A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 26 de 31
NdT: He regresado, sobreviviendo al calor, cortes de luz y COVID
26: Nunca volveré a irme
Resoplé al sentir la cama impactar contra mi espalda, seguido por un ligero rebote. Rápidamente abrí los ojos, para descubrir a Levi sobre mí, ampliando una sonrisa en sus labios perfectos mientras tiraba de su corbata.
–Oiga, ese es mi trabajo–, dije, con la voz apenas temblando por la ansiedad y conocimiento de lo que sucedía y lo que iba a suceder. La sonrisa se Levi se amplió, y no supe si tener miedo.
–Bueno, entonces hazlo mierda– ordenó. Estiré la mano y tomé su corbata floja y tiré, con suficiente fuerza como para hacerlo tumbarse en la cama conmigo, aunque no tanto como para asfixiarlo. Nuestros labios se encontraron, y suspiré mientras nos movíamos juntos, con su boca haciendo que la mía se abra. Su lengua, en segundos, se puso a explorar, tocando y rozando la mía en busca de respuesta. Obviamente, no halló resistencia, y la sensación de su cuerpo contra el mío me hizo gemir.
Le quité la corbata de un tirón y me apresuré a quitarle el maldito saco. Tiré de este alzando sus brazos, todo mientras nuestros labios seguían unidos. Cuando se liberó, la mano de Levi tomó mis mulecas y las presionó sobre la cama, por encima de mi cabeza. Me retorcí, pero él no me soltó.
–¿Ansioso, Jaeger? – preguntó con un débil resuello, mientras se apartaba.
–Sí– resoplé. Levi me besó el borde de la barbilla, con los dientes pinchándome la piel. Gemí guturalmente cuando sus labios me chuparon debajo de la oreja: aparentemente, me era muy sensible–. Bastante para decir que es el pasivo…– susurré, y eso le hizo reír.
–No soy pasivo– dijo.
–Sí que lo eres cuando quieres– me atreví a mirarlo, pero sus ojos estaban llenos de una lujuria divertida que me produjo un estremecimiento y aparté la mirada.
–Sólo porque me agarraste con la guardia baja– explicó, y me lamió desde la clavícula a la oreja. Volví a temblar, retorciendo el cuerpo otro poco, aunque él no cedió. Con su pecho contra el mío y sus labios presionándome contra la cama, estaba atrapado– ¿Por qué no me dices qué deseas? Estoy seguro de que puedes hacerlo– me susurró al oído.
La sensación de su aliento cálido y seductora voz susurrándome al oído hizo que me recorriera una corriente de placer, directo a la evidente erección que tenía desde su oficina.
–Carajo Levi– resoplé. Su mano libre me levantó la camiseta y sus dedos me recorrieron la piel. El cuerpo se me arqueó contra el suyo mientras su boca me chupaba divinamente el lóbulo de la oreja.
–Vamos, Eren. No puedo hacer nada a menos que sepa lo que quieres–. Levi se sentó sobre sus talones, retirando la mano de mi camiseta y liberando mis manos.
–Levi– suspiré–. Te deseo. Te necesito tanto…
–¿Qué es lo que necesitas? – me preguntó, mientras pasaba los dedos por la parte interna de mi muslo. Me ruboricé, juntando tanto valor como me era posible (o, quizás, buscaba mi dignidad).
–T-te quiero dentro de mí. Necesito sentir tu piel contra la mía– expliqué y miré a las sabanas revueltas. Los dedos de Levi fueron debajo de mi barbilla, haciéndome mirarlo con ojos nublados. Había otra perfecta sonrisa en sus labios.
–¿Por qué no lo dijiste antes? – preguntó, mientras se movía hacia delante, buscando con los labios.
