Capítulo 2
A la mañana siguiente Becky entró al aula algo más tarde de lo acostumbrado y fue directamente a su asiento, junto al de Ayumi, que ya esperaba sentada, ojeando tranquilamente una revista.
-Mira todo lo que tengo -dijo animada la irlandesa soltando varios folletos sobre su pupitre.
-¿Qué es todo eso-preguntó Ayumi mirando extrañada el montón de papeles.
-Son cursos en los que me he inscrito -respondió Becky contenta sentándose junto a su amiga.
-¿Cursos para qué?-
-Quiero entrar en la Universidad de Tokio, así que cuanto más preparada esté, mucho mejor -dijo mirando con satisfacción sus folletos -Aprenderé un montón de cosas útiles-explicó señalando con el dedo cada tríptico- caligrafía de nivel avanzado, lectura china, dibujo artístico, cocina tailandesa, alemán…-
-Espera. ¿Alemán? -arqueó las cejas su amiga.
-Sí -asintió orgullosa- Cuando vuelva Paola, no me podrá llamar "monja" en su idioma nunca más, porque la entenderé. Será, de hecho, la primera palabra que aprenda -añadió con molestia.
-Créeme que cuando Paola vuelva y sepa que ya no eres novia de Takeshi, te llamará algo más que "monja" -comentó Ayumi mientras ojeaba todos aquellos papeles, sin notar que su mejor amiga la veía con cara de espanto- Oye, ¿y para qué quieres aprender cocina tailandesa?-
-Bueno. Hay que saber de todo -se encogió de hombros la otra ordenando sus papeles como si fuesen de oro.
-¿Vas a ir a todos estos cursos, venir a clases y estudiar al mismo tiempo?-
-Sí -asintió con firmeza la de ojos grises- Voy a estar bastante ocupada, pero todo es por una buena causa. Necesito tener puntos extra si quiero ser la primera del nivel. Además, a mí me gusta mucho aprender, así que por mí está bien-
-Oye, Becky…-
-¿Sí?-
-No te enfades, pero… ¿No estás intentando mantenerte ocupada para no pensar en Takeshi?-
-No -negó con rotundidad la chica poniéndose a sacar sus libros para no mirar a su amiga- No necesito mantenerme ocupada para eso porque tengo perfecto control sobre mi mente -añadió con arrogancia. Ayumi la miró contrariada, pero prefirió no discutir, de modo que suspiró y siguió mirando su revista.
En el fondo, Becky sabía que su mejor amiga tenía razón. No era la primera vez que buscaba tener su mente ocupada para evitar situaciones que sentía incontrolables; ya lo hizo cuando su hermana Gaela se fue a estudiar dejándola atrás, o cuando su abuela murió quedándose sin cuidadora allí en Japón. Incluso lo había hecho un año atrás, cuando Takeshi le empezó a gustar tanto que no podía pensar en nada más que en él.
A pesar de su auto confianza, la realidad fue que seguir aquel ritmo comenzó a pesar a la irlandesa después de un par de semanas. Se despertaba muy temprano y regresaba a su habitación ya bien tarde. Apenas veía a Ayumi durante las horas de clase, el club y algunas cenas o almuerzos, lo que también la hacía sentir mal por su amiga.
Aquella noche, cuando Becky llegó a su habitación, encontró a Ayumi ya dormida. Estaba tendida con desorden en su cama, abrazando el teléfono sobre su pecho. La irlandesa sintió una punzada de culpa al pensar que seguramente su amiga la había estado esperando. Sin encender más que la luz del escritorio, se acercó con cuidado y agarró el teléfono de su amiga para dejarlo sobre la mesilla.
-¿Becky? -murmuró Ayumi medio dormida moviendo un poco la cabeza.
-Sí, soy yo -respondió la de ojos grises en un susurro.
-¿Dónde estabas es muy tarde?-
-En la biblioteca. No me di cuenta de la hora, lo siento-
Ayumi la miró un momento y volvió a cerrar los ojos. Becky la miró con cariño, para luego girarse hacia el escritorio para sacar los libros que llevaba en su bolsa.
-¿Hasta cuándo vas a seguir así? -volvió a hablar Ayumi con voz adormilada, sin abrir los ojos.
-¿Así cómo? -la miró Becky.
-Fingiendo que no te importa-
-No sé de qué hablas -se incomodó, regresando la atención a sus libros.
-Sí que lo sabes-
-No. No lo sé-
-Yo sé que te importa. Y a él también-
-Duérmete…-
-Habla con él-
-Duérmete-
-No está mal que lo eches de menos-
-Duérmete, Ayumi -repitió Becky girándose con brusquedad.
