A forged wedding / Una boda fingida
Autor: mystyhollowdrummer
Traducción: Maru de Kusanagi
Capítulo 27 de 31
NdT: Llegamos al final!
27: Capítulo final- Un año después
Todo respecto a él, sus ojos, labios, orejas, y el resto de su cuerpo era la mejor cosa que pude poseer.
–E-Eren…
Y, también, su voz, pero no dejaba de tratar de silenciarla.
Alcé la cabeza de su hombro, para mirarlo. La manera en que sus cejas se fruncían, cómo cerraba los ojos con fuerza, cómo sus mejillas se sonrojaban con un color que nunca había visto, y cómo sus labios, ligeramente hinchados, se abrían para dejar unos gemidos dulcísimos, que no sabía que era capaz de emitir. Podía hacerlo, pero era algo que nunca mencionaría, a menos que busca ser golpeado hasta la muerte. Sin embargo, a mí no me molestaba, y proseguí con mi misión de llenarle de chupones el cuello en el menor tiempo posible.
–Deja de intentar callarte, Levi. Qui-quiero escucharte– tartamudear no me hacía sentir más masculino, cosa que pretendía simular en ese momento. O, tal vez, yo trataba de hacerlo ver como si supiera lo que hacía, cuando, en realidad, era tan ingenuo como un virgen. Ya no lo sabía con exactitud.
–Ma-maldito moco- ¡ah! – La cabeza de Levi se arqueó con un gemido de sorpresa, y yo sonreí. Lo había encontrado.
Lo tomé de las caderas, aunque apenas debido a que las manos se me resbalaban por el lubricante, ayudándolo a sentarse, y luego lo empujé hacia abajo, rápidamente. Sus uñas se me clavaron en la nuca, pero yo solo temblé mientras seguía ayudándolo. Reacomodé las piernas debajo de su cuerpo, pero solo para poder embestir y recibir sus movimientos erráticos. Su cabeza cayó contra mi hombro, donde lo acurruqué contra mí, disfrutando los sonidos que emitía.
Sonidos del placer que yo le provocaba.
Agarré su miembro, el cual se había estado frotando contra mis caderas, y acaricié y presioné la punta con mi pulgar. Levi se frotó contra mí, todo su cuerpo girándose y creando una seria fricción que me llevaría al clímax si se repetía.
–Ca-carajo, Eren, no puedo–. Lo callé con un beso y, con otro par de caricias de mi mano, se corrió. Gritó contra mis labios, desesperado, mientras yo le dejaba seco, y sus músculos se cerraban de manera deliciosa a mi alrededor, haciéndome venirme. El orgasmo, literalmente, me fue arrancado, porque había estado tan concentrado en él, que no lo vi venir. Sin embargo, no era que me quejara. Continue con mis despiadadas embestidas, hasta que él llegó al extremo, convirtiendo sus gemidos en sollozos. Para ese momento, yo también había terminado.
Levi se quedó completamente fláccido contra mi sudoroso cuerpo, lo único que era capaz de hacer era respirar con fuerza. A mí solo me quedaba energía para empujarnos y hacernos caer suavemente sobre la cama. Se acomodó sobre las almohadas, resollando. Su rostro estaba totalmente colorado, y era la cosa más hermosa que haya visto.
Miré entre nosotros, examinando los fluidos en su vientre y mi mano con un poco de curiosidad, pero más adoración que otra cosa. Salí, encogiéndome ante la sensación, aparentemente también me había puesto muy sensible. Mis fluidos se escurrieron de su interior, y sentí las mejillas encendérseme por el rubor.
Habría usado condón si él no hubiera dicho lo contrario. De haberlo dicho, me lo habría puesto y las cosas habrían sido más fáciles para ambos, pero Levi insistió. Insistió en ser el pasivo esta única vez, e insistió en que no usara condón. ¿Por qué…? Bueno, tenía una teoría, pero era algo morbosa y repelente, sin embargo, posiblemente era lo correcto, teniendo en cuenta su pasado.
Lo habían violado. Desde tan tierna edad, había soportado todo eso, y yo solo podía estremecerme ante las asquerosidades que debieron hacerle. Puede que lo haya hecho porque deseaba deshacerse de esos recuerdos. Durante muchos años debió sentirse como poseído, y, quizás, aunque era solo una posibilidad, deseaba sentir que ya no les pertenecía.
Aunque solo era una teoría.
–¿De qué te ríes? – Levi se había recuperado en el lapso que me tomé para admirarlo en toda su gloria. Parece que también estaba sonriéndole.
–¿Qué tal estuvo? – pregunté, con la voz un poco ronca. Levi giró los ojos y apartó la mirada, llevándose una manos a la frente para secarse el sudor.
–… estuvo bien– susurró, pero noté sus mejillas coloradas. ¿A quién creía que engañaba? A mi no.
–¿Sólo bien? no gemiste como si así fuera– señalé, cayendo de costado a su lado.
–Bueno, ¿Qué quieres oír? Eren, eres un dios del sexo, y no puedo soportar no tener tu verga en el culo las veinticuatro horas. ¿Eso? – dijo, y yo rodé a su lado, aunque no sin cierta dificultad.
No podía estar más orgulloso.
–Algo así, pero podrían inclinar un poco más la cabeza y hacer un mohín– repliqué, inclinándome hacia delante. Levi giró los ojos antes de sentarse y darme un beso. No fue algo apasionado o sexual, solo un simple y tierno beso, de los que nos dábamos todos los días. Me aparté, y le sonreí mientras le sostenía la mejilla con la mano–. Te amo, Levi– dije.
–Mhm…– repuso, y giró de lado. Resoplé mientras apartaba la cara, y mis ojos justo se posaron en el reloj junto a la tele.
–¡Ay, mierda! – grité, y salí de la cama de un salto.
–¡Carajo, Eren! ¿Por qué me gritas al oído? – me ladró mientras se sentaba, evidentemente fastidiado.
–¡Voy atrasado! Se suponía que iba a salir hace una hora! – expliqué, mientras sacaba la ropa como loco. Le tomó un momento a Levi entender la nueva información, pero, cuando lo hizo, solo gruñó y volvió a caer sobre las sábanas.
–Eso no implica que me grites al oído– dijo entre las almohadas–. Oyen, más temprano te había dicho que no teníamos tiempo, ¡pero no me escuchaste!
–Nunca lo hago. ¿Qué te sorprende? – Levi me miró antes de preguntar. Lo escuché rugir antes de agarrar mis llaves de al lado de la tele y salir como rayo del cuarto. Le grité adiós una última vez antes de salir del departamento, y luche con las llaves para abrir la puerta.
–Oye, Eren–. Una vez que cerré la puerta, me volví a la voz que me hablaba.
