A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 25 de 31
25: Basta de profesionalismo
–¿Qué te pasa, Eren?
Alcé la cabeza ante el sonido de esa dulce voz, una a la que me había acostumbrado y amaba. Petra me miraba por encima del borde del divisor, con el ceño fruncido de preocupación. Me hizo sentir mal preocuparla, pero era demasiado encantadora con esa pinta en la cara.
–Desde hace días que pareces enfermo. ¿Lo estás?
–Es sólo… que no he estado durmiendo bien…–. Era la verdad, pero no me molesté en decir la razón. No iba a decirle a Petra que mi comportamiento se debía a que casi tuve sexo con su ex marido, y que me lo había abandonado en el breve lapso de doce horas. No iba a decirle eso, porque me patearía el culo tan fácilmente como podrían Levi o Mikasa, y no estaba de ánimos para tener un pie metido en el trasero el día de hoy.
–Entonces, ¿algo te preocupa? Quizás algo te está atosigando– sugirió ella.
–Es solo que… estoy un poco cansado– susurré entre mis brazos.
–Ah, me pasa también, entiendo lo que sientes. Todos precisamos un descanso de vez en cuando–. Salió de su espacio para pararse a mi lado, y me tocó el hombro con la mano. Me encogí, pero no me aparté. No quería que pensara que era su culpa, aunque medio sí que lo era.
Me sentía culpable, muy, muy culpable, porque Petra ni siquiera sabía lo que pasó la mañana de ayer. No sabía nada de nada, y eso hacía que mentirle me hiciera sentir peor. Parecía que no podía dejar de mentir, y eso me hacía sentir peor, en especial con ella. Era muy valiosa para mí.
–Quizás, tendrías que hablar con Levi. Si no te precisa, a lo mejor te deja salir temprano.
No me necesitaba para nada. Si lo hiciera, habría salido detrás de mí ni bien me fui.
–Quizás…– suspiré, girando la cabeza hacia un lado para mirar la computadora, que estaba escasas pulgadas de mi cara. El teléfono estaba al lado, pero casi muerto desde ayer por la mañana. Mikasa mantenía su distancia de mí, sabiendo que necesitaba el espacio. ¿Quién no lo haría, cuando emanaba semejante aura de odio y arrepentimiento? Levi no me había dicho palabra alguna en persona. Toda la interacción había sido por correo, y solo sobre temas laborales.
No lo veía desde la mañana pasada, pero parecía una eternidad. Aunque solo fueran unas horas, ya lo estaba extrañando. No había dormido nada tampoco, y por eso estaba tan agotado. Sin él, estaba hecho un desastre.
–Pobre Eren– dijo Petra, frotándome la cabeza. Yo no era tonto: incluso yo me deshacía bajo sus caricias, como cualquier otra persona, que en segundos estaría en el suelo, implorando más. Cómo es que no me había dado cuenta de ello, era un misterio.
–Ah, ¡Pe-Petra! – . Auruo apareció de repente por encima del divisor, con ojos de cachorrito–. ¡También me duele la cabeza! ¿Puedo también tener uno?
–Muérdete la lengua y muere– le respondió ella. Auruo gimió, dejando caer la cabeza contra el divisor, y Petra meramente sonrió con malicia. Ah sí, era consciente de que podía manejarlo con el dedo, pero solo le gustaba fastidiarlo. Era un poco macabro y enfermizo, pero eran ellos. Así eran desde que los conocía, y, Dios sabe desde cuando eran así.
Suspiré cuando Petra dejó de masajearme la cabeza, pero fue porque estaba discutiendo con Auruo. Era algo fácil de ignorar, lo había aprendido hacía tiempo por consejo de Levi. Volví a mirar mi celular, el cual vibraba contra el mouse. Lo toque antes de mirar la pantalla, y los ojos se me abrieron como platos.
Rivaille: 2:32 pm:
"Necesito verte en mi oficina."
Tragué el nudo que se me había formado en la garganta y me dejaba sin aire. Levi no me había llamado desde que lo había dejado, y toda interacción había sido electrónica. ¿Por qué ahora era distinto?