Al ver que su amiga se quedaba callada, la irlandesa regresó la mirada hacia el escritorio, terminando de dejar sus libros con incomodidad. Dejó su bolsa sobre la silla y fue hacia el armario. Sacó algunas cosas de uno de sus cajones y luego entró al cuarto de baño, cerrando la puerta y dejándose caer contra ella. El corazón le dolía, pero no quería pensar. Por un momento se sintió molesta con Ayumi. ¿Por qué se empeñaba en removerle aquel malestar una y otra vez?
Luego de un profundo suspiro, se agarró su largo cabello negro y se dio una ducha. Ni siquiera el agua caliente sobre su espalda pudo arrancar todo el cansancio que arrastraba, aunque sí se sintió algo reconfortada.
Cuando salió, comprobó por la respiración que Ayumi dormía profundamente. Se acercó y cubrió a su amiga con la sábana, para luego sentarse sobre su cama. Pese al cansancio, no quería dormir. Durante el día le resultaba sencillo no pensar más que en cifras, datos e información sacada de sus libros, en cambio por la noche se veía sola frente a sus propios sentimientos, y todo se hacía más complicado. No podía mentirse; claro que echaba de menos a Takeshi. Lo echaba tanto de menos que de repente aquel colegio le parecía vacío, pese a estar siempre lleno. Extrañaba pasar tiempo con él. Extrañaba sus preguntas ingenuas, sus tiernas sonrisas, y la forma en que se interesaba hasta por la cosa más tonta que ella pudiera contarle. Extrañaba verlo llegar por las mañanas, con el uniforme mal colocado por haberse dormido; o la mueca de aburrimiento que ponía cuando no entendía una explicación en clase. Extrañaba incluso esa tonta sensación de sentir mariposas en el estómago cuando él la miraba, o el vuelco que le daba el corazón si la rozaba. Extrañaba a Takeshi; claro que sí. Pese a no querer hacerlo, lo extrañaba como nunca antes extrañó nada en toda su vida.
Luego de varios segundos ahí callada y sentada en su cama, miró a su amiga y suspiró. Ayumi era demasiado ingenua y optimista, pensó. ¿Para qué hablar con Takeshi si él ya estaba dejando claro que no quería saber nada más? Era mejor así.
-Dejará de doler…-se dijo al tiempo que apagaba la luz y se recostaba para dormir- Tiene que dejar de doler -añadió llevándose una mano al corazón.
Al día siguiente, por la tarde, Takeshi se encontraba en la cancha. Pese a que el entrenamiento ya había acabado, él prefirió quedarse un rato más, practicando con el balón. Mejor eso que estar solo en su habitación, dando vueltas a cosas en las que ya no quería pensar más. Sus compañeros iban saliendo de los vestuarios, despidiéndose con breves inclinaciones de cabeza o gestos de la mano.
-Capitán, ¿no te vas? -preguntó Reiji, un muchacho no muy alto, con el pelo castaño y ojos oscuros.
-No. Me quedaré aquí un rato más -respondió Takeshi con simpleza desde varios pasos más allá.
El muchacho lo miró con preocupación, dudó unos segundos y luego se acomodó su bolsa en el hombro, animándose a acercarse.
-Los chicos me contaron que rompiste con tu novia -dijo Reiji con aprensión. Takeshi dio un pequeño respingo.
-Sí -respondió sin girarse, fingiendo que hacer girar el balón era la cosa más interesante del mundo.
-¿Y… cómo estás?-
-Estoy bien-
-Últimamente pasas muchas horas aquí, y pareces algo cansado, senpai-
-Estoy bien -insistió Takeshi mirando al chico. En el fondo sabía que mentía. Claro que no estaba bien; no estaba nada bien. No comía, ni dormía, ni sentía ganas de nada.
-Bueno… -se incomodó Reiji, sintiendo que quizás estaba hablando de más.
-Gracias por preocuparte -sonrió Takeshi brevemente.
-De nada, capitán -devolvió el gesto el otro chico.
Reiji dio varios pasos hacia la reja de salida, mientras Takeshi se giraba para seguir practicando con el balón.
-Oye, capitán -dijo el chico de pelo castaño deteniéndose y girándose.
-¿Sí? -lo miró.
-Sé que no somos muy amigos tuyos, y que casi todos somos de cursos inferiores, pero los viernes solemos salir por ahí, a divertirnos y eso. Si quieres venir alguna vez, sólo dímelo. Nos gustará que vengas-
-Je, gracias Reiji-kun. Lo tendré en cuenta-
-Ok. Ahora sí te dejo. Nos vemos, capitán-
-Nos vemos-
Reiji abandonó la cancha mientras Takeshi lo seguía con la mirada. Suspiró y dio una fuerte patada al balón, estrellándolo contra uno de los muros. Se quedó un rato allí, callado, oyendo sólo el siseo que la brisa de otoño provocaba al mover las hojas de los árboles. Nunca antes había sentido una sensación de soledad como aquella. Nunca antes sintió un vacío tan grande. Echaba mucho de menos a sus amigos en aquel momento. