A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 23 de 31
NdT: ¡Feliz navidad/hanuka/lo que celebren gente! Me disculpo por la tardanza y el prolongadísimo hiatus, pero no me quedó opción, debía estudiar. Además de que con los cambios de horarios de la pandemia en el trabajo no termino de acomodarme. Pero ya he terminado eso y espero este mes de enero terminar de traducir y publicar este fanfic.
23: La muerte es la frontera de lo desconocido
Otro día lluvioso. Creo que no llovía desde la visita de los abuelos. al principio me pareció una tomada de pelo astronómica, ya que pensaba que, a donde ellos fueran, llevaban el sol con ello, pero al poco tiempo lo descarté. Hanji vino y me encontró, diciendo que Levi deseaba verme. Gruñí con fuerza, pero, al ver la expresión de su rostro, me callé. Parecía atribulada.
–¿Pasa algo, Hanji? – pregunté, levantándome de mi sitio.
–No lo sé. Levi no parece estar bien– repuso, sacudiendo la cabeza, como intentando deshacerse de malos pensamientos–. Quizás solo sea cosa mía–, Recompuso su expresión adusta en una más alegre, la cual me agradaba más.
Cada vez que ella se veía infeliz, algo malo le seguía. No importaba qué, solo sucedía. Una vez, comentó sobre un caso que perdimos, y la máquina de hacer café dejó de funcionar. Fue el mismo día en que, sentada a mi lado, la compu de Petra puso la pantalla azul. Los otros eran escépticos, pero, a partir de ese día, yo estaba seguro de que, si ella estaba de alguna manera alterada, la mierda nos iba a caer encima.
No me podía sacar de encima esa sensación. Aunque ella me dijo que no le prestara atención, no era capaz. Mientras avanzaba hacia la oficina de Levi, medité al respecto. Me dijo que estaba raro, ¿se habría enfermado? ¿Estaría herido? Habían pasado dos semanas desde que volviera a mi casa, así que, ¿tal vez le habría sucedido algo en mi ausencia?
Suspiré. Me había puesto algo protector con Levi, a pesar de que ya no viviera con él. No buscaba ser así, pero no podía evitarlo. Era raro vivir sin el cálido aliento de otra persona en mi nuca. El latid de su corazón, su respiración relajada, y el simple rumor de alguien acurrucarse contra mí se habían transformado en una canción de cuna. Y como se me había vuelto costumbre ya no podía descansar tranquilo. Aunque ya habían pasado dos semanas, seguía extrañando la seguridad y comodidad de su compañía.
Volví a suspirar. Estaba hecho un desastre, no podía seguir mintiéndome con que no deseaba seguir a su lado, que volviera a abrazarme, aunque lo intentara. Debía parar con esto. Solo habían pasado dos semanas. Dos semanas de un simple acuerdo, eso era todo. Debía aclararme la cabeza, porque a él no le importaba yo…
Ni cómo me preocupara por él…
Me detuve a medio pasillo.
Aquí iba de nuevo. Pensando cosas prohibidas. Sacudí la cabeza, y me castigué dándome unas palmadas en las mejillas.
–Basta, basta, basta…– me dije contra la pared–. No es lo correcto… es mi jefe, yo su asistente, eso es todo…
Me lo repetí hasta llegar a su puerta. Estaba cerrada, como de costumbre, y llamé por la misma costumbre. Escuché su normal "pase", y obedecí.
Levi estaba sentado en el sofá de su oficina, con la cabeza colgando y la espalda inclinada. Cuando entré, irguió la cabeza un poco y me miró, bastante atribulado.
–¿Me llamó? – pregunté. Levi asintió, indicándome que me sentara a su lado. Obedecí, con timidez y apretándome las manos en el regazo.
Algo pasaba, eso era cierto. Primero, Levi no se sentaba de esa manera en el sofá. Parecía como si estuviera medio dormido y algo más, que no podía adivinar.
–Está pálido…– señalé–. Rivaille, ¿ha enfermado?
Había dejado de llamarlo por su apodo. A pesar de que me había dicho que podía seguir usándolo, pero ¿para qué mantener esa familiaridad? Ahora estaba intentando apartarme, así que volvía a vestir mi traje de empleado. No me agradaba, pero no me quedaba otra.
