Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es fanficsR4nerds, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is fanficsR4nerds, I'm just translating her amazing words.
Thank you fanficsR4nerds for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
.: Doce :.
Los ojos inestables de Edward se clavan en mí, cortando más profundo de lo que estoy preparada para recibir.
—¿De dónde nace esta duda? —murmura, acercándose, invadiendo todavía más mi espacio—. ¿Acaso no puedes sentir tu propio poder? ¿No conoces la fuerza que tiene? —Sus dedos se flexionan en mis brazos, asegurándome con más firmeza en su agarre—. Palpitas con ese poder. Fluye de ti como un néctar. Estás madura con el aroma que tiene.
Estoy temblando y no solo físicamente. Cada parte de mí, desde mi cuerpo hasta mi alma, se estremece en sus manos. Una parte de mí anhela con desesperación que sus palabras sean verdad; otra parte quiere ahuyentarlas.
—¿Por qué te temes a ti misma?
No se lo puedo explicar. No puedo decirle que cada parte de mi ser quiere ser desatada, liberada sobre el mundo para tomar y tomar y tomar. Quiero liberar el poder que arma una revuelta dentro de mí; quiero dejarlo consumir.
Quiero liberar sobre el mundo un hambre tan siniestra y tan salvaje que se tragará el sol y la luna y todas sus estrellas, y aun así exigirá por más. Temo el poder que hay en mí porque este tiene hambre, y no estoy al nivel de su apetito.
Es más seguro decirme cobarde que admitir lo que de verdad soy: insaciable.
No sé qué es lo que ve en mis ojos, qué tipo de miedo o necesidad o determinación. No sé si ve el monstruo de mi deseo, o la chica que intenta con desesperación encontrar la paz. Una vida simple y no destructiva es lo que quiero. Alguien a quien amar, y ser digna de que alguien corresponda ese amor.
Por primera vez en lo que parecen ser semanas, mi mente piensa en Tanya. ¿Sabe ella lo que me sucedió? ¿Me ha estado buscando? O peor aún, ¿piensa que simplemente la abandoné?
Una profunda tristeza me llena y Edward ladea la cabeza, sus ojos destellan sorpresa al sentir el cambio en mi energía.
—Quiero irme a casa —susurro—. No puedo hacer esto.
Edward me mira cuando dejo caer la cabeza, me avergüenza admitir mi derrota, pero soy demasiado cobarde para seguir intentando.
—Alza la vista, Pequeña —murmura, subiendo la mano para tocar gentilmente mi mentón. Me echa la cabeza hacia atrás hasta que me encuentro otra vez mirándolo a los ojos. Son cafés y comprendo que reflejan mis propios ojos. Es casi desconcertante verlo—. Te necesito —susurra, su pulgar y dedo índice capturan mi mentón—. Sé que te exijo demasiado, pero no puedo hacerlo sin ti. Eres la primera bruja que he conocido que ha encontrado la magia. Tú puedes salvarme.
Lo miro, intentando asimilar lo que está diciendo.
—¿Lo has intentado antes?
Asiente lentamente.
—He conocido unas cuantas brujas que han intentado ayudar. Ninguna pudo hacerlo.
Frunzo el ceño.
—¿Dónde se encuentran ahora?
Sonríe, y es esa sonrisa injusta y desgarradora suya que me acelera el pulso.
—A salvo en casa, como se prometió. —Su dedo acaricia mi mandíbula y me pone chinita la piel. ¿Cómo puede llevarme de fría a caliente con tan solo una caricia?
—Tengo miedo —admito.
Me estudia, sus ojos son ilegibles.
—Admiro eso —dice al fin.
Frunzo el ceño.
—La admiración no me mantendrá a salvo —señalo, sintiéndome un poco molesta, tanto por sus palabras como por la respuesta de mi cuerpo ante él.
Sonríe; se me cae el estómago al suelo y se tensa.
—Otro buen argumento —concuerda.
—Prométeme que harás todo lo que esté a tu alcance para mantenerme a salvo —exijo—. O no te ayudaré.
Vacila y es doloroso ver lo difícil que le resulta hacer esa promesa. Empiezo a apartarme de él, pero me jala del mentón, acercándome hasta que nuestras camisas se rozan entre ellas.
—Te juro —susurra— que haré todo lo que esté en mi poder para mantenerte a salvo mientras me ayudas en esta búsqueda.
Sus ojos están ardiendo, quemando a través de mí, tan calientes que es difícil pensar.
Al final asiento.
—De acuerdo. Entonces tenemos un trato. Haré lo que pueda para ayudarte a ser libre y tú me mantendrás a salvo. Incluso de mí misma.
Edward asiente y aprieta los dedos en mi mentón.
—¿Deberíamos sellarlo de la forma antigua?
Frunzo el ceño.
—¿Qué significa…? —Pero antes de poder decir más, su cabeza se va inclinando hacia mí. Jadeo cuando sus labios tocan los míos, suaves y rellenos como moras maduras en verano. Sabe a bosque, como luz de sol a través de pinos y sombras cubiertas de musgo. Puedo saborear la tierra en su beso, la magia y el poder que lo conecta al mundo, y es embriagador. Su lengua pasa sobre mis labios y mi boca se abre, rogándole por más. Su beso vierte agua dulce directamente en mi alma hasta que me siento tan ligera y llena de ello que estoy mareada. El hambre insaciable de mi poder lo bebe como ambrosía de los mismos dioses hasta que me convierte en el universo, el gran todo, consumiendo y siendo consumida.
