A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 17 de 31
Ndt: Aviso de contenido muy trágico
17- Todo es mi culpa
Esa noche no dormí.
Eran casi la una, y seguía muy ansioso por lo que pasó. Se me había arruinado el ciclo de sueño, pero, por ahora, era la menor de mis preocupaciones.
Alcé la cabeza y, en la oscuridad, miré Levi. una tenue luz provenía de las luces de la ciudad, lo cual me permitía reconocerlo. Me daba la espalda, y la sabana se había corrido, dejándome ver sus lisos hombros y espalda. Podía distinguir la curvatura de su cintura y caderas a través de la tela, aunque muy poco. Suspiré, volviendo la mirada al techo.
Necesitaba pensar.
¿Cómo era posible que durmiera? Horas atrás, estaba tan alterado como yo en este momento, igual de ansioso, sin importar su cansancio. Sin embargo, se durmió ni bien tocó la almohada, algo que eta incapaz de comprender. Yo no me podía dormir, aunque eso pusiera en juego mi cordura. Si él estaba tan turbado como yo, no debería poder dormir.
Así que, no lo podía entender.
¿Por qué…? ¿Por qué deseaba destruir aquellos recuerdos? ¿Por qué lo intentó? Lo que vi en las grabaciones era hermoso, precioso, y todos desean tener cosas así, así que, ¿por qué quiso deshacerse de ellos?
¿El dolor ya le era demasiado? Creí que se sentiría mejor después de al fin, hablar sobre lo que sucedió dios sabe cuantos años atrás, pero, tal vez, me equivocaba. Quizás, llevaba tanto tiempo todo adentro, y ahora era demasiado. Si ese era el caso, ¿eso no lo pondría mas susceptible? Yo lo estaría, tal como hace unos días. Pero así era yo. Los dos éramos diferentes. Entonces, ¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué?, ¿Por qué…? No lo entendía.
Dijo que no lo haría, y quizás así seria, o tal vez sí. Bueno, por ahora no lo hacía, no hasta que terminara de mirar la cinta.
Así que, con ese peligroso plan en mente, salí en silencio y de puntillas de la habitación. Tuve que apoyarme en la pared para guiarme en la oscuridad, ya que no quise encender la luz y alertar a alguien. Una vez que llegué al living, encendí una lámpara suave y fui hasta la tele. Había dejado la cinta sobre la mesita, porque Levi no me dijo qué hacer con ella, por lo cual la deje ahí por seguridad. La volví a poner en la video y le di al play, prendí la tele y dejé el volumen muy bajo, aunque eso significara que me quedara pegado a la pantalla. No importaba, no tenía muchas ganas de morirme esa noche.
–¿Podemos venir el año que viene? –, lo primero que oí fue la voz de Isabel. Se había movido del asiento trasero para estar mas cerca del frente, pero Levi estiró el brazo y empujó la mano que sostenía la cámara.
–Te dije que te pusieras el cinturón–, dijo. Ella resopló tras la cámara y se sentó en su sitio. Tiró del cinturón, pero, cuando estuvo a punto de abrocharlo, lo soltó con lentitud.
–Ay no, se soltó–, susurró, y volvió a escurriré al medio–. Y, Levi, ¿podemos volver el año que viene? –, preguntó, sosteniendo la cámara en alto. Seguro no le importaba, pero Levi no debió haberse dado cuenta, ya que, si lo hacía, le habría echado la bronca.
–No veo porqué no–, suspiró el, con los ojos fijos en el camino.
–¡Genial! ¡De verdad la pasé bien! En especial las montañas rusas, ¡porque son tan rápidas! –, comenzó a decir ella, y Levi sonrió, mientras Farlan se tapaba las orejas.
–Qué bueno que la pasó bien–, musitó Levi.
–No, no la pasé bien, ¡me encantó! ¡Fue muy gracioso oír a mi hermano gritar como niña! –, explicó ella, y pude notar la sonrisa maliciosa en su voz. Posiblemente era una gran sonrisa, por la mueca de sorpresa y ceño fruncido de Levi.
–No grité y, aunque lo hubiera hecho, no habría sonado como niña–, replicó, quitando la mirada un instante del camino.
–Levi, te oí. Si sonaste como niña–, dijo Farlan, entre risas.
–¡Sonaste como una abuela! –, rió Isabel.
–¡No soné como-!
–¡Levi! –. El repentino grito de Farlan me hizo dar un respingo, pero me quedé helado por lo que siguió. Todo sucedió tan rápido, y sin embargo pareció a cámara lenta.