–Eres un sádico– gruñí mientras le rodeaba el cuello con los brazos y lo besaba. Levi me envolvió con los suyos, sus manos aferrándose a mis caderas y trasero con fuerza, atrayéndome a su regazo. Palmee sus mejillas con las manos mientras lo besaba, con las uñas rasguñándole sin querer loas orejas. El gruñó dentro de mi boca, entonces fue mi turno para sonreír.
–También tus orejas, ¿ah? – dije contra sus labios. Levi giró los ojos antes de proseguir, y sus manos comenzaron a desabrocharme el cinturón. Lo quitó de un tirón rápido y fluido para luego arrojarlo, y me bajo el cierre del pantalón. Sentí la cintura liberarse antes de que sus manos buscaran y apretaran la piel de mi trasero. Arquee la cabeza hacia atrás, gesticulando por la sensación. Los labios de Levi me recorrieron el cuello mientras sus manos seguían pinchándome la piel, y al fin noté que estaba moviendo las caderas buscando fricción.
Levi soltó una risita contra mi clavícula, mientras sus manos abandonaban mis pantalones para quitarme la camiseta. Agache la cabeza y alcé los brazos para que se saliera, pero mi cabeza quedó trabada. Los estúpidos botones eran unos bastardos.
–Qué frio…– susurré.
–Yo lo arreglo– dijo él, mientras me rodeaba con sus brazos. Me acurruqué en sus brazos mientras desabrochaba su los botones de su camisa, uno a la vez. Cayó de sus hombros grácilmente, como el resto de su cuerpo, y pasé las manos por el conocido territorio. Estaba tan ensimismado con su cuerpo, que no noté a Levi moverse, sus labios deslizándose sobre mi piel hasta que su cálido aliento humedecía mi pezón. Me estremecí cuando sus labios lo cubrieron, y una hermosa sensación sobrevoló por encima de mi cuando comenzó a chuparlo.
–Mhf… Le-Levi– suspiré.
–¿Hm? – me susurró. La sensación fue un poco sorpresiva y yo dejé escapar un gemido quieto.
–De-deja de provocarme…– dije, temblando. La mano de Levi se encargó de mi otro pezón, y sentí los ojos girar de placer.
–¿Acaso es algo malo? – me pregunto contra la piel.
–Mm… n-no en realidad– susurré. Su mano de repente fue al frente de mi pantalón, sobando sin piedad mi erección. Gruñí, dejando caer la cabeza contra su hombro.
–¿Te duele? – preguntó, con un ligero sarcasmo en la voz. No se estaba burlando de mí, ¿verdad?
–No– resoplé–. Sigue haciéndolo– moví las caderas, esperando más. Lo obtuve.
Sus dedos se apartaron, pero solo un momento. Su mano se metió debajo de la primera capa de mi ropa, y sentí el deseo de sus caricias empeorar. Necesitaba sentir lo que había sentido durante mi cumpleaños, y ese deseo empeoraba. Levi me empujo hacia atrás, y torcí la cabeza hasta que estuve yaciendo, nuevamente ruborizado, contra las sábanas. Sus manos se apartaron, para tomar la cintura del pantalón y tirar hacia abajo. Levanté las caderas mientras apartaba la mirada, demasiado avergonzado para ver lo que estaba por hacer.
–Mas te vale que no apartes la mirada– me gruñó Levi–. Quiero que veas todo lo que te hago, porque deseo que recuerdes esto el resto de tu vida.
Sus palabras resonaron en mis oídos, repercutiendo por todo mi cuerpo. Mi ropa interior se deslizó por mis piernas, y me tapé la cara con las manos. Sentí como Levi se acomodaba sobre mis caderas, mientras sus manos recorrían mi piel, como si esperase por algo. Sabia qué era lo que esperaba, pero era incapaz de mirar.
Cada vez que movía su mano, sus dedos se acercaban mas y mas a mi dolorosa erección. Alcé las caderas, deseoso por el contacto, pero su mano se apartó antes de que algo sucediera. Gemí, pero seguí siendo incapaz de mirar.
