A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Ndt: Muy feliz Navidad, y próspero año nuevo para todos. Espero que este capítulo compense la ausencia
Capítulo 16 de 31
16- Videos
Observé con curiosidad a Levi, mientras le daba al play y volvía a sentarse a mi lado en el sofá. Tuve el deseo de rodearlo con mi brazo, pero sentí miedo. Había estado tentando demasiado los límites, por lo cual temía las consecuencias que traería esa acción en el presente. Así que me quedé quieto, mientras Levi se acomodaba en su sitio. Volví la mirada a la pantalla, y el video ya estaba corriendo.
¿Qué era lo que estaba mirando? Todo lo que podía ver, era que alguien caminaba, con un cámara apuntado a sus pies. Tras cierto tiempo, aquella persona tras la cámara se agacho, la levantó y pude ver a un Levi más joven durmiendo sobre el sofá con, supuse, Isabel, recostada sobre su pecho y chupándose el dedo. Tras la cámara se oyó una risita, y luego una delgada y elegante mano se dejó ver. Quien fuera esa persona, era lo suficientemente demente como para clavarle el dedo en el rostro al Levi durmiente.
–Rivaille–, dijo una voz femenina. Era algo aniñada, pero la reconocí. Era la voz de Petra.
Levi se removió en su sueño, y pronto abrió sus cansados y adormilados ojos. Por un momento, pareció mareado y confuso, pero, cuando se percató de la cámara, frunció el ceño y gruñó.
–Petra, ¿qué mierda haces? –. Apartó la mirada, y ella estalló en risas. Pude oír algo que siempre me intrigó de él, pero nunca había oído hasta ahora: el acento francés en su voz.
No era tan marcado como había esperado, pero allí estaba, en la forma que marcaba las vocales, o en cómo pronunciaba las T al final de la palabra que la llevaba. En cómo pronunciaba la palabra "mierda" a comparación de ahora, en cómo la "a" parecía más a una "e". También era evidente en las terminaciones de los gerundios. Sonaba congestionado cuando intentaba decir paralabas como "haciendo".
Soy el primero que va a decir que sonaba lindo, y no me retractaría.
–Arriba, son más de las tres–, dijo Petra, con valor.
–Me importa una mierda…–, gruñó él, rodeando a Isabel con los brazos.
–No deberías hablar así en presencia de una nena, ¿sabes? –. Levi volvió a gruñirle y, al hacerlo, Isabel se movió en sus brazos. Abrió los ojos, para revelar unos irises verdes, los cuales me sorprendieron. De verdad eran parecidos a los míos–. Ah, no, Isabel, vuelve a dormirte. Nosotros solo conversábamos.
–Duerme en tu propia cama–, masculló él.
–¿Quieres decir que no la quieres aquí?
–No, no es eso. Isabel anoche me dijo que tenía pesadillas, y que no quería dormir sola–, explicó él, mientras se sentaba. Isabel seguía algo adormilada, pero tenía suficiente sentido como para aferrarse a sus hombros y sostenerse mientras él se levantaba–. No me dio muchas opciones.
–Buena chica–, la felicitó Petra, mientras los dos entraban a una habitación casi vacía, salvo por la cama. Levi la miró con desaprobación, antes de que la cámara fuera apagada de manera repentina. Tras un instante, volvió a encenderse, pero la escena era distinta.
Se veía el suelo, pero esta vez no había pies. La cámara estaba sobre el piso, apuntando hacia la pared antes de ser empujada detrás de una esquina. Lentamente dejó ver a dos personas, una que reconocí al momento como Levi, pero el otro hombre era un misterio. Era alto, casi un monstruo que cubría a Levi por la forma en que se paraba, pero era evidente de que el más bajo era la verdadera amenaza. Era apuesto, incluso para mí. Tenía un cabello blanco corto y bien cuidado, y grandes ojos negros, que hacían contraste.
¿Era Farlan?
–No, no, no es eso para lo que vine–. Su voz sonaba cansada, algo ronca, pero pude notar su tono normal.
–¿De verdad grabó esto? –, susurró Levi para sí, mientras se sentaba más hacia delante.
–Bien. ¿Qué mierda quieres?
–¡Quiero salir! –, exclamó Farlan, exasperado–. ¡Ya no quiero ser parte de una banda! No sabía que la gente podía salir hasta que desapareciste de repente…
Levi se llevó las manos a la cintura, y Farlan bajó la cabeza, mientras se callaba.
–¿Cómo fue que me encontraste? Incluso me seguiste….
–¡T-te vi entrar a este edificio! –, dijo de manera apresurada–. ¡Te juro que no te he estado persiguiendo! Vi la oportunidad y-
–Y creíste que pondrías en peligro la vida de Petra e Isa al seguirme. ¿Acaso no te paraste a pensar que también te estaban siguiendo?
–¡No, te lo juro! Sigo siendo un novato, así que no me van a seguir.
–Un carajo no lo van a hacer. Te siguen a donde vayas, porque eres nuevo. Eres una mayor amenaza para ellos, ya que todavía no ganaste su confianza. Pusiste tanto tu vida como las nuestras en peligro.
–No quise hacerlo… yo… solo quiero salirme.
–No te puedo ayudar en eso. Ahora, lárgate–. Levi se dio la vuelta, pero Farlan lo tomó del brazo y lo hizo volverse.
–¡E-espera! Por favor, ¡al menos dime como te saliste! ¡Quiero salirme! –, le imploró.
–Ya te dije, sólo me fui–, explicó Levi, clavándole a Farlan una mirada terrorífica hasta que al fin lo soltó–. No estoy seguro de por qué no vinieron tras de mí, lo cual hace diez veces más evidente el que estés aquí.
–¡No estoy aquí por ellos! –, se defendió Farlan–. Estoy aquí, ¡porque eres la única persona que pudo escaparse!
–¡Debiste pensarlo antes de meterte en una puta banda! –. la forma en que subió la voz de Levi me hizo dar un respingo– ¡Los mierdecillas como tú no tienen idea de lo que tienen hasta que lo pierden, y ese tipo de gente me enferma!
–¡No tengo padres-!
–Pero sí una tía que te recibió! ¡Piensa que tuviste la suerte de no terminar en el sistema, y aun así lo desperdiciaste! ¡Gente así me asquea como no tienes idea! –. el estallido de Levi de verdad era terrorífico. Cualquier persona que lo haya hecho enojar, sabe que no debe hacerlo, y este era el motivo.
–¡Levi! –. Isabel apreció repentinamente en la pantalla, yendo detrás de Levi con el rostro lloroso.
–¡No, no! ¡Vuelve, Isabel! –. Petra apareció de detrás de la cámara, yendo tras ella, pero Isabel ya se había acurrucado entre los brazos de Levi.
–Petra, cuídala un poco más. Ya casi termino–, dijo, mientras le entregaba la niña a Petra. Ella asintió, comprensiva, pero Isabel no cedía. Pataleó y gritó entre los brazos de Petra, incluso le tiró del pelo, intentando liberarse.
–¡No! ¡Quiero a mi hermano! ¡Quiero a mi hermano! –, gritaba mientras se retorcía.
–¡Basta Isabel, Levi sólo conversa-!
