A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 24 de 31
24: Si algo te pasara
Nunca antes me había oído gritar tan fuerte. Nunca antes sentí que el mundo se detuviera, mientras yo marchaba a la velocidad de la luz. Nunca antes experimenté semejante terror, ni siquiera cuando papá me pegaba.
Nunca antes me sentí así.
–¡No…!
Caí de rodillas, y atrapé a Levi con mis brazos, su cuerpo estuvo un momento inerte, hasta que reaccionó. Se retorció débilmente, pero lo sostuve con fuerza.
No iba a soltarlo.
–E-Eren, ¿qué-?
–Mierda Levi, ¡no hagas esto! – le corté antes que prosiguiera. Me aparté para mirarlo, para ver si estaba desorientado o descompuesto. Debía asegurarme de que estaba lo suficientemente consciente como para hablar.
–¿Qué cosa? Eren yo-
–¡Te llevaré al hospital! ¡Vamos a ir, y te van a ayudar! ¡Sólo no hagas esto!
–¿De qué mierda hablas? – me gruñó, apartándome. Di de culo contra el duro suelo, y yo intenté volver a rodearlo con los brazos, a la seguridad donde podría cuidarlo, pero Levi me volvió a empujar contra la tina.
–¡No lo hagas, Levi! Sé que ha fallecido, pero tu abuelo no querría que te mataras así! Y -y si lo haces, ¡vas a dejar sola a la abuela! ¡No puedes hacerle eso! –lloré. Sentí mi voz ahogarse por el dolor de gritar y llorar tanto, pero me era inevitable.
¿Cómo, cuándo tenía tanto miedo?
–Lo repito: ¡quiero una respuesta concreta! ¿De qué mierda hablas? – me preguntó, volviendo a apartarme cuando intentaba abrazarlo. Enojado, cogí el frasco de pastillas que estaba a sus pies y prácticamente se lo tiré a la cara. Logró atraparlo con sus manos temblorosas, pero no tuvo oportunidad de mirarlo cuando comencé´ a gritarle otra vez.
–¡Hablo de esto! – chillé, y sus ojos grises se abrieron como platos–. Mierda, ¡si no vas al hospital por las buenas, llamo a la policía para que te lleve! ¡No voy a dejar que te hagas esto!
Levi miró el frasco con expresión vacía unos momentos, totalmente quieto. Por una fracción de segundos, pensé que las pastillas le estaban haciendo efecto, provocándole pérdida la consciencia, pero, al cabo de unos segundos, suspiró con evidente fastidio.
–Mocoso de mierda… ¿pensás que soy tan idiota? – me gritó de repente. Retrocedí ante el insulto, con el corazón encogido en el pecho. No era la primera vez que me insultaba en estos dos años de conocerlo, pero, esta vez, parecía que lo decía en serio–. Estoy molesto, ¡pero no suicida! Vine acá a buscar un calmante para la puta migraña que tengo desde la mañana, ¡pero el frasco ya estaba vacío!
–¡Levi, no me mientas! – le advertí con voz quebrada.
–¡No lo hago! ¡No soy un estúpido adolescente que hace esas cagadas! Además, si lo hiciera, ¿lo haría contigo presente? ¿Por qué te endilgaría ese marrón?
Me volvió a tirar el frasco, y me dio en el hombro antes de que lo recogiera de manera patética. Mire la etiqueta, leyéndola con una mirada tan vacía como la suya. Volví a mirarlo, con una lagrima al fin cayendo de mi ojo.
Levi suspiró, su enojo se disipó en el aire. Ahora, solo parecía fastidiado, como de costumbre, cosa que me alegró. Eso quería decir que estaba bien, y nada me alegraba más que saber eso.
–Estoy bien, Eren. Ya puedes dejar de preocuparte, ya que no hay nada por lo que hacerlo– me aseguró con voz suave. Puse el frasco a mi lado, intentando relajar mis atribulados nervios. Solté un ruido, mezcla de gemido y suspiro, que indicaba a Levi que prosiguiera. Me tocó la mejilla y secó la lagrima que aun la empapaba. Sonreí con suavidad.