Los ojos de Levi se posaron en su regazo, sus dedos estaban apenas cruzados. Noté que le temblaban las manos. Debía estar enfermo.
–Eren–. Su voz sonó rota, cosa que no ignoré. Tragó con fuerza, y me fue imposible cuestionarme el motivo.
–¿Qué sucede? – repuse. Levi intentó erguir la cabeza, pero lo vi. Sus ojos estaban rojos y algo hinchados, y percibí el ligero rastro de lágrimas sobre sus mejillas y barbilla. Se fio cuenta que lo había descubierto por lo que apartó los ojos, en pos de conservar cierta dignidad, pero no lo iba a dejar librarse así nomás. Fruncí el ceño y me arrodillé delante de él, obligándolo a mirarme. Cuando lo hizo, vi algo que no había notado antes.
Vi la desesperación llenando las lágrimas secas de sus ojos negros. Estaba sufriendo.
–Levi… ¿Qué pasa? – pregunte, con voz baja y seria, mientras le ponía una mano sobre la rodilla. Al carajo el profesionalismo, si estaba enfermo, a la mierda. Necesitaba ayuda y yo se la daría. Levi apartó la mirada, rompiendo la silenciosa lucha de mirada que habíamos tenido, y tragó saliva sonoramente.
-Eren… yo…
Se calló, volviendo a apartar los ojos. Me di cuenta de que se había callado a media frase, pero no podía continuar con lo que deseaba decir. Por ese motivo, decidió tomar la posta.
–¿Qué pasa? Levi, por favor, dígamelo– le rogué, tan serio como podía, tomándole la mano. Su mano estaba fría, por lo cual la cubrir con la otra, temeroso del motivo. Me miró de soslayo y, cuando nuestras miradas se cruzaron, soltó un pesado suspiro.
–Eren…– comenzó a decir lentamente–… anoche falleció mi abuelo– dijo al fin.
No sé qué me golpeó primero. ¿La sorpresa o el shock? O quizás fueron la tristeza y el horror. No podía decirlo. Solo que mis ojos se abrieron como platos, el corazón se me detuvo y fue como si el mundo en derredor se desvaneciera.
Levo no dejó de mirarme ni por un milisegundo. Su mano me devolvió el apretón, pero era incapaz de sentirlo. Tenía el cuerpo atontado, y ni siquiera podía sentir mi respiración.
¿Era verdad? ¿Su abuelo de verdad… había muerto? Partido de este mundo, sin retorno. Nunca más escucharía su voz alegre. Nunca más vería su cálida sonrisa. Nunca más sentiría como me daba palmadas al hombro, agradeciéndome algún gesto para con su esposa. Y su esposa… ah, pobrecilla.
Ahora estaba totalmente sola. Casada durante sesenta o setenta años, enamorada por tanto tiempo… y ahora estaba sola.
¿Cómo era posible? ¿Por qué él? ¿Por qué debía morir? Su cuerpo habrá estado anciano, pero su espíritu era muy joven. Junto a su esposa había criado a Levi. ¿Qué había hecho para merecer la muerte? No hallaba sentido a nada de ello.
–Eren–. La mano libre de Levi se estiró para tocarme el rostro, su pulgar acariciándome bajo los ojos– ¿Por qué lloras? –, preguntó. Mis ojos se abrieron por la sorpresa, pero fue entonces que me di cuenta de que estaba llorando. Ni bien pasó, me hice añicos.
Dejé caer la cabeza sobre el hombro de Levi y lloré, casi histérico. Lloré y lloré, hasta que la garganta se me secó y los ojos se me hincharon tanto que casi no podía ver. Las lágrimas que cayeron eran grandes y pesadas, imparables. No podía respirar ni ver. Me dolía el pecho, la cabeza, y tenía la garganta desgarrada.
–Eren, no llores– susurró Levi, atrayéndome. Una mano se posó sobre mi nuca, la otra en mi espalda, haciendo círculos, esperando aliviarme–. La abuela me dijo que ella despertó, pero él no. Murió durmiendo, Eren. No sintió nada–, me aseguró, con voz quieta.
–¡N-no es el problema! – resollé. Levi se quedó callado un momento, antes de suspirar y apoyar su cabeza contra la mía.