–Disculpen– gemí, y me puse de pie. Auruo y Petra dejaron de gritar pero solo para observarme alejarme y volvieron a chillarse. De no ser porque Erwin les ladró algo mientras entraba a su oficina, no sé cuánto habrían estado en eso. No tenía ganas de lidiar con ellos, no ahora.
Suspiré mientras iba a lo de Levi. Como siempre, la puerta estaba cerrada, y llamé antes de entrar, como de costumbre. Miré dentro, y Levi estaba sentado en el escritorio, mirando unos papeles. Mi llamado lo hizo alzar la cabeza, y el aliento se me corto cuando miré sus ojos. aparte la mirada, seguro de mi prominente rubor.
–Hum… ¿quería verme? – dije, mientras me miraba a los pies, simulando que eran lo más interesante del mundo.
–Sí, entra y cierra la puerta– indicó. Volví a tragar antes de cerrar la puerta a mis espaldas, mientras ingresaba. Alce la cabeza un poco para mirarlo, y Levi se levantó de su escritorio, con una carpeta de papel en la mano.
–¿Cu-cuál es el motivo? – inquirí.
–Ayer quería hablarte de ello– dijo en voz baja. Sentí la piel ponérseme de gallina. No debía haber estado sorprendido, después de todo, seguramente le había roto el corazón. Solo esperaba que me gritara, maldijera o que ventilara su frustración en mí, y era una buena oportunidad.
Sin embargo, parecía muy calmado, algo que no me esperaba.
–So-sobre ayer… la cosa es… esto…
No podía hallar las palabras. Lo más sencillo habría sido decirle que me había acobardado, que tenía miedo de perder todo al arriesgarme a estar a su lado. Pero no dije eso, no podía, porque era lo mismo que con Petra. Quería ser amable o, al menos, algo similar a hacerme cargo de mis culpas como se debía.
–Eren– me interrumpió. Hizo una pausa, y le miré, para descubrir que me observaba. Debió haber estado esperando a que lo hiciera, porque ni bien me sostuvo la mirada, siguió hablando–. Lo entiendo.
–… ¿Qué? – dije.
–De verdad, lo entiendo. Sé lo que estás pensando, así que no hace falta que te disculpes– dijo, bajando las carpetas. Fue al escritorio y se sentó en el borde y yo me habría sentado en el sofá de no haber estado paralizado en mi sitio.
–¿No está… enojado? – pregunté, temeroso. Levi miró el escritorio, con los dedos siguiendo el borde antes de responderme.
–… No– susurró–. Entiendo que tuvieras miedo, y también cómo piensas arreglar las cosas… así que no, no lo estoy.
–Así que…– miré al suelo otra vez–… ¿sig-significa que… se terminó? – pregunté de nuevo. Levi no tuvo renuencia en mirarme a los ojos.
–… ¿Qué te parece, Eren? – preguntó. Las palabras hicieron que el corazón se me estrujara y el estómago se me hiciera nudos.
De verdad había terminado.
–… ¿Era todo por lo que quería verme? –. Me aclaré la garganta antes de preguntar. Sentía los ojos arder por las lágrimas que querían caer, pero me mordí la mejilla y mantuve la compostura. Lloraría más tarde.
–Dejaste la mochila en mi casa–. Dijo Levi, señalando la mochila sobre unos de los almohadones del sofá. Asentí, y la recogí, mientras sentía el nudo en la garganta más grande. Dolía respirar, y temía hacerlo, porque me aterraba llorar en su presencia.
Había terminado, así que, ¿por qué molestarlo? No necesitaba que me viera llorar sin que le importara.
–¿Ya me puedo retirar? – la voz me flaqueo, y miré el suelo mientras apretaba la mochila contra el pecho.
–No– dijo, con un suspiro. Se puso de pie y volvió a dar la vuelta en el escritorio, y yo me quede mirándolo como si se hubiera vuelto loco. Solo me quería ir. Irme a mi casa, y enterrarme en un pozo, ¿Por qué no me dejaba irme ya?
–¿No…? – musité.
–No, todavía no– me respondió. Levi sacó un pequeño libro negro de uno de sus cajones, y se puso a escribir en él.
–¿Por qué?