–Gracias– dije, mirándolo a los ojos. Él asintió y se sentó en el suelo.
–Gracias por preocuparte por mi…– dijo. Mi sonrisa se ensanchó, pero aún estaba demasiado agitado como para ser sincera–. Vamos, Eren. Volvamos a la cama– me sugirió. Asentí, la idea de un verdadero descanso era agradable.
–¿Estarás bien? – pregunté, con la voz evidentemente temblorosa, haciéndome sonar patético.
–Claro que sí, te dije que no tomé nada– respondió mientras me empujaba al cuarto, casi haciéndome tropezar con la manta que había dejado caer anteriormente. Levi la desenredó y la estiró sobre la cama que aún no había sido usada.
–S-si te duele tanto la cabeza, puedo ir a buscarte algo– insistí mientras me acercaba.
–No– Levi dejó de hacer la cama y me miró por encima del hombro. Puede que haya sido la paranoia por la falta de descanso (ya que no había dormido bien desde que se fueron los abuelos), pero sonó algo molesto. ¿Acaso había dicho algo que lo molestara?
–¿Seguro? No sería un problema.
–Lo estoy– su voz se volvió más gruesa mientras apartaba los cobertores para sentarse en el borde de la cama.
–Levi– dije suavemente.
–¿Qué pasa? –. Miraba al suelo, y no o, más bien, no podía mirarme. Me senté a su lado, buscando su mirada, pero no me miró, ni cuando le toqué la mano.
–¿Acaso… hice, o dije algo malo? – pregunté, vacilante. Había algo que me decía que me callara, y tal vez debí hacerle caso, pero no quería ver a Levi sufrir.
–Claro que no– dijo, apartando la mano abruptamente. Se puso de pie, como si fuera a salir de la habitación, pero lo tomé con firmeza de la muñeca.
–Claro que sí, de lo contrario me mirarías–. Levi al fin me miró de soslayo, pero sus ojos lanzaban rayos a la mano que no le soltaba. Seguía sin enfrentar mi mirada–. No puedes, Levi. Intento ayudarte, pero no puedo si no sé qué es lo que debo hacer.
–No hay nada que puedas hacer, Eren. Ahora, ¿te importaría dejarme-?
–Levi– le interrumpí, atrayendo su brazo a mí–, sólo quiero ayudarte.
–Basta, Eren– dijo con tal dureza que me asustó un poco, o quizás fue el sacudiendo el brazo.
–Levi-
–No es algo que hayas hecho, así que para.
–Bueno, es evidente que sí, o no estarías tan molesto– repetí, y me puse de pie, a su lado.
–Lo es, pero-
–Si así es, ¿por qué lo niegas?
–¡Ya deja de interrumpirme, mierda! – me gritó, empujándome por los hombros. Trastabillé hacia atrás, pero recuperé el equilibrio a tiempo. Sabía que Levi se había percatado de su accionar y por ello no estaba con el culo contra el suelo. Podría haberme tumbado con sencillez, pero no lo hizo, porque temía por mi bienestar. Sin embargo, no me molestaba que me hubiera empujado.
Estaba cansado de ser abusado, ya sea física o verbalmente, y no iba a dejar que alguien tan valioso como Levi también lo hiciera.
–¡Dime que pasa, entonces! – lo empujé también, pero con más fuerza. Alguien como Levi no caía con facilidad, y sólo logré quitarle un poco de aliento, apenas si tuvo que mantener la postura, pero sí que lo hizo enojar.
–¿Por qué simplemente no lo olvidas? – dijo, furibundo– ¿Por qué no me dejas solo, simulando que no pasa nada?
–¡Porque no estás bien! ¡No puedo quedarme viendo como sufres por dentro!
–¡El resto del mundo lo ha hecho por años! ¿Por qué eres diferente? –. Otro empujón, pero estaba vez estaba listo, cosa que fue buena. Ese empujón traía mucha más fuerza. Lo tomé de las manos, apartándolas.