–Entonces, ¿qué? – dijo. Yo lloraba con tal intensidad que no estaba seguro de haberlo escuchado, aunque noté el temblor de su voz. ¿Lo había mal interpretado? Eso también me hizo cuestionarme el que él no estuviera llorando. ¿Por qué no lo hacía, y con más fuerza que yo?
–Se fue… Levi, se ha ido…
Fue todo lo que pude decir. Era incapaz de detener mi llanto. A pesar de que así fuera, no me daba consuelo. El abuelo se había ido, y eso era la verdad.
–¿Piensas que no lo sé? – preguntó con amargura. Sacudí la cabeza, era lo único que podía hacer. No podía responder sin sonar como un gato ahorcado, y tampoco quería hablar. Solo quería cavar un pozo y morir allí mismo–. Deja de llorar, mocoso– gruñó Levi.
Volví a sacudir la cabeza y prender de la espalda de Levi con las manos. Hundí los dedos en su chaqueta, arrugándola y desarreglándola mientras presionaba la cara contra su cuello. Mis lagrimas seguramente habían empapado su planchada e inmaculada camilla, pero, para esa altura, no me importaba. Lloré otro rato, hasta que comencé a ahogarme. Era incapaz de respirar a pesar de que lo intentara. En este, punto, Levi ya había tenido suficiente.
–Eren– dijo, empujándome de los hombros. Se apartó y me miró a la cara, con los ojos clavándole cuchillas y apretándome con fuerza los brazos–. Debes calmarte y respirar. Si no, te enfermaras– ordenó.
Ah, ¿por qué dijo eso? Ahora, quería llorar por otro motivo, y era porque, de alguna manera, me demostraba que le importaba. Eso me provocó más lágrimas, pero le obedecí. A través de mis agonizantes sollozos, intente relajar mi respiración errática y cerrar los ojos, con la esperanza de calmar mi corazón. Mientras lo hacía, era consciente de la mirada de Levi. Era más difícil cuando me vigilaba, pero logré respirar con cierta coherencia.
–Bien–, Levi me acarició la mejilla mientras lo murmuraba.
–Levi–. Decir su nombre me causaba más lágrimas, pero él las limpió y me atrajo a su lado. Apoyó su frente contra la mía y cerró los ojos, haciéndome imposible saber qué pensaba.
–Ya deja de llorar. No tiene sentido– susurró. No comprendí bien a que se refería, porque mi llanto tenia mucho sentido. Su bisabuelo, un hombre que había vivido más de un siglo, había muerto mientras dormía. Eso debía afectarlo de alguna manera.
–N-no puedo– dejé caer la cabeza sobre su hombro y lo abracé mas fuerte, esperando palabras de alivio que no llegaron. Levi suspiró con fastidio y se apartó, dejándome la cabeza colgando sin apoyo.
–Eren, ¿trabajarás así? – me preguntó. No lo pensé. Sacudí la cabeza, sabiendo que estaba arruinado para el resto del día y quizás la semana. Levi asintió lentamente, como si estuviera de acuerdo conmigo–. Muy bien.
Se puso de pie y me ayudó a pararme sobre mis temblorosas piernas.
Sus manos me soltaron, pero solo para buscar la mía y entrelazar sus dedos con los míos, suavemente. Me frote las mejillas, intentando limpiar el desastre que era, aunque sabía que no servía de nada.
–Vamos Eren, vamos a casa– me dijo, sacándome de la oficina. No era mi intención hacer mi retirada de la oficina una molestia para los demás, pero ir a casa sonaba muy bien.
Casa…
Había estado luchando con pensar en Levi como mi verdadero hogar, pero ya no podía. Levi era mi casa.
Regresar a la pequeña oficina con mis pintas fue humillante, y más aun con Levi tomándome de la mano como si fuera un niño, pero debía recoger mis cosas. Lo hice rápido y, para mi fortuna, Petra se había ido a almorzar con Erwin, y a Aurou yo le importaba un comino. Aproveché la oportunidad, y me marché lo más rápido que pude con Levi, quien se aseguró de mantenerme a su lado e incluso se ocupó de abrocharme el cinturón en su coche, antes de subirse y ponerse al volante. No dijimos palabra, pero el silencio era reconfortante.