–Ah, hola Mikasa, abuela–dije a las dos. Mikasa ayudaba a la abuela de Levi con la silla de ruedas, porque la pobre mujer ya se había rendido en intentar caminar. Podía dar unos pocos pasos, pero más que eso le dolía mucho, y Mikasa no tenía problemas en llevarla de aquí para allá cuando lo precisaba. Creo que incluso lo disfrutaba–. De haber sabido que venían, les habría dejado abierto.
–¿Qué haces aquí todavía? – preguntó la abuela, sonriendo ampliamente.
–Debiste haber salido hace una hora– dijo Mikasa con tono neutro.
–Ya sé, me-medio que me atrasé– me puse como tomate mientras pasaba a su lado– ¡Ya me voy!
–Espera, Eren– me llamó Mikasa. Me volví a verla, quien me indicaba que me acercara, y eso hice.
–¿Qué…? – pregunté. Ella revolvió en su cartera un momento, antes de sacar un polvo compacto y pasármelo –¿Qué es esto?
–Mi base cremosa– respondió. La miré interrogativamente, en busca de respuesta–. Tienes tremendo chupón en el cuello– señaló.
Tuve un ataque de pánico, y abrí el compacto para mirarme en el espejo (¿por qué rayos tenía una traba?). Y sí, a lo largo del cuello, había una gigante marca de amo, que parecía que alguien me hubiera dado con un bate de beisbol.
Ya sabía de qué se reía la abuela de Levi.
–Ah, ¡Levi! – grité, exasperado.
–¿Sí…? – En algún momento, Levi había decidido unírsenos en el corredor, apoyado contra el marco de la puerta, con unos pantalones de pijama sueltamente agarrados de sus caderas.
–¡Eres un sádico! – le acusé.
–Como sea, no es como si no te gustara– suspiró el, apartándose cabellos de la cara.
–Dame la fuerza para no ahorcarte delante de tu abuela– silbo Mikasa, mientras empujaba a la anciana dentro del departamento.
–Lo tendré en cuenta– dijo él.
–¡Eren, compra pollo rostizado y patatas cuando salgas! Quiero hacer la cena– me dijo la abuela desde dentro.
–¡Lo haré!
Bueno, medio que me retracto de mis últimas palabras. No me arrepiento haber hecho lo que hice y haber aceptado el trato con Levi. Tal vez, me arrepiento de algo que nunca tuve antes, y es una vida estable con alguien de quien estaba, sin dudas, enamorado.
Era difícil tener que explicárselo a la gente, en especial a Mikasa. Sip, se pueden imaginar qué tipo de persona es, y la cosa no le cayó bien. Fue la primera vez que tuve que contenerla al intentar, de verdad, matar a Levi. Él no pareció preocuparse por eso, y tampoco ayudaba todos los chistes verdes que hacía, pero pude calmarla. Todavía no estaba muy contenta con toda la situación, pero eso no evitó que se mudara al departamento con nosotros.
Levi me dijo que ya se había cansado del viejo, e insistió en mudarnos. Fue su idea, incluso, conseguir unos con cuartos extras, así Mikasa y Armin podían vivir con nosotros. Nosotros mismos nos sorprendimos, a lo cual Levi pareció confundido con que pensáramos que actuaba raro. De todas formas, accedimos.
Eventualmente, le dijimos a la abuela sobre todo. Levi tuvo miedo, y lo demostraba. La abuela era importante para él, más de lo que llegaría a saber, y sabía que le preocupaba hacer cualquier cosa que la alterara. Bueno, ella no pareció muy molesta…
No sabemos exactamente qué pasó. Se lo dijimos, más yo que él, porque Levi temblaba y era incapaz de hablar con sentido, y ella nos miraba con una extraña sonrisa. Rió, nos atrajo a un abrazo y besos, y luego se fue a cocinar.
Si, tampoco entendimos que fue todo eso. No estábamos seguros de si era su manera de decirnos que siempre lo supo y que nunca se molestó en comentarlo, o que no lo sabía pero, ahora estábamos juntos era todo lo que le importaba. Me podría haber reído con cuan aliviado pareció Levi con que su abuela no se haya largado, y yo estaba feliz de que él lo estuviera.
Así que, como dije, no me arrepiento de lo que pasó. De no haber "actuado", nunca estaríamos donde nos encontrábamos hoy. ¿Y dónde era…?
Corriendo como loco por un puto aeropuerto.
–¡Eren…! – Paré en seco cuando dijeron mi nombre. Miré en derredor, para hallar a mi amigo de la infancia parado sobre unos de los asientos del aeropuerto y haciéndome señas. Tuve que contener un grito de emoción cuando lo vi, y corrí y prácticamente lo tacleé, con la valija y todo.
–¡Armin! – celebré.
–¡Por dios, me asfixias! – se rió contra mi hombro. Lo solté y lo miré, asegurándome de que estuviera sano y feliz (una costumbre que tenia de chico).
–¡Te pusiste más alto! – señalé, sorprendido. Solía llegarme a la barbilla. Ahora, el más joven de nuestro grupo me llegaba a los ojos.
–¿Sí? Me pareció que tuve un estirón, pero no estaba seguro– respondió, frotándose la nuca.
–Sip, uno grande, también te cambió la voz–. Recogí la valija y comencé a caminar, y Armin me siguió.
–¡N-no! – chilló.
–Es típico de ti llegar a la pubertad tan tarde– me burlé mientras le empujaba. Armin giró los ojos y devolvió el golpe y, para mi sorpresa, fue capaz de hacerme trastabillar–. Vaya, ¿estuviste levantando pesas?
–Cállate Eren– dijo, y se rió. También reí, y le miré con curiosidad, en busca de las diferencias. Aparte de su altura y voz, no había cambiado mucho. El cabello estaba un poco más corto, implicando que debió habérselo cortado hacia poco, y su piel estaba un poco más bronceada. No tanto como yo, pero un poco más que su usual tono pálido. Debió haber sido ese fin de semana que pasó en California, cortesía de una última clase de campo.
–Oye, Eren– me dijo.
–¿Hm…?
Armin alzó una mano y me tocó el cuello.
–Dile a Mikasa que su base es demasiado pálida para ti– dijo, sonriendo.
–¡Ah, maldición! – exclamé, frotándome el cuello– ¿Se nota mucho?
–Sí, pero más pareciera que tuvieras un parche de piel descolorido– me explicó, mientras terminaba de limpiar el resto de la evidencia de maquillaje–. Ahora sí parece un chupón. Levi, ¿ah…?
–Ah, cállate…
–También parece bastante reciente. ¿Por eso te atrasaste? – Armin golpeó su hombro contra el mío, y arqueó las cejas.
–Ay, ¿podemos no olvidarlo? – pedí, haciéndolo a un lado.
–Sólo digo que tienes una vida sexual activa. No tiene nada de malo– admitió Armin, encogiéndose de hombros con un suspiro.
–Hay algo malo con la tuya. Ah sí, es que no tienes– ni bien dije esas palabras, salí disparado por la puerta más cercana.