–¡Porque me importas! Me molesto en preocuparme por un conchudo como tú! – sentí que la garganta me dolía por todo ese griterío, pero no había terminado. No iba a hacerlo hasta hacer entender mi punto, sea cual fuera.
–¿Así actúas cuando tu hermana, o tu amigo el rubiecito, están sufriendo? ¿Por quién más lo haces? ¿Lo harías por mi abuela?
–Si algo le pasara a tu abuela, sería malo. ¡Si algo te pasara a ti-!
Me callé.
Sentí como si la tensión en el cuarto se hubiera disipado. Se había silenciado todo, salvo nosotros. Resollaba de tantos gritos, y la cabeza me dolía con la peor migraña que recordara. Tenía los puños tan apretados que las uñas se me clavaban en las palmas, y los músculos dolían por el esfuerzo. Levi parecía estar en la misma condición, aunque parecía sorprendido. Al menos, eso me parecía desde mi punto de vista, sus ojos nunca habían estado tan abiertos.
–Eren…
Su voz era baja, aunque un poco rasposa, y lo entendía. Miré al suelo, a mis pies y piernas que parecían temblar. Ahora que lo pensaba, temblaba por completo.
–Eren–, volvió a decir. Le miré sin mover la cabeza, y seguía viéndose tan sorprendido como antes.
–Si algo te pasara…– intenté volver a decir, pero fue apenas un murmullo. No pude proseguir, no así. No quería pensar en qué seria si algo le pasara a Levi. Si algo le ocurriera, no sabría qué hacer. ¿Lloraría, o me quedaría paralizado, como cuando murió mi madre?
¿Por qué lo pensaba? No quería hacerlo, ahora ni nunca. No deseaba ver a Levi herido, y de ser así…
–Si… si algo pasara…–. Sentí las lágrimas ardes detrás de los ojos, y el estómago hacérseme un nudo. Alcé las manos para ponerlas sobre el pecho de Levi, esperando algo, lo que fuera. No sabía qué, pero era algo importante.
Pronto, tuve mi respuesta.
La mano de Levi ascendió y me tocó la mejilla. Mantuve los ojos bajos, pero sentí la presión de su mano obligándome a alzar la cabeza. Obedecí, y me encontré con los ojos más expresivos que haya visto a Levi. No pude identificar la causa, porque los cerró y pronto, sus labios estaban sobre los míos.
No vacilé, ni un segundo. Le rodee la cintura con los brazos, atrayéndolo y provocándole un gruñido mientras respondía el beso. Un gemido ahogado se me escapó mientras lo empujaba hacia delante, y la otra mano de Levi iba a mi hombro, envolviéndome con sus brazos. No me quejaba al respecto.
Sentí un ligero tirón de cabellos. No fue doloroso: era que me acercara más, y lo hice. Mis manos se apretaron alrededor de Levi, y, a veces, me pregunté cómo no lo lastimaba. Era mucho más pequeño que yo, más delgado a pesar de sus músculos, y me preocupaba el partirlo a la mitad. Sin embargo, no parecía sentir molestia alguna, más bien parecía disfrutarlo.
Otro tirón de cabellos, pero estaba vez Levi lo acompañó con un empujón hacia delante. Le seguí, sin molestarme en cortar el beso. Levi si, para que yo pudiera acomodarme sobre la cama. Resoplé, mirándolo en silencio cuestionadoramente. Su respuesta era evidente, hasta alguien como yo la entendió.
Levi se subió a la cama, con las rodillas rodeándome las caderas y cintura. Mantuve los brazos abiertos para él, mientras rápidamente se inclinaba para darme otro beso. El momento que lo volví a sentir entre mis brazos, fue como volver a estar a salvo. Me sentía feliz, tanto que más lagrimas salieron de mis ojos. Levi las vio y se sentó el tiempo suficiente para secarlas. Le sonreí con suavidad y me incliné en busca de otro beso. No me decepcionó.
Casi había olvidado lo suave y cálido que eran los labios de Levi, a pesar de todas las palabrotas que salían de su boca. Eran insistentes, inquietos y tediosos mientras me obligaban a abrir los míos. Sentí su lengua acariciarme el labio inferior, y yo gruñí mientras la mía se asomaba para encontrarse con la suya.