–Con todo lo que pasó, me olvidé de pagarte– señaló.
–¿Pagarme? –. Incliné un poco la cabeza, mientras lo observaba escribir en, ahora me percataba, era un cheque en blanco.
–Sí– me miró–. Todo esto que pasamos estas semanas fue un acuerdo económico. ¿No lo recuerdas? –. Me dijo. Di un paso adelante sin responderle, y Levi lo tomo como mi respuesta mientras miraba el cheque. Terminó de redactarlo y me lo tendió. Vacilante, lo tomé, con la mano temblando mientras lo atraía a mí.
Miré los numero escritos, y casi lanzo un grito ahogado: jamás en la vida había visto tantos ceros.
–Debe ser suficiente, ¿verdad? Si no, puedo darte más– ofreció, con expresión anodina. Miré el cheque, los ojos recorriendo su caligrafía y siguiendo las colitas que ponía en casi todas las letras. No podía responderle, aunque quisiera.
Me había malinterpretado: era más que suficiente para que yo y Mikasa hiciéramos otros diez años de universidad, pero algo no cerraba. No podía deshacerme de esa sensación. Aceptar su cheque… me hacía sentir muy culpable. Era incorrecto aceptarlo.
Al comienzo, el dinero fue el motivo por el cual le ayudé, pero, después de conocer a sus abuelos y pasar tiempo con los tres, dejó de serlo. Disfruté pasar el rato con ellos. Me divertí y sentí, por primera vez desde que recordara, como que tenía una familia. Perder al abuelo se sintió como algo personal, y después de ayer… aceptar el dinero me haría sentirme como que eso había sido todo, y no era así.
No podía aceptarlo.
–¿Qué pasa? – preguntó Levi. Miré una ultima vez el cheque, antes de tendérselo.
–No lo quiero– dije lúgubremente. Por primera vez, Levi tuvo la decencia de verse sorprendido.
–¿Qué…? – musitó.
–No lo quiero– repetí, indicándole que lo tomara. Lentamente, lo hizo, con los dedos apenas rozando los míos cuando lo recogió de mi mano. Lo miró con mirada ausente, con los ojos cubiertos de mechones oscuros.
–Pensé que lo precisabas para la escuela– me interrogó, en voz baja.
–Sí– hice una pausa, para ordenar las palabras–… pero puedo arreglármelas. Mikasa y yo pasaremos la universidad por nuestros propios medios– die. Intentando sonar tan determinado como podía, a pesar de mi sufrimiento interno. Debí haber pensado en Mikasa, trabajando en dos lados y aun así una estudiante de honor, pero aceptar el dinero se sentía mal. Esperaba que me perdonara por esto.
La cabeza de Levi permaneció gacha, con los ojos fijos y vacíos en el cheque. No estaba seguro de que estaría pensando, pero no iba a quedarme a descubrirlo. Necesitaba irme antes de que dijera algo, como insistirme en aceptar el dinero. Me di la vuelta para marcharme, dándole la espalda, mientras me dirigía a la puerta. Quería salir, lo necesitaba, y, cuando mi mano fue a tomar el picaporte-
–Eren…– me llamó. Di la vuelta con la cabeza, mirándolo por encima del hombro, para ver que su mirada seguía cubierta por los cabellos, aunque noté sus ojos asomarse.
–¿Sí…? – mi voz tembló por solo su mirada. Levi alzó una mano, y sus dedos me indicaron que me acercara. Obedecí, con las piernas moviéndose por voluntad propia, regresándome a su lado. Le miré, esperando una expresión fría cuando me mirara, pero recibí una suave, dulce mirada. Sus ojos me miraban directamente, rogándome y pidiéndome algo. Yo solo podía adivinarlo.
Me bajé a su altura, y presioné sus labios con los míos, a lo cual él correspondió, rodeándome los hombros con sus brazos. Los míos le correspondieron, cerrándose alrededor de su cintura, una mano sobre el escritorio mientras me inclinaba sobre él. Sus piernas rodearon mis caderas, y sus brazos me atrajeron hasta que quedé totalmente sobre él, y su espalda contra el escritorio. Todo, mientras nuestro besos no paraban. Seguían, nuestros labios presionándose uno contra el otro, casi produciendo dolor, la presión era suficiente para dejan moretones, pero no me importó.
