A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer

Traducción: Maru de Kusanagi

Capítulo 14 de 31


15- El pasado que nos persigue

La luz era lo suficientemente brillante como para provocarme un quejido, a pesar de que todavía estaba oscuro. Estaba muy a gusto, cálido, pero el sol había salido, indicando que era hora de levantarse. No deseaba hacerlo. Estaba muy cómodo junto a Levi, con la cabeza apoyada sobre su pecho, oyendo sus latidos retumbar, los brazos rodeándole la cintura, y los de él sobre mi espalda, en gesto protector. La seguridad que sentía allí era una que jamás había experimentado, y no deseaba perderla.

Mientras durmiera, podía disfrutarla más tiempo, y mientras así fuera, seguiría siendo feliz. No deseaba que terminara, pero el destino es cruel.

Escuché voces. Al principio eran débiles, meros susurros, pero, a medida que despertaba, se hacían más fuertes. Me aferré de la camisa de Levi, y volví a gemir, pero seguí oyendo la conversación. Quienes fueran, era evidente de que no les importaba mis patéticos quejidos, los que consideraba palabras claras.

"Si me despiertas, ¡Levi te pateará el culo!". Claro que estaba demasiado cansado como para decirlo, y sabía que Levi no lo haría. A pesar de que no me hicieron caso, me obligue a abrir los ojos.

Y, entonces, se hizo el caos.

Honestamente, puedo decir que el par de grandes ojos negros que tenía encima de la cara me aterraron. Tanto, que me levanté de un salto, apartándome del pecho de Levi. Sin querer, apoyé la mano sobre su pecho, quitándole el aire y despertándolo en el proceso. Gruñó y, tras darme cuenta de que sólo era la abuela, me disculpé, sentándome derecho, permaneciendo sobre su regazo, mientras él se erguía.

–¡Perdón, Levi! No quise hacerlo–, me disculpé, llevándole una mano al pecho. Tenía la otra en su nuca, sintiendo la tibia y tentadora piel bajo los dedos.

–Está bien–, tosió, mientras intentaba recuperar el aliento.

–Te dije que no lo hicieras–, dijo, de repente, el abuelo en voz baja y en dirección a su esposa.

–Ay, nene, ¿te desperté? –, dijo ella, aún cerca.

–Sí, esta vez me despertó–, mascullé. Estaba tan a gusto, y de no ser porque me importaba, podría haberla insultado.

–Mierda, ¿qué rayos hacen? –, preguntó Levi a sus abuelos, mientras volvía a caer contra el sofá.

–Durmieron mucho. Si siguen así, van a estar despiertos hasta tarde–, repuso ella.

–¿Qué hora es ahora? –, pegunté, frotándome los cansados ojos. Seguía muy cansado.

–Cuatro de la tarde–, me informó.

–¿Las... cuatro? Mierda, nos pasamos…–. Gruñó Levi.

–¿Tú te quejas? –, le pregunté, con una sonrisa mientras apoyaba la mano en sus caderas.

–… No, la verdad que no–, suspiró él. Asentí, y volví a dejar caer la cabeza contra su hombro. Sus brazos me rodearon, para luego meter una mano por debajo de mi camiseta, produciéndome escalofríos. Le besé el cuello, y lo oí reír, mientras sentía como se dibujaba una sonrisa en sus mejillas. Una tos de su abuelo nos hizo volver a la realidad, pero tenía una pregunta pendiente.

¿Desde cuándo habíamos cruzado la línea entre la actuación y la realidad?

–¿Qué…? –, preguntó Levi, irritado.

–Así que, ¿quiere decir que todo está bien entre ustedes? –, preguntó la abuela. Vi su mirada, la preocupación y arrepentimiento, y eso me hizo sentir horrible.

–Te dije que solo fue una discusión. Las parejas se la pasan discutiendo. Sólo implica que tenemos una relación saludable–, dije, alzando la cabeza–. ¿Acaso ustedes no se pelean?

–No, nunca–, respondió ella.

–Un carajo–, replicó Levi junta a mi oreja, y reí.

–Shh, Levi. Nos habla a nosotros, no a ti–repuso, y le dio una palmada a la mano sobre mi espalda.

–Ajá, claro. ¿Cuándo estará el desayuno? –, intentó cambiar de tema.

–Nada de desayuno. Si quieren, preparo el almuerzo, y solo eso.

–¿No hay cena? –, gemí.

–No, no, cena hay, pero no desayuno–. Me dio un golpecito en la nariz antes de levantarse, no sin ayuda de su esposo. Él la ayudo a caminar con sus débiles piernas hasta la cocina, y la oí quejarse mientras marchaba.

Cada vez se le hacía más difícil. Sabía que ella no quería usar la silla, ya que la odiaba, pero el dolor de caminar era demasiado.

Oí a Levi suspirar. Me aparté de esos pensamientos lúgubres y le miré, mientras me acariciaba la parte posterior de la cabeza y me devolvía la mirada. Sus ojos azul profundo, su mirada intensa, las manos en mi cabeza y espalda: todo era embriagador. ¿lo hacía adrede?

–Entonces… ¿está todo bien entre nosotros? –, pregunté, con cuidado. Él asintió, y sentí el peso quitarse de mis hombros.

