Aclaración: Este es un fic-relato contado en primera persona. El protagonista de momento no tiene nombre.

No soy propietaria de nada de la franquicia de Amphibia.

Sipnosis: El cliente ayuda a los Boonchuy con unas tareas en el restaurante. La señorita Boonchuy le dará una recompensa que ni él se esperaría.

Advertencia: Material explícito que incluye foot fetish. Si no te gusta... ¡No lo leas!


El mejor cliente

Capitulo 3: Combo

Después de aquellas dos noches maravillosas en el restaurante de la señorita Boonchuy, empecé a ir con más frecuencia. Claro que ella todavía mostraba una actitud bastante indiferente conmigo cuando había gente cerca, probablemente para simular o algo así. No lo tenía muy claro, pero eso no evitaba que siguiera pensando lo que pensaba sobre ella.

Pasaron días y luego semanas de la última vez. Me había hecho la idea de que no volvería a ocurrir, pero al menos lo disfruté y ella también. Creo que ambos la pasamos bien pese a los inconvenientes. Aunque no voy a negar que me hubiera gustado que sucediera otra vez, sentía que la suerte se había acabado. Sin embargo, no fue así.

Una mañana, mientras me encontraba desayunando en el restaurante, escuche a los Boonchuy discutir en la cocina. Menos mal que era el único cliente que estaba en ese momento, quizás la situación habría sido diferente con más gente.

No era chismoso, pero me intrigaba saber por qué discutían. Por fortuna no era tan grave: resulta que vecinos y familiares del templo tailandés los estuvieron ayudando ocasionalmente en el restaurante. Sin embargo, dejaron de contar con su ayuda por motivos personales. El señor Boonchuy quería cerrar el restaurante e ir a llevar comida a todos al templo como agradecimiento. Sin embargo, la señorita Boonchuy se oponía, alegando que el lugar era un desastre y que no pensaba cocinar tanto en esas condiciones. Me acerqué tímidamente, primero disculpándome por escuchar la conversación, pero al mismo tiempo ofreciéndome para ayudarlos en lo que necesitaran. Ninguno de los dos se encontraba molesto, mas bien confundidos.

La señorita Boonchuy no estaba de acuerdo, pero su esposo si. Me llevaba bien con él, le parecía un chico simpático y buen cliente. El me agradeció por la oferta, pero me aseguró que no me pagarían mucho. Le hice saber que no era necesario, que simplemente lo haría por ayudar. Realmente era así. Creí que al ayudarlos con ese problema sería una manera de agradecerle en secreto a la señorita Boonchuy por aquellas noches maravillosas.

Pese a todo, la señorita Boonchuy se seguía negando, pero él aceptó y me pidió disculpas por la actitud de su esposa.

Empecé ayudando al señor Boonchuy limpiando la cocina mientras la señorita Boonchuy se encargaba de ordenar los ingredientes faltantes para cocinar. La mayor parte del tiempo la señorita Boonchuy se la pasó evadiéndonos. Cuando terminamos con la cocina, ella no quería que nadie entrara cuando estuviera ahí. El señor Boonchuy me explicó, entre bisbiseo, que notaba a su esposa un poco más rara de lo habitual: alegaba que ahora se ponía nerviosa cuando la gente la veía cocinar y que nunca se distrajo cuando estaba en el trabajo, no hasta que sucedió hace poco.

Con el aliento atascado en la garganta y el corazón latiendo violentamente en mi pecho, tragué saliva. Mi rostro se tensó, surcando líneas de dolor. Una gota de sudor frío recorrió mi nunca. Fue un momento tenso del que intenté calmarme.

Pese a todo, el señor Boonchuy aducía que, muy probablemente, su extraño y repentino comportamiento podría deberse a un tema personal. No quiso ahondar mucho en ese detalle, pero creía que algo le había pasado factura luego de tanto tiempo. Sin embargo, también reconocía que se notaba algo feliz. Manifestó que hacía tiempo que no la veía así. Entre balbuceos me confesó que la consideraba fríamente cortés, como si ella todavía no fuera más que una criada de la cocina.

Aquellas primeras horas fueron agotadoras.