La niña le arañó el brazo, dejándole unas feas marcas rojas, y Petra tuvo que soltarla. Volvió a correr hacia Levi, quien no tuvo más alternativa que volver a alzarla, suspirando.
–Shhh, ya está bien, Isabel–, la consoló Levi, mientras le pasaba los dedos por los cabellos. Isabel era un llanto vivo, aferrada a su "hermano", como si no hubiera un mañana–. Deja de llorar. Aquí estoy.
–Perdóname, Rivaille–, se disculpó Petra.
–Está bien. ve al baño y límpiate, yo me ocupo–, le indicó Levi. Ella asintió y dejó el cuarto, para luego desaparecer de la cámara.
–Oye…–. La voz de Farlan era baja, pero tenía los ojos amplios mientras alzaba la mano y señalaba a la niña–. Ella… es uno de los niños de aquella redada…–, susurró.
Levi le clavó la mirada y se dio la vuelta, caminando por el pasillo aun sosteniendo a Isabel. Farlan les siguió de cerca, llamándolo, pero Levi no se detuvo. Desapareció detrás de una puerta, y el otro se quedó afuera, apoyando las manos en el marco.
–Espera, ¿es por eso te que fuiste? ¿La agarraste y te marchaste?
–Lárgate–, ladró Levi.
–¿Por qué te la llevaste?
–No es tu puto asunto–. De repente, Levi volvió a estar en pantalla, ya sin Isabel y justo frente a Farlan. Dijo algo en voz baja que la cámara no captó, pero fue evidente que aterró a Farlan lo suficiente como para que retrocediese–. Ahora, lárgate.
–¡No, espera! Levi, por favor, ¡sólo dame una oportunidad!
–No.
–¡Levi-!
La cámara volvió a apagarse.
–M-momento, ¿qué pasó? –, pregunté, mientras me sentaba un poco más adelante.
–Petra debe haber estado grabando en el caso de que pasara algo malo…–, comentó Levi. quise preguntarle que le había pasado a Farlan, pero el video volvió a activarse. Me volví a ver. Quizás, así obtendría mis respuestas.
–Ah, hey, hice que funcione–, oí la voz de Farlan tras la cámara mientras la movía, y luego enfocó a Isabel. Debía de ser un salto grande, quizás de un par de meses. Isabel se veía mayor, con el cabello crecido atado en dos colitas. Todavía se veía joven, pero con un aire distinto–. Bien, ¿estás lista, Isabel?
–¡Sí! –, dijo dando un salto en su sitio, mientras esperaba a Farlan.
–¡Bien, ve por ello! –, le ordenó él. Chillando de alegría, Isabel salió disparada por el pasillo, que era diferente al anterior. ¿Era un lugar nuevo, o lo habían remodelado? Esperé por la respuesta.
Isabel entró a trompicones en una habitación y dio contra la cama doble que estaba en el medio. Ver a un niño correr en pijamas siempre me hacía reír, eran demasiado tiernos.
–¡Hermano! ¡Hermano! –, gritaba e intentaba treparse a la cama, pero era demasiado baja (incluso para un niño de diez)– ¡Leviiiii!
Petra se sentó de repente, con los ojos entreabiertos de sueño. Miró al lado de la cama, para encontrarse con Isabel intentando trepar, y le sonrió mientras se apartaba unos cabellos del rostro.
–¡Vaya! ¿Petra tuvo el cabello largo? –, pregunté, estupefacto. No me había dado cuenta, pero en ese entonces lo tenía por la cintura.
–Sí, le tomó años.
–Ah… No le quedaba demasiado bien…–, susurré, y Levi asintió.
–Buen día, cariño–suspiró Petra, y subió a Isabel a la cama. Ella se arrastró hasta Levi, quien seguía durmiendo con un brazo alrededor de la cadera de Petra.
–¡Despierta, hermano! ¡Tenemos que ir, tenemos que ir! –, repetía Isabel, tirándole del brazo. Levi gruñó en su sueño e intentó darse la vuelta, pero resultó en Isabel sentándosele encima–. ¡Tenemos que ir! ¡Tengo escuela!
–Querida, vamos a ir a comprar las cosas para eso. Todavía no empiezas la escuela–. Le dijo Petra, haciéndole cosquillas. Isabel rió y cayó de lado, dándole con la rodilla en el estómago a Levi, quien gimió al quedarse sin aire.
–Qué mierda…–, masculló, llevándose una mano a la panza mientras se erguía.
–Perdón–, se disculpó ella, quitándosele de encima–. Pero ¡tenemos que iiiiiiir!
–Ya sé, pero la tienda no se va a ir a ninguna parte–, repuso él–. ¿Ya tomaste el desayuno?
–No.
–¿Te lavaste los dientes?
–Sí–, asintió Isabel.
–Ven acá–, dijo Levi, señalando a su lado con el dedo. Ella obedeció–. Bien, respira encima–, le ordenó. Ella volvió a obedecer y, después de un momento, Levi hizo una mueca–. Ve a cepillarte los dientes, Isabel.
La niña refunfuñó, pero bastó una mirada de Levi para que saliera corriendo de la cama. Isabel salió dando saltitos del cuarto, y comenzó a gritar con todas sus fuerzas. ¿Por qué? Supongo que estaba emocionada. Levi y Petra al fin se levantaron y, mientras salían del dormitorio, Farlan los siguió de cerca con la cámara.
–Así que, Petra, ¿volviste a quedarte a pasar la noche? –, le preguntó, con tono provocativo, señalándola con la cámara. Levi lo apartó, chasqueando la lengua, y Farlan se rió. Dio vuelta la cámara, enfocándose mientras hablaba–. Ajá, tema delicado.
La pantalla se volvió a poner en negro. Cuando volvió a la vida, los cuatro estaban vestidos de pies a cabeza con pesados abrigos, pantalones y otros accesorios de invierno. Levi abrochaba la campera de Isabel, y ella seguía retorciéndose e intentar liberarse.
–Quédate quieta, Isabel–, la retó, mientras intentaba abotonarle la mitad. Al cabo de un tipo resopló, y se quitó los guantes para abotonarla.
–¡Apúrate!
–Tienes que ponerte la ropa primero, o no vamos a ninguna parte–, masculló Levi. los botones al fin estaban listos y, con una mueca, Levi volvió a ponerse los guantes.
–Para ser sinceros, creo que está lista para la era de hielo, no para ir de compras–, indicó Farlan. Definitivamente, era un chico valiente. O si no, estúpido. tengo mi momento de sarcasmo, pero él iba con todo con Levi.
–Cállate Farlan.
–¡Vamooooos! –, saltó Isabel sobre un sorprendido Levi, casi tumbándolo. Levi la agarró y, masticando una maldición, la alzó en brazos y comenzó a dirigirse a la puerta.
–Bien, tienes que calmarte un poco, Isabel–, le dijo.
–¡No puedo! ¡E-estoy entusiasmada! –. Sacudió los brazos vivamente, tumbando a Levi de un lado al otro.
–Isabel, deja de hacer esto. Estás haciendo un desastre–, le dijo Levi, intentando conservar el balance.
–Bájala, Levi. Puede caminar sola–, le aseguró Petra, riendo. Levi frunció el ceño, pero hizo lo que le sugirió. Ni bien sus botas tocaron el suelo, la niña salió disparada al corredor.