A la distancia, oí el sonido de su portalápices caer y los lápices y plumas desperdigándose por el piso, pero a él no pareció importarle, y obvio que a mí tampoco.
Necesitaba esto. Lo necesitaba a él, su cuerpo y ahora. Él tenía razón, ¿a quién le mentíamos? A nadie, y menos a nosotros.
Presioné mis caderas contra las suyas, frotándolas unas contra las otras, ganándome un gemido ahogado como respuesta. No tenía tiempo ni paciencia para esperar, y, evidentemente, él sentía la mismo, evidenciado por su lengua cruzando mis labios y buscando la mía. Me aseguré de imitar cada uno de sus movimientos. Él me tiró del cabello, presionando mas el beso, me tiró de los hombros y más cosas que hacían que me deshiciera sobre él, pero yo hice un buen trabajo en también hacerlo temblar de deseo.
Me aparté un momento, sin aire y con los pulmones rogando por oxígeno. Levi estaba en la misma condición y, cuando nos separamos, lo primero que hizo fue respirar. Nuestros ojos se encontraron y no pude darle una sonrisa antes de ser atrapado en otro beso. Gemí sin intención, y noté que Levi hacia los mismo. El sonido hizo que el calor ascendiera de mi parte baja, y enganche un brazo a su rodilla para levantar más su pierna.
Me aparté del beso para respirar, y también para empezar a dejar un camino de besos por su cuello. Levi inclinó la cabeza y suspiró, arqueando la espalda para rozar su pecho contra el mío. Esto hizo que se encontraran nuestras caderas, y la sensación casi me derrite el cerebro. No podía pensar nada mas que tirar de su corbeta y chupar su pálida piel inmaculada. La marque con un gran chupón justo debajo de la oreja. Le sentí pasarme los dedos por el cabello y tirar lo suficiente como para hacerme levantar la cabeza. Por un minuto, creí que iba a pegarme por dejarle un chupón, pero sus ojos estaban nublados de deseo, y estoy seguro de que yo también.
Me atrajo a donde pertenecía, sus brazos y sus labios sobre los míos. En lugar de que pelearan por el dominio, fue un simple beso. Bueno, no tan simple: era pura pasión y posesión (y no estaba seguro de si debía preocuparme), lo que me hizo doler el corazón. El hecho de que Levi pusiera tantos sentimientos en un beso valía mucho para mí.
Demostraba que tenía la intención de confiar en mí, a pesar de lo que le hice. Demostraba que le importaba, que me deseaba tanto como como yo a él. Demostrada confiar tanto en mi como para dármelo todo, si se daba a ocasión, y yo no volvería a cagarla.
Había decidido dejar de huir. Había sido un cobarde al preocuparme por los "¿y sí?, cuando debía haberme enfocado en lo que sucedía en el presente, y en cómo podía hacer que el futuro sea mas fácil. Dejar a Levi había sido el peor error que había cometido, y no iba a volver a cometerlo.
–Levi…– su nombre rodó de mi lengua cuando nos separamos. Se sintió bien decir su nombre. Muy bien.
Se sentía bien que estuviéramos cerca, que nuestros rostros estuvieran aun centímetro de distancia y su aliento acariciándome la piel. Se sentía bien sus dedos recorriéndome el cabello, masajeándome el cuero cabelludo. Se sentía bien sus caderas moviéndose contra las mías, y sus piernas rodeármelas, deseando más, se sentía genial cuando decía mi nombre.
–Eren– resolló. El sonido hizo que mas calor se juntara en mi evidente erección, y no pude resistirme a coger el borde de sus pantalones.
–Le-Levi…– presioné mis labios otra vez contra su cuello, mientras tiraba de sus pantalones, sin lograr mucho con el cinturón y el cierre puestos.
Lo consideré algo bueno. De haberle bajado los pantalones, lo que debió haber sido algo incomodo ya que Petra nos encontró.
