CAPITULO 21: UNA NOCHE MÁS


"El vuelo 280 a Francia abordando en este momento"

Miré a Levi y a los abuelos, mientras se abrazaban y lo besaban una y otra vez. Eventualmente, tuvo que hacerlos parar, pero ¿quién lo habría culpado, después de diez repeticiones de cada uno?

–Bueno, bueno. Ya–, dijo, sacudiendo la mano frente a la abuela–. Seguiré comiendo–, masculló con renuencia, y yo reí, ya que sonaba como un chiquillo.

–Mas te vale, o hare que Eren te obligue–, amenazó ella, cacheteándole la mejilla con ligereza.

–No me metan en el medio–, dije, riendo. La abuela me indicó que me acercara, y entonces me abrazó con fuerza. Para su estatura, tenia fuerza tremenda. Ahora entiendo de donde la sacó él–. Te extrañaré–, dije.

–También te extrañaremos, querido–, dijo. La solté, para abrazar al abuelo. No era tan fuerte, pero igual hizo que me salieran unas lágrimas.

–Buen vuelo–, dije, apartándome. Me sequé las lagrimas con rapidez, intentando disimular con toses, pero la abuela era demasiado lista como para creérsela.

–No llores, nene. Podemos visitarlos cuando tengan tiempo–, dijo, tomándome la mano.

–Eso me encantaría–. Me sequé las lágrimas, intentando esbozar una sonrisa.

No era mentira. Quizás si cuando llegaron, cuando sentía que iba a tener un ataque de pánico al saber que tendría que repetirlo. Ahora no. Me encantaría que volviera a visitar, y no me molestaría quedarme otro tiempo con Levi, o compartiendo su cama, abrazados y disfrutando su calor. No me importaría, y si Levi me lo pudiera, volvería a pasar por todo esto, conteniendo la emoción.

–Avisen cuando lleguen a Francia–, dijo él, recibiendo un ultimo abrazo de la abuela. Ella le besó la frente, susurrando algo en su oído, que no llegué a escuchar. Levi no reaccionó, ni pareció alterado por lo que haya dicho. Se apartó y dejó caer la cabeza contra mi hombro, mientras que yo le sostenía la mano.

–Compórtense, los dos–, dijo el abuelo, intentando guiñarnos el ojo, pero no pudo. En cambio, Levi chasqueó la lengua y giró los ojos. Era evidente de que sabia a que se refería el abuelo, pero me costó un minuto captarlo.

Ah, claro. No se acordaba que le cocinaba su esposa en el desayuno, pero tenia clarito cuando nos pescó juntos en el sofá, hace una semana.

–Lo intentaremos–, susurré, sonrojándome y mirando al suelo. Se volvió a oír el anuncio del abordaje al vuelo, y el abuelo movió la silla de su esposa hacia la puerta– ¡Que tengan un buen vuelo! –, dije, saludándoles con la mano. Oi a Levi reír y tuve que poner toda mi entereza para no ponerme a llorar como bebé.

La abuela se volvió a mirarnos desde la silla para saludarnos. Sonrió ampliamente antes de darse la vuelta a la entrada del avión, y luego desaparecieron en el mar de gente. Intente mirar por encima de la gente, poniéndome lo más estirado que podía, pero no sirvió de nada. Habitan desaparecido por completo. Sentía a Levi moverse a mi lado, y sonreí cuando lo vi ponerse de puntas de pie, intentando llegar mas alto. Trate de no sonreír, pero no me fue posible, no cuando hacia eso.

–Silencio–, gruñó a mi lado. Era evidente que sabía lo que pensaba.

–Perdona–, reí. Observamos como la muchedumbre entraba al avión, y luego esperamos un rato, sentados en las sillas del aeropuerto, mientras las puertas se cerraban. Eventualmente, que no debieron ser mas de veinte minutos, el avión al fin se alejó de la manga.

Antes, había creído que ver el avión despegar me traería alivio, que al fin podría descansar, sabiendo que podía regresar a casa, con Mikasa, y descansar en mi cama, pero, ahora, no sentía eso. Estaba molesto, y odiaba esta situación. Se habían ido: se habían ido, debía regresar a casa, y dormir solo en mi cama. No me malentiendan: extrañaba a mi hermana y no veía la hora de volver a casa, pero, ahora, no estaba seguro de donde se encontraba.

¿Cuándo se había desvanecido el límite?

–Bueno–, suspiró Levi, y se puso de pie–, se terminó.