–¡Isabel! –, la llamó Levi, corriendo detrás de ella. Farlan ahogó una risa tras la cámara, y Petra solo suspiró. Levi fue capaz de atraparla y, cuando la alzó en brazos, se puso a hacer cosquillas, haciendo que estallara en risas.
Pude notar una ligera sonrisa en los labios de Levi, lo cual me hizo que una calidez me llenara el corazón.
La pantalla se puso negra. Cuando volvió a encenderse, no se veía más que blanco. Las calles estaban cubiertas de nieve, y el lente estaba empañado. Distinguí u rostro y entonces Farlan comenzó a soplar aire caliente en la cámara.
–El lente está todo empañado–, susurró, pero su aliento tibio arregló un poco el problema.
–¿Qué te parece si subes y me ayudas? –, le ladró Levi desde el fondo. La cámara lo apuntó, mostrándolo como aseguraba a Isabel en su silla del auto, mientras ella intentaba escabullirse. No podía quedarse quieta– ¿Para qué mierda grabas esto?
–¡Para las generaciones futuras! –, le respondió Farlan con alegría.
–Ya tengo una nena, por si no te diste cuenta- ¡Ay! ¡Quédate quieta, Isabel!–. La mano de la niña le había dado de lleno en la cara por accidente, pero no pareció desanimada por su reto.
–Perdón–, dijo ella, y se puso a tararear una melodía que seguro había inventado. La cámara se movió de repente, mostrando a Petra, quien los miraba desde la vereda.
–Ten, sostén esto–, le dijo Farlan, dejándole la cámara en sus manos.
–¿Qué? ¿Por qué?
–Sólo mira–, dijo él, repentinamente apareciendo en pantalla y, mientras Levi continuaba luchando con Isabel y su sillita, se acercó por detrás de Levi.
Lo que pasó a continuación, no lo puedo explicar.
Se agachó, cogió nieve y se la metió dentro de la campera a Levi en tan solo tres segundos. Los dos siguientes, su rostro estaba hundida en la nieve, con el pie de Levi sobre su cabeza, sosteniéndolo allí. Mientras tanto, Petra reía tras la cámara, e Isabel chillaba desde su sillita.
–¡Eso Levi! –, lo animaba. Por un momento, pensé que Levi no iba a dejarlo ir, pero lo hizo al cabo de meterle un montón de nieve en los pantalones y que pasaran unos momentos. Farlan corrió como un maniático, exclamando lo frio que estaba, pero Levi no mostró interés, solo se subió del lado del conductor.
–Chicos tontos–, rió Petra del otro lado. Me descubrí riendo ante su comportamiento y la pantalla volvió a ponerse negra y encenderse. Miré a Levi, dándome cuenta de que hacía rato que no lo oía, y me golpeó la culpa. Tenía lagrimas cayendo por sus mejillas.
Lloraba.
Nunca creí que lo vería hacerlo, a alguien tan fuerte y capaz, pero debía recordar que también era humano. Tenía emociones, y las había guardado Dios sabe cuánto. ¿Esta era la primera vez que se ponía a ver estos videos? ¿La primera en que lloraba la pérdida de su familia? No podía responder esto último, pero, con alguien como él, posiblemente era la verdad.
En vez de molestarme en hablar, disculparme o llamarlo, le rodeé la cintura con el brazo y lo atraje. No se opuso: de hecho, se frotó contra mi clavícula. Sentí sus lágrimas humedecer mi camiseta, pero no dije nada al respecto.
No me importaba.
–Isabel, ¡no corras así! –, su voz, desde la pantalla, me hizo volver a fijarme. Los cuatro estaban en una tienda, e Isabel parecía pasar el momento de su vida. Corría hacia Levi, sin fijarse en el resto de la gente que se llevaba por delante. Saltó a sus brazos cuando él los abrió para recibirla, y apoyaba la cabeza en su hombro, para seguir con su paseo.
–También tenemos que comprarle una calculadora–. Petra era quien llevaba la lista de compras, y quien llevaba el mando.
–No la necesita–. Levi se le quedó mirando.
–¿Por qué…?
–Porque le enseñaré a usar la cabeza, no un aparato. No será una vaga, como los otros chicos en nuestra escuela.
–Bueno, bueno, ahí tienes razón–. Petra cedió enseguida, y volvió a su lista–. Hum… lápices, crayones, marcadores, resaltadores, una mochila, y una carpeta-
–¿Mochila? Petra, va a educarse en casa. ¿para que precisa una mochila? –, replicó Levi.
–Para meter las cosas.
–Tiene un escritorio.
–Sí, pero déjala vivir un poco. Si nunca antes fue a una escuela de verdad, al menos déjala experimentar lo más que pueda.
Me pareció curioso que hablaran de Isabel mientras seguía en brazos de Levi. ella no parecía interesada en sus comentarios, aunque estaba muy entusiasmada con el tema de la mochila.
–Bueno, me rindo. Le compraremos una maldita mochila–, masculló él. Isabel dio patadas al aire, y él la bajó. No salió disparada como antes, pero se alejó un poco.
–¿A dónde vas? –, pregunto Farlan. Ella lo ignoró por completo, caminando hasta un exhibidor con lápices y cartucheras. Sacó una cartuchera de un estante, pero había otra que le atrajo la atención: tenía la forma de un perrito de peluche, con enormes ojos y un cierre en la espalda (añado que iba de arriba hacia abajo). Era de color marrón, peluda, y completamente atractiva para un niño.
Seré hombre, medio que también quería una.
–¿Es la que quieres? –, le preguntó Petra, agachándose a su lado. Isabel asintió, abrazando la cartuchera de cachorrito contra el pecho, con tanta fuerza que seguro se hizo daño.
–Levi, ¿puedo? La quiero, en serio–. Miró a Levi con los ojos más inocentes que haya visto, y fue evidente por el leve gesto de él que le había afectado.
–Sólo cuesta un dólar–, agregó Petra, revisando los precios–. Está de oferta.
–¿Un dólar? Mierda, si quiere, que se compre diez–, dijo él. A pesar del ofrecimiento, Isabel se quedó con el perrito, y sólo con esa.
–¿Vas a ponerle nombre? –, preguntó Petra.
–¡Sí! –, asintió ella–. Le voy a poner… ¡Gub Gub!
–¿Gub Gub? ¿Qué clase de nombre es-?¡Ah! –. Petra le dio un codazo a Levi, callándolo antes de que terminara la frase–. Creo que me rompiste una costilla…
–Que buen nombre, Isabel. ¿Quieres que busquemos una mochila para que lo lleves?
–¡Sí, quiero! –. Isabel salió dando brincos, arrastrando a Gub Gub. Se detuvo un momento junto a Levi, le tomó de la mano y volvió a marchar.
Después de las escenas de compras, al fin volví a ver a Levi. Se había calmado, tenía los ojos entreabiertos y cansados, aunque seguían rojos, como si estuviera a punto de volver a llorar. Tenía las mejillas húmedas y, sin pensarlo (como acostumbro), volví a estirar la mano para frotarle la mejilla. Los dedos se me paralizaron, así como el resto del cuerpo. ¿Qué estaba pensando? ¿Acaso estaba loco?
–Oye…
No era la voz proveniente de la grabación, sino él en persona. Di un brinco, apartando la mano y retrocediendo. No pareció apreciar nada de lo que hice, como abrazarlo, verlo llorar y secar sus lágrimas. Debía odiarme.