–Oye, Levi, Erwin quería que firmes-
Se detuvo en seco al vernos. Sali a trompicones y cae al suelo, pero no fui lo suficientemente rápido. petra nos había visto, y lo que hacíamos, y la culpa no podría haberme dado peor. Al fin y al cabo, era Petra, la ex de Levi. me vio manoseándolo y besándole el cuello, mierda, estaba desnudándolo y ella lo vio. Ahora, me veía en el piso, con un bulto entre las piernas, ruborizado de oreja a oreja, y el cabello revuelto gracias a lo que había hecho Levi.
No la culparía de que me odiara por el resto de nuestras vidas.
–… unos documentos…– susurró, y dichos papeles cayeron de sus manos al suelo. Un incomodísimo silencio pasó, y habría dicho algo si no fuera por el tremendo miedo que sentía (y la erección que no se me iba). Levi, al fin, se puso de pie, acomodándose unos botones de la camisa. No recordaba habérsela desabrochado, pero la evidencia estaba allí para que ella y yo la viéramos.
–¿Qué documentos son? – preguntó de repente Levi, con voz tranquila y su expresión tan casual como siempre. Petra estaba demasiado sorprendida como para responderle. No estaba seguro de si ella sabia la respuesta o estaba demasiado sorprendida para hacerlo. Por mi parte, yo no podía.
–¿Ése es tu maldita primera pregunta? – le ladre, y la voz se me rompió por la presión. Levi giró el cuello y actuó como si nada hubiera pasado en realidad. Bufé, pero miré a Petra–. Pe-Petra, ¡lo siento! – comencé a disculparme, porque de verdad me sentía culpable.
No era mi intención verla en semejante estado. Tampoco fue mi intención que sucediera, pero me estoy yendo de tema.
–Hum…– ella miró a la derecha antes de volver a mirarnos y, de nuevo, a la izquierda–. N-no, no deberías disculparte de nada. No hiciste nada malo–. No podía mirarme cuando lo dijo, y sus mejillas estaban un poco sonrosadas. Pero ella no era de los que mentían. Lo sabía, así como los demás en la oficina.
Tenia la costumbre de tocarse la oreja cuando mentía. No lo había hecho, pero no podía estar seguro. Podría estar demasiado sorprendida como para moverse.
–Así que… ¿no le vas a decir a nadie? – dije, vacilante.
–¡Ah, no! no, pero, eh…– dijo, y la puerta volvió a abrirse.
No estaba seguro de qué me mortificaba más: ver a Hanji detrás de la puerta, con una enorme sonrisa en los labios, u oír a Levi estallar en una carcajada. Verla era horroroso: ella era incapaz de guardarse un secreto, y era evidente que no se lo iba a guardar, pero, cuando Levi se puso a reír…
Nunca había visto a Levi reír, y era la cosa mas inquietante que me haya sucedido en el día. Si, Hanji y Petra nos descubrieron, pero eso no era lo peor para mí. Él nunca reía, había soltado algunas revistas de vez en cuando, pero nunca reído tan fuerte como ahora. se cayo de espaldas contra el escritorio, sosteniéndose la panza mientras lo hacía. Lagrimas amenazaban con escapársele de los ojos y su risa era fuerte. No me malentiendan: su risa era hermosa, pero…
¿Por qué se reía? ¿Qué era tan gracioso en este maldito momento? Dos personas, una, su ex, nos habían descubierto en un intenso besuqueo. No veía nada cómico con la situación.
–¡Cu-cuatro ojos de mierda! – se ahogó Levi con la risa– ¡Estas muerta, carajo! – Intentó sentarse, pero terminó deslizándose del escritorio para caer al piso, donde rió más. Las lagrimas al fin corrieron por sus mejillas, deslizándose por sus filosa mandíbula. De verdad no entendía que había de gracioso, tanto como para hacerlo llorar.
Mire a las dos mujeres en la puerta, pero, para mi sorpresa, junto con Hanji, Petra sonreía. No era un sonrisa macabra o distorsionada como la Hanji, era una sonrisa dulce, suave, tranquila y feliz. ¿NO estaba enojada o disgustada? No la hubiera culpado: yo mismo me daba asco por dejarlas vernos.