Para esta altura ya me había relajado, apoyando la cara en el cristal mientras me veía la lluvia caer. Apenas podía ver mi reflejo y, hombre, me veía para el culo. Tenía los ojos hinchados, la nariz roja tomate por el llanto, y así el resto. Tenía toda la cara colorada, haciéndome ver como si tuviera una terrible fiebre. Aunque eso no se comparaba a como me sentía: una mezcla de sentirse para la mierda que era inquietante.
En el pasado era mi pan de cada día, y no me explicó como logre sobrellevarlo. En verdad lo odiaba.
–¿Quieres algo de comer antes de ir a casa? – dijo Levi. Alcé un poco la cabeza para mirarlo, pero solo vi sus manos sobre el volante y un poco de su rostro–. Acostumbro a salir a correr cuando me cae la mierda encima, pero hoy es imposible. Aparte, todavía eres un crio, por lo que creo que un poco de comida chatarra seria tu preferencia– señaló.
Mis ojos revisaron el exterior, buscando algún sitio de comida cercano, pero en realidad me importaba un comino. Mi costumbre era comer cuando estaba angustiado, como cualquier chico, pero no tenia ganas de comer. La comida no iba a reemplazar lo que había perdido.
–¿Eren…?
Levo inclinó la cabeza hacia mí, haciendo que respondiera.
–… Su-supongo…
Sonaba deshecho, cosa que no debería haberme sorprendido.
–Entonces, ¿qué? – me preguntó. Supongo que podría haber meditado algún plato (de haber tenido ganas de comer) un poco mas antes de responderle, pero fue demasiado tarde. Señale al fast food más cercano, y Levi asintió antes de entrar al automac. Levi hizo el pedido por mí. Era evidente que sabia que era incapaz de responder o decidir por mi mismo, y no me molestó: era la verdad.
Después de recibir la comida, Levi condujo directo a casa. Mantuve la cabeza contra el cristal, yendo y viniendo de la realidad, hasta que Levi me toco la mano. Estaba helada, lo que me hizo dar un respingo. Le miré, y luego a la mano sobre la mía.
–Perdona– susurró–. No me había dado cuenta de que dormías.
–No pasa nada…– ¿Ésa era mi voz? Imposible.
–Ya llegamos, anda– dijo él, soltando su cinturón. Me ayudó a bajar, llevando la bolsa de comida y pasándome las bebidas. Caminamos hacia el edificio, subimos al ascensor, salimos y me pareció que lo estaba llevando bastante bien.
Sin embargo, cuando entre no fue así.
Hacia dos semanas que no venia a ese lugar, pero los aromas, de él y de la casa fueron demasiado. Había extrañado todo, y que de repente todo regresara me dio de lleno. Mientras Levi cruzaba el salón, me quede detrás. Las piernas cedieron a mi dolor, y caí al suelo con un sonoro golpe.
–¡Eren…!
Levi llego rápido a mi lado, cogiendo y haciendo a un lado las bebidas que casi derramo, antes de tomarme de los hombros y obviarme a alzar la cabeza.
– Carajo Eren, ¿qué te pasa? – preguntó. Sentí nuevas lágrimas en mis ojos al mirar en los suyos, y agaché la cabeza.
–Levi…– suspiré antes de ponerme a llorar sobre su hombro. Levi se quedó quieto un momento, y temí haberlo importunado de alguna manera. Pero él al fin suspiró y me rodeó con los brazos, abrazándome con fuerza.
–No me asustes así, mocoso–me dijo contra el oído.
–Pe-perdón…– mascullé sobre su empapada camisa. Levi se puso de pie, alargó la mano y la tomé, dándome firmeza en mis débiles piernas. La bebida fue abandonada mientras me llevaba al living, y me senté a su lado, en el sofá. Puso la bolsa de comida sobre la mesita de café antes de darse la vuelta sobre el sofá y atraerme hacia él.
Con un suspiro, dejé caer la cabeza sobre su hombro, mientras las lágrimas, lentamente, cedían. Enrede los dedos en su camisa, y sus brazos me rodearon. Me sentí a salvo y contento entre sus brazos, pero no olvidaba que había costado perder a un familiar conseguirlo.