–Tanto como hayamos estado–, respondió. Le sonreí y me levanté, haciendo que sus manos cayeran sobre mis caderas. Puede que fueran ideas mías, pero juro que estaba un poco más toquetón esta mañana… digo, tarde. Capaz que eran fabulación mía, pero así lo sentí.

¿Quizás era porque los abuelos habían estado presentes? Tal vez, ¿podrían oírnos desde la cocina, y Levi solo estaba montando la escena? Era eso, o que estaba siendo toqueton.

–Me alegro… ¿Sabes? En verdad me preocupe mucho por ti la noche pasada.

–Lo sé, y no debí haberlo hecho. No fui justo contigo, o los abuelos–, dijo.

–Al menos, podrías haberme dicho que estabas bien…–, susurré. Levi se quedó en silencio un rato, mirándome. Giré la cabeza hacia a la cocina, cuando oí ollas y sartenes golpearse y moverse allí. Apenas distinguí al abuelo junto a la heladera. ¿En verdad era todo un acto?

–Eren–, me llamó Levi, obligándome a mirarlo–. ¿Ya puedes quitarte de encima? Tengo que ir a mear–. Era algo simple para él, no para mí, ya que me hizo ruborizar de oreja a oreja.

–S-sí, perdona–, me disculpé, y al fin me quité de encima. Me senté derecho en el otro extremo del sofá, mientras Levi se levantaba y salía del cuarto. Suspiré, aspirando el aroma de la comida. Deliciosamente embargó mis cansados sentidos, dándome mareos. Dejé caer la cabeza contra el borde del sofá y me relajé, disfrutando los aromas que me rodeaban. También miré en derredor, memorizando todo.

Pronto, todo terminaría. Pasaría, y volvería a mi apestoso departamento, junto con Mikasa. No me malentiendan: amo tanto a mi hermana y la vida que hemos construido, pero siempre desee algo mejor para ella, para los dos. La oportunidad de vivir mejor era maravillosa, y me hacia desear que ella estuviera aquí. Lo necesitaba tanto como yo.

A pesar de que no duró mucho, todo esto me hacía desear más. Deseaba trabajar mucho mas duro para conseguirlo, así cuando me graduara, los dos pudiéramos vivir en un lugar así de grande. Quizás, cuando Armin se gradúe, pueda vivir con nosotros, y estar juntos, como en el pasado. ¿Qué íbamos a hacer con tanto espacio? Ni idea. No entendía cómo era que Levi vivía en un lugar tan grande, y solo.

Pero, ahora que probé esta vida, me iba a ser difícil volver a la anterior. Acostumbrarse a algo mejor siempre es fácil: un mejor coche, teléfono, casa, vecindario. Volver al pasado y su realidad era duro, las cuentas, el auto roto cada quince minutos, el horrendo edificio en que vivía, que era frecuentado por la policía.

No quería nada de eso para Mikasa ni para Armin. Deseaba que volviéramos a ser una familia. Solo eso.

–Eren, querido–. La abuela asomó de repente desde la cocina para mirarme, haciéndome dar un respingo– ¿Te desilusionaría pedir comida rápida para la cena?

–No, ¿por qué? –, preguntó, inclinando la cabeza.

–A Levi ya no le queda comida. Podríamos ir a comprar algo mañana, pero esta noche podemos pedir algo.

¿Acaso ella no estaba cocinando?

–Sí, está bien–, le ofrecí una sonrisa que la alegró.

–¡Que bien! –. Desapareció en la cocina, y yo suspiré. Me di la vuelta, buscando el control de la tele. Necesitaba distraerme, cualquier cosa que me distrajera del futuro. Solamente precisaba mantener una meta, nada más.

Trabajar duro por la familia por la que debía preocuparme. Sólo esa debía ser la meta que seguir.

Prendí la tele y recorrí los canales, buscando algo para distraerme. No me sorprendió que, cuando puse dibujos, mis preocupaciones se disiparon. En el corazón, era un niño, o quizás era porque nunca lo fui. No me importaba: me hacían sentir bien, y eso era lo que valía.

–Bueno, Eren–. El abuelo entró, seguido por su esposa en la silla de ruedas. Sabía que no duraría mucho de pie–. Vamos a ir a buscar alfo de comer–, me dijo.

–Ah, bueno–, respondí, poniéndome de pie–. Voy con ustedes.

–Ah, no, no. Eren, quédate y descansa. Volveremos pronto–, me aseguró ella.

–Ah… ¿Levi va con ustedes? – ¿Acaso trataba de evitarme?

–No, solo nosotros–, respondió el abuelo.

–¿Cómo se trasladarán?

–Tomaremos un taxi. Eren, sabemos lo que hacemos–, rió ella. Observé al abuelo empujar la silla para salir del cuarto, y me quedé quieto un momento, todavía confundido. Los oí salir, y parpadeé.

–¿Qué acaba de pasar…? –. me pregunté. ¿sabía Levi de que sus abuelos estaban haciendo eso? Sabía que eran mayores como para cruzar la calle solos, pero new york no era cualquier ciudad, tenia muchas calles, muy concurridas. ¿estaba bien dejarlos solos?