–¡O-oye, Eren, regresa!
–Armin, ¿te das cuenta de que siempre tuviste mejores notas que yo? Digo, ¿lo hiciste, no? – dije cuando llegamos al departamento.
–Hace tiempo lo hice, Eren–. Sacudió la cabeza con una risa. Yo resoplé mientras llegábamos a la puerta y, antes de que pudiera volver a hablar, alcé la mano a mis labios para callarlo. Se quedó en silencio mientras apoyaba la oreja a la puerta y buscaba escuchar algo, lo que fuera.
–Ahí dentro está silencioso…– susurré–. Quizás, estemos llegando al fin de una batalla.
–¡Ay no Eren, una pelea no! – gimió Armin con dramatismos. Lo tomé de las manos y lo sostuve cerca.
–¡Armin, sin importar lo que pase, ten la certeza que te quiero y siempre lo hice! – dije, sarcástico.
–¡Oh, Eren! ¡También te quiero! Ahora, abre la estúpida puerta–. Me apartó riendo, y yo no pude evitar imitarlo mientras abría la puerta.
–¡No, es que eres un tonto! – Ah, por fin en casa.
–Eso no tardó mucho–musitó Armin, refiriéndose a la pelea entre Levi y Mikasa – ¿Quién es el adulto aquí?
–Obviamente, tú. Entre tu novio y yo hay sesenta años de diferencia.
–Oye, no metas a Eren en esto, y no soy tan viejo–. Armin suspiró a mi lado, mientras oíamos a los dos desde el pasillo. Él miró en derredor un largo rato antes de hablar.
–La nueva casa está genial, Eren– dijo, sonriendo.
–¿Ah sí? ¿Puedes creer que a Levi le pareció más chico? – dije, mientras íbamos al living.
–Mm… sí, lo creo. ¿Te molesta?
–Claro que no– repuse. Miramos dentro del living, para ver quien estaba. La abuela estaba sentada en el sofá, haciendo un collar de palomitas de maíz, cosa que ponía de pelos a Levi. Él y Mikasa estaban junto al árbol de navidad, discutiendo sobre algo, pero todavía no sabía qué.
–Escucha, las decoraciones al final, las luces primero, idiota–. Silbó Mikasa, arrojándole una palomita de maíz a Levi.
–Maldita sea, no arrojes comida aquí– le advirtió él. Ella tomó otro y Armin y yo observamos, horrorizados, cómo se lo tiraba a la cabeza de Levi–. Okey, escucha-
–¡Miren, es el graduado universitario! – dije de repente, señalando a Armin.
–¿Qué? No, no metas en esto– chilló él, aterrado.
–Armin– suspiró ella, bajando la tira de luces que sostenía. Vino hasta nosotros y lo abrazó, dándole un apretón que le robó otro gemido–. Estoy muy feliz de que estes aquí. Estoy harta de vivir con estos idiotas.
Y lo soltó. Mikasa debía estar daltónica. ¿Cómo era posible que alguien ignorase el rubor en las mejillas de Armin? Me era incomprensible–. Por favor, no me metas en el medio, Mikasa– le imploró, bajando la mirada–. Y es bueno volver a verte también.
–Ah, miren eso. Has crecido mucho, Armin– notó ella, poniéndole una mano en el hombro. Él intentó aclararse la garganta, pero ella ya estaba en otro tema antes de que pudiera responderle–. Eren, por favor dile a tu novio que las decoraciones van al final.
Ella no era de los que perdían el tiempo, por eso había pasado a mí.
–Eren, ¿podrías decirle a tu estoica hermana que van primero? –, dijo Levi. Yo giré los ojos, ignorando la valija de Armin para poder sentarme junto a la abuela.
–Enano, ¡van al final! – ladró Mikasa.
–¿Ya se podrían callar? Faltan tres días para navidad y el cumple de Levi, y los dos actúan como niños– dijo la abuela–. Armin es el más joven de ustedes, y sigue siendo el más maduro– lo señaló al decirlo.
–Jaja, gra-gracias–. Armin de verdad no quería terminar en el medio del fuego, y no lo culpaba. Yo debía soportar a esos dos y sus discusiones todos los días desde que oficializamos y anunciamos que salíamos. Aunque no se lo tomó tan bien, fue mejor de lo esperado. Fue como si se contuviera, y todas las discusiones que había tenidos con él era su manera de ventilar su enojo. Me pareció mejor que nada.
–¿Entonces, Eren? – Preguntó Mikasa, recogiendo la tira de luces que había dejado caer antes.
–Primero las luces. Las decoraciones al final– dije, encogiéndome de hombros. Levi se quedó un momento callado, solo mirándome y no a Mikasa, quien se mostraba radiante.
–… ¿Puedes culparme por no saberlo? Hace tres años que no armo un arbolito– repuso, dejando caer las decoraciones en la caja.
Nunca antes había visto a Mikasa contenerse en no pegarle a alguien.
–La discusión está zanjada, ya no más por hoy– dijo la abuela cuando la cosa al fin terminó.
–En ese caso, me voy a buscar un vino– dijo Mikasa–. Me va a hacer falta.
–Que sean dos– prácticamente silbó Levi, mientras ella se alejaba, pero no sin alzarle el dedo mayor cuando entraba a la cocina. La tensión se había aliviado ahora que se separaban, y también me sentí mejor, como que tuviera más aire. Armin parecía igual, con una sonrisa en los labios cuando me miró.
–¿Estás bien? – le pregunté.
–Ujum…– susurró.
–Pareces bastante ido– agregué, empujándolo por el hombro.
–No… es que lo extrañaba– suspiró, sonriendo. Me reí y le palmeé la espalda, aunque intentó apartarme sin éxito.
–Bueno, ahora debes pasar una larga y linda vacación con nosotros– le indiqué.
–Ah, ¿casa, eh? Extrañaba esa palabra– Armin se inclinó conta el sofá, con la cabeza cayendo contra el borde, mientras la abuela le palmeaba la rodilla.
–Nene, ya estás en casa. Ya te recibiste, así que puedes relejarte– le dijo, con una de sus famosas sonrisas y volvió a hilvanar palomitas.
–Todavía me queda bastante tarea. Solo terminé por este año– rió él, girando los ojos–. Estoy tan viejo.
–¿Tú? ¡Yo casi tengo una centuria! ¡He vivido más que tus bisabuelos! – rió ella.
–Muy cierto. Mi bisabuelo llego a los ochenta y seis y el bisabuelo a los setenta y dos. ¿Cuál es su secreto? – preguntó Armin. la abuela le indico, con sus dedos huesudos sobre los labios, que se callara. Entonces, sacó una palomita del bol, riendo en dirección a Levi, quien se había vuelto a decorar el arbolito. Aterrizó en su nuca, y luego cayó por dentro de su camisa.
Cuando él se volvió a mirarnos, la abuela señaló a Armin, frunciendo el ceño–. Él lo hizo– señaló.