–Pe-perdón…–, susurré. Levi se acercó, dejando la cabeza volver a caer sobre mi hombro.
–Me estaba quedando dormido. No te vuelvas a mover–, me advirtió, cerrando los ojos.
–¿Dormido? ¿No quieres-?
Me callé. No quería tentar los límites–Digo… ¿No quieres ir a la cama?
–No–. Sacudió la cabeza ligeramente–. Quédate así.
Asentí, e intenté distraerme con la televisión, pero no podía concentrarme. Esta posición no era cómoda, sin importar lo que dijera. ¿De verdad estaba bien quedándose así?
Yo no lo estaba, para decir la verdad. Si era incómodo para mí, debía serlo también para él. me quedé mirándolo, esperando un gesto de dolor, pero no lo hubo. Cada tanto, se acomodaba, como si buscara una mejor postura. Eso debía ser su incomodidad.
Fue entonces que se me ocurrió algo. Miré al otro lado del sofá, no muy lejos, y luego a Levi, quien volvió a moverse. Tenía una idea desquiciada, que seguro me costaría el pellejo, pero, si lo hacía bien, nos podríamos relajar. Sin aviso, moví el brazo, haciendo que la cabeza de Levi se quitara de mi hombro de manera repentina.
–Oye, mocoso, ¿qué haces? –, dijo, mientras se sentaba derecho. Yo también lo hice, tomándolo del brazo y atrayéndolo conmigo mientras volvía a tenderme contra el apoyabrazos. Levi lanzó un gruñido cuando su cabeza dio contra mi pecho, pero lo sostuve con fuerza, asegurándome de que no, ni podría, levantarse–. O-oye, Eren-
–También estoy cansado–, fue mi excusa, y soné como un niño. Levi se resistió un momento, hasta que al fin se rindió, dándose cuenta de que no lo iba a soltar. Se acomodó contra mí, con la cabeza sobre mi corazón, y sus manos cerradas contra el rostro. Seguramente estaba molesto conmigo, pero no lo iba a dejar libarse tan rápido.
En vez de preocuparme por la situación en la que estaba, volví a fijarme en la tele. La cámara estaba fija sobre la mesa, dejando ver solo a Petra y a Levi sentados. Al menos Levi lo estaba. Petra estaba encima de él, mirando al trozo de papel que Levi escribía. Tenía un libro abierto a su lado, y, cada tanto, lo miraría. Cuando se ponía a gruñir, supuse que ya estaba cansado.
–Mil cuatrocientos noventa y dos–, dijo ella.
–Carajo, ¿por qué tengo que saber toda esta mierda? –, preguntó él–. ¡Sé que a la mayoría de la gente ni le importa cuándo fue que Colon cruzó el puto océano!
–Aun así, debemos saberlo–, dijo ella, con una extraña expresión, como si coincidiera con él, aunque era consciente de que no podía oponerse al programa educativo.
–¿No me dijiste que la habías dejado? –, repuse.
–Volví después de que me recuperé de la adicción–. Su voz vibró contra mi pecho, produciéndome calor. Le rodee las caderas con los brazos, sosteniéndolo con fuerza.
–El sistema necesita actualizarse–, gruñó el Levi de la tele.
–Ahí no te discuto–, repuso Petra, dándole palmeadas en la espalda, y él parecía que iba a agachar la cabeza, hasta que una mochila de repente fue arrojada sobre la mesa. Reconocí que era la que le habían comprado a Isabel, una cosita azul repleta de brillitos. Estaba llena con sus cosas de la escuela, unas carpetas, divisores y hojas. Enganchado a la manija estaba Gub Gub, quien estaba cargado de lápices, biromes, crayones y lo que fuera que intentó la niña meterle dentro.
Lo siguiente que vi fue las manos de Isabel tirando del borde de la mesa. Levi y Petra se habían apartado del tema de la tarea para mirarla, mientras intentaba subirse a la silla. Era muy pequeña, por lo cual le costó varios intentos subirse. Cuando lo logró, se acomodó y sacó una hoja de su mochila. Lo siguiente fue un lápiz de dentro de Gub Gub, y se sentó a esperar. Tanto Levi como Petra se miraron, antes de que él hablara.
–Isabel, ¿qué estás haciendo?
–¡Estoy lista para la escuela! –, celebró ella, dando un saltito.
–Isabel, tus libros todavía no llegaron. No podemos empezar hasta entonces–, le explicó Petra. Ella chilló y bajó la cabeza, y tuve pena por ella. No es común que veas a un niño tan entusiasmado con aprender o ir a la escuela. Pero bueno, Isabel nunca había ido a una.
–¿No quieres leer mi libro entonces, Isabel? –, repuso Levi, acercándoselo. Ella asintió vivamente, antes de inclinarse sobre el libro abierto. Lo miró y miró, pero puso una expresión muy extraña–. Isabel…
–¿Sí?
–No sabes leer–, dijo secamente Levi.
–Miraba los dibujos–, dijo ella, señalándolo uno que reconocí de un libro mío. Levi se rio y le revolvió lo cabellos, a lo cual ella chilló e intentó acomodárselos, pero el daño estaba hecho. Algunos de sus cabellos se habían salido de las colitas, sacudiéndose de un lado al otro.
La pantalla volvió a oscurecerse y la cámara cambió de ángulo.
Cuando volvió a encenderse, era otro plano del piso, y un pequeño pie de niño se dejó ver. Oi a Isabel hacer ruidos tras la cámara mientras caminaba, y entonces se abrió una puerta, y se detuvo. Sus manos inquietas subieron a la cámara para mirar a Levi, que dormía en el borde de su cama, con los brazos colgando de entre las sabanas y los cabellos cubriéndole el rostro. La cámara de repente fue hacia delante y golpeó la cama, acompañada por los gruñidos de Isabel mientras intentaba subirse, pero era demasiado baja. En lugar de insistir, empujó la cámara mas arriba de la cama, así podía usar las manos.
El aparato quedó enfocándola, registrando sus esfuerzos en subirse. Tenia el cabello anudado, las mejillas rojas y vestía un pijama rojo de una pieza. Tiraba y tiraba, y casi lo logra, pero entonces la última sabana se soltó de la cama y cayó con todo. El chillido que se le escapó fue muy cómico, y me tuve que contener la risa, para no molestar al adormilado Levi.
–¿Isabel…? –. La voz de Levi sonó cansada y ronca por el sueño.
–¡No me puedo levantar! –, gimió ella desde el suelo. Él se inclinó desde el borde de la cama y la levanto, haciendo que se calmara. Volvió a treparse a donde la cámara había quedado y la recogió, pero era imposible distinguir algo, ya que no se quedaba quieta.
–¿Qué haces? Isabel, es algo caro–, le dijo Levi, frotándose los ojos– ¿No estaba en la habitación de Farlan eso?
–Yo la traje–, dijo ella, acercándosele–¡Hoy es tu cumpleaños! –, celebró.
–Sí, y también navidad–, dijo Levi, quitándole la cámara. Creí que la apagaría, pero en lugar de eso enfocó a Isabel, mostrando su expresión divertida y cansada– ¿Santa te trajo regalos?