–Sí–, dije. Levi me tendió la mano, y la tomé para ponerme de pie. Pensé que me soltaría ni bien me pusiera de pie, pero no lo hizo; en cambio, se puso a caminar, sosteniendo mi mano mientras cruzábamos el aeropuerto. Tuve una extraña sensación en el estómago, como si tuviera mariposas volando dentro, pero no dije nada. No quería que ya se terminara–. No puedo creer que lo logramos.

–Yo tampoco–, susurró él.

–Levi, sé sincero: cuando empezamos, ¿de verdad pensaste que lo lograríamos? – pregunté.

–Un cuerno–, respondió–. Creí que, a las dos horas, o se iban a dar cuenta, o yo te terminaba matando.

Me reí, y apreté mi mano.

–Yo también lo creí. Pero lo logramos.

–Dos malditas semanas–. Prácticamente siseó–. ¿De verdad sólo fueron dos?

–No se siente así–. Lo miré y luego dije–. Parece menos.

–El tiempo vuela.

¿Acaso percibía algo de remordimientos en su voz? ¿O estaba pesando demasiado?

–Entonces… ahora, ¿qué hacemos? – pregunté, renuente. No era algo que deseaba preguntar, pero debía hacerlo. Ahora, ¿Qué haríamos? No podíamos seguir viviendo juntos como si nada, sin importar cuánto yo lo deseara, y de verdad lo hacía.

–Hm–, meditó Levi. Parecía como si tampoco supiera la respuesta, quizás él tampoco lo había considerado –. Supongo que…. Debemos volver y empacar tus cosas–, susurró.

–… Bien–. Aparté la mirada, con el corazón estrujado de dolor. Hoy no podía controlarme–. Supongo que debo hacerlo. Mis cosas desperdigadas por la casa deben tenerle harto.

–No tanto como pensé–, dijo él, tan bajo, que casi no lo escuché. Casi, pero lo escuché–. A pesar de que te adueñaras de la mitad de mi habitación.

–No sé cómo pasó– reí con nerviosismo–. Bien, sacaré mis cosas y regresaré a casa.

La palabra "casa" se sintió extrañamente amarga al recorrer mi lengua y salir de mi boca. Era consciente que esa palabra evocaba para mi algo distinto a mi verdadera casa, la cual ya no la sentía tan acogedora. Debía dejar de pensar en eso.

–Estaba pensando…–, intervino Levi, con voz queda. Se quedó en silencio un largo rato, y tuve que tirar de su mano para que prosiguiera.

–¿En qué…? –, inquirí.

–Que ya es tarde y se hace de noche. Te va a llevar un buen rato empacar e ir a tu casa… y que te sería más fácil quedarte otra noche. Al menos, así no tendrías que conducir en la noche–, sugirió, manteniendo los ojos clavados al piso–. Si a tu hermana no le molesta. Tengo entendido que tiene una escopeta lista para mí.

–Ah…–, susurré, mirando al piso–. Supongo que no pensé en eso.

Claro que no, pero por dentro volaba de felicidad ante la idea. Una noche mas era todo lo que deseaba.

–Claro que, no hace falta que te quedes. Solo que me pareció más simple para ti.

–No, l-lo entiendo–, me rasqué la nuca mientras me aclaraba la garganta–. Si, creo que, si no te molesta, me puedo quedar otra noche–. Al fin tuve el valor para mirarlo. Me observaba, pero, cuando nuestras miradas se encontraron, volvió a mirar al suelo.

Pero lo vi. Vi aquello que intentaba esconder apartando la mirada. Parecía esperanzado, tanto como yo intentaba esconder, y que apartara los ojos lo confirmaba, pero yo debía decidir si hacerme el tonto o no. Alguien como am Levi no le gustaba que lo pusieran a prueba.

–No, no me molesta para nada–, dijo. Sentí su mano moverse contra la mía, y me preparé para soltarlo. Después de todo, no hacia falta seguir simulando. Pero su mano se aferró con mas fuerza a la mía, y sus dedos se entrelazaron con los míos. Sonreí, sosteniendo su mano mientras recorríamos el aeropuerto.

Una noche más, me hacía feliz, pero también me entristecía. Era solo una noche más, y todo se terminaría.


–Será una noche más.

"Eren, no me gusta esto", dijo Mikasa al otro lado de la línea, haciéndome sentir culpable, "¿Por qué no vuelves ya?"

–Es solo otra noche, Mikasa. Ya es tarde, y no son bueno manejando de noche, lo sabes. Levi creyó que era mejor esperar a la mañana, y eso haré–, expliqué, retorciendo la sabana entre los dedos.

"Pero Eren…", dijo, y suspiró.