–Eren– dijo él con suavidad. Su voz era cercana, y yo apenas me asomé por debajo de mi brazo para verlo sobre mí. Temblé cuando me apartó el brazo de un tirón, mientras cerraba las piernas alrededor de sus caderas, pero su cuerpo se interponía–. No te voy a lastimar. Lo sabes, ¿verdad? – me preguntó, con voz suave mientras sus dedos rozaban mi mejilla.
–Lo sé…– susurré. Ahora era incapaz de apartar la mirada, no con sus ojos pegados en los míos como una trampa.
–Entonces, ¿por qué no miras? – preguntó. Hubo un momento en el que me pareció ver dolor en sus ojos, y quizás también lo percibí en su tono de voz, pero no podría asegurarlo. ¿De verdad lo lastimaba que no le mirara?
–… Po-porque me da vergüenza– admití, obligándome a apartar la mirada. Oí una de las conocidas risitas sexis de Levi, y volví a mirarlo con ligero enojo– ¿De qué te ríes?
–Eres tan inocente– respondió, sentándose derecho. Su mano rozó mi miembro, y volví a apartar los ojos a pesar de que me regodeaba en sus caricias–. Podrías deshacerte de todas esa timidez. No vas a avergonzarte por mucho más–. Otra suave caricia, esta vez acompañada de un apretón, y arqueé la cabeza y resoplé.
–Ca-carajo…– maldije.
–¿Lo ves? Ya lo estas disfrutando– repuso, y al fin comenzó con las caricias. Los recuerdos de mi cumpleaños me inundaron la mente, todos aquellos besos y caricias tan vividos como si fueran hoy. Sentí lagrimas en los bordes de los ojos, confundido porque no debía llorar cuando era tan feliz.
¿Qué es lo que me alteraba? ¿Era porque me detestaba por haber abandonado a Levi? ¿O era mi culpa, conscientemente diciéndome que podría haber conseguido esto mucho antes si no hubiera huido como un cobarde? No lo sabia con certeza, pero ahora no quería pensarlo.
La mano de Levi era mas insistente, acariciando y sobando y haciendo que mi cuerpo se derritiera con un placer que nunca había sentido. Las noches solitarias que compartía con mi mano se comparaban con las sensaciones del presente. Era incapaz de detener los vergonzosos sonidos que salían de mi boca, y no estaba seguro de si realmente lo deseaba. Temía ser demasiado ruidoso, o de lo que pasaría si era hacia más ruido, y las palabras de Levi resonaban en mi cabeza.
Levi tenía razón. Aunque él no me lastimara, seguía teniendo miedo. Crecí aprendiendo a vivir de cierta manera, y seguía intentando hacerlo. Era como un instinto, y eso fue lo que hizo que me llevara la mano a la boca y me mordiera el musculo de mi pulgar, para evitar ser ruidoso. La ultima vez que lo había intentado, Levi me sostuvo la mano para que no volviera a hacerlo. El cuerpo me dolía, con el pecho pesado por resuellos, los pulmones inflándose y desinflándose rápidamente. Sentí mi ansiedad crecer.
–Le-Levi– resoplé. Levi levanto la mirada de su actual ocupación, enfrentando mis ojos con los suyos nublados. Levanté mi mano y se la tendí, esperando que la tomara. Para mi alivio, lo hizo, sonriéndome dulcemente cuando acarició la cicatriz en mi pulgar–. Levi…
–Te tengo…– dijo, y sus caricias continuaron. Incliné la cabeza, girando los ojos por el placer. Me sentía mas alto, fuerte y, vagamente, me pregunté si era todo en lo que podía concentrarme. Era incapaz de sentir otra cosa que no fuera Levi, sus caricias, besos o palabras gentiles. No pude evitar preguntarme si estaba tan ansioso como yo.
Después de todo, sabia sobre lo que había vivido y me preguntaba si esto traería alguno de esos terribles recuerdos, o si seria capaz de hacerlos a un lado.