Vi al perro en el camino. Vi el coche en sentido contrario, y lo vi desviarse para evitarlo. Rozó el de ellos, y el auto comenzó a dar vueltas. Apenas oí el grito de terror de Isabel, cubierto por los ruidos del metal doblarse, el cristal estallar y la cámara rebotando dentro del vehículo.
Y luego, se detuvo.
El corazón y la sangre se me helaron. No podía respirar, mientras me cubría los labios, evitando que escapara algún gemido.
Esto era lo que Levi no quiso que viera.
La cámara seguía grabando, pero el lente estaba roto, haciendo que el foco fuera y viniera. Aparte del techo, lo que podía distinguir ara apenas los asientos del acompañante y conductor, y el borde de los de atrás. Estaba silencioso. Solo oía los ruidos del auto que roncaba de manera agónica.
¿dónde estaban? ¿Por qué no hablaban? ¿Qué había sido de Isabel y su viva chachara? ¿Las maldiciones de Levi? ¿Los insultos de Farlan dirigidos a Isabel? El silencio me era insoportable. Me estaba matando. Quería darle a avanzar, pero estaba demasiado impactado como para moverme. Estaba adherido al suelo, con los músculos tensos y la mente a mil por hora. Todo lo que podía hacer era esperar.
Veinte segundos. Un minuto. Dos. Cinco. Mi respiración se hacia cada vez mas débil, sintiendo el aire en los pulmones heladamente incómodo.
Siete minutos. Todavía nada. Estaba muy tentado en darle a avanzar, pero no podía moverme. Estaba anclado en mi sitio.
Quince minutos. ¿Dónde estaban?
Como si Dios me hubiera oído, aunque pareció una eternidad. Tras otros diez minutos (dando un total de veinticinco), al fin oí movimientos del asiento delantero, seguidos por gruñidos de dolor. No era Levi, sino Farlan, quien parecía estar en tremendo sufrimiento. Por cómo estaba ubicada la cámara, no los podía ver, lo cual me producía nauseas.
–Carajo... m-mierda…
Escuché más de sus forcejeos, otra maldición aquí y allá, y gemidos de dolor. Al fin, vagamente vi su mano sobre el asiento, intentando moverse.
–Carajo, ¡Isabel…! –, gritó, con voz quebrada–. Levi, ay, Levi, ¡levántate!
Siguieron más movimientos e intentos de liberarse, y esperé a que Levi respondiera.
–Levi, Levi, ¡estoy atrapado! –, dijo Farlan, aterrado–¡La maldita pierna está atrapada!
Escuché a Levi gemir desde su sitio, pero, como no podía verlo, tenía la ansiedad por las nubes. Necesitaba oír su voz. Saber que estaba bien.
–¡Maldita sea, despierta!
–Ah… mierda…–. Oír a Levi fue como un milagro. No podía sentirme mas aliviado, a pesar de que demostrara dolor.
–¡Tengo la pierna atrapada bajo la puta puerta! –, la aterrorizada voz de Farlan fue lo siguiente, mientras luchaba en su asiento–¡Debes levantarte!
Para este punto, su voz era ronca por todo lo que estaba mal.
–¿Qué…? –. El pobre de Levi no parecía entender nada.
–¡Levi, levántate y saca a Isabel! –. El corazón me latía a mil frente a la imagen de humo saliendo del auto. Farlan comenzó a tirar, seguido de Levi, quien seguía anonadado. Incluso sus toses sonaban débiles.
–Quédate quieto…
–¡No, no, ve por ella! ¡Está sangrando! –, ordenó Farlan, aterrorizado. Oi el clic de un cinturón, seguido por las manos que se pusieron en primer plano, mientras se aferraban a la tela de los asientos. Al fin, Levi apareció, pero sentí que el estómago se me retorcía ante la escena.
Levi tenia un largo y profundo corte en la frente, justo en la arruga del ceño- la sangre ele caía sobre el rostro, dejándole ciego de un ojo, manchando la camisa con un enfermizo color rojo. El motivo por el cual Levi no podía concentrarse era por la hemorragia. Apenas podía sostenerse, su agarre en los asientos era débil y torpe, sin mencionar que se balanceaba hacia los lados.
–No, Isabel…
Levi se escurrió al asiento trasero, y le vi tomarla entre sus brazos. La herida que tenia en la nuca era peor que la suya, en comparación Levi apenas tenía un rasguño. Intentó taparla con las manos, pero la sangre se escurrió entre sus dedos y manchó el asiento. No tenia fuerzas para contener la hemorragia.