Nunca creí que alguien como Levi pudiera comunicar tanto con un beso. Era apasionado, pero había más, mucho más, tanto que creía que me ahogaba. Le importaba, ¿verdad? De verdad lo hacía. No estaría haciendo esto si no lo hiciera, pero no podía estar seguro.
No me ensimisme mucho en eso. Sentí los pulmones sin aire, y no me quedo opción más que apartarme para respirar. Resoplé, observando a Levi un momento. Fue breve: pronto su pecho estaba contra el mío, y pude sentir su corazón palpitar contra mí.
–Levi– suspiré, sin aliento. Sus manos me cubrieron las mejillas, y sus labios estaban sobre los míos, como si intentara chuparme la energía mientras las lenguas bailaban. Nuevamente, le rodeé los hombros con los brazos, clavando las uñas en su chaqueta. Tire de cuello, intentando sacar un brazo, algo que resultó ser más difícil de lo necesario debido a la postura. Pero quería quitársela. Necesitaba sentir su piel contra la mía, y que fuera ahora, antes de que sintiera morir de la ansiedad.
Al fin su brazo se liberó de la ofensiva prenda, y resto también. Todo salió, y mis dedos se aferraron a los botones de la camisa, para quitarla. Logre desabrochar los primeros antes de que mis manos tirasen del material, rasguñándole el pecho con las uñas.
–Eren…– gruñó Levi contra mis labios. Prácticamente me regodeé con el sonido: haría lo que fuera, si eso implicaba que volvería a oírlo pronunciar mi nombre de esa manera. Estaba cansado de este juego, si es lo que seguía siendo. Lo deseaba, y estaba cansado de mentirme cuando sabía que era así.
Presioné mis labios contra los suyos, pero fue para poder ir a su cuello. Le chupé justo debajo de la orea, y el más ligero gemido escapó de sus labios, seguido por su cuerpo retorciéndose contra el mío, creando fricción entre nuestras caderas.
A lo cual respondí con un gemido.
–E-eren– resopló Levi contra mi oreja. Suavemente, descendí rasgándole la nuca, y él resopló ante la caricia. Al fin solté el lugar que estaba chupando, para admirar en la penumbra el moretón que le había dejado. Me moví al lóbulo de su oreja y lo chupé, y sus manos se cerraron alrededor mío–. C-carajo, basta, Eren– dijo, poniéndose de pie de repente.
Le observé con las mejillas enrojecidas y la boca abierta, mientras iba al borde de la cama y se tendía encima. Resollaba, con el cuerpo apenas tembloroso. Me senté derecho mientras comenzaba a desabrocharse la camisa, con los ojos bajos, sin mirarme.
–¿Levi…? – dije, mientras me le acercaba–¿Qué pasa?
–Perdona– dijo Levi, con un ligerísimo temblor en la voz–Pe-perdona, pero… debemos parar…
–Estoy muy confundido, Levi–repuse.
–¿Por qué...? – me preguntó, irguiéndose. Le observé ir y venir un momento, esperando descubrir que era lo que lo hacía actuar de aquella manera.
–N-no entiendo qué está pasando. Un minuto me gritas, al siguiente…– sentí las mejillas ruborizarse ligeramente ante la idea de lo que acababa de pasar–. Es como si dieras señales confusas. Ya no sé qué quieres de mí.
–Maldita sea- gruñó Levi, deteniéndose.
–Bien– dije, y me paré–. Me voy a casa.
–No, Eren, no te vayas– dijo, tomándome del brazo.
–¡A esto me refiero! – silbé– ¡Actúas como si me desearas, y luego no!
–¡Te deseo, Eren! – me tomó del otro brazo y me atrajo hacia él–. Te deseo más de lo que puedes creer, pero…
–¿Pero qué? ¿Qué te detiene? –. Intenté retroceder, pero Levi me sostenía firmemente– ¿Es porque hay otra persona o algo?
–¡Claro que no! – exclamó. Hizo una pausa, tomando aire para calmarse.