Me rasque la nuca, confundida, mientras me volvía a sentar. Crucé los brazos sobre el pecho. Ya no me podía concentrar en la tele. Estaba demasiado enfrascado en pensar el motivo por el cual los abuelos no quisieron salir con nosotros.

–¿Eren…?

Era la voz de Levi. Miré hacia atrás y lo vi, parado en la entrada del living. Estaba apoyado con el hombro sobre el marco, totalmente cambiado. Me pareció algo positivo, ya que la otra ropa apestaba.

–¿Salieron? –, preguntó con tranquilidad.

–Sí, dijeron que fueron a buscar algo de comer. ¿Lo sabias? –, inquirí. Levi asintió, y entró al living.

–Sí, lo sabía.

–¿No deberías haberlos acompañado? –, repuse, mientras se sentaba a mi lado.

–Está bien. Son viejos, pero saben cuidarse. Si les pasa algo, cansaran a cualquier ladrón con su chachara–, rió. También reí, pero no noté su usual sonrisa sarcástica.

También actuaba raro. Estaba cabizbajo, como de costumbre, pero con un aire mas denso. Parecía mucho mas cansado que cuando había desperado, y parecía muy distante, de manera peculiar.

¿Acaso había luna llena?

Considere que era mejor no insistirle. Volví la atención a la tele, e intenté distraerme, pero no pude. Levi estaba allí, sentado, y podía sentir su mirada sobre mí. Trague en silencio, intentando mantener la atención en los dibujos, pero no funcionaba. Deseaba mirarlo, pero, de hacerlo, y si de verdad me miraba, ¿Qué? No quería ruborizarme como el idiota que ya era.

El silencio me mataba. En cierto punto, había dejado de prestar atención a la tele. Comencé a removerme en mi sitio, sentando contra el respaldo, pero sus ojos me seguían. Abrí la boca, listo para terminar con todo: no me gustaba la presión. Cuando iba a hablar, Levi se movió. Avanzó, tomando el control de junto a mi pierna, y apagó el televisor.

–Oye, miraba eso–, chillé. Él dejo el control sobre la mesita y recogió un brazo que tenía tras mi espalda. ¿Cuándo lo puso ahí? En la mano, tenia una foto, y le miré mientras me la tendía.

Lo miré un momento, confirmando que estaba bien en tomarla. Asintió, y la tomé algo tembloroso. La miré, reconociendo al instante la foto: era la de Isabel con Levi, la que se me había clavado en la cabeza.

¿Por qué me la enseñaba?

–Hum… ¿Qué-que es esto? –, pregunté.

–Una foto. ¿No ves? –, replicó con su acostumbrado sarcasmo.

–Ya lo sé. Me refiero a por qué me la muestras–, repuse–. Si es sobre el tema del marco, compraré uno nuevo–. Ofrecí, y Levi sonrió, aunque con amargura.

–No es ese el motivo–, resopló. ¿trataba de reír? Parecía demasiado enojado para eso. No, no enojado, pero si molesto.

–Entonces, ¿qué?

–… Esto… es una foto de mi hermana mayo, conmigo y… Pero creo que ya lo sabias, ¿no?

Desvió un momento la mirada la suelo, dejando el silencio entre ambos. El aire se ponía cada vez mas denso, y no comprendía lo que estaba pasando.

–¿Levi…?

Lo dije con cuidado. Me miró, con tal lejanía, que me dio miedo.

–Pensé… que merecías una explicación de porque actué de esa manera…–, dijo. abrí los ojos de par en par, ¿decía lo que oía? ¿Me iba a contar o que le pasó a Isabel? –. Me refiero a que dije cosas que no debía, y no es justo dejar las cosas así.

Lo hacía.

–No hace falta–, dije. Sus ojos parecían cansados, rendidos, y tuve miedo, con todas las células de mi cuerpo. Nunca lo había visto así, y temí por él, su cordura, y su vida.

–No, debo hacerlo…–, agregó. Pero oí lo que en realidad quiso decir, pero no tenia la fuerza de pronunciar.

"Quiero hacerlo."

–Levi…

Tomé su mano con fuerza, y lo miré a la cara, pero sus ojos estaban gachos, lejanos.

–Por favor, Levi… ¿mírame…? –le rogué.

Parpadeo lentamente, antes de volver a verme. Seguía viéndose tan rendido y perdido, y no puede evitar fruncir los labios.

–Levi–, gemí–, no debes contarme nada que no quieras, pero… no soporto verte así. Te hará bien si lo cuentas, pero no te obligaré a hacerlo. Solo que no puedo-

–Eren, cállate–, silbó, o, mas bien, gruñó. Quizás las dos cosas. No le solté la mano, pero sí me callé, tal como pidió. Se frotó el puente de la nariz con la mano libre, irritado. El silencio era pesado, y casi volví a hablar, pero me detuvo. Lo primero que emitió fue un chasquido de lengua.

–Te voy a contar todo, solo dame un minuto–. Asentí al oírlo–. Han pasado años desde que intenté recordar algo de toda esta mierda…

Me acomodé en mi sitio. Tenia la impresión de que iba a ser una larga charla. Entonces, Levi apoyó la cabeza en el borde del sofá, entrecerrando los ojos, meditabundo. Antes de que hablara, pude sentir como su mano se cerraba sobre la mira.