–¿Qué pasa, Mikasa? Sabes que puedes decírmelo.

"Es que… te extraño, solo eso", susurró en el teléfono. Sonreí y reí.

–Yo también. Es solo por hoy, y mañana vuelvo a casa–. Otra vez esa palabra, "casa", no sonaba bien. No sabía si también a los demás les sonaba raro. Mikasa no dijo nada, si así era.

"Bien…"

–No estas llorando, ¿verdad? –, pregunté con astucia, intentando molestarla, y que se animara.

"No", dijo.

–Entonces, ¿estás haciendo pucheros?

"Cállate Eren", gruñó ella, y me reí.

–Mira, ¿qué te tal si mañana, cuando vuelva a casa y haya acomodado mis cosas, alquilamos una peli y la vemos? Nos quedamos hasta tarde, hasta hartarnos de palomitas–, sugerí–. ¿Qué te parece?

"Bien, pero tengo el examen de economía pasado, por lo cual prefiero descansar", explicó ella.

–Si estudias dos días seguidos, te va a ir bien. Tómalo como un descanso-

"Un descanso. ¿Qué es eso?", intentó bromear ella. Giré los ojos, eso quería decir que se sentía mejor.

–Muy graciosa, Mikasa. Me voy a acostar. Tú también debes, así como descansar–, le dije.

"¿Vas a volver a dormir con el enano?". Oír un libro cerrándose al otro lado, seguido por el ruido lapiceras y papeles. Un gusto saber que, por una vez, entendía razones.

–Vamos Mikasa. No, no volveré a dormir con él, esta vez dormiré en el sofá–, explique mirando el susodicho sofá.

"¿Por qué no te quedas en el cuarto de invitados?", dijo ella.

–Preferiría mantener distancia de la cama donde durmieron sus abuelos.

"Bueno, es justo. Me voy a la cama, Eren."

–De acuerdo. Descansa, Mikasa.

"Lo haré. Buenas noches, Eren", dijo con suavidad.

–Buenas noches–, dije, y colgué. Suspiré mientras me acomodaba en los almohadones. Me cubrí los hombros con la manta y dejé caer la cabeza sobre la almohada, y, rayos, era muy cómodo para ser un sofá. Mire en derredor en el cuarto de estar penumbroso, con los ojos amplios para ver los que me rodeaba. Parecía mucho mas grande en la oscuridad que cuando había luz, pero era porque ya de por si era un espacio enorme, y quizás me había acostumbrado a dormir en el cuarto de Levi, en su cama, con sus brazos rodeándome en protector abrazo.

Volví a suspirar.

Debía cortar con eso. Debía dejar de pensar así. No estaba bien, ni ahora ni nunca. Lo que había vivido durante dos semanas había sido un acto, y nada más. No se suponía que desarrollara sentimientos por él, por Levi, mi jefe, porque eso era.

Levi seguía siendo mi jefe. Y debía tratarlo como tal. Debía tratarlo con respeto, no como un esposo que tenía muy cerca.

Quizás había aprendido mucho sobre el en las últimas semanas, y quizás ahora lo conociera mejor que nadie, mas que sus propios abuelos. eso no cambiaba nada. Solo que Levi al fin pudo liberarse. Estaba listo para hablar, para abrirse, y seguir adelante. Yo solo fui quien dio el oído.

Ni siquiera importaba que él también supiera mucho sobre. Sobre mi padre abusivo, sobre la muerte de mi mama y que mi padre había desaparecido. Sabia que tenia una hermana sobre protectora y un mejor amigo a kilómetros de distancia, en la universidad, y que nunca lo veía. Sabia que tenia traumas, que me gustaba dormir con algo que me distrajera, que comía como cerdo a pesar de ser un quisquilloso, y que era un perezoso que precisaba que alguien me diera un empujón para que moviera el culo. Lo sabía, porque casi todos los días tenía que despertarme.

Sabía mucho sobre mí, así como yo sobre él, pero, al final, eso no cambiaba nada, a pesar de cuánto lo deseara. Seguíamos bajo un contrato laboral, y la única manera de cambiarlo era que renunciara y no había motivos para ello. Seguía necesitando el empleo, alimentar a mi familia, así que no podía, a pesar de que quisiera hacerlo.

Y a esta altura, de verdad quería hacerlo.

Di una vuelta para enfrentar el respaldo del sofá. No podía dormir, no con la mente tan acelerada. Había olvidado los auriculares en el cuarto de Levi, y no iba a arriesgarme a despertarlo por ir a buscarlos. tampoco quería poner la tele, eso me distraería y me pasaría la noche despierto viendo el tonto porno que seguro era lo único en emisión. ¿Por qué no ponían dibujos también durante la noche?