Sin embargo, esos pensamientos se borraban. Hubo una repentina humedad que me rodeó e hizo que retorciera los pies, arquear la espalda, y mi mano libre se apretó sobre las sabanas sobre mi cabeza. Gemí con fuerza, mientras mis temores se disipaban mientras Levi se tomaba su tiempo para lamerme la piel. Al principio fue algo sencillo, su lengua recorrió el lado de mi extensión y luego la cabeza. Entones chupó, sus labios cerrándose sobre la punta y mi cuerpo tembló.
–Le-Levi- ah– gemí. Entonces, él lo metió todo dentro de su boca. Inintencionalmente grité por la sensación, mis caderas moviéndose hacia dentro de su baca por accidente. Levi se sentó derecho un momento, tosiendo mientras se limpiaba los labios con el reverso de la mano.
–Cuidado, mocoso. No te diviertas tanto, o no me voy a divertir yo– dijo, con voz ronca. Asentí, observándole mientras lentamente se inclinaba y volvía a cerrar sus labios sobre mi miembro. Maldita sea, ¿por qué no había mirado antes? Ver a Levi lamiéndome como si fuera la mas deliciosa golosina en el mundo era la cosa mas excitante que había visto, superando a cualquier porno en la que haya gastado mi tiempo en ver. Si esto no me producía una hemorragia nasal, no tenia idea qué cosa podía causarla.
Levi susurró contra mi mientras chupaba, subiendo y bajando hasta que se producía arcadas contra la base. Gemí sin aliento, con los dedos hundiéndose en sus cabellos y tirando con fuerza. Eso pareció envalentonarlo, haciendo su succión más insistente.
Sentí que mi corazón palpitaba en mis oídos, tal vez así era. Mi respiración se había vuelto errática, y todo lo que podía hacer era resoplar y gemir como un animal en celo. Levi no pareció molestarse, y de no ser porque su boca estaba ocupada, estoy seguro de que haría un ruido similar al mío.
Se apartó, soltando suspiros, sin aliento, y me miró con una sonrisa maliciosa. Gemí mientras seguía pasando sus dedos por mi adolorida erección, y se sentó, aunque un poco fuera de balance.
–¿Cómo se siente, Eren? – preguntó.
–Hng… Bi-bien– ¿Por qué me hacia responderle? Era demasiado vergonzoso.
–¿Te gusta lo que hago? –. Asentí gimiendo, y Levi se sentó sobre sus talones, mientras sus manos abandonaban mi cuerpo–. Eren, bajo mis ropas en la mesita hay un pequeño paquete y una botella. Pásamelos– dijo, o quizás me ordenaba. ¿Tenía opción?
No era como si le hubiera rechazado.
Me senté, con el cuerpo agitado por agotamiento, los brazos apenas me podían sostener mientras me estiraba hacia la mesita y abría el cajón. Aparté sus ropas del camino mientras buscaba lo que me había pedido, y lo encontré al fondo del cajón. Las saqué, con los ojos fijos en el paquete de condones y la botella de lubricante. Tragué con fuerza.
Así que lo íbamos a hacer, ¿verdad? No era que no lo deseara, pero la cosa comenzaba a caerme encima. Las preguntas y preocupaciones comenzaban a acumularse en mi cabeza, las preocupaciones y los "¿y sí?" hacían su presencia evidente. Cerré los ojos, intentando disiparlos, pero era difícil.
¿Por qué temía tanto perderlo? Era consciente de que me gustaba, lo suficiente como para hacer esto con él, pero nunca antes sentí tal temor por perder a alguien.
¿Era porque era tan fácil perderlo? O quizás…
–Eren–. Los brazos de Levi me rodearon los hombros. Di un respingo por a sorpresa, pero me volví a verlo. Se sentó derecho, y sentí que las mejillas no se me podían poner más rojas por la imagen que tenía delante. Claro, lo había visto sin la camisa con anterioridad, pero nunca sin los pantalones. Estuvo la ocasión de mi cumpleaños, pero había sido por el alcohol en mi cuerpo y no estaba tan seguro de si fue un recuerdo o una fantasía.