–Vamos, Isabel. ¡despierta! –, oí que le rogaba.
–¡Sácala de aquí, rápido! –, volvió a ordenarle Farlan. Mas humo llenaba el vehículo, cubriendo el techo con su densidad. Farlan comenzó a luchar en busca de aire limpio, mientras que Levi se puso a patear la puerta para abrirla. Debió haberse trabado, pero, al cabo de unas cuantas buenas patadas, abrió.
Oía a Levi sacar a Isabel a la rastra, oír sus esfuerzos, mientras que también oía a Farlan. El humo le quemaba los pulmones, y me percate de ello por sus resuellos. No soportaría mucho, y tampoco la cámara.
Cuando oí que sus toses empeoraban, cuando oí la aterrorizada voz de Levi llamando a Isabel, la imagen se puso negra.
Esperé, esperé y otro poco más, pero, esta vez la imagen no volvió. Esperé otro poco, aun paralizado por el miedo y la impresión, pero nada apareció en pantalla.
–No…
La palabra me salió temblorosa, vacilante y sin aire. Cuando recuperé el control de mi cuerpo, caí al suelo junto a la video al presionar "avanzar". Observé la pantalla, buscando señales de vida, de lo que fuera, pero no había nada. El corazón me dolía, y prácticamente me moría cuando oí el ruido que indicaba el final de la cinta.
–No…
No, eso no podía ser así. Debía haber algo más. En cualquier momento, debería haber oído la vivaracha voz de Isabel, o ver las cínicas sonrisas de Farlan, pero no fue así.
Eso era todo.
Era el final.
Habían muerto.
Esto era lo que Levi no deseaba que viera. El motivo por el cual intentó, desde un principio, destruir la cinta. Ni en un millón de años me habría imaginado que la cámara habría grabado el accidente, y estoy seguro de que él tampoco lo sabía. ¿Quién hubiera deseado eso?
Tenía razón. Lo comprendía, pero no debí haberlo visto. Nadie debería pasar por esto solo. Tenía razón, y me arrepentía por haberlo visto todo. No debí hacerlo, porque ahora lo sabía todo.
Y ahora, ¿cómo iba a mirarlo a la cara?
Saqué la cinta de la VCR, y la puse donde la había dejado. Me paré por unos instantes, observando ausentemente en derredor, en donde estaba y a la pantalla azul de la tele, antes de apagarla y salir de allí. Fui hasta la habitación de Levi, tan silencioso como antes, y me metí a la cama.
Se acomodé, me cubrí los hombros y dejé caer la cabeza sobre la almohada de plumas. Mire a Levi. No se había movido ni una pulgada, lo cual significaba que dormía. Bien. No deseaba que despertara. Precisaba el descanso.
La curiosidad me pudo y, mientras yacía observándolo, me acurruqué a su lado y sostuve la cabeza con el codo. Con cuidado, puse una mano sobre su hombro y le miré en la oscuridad. Aun sin la tenue luz que iluminaba el cuarto y su rostro, lo podría haber visto.
Debajo de la base del cabello, estaba la cicatriz del video. La herida no debió ser muy profunda, ya que era algo bastante tenue. Parecía un rasguño, de los que crees que no dejan marca, pero no es así. Solo podía verse desde tan cerca y si uno sabe lo que busca. Pero el saber que allí estaba dolía, y no podía imaginarme cómo era eso para Levi.
La cicatriz era un recuerdo indeleble de ese día, algo que nunca se iría. Cada vez que se mirara al espejo, le recordaría del terrible accidente que segó aquellas vidas. Se culpaba por ello, por lo cual no la precisaba.
Deje caer la cabeza sobre su hombro, y suspire. Solté un suspiro ahogado, y sentí que perdía el control. Deseaba llorar. De verdad. Deseaba abrazarlo hasta que se nos rompieran los huesos, y no soltarlo jamás.
–Lo siento…–, susurré. No estaba seguro de su era capaz de oírme, pero no me importó. Necesitaba decirlo. ¿De qué me disculpaba? No lo sabía, pero precisaba decirlo.
Ahora lo entendía todo, pero deseaba no hacerlo. No debí ver el resto. Debí dejarlo pasar, haberle hecho caso. Dejar las cosas ahí, hacer como si nada pasó, pero no lo hice. Miré la cinta, y ahora lo sabía.
Y estaba seguro de que Levi lo descubriría. Yo era incapaz de mentir, y no lo intentaría siquiera, ya que él se daría cuenta de cualquier modo. Era duro haber visto aquello en el video. Si tanto me costaba asimilarlo, ni me imaginaba el dolor que él sintió, o sentía.