–¿Qué? – chilló él, sorprendido, y su voz se quebró con histeria.
–Arlert, no tires mierdas en esta casa– le gruñó Levi.
–¡Yo fui! ¡Fue ella! – acusó Armin, señalando a la abuela.
–¿Cómo podría, con mis huesos frágiles? – dijo ella, temblorosamente alzando la mano y gimiendo.
Basta decir, que Armin se había quedado sin palabras. Yo, por mi parte, me había caído del sofá, riendo como loco. Me sequé las lagrimas provocadas por la risa, y regresé a mi sitio a su lado.
–¡B-bienvenido a casa, Armin! – me reí, tirándole del hombro.
–Ah no, me retracto. Que quiero ir. Quiero volver a mi cuarto en el dormitorio– gimió él, luchando débilmente contra mí. No se apartó, claro, y terminó cayendo contra mi pecho, derrotado.
–¿No quieres quedarte aquí, con tu novia? – pregunté. Él se aterrorizó y trató de taparme la boca con las manos, pero se me escapó.
–Ah, ¿te gusta Mikasa? – preguntó la abuela.
–¡N-no, no! ¡Él se está burlando, se-!
–¡Está enamorado de ella! – reí, cuando las manos de Armin se aflojaron sobre mi boca.
–¡Cállate! – gimió el, horrorizado.
–Cagón– susurró Levi.
–¿Qu-qué? ¿Lo sabía?
–Por dios, Arlert, ¿eres un ciego de mierda? Mi abuela puede verlo, y es legalmente ciega. La única ciega parece Mikasa, a menos que no se haya dado cuenta. Estoy seguro de que sí lo ha hecho, solo que no ha dijo nada– dijo Levi, tirando de dos tiras de luces, y la cara de Armin se puso de rojo a blanco y otra vez rojo.
–Ella… no se podría haber dado cuenta, yo…–. Armin se hizo una bolita con ese conocimiento.
–¿A que le temes tanto, nene? Tus sentimientos por ella son muy tiernos– aseguró la abuela, mientras ponía a un lado la larga tira de palomitas.
–Tiene miedo de perder su amistas– mascullé, volviendo la cabeza, y fui premiado con un rápido golpe a la panza de Armin.
Maldita sea, se puso mas fuerte. ¿Acaso no se dio cuenta de que me lastimó?
–No es solo eso…– susurró él.
–¿Entonces? – preguntó la abuela, posando una de sus manos sobre la temblorosa de él.
–…. Eren y Mikasa siempre han estado allí para mi… y, después de perder a mi abuelos, son la única familia que me queda. Si hiciera algo para arruinarlo y perderlos…– vi los ojos de Armin volverse rojos, como si estuviera a pinto de llorar–. No puedo perder la única familia que me queda… y si eso significa que debo sacrificar lo que siento, lo haré. No puedo perderlos…
Armin se inclinó para reposar las cara en sus manos, sobre sus igualmente temblorosas rodillas, y soltó un largo suspiro. Miré a Levi, y él se había tomado una pausa de su labor para escuchar la conversación.
No fue demasiada sorpresa, hace un año, pasamos la misma mierda. Sin embargo, yo la había superado. Había dejado de tener miedo. Tenia la voluntad para arriesgarlo todo y, al final, conseguí algo mejor de lo que hubiera esperado.
Si tan solo Armin pudiera ver que para él también podía ser así, pero no era yo. No era tan fuerte física o mentalmente. Mientras era increíblemente inteligente y talentoso, no era el chico mas social, y agradezcamos a los imbéciles que se lo provocaron cuando era un niño. Por eso, Armin no sabía cómo lidiar con situaciones así. Nada de nada, ni siquiera la idea de salir con alguien que conocía.
Eso me hacía sentir muy mal por él.
–Oh vaya…– suspiró la abuela.
–Tienes buenos motivos, Armin– dije.
–Gracias…– repuso él, entre sus manos.
–… Veamos qué opina Mikasa sobre el tema. ¿Qué dices, Mikasa? – pregunté, volviéndome a ver a Mikasa, que estaba en la puerta.
Si, sabia que ella estaba ahí. Había estado parada todo el tiempo, con una botella de vino en la mano.
También sabía que ella hacia años sabia sobre los sentimientos de Armin, solo que nunca dijo nada. No era asunto mío hablar, era la vida de ellos, y no debía entrometerme… demasiado. Él necesitaba hacerlo por sí mismo, o nunca maduraría, y Mikasa también esperaba lo mismo.
Y la expresión de absoluto terror que se dibujó en su rostro podría haber sido cómica, si no hubiera chocado con la mesita de café al incorporarse.
–¡Mi-Mikasa! – se llevó puesto el bol de palomitas, y, honestamente, me sorprendió que el cristal de la mesa no se rompiera cuando cayó de lado. Todos fuimos a ayudarlo, inclusive Mikasa, y yo le quité el bol del vientre y limpié las palomitas. Por sobre toso, quería asegurarme de que no estuviera herido.
–Querido, ¿estás bien? – preguntó la abuela desde el sofá, porque no tenía la fuerza para embargo, Armin ahora estaba aterrado, con todo el cuerpo tembloroso. Era de consciente de que Mikasa estaba arrodillada a su lado, mientras le miraba las piernas y manos. No era capaz de mirarla a los ojos, aterrado por el rechazo, enojo o lo que fuera que pasara.
–Y-yo… no quise…–. Lagrimas se asomaron por el borde de sus ojos, y no estuve seguro de si era por la palidez o el rubor. Todo lo que sabia era que estaba genuinamente aterrado, y por buenas razones. Sin embargo, cuando miré a Mikasa, no vi disgusto u odio en su cara. No había nada de qué preocuparse, pero solo si él se animaba a verlo por sí mismo.
–Armin…– dijo ella con suavidad. Sin obtener respuesta, ella se estiró y le tocó la mejilla, con sus dedos apartándole los cabellos. Armin al fin la miró, y pude ver el color regresando a su rostro. Ella le sonrió, se inclinó hacia delante y depositó un suave beso obre sus labios.
Creo que nunca antes vi a Armin abrir tanto los ojos. Era gracioso y dulce a la vez, aunque no duro mucho. Ella se apartó, con la sonrisa aun en los labios, y él pareció completamente confundido.
–Pídele una cita– dije, seguido por un montón de toses con la "intención" de disimularlo. ¿A quien engañaba? Quizás solo a las hormigas, atraídas por las palomitas.
–Ah… Hum… M-Mikasa… ¿Querrías em… podrías…?
–Escúpelo antes de que muera de vejes– le retó Levi. Mikasa giró los ojos antes de ponerle un dedo sobre los labios y silenciando su tartamudeo.
–Después de estas celebraciones, podríamos ir al cine– sugirió. Todo lo que Armin pudo hacer fue asentir vivamente, en silencio, pero feliz ante la idea.