Era todo un recuerdo.
–Pareciera que se te fueran a saltar los ojos– señaló Levi, sonriendo. Aparté la mirada, avergonzado, intentando encontrar algo que me distrajera, pero ¿qué podía ser más entretenido que mirar eso?
–Pe-perdona…– susurré. Levi me tomó la mano y tiró, regresándome a la cama. Nuevamente, estaba de espaldas con Levi encima de mí, y ya tenía la botella de lubricante en las manos. Mire eso y luego a él, y las tuercas en mi cabeza comenzaron a girar frenéticamente.
–¿Sabes…? – comenzó a decirme, tocándome la mano–. No tenemos que hacerlo.
–L-lo deseo–. Las palabras salieron antes de que las pensara. Eran ciertas: deseaba hacerlo más que nada, pero tenía miedo. Estaba asustado de tantas cosas, algunas de las que no estaba siquiera seguro. Desconocía la totalidad de lo que temía, sólo tenía la certeza de que estaba asustado.
–¿Estás seguro? – me preguntó, y, por un momento, sus ojos se suavizaron. Nuevamente, no pensé mi respuesta. Asentí y, al hacerlo, la verdad me cayó encima.
Sí, deseaba hacerlo. Deseaba esto, y no quería tener miedo. Deseaba estar con Leví, y no quería perderlo. Tenia miedo de perderlo, y había una parte de mi que pensaba que esto, de alguna manera, nos separaría: a eso le temía. Sin embargo, estaba cansado de esconder mis sentimientos por él. estaba cansado de actuar como si nada pasara entre los dos, cuando era evidente que si lo había. Estaba cansado de simular y hacer como que no me importaba.
Antes estaba en lo correcto: me estaba enamorando de él.
–De acuerdo…–. Levi parecía escéptico, pero procedió. Abrió el paquetito que le había pasado de la mesita y se puso un condón. Levi había hecho algunas cosas sensuales antes, ya fueran intencionales o no, y esta era una de ella. ¿Era consciente de lo que me provocaba? – Eren, mientras hagamos esto, si necesitas que pare, me lo dices. No me molestaré o algo-
Giré los ojos ante su palabras, y me senté rápidamente para interrumpirlo con un beso. lo atraje conmigo mientras caía de espalda, nuestros cuerpos chocándose en la forma más apropiada, nuestras erecciones frotándose una contra la otra. Gemí dentro de su boca, y vagamente sentí a Levi hacer lo mismo mientras sus brazos me rodeaban las piernas. Me llevó las rodillas hasta el pecho, y gemí mientras lo veía apartarse. Era vergonzoso, pero debía superarlo, como me dijo. Probablemente, en unos minutos ya no me importaría.
–Esto, al principio, puede arder. Solo… respira, ¿de acuerdo? – me explicó con tono inquisitivo, casi como si no estuviera seguro. Asentí mientras escuchaba como destapaba la botella de lubricante. Tomé aire con fuerza cuando la volvió a tapar, y esperé por la presumible sensación de "dolor" que vendría.
Fue entonces cuando sentí sus húmedos dedos deslizarse por entre mis muslos. Temblé cuando sus dedos rozaron mi entrada, y levanté los brazos para taparme la cara. No deseaba verlo, sin importar de lo que me haya dicho.
–¿Estás bien? – me preguntó. Asentí. No podía evitar reaccionar así por sus caricias. Era tan amable, gentil, y amoroso, lo que hacia mucho mas fácil soportar cuando su dedo se introdujo.
–E-estoy bien–. Bueno, tenía razón. Ardía bastante. Estaba seguro de que si no hubiera el lubricante de antemano, esto habría sido mucho mas doloroso y tal vez no podría haberlo soportado.