–Bien, ya me arruiné diciendo cosas sobre mi pasado…

Abrió los ojos un poco más, para mirarme, y asentí.

–Cuando mi abuela, la madre de mi madre e hija de mi bisabuela, murió de cáncer, mi madre solo se derrumbó. Se junto con malas compañías, y mi padre la siguió… es algo obvio que viví en un hogar de mierda desde entonces.

–Supongo…

–Así que… todo lo que dije es cierto. Mi padre me violó, y… cuando necesitaba dinero para drogas, me vendía a quien accediera…–. Sus manos se cerraron en puños, y noté la furia que brilló en su rostro.

–¿Se lo contaste a tus bisabuelos? –, pregunté.

–Por supuesto. Vieron los moretones, las marcas, y supieron lo que me pasaba.

–¿Y por qué no hicieron nada? –, inquirí, sintiendo la ira crecer dentro de mí.

–Lo hicieron. Denunciaron en la policía y servicios infantiles, pero ¿Quién le cree a un niño de diez y sus bisabuelos casi seniles? Creyeron que solo me peleaba mucho en la escuela, de que me hacían bullying y los moretones eran la prueba. No me creyeron, sin importar lo que dijera…

Eso me impresionó.

Sabía cómo era eso, porque lo viví. Cuando intente decirle a alguien sobre mi papa, nunca me creyeron. Era el tipo de niño que se metía en peleas, así que pensaron que de ahí proveían los golpes. Sin importar cuanto hablara, nadie me escuchó. Levi decía la verdad. ¿Quién escuchaba a un niño de diez años?

Cubrí su mano con las mías, desarmado el puño que había hecho y entrelazando nuestros dedos. Sus músculos se relajaron, y sentí un poco de alivio. Era capaz de hacer algo por él, al menos mínimo.

–Así que, eso es lo que les pasó…

–¿Qué fue de ellos? ¿Cómo escapaste? –, pregunté.

–… tenia dieciséis. Fue una noche particularmente mala. Después de que él…–. Su voz tembló un poco–. Después de que había terminado, hui hasta lo de mis abuelos. No podía seguir en ese lugar, simplemente no podía. Les rogué que me escondieran y me mantuvieran a salvo de ellos, y me dijeron que lucharían por mí.

Su voz volvió a quebrarse.

Le apreté la mano, intentando darle fuerzas, pero era demasiado. No podía decir palabra. ¿cómo? Desconocía qué lo haría sentirse mejor, y qué lo alteraría.

–No dejaron que siguiera pasando–, terminó, con la voz otra vez quebrada–. Y tuvieron razón.

–¿Qué pasó?

–Mis padres estaban lívidos, furiosos por haberme marchado... y estaban tremendamente drogados. Se pasaron de dosis antes de buscarme…

Bajó la mirada al suelo un momento, antes de proseguir.

–Ni siquiera fui a verlos al hospital…

–Así… dices que…

–Murieron–, me interrumpió–. El oficial dijo que no sufrieron, pero eso dicen. Posiblemente me quiso evitarme los detalles…

–Ay, Levi… lo-lo siento mucho…

Deseaba abrazarlo. Tenerlo cerca y protegerlo. Deseaba que, al menos, mostrara emociones. Esa fachada me asustaba, era como si no le importara.

Debía importarle, sabía que sí. No estaría tan ahogado si en verdad no le importara.

–No, no me tengas lástima–, dijo, liberando su mano. Resoplé y volví a tomarla, entrelazando nuestros dedos y poniendo la otra mano encima. No iba a dejarlo escapar tan fácil.

–No te tengo lástima. Estoy enojado por ti. Tengo tristeza y estoy preocupado… la gente se preocupa por ti, Levi–. Me atreví a decirlo. Seguramente me jugaba la vida, pero era la verdad

Él precisaba oírlo.

Levi suspiró, inclinando la cabeza para volver a apoyarla en el borde. Estuvo silencioso un tiempo, y me pregunté si eso era todo lo que contaría. Cuando lo miré, me percaté de que no era así: esperaba a que le preguntara que pasó luego, y eso hice.

–Y…. ¿después…? -, dije, vacilante.

–Después…–, suspiró–. Intenté seguir con mi vida, pero no pude seguir allí. Todo era demasiado cercano, y eso no era lo que necesitaba.

–Por eso viniste a Estados Unidos–. Las piezas del rompecabezas caían en su sitio.

–Sí, y eso es todo. Supongo que no sabes que cosas hice al llegar, ¿verdad? ¿No se me escapó, ¿verdad? –, me pregunto, intentando ser sarcástico, pero pude ver mas allá. No intentaba ocultarse.

–No, no me contaste–, aparte de su huida, no sabía nada más. Nuevamente, tomó aire y soltó un profundo suspiro. Puede ver cómo se preparaba.

La historia estaba lejos de terminar.

–Bien, así que intente la escuela, pero fue una cagada. Sus sistemas educativos son inadecuados, así que me la pasaba aburrido, y, como cualquier adolescente, comencé a armar líos. Con el tiempo, la dejé. No me importaba. Después de todo… no tenía a dónde ir. Casi me mata una pandilla, hasta que les demostré que podía pelear. Para mi… "buena" suerte, ahí estaba el líder.