–No sé, no miré–, respondió, y comenzó a bajarse de la cama. Levi la siguió mientras salía, arrastrando la manta caída y metiéndose el dedo en la boca.
–¿Quieres despertar a Farlan? –, preguntó él. Ella lo miró y negó con la cabeza, suspirando. No parecía demasiado entusiasmada– ¿Por qué…?
–Es muy ruidoso–, respondió Isabel.
–¿Muy ruidoso? –, resopló Levi al reírse, y la niña caminó más rápido hacia el living. Aunque no había muchos, esos debían ser los primeros quince regalos que haya recibido ya que, si sus padres nunca se interesaron en ella como para conservarla y venderla por drogas, seguramente nunca se molestaron en festejar la navidad.
–¿De dónde salió todo esto? –, preguntó Isabel, mirándolo.
–Algunos son de Farlan, me parece que un par de Petra y los demás son de Santa.
–¿Por qué me trajo regalos Santa? –. Era evidente que, al no comprender el sentido de Santa, que jamás celebro una navidad.
–Es porque has sido una buena chica este año. Hiciste tu tarea y deberes, así que Santa te recompensa por ello.
–¿Y me los puedo quedar? –, replicó.
–Claro. Ese es el punto–, se rió él, mientras ella se tumbaba sobre la montaña de regalos.
–¿Los puedo abrir? –, dijo, quitándose el dedo al fin de la boca y cogiendo un regalo.
–Tenemos que esperar a Petra y a su amiga, así como Farlan debe estar despierto–, explicó Levi. El video volvió a oscurecerse y, al volver, los pequeños pies de Isabel estaban otra vez en primer plano. Corría y pude oír a Levi en el foro.
–¡Vuelve aquí con eso, Isabel!
Ella corrió hasta la puerta de entrada y saltó un par de veces, hasta alcanzar el picaporte. La abrió y, detrás estaba Petra, sosteniendo algunos regalos.
–¡Feliz navidad! –, saludó. Aparecieron Levi y Farlan, y este ultimo tomó los regalos con cierta coquetería, mientras Levi le daba un beso a su novia. ¿Por qué me sentí algo celoso? –. y feliz cumpleaños, Levi–, dijo, después de besarlo.
–¡Feliz Navidad, Petra! –, dijo Isabel detrás de cámara.
–Ah, feliz Navidad, Isabel. Veo que usas el pijama que te compré.
–¡Sí! –. La niña dio un salto, entusiasmada. La cámara de repente salió de sus manos y gimió una protesta.
–¡Dame eso! Deja de tocar mis cosas–, masculló Farlan.
–Dormías.
–¡No te da permiso!
–Bueno, los dos, basta. No se pelea en Navidad ni en el cumpleaños de Levi–, ordenó Petra, alzando del dedo. Tuve la extraña sensación de que estar viendo a mi mamá.
De repente, una figura apareció detrás de la puerta.
–Jo, jo, jo! –, era el peor disfraz de Santa que vi en mi vida–¡Feliz Navidad y feliz cumpleaños a un tal Levi!
–¿Santa…? –, dijo Isabel, azorada.
–¡Así es! –, momento, esa voz la conozco–. Y tú debes ser la señorita Isabel.
–¡Exacto! –, replicó ella, saltando de alegría. Santa se agachó a su lado y dejó caer su bolsa de regalos.
–Has sido muy buena este año, y estoy orgulloso de ti. Tenia que traerte un par de regalos extra en persona–. Definitivamente, conozco esa voz.
–¡Gracias, Santa! –. Isabel no pudo contenerse el abrazarlo, y él le correspondió con una gran sonrisa.
–Bien, ¿llevarías este saco con regalos al árbol mientras saludo a tu hermano por su cumpleaños?
–¡Ok, Santa! –. Ella cogió el bolso y se puso a tirar, arrastrándolo por el cuarto. Una vez más, Santa se puso de pie.
–¡Es cierto, de verdad ha sido privada! –, dijo esa voz, mucho más clara.
Claro que la conocía.
–Farlan, Levi, les presento a mi amiga Hanji Zoe–, la presentó Petra. Hanji se quitó la barba falsa para revelar su rostro.
–Es un gusto, Hanji–, dijo Levi, estirando la mano.
–¡Ah, no seas tan formal! –. Hanji ignoró su mano y lo atrajo a un abrazo. La expresión de horro de Levi fue demasiado cómica, por lo cual no pude evitar una risita–. ¡Y Farlan, también es un gusto!
Lo atrapó en un abrazo del oso, y Farlan casi deja caer la cámara.
–¡E-es un gusto también! –. su voz se oyó ahogada, y sabia la razón: cualquiera que alguna vez abrazase a Hanji sabia que ella te apretaba hasta casi la asfixia. Lo hizo cuando la conocí, se lo hizo a Levi y a Farlan, y eran cosas que los años no cambiaban. Me intrigaba saber cómo no lo hizo con Isabel.
–Por favor, no mates a nadie en navidad, Hanji–, susurró Petra. Ella soltó a Farlan, y se quitó el disfraz. Si, me alegra saber de que tenia ropa debajo del disfraz, nada especial, pero, al quitarse el gorro, me sorprendió su cabello corto, como el mío.
Parecía un chico… ¿acaso no me he cuestionado lo suficiente su género?
–Bueno, ¿y el pastel de cumpleaños? –, dijo, guardando el disfraz en el pasillo y cerrando la puerta. Palmeo las manos y se lamió los labios.
–No hay–, respondió Levi.
–¿Cómo, no hay pastel? ¡Pero, es tu cumple! –, gimió Hanji.
–Levi prefirió pavo–, dijo Petra, girando los ojos. Hanji agachó la cabeza, y le clavó la mirada a Levi.
–No me mires así. Ni te conozco.
Me había quedado silencioso viendo con una sonrisa como Isabel abría los regalos. Se lanzó sobre Levi agradeciendo sus regalos, abrazó a Petra, le sacó la lengua a Farlan (a pesar de que le hizo un presente), agradeció a Hanji con una sonrisa y luego le escribió una carta de agradecimiento a Santa. Debió ser un gran día para ella. Su primera Navidad, y era lo suficientemente grande como para apreciarla. Tenia una nueva y maravillosa familia, así como Levi y Farlan. No podía decir lo mismo en cuanto a Petra y Hanji, porque desconozco el trasfondo de sus vidas, pero, por sus sonrisas, vi que lo disfrutaban.
La Navidad era la única época en que sentía que mi casa era una familia normal. Sentía que tenia un verdadero padre, a quien de verdad le importaba. Recordaba lo que Levi me dijo sobre él, pero, siendo un niño, no conocí nada mejor. También era la época en que mis padres no discutían, y había paz por unas semanas, antes y después.
Por eso amaba más esta época. La magia desapareció cuando se fueron, y me quedé solo. A pesar de que las siguientes navidades fueron mejores, ya no eran lo mismo. No había creaciones de alegrías, ni desencantos. No era lo mismo, aunque Mikasa, Armin y yo intentábamos lo mejor que podíamos para hacernos felices. Lo intentábamos, y creo que creamos algo que no tuvimos con nuestros padres, lo cual lo hacia especial a su modo.
Quizás ese era el sentimiento que sentían cuando se grababa el video.
–Oye–, gimió Farlan.