–Ella murió entre mis brazos…
Las palabras fueron apenas un susurro, pero se oyeron, y eso me hizo alzar la cabeza por la sorpresa. Sus ojos seguían cerrados, pero noté un ligero temblor que antes no había notado.
–¿Qué…? –, musité. La voz me tembló demasiado. Él debía saberlo.
–Los paramédicos no llegaron a tiempo… Así que ella murió entre mis brazos… Farlan lo hizo unas horas después, en el hospital…–. El cuerpo de Levi se pudo muy tenso, y una de sus manos halló la mía en la oscuridad.
–Lo siento–, lloré, dejando caer otra vez la cabeza sobre su hombro–. Levi, lo siento… Mucho, muchísimo.
–Está bien…
–¡No lo está…! –, gemí, sorprendiéndome por lo mal que se oyó–¿Cómo puedes cargar con esto? ¡No sé cómo lo haces!
–Tal como tú lo haces: sigo viviendo–. Puede notar cierto quiebre, pero no podía asegurar si fue cosa mía o verdadera–. No es como si tuviera opción. Es lo que conseguí…
–No es tu culpa–, insistí, tirando de su mano. Lo obligué a echarse boca arriba, irguiéndome encima de él, pero Levi mantuvo la cara hacia un lado. No me miraba–. Levi, ¡no es tu culpa! Nunca quisiste que eso pasara. ¡Lo sé!
Él no me respondió. Intenté atraer su atención para que me marrara, pero no lo hizo.
–No es tu culpa, Levi. Amabas a Isabel y a Farlan, lo vi. Cualquiera lo podía ver. Ellos te amaban, y no querrían que estuvieras así…
–Lo sé–, susurró.
–Entonces, ¿Por qué te culpas así? Acabas de decirlo, vivimos, pero ¡no lo haces! Sólo estas en negación, ¡eso no es vida! –. No me importaba si despertaba a los abuelos. Deseaba que me oyera, y ser oído. No, necesitaba que oyera que no era su culpa–. Levi…
Le toqué la mejilla. Por la oscuridad, no me había percatado, pero, al contacto, sentí las cálidas lagrimas humedeciendo su piel. Me mordí el labio inferior mientras las secaba, aunque volvían a manar.
–¡Levi, di algo, lo que sea, por favor! –, le rogué–. Grítame si lo deseas… no me importa. Sólo di algo…
–No tengo nada que decir…–. Su voz esta vez si tembló, y alzó la cabeza a continuación–. Desde hace años que no tengo nada para decir…
–Eso no es cierto…–. Me incliné y le besé la mejilla, probando el sabor salado de sus lágrimas en mis labios. Volví a hacerlo, con tal de quitar aquellas lagrimas que empapaban su pálida piel. No soportaba verlo llorar.
–Eres un idiota…–, susurró.
–Tienes razón… Lo entiendo–, susurré en respuesta–. Pero no entiendo como vives con esto.
–Ya te lo dije, no tengo opción. Debo vivir con ello, y los recuerdos que me rodean.
–¿Cuáles, la estúpida cicatriz? –, repliqué, alzando la voz con algo de enojo.
–No…–, dijo. Volví a apoyar las manos en su mejilla, asegurándome de que no se alejara. Podía ver sus ojos ir y venir de los míos, pero duraba instantes. Era algo, y eso me alegraba–. No lo captas.
–¿Qué es no lo que no capto? –, pregunté–. Levi, dime. Deseo saberlo.
Él suspiró, con evidente molestia y enojo. No me importó. Quería saber.
–… Quien nos embistió fue Erwin.
Aquellas palabras me cayeron como balde de agua fría. Los ojos se me abrieron por la impresión, pero Levi no reaccionó.
–¿…L-lo hizo Erwin?
–Así fue como nos conocimos. Fue quien nos embistió, y se sentía mal por ello–. Levi acarició su mejilla contra mi mano, pero no puedo decir si fue buscando consuelo o para evitarme–. Pagó todo, me ayudó para volver a la escuela, e hizo todo lo que podía hará ayudarme… Y así fue…
–Pero seguías con aquel recuerdo…–, gemí, y él asintió.
–Los dos sabíamos que lo que hiciéramos no compensaría por mi hermana o por Farlan, pero los gestos sirvieron. No debía hacerlo, pero igual lo hizo–. Le acaricié la mejilla con los dedos, y me miró con ojos derrotados. Odiaba esa expresión–. Por eso sigo trabajando para él. Tiene algo que a mi me falta, pero no sé qué. Intento descubrirlo.