–Bueno, Petra, los chicos están ocupados. Vayamos a decirle a Erwin que necesitan un poco de tiempo a solas– dijo Hanji, recogiendo con un suspiro los papeles que Petra derramó. Los recogió entre sus brazos y los puso sobre la mesa de café, junto al sofá–. Los voy a dejar acá. No vas a necesitar este espacio, ¿verdad? – preguntó, señalando la mesita.
Levi saltó del piso, riendo y todo, yendo tras de Hanji. Los dos salieron del cuarto y apenas pude oír a Hanji reír por la actitud de Levi. así, Petra y yo quedamos a solas. Vacilante, la miré, y ella miraba la puerta, con aquella dulce sonrisa todavía en los labios, mientras observaba a los dos correr como imbéciles. Me obligue a ponerme derecho y, cautelosamente, acercármele.
–¿Pe-Petra…? – tartamudeé. Ella me miró, escapándosele una risita cuando Erwin de repente salió de su oficina para confrontar a Hanji y a Levi.
–¿Mn? – dijo. Esquivé sus ojos cuando me miró con los suyos, grandes y dorados.
–¿Te… hum, te…? –. No podía hacerlo, tenía mucho miedo de lo que ella diría. Petra había sido la persona que me había abierto los brazos cuando comencé a trabajar en la compañía. Me trató como un amigo desde el primer momento, y me ayudó cuando lo necesité. Era la persona mas dulce conmigo, e, inevitablemente, se hizo una buena amiga.
No podría soportar perder su amistad.
–¿Yo qué, Eren? – preguntó. No sonaba enojada o molesta, eso era bueno.
–¿Te… molesta…? – logré decir.
–¿Por qué lo haría, Eren? – dijo, dándome toda su atención, en vez de ver como Erwin retaba a sus asistentes.
–Lo que viste, dijo… es-estábamos, y yo, eh… sé que es tu ex y eso…– ¿A dónde iba con todo eso? No creo que lo supiera.
–Bueno, sí, pero eso fue hace dos años. Lo sabes, ¿no? – me preguntó.
–Sí, l-lo sé, pero no quiero molestarte– incliné la cabeza, avergonzado. Era de lo peor.
–Eren–. La voz de Petra se puso firme, y me prepare para lo peor. Me puso las manos en los hombros con un agarre sorprendentemente firme, obligándome a mirarla. Vacilé en enfrentar sus ojos, pero lo hice al fin, y me alivio ver que no estaba enojada. Parecía mas bien una madre que se preparaba para darme una lección. Sin embargo, no estaba seguro de querer oírla.
–¿Sí…?
–Sabes por qué rompimos, ¿verdad? – me preguntó. Asentí, pero no estaba muy seguro. ¿Había más en la historia de lo que sabía?
–Supongo– susurré, intentando apartar la mirada, pero sus ojos eran muy cautivantes. No pude hacerlo.
–Levi y yo nos amábamos, y yo todavía lo hago, pero siempre me preocuparé por él. Es especial en mi corazón– dijo–. Este trabajo no es fácil, y ponía demasiada tensión en la relación. Lentamente, nos estábamos volviendo paranoicos. ¿Nos estaríamos metiendo los cuernos? ¿Estábamos molestos uno con el otro? Era una pelea interminable entre nosotros y nuestros problemas–. Al fin me soltó los hombros, mientras su voz descendía, con los ojos entristeciéndose. La historia debía ser muy dura para ella, y me hizo sentir culpable sacar el temar a la luz–. Pero lo que me resultaba peor era que estaba perdiendo a mi mejor amigo. No podía arriesgar que eso pasara, porque Levi y yo siempre fuimos amigos, desde chicos, e intentamos que funcionara, de verdad, pero nada lo hacía. Estuvimos juntos otros dos años antes de romper, pero la cosa fue mutua. Los dos lo vimos venir…
–Eren, yo quería a mi amigo de regreso. Era algo egoísta terminar diez años de matrimonio solo por eso, pero funcionó–. Volvió a sonreír, algo dolida, pero sus ojos brillaban con una nueva determinación que no había visto en ella–. El primer año fue duro, pero funcionó. Recupere a mi amigo, y, déjame decirte algo…– se inclinó y se acercó mas para susurrarme al oído–. No lo había oído reír así desde que nos casamos.