–Le impresioné, así que hicimos un trato: "si te unes, te cuidaremos". Tenía dieciséis, sin familia aquí y sin lugar, así que no había nada mejor. Me cuidaron, y fui su mejor…

Aquí se calló, vacilante. Pude notar los recuerdos en su rostro, como si reviviera cada cosa. Permaneció callado un momento.

–Levi, ¿qué pasó? –, pregunte, frotándole la muñeca.

–… En ese tiempo, creía que lo que hacía estaba bien. Éramos mejores que la policía, que la ley. Hacíamos que las otras bandas temblaran bajo nuestros pies, y que arreglasen sus cagadas. Un día, durante una razzia, descubrimos que un hijo de puta que nos debía dinero vendía gente. En un principio, no eran asunto nuestro, así que lo ignoramos. Vi mucha mierda, Eren, de la que alguien como tú sacrificaría su vida para evitársela–. Apenas me miró, pero supe que se refería a mi pasado.

–Así que ignoré todo y a todos. Solo hacía mi trabajo, así tenía donde dormir, pero entonces…

Volvió a callarse.

–¿Qué pasó? –, dije, sin darme cuenta de que me había acercado.

–Mientras revisábamos los cuartos, encontré… a esa niña… no tenía más de diez, hecha un ovillo, vistiendo una camiseta que le quedaba gigante. La vi y… algo hizo clic en mí. Algo encajó en su sitio, y me di cuenta de lo que estaba haciendo, dónde estaba, cómo había llegado allí, en quién me estaba convirtiendo.

Sabía a qué se refería.

A sus padres.

–No sé que pasó. De verdad. No dijo nada: solo me miró y… no sé que o cómo pasó. Es como si la realidad me hubiera dado una cachetada. Dejé el arma y las drogas que cargaba, alcé a la niña y me largué de allí.

–… Huiste–, susurré.

Eso, lo hice–, replicó en otro susurro.

–¿A dónde fuiste? –, pregunté, recordando que me había dicho que no tenía donde ir.

–En ese momento, solo conocía a una persona que consideraba un amigo, y era Petra. La conocí en la escuela, así que sabia donde hallarla. Así que ahí fui, hasta su puerta, empapado, con una niña en brazos, pidiendo ayuda.

La imagen mental que se hizo en mi mente fue aterradora.

–¿Qué hizo ella? ¿O sus padres?

–No vivía con ellos. No sé bien la historia, pero parece que se había independizado. Se demostró capaz, ya que tenía su propio departamento y cosas… un trabajo y la escuela…

–Ojalá supiera como hacer eso–, dije, sonriendo–. No podría vivir sin Mikasa, aun con el trabajo.

–Es increíble, ¿verdad? –, sonrió.

–Sí… entonces, ¿Qué pasó? –, pregunte con cuidado.

–La idiota me recibió–, dijo sin más–. Su padre era detective, así que le pidió que investigara a la niña. Después de los cinco perdimos el rastro, pero se llamaba Isabel Magnolia. Había desaparecido del kínder, y vendida en trata de blancas.

–¿Cómo diablos acabó allí? –, dije en voz alta. Levi solo suspiró, encogiéndose de hombros.

–No sé. Nunca lo contó. No creo que recordara qué le pasó.

–¿Por qué?

–Porque, sin importar lo que le dijera, lo que le dijeran, nada parecía hacerle recordar. No tenía secuelas ni recuerdo de lo que había pasado, lo que haya sido. Nada la hacía alterar. Nada la asustaba. Aparte de unas noches con pesadillas, volvió a la escuela. Eso fue todo. Era una niña relativamente normal–, explicó.

–Quizás en verdad no recordaba nada…–, sugerí.

–¿A qué te refieres?

No me había dado cuenta de que lo había pronunciado en voz alta.

–Me refiero a que… a veces, el cerebro se apaga, y no nos concentramos en nada. No sé cómo explicarlo, pero, quizás, ella se cerró, y, cuando la salvaste, volvió a encenderse. Tal vez en verdad no recordaba nada, porque no estaba allí en su mente–, explique, pero las palabras correctas me faltaban, haciendo que mi explicación estuviera llenada de vacíos–. Lo sé, porque cuando falleció mi madre, me desconecté. Desperté una mañana, y habían pasado dos meses.

–No recuerdo nada de lo que paso en el medio. No recuerdo a Mikasa rogándome para salir de la casa, a Armin sentado a mi lado durante días, o quedarse dormido, y no recuerdo haber ido a su funeral, así que… tal vez eso fue lo que pasó.

–Para sufrir semejante trauma…–, susurró Levi.

–Es algo realmente serio–, gemí–. Pero puede ser bueno. Lo que le haya sucedido, no lo recordaba. Y quizás fue lo mejor.

–Quizás…

Levi suspiró, antes de dejar caer su cabeza sobre mi hombro. Fue tan repentino que me hizo poner en guardia, pero, cuando me di cuenta de que solo era eso, me relaje y le rodee los hombros con el brazo.