–¿De qué te quejas? –, gruñó Levi, con Isabel en su regazo, jugando con sus nuevos moños para el cabello (regalo de Hanji)
–La batería de la cámara se está terminando–, se lamentó Farlan. Ni bien lo dijo, la imagen se puso negra. Espere a que volviera, pero no lo hizo. La pantalla negra se quedó, y asumí que el video había concluido. Que significaba que no quedaba nada más en este.
Habían pasado dos horas, y se estaba oscureciendo. El cuarto estaba mas sombrío, y el sol se ponía desde la izquierda, dando tonos naranjas, amarillos, rojos y caobas. Levi era pesado contra mi pecho, y suspiré. Tenia los brazos fuertemente aferrados a él, mientras mi mejilla estaba sobre su cabeza. Seguía cansado, tal como él, y no me costaría dormirme así, pero Levi de repente se movió. Creí que dormía, pero parece que me había equivocado.
Apoyando las manos en mi pecho, se levantó, y me quedé sin aliento por la manera en que la iluminación de la habitación lo iluminó. Se bajó del sofá, fue donde la VCR y cambio las cintas, me senté con la espada contra el apoyabrazos antes de que Levi regresara, y volvió a acomodarse en la misma posición que antes. Dejo caer la cabeza sobre mi corazón, las manos en mi cintura, y se acomodó entre mis piernas. Le rodeé las caderas con los brazos, y allí los dejé. Al no recibir ningún golpe en respuesta, me pude relajar.
El video comenzó, y al instante oí un gemido. Petra estaba sentada en una silla, y el llanto provenía de ella. Sus manos estaban presionadas contra su rostro, ocultándolo. Detrás de ella estaba Levi, con un par de tijeras, mientras revisaba y metía los dedos en su largo cabello. Petra alzo una mano, gimiendo mientras miraba la cámara.
–¡No, no grabes esto, Farlan! ¿Por qué lo harías? –, lloró.
–Porque es gracioso–. Farlan no pudo evitar que la risa se le escapara. Petra volvió a gemir, y volvió a ocultar el rostro entre las manos.
–¡Lo siento de verdad, Petra! –, dijo Isabel. Debía ser un video más reciente, porque era evidente que la niña había crecido. Aunque seguía siendo bajita, más que Levi, estaba más alta. Había pegado un estirón, y ahora aprecia un niño corriente. Tenía el cabello más largo, pero seguía usando las dos colitas. Sus facciones se habían acentuado, haciéndola ver mayor, pero aún era capaz de oír el tono infantil en su voz.
–Ah, nena, está bien. ¿No es así, Levi? –, dijo Petra, alzando la cabeza.
–Si, no pasa nada. Sólo perderás una o dos pulgadas de cabello–. Levi tiró de las puntas y le enseñó cuanto iba a cortarle, y pude ver la goma de mascar pegada en el cabello. Cuando lo hizo, fue evidente que vio algo que se le había escapado antes–. Oh, mierda.
–¿Qué…?
–Llega hasta el fondo–, señaló él.
–¿Cuánto voy a perder ahora? –, vaciló Petra en preguntar. Levi revisó un poco mas su cabello, antes de tocarle la base de la nuca.
–Aquí termina–, respondió.
–¡Ay no! –. Petra volvió a esconder el rostro, y lloró.
–¡De verdad lo siento! –, se disculpó Isabel, tomándole la mano. Petra volvió a gemir e intentó sonreír, pero se veía completamente derrotada. Le palmeo la cabeza a la niña y volvió a sonreír.
–No pasa nada, nena. Sé que no fue intencional. No debes creer todo lo que veas en la tele–, le dijo.
–¿Qué imbécil pone chicle detrás de su oreja? –, masculló Levi para sí, y cayó el primer mechón.
–¿Qué imbécil pone chicle detrás de la oreja de otro? –, repuso Farlan, detrás de cámara.
–Ah, ¡cállate viejo tacaño! –, silbó Isabel.
–¡No me digas así, Panzona! –, ladró Farlan.
–¡Los dos, cállense! ¡Juro por dios que parece que tuviera tres niños! –, rugió Levi.
–Oye–, gimoteó Petra, mirando a Levi.
–Me refería a Hanji–, explicó él, cortando otro mechón.
–Ah, bueno, está bien–, suspiró ella, tendiendo la cabeza a un lado.
–Si no dejas de moverte, vas a estar en esa lista–, Levi se mordió el labio y le tiró otra vez del cabello, para enderezarla. Ella se acomodó al instante, soltando un gemido mientras él cortaba mas cabello. El montón que sacó fue importante, incluso para mi que nunca tuve mucho cabello. ¿Alguien como Levi cortaría tanto cabello…?
Sí, no.
Pantalla negra. Al volver, pude ver a Farlan reflejarse en un espejo, cámara en mano, mientras grababa a Petra pasándose los dedos por su ahora corto cabello. Esta era la que yo conocía, cabello naranja, con la raya hacia la izquierda. No parecía del todo disconforme con el corte que Levi le había hecho, y los mechones le destacaban el rostro.
–No está tan mal–, repuso Farlan.
–No, no lo está–, suspiró ella.
–Estate contenta de que te haya cortado tan bien–, agregó él, volviendo la cámara a Levi, quien barría el pelo en el piso– ¿Dónde aprendiste a hacerlo, Levi?
Como respuesta, Levi le dio la espalda y echo los cabellos en un cesto que Isabel sostenía.
–¡Levi es quien me lo corta! –, dijo, entusiasmada.
–Y yo que creía que se lo cortaba solo cuando le hacia las colitas–, susurró Farlan.
–Ah, vamos–, repuso Petra, yendo a la cocina donde estaba Levi–. Y, ¿te gusta?
–Te dije que se ve bien–, giró los ojos él.
–Pero eres mi novio, así que debes decir eso. Isabel, ¿Qué te parece? –. Petra se volvió a la niña. Isabel dejó caer el resto de cabello en el tacho antes de responderle.
–Creo que te hace ver muy linda–, respondió, sonriendo–. Creo que se remarca la cara.
–¿Te parece…? –. observó Petra, poniéndose un mechón tras la oreja.
–Sí, el cabello corto se ve más lindo y sano. ¡Suave y brillante!
¿Desde cuándo Isabel era cosmetóloga?
–Así que… ¿está lindo? –, susurró Petra, rascándose la nuca–. Está raro, porque tengo un vacío frio en la nuca.
–Te acostumbrarás–, dijo Levi. Reí, mientras Levi se me quitaba de encima. Le miré mientras levantaba la cabeza, y seguí su mirada hacia la puerta de entrada, que se abría. Me erguí un poco por encima del sofá y vi a los abuelos cruzar el recibidor.
La abuela seguía en la silla, llevando en el regazo dos bolsas de alguna tienda. El abuelo cargaba otra, además de que una cuarta colgaba de la manija de la silla. ¿Eso hicieron las ultimas dos horas? ¿Compras? ¿No dijeron que iban por algo rápido? ¿Y donde quedaba ese fast food al que fueron?
Quise preguntarles, pero Levi sacudió la cabeza, antes de volver a tenderse sobre mi pecho. Volví a mirar a los abuelos, antes de volverme a verlo otra vez.
¿Les habrá pedido que salieran para conversar conmigo? ¿Por eso dejaron todo y se fueron? Sería una explicación para su extraño comportamiento.