Bueno, esperaba que toda la situación hubiera ido un poco diferente, pero, al fin, salió a la luz. Quizás, ahora podía seguir adelante con su vida.
–¡Llegaron, llegaron, llegaron! – salté del sofá cuando el timbre sonó, y corrí por el pasillo hasta la puerta. Armin estaba tan emocionado como yo, uniéndose a mi fiesta de alegría mientras abría.
Se convirtió en una cacofonía de celebraciones y gritos de emoción cuando vimos a nuestros viejos amigos al otro lado de la puerta. Los tres no habían cambiado demasiado: lo único nuevo era el bebé.
Bertholdt era igual de alto, y aunque Armin había pegado un estirón, seguía superándonos a todos. Parecía algo pálido, pero con un recién nacido ocupando casi todo tu tiempo, casi no tienes tiempo para salir de la casa. Ani siempre había sido bastante blanca, así que ahí no noté diferencia. La única gran diferencia era su cabello, que ahora estaba corto en estilo Bob. Asumí que se debía a que no tenia tiempo para ocuparse de eso, y me pareció bien. como dije, ocuparse de un bebé recién nacido era un desafío. Reiner seguía tan musculoso como siempre, haciendo que tanto Armin como yo pareciéramos del tamaño inadecuado. Armin nunca fue físicamente dotado, y hasta yo era un enano comparado con Reiner. Sin embargo, él no había cambiado nada.
¿Ya mencioné al bebé? Sí, el pequeño que Annie acunaba contra su pecho, que acababa de cumplir tres semanas, e incluso yo me sorprendió que lo hubieran traído. Estaba seguro de que Annie y Bertholdt iban a buscar una niñera para tener un descanso, pero quizás todavía no habían llegado a ese punto.
–¡Es adorable! – dijo Armin al verlo.
Sip, hasta el más rudo de todos, como Reiner, podía convertirse en una bola de amor. Yo incluido.
–Annie, tiene tus ojos– le comenté mientras acariciaba la peluda cabeza del bebé–. Y tiene las mejillas regordetas.
–Bertholdt era igual cuando era bebé– dijo Reiner, dirigiéndose al living.
–No. De bebé, era más gordo– repuso el aludido, tocando la mejilla del bebé.
–Superaste esas etapa, ¿verdad? – le pregunté a Bertholdt, palmeándole el hombro, a su muy alto hombro– ¡Eh, Mikasa! ¡Mira quien vino! – anuncié. Ella levantó los ojos de las palomitas (que ya debía tener dos metros de largo), para ver a nuestros viejos amigos y sonreírles con suavidad.
–Hola chicos– "Chicos", ignorando por completo a Annie. Las dos nunca se habían llevado demasiado bien desde el principio.
–¿Puedo cargar al bebé, Annie? – preguntó Armin, alargando las manos. Me alegró que fuera capaz de romper la tensión que se estaba formando.
–Claro, sólo siéntate primero en el sofá– dijo ella, aunque con suavidad. Su voz se había suavizado en el tiempo que había estado embarazada y tenido el bebé. Siempre fue una chica reservada y, a pesar de su silencio, era amable y gentil. No pensaba que eso fuera posible en su caso, pero, aparentemente, lo era.
Armin se escurrió hasta el sofá y se sentó. Se removió emocionado, esperando a que Annie le pasara al niño, y me sorprendió la risita de ella ante sus acciones. Le entregó al pequeño, y Armin hizo arrullitos y sostuvo al bebé cerca.
–Es hermoso, Annie– dijo él, besándole la frente.
–Gracias– sonrió ella, acomodándose un mechón de cabellos detrás de la oreja, aunque debió ser un reflejo. Todo le volvió a caer sobre el rostro, pero no pareció molestarla.
–¡Mi turno! – insistí. Me senté junto a Armin, y él, con cuidado, me entregó el niño. Me convertí en un idiota al instante, haciendo estúpidos sonidos y acaricié los cachetes del bebé.
–Te ves muy bien con un bebé, Eren– dijo Levi con voz plana a mis espaldas, mientras se inclinaba contra el sofá.
–Qué bien, me encantan los niños– dije, frotando la cabecita del bebé otra vez antes de entregárselo a la madre.
–Eso es bueno de saber– dijo Levi, pasando un dedo por mi nuca. Me ruboricé y me acaricié la nuca mientras lo miraba. Levi solo tenia esa sonrisa orgullosa en los labios, pero sabia a qué se refería.
–Mikasa, ¿te gustaría cargarlo? – preguntó Bertholdt. Ella levantó los ojos de las palomitas y negó con la cabeza.
–No, gracias– respondió, volviendo a bajar la mirada.
Juro que, por un segundo, la tensión era capaz de matar a alguien.
–¿No lo quieres cargar, Ackerman? – dijo Annie, con un tono peligroso. Armin y yo, lentamente nos levantamos del sofá y retrocedimos. Diablos, incluso su esposo y Reiner retrocedieron. Me agarré de la camisa de Levi y lo atraje conmigo. Cuando él protestó, le dije que se callara.
–Confía en mi– susurré. Las dos mantenían un duelo mortal de miradas, y era una batalla sanguinaria. Eventualmente, Mikasa suspiró y puso las palomitas a un lado, yendo al lado de Annie en el sofá.
–Bueno, cúbranse– dijo Armin, agachándose detrás de la mesita. Yo tiré de Levi conmigo, observando a Mikasa sentarse junto a Annie y alargar los brazos. Ella nunca antes había cargado a un bebé, menos mostrado interés en ellos. No creo que le disgustaran pero nunca había mostrado demasiado cariño por ellos.
–Pon una mano debajo de él, y la otra bajo su cabeza. Asegúrate de tenerlo derecho– indicó Annie. No pude diferenciar si le explicaba o daba ordenes, menos de qué estaba pasando. Sin embargo, podía entender la aprehensión de Annie.
Mikasa era muy quisquillosa en sostenerlo, insegura de donde poner las manos. Como dije, no tenía experiencia con niños, así que no sorprendía que estuviera tan ansiosa. Me sorprendió que sonriera, viendo su ansiedad desaparecer.
–¿Ya está bien? – dijo Reiner, al otro lado del cuarto. Para ser honesto, no lo estaba. No habrían traído un bebé para pelear, ¿verdad? No, claro que no.
Asentí y, lentamente, me levanté, temeroso de alterar a las dos jóvenes mujeres. Levi se levantó como si nada, cosa que tal vez así era. Armin se agarró de la espalda de mi camiseta y miró desde detrás de mi a las dos sonreír como si fueran amigas.
Ahora, temía por mi vida.
–Es increíble– dijo Mikasa.
–Gracias– dijo Annie, acariciando la cabecita del bebé.
–Creo que te envidio, Leonhart. También quiero un bebé– dijo Mikasa, riendo un poco. Oi a Armin abrir su boca detrás de mí, pero repentinamente tuvo un acceso de tos, sin duda se había ahogado con su propia saliva.