Ya era tarde y todavía quedaban varias cosa por hacer. El esposo de la señorita Boonchuy avisó que se retiraría a entregar la comida al templo y que no estaba seguro de cuanto tardaría, por lo que me dijo que me podía ir a casa si lo deseaba. Sin embargo, la señorita Boonchuy se opuso tajantemente, declarando que no me iría hasta terminar todas las labores. Su esposo intentó apaciguar la situación pero fue en vano. Solo le dejó en claro que si me había contratado, debía cumplir con todas las labores. Él no hizo comentario alguno. Antes de irse me deseó suerte intentando lidiar con ella y se fue.

La señorita Boonchuy y yo estábamos a solas. Yo me encontraba fregando los platos cuando escuché su voz en el comedor. Me asomé solo para verla de pie, con los brazos cruzados, quejándose de que no limpié las mesas. Me disculpé y lo hice. Luego me ordenó completar otras tareas, como barrer, sacar la basura, trapear el suelo, acomodar los utensilios, etc. Al final acabé exhausto y me senté a descansar en una de las mesas, pero la señorita Boonchuy me regañó por eso, asegurando que aún me faltaba una última labor antes de irme a casa. Sin siquiera poder terminar de preguntarle cuál era esa última labor ella puso sus pies sobre la mesa.

¡No podía ser posible! ¡Otra vez esos enormes y hermosos pies frente a mi! No importaba cuánto me dijera mi cerebro que apartara la mirada, no podía alejar los ojos de esos encantadores y largos dedos que se movían en libertad. Y si eso no era suficiente, observé fascinado cómo ella extendía uno de sus pies para tomar cuidadosamente una margarita del florero y depositarla en mi boca. Eso me hizo reaccionar. Ni siquiera me di cuenta lo muy boquiabierto que estaba. Ella soltó una pequeña risita a la vez que volvía a colar sus pies en la mesa mientras cruzaba sus delicados tobillos. Una serie de pensamientos indecentes invadían mi mente. El principal de ellos era ¿Qué tan hábil podía ser con los pies? Y ¿Alguna vez ha intentado pelar un plátano con ellos?

"Oh, lo siento mucho. Probablemente pienses que es de mala educación por mi parte poner mis pies en la mesa, cerca de tu cara~" soltó la señorita Boonchuy con cierta picardía mientras yo negaba con intensidad. Ella se rió con nerviosismo, "Supongo que son increíblemente enormes~" dijo mientras movía suavemente sus pies en el aire, como si se tratase de una técnica de hipnosis. "¿Piensas que son tremendamente enormes?~" me preguntó sin dejar de mover sus pies y yo asentí sin apartar mi vista de ellos. Ella sonrió ante eso. "¿Crees que son lindos?~", preguntó curiosa e inmediatamente la miré a los ojos para confirmarle que eran los pies mas hermosos que había visto en mi vida. Eso la hizo sonrojar tanto que volvió a depositar sus pies sobre la mesa mientras se cubría la cara con cierta vergüenza.

Aprovechando esa leve pausa, me fijé detenidamente que en sus pies había un detalle nuevo rogándome que lo mire (y del que no me percaté anteriormente): estaba usando un anillo en el segundo dedo del pie izquierdo. Me dijo que lo tenía para recordarme, además me confesó que recientemente le habían dado masajes en los pies, pero yo era diez veces mejor que nadie con esa habilidad. Según ella cada toque y cada presión hacía que una ola de placer recorriera su cuerpo y entrara en su mente.

"Nunca he conocido a un chico que les gusten tanto los pies...~" soltó , "Y mucho menos que le gustan mis pies~" me confesó impresionada. También volvió a mencionar su única preocupación: sus pies sudorosos la hacían sentir cohibida, creyendo que desprendían un olor ligeramente sudoroso y almizclado. Pero le aseguré que para mí no era así, para mí olían a hierba fresca y rosas. Sonrío ante eso, creyendo en mis palabras.

"¿Serías tan amable de hacerme revivir esa experiencia?~" preguntó la señorita Boonchuy mientras me miraba sonriendo. Ella dejó su pie izquierdo sobre la mesa mientras lo balanceaba, pero levantó su pie derecho hacia mi cara y lo presionó contra mi mejilla. "Sé que no hay nadie que los trate mejor~". Me congelé cuando los largos dedos de los pies de la señorita Boonchuy se curvaron contra mi pómulo.