–Por favor, dímelo, Levi, quiero estar contigo, pero…
¿Y si había otra persona? ¿Y si amaba a otro? ¿Y si todavía tenia sentimientos por Petra? Tenia celos, obvio, y me lastimaría si era así.
–Eren…– su agarre se aflojó, sus manos se deslizaron por mis brazos hasta que solo me sostuvo las manos–. Te deseo, pero… mi bisabuelo acaba de fallecer…
Incliné la cabeza, esperando que se explicara más después de su pausa.
–¿Qué tiene que ver el abuelo con esto? – repliqué, esperando respuesta.
–Los dos estamos alterados. Estamos de duelo, y sé cómo funciona la cosa. Los dos buscamos consuelo, y justo estamos juntos...–. apartó la mirada, como si buscara las palabras correctas, pero entendí a que se refería. No era tan idiota.
–Lev, estoy alterado, pero eso no tiene nada que ver con lo que siento por ti– dije con aplomo: quería que mi punto quedase claro– ¿Por qué crees que lo hice? A menos que tú así lo sientas…
–Eren, ya te dije que te deseo, pero no se sabe qué puede pasar. Si lo hacemos, y mañana nos despertamos sintiendo diferentes, entonces-
–¡No habría diferencia! –le interrumpí.
–Nunca se sabe, Eren. Quizás, yo me sienta distinto. No creo que pase, pero nunca se sabe– suspiró Levi, y le puse una mano en su mejilla. Al fin me miró a los ojos, y noté la confusión escrita en su mirada.
–¿No estás seguro de tus sentimientos?
–No, Eren, no es eso–. Me sonrió con amargura–. Es que… quiero esperar un poco.
–¿Cuánto es "un poco"? –. Aunque seguía molesto por lo que decía, también estaba feliz. Me deseaba de verdad. Le importaba, al fin lo había admitido, así como yo.
–Lo que nos lleve sanar– dijo, encogiéndose de hombros. Apartó la mirada, con otra sonrisa amarga acompañada por una risa triste. Pero yo le tiré del brazo y le hice volver a mirarme. Mis dedos acariciaron sus prominentes mejillas, mientras él siguió hablando.
–Mierda, quizás nos levantemos y todo esté bien. Solo que no quiero apurar las cosas– sus manos apretaron las mías.
–Es que… si mañana te despiertas y te marchas…– suspiró Levi–. Eren, no puedo perder a nadie más. No sé qué haría de perderte a ti también…
Debería haber sido mas comprensivo, pero no pude evitar sonreír. No pase desapercibido, y Levi frunció el ceño.
–¿De qué mierda te ríes?
Ah, el típico Levi había vuelto. Con eso, mi corazón volaba.
–Me sorprende que pienses eso– dije. Apoyé mi frente contra la suya, y Levi cerró los ojos en lo que solo podía identificar como contento– ¿Qué te hace pensar que me iría, en primer lugar?
–No lo sé…– dijo, suspirando. Me reí antes de besarle los labios, pero no con la intención de empezar algo.
Él quería esperar, así que lo respetaría. Eso sólo significaba que le importaba, y yo estaba de acuerdo con esperar lo que fuera necesario. Mientras estuviera a su lado, yo era feliz.
Si tuviera que contar todas las mañanas que desperté de relativo buen humor, esta seria la primera en la lista. ¿Quién no despertaría contento, cuando eres bañado de luz y besos contra las mejillas, cuello, y cualquier lugar menos los labios?
Rei como colegiala hiperglucémica mientras me daba la vuelta. Juguetonamente, le di una palmada l brazo de Levi que me rodeaba la cintura, y creo que lo oír también reír. Aunque me parece que era yo, algo grogui.
–Buen día– dije, ahogando un bostezo.
–Te apesta el aliento, Jaeger– respondió él, pero con cierto tono divertido. Era evidente que tenía mal aliento por la mañana, eso no era nada nuevo.
–Estás de buen humor– señalé, tocándole el pecho desnudo.
