran, dejando lo suficiente como para ver a dónde iba. Se dejó caer en el sofá con un profundo gruñido, y se relajó un poco,
Le observé y esperé a lo que diría a continuación. Se acomodó un par de veces, dejando escapar suspiros, gruñidos y maldiciones mientras se alistaba. Cuando por fin logró una posición cómoda, me miró, con una expresión casi confundida. No había hecho nada fuera de lo usual, solo estaba allí, parado, así que, ¿Por qué me miraba de esa manera?
–¿Qué esperas? –, me preguntó, y abrió los brazos–. Apúrate. Sé que lo deseas, así que hazlo antes de que cambie de opinión.
No hizo falta que lo repitiera. Caí en sus brazos, y hundí el rostro en el hueco de su cuello. Su calor era electrizante, y me descubrí lleno de energía e inexplicablemente agotado a la vez. Su aroma era intoxicante, pero enmascarado por el rancio de los cigarrillos y el alcohol. El de los cigarrillos estaba aguado, así que debía ser a causa de haber estado entre personas fumadoras. Sin embargo, cada vez que respiraba, olía la acidez del alcohol, sin mencionar que sus ropas estaban empapadas en ese olor.
Había estado bebiendo.
–¿Mejor…? –, suspiró.
–Mucho…–, susurré en su hombro. Apreté los abrazos a su alrededor, y respiré con fuerza. No me importaba si olía como a una cantinucha, estaba aquí y bien. Era todo lo que me importaba.
–Qué bien…
Se acomodó en el sofá, dejando una mano en mis caderas y otra bajo mi cabeza, que usé como apoyo. La movió, y sentí sus dedos enredarse en mis cabellos, sus uñas apenas raspando mi piel. La sensación que produjo escalofríos, y cerré los ojos.
Suspiré contra su cuello, sintiendo embargarme el alivio, seguido por el agotamiento y humor. ¿Por qué? Bueno, por cómo lo veía, y después de los sucesos de la noche pasada, todo me parecía cómico, y no me había percatado que lo estaba demostrando.
–¿Qué es tan gracioso? –, preguntó, evidentemente irritado. Solté una risita, intenté contenerme, pero era tarde.
–¡Eren! –, gruñó.
–Lo-lo siento…–, gemí, entre risas.
–¿Qué mierda es tan gracioso? –, repuso. Ah, era el Levi borracho y mal hablado de costumbre.
–Je, oye, Levi, ¿te das cuenta de que tuvimos nuestra primera pelea de casados? –, pregunté, riendo por un momento. Levi tenía una expresión anodina con ojos aburridos y, por un instante, asumí que no le pareció buena broma. Pero, tras un momento, una sonrisa cubrió sus labrios.
–Idiota-, replicó, soltando una risa. Le sonreí ampliamente, pero me volví a apretar contra su brazo. Volvió a pasarme los dedos por los cabellos, y cerré los ojos, acallando mi risa. Percibí un rumor en su pecho, acompañando sus latidos, y lo tomé por su risa. Estaba contento de que lo viera así, a pesar de que no le resultara tan graciosos como a mí. Era algo, que lo hizo sonreír.
Fácilmente me podría haber dormido así. Con sus latidos bajo mi oreja, su aliento contra el rostro, oído, nuca, y el hecho de que estaba allí, a salvo en mis brazos, era como una canción de cuna, que no había oído en años. Me habría dormido con facilidad, a no ser porque Levi se movió de repente, y me beso la frente.
La sangre se me congeló y el corazón se me puso a mil. Las mejillas se me pusieron profundamente rojas, y no me había dado cuenta de que había extrañado la sensación de sus labios sobre mi cuerpo hasta ahora, que no lo había sentido en días. No debería resultarme tan agradable, pero lo era, y estaba feliz de tenerla de vuelta conmigo.
Lo único que podía preguntar era: ¿cuánto duraría? Era consciente de que el beso duró meros segundos, pero ¿podría darme el gusto de otros en el futuro?
Debía dejar de pensar así, en serio. Esto no era algo que conservaría. Levi y yo no estábamos casados, tal como dijo, y ésta no era mi familia. Sus abuelos no eran míos, esta casa no era mía, y Levi tampoco lo era. No tenía nada de esto en mi vida real.
Pero, por un momento, ¿no podía pretender que era así?
Esos pensamientos dolían mas de lo que deseaba admitir. Intenté distraerme para evitarlos, y el beso era lo mejor. Miré a Levi, para hallar sus ojos cerradas y su rostro relajado, en calma. Era capaz de notar de que el sueño estaba comenzando a embargarle, pero yo todavía no había terminado con él. Miré en derredor del cuarto en penumbras, pero no halle lo que buscaba.
–Los abuelos no están aquí…–, dije con suavidad, esperando una respuesta a el motivo de su beso. Se hizo una pausa, señal de que procesaba mis palabras y creaba una respuesta en su mente aletargada. Le tomó, al menos, quince segundos responderme.
–Lo sé…–, masculló.
–¿Levi…?
Dije, intentando que me prestara atención, pero ya era tarde. Se había quedado dormido en segundos, dejándome con mis pensamientos rebeldes–. Levi…
Suspiré, más para mí que para él.
Dejé caer la cabeza contra su cuello, y volví a suspirar. No había obtenido mi respuesta, pero estaba bien. Todavía tenía este momento, aquí, y estaba bien. Necesitaba recordarme que debía saborearlo y disfrutarlo.
Porque no duraría.
Mentalmente, conté los días que me quedaban con mi familia falsa. El corazón me dio un vuelco, bajando y subiendo hasta mi garganta.
Desde hoy, sólo me quedaban cuatro días.