Al mirar a esa diosa asiática, sentí que los dedos de sus pies rozaban ligeramente mis labios. El más mínimo toque de ella me hacía sentir tan feliz, tan bien. "¿Quieres que me detenga?~" me preguntó. Mi voz temblaba, solo un poco. Intenté abrir la boca para responder. Ella me la cerró. La abrí de nuevo. Ella la volvió a cerrar. "Supongo que esa es la suerte~", declaró la señorita Boonchuy, "Adelante. Son todos tuyos~".

Moví mi cara hacia la planta del pie de la señorita Boonchuy y le dio un suave beso en la piel arrugada. Dejé que los dedos de sus pies se deslizaran en mi boca, y chupé. Mi lengua se deslizó intensamente entre sus dedos de los pies, haciéndola luchar contra un gemido sorpresa que quería escapar.

Me aparté por un momento y, antes de volver a realizar tal acto, opté por frotar suavemente los pies de la señorita Boonchuy, uno a la vez. Comencé a masajear sus pies en círculos pequeños pero firmes. Mis dedos acariciaron sus suaves plantas con delicadeza. Mi toque le sintió tan bien que ni siquiera se dio cuenta del gemido que salió de su boca hasta que me detuve. Ella se tapó la boca con una mano y trató de soltar sus pies de mi agarre.

"¡Lo siento mucho! ¡No sé de dónde salió eso!~" se sentía avergonzada, pero yo no la solté. En cambio, sujeté sus pies con más fuerza. Mis dedos continuaron dibujando círculos lentos en la planta de sus pies. La señorita Boonchuy me observó y yo le devolví la mirada, misma que era intensa. Ella me miraba fijamente y sentía que podía ver a través de mi. Pude sentir un rubor en sus mejillas, pero mi toque se sintió tan bien que ella no pudo detener un suspiro que escapó de sus labios.

Sentía que de alguna manera la señorita Boonchuy se excitaba cuando besé la planta de sus pies. Sus ojos estaban fijos en los míos mientras besaba su pie de nuevo, enviando escalofríos por todo su cuerpo. Mis besos la hicieron temblar y cuando tentativamente volví a lamer los dedos de sus pies, casi se cae de la silla, tal vez apreciando destellos volando por todo cuerpo. Ella gimió y se relajó mientras yo aprovechaba para lamer una larga raya sobre las plantas de sus pies, con la lengua resbaladiza, haciéndole cosquillas de la manera más exquisita.

"Sigue...~", suspiró ella. Yo sonreí y lamí entre sus dedos de los pies. La señorita Boonchuy volvió a gemir y esta vez se estremeció ante la sensación. Yo moví mi boca sobre los dedos gordos de sus pies y chupé. La señorita Boonchuy gimió nuevamente y tembló. Sus pies y sus dedos eran tan sensibles, y mi lengua era puro pecado.

"¡A-ah!~" la señorita Boonchuy se mordía el labio, tratando de quedarse callada, pero sus esfuerzos fueron en vano. Mi lengua se arrastraba incansablemente por todos sus dedos de los pies. Mis pulgares frotaban sus plantas y ella trataba de soltarse cada vez que mis labios, lengua y dedos la tocaban. El deseo era innegable, incuestionablemente acumulándose. Le pregunté si quería que me detuviera, mientras le seguía haciendo cosquillas entre los dedos de los pies. "¡No! ¡No pares…~" murmuró, haciéndola gemir de nuevo mientras mordisqueaba su piel sensible. Noté como sus labios se convertían en una sonrisa de satisfacción.

Tras un buen rato repitiendo las mismas acciones, hice una pausa para descansar. La señorita Boonchuy estaba muy extasiada, jadeaba constantemente y sudaba más que una tarde de verano. Parecía estar bastante a gusto con lo que hice. Me miró con una sonrisa diferente en su rostro sonrojado. Luego, sus ojos bajaron la mirada hacia el bulto palpitante en la entrepierna de mis jeans. "Creo que es hora de una recompensa~" musitó con una sonrisa maliciosa en sus labios.

Sin que me lo esperara, la señorita Boonchuy estiró una pierna hacia mi, presionando ligeramente su gran pie contra mi entrepierna. Yo no pude evitar gritar de sorpresa. Me moví levemente mientras sentía a la señorita Boonchuy frotar su pie contra mi bulto, subiendo y bajando e incluso apretándome con sus dedos de los pies.