–¿Y que pasó luego? Me refiero a la banda, las drogas y la escuela.

–La banda fue algo muy raro, porque nunca volví a oír de ellos. No sé que sucedió, pero salieron de mi vida, y no volvió a verlos–, respondió, ahogadamente por su posición–. Las drogas fueron otra historia.

–¿Por qué?

Levi se acomodó, intentando hallar una posición mas cómoda. Seguro el cuello le molestaba.

–Porque no hay manera de librarse de ellas, Eren. Las dejé cuando encontré a Isabel, así que padecí una dolorosa abstinencia–, explicó.

–Oh…

Había oído de eso. No lo había experimentado, pero podía suponerlo.

–¿Cómo fue?

–Como estar constipado–, me reí, pero supuso que debía ser cierto–. No lo sé, apestaba. En el día me lo aguantaba, así ella no lo veía, pero, ni bien se dormía, era un calvario, como la cara de mierda que tengo.

–No digas eso, Levi. No es así–, dije. Levi solo sonrió, pero sabia que ocultaba una mueca.

–Es la verdad. Era una persona arruinada. Pregúntale a Petra, te va a contar. Había noches en que debía evitar que me suicidara, así de terrible.

Trague saliva para quitarme la bilis de la boca, amargas como sus palabras. Pensar que Levi intentara matarse era lo peor.

–Pero lo superaste–, dije–. Lograste salir con vida.

–No sin la ayuda de ambas. De no haber sido por eso…–, volvió a callarse, y supe lo que estaba pensando y no decía.

"Me habría matado…"

Eso fue lo que oí.

–Una noche, quizás la peor de mis abstinencias, estaba en el límite. Yacía en la cama, y Petra seguía diciéndome que debía luchar, que no las necesitaba. El cuerpo me lo pedía, yo lo quería, pero tampoco lo deseaba. Intentaba oírla, pero dolía. Dolía no tenerla en el cuerpo.

Me aparté para mirarlo, pero tenia los ojos cerrados, y su respiración era profunda y agitada.

Luchaba, luchaba para no derrumbarse delante de mí. Ese recuerdo era mas duro que los otros, mas vivido y aterrador, y luchaba para mantener la compostura.

–Levi…

Suspiré, y le pasé los dedos por el borde del cabello. Una mano me tocó el pecho, otra la rodilla, antes de proseguir.

–No me había percatado de que Isabel no se había dormido, y, si lo hizo, me oyó gritar. Vino a la habitación, se sentó sobre la cama, y solo… me tomó de la mano. Petra le dijo que volviera a la cama, pero no me dejó… creo que sabía que había hecho algo por mi cuando nos conocimos, e intentaba volver a ayudarme. No lo sé, pero… me hizo pasar la noche. Me apoyé en ella, y la superé.

–Te ayudó–, dije, pasando los dedos por sus cabellos, asegurándome que permaneciera en calma.

–Lo hizo… en verdad era una niña rara, pero me salvó mas veces de las que quiero admitir–, dijo. Le sonreí, claro que no lo iba a hacer–. De todas formas, me salvó.

–¿Qué hay de sus padres? Digo… descubriste quien era.

–La vendieron para comprarse drogas–, dijo con sencillez–. Los arrestaron cuando desapareció. Una vez que lo descubrí, decidí conservarla. No iba a hacerla caer en el sistema de protección, al diablo. Además, ella quería quedarse conmigo. No iba a contrariarla.

–O, quizás, no podías dejar ir a alguien tan valioso–, le arqueé las cejas, en un gesto juguetón, y el me giró los ojos.

–Lo que sea, pendejo. La cosa es que la conservé.

–¿A dónde fueron después? –, dije.

–Petra nos dejó quedarnos. Tenía un cuarto extra, que se convirtió en la habitación de Isabel.

–Y dormías con tu novia–, continué, volviendo a arquear las cejas, a lo cual Levi me dio un golpecito al hombro que no dolió. Fue más bien un juego.

–Sí, pero no era así al principio. Me quede en el sofá por-

–No es un buen sitio para dormir con tu novia.

–Cállate Eren–. Levi no pudo evitar sonreír, y eso me alegró el corazón. Lo había logrado, y él había contado cosas que calló por años. Sin dormir o comer, parecía estar mejor. No se cómo explicarlo, no era algo físico. Solo se veía mejor, como si el peso del mundo se quitara de sus hombros. Que sonriera con sinceridad era la prueba.

Hablar lo había ayudado. No era todo, estaba seguro, pero era mucho para alguien como Levi, en especial después de cargarlo por tanto tiempo. Estaba contento de que saber eso, por ahora.

–Ella era importante…–, dije.

–Sí…–, suspiró él, dejando caer la cabeza contra el brazo que estaba sobre el borde del sofá.

–Y, ¿cuándo comenzó a llamarte hermano mayor? –, pregunté. Me bastaba lo que había aprendido hasta ahora, pero esa pregunta era simple. Seguramente, no debía ser algo largo de contar.

–No tengo idea. Un día lo dijo, y, después, siguió haciéndolo. La gente que no nos conocía nos consideraba locos, o que teníamos padres distintos.

Me reí ante eso. Seguramente tampoco lo habría creído, de no conocer la historia completa.