–Recuerda decirme cuando no puedas soportarlo–. Su dedo se movió dentro de mí, y yo suspiré ante la sensación. Era una que jamás había sentido, ni cuando me atrevía a probar por mi mismo, pero no era del todo desagradable. Había una palpitante sensación de esperar por más, y me descubrí moviéndome contra su mano.
Con los ojos cubiertos por mi brazo, no podía ver lo que se venía, pero sentí los labios de Leví contra mi barbilla. Quite el brazo para encontrar sus ojos en los míos, y me estire para rodearlo con los brazos. Lo atraje cerca, poniendo sus labios contra los míos mientras sus dedo entraba más y, con cada avance, sentía el cuerpo calentarse más y más.
Se sentía bien.
El segundo dedo de Leví le siguió con premura. Eso fue cuando el verdadero ardor comenzó a impactarme. Tuve que dejar de besarlo, dejar que mi cabeza cayera hacia atrás para recuperar el aliento. Hice lo que me dijo, y respiré despacio, tratando de mantener la respiración calma. Era difícil, pero Levi era paciente, solo mirándome a los ojos, esperando.
Tuve el breve pensamiento de preguntarle porqué hacia esto, y posiblemente era porque sabia cómo iba a la cosa. Después de todo, había sido violado, y debía conocer las diferencias entre eso, entre lo que debía sentirse bien y lo que no. Quizás, ese era el motivo por el cual era tan paciente, y eso me deba ganas de llorar.
Eso fue hasta que Levi giró los dedos, y yo solté el más ruidoso sonido que haya emitido en la vida.
–Lo encontré–, repuso Levi, volviendo a mover los dedos. Prácticamente me retorcí, con el cuerpo olvidando el dolor y girando otra vez contra su mano. Ardía, pero las sensaciones que provenían de allí abajo eran demasiado para que las controlara. No podía hacer nada más que moverme contra él.
–O-oh mi dios…– resoplé–. N-no pares, por favor no pares.
–Eren, ¿ya te sientes bien? – me preguntó, con una sonrisa maliciosa. Todo lo que podía hacer era gemir y gritar como un animal en celo, mientras seguía girando mi cuerpo contra el suyo. En cierto momento, aunque no estoy seguro de cuando, un tercer dedo fue empujado en mi interior. Estaba atrapado entre el dolor y el placer, pero levo seguía atacando ese punto y hacer que mi todo mi cuerpo se sintiera vivo con cosas que nunca antes había sentido, tanto física como mentalmente.
–M-mierda… oh, carajo, ¡Levi! –. Sentí un conocido calor en mi parte baja, una sensación que conocía demasiado bien. No iba a durar mucho, no mientras él siguiera haciéndome eso, y parecía que lo sabía. Con otro par de ataques, repentinamente retiró los dedos, justo cuando me sentía tan cerca de la cima del placer–. Mierda, ¿por qué paraste?
–Te dije que quería también divertirme– respondió, y fue entonces que me percaté de cuan agitado estaba. Mirándolo con ojos nublados, noté el rubor en sus mejillas, y la ligera luz del cuarto hacia que sus ojos brillaran de una manera que nunca le había visto. Alcé la mano y le toqué la mejilla, sintiendo como estaban calientes de vida, una vida que no había tenido tanta felicidad antes.
–Levi…– suspiré. Levi abrió los labios con la sonrisa mas tierna que le haya visto esbozar, y cerré los ojos mientras se inclinaba a besarme. Vagamente sentí el sonido de Levi destapando la botella de antes, pero o le presté atención. Me enfoqué en sus labios, en su suavidad, aunque un poco resecos. Mi voz era silenciada por nuestros besos y su lengua se deslizó entre mis labios y a la vez, sentí sus manos separarme las piernas.