Volví a moverme y quedar boca arriba, mirando el techo. Sabia la verdadera causa de mi insomnio, pero no iba a admitirla. No podía dormir, porque no estaba entre los brazos de Levi. Su calor no me abrigaba, y sus latidos y respiración no me aliviaban e inducían el sueño. No deseaba admitirlo, pero, bien en el fondo, ya lo había hecho.

–Eren–. Prácticamente di un respingo al oír mi nombre cuando todo estaba tan silencioso en derredor. Me senté de inmediato, mirando hacia el origen de la voz hasta encontrar a Levi en la entrada, sin la parte superior del pijama (y yo simulaba no mirarle los abdominales). Estaba inclinado contra el marco, con los brazos cruzados sobre el pecho. Sin embargo, me era imposible discernir la expresión de su rostro en la oscuridad. aunque no parecía contento–. Perdona, ¿te he despertado?

–N-no, sólo me dio tremendo susto–, intenté bromear, pero la voz me temblaba demasiado. Me hico acordar a una peli de horror, en la cual una persona era llamada y, al volverse, esa persona estaba muerta. Claro que esa peli la vi a los doce y me hizo cagar en mis pantalones, pero me estoy yendo de tema.

–¿Tampoco puede dormir? –, pregunté, acomodando la manta sobre mis caderas.

–No–. Levi se miró la mano un instante, jugando con sus uñas, antes de volver a mirarme. Yo volví a mirar la manta, removiéndome en mi sitio.

¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Qué era lo que estaba esperando él? ¿Qué esperaba escuchar? No lo sabía, pero ¿yo podía decirlo? Seguramente no le agradaría que se lo dijera.

-Hum…

Lo miré de soslayo. Seguía mirándome, ¿esperando? Mierda, ¿Qué esperaba?

–Eren–, dijo, con la voz baja y, de alguna manera, produciéndome escalofríos. ¿Por qué…?

–¿Sí…?

Al fin, levanté la cabeza y lo miré.

–Es tan solo una noche más…–, dijo suavemente. Alce la cabeza, esperando que prosiguiera. Lo hizo: – ¿Por qué no hacemos que dure?

No hacia falta que me lo explicara con detalles o que me hiciera una biografía detallada. A veces puede que sea lento, pero sabia a qué se refería.

Sólo una noche más y, entonces todo volvería a la normalidad. ¿Por qué no seguir pretendiendo que seguíamos en el mundo que habíamos inventado unas horas más? Tan solo dormiríamos unas horas, pero era preferible a nada.

–Levi…

Dije, en voz baja. Levi fua hasta el sofá y me tendió la mano. Me liberé de las mantas y tomé su mano, dejando que me levantara de un tirón. Caminamos en silencio, pero me aliviaba sostener nuevamente su mano, tenerlo tan cerca, y tener una última oportunidad de dormir en su cama. Al menos, podría tener un poco de descanso.

La puerta a la habitación de Levi estaba abierta, así que pude ver su cama en la penumbra. Las sabanas estaban revueltas, como si se hubiera estado retorciendo, intentando dormir. Algo en mi corazón se encogió, sabiendo que no podía dormir porque yo no estaba a su lado. Era lo que había deseado, esperado, pero no podía ilusionarme. Todo lo que hice fue intentar esconder mi sonrisa, pero parece que no lo hice muy bien.

–Cállate–, dijo él, pero fue un suspiro ahogado, como si no tratara (o no quisiera) sonar enojado.

–No dije nada–, repuse. Levi sacudió la cabeza ligeramente, mientras se acostaba de su lado del lecho, sentado de rodillas y me observaba mientras yo me metía con cuidado a la cama. Sentí sus ojos sobre mi mientras estiraba las sabanas y las alisaba para cubrirme los hombros.

Eventualmente, Levi se acomodó a mi lado dejando que las sabanas sobre su cadera fueran lo único que lo cubrían. Lo miré a los ojos, su respiración, cada detalle, y me sentí atrapado. No podía apartar la mirada.

No, eso era mentira. No deseaba hacerlo.

–Hey…–, dijo, cuando se volvió a mirarme. Su voz me hizo dar un ligero respingo, pero me alegraba que el silencio se hubiera acabado. Podía oír sus latidos desde lejos, y tenía la mente perdida.

–Hola–, gemí, con la voz ahogada por las mantas. Quizás era debido a la oscuridad, pero me pareció ver la más ligera sonrisa en sus labios, antes de darse la vuelta y estirar un brazo.