–Farlan nunca nos creyó, pero lo aprendió rápido.

–¿Cómo lo conociste?

–Era otro chico que buscaba salirse de las bandas. Supongo que escuchó de mí, y busco ayuda. Al principio, creí que era que la banda me buscaba, pero no, solo pedía auxilio. Ni era alguien importante. Aparte de alguna que otra cerveza, no estaba metido en nada. No se drogaba, no fumaba: estaba limpio.

–Y, ¿qué lo hizo unirse?

–No tenía padres… éramos un grupo de descarriados.

Me reí ante esa explicación.

–Suena bien, ¿sabes? El tener amigos en el mismo barco–, dije.

–Definitivamente, hace las cosas más sencillas–, giró la cabeza a un lado, para rascarse. Debía estar agotado de todo esto, y no lo culparía. Me estiré para tomarle la mano, en pos de darle alivio. No se quejó, solo sonrió, y eso hizo que lo imitara.

Lo había hecho. Logré comunicarme con él. Le ayude, al menos un poco. Lo había hecho.

–Sé que sientes curiosidad, así que pueden preguntar–, dijo de repente. Incline la cabeza, pensando. Tenía razón, tenía preguntas, pero ¿sería demasiado? Podía actuar como que no le importaba, pero era capaz de ver más allá. Era consciente de que lo carcomía por dentro, así que, ¿no seria mucho? No sabría que hacer si se ponía a llorar.

–Puedes preguntar. No me romperé… Sé que soy pequeño, pero soy mas duro de lo que aparento–, intentó sonreír, pero fue algo amargo. ¿Cómo iba a creerle, cuando sonaba así?

–… Levi, ¿qué les pasó?

Hice la pregunta, vacilante. Me odiaría por causarle dolor, a pesar de no ser así en realidad. Yo sacaba el tema, y los recuerdos seguían allí. Seguían doliéndole. ¿Seria bueno sacar a relucir el pasado?

–… La cagué.

Sus ojos cayeron al suelo, y su voz se hizo casi un susurro.

–Conducíamos de regreso a casa y… no vi al otro tipo doblar, intentando evitar un animal. Nos impacto de lleno, y… fuimos a una zanja…

Su respiración se izo difícil, como si intentara no quebrarse.

No iba a dejarlo.

Lo atraje, obligándolo a apoyarse en mi hombro. No lo obligue a abrazarme, lo hizo por su cuenta, aunque de manera débil. ¿Era todo lo que podía hacer?

–Siempre le decía que se pusiera el maldito cinturón–, gimió contra mi oído.

–No fue tu culpa–, dije, atrayéndolo para mirarlo a los ojos–. Nada de eso fue tu culpa.

–Debí haberlo previsto.

–¿Y qué habrías echo? ¿Caer en otra zanja? ¿Chocar otra familia? –, repuse–. Levi, no podías hacer nada.

–¡No lo sabes! –, ladró.

–Es cierto, no lo sé. Pero ya pasó–. Mierda, mala elección de palabras–. Levi, ¿de verdad crees que Isabel y Farlan querrían que te odiaras por algo que no fue tu culpa?

–¡Pedazo de mierda, no sabes nada de ellos!

Se paró de repente, gritándome. No iba a dejarlo zafar tan fácil.

–Tienes razón. Por eso Isabel se quedó a tu lado durante tus crisis, porque te odiaba y le gustaba verte sufrir. O Farlan, que se quedó contigo y te ayudó a criarla, porque quería darte problemas–. Sabía que decía la verdad, y también Levi lo sabía. Había quedado mudo, mirando al suelo, como si eso fuera la mejor respuesta, o al menos, una.

No las iba a encontrar allí.

Se volvió a sentar, derrotado, cansado, deshecho. Me alargue para tomarle la mano y, esa vez, cerró los dedos alrededor de los míos. Se la apreté, y él me correspondió.

–Levi, sabes que tengo razón–, dije con tranquilidad. Él suspiró, dejando caer la cabeza hacia delante, para volver a apoyarse en mi hombro. Cerré los ojos, mientras lo acunaba contra mí, y oí como su respiración se quebraba. ¿Intentaba mantenerse calmo, o solo estaba soltándose?

–Eren, vete a la mierda…

Susurró contra mi hombro. Sonreí ligeramente, y lo aparte para mirarlo. Tenia los ojos rojos y vidriosos, solo necesitaba un poco mas para romperse, lo sabía, pero no iba a hacerlo.

Me dijo su historia. Era todo lo que necesitaba saber por ahora. Si deseaba contarme más, podría, pero no ahora. Ahora, debía descansar. A pesar de que habían dormido hasta las cuatro, no importaba. Estábamos agotados por habernos quedado hasta tan tarde.

–Deja de rascarme como si fuera un perro. Me das nauseas–, masculló. No me había percatado de que lo "rascaba" hasta que me lo dijo. No era solo eso: pasaba los dedos por sus cabellos, dando algo de presión y masajes a su piel.

–A mi siempre me lo haces–, señalé.

–Es distinto.

Suspiró, y cerró los ojos. Aparté la mirada un momento, a la foto que estaba sobre la mesita. La recogí y la miré, para examinarla.