–No creo que se refiera a ahora mismo, Arlert– resopló Levi, girando los ojos–. Y creo que los dos pueden dejar de esconderse como críos– agregó, señalando a Reiner y a Bertholdt. Los dos se pararon, y Bertholdt soltó un suspiro de alivio.
–¿De verdad creyeron que metería a mi hijo en el medio? – dijo Annie, y en su tono noté el tono aburrido que usaba cuando éramos niños.
–Claro que no– dijo Bertholdt, riendo nerviosamente. Annie le estaba clavando la mirada, y su esposo apartó la mirada, buscando algo en que fijar su atención.
–No, deberías haberle visto la cara. Armin parecía que estaba a punto de vomitar– dije, riendo.
–Gracias, Eren. Voy a recordar eso cuando estés en tu lecho de muerte– dijo el aludido, empujándome.
–No pasa nada, Armin. Eren sólo te esta fastidiando– dijo Mikasa, tomando su mano entre las suyas.
–Vaya, esto es muy extraño– repuso Historia, con una taza de chocolate caliente en los labios. Tanto ella como Ymir habían llegado al día siguiente, y ahora pasaban el rato en el sofá, relajadas. No era ni la mañana, y ya estábamos agotados–. Nunca pensé que llegaría el día que los vería juntos. Bueno, tampoco creí que vería a Eren feliz en una relación– bromeó, con una sonrisa brillante.
Levi se inclinó sobre mi hombro, como intentando demostrar algo. O que yo era suyo.
–Ah, nos hemos puesto viejos– suspiró Ymir, rodeando con el brazo los hombros de Historia– ¿Cuándo mierda pasó?
–Por favor, cuiden su lenguaje delante de mi hijo– repuso Bertholdt, tapando los oídos del bebé.
–No es como si me entendiera– aseguró ella.
–Oigan, no estén tan seguros. Mi primera palabra fue "mierda", así que tengan cuidado– replicó Levi, y eso me sorprendió. Nunca lo había visto interrumpir una conversación.
–¿Por qué no me sorprende? – suspiró Mikasa, apoyándose en Armin. Sus mejillas se ruborizaron con fuerza, y no pude evitar reírme.
–Buenos días a todos–. Nos volvimos a mirar a la abuela, saliendo del pasillo. Debía haber estado usando su silla, pero era cabezota, tal como Levi. Todos la saludaron, y la abuela fue hasta al sofá donde Ymir, Historia y Reiner estaban–. Armin, querido, ¿me harías un favor? – dijo, palmeando el hombro de Historia.
–Yo no soy Armin dijo ella, sonriendo.
–Abuela, estoy aquí– dijo él, haciendo un gesto con la mano. La abuela se acomodó los lentes y entrecerró los ojos a Armin. Entonces, miro a la rubia más joven presente.
–Ay dios, lo siento mucho, linda– se disculpó.
–No pasa nada. Usted debe ser la abuela de Levi. Es un gusto conocerla– Historia sonrió ampliamente mientras estrechaba su mano.
–Eres adorable– dijo la abuela–. También es un gusto conocerte. ¿Cómo te llamas?
–Historia– respondió.
–Debes ser la hermana menor de Armin– supuso la abuela. Ymir rio a su lado, e Historia la miró, enojada.
–No, no lo soy– repuso Historia.
–¿Primos, quizás?
–Abuela, no estamos emparentados– le explicó Armin. La abuela los miró de hito en hito, confundida.
–Sí, tampoco lo entendemos– dije yo.
–Me estás llenando de nieve el departamento…– gruñí y pateé una bola de nieve.
–No seas tan marica, Eren– ladró Jean.
–¿Tan difícil te es limpiar las putas botas antes de entrar a la casa de alguien?
–¿Quieres pelear, Jaeger?
Habríamos empezado, de no ser que la abuela de Levi nos cogió de las orejas y las tiró hasta su altura.
–¡Nada de peleas en la víspera de Navidad! –nos ladró.
–Perdón…– nos disculpamos a la vez.
–¿Igual que antes? – preguntó Armin.
–Ah, claro, nada cambió– rió Marco.
–¿Nada cambió? Primero, señalemos a los bebés– dijo Connie, señalando a Annie, quien sostenía a su hijito–. Están casados y tienen un bebé. Historia e Ymir se casarán en dos meses, Eren mismo se consiguió un boy toy-
–¡O-oye! – exclamé, ruborizado.
–¿Boy toy? – replicó Levi, torciendo los ojos.
–Por fin le crecieron los huevos a Armin– prosiguió Connie.
–¡No delante de ella! – gimió Armin, escondiendo la cabeza entre las manos. Mikasa rió y jugueteó con el cabello de su nuevo novio.
–No hagamos esto delante de mi hijo– advirtió Annie, clavándole los ojos a la cabeza calva de Connie.
–Bien, bien. Casi termino– dijo él–. Reiner es un forever alone, y Marco con Jean son dos estúpidos… Ah, esperen, eso no cambió– se puso a mirar a la lejanía, como si estuviera cavilando sobre eso.
–Bueno, ¿qué hay de Sasha y tú? Nada nuevo, ¿eh? – replicó Reiner, evidentemente ofendido por su comentario.
–Oigan, somos los dos mas valientes del grupo. Estamos juntos desde la secundaria– anunció Sasha.
–¡Deberíamos estar avergonzados…! – fingió llorar Marco, y Jean lo consoló sarcásticamente.
–Bah, ¿qué diablos pasa? ¡Estamos recordando el pasado como unos viejos! – protesto Ymir– ¿Cuándo diablos van a llegar sus amigos? – agregó, señalando a Levi.
–Erwin nunca es puntual cuando importa– masculló él. Como si los dioses quisieran llevarle la contra, sonó el timbre, y todos los ojos fueron a él para que atendiera la puerta. Me reí cuando Levi se levantó y comenzó a arrastrarse para atender la puerta, mascullando y todo. Desapareció en el corredor y, poco después, se oyó un festejo. Bueno, de todos menos Levi.
–¡Bájame, maldita sea!
–Hola a todos! – apareció repentinamente Hanji en el pasillo, con un gorro de Santa y cascabeles en las muñecas y tobillos. Erwin la siguió, con una elegante botella de vino en una mano y cargando a Levi sobre el hombro, con su otra mano en su trasero.
Estaba borracho y yo no estaba celoso. Estaba borracho y yo no estaba celoso… maldición.
–¡Dije que me bajes! Petra, ¿cuánto ha bebido? – ladró Levi, mientras entraba Petra.
–Dos copas de vino, y una botella de cerveza– respondió ella, suspirando.
–¿Quién condujo?
–Yo, y también los llevaré de regreso– le aseguró ella.