De algún modo, me hizo sentir mejor. Importante… como que significaba algo para Levi, a pesar de que no fuera gran cosa. Sabía que no debía pensar así, porque seguro me equivocaba, pero deseaba hacerlo, al menos un momento.
Aparté esos pensamientos. Ya tendría tiempo para meditar al respecto. Ahora, estaba sentado mirando un video con Levi. Volví a prestar atención a la tele.
Las emociones habían cambiado. Farlan estaba detrás de la cámara, como de costumbre, riendo mientras grababa. Vagamente veía a Petra a un lado, pero en foco estaban Isabel y Levi, con la cara entre las manos, la espalda encorvada sobre la mesa, soltando un resuello. Isabel solo estaba sentada derecha y mirándolo, curiosa. Cuando Levi al fin levantó la cabeza, volvió a agachar la cabeza. Sus ojos se encontraron con la cámara, y pude notar el destello de fastidio en su rostro.
–¡Carajo, no! ¡Apaga la puta cámara! –, le ladró a Farlan.
–No–, dijo él, riendo.
–Estoy muy confundida…–, susurró Isabel.
–Ignóralo, Isabel. Esta siendo un idiota–, dijo Levi. A pesar de sus palabras, Farlan se negó a apagar la cámara o apartarla.
–Entonces, ¿decías? –, animó Petra a Levi.
–Que mierda… Está bien… Cu-cuando dos personas se quieren mucho, ellas, eh, hacen algo-… creo que vomitaré–. Levi agachó la cabeza sobre la mesa.
Ay, por dios. Le estaban dando la charla. No pude evitar estallar en risas. Gracias, Farlan, por grabar esto.
–Sigue, Levi–, insistió Petra.
–No quiero–, gimió él. ¿Gimió? Sí, gimió.
–Debes. Necesita saberlo.
–¡Tiene catorce! ¡Le quedan siete años antes de que necesite saber toda esta mierda!
–A mi me la dieron a los diez, Levi–, señaló Petra.
–¿Qué mierda les pasa a tus padres? –, se admiró Levi, y ella le giró los ojos. Levi gruñó antes de alzar las manos, exasperado–. Bueno, Isabel, cuando dos personas se aman mucho, hacen algo llamado sexo, y, cuando lo hacen, es la manera de demostrar cuánto se aman uno al otro–, explicó, renuente.
No pude evitar reírme por como lo dijo. De verdad decía esas cosas enfatizando el amor para que no lo hiciera solo por gusto, sino por verdadero compromiso. Era listo, pero pude ver el error de su explicación.
–Así que, cuando ame a alguien, ¿puedo tener sexo con esa persona, para demostrárselo? –, preguntó Isabel, inclinado la cabeza a un lado.
No se refería a…
–Sí, pero cuando tengas mas de treinta, y de verdad te interese esa persona–, explicó Levi. Vi a Isabel volver a inclinar la cabeza.
Lo iba a hacer.
–Entonces, cuando tenga treinta, ¿puedo tener sexo contigo, Levi?
Sí, lo hizo.
–¡Ay, me cago en Dios!
Levi salto de su silla (accidentalmente la tumbó) y salió del cuarto, mientras que Farlan y Petra estallaban en risas. Petra incluso se cayó de su silla, y Farlan no podía mantenerse derecho. Terminó poniendo la cámara a un lado, para evitar que se le cayera. Yo mismo reía, conteniéndome y tapándome la boca para mantener la calma, pero era difícil.
Si Levi estaba despierto, seguro lo había despertado por mi risa. Para ser honesto, ¿Cómo no pudo ver ese resultado?
Noté su figura maldecir por el pasillo antes de volver al cuarto. Recogió la silla y volvió a sentarse, dejando caer el cuerpo sobre la mesa. Isabel siguió quieta, con las cejas arrugadas en evidente confusión.
–¿Qué pasó? –, le preguntó.
–Bueno…–, dijo él, tomándola de los hombros–. El sexo es algo que hacen las personas casadas o comprometidas, no los hermanos como tú o yo–, dijo, sin aliento.
–Ah, ya veo.
–¿En serio? –, pregunto Farlan, tras la cámara.
–¡Sí! –, dijo ella, sacándole la lengua.
–Escúchame, Isabel. No importa lo que pase, solo tendrás sexo con alguien cuando sepas que le amas, y puedes confiarle tu vida. Es algo importante, y no puedo explicártelo bien–, dijo, sacudiéndole los hombros.
–Está bien… creo–, replicó, intentando apartarse. Sus ojos fueron a Petra, quien se había recompuesto en su silla–. Así que, dado que sales con Petra, ¿quiere decir que tienen sexo?
Claro que iba a preguntarle eso.
–Ay Dios…–. Petra se removió en su sitio, evitando verlos.
–Isabel, otra cosa: el sexo es algo privado. A la gente no le gusta hablar de ese tema–. Levi, no le mientas a la pobre chica.
–Entonces, ¿no debo preguntar? –, dijo.
–No–. Levi la soltó y suspiró. Parecía mas relajado, pero ¿en serio pensaba que se había terminado?
–… Y, ¿Cómo es que lo hacen?
–¡J'abandonne! –, rugió Levi en sus manos. No pude evitar reírme cuando lo oír usar su lengua madre–. Farlan, por favor, ¡apaga la puta cámara! ¡No quiero esto grabado!
–Bueno, bue-
Sus palabras fueron interrumpidas cuando la cámara se apagó. En el silencio que siguió, mi risa fue mas evidente, a pesar de que me tapaba la boca. Intenté parar, pero, después de ese espectáculo, ¿cómo iba a poder?
Miré a Levi, preguntándome si lo había despertado. Para mi sorpresa, estaba despierto, y sonreía. Ya fuera porque lo había despertado o porque no se había dormido, no lo sabía.
–Eso fue un completo desastre…–, dijo, con la voz ahogada por mi camiseta.
–¿Cómo no viste ese resultado? –, pregunté, sin evitar reírme.
–No lo sé. Te dije que era rara.
–Sí, pero yo si me di cuenta. Hasta un ciego en la China lo notó–, repliqué, y sentí un pinchazo en el costado.
–Cállate Eren–, masculló, molesto. Giré los ojos, y le rodeé los hombros con el brazo, antes de volver la atención al video, así como él.
Los siguientes cinco minutos o por ahí, fueron de Levi vengándose de Isabel. Al menos diez veces la despertó muy temprano por la mañana, antes de ir al colegio, solo para decirle buen día, pero era evidente que ella no era madrugadora. ¿Y que hizo él? Cada vez que la despertaba, le ponía la alarma un poco antes, dejando la cámara encendida para verla caer de la cama de repente, cuando la alarma sonaba como loca. Cuando ya no podía volver a dormirse, mascullaría una maldición, se levantaría y tomaría la cámara, maldiciendo a Levi. Algunas veces en español, otras en francés, según me percaté. Evidentemente, lo había aprendido de él.
Hubo una vez que fue diferente. Era muy dormilona, como yo. La manta colgaba de la mitad de su cuerpo, con los pies asomados, las manos en sus cabellos y, ah, babeando.