–Por una vez, creo que coincido contigo– dijo Levi, volviendo a besarme la frente. estaba consciente que estaba colorado como tomate, pero no me importaba–. Y tú también– susurró contra mi piel.
–Lo estoy– coincidí. Levi retrocedió, y su mirada se encontró con la mía. Le sonreí antes de estirarme para rodearle los hombros con los brazos y atraerlo para un beso. fue algo tan dulce que sentí que me temblaba el cuerpo, y la piel me siguió de gallina cuando Levi se apartó y me pasó los dedos por los cabellos– ¿Puedo serte honesto sobre una cosa?
–Depende de qué sea–respondió, encogiéndose de hombros.
–Que sonrías tanto es un poco inquietante– admití, sonriendo con malicia.
–Pues discúlpame. Supongo que es un delito estar contento por una vez en la vida– dijo, girando los ojos.
–Es un crimen cuando eres tan sexy. Tienes una bonita sonrisa–. Incliné la cabeza a un lado, esperando que mis motivos fueran evidentes. Levi giró los ojos otra vez, con una sonrisa divertida.
–Estás calenturiento– dijo secamente.
–¿De verdad me puedes culpar?
–No, no en verdad, y no puedo decir o contrario, ya que reconozco algo bueno cuando lo veo– me dijo, sentándose al fin. Me miró y a mi pecho desnudo con tal mirada seductora, que sentí la piel erizárseme por el deseo–. De verdad es algo bueno.
–Ca-calla– aparté la mirada, tartamudeando. Levi rio dentro de la garganta antes de recoger las mantas y sentarse.
–Voy al baño– anuncio. Le observé caminar, y podría jurar que tenía un contoneo extra en la cadera. No lo hacía a propósito, ¿verdad?
–Levi, ¿tienes hambre? – le pregunté– ¡Puedo hacer el desayuno!
–No sabes cocinar– dijo, asomando la cabeza del baño.
–Puedo hacer unos huevos revueltos y tostadas. Además, aprendí mucho de tu abuela. Estoy seguro de que ahora puedo desafiarla– le guiñé el ojo, mientras me levantaba para recoger la camisa, y Levi me giró los ojos.
–Seamos honestos, Eren. Aunque fueras el mejor cocinero, nadie puede desafiarla. Siempre va a ganar ella.
–Bueno, tienes razón en eso– dije, antes de entrar en la cocina. Tarareé para mis interiores, contento sin una preocupación en el mundo, mientras sacaba las cosas que necesitaría. Mientras me ordenaba, mi celular comenzó a vibrarme en el bolsillo. Suspiré mientras lo sacaba, pero se me heló la sangre al ver el nombre de quien llamaba.
"Carajo", maldije. Toqué el botón verde y me lo llevé al oído– ¿… hola?
–¡Eren…!–. Me encogí ante su tono de voz tan fuerte por la mañana–. Carajo, ¡he estado tratando de contactarte desde ayer! ¿Dónde diablos estabas? Llamé a tu trabajo una hora después de que se suponía estarías de regreso, para enterarme de que saliste tres horas antes, ¡y nadie sabia donde estabas! ¿Por qué no me llamaste, Eren? ¿Por qué no te molestaste en decirme a donde esta-?
–Mikasa, ¡calmate! – le dije.
–¡No, no me voy a callar! Desde que comenzaste esta "actuación" con Levi, has estado completamente ausente de la casa,
–Lo sé, pero-
–¡Y ni me das una razón! ¡Ni me dices donde estas o qué haces! ¡Al menos podrías haberme dicho que estas bien! ¿Es mucho pedir?
–Mikasa, lo siento– me disculpé–. Te juro que tengo una buena excusa para la noche pasada.
–¿Qué, Eren? Mas te vale que la tengas–, gruñó ella. Me di la vuelta, mirando por encima del hombro para asegurarme de que Levi no estaba presente. –¿Eren…?
–… El abuelo de Levi falleció ayer– dije en voz baja. Se hizo el silencio al otro lado de la línea, mientras que sentía que al fin le había llegado el mensaje.