–Bien, ¿ya me podrías bajar? – Levi pataleó entre sus brazos. Erwin fue hasta mi en un estupor alcohólico y dejó caer a Levi sobre el sofá, con la cabeza sobre mi regazo y provocándole un gruñido.
–¡Ahí lo tienes! – articuló Erwin. Giré los ojos y me incliné para besarle la frente, a lo que Levi no pareció demasiado contento.
–Bueno, ahora están todos– murmuré contra su mejilla.
–¿Cuándo se volvió nuestra casa un refugio de borrachos? – me preguntó, girando sobre su espalda. Podría haberse quejado antes, pero ahora no tenia dramas en yacer sobre mi regazo.
–Cuando hicimos muchos amigos…
–… ¿tengo amigos? – preguntó Levi, y de alguna manera hizo un mohín.
–Basta– le reté, dándole un golpecito en la mano.
–Qué lindos son– dijo Historia, repentinamente junto a nosotros. Me reí, pero Levi se giró de lado y escondió su rostro en mi regazo, soltando un sonoro resuello.
–¡Oye, Levi! ¿Cuándo vamos a tener un poco de vino? – aulló Hanji desde el otro lado del cuarto.
–Cuando levantes tu perezoso culo y te sirvas– Levi levantó su cabeza un momento para responderle. Hanji le frunció el ceño, acomodándose los lentes, y él resopló–. Son las tres de la tarde. ¿Para qué mierda quieres vino?
–Así nos ponemos como una cuba y no nos queda otra que pasar la noche sobre tu sofá– le respondió, como si fuera algo común. Levi giró los ojos antes de incorporarse de mi regazo e ir a la cocina por el vino.
Miré en derredor a los demás, notando que estaban ocupados, y sonreí. Cuidadosamente, me escapé del cuarto, yendo al armario del pasillo. Había escondido allí mis regalos para Levi un mes atrás, y la emoción me podía. Tenia tanta ansiedad, que me costó toda mi fuerza de voluntad no arruinar la sorpresa. Podía dárselos ahora como un regalo temprano, cosa que venia planeando desde hacia un mes. Sin embargo, sentí mi ansiedad crecer.
Mientras sacaba sus regalos envueltos juntos en un papel azul y un moño, me pregunté si no seria mucho. Después de todo, se relacionaba con recuerdos de su pasado, y quizás lo molestaría la idea. Al principio me pareció buena, pero ¿y si era mucho? ¿Y si me había propasado?
Suspiré. Ya tenía el regalo, así que no me quedaba otra que dárselo. Además de una noche de sexo desenfrenado, no me quedaba otra cosa que darle, y ya era Víspera de Navidad. Todas las tiendas habían cerrado. ¿Por qué era su cumpleaños la misma noche de Navidad?
Recogí mi pequeño regalo y cerré la puerta. Luego, fui a la cocina, donde hallé a Levi junto a la mesada, sirviendo copas de vino. Lo observé unos momentos, sonriendo, porque me pareció oírlo tararear. Al fin, fui a su lado y lo rodeé con los brazos, sintiéndolo dar un respingo de la sorpresa.
–Feliz cumpleaños, Levi– susurré contra su oído, mientras le entregaba el regalo. Levi rió mientras hacia aun lado el vino y tomaba el presente en sus manos.
–Mañana es mi cumpleaños, tonto– dijo, mirando por encima del hombro.
–¿Y…? Tu regalo de Navidad será lo que quieras darme, pero eso tardarte todo el día. ¿Cuándo podría dártelo? – pregunté, dándole un beso a un lado del cuello.
–Tienes grandes expectativas para un viejo como yo– susurró él, desatando el moño del regalo. Conteniendo el aliento y el corazón palpitante, lo observé desenvolver lentamente el papel, como si me estuviera tomando el pelo. Sacó a la luz un set de CD, y esperé alguna reacción por su parte, ansioso–. No son porno, ¿verdad? – dijo, riendo.
–Claro que no– resoplé. Di un paso atrás y tomé uno de los discos para examinarlo.
–¿Qué son?
–Hum… hice que pasara los videos a estos– dije, mirándolo. Inmediatamente pareció alterado, y busqué palabras para suavizar la situación–. De-devolví las cintas a su sitio. Sé que, posiblemente, quieras conservarlas. Solo hice que fuera mas practico para que las lleves contigo…
Todavía no se veía demasiado contento.
–Pensé que te seria más conveniente. Puedes poner los videos en tu laptop si lo deseas, y verlos donde te plazca. L-la única diferencia es… – revolví mi bolsillo y saqué un pendrive. Se lo alargué, y sus ojos fueron del pequeño objeto con curiosidad–… creo que sabes que hay aquí…– susurré.
–Hice que separaran eso de las demás partes, y lo guardé aquí, por si acaso. Pensé que querrías conservarlo por alguna enfermiza razón para torturarte pero, de ser tú, lo tiraría…– sugerí. Levi continuó mirándolo, y sentí que el corazón se me desbocaba dentro del pecho.
¿Me había equivocado? ¿Me había propasado? El año pasado, lo habíamos superado, pero estos recuerdos seguían siéndole dolorosos. Yo solo trataba de ayudarle, pero, quizás, no era lo que él quería.
–Pe-perdona…– susurré. Sus ojos me miraron, y podría jurar que me clavaba la mirada antes de dejar caer el pendrive. Chocó contra el piso y, sin perder el tiempo, Levi lo pisoteó, aplastándolo en el acto.
No pude evitar sonreír cuando me miró. Levi me tomó del frente del sweater y me atrajo hacia delante, llevándome a su altura para besarme. No estaba seguro de si era su manera de darme las gracias o que volviéramos a coger, porque el beso era tan apasionado, intenso y su lengua metida en mi boca en segundos. Me sorprendió, pero antes de que pudiera corresponderle se detuvo. Creí que solamente yo me había quedado sin aliento, pero Levi estaba en la misma condición, con un pequeño hilo de saliva colgando de sus labios. La secó con su lengua, y tuve que contenerme para no empujarlo contra la mesada.
Nuestros amigos y familia estaban en el cuarto de al lado.
–Te amo, Eren Jaeger…– susurró mirándome a los ojos, su aliento contra mis labios.
–También te amo, Levi…– dije, atrayéndolo. Él miró a los cd, y sacó uno de las cajas.
–¿Sabes qué es lo que hay en cada uno? – preguntó. Negué con la cabeza, y él sonrió mientras salía del abrigo de mis brazos para salir de la cocina llevándose el CD. Lo seguí de cerca, observándolo mientras iba a la tele y ponía el disco en la disquera. Lo empujó y apretó play, para luego sentarse en uno de los sofás libres. Me le uní, esperando a que comenzara a reproducirse.
Al comienzo, el video mostraba a Isabel y a Levi en el sofá. Ella estaba sentada entre sus piernas, con su pequeña espalda contra su pecho y un libro entre las manos. Levi le rodeaba la cintura con un brazo, y su mano libre y dedos le revolvían los cabellos revueltos. La sonrisa en su rostro era tan dulce y suave, que era evidente el amor que sentía por ella.