–Ven aquí, estúpido–, me retó. No me importó, no después de dos años a su lado. Me retorcí bajo las sabanas y encontré sus brazos, rodeando su pecho con los míos. Sentí sus dedos revolver mis cabellos, y suspiré, con mi respiración contra su cuello. Cerré los ojos, apoyando la oreja contra su pecho, oyendo sus latidos mientras seguía revolviendo mis cabellos con sus dedos. Era la cosa más relajante que había sentido en la vida, y había olvidado cuanto me gustaba que me acariciaran.

Debía disfrutar el momento. Pronto, se terminaría.

–Eso está mejor–, dijo Levi en voz baja. Abrí los ojos ante los rumores que hizo su pecho al hablar, y le miré con curiosidad. Sus oscuros ojos ya estaban sobre mí, y sentí el corazón enloquecer cuando nuestras miradas se encontraron.

–¿Le-Levi…? – tartamudeé y temblé cuando una de sus manos se posó en mi cadera.

–¿Hn…? – repuso, todavía mirándome a los ojos.

Quería decirlo. Deseaba decirle todo: quiero quedarme. Quiero quedarme a tu lado; no me importa nada esta mierda del profesionalismo. Solo te quiero a ti. Si eso significa que debo renunciar y conseguir otro empleo mediocre en un McDonald, lo haré. Por favor, no quiero estar solo.

No me dejes solo. Por favor, déjame quedarme un poco más. Quiero estar aquí, entre tus brazos, un poco más. ¿Acaso es mucho pedir?

Sin embargo, no podía decirlo. Y, de poder hacerlo, sabia que era imposible. No podía estar con Levi, más que nada porque, seguramente, él no sentía lo mismo, y, aunque lo hiciera… aunque lo hiciera, yo sabía que así era lo mejor. No era como si yo pudiera renunciar. Fue un milagro conseguir el empleo, y no podía perderlo por un capricho.

Lo sabía. Pero eso no quería decir que fuera fácil.

Sentí una cálida mano contra la mejilla, la misma mano que minutos atrás había estado sobre mi cadera. No había roto el contacto visual, así que me sorprendió cuando cerró los ojos. Pensé que al fin se dormiría, pero tuve una mayor sorpresa.

Se inclinó hacia delante y apoyó sus labios en los míos con un movimiento vacilante, lento y delicado. Vacilaba, pero yo desconocía la razón. ¿Cuestionaba sus acciones, o si yo me escaparía?

No planeaba hacerlo, y lo puse en claro al avanzar un poco y agregando profundidad al beso. No pretendía ser pasional o lujurioso. De hecho, era lo contrario: me dolía mas que cualquier dolor físico que haya experimentado. Lo sentía volverse dolor real, estrujándome el corazón y los pulmones de la desesperación.

Lo deseaba. Lo deseaba tanto, que me dolía. No quería que esto terminara, pero sabía que así debía ser. Eventualmente, debía hacerlo.

Cuando se apartó, creí que estaba listo. Cuando abrió los ojos y me miró, me di cuenta de que me equivocaba al sentir una lagrima deslizarse por mi mejilla. No me molesté en limpiarla, pero me esforcé en mantener la compostura para no seguir llorando. Sus ojos siguieron el recorrido de la lagrima, y se inclinó para secarla con un beso. Alce los brazos para rodearle el cuello, con las manos aferradas a sus hombros y me costó no clavarle las unas y atraparlo para siempre.

–Debes descansar…–, susurró con suavidad contra mi oreja, donde la lagrima acabó su recorrido–. Debes dormir.

–No quiero–, lloré. No me importaba cuán infantil sonaba: no quería dormirme. Si éste era el último momento que me quedaba de esta vida, deseaba estar despierto todo el tiempo posible. Al diablo el trabajo, me aguantaría si, a cambio, podía hacerlo durar.

–Eren, lo sé. Lo sé–. Levi me atrajo más cerca, manteniendo mi cabeza contra su hombro. De esta manera, podía oír sus latidos y, por como me sostenía, sus brazos me rodeaban dándome seguridad y calor–. Yo tampoco lo deseo…

Dijo, con una voz tan baja y plana, que de no haber estado todo tan en silencio no lo habría oído.

O quizás fue cosa mía. Sentí los ojos ponérseme pesados por el sueño. Deseaba luchar con todas las fuerzas que me quedaban, pero sus brazos eran cálidos y seguros, y me quedé rendido.

No deseaba dormir, pero él no me dio michas opciones, ¿verdad?