–…Oh–, susurró ella al cabo de un minuto. –Oh… lo siento… no lo sabía…
–No pasa nada… también debo disculparme, debí haberte dicho donde me encontraba.
–No debí haberte gritado… lo siento de verdad.
–Está bien– dije, soltando un suspiro–. Nos retiramos temprano para venir a su casa, y me dormí en su sofá. Acabo de despertar– expliqué, volviendo a fijarme que Levi no estaba presente.
–Lo siento, Eren… sé que te agradaba su abuelo.
Sus palabras dolían, mientras sentía las lagrimas arder en mis ojos. No lloraría, no ahora, al menos. Sin embargo, si ella seguía preocupándose, no sabia cómo iba a reaccionar. Seguramente, le iba a llorar todo.
–… Donde sea que esté, seguro es mejor que aquí–intenté aligerar el aire, pero no me sirvió de nada–. Era… fue un gran impacto…
–… ¿Cómo lo está sobrellevando Levi?–. Su pregunta me tomó por sorpresa, pero supuse que era su manera de ser amable. –¿Cómo está?
–Está bien… posiblemente, mejor que yo–. Me froté la nuca con risa nerviosa, pero ella suspiró al otro lado.
–¿Necesitas algo? Puedo llevarte algo.
–No, estamos bien. De hecho, estaba a punto de hacer el desayuno. ¿Quieres… te gustaría venir a compartirlo? – pregunté, vacilante. No estaba seguro de cómo Levi se sentiría al respecto, pero no quería que Mikasa siguiera preocupándose.
–No, pero te lo agradezco. Tengo una clase temprano, ¿recuerdas?
–Ah, bueno… susurré.
–De hecho, ya tengo que irme. ¿Estás seguro de que no necesitas nada? – agregó ella.
–No, estamos bien. Gracias de todas maneras, Mikasa– respondí.
–Mhm… adiós, Eren.
–Te veré pronto– dije, cortando la llamada. Suspiré cuando al fin me libré de ella.
Uno de estos días, ella mataría a Levi, ¿y eso dónde me dejaría a mí? Iba a tener que contarle sobre nosotros en algún momento, y no iba a estar contenta conmigo. Quizás, entonces de verdad mataría a Levi. Y no iba a ser algo divertido.
Me pregunté cuánto tiempo podría ocultarle nuestra relación, seguramente, no mucho. Mikasa tenia instintos afilados, y no era deseaba estar lejos de Levi para siempre. No ahora, que lo tenía, que deseaba pasar mi tiempo a su lado. Deseaba estar a su lado mas tiempo, y tener la oportunidad de dormir en sus brazos como la noche pasada, o las anteriores. Deseaba poder besarlo, ya fuera en privado o en público.
¿Levi intentaría conservar nuestra relación como algo secreto en el trabajo? Eso no era algo que me gustaría. De una manera un tanto posesiva y perversa, quería que todos supiera que ahora era mío. Quería que supieran que Levi y yo estábamos juntos, y no quería esconderle nada a mis amigos. Estaba seguro de que Hanji estaría encantada, y Auruo se mordería la lengua de la sorpresa. Erwin… para empezar, nadie sabía lo que pensaba. Estaba a años luz de nosotros.
¿Y qué pasaría con Petra? Después de todo, dos años atrás había sido la esposa de Levi. se separaron antes de que yo llegara, y fue un poco sorprendente cuando me enteré de ello. En esos tiempos, no sabía mucho del mundo en el que Levi se movía, porque todavía era muy joven, pero ahora sí.
¿Era tan fácil romper un matrimonio? Nunca creí que lo fuera, pero los dos habían dicho que fue de común acuerdo, y no tenían hijos, lo cual lo hizo mas simple. Petra me dijo una vez que, a causa de su trabajo, los dos se habían vuelto paranoicos. Levi también me lo dijo, pero no de manera tan amable y él, sorprendentemente, fue mas detallistas sobre la separación que Petra. Quizás, a ella todavía la alteraba hablar del tema. No la culpaba, de ser el caso. Si fuera a perder a Levi, no estaría feliz de eso, aunque fuera de común acuerdo.