Debió ser un video viejo, porque ella era otra vez pequeña. No estaba tan enferma como al principio, pero no parecía tener diez años.
–Y el… cacho… cachorrito… dijo…– ella leía del libro y, por lo que podía apreciarse por el entorno y la atmosfera, todavía aprendía a leer. Levi no la estaba ayudando, solo la observaba mientras leía y, para decir la verdad, lo hacía bastante bien para estar tan atrasada.
–Oh dios…–. Levi y yo levantamos los ojos para hallar a Petra parada allí, con las manos en su boca. Noté las lagrimas en sus ojos, y una logró deslizarse por su mejilla.
–¿… estás bien? – preguntó Levi en voz baja. Petra asintió, secándose las lágrimas, pero entonces rió como si no hubiera pasado nada.
–Me había olvidados de que los tenías…– gimoteó ella, frotándose los ojos–. O-olvidé lo hermosa que era…
Las lágrimas caían a pesar de ella, pero seguía sonriendo.
Petra debió haberlo olvidado. Bueno, no del todo "olvidado". Creo que los recuerdos fueron hechos a un lado, y me hizo sentir mal de hacerla recordar.
–Levi, ¿quién es? –. No necesité levantar la vista para saber quien hizo la pregunta. Levi si le miró, pero no pude soportar la culpa de mirar a Erwin.
–… Mi hermana menor…– dijo Levi, volviéndose a mirar la tele.
Erwin nunca tuvo la oportunidad de conocerla, pero estaba seguro de que se sentía culpable. No creí que Levi vería los videos en este momento, quizás mas tarde, a solas, pero ahora me sentía terrible,
–L-lo siento, Levi…– dije, tirándole de la manga.
–Shhh– me calló él, volviendo a ver la tele, pero sus dedos se cruzaron con los míos. Cuando lo miré, cuando miré a todos, noté que miraban el video. Supongo que, después de todo, no debía haberme preocupado.
–Vamos, tú puedes– dijo el Levi más joven en la tele.
–El cachorrito dijo "puedo hacerlo", meando… meando…– repentinamente, Isabel hizo un gesto de sorpresa y arrojó el libro al rostro de Levi. ¿Cómo no reírse? – Levi, ¡hay una mala palabra aquí! – exclamó.
–¿Cuál, dónde? – preguntó el, quitándose el libro de la cara.
–¡A-acá! ¡En esa página! – dijo ella, frenéticamente señalado la imagen. Levi miró las palabras y, por un segundo, sonrió.
–Isabel, es "mirando" no "meando"– le explicó.
–¿Mirando…?
–Sí, mirando tiene una i y una r. Meando solo tiene la e (1).
–Entonces, ¿no es una mala palabra?
–No, no lo es– dijo él, revolviéndole los rojos cabellos.
–¿Dije meando? – preguntó ella. Él rió, evidentemente trataba de no estallar.
–Sí, lo dijiste–. Oi una risita al otro lado de la cámara, pero el video se cortó antes de que pudiera descubrir su identidad. La siguiente parte había comenzado, y era sobre alguien caminado por el corredor. La persona detrás de la cámara entró en lo que reconocí como la habitación de Isabel, y Levi dormía en su cama con ella sobre el pecho. Petra, repentinamente, apareció en camera, diciendo que era Farlan quien sostenía la cámara, y ella clavó el dedo en la mejilla del durmiente Levi.
–Arriba, Levi– susurró. Levi gruñó y abrió los ojos. Al ver a Petra y a Farlan, su respuesta fue directa y mordaz.
–Mierda, se multiplican…– siseó, girando sobre su lado, llevándose a Isabel con él.
–Es una niña muy tierna, Levi…– dijo Erwin. Yo miré a Levi con precaución, pero él solo asintió. Él ni lo miró, pero tuve la sensación de que Levi era incapaz de enfrentarlo.
Quizás era la culpa.
Volví la atención al video, y otra vez era la habitación de Isabel, y Levi la tenía en brazos, acunándola. La cámara se movía, y él hizo un gesto para que se largaran.
–¡Acabo de hacer que se duerma! – siseó lentamente.
–¿Y…? – preguntó Farlan al otro lado de la cámara.
–Estuvo toda la noche despierta con fiebre, así que si la despiertas, esa cámara va a terminar en tu culo– le advirtió Levi.
–Eso sí que sería una fea cosa de filmar…– masculló Farlan, saliendo del cuarto.
Miré a Levi, notando la sonrisa en sus labios. Me alegraba verlo bien, a pesar del video. Mientras que Petra estaba hecha un desastre (de felicidad), Levi parecía contento. Me había preocupado mucho porque el regalo fuera demasiado para él, pero creo que me equivoqué.
Me incliné un poco, frotando mi mejilla contra la suya antes de besarle junto a la boca. Él me miro de soslayo, ampliando un poco su sonrisa. Le besé en silencio. Pero no pasamos inadvertidos mucho tiempo. Hanji había perdido el interés en el video, y sus ojos nos había descubierto y proferido un aullido lobuno. Eso sorprendió a todos, incluyendo al bebé dormido, quien se puso a berrear. Annie y Bertholdt se pusieron a intentar calmarlo, y yo giré los ojos, antes de volver a mirar a Levi.
–Te amo, Levi– murmuré lentamente.
–Yo también te amo, Eren– dijo. Miró en derredor a los demás, y la atención lentamente se dividió entre ellos y la tele. Me miró, y creí que notar el mas ligero rubor en sus mejillas. Aunque puede que fuera a causa del alcohol–. Creo que es buen momento para darte mi regalo– repuso.
–¿De verdad…? – pregunté, sonriendo ampliamente. Levi asintió y se puso de pie, tendiéndome la mano. La tomé, y él me hizo ponerme de pie–¿Qué es? Levi, ¿qué es? – pregunté infantilmente.
No me importó que más tarde Jean se burlara de mí, en el corazón era un niño. Levi, Mikasa y Armin me querían, así que, ¿qué me importaba?
Levi solo giró los ojos y sacudió la cabeza. Rió suavemente, y miró un momento a la distancia, antes de volver a verme.
No me había equivocado. De verdad estaba ruborizado.
–En serio me estoy poniendo viejo para estas mierdas, Jaeger…– dijo, con una sonrisa orgullosa. Me reí, pero me quedé sin aire cuando lo vi ponerse de rodillas.
–¿L-Levi…? – tartamudeé. Él tomó mi mano entre las suyas, y no escuché los gemidos de admiración a mi alrededor, sus ojos en nosotros, o la sensación de un metal frio deslizándose en mi dedo anular.
–Eren… ¿te casarías conmigo?
Y estoy feliz de decir que, esta vez, no me desmayé.
1) El chiste original era confundir "as" (como o mientras en inglés) con "ass" (trasero o culo)