–Isabel–, dijo Levi despacio, tocándole la nariz. Ella gimió, dormida, dando un giro a donde ya no le quedaba cama. Se cayó con otro de sus famosos chillidos, y resoplé cuando se puso a gemir en el piso.
–Levi, ¡es sábado! –, gritó, exasperada, antes de volver a la cama.
–Lo sé, solo quería que te levantes temprano–, le dijo él.
–¡Pues yo no! –. escondió la cara en las sabanas, simulando ronquidos, para que se fuera.
–¿No quieres levantarte en tu cumple de quince? –, replicó él.
–¡No!
–Entonces, ¿no quieres ir al parque de diversiones? –, volvió a preguntarle. Tras un silencio, Isabel saltó de la cama y corrió a su cambiador.
–¡Me había olvidado! –, celebró, comenzando a sacar ropa de su placar, que caía al suelo.
–No hagas lio–, la retó Levi.
–¡Tengo que buscar mi ropa!
–¡Está toda en el piso! –, refunfuñó Levi. Ella lo ignoró, metiendo sus piernas en unos jeans azules. Levi se dio ala vuelta para darle privacidad, y la cámara se apagó. Cuando volvió, Isabel la cargaba. ¿Cómo me di cuenta? Porque sus chillidos eran mucho más sonoros que si otro la hubiera llevado.
Saltaba con la cámara en las manos, señalando el gran parque delante de ella. Se detuvo para dar otro salto, celebrando y celebrando. ¿Habrá sido su primera vez en uno?
–No te vayas sin nosotros, ¿oíste? –, le dijo Levi, a sus espaldas.
–No–, respondió.
–Está muy concurrido, así que no te alejes más de cinco pasos, ¿entendido? –. Bastante protector, ¿no, Levi…?
–¡Entendí! Ahora, ¡vamos! –. Isabel lo tomó de la mano y tiró arrastrándolo hacia delante y arrancándole un gemido de sorpresa.
Una pantalla negra. Al regresar, la imagen de una enorme montaña rusa fue lo primero que vi. La cámara, lentamente, se volvió del paseo a Isabel, quien arqueaba las cejas de manera tentadora. Sonrió maliciosa y, en ese momento, vi cuanto se le había pegado de Levi. Ah, era toda una diablilla.
–Oye, Levi–, dijo, todavía sosteniendo la cámara para mostrar su cara. La volvió un poco, y vi a Levi parado al fondo, hablando a Farlan. Cuando lo llamó, se volvió a verla.
–¿Qué…?
–Subamos a ese–, dijo ella, señalando. Levi siguió su dedo y, por la forma en que se inclinó hacia arriba, no pude evitar reír.
–… Carajo, no.
Una pantalla negra. Cuando volvió, vi a Levi y a Farlan señalando un mapa del parque en un edificio. Levi mascullaba que se habían perdido, y Farlan que no, intentando explicarle el confuso mapa. Isabel estaba callada, pero se alejaba un paso tras otro. Estaba seguro de que sonreía tras la cámara.
Retrocedió otro poco y, antes de que diera otros tres pasos, Levi se volvió y la tomó del brazo, sin siquiera mirar. Ella estalló en risas, pero se interrumpió cuando la cámara se apagó. Volvió en un video de Levi e Isabel, abrazándose, la cabeza de ella sobre el hombro de él, solo parados allí. ¿Por qué no se movían?
–… Momento, ¡está grabando! –dijo repentinamente Farlan. Isabel rió de nuevo, mientras que Levi le decía de mil maneras–. Isabel, ¿cómo retrocedo la cámara de esta cosa?
–Debes apretar el botón del costado–, explicó ella.
–Bien… Momento, este-
Estoy seguro de que lo encontró. Cuando volvió la imagen, los tres estaban saliendo del parque. Farlan llevaba la cámara, y Levi caraba a Isabel. Estaba agotada, y Levi parecía también estarlo, aunque más fastidiado, mientras acomodaba su agarre de sus piernas.
–Ya esta grande para esto–, dijo.
–Hoy cumplió quince–, dijo Farlan.
–Yo me estoy poniendo viejo también–, agregó Levi.
–Tienes veintidós, no eres viejo–, le señaló Farlan.
–Bueno, así me siento.
Levi se removió entre mis brazos, apoyando las manos en mi pecho y alzando la cabeza.
–¿Qué pasa, Levi? –, pregunté. no me respondió, sus ojos seguían pegados a la tele. Sin embargo, pude ver en ellos algo, similar a la preocupación o, mas bien, terror. Tenia miedo a algo, ¿pero ¿qué?
Volví la atención a la tele, ¿Acaso él veía algo que yo no? ¿Había algo que yo no podía ver? Solo veía a los tres regresar a casa. Isabel estaba despierta en la parte de atrás, parloteando sobre cuanto lo había disfrutado, a pesar de que bostezaba aquí y allá. Conducía Levi, y Farlan estaba como acompañante, cubriéndose las orejas.
–¡Déjame dormir, Isabel! –, gimió, exasperado.
–¡No me interrumpas cuando hablo, viejo tacaño! –, gruñó para ella, apuntándose con la cámara. La apartó y gimió, pero Levi habló antes de que pudiera continuar discutiendo.
–¡Basta! Isabel, ponte el cinturón–, le ordenó.
Me quedé sin aliento cuando Levi saltó del sofá. Me senté, observando como iba hacia la tele y apretaba el botón de Eject, obligando a la cinta salir antes de que pudiera detenerlo.
–¿Qué haces? –, pregunté, mientras me paraba. Levi miró la cinta con ojos inexpresivos, vacíos y muertos. ¿Qué había pasado? – ¿Levi…?
–Nada–, dijo. Le observé mientras cogía los bordes de la cinta y tiraba, y me apresuré a detenerlo.
–¡No! ¿Por qué lo quieres romper? –, inquirí, quitándole la cinta de las manos, que prácticamente aplastaban el plástico.
–Te dije que nada. Devuélvemelo–, demandó, con una expresión furibunda.
–No hasta que me digas que no lo romperás–, repliqué.
–¡Devuélvemelo, Eren! –, ladró.
–¿Por qué quieres destruir algo tan valioso? ¿Qué motivos tienes para querer deshacerte de tus recuerdos? –, pregunté, alzando la voz. Levi no era el único que podía gritar.
–No lo entenderías–, suspiró, y su furia pareció disiparse. Incliné la cabeza, viéndolo calmar su respiración. ¿Por qué reaccionó así? –. Eren, por favor… dámelo–. Estaba rogando.
–… ¿Qué hay aquí que no quieres que vea? –, me animé a preguntarle. Apartó la mirada, sus ojos fijos en el suelo–. Levi, lo entenderé. Sé que dices que no, pero lo haré.
–Aunque lo intentes… ya viste suficiente en esta vida–, susurró entre dientes.
–¿Qué…?
Se dio la vuelta y comenzó a irse.
–O-oye, Levi-
–Me voy a la cama–, anunció, abandonando la habitación. Me quedé solo, en el living, con la cinta todavía protegida contra el pecho. No me había dado cuenta de que la estaba aplastando hasta que sentí el dolor en las manos.
¿Qué había hecho mal? ¿Por qué estaba tan enojado? ¿Por qué querría destruir los únicos recuerdos que tenia de su familia, los que podía ver tantas veces como quisiera?
¿Qué había en esa cinta, que no deseaba que viera?