–Petra nos tomo la foto de sorpresa–, me susurró.

–¿Por eso parece que fueras un ciervo en medio del tráfico? –, dije, riendo.

–Sí, pero no le digas que te conté eso.

–¿Y cómo lo describirías?

–Como que estaba drogado–, dijo, y estallé. No habría usado esas palabras.

–Claro, Levi–asentí. Seguí examinando la foto un poco más, en especial a la joven. Tenia el cabello en dos coletas, sus ojos y gran sonrisa eran casi toda la foto. El pobre de Levi apenas estaba en el fondo, tomando una sopa–. Y, ¿Cuál es la similitud que ve tu abuela conmigo?

–¿A qué te refieres?

–Ella dijo que se la recuerdo. ¿Qué será lo que ve?

–Son tus ojos–, dijo con brusquedad. Le miré, confundido.

–¿Mis ojos…? ¿Te refieres a su color?

Eso era lo único que veía en común.

–Eso, pero también es la mirada. Tienes una determinación parecida a la de Isabel–. Incliné la cabeza a un lado–. Por eso te contraté. Sé cómo trabajaba ella, así que supe que también serias igual.

–Así que, no es como nos vemos, ¿sino lo que tenemos…?

No sabía cómo explicarlo. No era capaz de absorber su cumplido.

–En cierto modo.

Se encogió de hombros.

–No lo entiendo.

–Lo sé. Tampoco lo harías–, volvió a suspirar mientras se sentaba derecho, pero no quitó la mirada de la foto.

–Me gustaría que tuvieras mas fotos de ella. Quizás lo comprendería, si pudiera verlas–. Sugerí. Noté que algo brilló en sus ojos, algo que me era familiar, pero no supe identificarlo.

–… tengo algo mejor–, anunció. Se levantó del sofá y lo seguí, por mero reflejo, mientras salía. Abrió el armario del pasillo, el que yo había abierto por error, y miró dentro. El deshecho marco no estaba más, pero no buscaba eso.

Sacó y abrió una caja. Dentro, había muchos libros escolares, pero parecía que mas de primaria que de universidad. Levi la cerró y fue a otra. Dentro, había algunos VHS, libros infantiles y un papel cuidadosamente metido dentro de un libro y la pared de la caja. Me senté junto a Levi, mirándolo y notando el brillo curioso de sus ojos al tomar ese papel.

En ella había una foto de Levi, durmiendo en el sofá, con la cabeza apoyada en la palma de la mano. Tenía una manta sobre las piernas, y parecía muy tranquilo, pero había algo más. No era una simple foto, sino un retrato. De Levi.

Él sonrió y me lo pasó.

–Ella lo hizo a los once–, me dijo. Al principio no lo creí, pero, tras verlo de cerca, pude notar las manchas de tinta en el papel–. Lo hico con un birome.

–Es broma, ¿cierto? –, dije, y miré más de cerca.

–No, pregúntale a Petra: ella la vio hacerlo.

–¡Diablos! ¡Yo, a los once, como mucho hacía palitos!

–Igual yo. Te dije que era una niña rara–. Su sonrisa se amplió, y el corazón se me puso a flotar.

En verdad estaba mejor.

–Con ese talento, habría sido famosa–, susurré, y dejé el retrato con cuidado en la otra caja. No me di cuenta de mis palabras hasta que las dije, pero ya estaba hecho.

Ella habría sido increíblemente famosa, pero estaba muerta. Era un talento que se perdió demasiado pronto. Eso debió haberle dolido mucho a Levi, y por eso se culpaba.

–Habría…

Dijo, mientras sacaba un VHS. Quise disculparme de mis palabras, cuando sentí otra oleada de sarcasmo al ver los videos.

–¿Qué son esas cosas? ¿Cintas de video? Son de la edad de piedra, ¿no?

–Qué gracioso, Jaeger.

–Son un capo cómico–, dije, sonriendo. Él giró los ojos y se levantó cargando otras cintas. Le seguí de cerca, mientras regresaba al cuarto de estar, y los dejaba sobre la mesa.

–Para ser honesto, desconozco su contenido–, dijo.

–¿Qué, acaso son porno casero del que debería preocuparme?

–Seguro, y eres el protagonista–, bromeó, y yo me reí–. Farlan e Isabel llevaban la cámara a todos lados, y grababan cualquier cosa–, explicó–. Probablemente, somos nosotros, desayunando.

–Sigue siendo algo…–, dije para mí. Él asintió, pensé que no me había oído. A pesar de eso, fue a la tele y conectó la vieja videocasetera, que no había visto una semejante en años, y no había dado cuenta de que no la había notado antes.

–Así que, ¿son viejos videos, de cuando eras joven?

–Básicamente… pero no fui mucho tiempo un chico.

–¿Qué edad tenías?

–Entre diecisiete y dieciocho, creo.

Sonreí al pensar en ver a un Levi más joven. Había tantas preguntas que se me ocurrían, pero debía callarlas. Pronto, en su mayoría, serían respondidas. Y las que no, podría hacerlas.

–Qué adorable…–, susurré por lo bajo. No estaba seguro de si Levi me oyó, pero, si lo hizo, no respondió. Sólo dio play al video.