–Eren– dijo Levi contra mis labios. Abrí los ojos y le miré cuando sentí algo (aunque sabia de qué se trataba) presionando contra mi entrada–. Respira, ¿de acuerdo? –. Asentí mientras me aferraba de sus hombros, preparándome para lo que fuera que se venía.
Había visto algo de porno gay con anterioridad, así que tenía cierta idea de lo que iba a pasar. Sin embargo, nada en esos videos me había mostrado que dolía de esa manera. Levi empujó, y dejé escapar un grito de dolor. Me tapé la boca con una mano, temeroso, pero Levi ya me había oído, y me arrepentí por ello. No quería que se preocupara por mí.
–Mierda, l-lo siento– dijo, resollando, con las manos dolorosamente aferradas a mi cintura. Tenia los ojos cerrados, el rostro arrugado en una mueca, pero no estaba seguro de si era por el dolor o exceso de placer–. Aférrate a mí, Eren…– me ordenó. Lo hice, rodeándolo con mis brazos y escondiendo la cara entre su cuello y hombro. Levi acomodó su agarre, sus manos tomándome de los brazos mientras apoyaba la frente contra la mía. Me dio unos ligeros besitos, y sentí su cálido aliento contra mis labios.
–Si debes hacerlo, puedes arañarme o lo que sea, no me molesta– me susurró, con los labios contra los míos.
–¿N-no te… dolerá? – pregunté, con aliento agitado. Levi rio, y sentí una repentida acometida. Grité de dolor, pero me di cuenta de que no había sido tan malo como antes.
–Tengo el pito metido cinco millas dentro de tu culo, ¿y te preocupas por mí? – dijo, riendo un poco–. De verdad eres un caso, Jaeger…
–M-me preocu—comencé a decir, pero Levi volvió a arremeterme. Gemí, con la cabeza volviendo a caer sobre las almohadas. El dolor desaparecía, sin embargo, no lo hacia menos incomodo–. Carajo…
–¿Te sigue doliendo? – inquirió. Vi la desesperación en sus ojos, y fui consciente de que, probablemente, lo estaba carcomiendo. Me pregunté qué estaría pensando en ese momento, pero solo brevemente–¿Eren…?
–Mn… n-no en realidad… se siente raro…–. Había perdido la habilidad de armar frases en algún momento.
–Eso lo puedo arreglar– me dijo, sonriendo. Estaba preparado para interrogarlo, pero otra arremetida me causó un profundo gemido. Me volví a tapar la boca, tan avergonzado que de verdad sentí que me moría–. Lo encontré rápido, ¿verdad? – me preguntó.
–Ca-calla-hn… ah…–. Levi comenzó a mover sus caderas lentamente, y me resultó una absoluta tortura. Sí, lo había encontrado. No había más dolor y de todas las ocasiones que había escogido para ser gentil, era en ese momento, cuando ya me había hartado de la lentitud–. Po-por favor, Levi…
–¿Qué fue eso? – me preguntó, deteniéndose por completo. Gemí y o atraje a un beso, agarrándolo desprevenido por un momento, pero lo suficiente como para girar mis caderas contra las suyas. Gimió dentro de mi boca, con los labios suficientemente abiertos como para hacerlo resonar y hacerlo ruborizar. Se apartó de repente, y supe que había dado en el blanco cuando prácticamente me clavó la mirada. Sonreí con malicia, porque era consciente que lo había agarrado, pero una mala sensación me embargó.
Pronto, Levi me tomó de la parte trasera de los tobillos y me los llevó hasta los hombros. Gemí y resoplé mientras Levi comenzaba a girar su cuerpo contra el mío, rápida y erráticamente, quitándome el aliento.
–Te vas a arrepentir de eso, Eren– me advirtió. No estaba seguro de si era una cosa buena o mala en ese momento, pero no me importaba. Levi golpeaba ese punto en mi interior, una y otra y otra vez, haciéndome temblar. Sentí que todo el cuerpo me ardía, con la piel caliente y sudorosa por el esfuerzo, y Levi no tenía piedad.