Me agarré con fuerza a mi silla, clavando las uñas en el plástico mientras me arqueaba contra su toque. Todo el tiempo, ella tenía una sonrisa en su rostro. Apreté los dientes, haciendo todo lo posible por aguantar mientras ella seguía frotando su gran pie contra mi miembro que parecía crecer con cada jugueteo.

El sudor comenzó a correr por mi frente. Suaves y calientes jadeos me abandonaron mientras su gran pie seguía frotando mi entrepierna. Temblé levemente, tratando de controlarme a pesar de su situación actual.

"Qué grande~" soltó ruborizada con una sonrisa evidente en su rostro, "¿Por qué no sacamos esa cosa ya?~". Tan pronto como terminó de decir eso, la pregunta que me había hecho anteriormente en mi cabeza fue resuelta: era realmente habilidosa con los pies. Se las ingenió rápidamente para abrir mi cremallera, desabrochar mi botón y desplegar aquella parte de mi pantalón. No contenta con eso, también bajó mis calzoncillos.

Tan pronto como estuve casi desvestido de cintura para abajo, la señorita Boonchuy no pudo evitar mirarlo, con los ojos muy abiertos por la sorpresa mientras observaba mi miembro que palpitaba mientras yo continuaba sentado frente a ella. El rubor que había comenzado a aparecer antes se había extendido hasta la punta de mis oídos, un claro indicador de la vergüenza que estaba sintiendo por la situación.

"Qué grande~", soltó ella con una sonrisa que se hacía evidente en su rostro, "¿Cómo puedes cargar con eso todo el día?~" agregó en tono vacilante. Yo estaba totalmente petrificado. El corazón me latía a mil. Eran tanto los nervios que no podía pronunciar una sola palabra. Solo pude responder con una sonrisa, ganándome una suave risa de ella.

La señorita Boonchuy estiró un pie, acariciando juguetonamente mi miembro duro. Esto ganó un pequeño grito sorpresa de mi parte cuando sentí su suave planta en la parte inferior de mi miembro. Un pequeño líquido goteó de mi punta hasta su pie. Ello lo alejó un poco mientras yo seguía permaneciendo quieto para ella.

Regresó ansiosamente su pie arqueado a donde había estado, presionando muy levemente, acariciando mi miembro ya dolorosamente duro con el arco de sus pies. Mi miembro parecía temblar ligeramente cuando los dedos de sus pies me acarician la punta. Grité de nuevo sorprendido, mirando hacia abajo y viendo como la señorita Boonchuy comenzaba a presionar los lados internos de ambos pies alrededor de mi polla, frotando hacia arriba y hacia abajo.

"¿Te gusta esto, verdad?~" Preguntó ella, con la cara roja mientras seguía deslizando sus pies hacia arriba y hacia abajo, viendo como el líquido seguía goteando de mi miembro.

Apreté mi mandíbula, tenía un ceño fruncido más de lo habitual mientras trataba de no verme tan patético. Sus grandes y suaves pies me estaban acercando al clímax en un corto período de tiempo. Me agarré a la mesa y mis nudillos parecían que se pondrían blancos si continuaba con el mismo ritmo.

"Eres fuerte...~", exclamó "Pero no lo suficiente~". La señorita Boonchuy decidió cambiar. En lugar de usar los lados internos de sus pies, ahora deslizaba la planta de su pie derecho debajo de mi miembro, frotándolo hacia arriba y hacia abajo. Mientras lo hacía, envolvió su otro pie se contra la parte superior de mi miembro, evitando que presione contra la parte inferior de mi estómago mientras lo hacía. Era un combo extraordinario.

Estaba tratando de acabar conmigo. Yo aguanté todo lo que puede pero sentía que ya no podía más. Uno de los pies de la señorita Boonchuy serpenteaba sobre mi regazo, hasta que los arcos de ambos pies volvieron a rodear mi miembro enrojecido y con goteras. La expresión en el rostro de ella hace que me pregunte si también lo disfrutaba. Parecía muy concentrada en lo que hacía, incluso tarareaba suavemente ante la sensación. Mi polla palpitaba mientras la sentía continuar frotando sus grandes y agradables pies. Su sonrisa parecía confirmar que no le desagradaba en lo absoluto.