No íbamos a volvernos paranoicos, ¿verdad? No, no lo haríamos. No podíamos. De verdad me gustaba Levi, y quería pasar mas tiempo a su lado. Creo que me estaba enamorando de él, pero era demasiado pronto para decirlo. Todo lo que sabia era que nunca antes me había sentido así por alguien.
Sé que quería a Armin y a Mikasa, pero no de la misma forma que a Levi. No me producían las mismas sensaciones que él. Sentía algo por él, era evidente y no iba a intentar negarlo, pero no quería perderlos. No quería terminar odiándolo.
Si eso pasó entre Petra y Levi, ¿significaba que podía pasarnos a nosotros?
–Eren…–. La voz de Levi estaba en mi oído, seguida por sus brazos rodeándome la cintura. Di un respingo, y Levi rió, de la manera ronca que sólo él podía– ¿Te asusté?
–Mmmm– asentí, bajando la mirada.
–Pareces distraído. ¿Pasa algo? – preguntó, con sus manos descendiendo a mis caderas. Retrocedí, y sus manos cayeron cuando no me pudieron tocar– ¿Eren…? – preguntó. Intentó tocarme la mano, pero me aparté antes de que pudiera hacerlo.
–Perdona, pero… cre-creo que debo irme– tartamudee, y las palabras casi se me hicieron un nudo en la garganta. Me era difícil tragar, respirar, y no podía levantar la mirada. Sentí las lagrimas arderme en los ojos, y sabia que, de mirarlo, Levi las notaria. No podía dejarlo verme llorar.
–¿Irte…? ¿Qué estas-? – me moví antes de que pudiera terminar la frase– O-oye, ¡Eren…!
Me llamó. Yo ya estaba en el pasillo para cuando me tomó de la muñeca y me hizo retroceder, pero me libre de una sacudida. No exageraba cuando digo que pareció sorprendido.
–Perdona– susurré, tomando mis zapatos.
–¿Por qué te vas, tan de repente? ¿Paso algo en tu casa? – me preguntó mientras me miraba.
–No, sólo debo irme– expliqué, poniéndome mi otro zapato sin siquiera molestarme en desatarle los cordones.
–Espera, ¿hice algo malo? ¿Fue algo que hice?
–No, por supuesto que no…
–Eren, si hice algo malo, dímelo. Quiero que esto funcione-
–¡No eres tú, Levi! ¡Soy yo! Yo…– me callé–… solo tengo que irme.
Me puse de pie, pero Levi me tomó de los brazos y me sostuvo firme. Al fin me miró a los ojos, y vi que la terrible desesperación que había en sus ojos antes había vuelto.
–Eren, por favor, no te vayas. No quiero que lo hagas–. A la mierda él y sus ruegos. De verdad me rogaba, y entonces perdí la compostura. Las lagrimas corrieron por mis mejillas, y me liberé de sus manos y me di la vuelta. Sali del departamento, olvidando mi mochila y la dignidad, mientras corría por los corredores. No me detuve, ni siquiera cuando Levi me llamó: sólo lo hice al llegar al ascensor.
Ni bien las puertas se cerraron y me quedé solo, caí al suelo, con la espalda contra la pared mientras me sacudía llorando de dolor.
"Sí te deseo. Más de lo que pudieras llegar a saber…"
"No sé qué haría si también te perdiera."
"Eren, por favor, no te vayas. No quiero que te vayas."
Su voz resonaba en mi cabeza. Era como estuvieran en repetición, como un grabador roto, y no podía aguantarlo. Me tapé los oídos, pero eso solo lo empeoraba.
No sé que es lo que estaba pensando. Quería tener una relación con Levi, ya fuera amistad o no, pero abandonarlo casi me mata. Me fui, y no podía imaginar lo que Levi estaría experimentando.
"No sé lo que haría si también te perdiera…"
Levi había perdido muchísimo en su vida, y yo solo había empeorado la lista. ¿Qué acababa de hacer?
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NdT: ¡Qué ganas de romperle los dientes a Eren que tengoooooo!