Lo tomé de los brazos y le clavé las uñas profundamente, incapaz de sentirme culpable por herirlo o no. no pareció importarle, de hecho, parecía gustarle. Gruñó, alzando una de mis piernas sobre su hombro, de manera que podía ajustar el ángulo para entrar más dentro de mí. Funcionó, porque sentí que su cuerpo entraba más dentro de mí.
Resoplé, girando los ojos dentro de la cabeza. Todo se me puso negro, mientras intentaba aferrarme de Levi, quien me tomó de las manos y me las llevó arriba de la cabeza, sosteniéndolas contra las almohadas y manteniéndolas allí. Deseaba protestar, pero era incapaz de siquiera respirar. Perdía más y más aire mientras gemía y luchaba por respirar. Levi llevó una mano entre mis piernas, a mi olvidado y adolorido miembro, y vi las estrellas.
Mierda, no iba a durar mucho si seguía haciendo eso más.
–¡M-me voy a v-venir, ca-carajo! – Levi me soltó las manos y empujó mis piernas contra la cama, sosteniéndolas con las caderas. Su ritmo se aceleró, y vagamente oí sus gemidos de su placer debajo de los míos.
–Estoy cerca– silbó Levi. Alcé las manos, sosteniéndolas con la esperanza de que Levi las tomara. No me defraudó, y me besó con un ferviente deseo que me hizo perderme.
Le rodeé los hombros con los brazos, clavando mis uñas en sus hombros mientras me corría en su mano. Le mordí un hombro, ahogando el grito mas intenso que haya proferido, mas que cualquier otro de esa noche. Lo único que me importaba era el infinito placer que sentía después del orgasmo, retorciéndome y todo.
En la penumbra del post coito, sentí a Levi correrse. Dejó caer la cabeza contra mi hombro, gruñendo mientras galopaba su propio placer, y yo no pude evitar sollozar. Me había puesto muy sensible, casi al punto de que dolía. Casi.
–Levi… Levi…– su nombre era como la repetición de una grabadora rota. No podía dejar de decirlo. No, eso era mentira. No quería dejar de decirlo.
Al fin, estábamos juntos.
–Eren…– Levi se incorporó, con su miembro deslizándose de mi interior y haciéndome estremecer. Lo observé exhausto, mientras se sentaba, con los brazos temblorosos. Cuando levantó la cabeza, esperé una mirada de satisfacción, felicidad o quizás la misma modorra que comenzaba a sentir yo. Lo que no esperaba, era ver lagrimas deslizándose de sus ojos.
–¿Qué pasa…? – Ésa no era mi voz, ¿verdad? No, debía haber oído mal, porque nunca había sonado tan débil.
Me incorporé sobre los codos y le toqué la mejilla, interrumpiendo el recorrido de las lagrimas que prácticamente le empapaban las mejillas. Me miró con una expresión tan rota y derrotada, que sentí el corazón encogérseme.
–No vuelvas a dejarme, Eren… no creo que pueda soportar que vuelvas a irte…– susurró, inclinando la cabeza contra mi mano.
–No me iré. No puedo volver a hacerlo– dije, atrayéndolo más cerca. La cabeza de Levi cayó contra mi hombro, y lo dejé allí.
–No puedes hacerlo, Eren. No quiero volver a verte partir.
–Ya te dije que no lo haré. No me iré, Levi. Me quedaré para el resto del viaje, ¿me escuchaste? –. hubo un asentimiento de confirmación contra mi hombro, y le sonreí mientras yacía contra mí. No me importaba si estaba pesado o no me dejaba respirar. Deseaba tenerlo cerca por todo el tiempo que me fuera posible.
No había nada malo en desear eso. Ahora lo entendía. Deseaba a Levi, tanto como él me deseaba, y estaba bien, porque era la verdad.
–Nunca volveré a irme…
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