–Levi, gracias…– susurré.
–Mmmm– repuso él contra mi cabeza–. Gracias a ti también.
–¿Por qué me agradeces? – repliqué, mirándolo.
–Solo porque sí…
Tuve la sensación de que no me iba a responder más que eso, así que me conformé y volví a acomodarme sobre su hombro.
–Supongo que también para ti–dije. Levi rio por lo bajo, antes de buscar el control remoto y encender la tele. Deseaba gemir y pedir ver caricaturas, pero no iba a imponerme: era la casa de Levi, no la mía.
Si tan sólo no hubiera puesto las noticias. No necesitaba saber sobre bombardeos recientes, o crisis económicas. Precisaba algo que me nublara la mente… bueno, no me quedaba otra.
Me dormí en minutos. La catarata sinsentido de las noticias era como volver a la escuela, algo que nunca esperaba repetir, por lo cual quedé fuera de combate en tiempo récord.
Me desperté poco después. Quizás habían sido unas horas, ya que el sol se había puesto. La tele seguía encendida, pero me desperté lo suficiente como para darme cuenta de que Levi me había acomodado, cubierto con una manta y salido del cuarto. Estaba tan agotado que me quede en un extraño estado por un rato, entre el sueño y la vigilia. No era algo desconocido para mí, me recordaba a cuando iba a la escuela e intentaba con todas mis fuerzas permanecer despierto. La cabeza me daría vueltas, mientras intentaba mantenerme consciente, pero no solo lo lograría ante el llamado de atención de la maestra o el sonido de la campana.
Así era como me sentía.
Lo que me hizo volver completamente a la realidad fue el sonido del control caerse del sofá. La cabeza se me irguió al instante por la sorpresa, pero, al darme cuenta del motivo, suspiré. Volví a acomodarla, pero era tarde: me había despertado, con la sensación de que me duraría. Era como cuando me despertaba a eso de las siete de la mañana y volvía a caerme dormido. Detestaba esas ocasiones.
Sin embargo, decidí aguantarlo. Me distraje meditando sobre dónde se encontraría Levi. Recordé, vagamente, cuando me acomodó, pero eso debió haber sido entre minutos u horas atrás. Solo Dios sabría cuánto en realidad.
Quizás, Levi se había ido a acostar. O salió a buscar algo para comer. Y solo había una manera de saberlo.
Me senté derecho en el sofá, arrastrando conmigo la manta mientras recorría los pasillos. Estaba un poco frio, y mi cuerpo extrañaba el calor de Levi. Si se había ido a acostar, esperaba que no le molestara que me acostara a su lado. No deseaba estar solo, y me era incomprensible que él pudiera estarlo.
Así que lo primero que mire fue su cuarto. No hubo suerte. La cama no había sido tocada desde la mañana… o ayer por la mañana… no tenia idea de que hora era.
Entonces, fui a la cocina, el comedor, y el cuarto de invitados. Tampoco lo encontré, lo cual me hizo cuestionarme sobre su paradero. No se había ido, ¿verdad? Quizás… ¿había salido a hacer algún mandado? Me quedaba tan sólo un sitio donde mirar, el baño. De tener que escoger uno, debía ser el que estaba conectado a su habitación, cosa que debí revisar antes. Pero estaba cansado, lo cual justificaba que no tuviera la mente en claro.
Volví al cuarto de Levi, arrastrando la manta mientras entraba al baño. La puerta estaba entreabierta, y la luz encendida, indicándome que estaba allí. Sabía que debía dejarlo solo con sus asuntos, pero algo me dijo que no lo hiciera.
Otra vez esa sensación. Esa sensación extraña, pero no me decía que huyera, sino que mirara dentro. El miedo estaba presente. No deseaba hacerlo. ¿Qué habría tras esa puerta, que me producía semejante sensación?
Dejé caer la mata y tragué con fuerza, antes de empujar la puerta.
Lo primero que vi fue una luz brillante, ya que las del baño eran imposiblemente brillantes. Cuando los ojos se me acostumbraron, miré al suelo.
Levi yacía allí, con las rodillas contra el pecho y el rostro escondido detrás de ellas…
Mis ojos, lentamente, se fijaron en el frasco de pastillas a sus pies, vacío.