–Levi…
Suspiré, apoyando mi frente en la suya. Sus manos me cubrieron las mejillas, y abrí los ojos para verlo mirándome a los ojos.
–Está él, y también tú–, dijo, calmadamente.
–¿Yo…? ¿Cómo es que te recuerdo…? –, pregunté.
–Siendo tú. Sé que no lo ves, pero te pareces mucho a Isabel, más de lo que crees–. Se sentó apoyándose en los codos, y me aparté para darle espacio. No me alejé mucho: una vez se acomodó, con una almohada detrás de la cabeza, volví a apoyar la cabeza en su hombro. Sus brazos me abrazaron de manera protectora, una mano sosteniéndome el brazo y la otra (que yo usaba de almohada), me acariciaba los cabellos.
–Entonces, lo siento mucho–, gemí–. No me di cuenta de que te causaba tantos problemas. De hacerlo, quizás…–me apretó con fuerza, interrumpiéndome.
–No te desmerezcas tanto, Eren. No me importa nadie en este mundo dejado de Dios, pero tienes motivación y determinación. Trabajas mas duro que cualquier otro, y quisiera que el mundo tuviera mas gente como tú. Y también me alegra haberte conocido.
Siempre me imaginé lo que sería oír un cumplido de sus labios. ¿cómo reaccionar? Siempre me intrigó. ¿Qué cosa diría? De seguro, de manera tonta y sarcástica.
Sin embargo, oír aquellas palabras de su boca, en persona, con tantas emociones detrás, me dejaba sin palabras. Me tocó el corazón, me hacia sentir cálido, y que el aliento me temblara al suspirar. Sentí un ligero temblor recorrerme la espalda y posarse en mi estómago, y los dedos de Levi acariciándome los cabellos no ayudaban al escalofrío que sentí. Me había quedado clavado viendo a Levi en la oscuridad. me preguntaba si podía ver mi reacción, yo sí. Todo lo que hizo fue arquear una ceja, y alzar la cabeza.
–Ah… gra-gracias…–, musité. Lo decía de verdad y feliz, pero por la sorpresa no sabía si lo dije bien, ni hablar de si me entendió. Levi giró los ojos y rió, y no pude evitar que una sonrisa cubriera mis labios–… También me alegra haberte conocido.
Tras decir aquello, Levi sonrió con sinceridad y cerró los ojos. Su barbilla se apoyó sobre mi cabeza y yo me relaje en el silencio. inconscientemente, le había estado acariciando el pecho con los dedos, y, al darme cuenta, no tuve deseos de parar. Levi no emitió queja alguna.
Aun así, me sentía mal. Había tanto que deseaba decirle, y no sabía cómo. Le estaba muy agradecido, deseaba decírselo, pero ¿cómo? No era como si tuviera experiencia en esta situación y, aun así, la habría cagado. No quería arruinarla esta vez. A pesar de que quería hacerle saber que lo decía en serio, ¿cómo podía hacerlo?
Necesitaba decir algo. Al mirarlo, sus ojos volvían a estar cerrados, y su respiración relajado. Se estaba quedando dormido, por lo cual no podía dejarlo así. No estaba bien, y quería que lo supiese.
–¿Levi? –, dije.
–¿Hm…? –. Abrió un ojo. No sé que fue, pero entonces perdí el hilo. Se que trabó en la garganta, y otra pregunta me vino. ¿Qué hacia esa pregunta allí?
–¿Qué pasa? –. Fue su mirada. Tenia una mirada peculiar, y de verdad me daba curiosidad saber que estaba pensando.
–No… nada–. Él suspiró, apartando unos cabellos de su rostro–. Sólo pienso de más.
–¿Qué es lo que piensas? –, pregunté con curiosidad. Levi inhaló profundamente, lo sostuvo y lo dejó salir en un pesado suspiro. Pude oír el alivio, pero ¿de qué?
–… Trató de entender porqué estuve casado diez años con Petra, y fui incapaz de contarle nada que no supiera. Luego llegas, y mi vida es un libro abierto para ti–, dijo sin más. Volvió a cerrar los ojos, y noté con un gesto que no podría seguir interrogándolo. Posiblemente ya no querría, así que estaba en paz con ello.
–Quizás estabas listo para liberarte de la carga…–, sugerí, mas para mi que para él. Él se encogió de hombros, antes de volver a apretarme con sus brazos.
–… Quizás…