Me mordí el labio. Sentía que ahora estaba frotando rápidamente sus pies contra la parte inferior de mi miembro. Sus dedos de los pies rozaban debajo de mi punta. Gemí suavemente; mis ojos estaban ligeramente cerrados mientras podía sentir que me acercaba cada vez más al clímax.

La señorita Boonchuy presionó ambas plantas contra los lados de miembro, una vez más acariciándolo pero aumentando la velocidad mientras me estremecía de placer. Una sonrisa se formó en su rostro mientras miraba su miembro, luego mi rostro, que se había contorsionado de placer.

"¿Te estás acercando? ¿Eh? ~" soltó pícaramente, yo asentí mientras ella seguía frotando sus plantas arriba y abajo cada vez más rápido. "¿Vas a correrte por mí? ~" Preguntó de nuevo, ganando un gruñido afirmativo mientras sus embestidas entre sus pies se volvían más rápidas y erráticas por segundo. Creo que todavía podía sentir mi miembro palpitar entre sus pies.

Quedó un poco sin aliento, asombrado de que la señorita Boonchuy pudiera darme placer tan rápido y con los pies nada menos. Tenía un ojo ligeramente abierto mientras la observaba, Mi polla palpitaba más fuerte mientras hacía todo lo posible por permanecer quieto. "¡Vamos ¡Córrete por mí!~" gritó haciendo una seña, acariciándome tan rápido como sus pies pudieron.

No pasó mucho tiempo hasta que susurré su nombre, permitiendo dejar escapar un pequeño y bajo grito. En cuestión de segundos, ella miró y yo me corrí, disparando una gran carga. Gruesas hebras blanquecinas cubrían mis piernas y las de ellas, mientras seguía frotando sus pies contra mi, queriendo ordeñarme hasta la última gota.

Ciertamente fue mucho más de lo que esperaba, ya que la señorita Boonchuy continuó jugando con sus pies durante unos buenos segundos antes de que mi semen se redujera a un goteo. Yo jadeaba constantemente. El sudor inminente corría por mi cuerpo mientras aún permanecía sentado frente a ella, aunque en una posición distinta a la que estaba en un inicio.

Los grandes y deliciosos pies de la señorita Boonchuy estaban completamente cubiertos de mi liquido seminal. Mis mejillas estaban rojas, luciendo casi avergonzado por el desorden que había hecho. A pesar de mis ojos vidriosos, aún mantenía la felicidad en el rostro desde el momento en que alcancé el clímax.

Antes de que pueda balbucear una disculpa tímida por el lío, la señorita Boonchuy extendió uno de sus pies hacia mi cara. "Límpialo~" me ordenó, mostrándome lo sucia y pegajosa que había quedado su planta mientras movía libremente los dedos de sus pies. Tragué salivo, tomé impulso y obedecí. Tomé su pies, cerré los ojos y pasé mi lengua por donde pude. Apretaba mis ojos cada tanto, pero intentaba no pensar en lo que estaba haciendo. La señorita Boonchuy parecía gozarlo, podía sentir una risita salir de ella.

Cuando acabé, respiré profundo. "Ahora el otro~" exclamó extendiendo el otro pie. Repetí la misma acción. Al final sus pies habían quedado más limpios que el restaurante. "Buen chico~", me felicitó.

Regresé al restaurante al día siguiente.

Fui a la mañana, apenas acababan de abrir. Solo me encontré con el señor Boonchuy, parecía alegre de verme. Me dijo que había platicado con su esposa anoche, cuando llegó del trabajo. La notó algo molesta, pero tras un par de vueltas terminó admitiendo que yo era "un buen chico". Un escalofrío recorrió mi cuerpo al mencionar eso. Afortunadamente pude calmarme a diferencia de la vez anterior.

El señor Boonchuy también declaró que su esposa le había dicho que me dio la recompensa correspondiente por la ayuda, yo asentí algo nervioso. Le dije que podrían contar conmigo si volvían a necesitar ayuda, el me agradeció por eso. Yo me despedí. Cuando salí, grande fue mi sorpresa al ver a la señorita Boonchuy llegando en su auto y usando unas gafas de sol. La saludé, pero no respondió, solo se quedó observándome fríamente. Al marcharme, ella me gritó, "Espero verte pronto~" soltó quitándose un poco las gafas y mirándome pícaramente. Me sonrió, le devolví la sonrisa.