Miré la escena que se desarrollaba delante de nosotros, Levi y Hanji eran retados por Erwin, quien había adoptado el rol de padre, sacudiendo el dedo a los dos y dándoles un sermón. Hanji, quien tenía la expresión de cachorrito degollado, se tomaba el reto en serio. Levi, por su parte, torcía los ojos manteniendo los brazos cruzados sobre el pecho. Era como ver a un adolescente a quien le importaba un comino lo que le decían sus padres, pero noté la sonrisa sobre sus labios. De verdad disfrutaba la situación, y vi a lo que Petra se refería.
Era feliz: genuina y totalmente feliz.
–No lo había oído reír en tanto tiempo, menos sonreír de verdad. Eren, él es feliz– dijo Petra amablemente, palmeándome los hombros–. Creo que algo es cosa tuya– concluyó, dándome una ultima palmada antes de apartarse.
–N-no creo que haya hecho nada importante… digo, para él soy un pendejo– dije, fingiendo desinterés, pero no lo suficiente. Petra vio a través de mí, mierda, sabía que mi mentira era patética, pero saber que había logrado algo así por alguien tan importante como era Levi para mi hacía que el corazón se me llenara de orgullo. Me hacia feliz que él fuera feliz.
–No te menosprecies, Eren. Aunque diga un insulto en serio, es porque con ello cubre sus verdaderos sentimientos–. Cuando ella dijo eso, su voz era juguetona y graciosa, pero no me importó. ¿Verdaderos sentimientos por mí? ¿Sería verdad?
Quería meditar esa ida un buen tiempo, pero no me fue posible. Erwin había concluido su sermón, dejando a Levi y a Hanji libres. Levi corrió a nosotros, con las manos en los bolsillos y los ojos en mi persona.
–¡Compórtate, Levi! – le dijo Erwin desde su puerta.
–¡Que te crezca los huevos, Erwin! – le respondió. Petra se trago su risa, pero yo no estaba menos impresionado por el comentario. Nunca lo oí insultar a Erwin tan abiertamente, nunca en realidad. Lo admiraba, ¿Por qué lo insultaría?
–No lo fastidies, Levi– rio Petra, sacudiendo la cabeza cuando Levi resopló.
–Solo digo la verdad–. Levi se encogió de hombros. Volvió su atención hacia mí, con una sonrisa en los labios que me hizo temblar–. Vamos, mocoso, larguémonos de aquí– agregó, tomándome de la mano.
–¿Qué? ¿Por qué? – dije, mientras me llevaba en dirección a los ascensores. No me respondió, dejando que yo adivinara. Me arrastro a los ascensores y apretó el botón–. ¿Levi…? – insistí, intentando liberarme de su mano– ¿Por qué nos vamos en horas de trabajo?
El ascensor llegó a nuestro piso y se abrió. Nadie estaba en él, lo cual hizo que Levi me empujara dentro y me siguiera.
–Ay, ¿qué carajo? – le ladre, frotándome la parte de la cabeza que había dado contra la pared del ascensor. Levi apretó un botón en la pared haciendo que las puertas se cierren, dejándonos a solas. Puso las manos en los bolsillos y se volvió a verme, con otra sonrisa en los labios–¿Le-Levi…?
–No creías que me ibas a dejar con la calentura, ¿verdad? – dijo, alejándose de las puertas para quedarse delante de mí. Otra vez, volví a sentirme como de medio metro de altura.
–¿Ca-calentura? – había oído la frase un par de veces, así que sabía a lo que se refería, pero ¿de verdad era así? Hicimos eso y… Sí, supongo que eso fue lo que pasó.
–Mejor le escribes a tu hermana– me advirtió, sin perder su sonrisa.
–¿Por qué…? – tenía miedo de preguntarlo.
–Porque vas a pasar una larga noche en mi casa– se acercó un poco más, hasta que nuestros pechos estuvieron uno contra el otro y sus manos en mis caderas.
–¿Pasar la noche…? – me atreví a preguntar.
–Me asegurare de que no puedas caminar derecho por una semana.
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NdT: #RUBOR#
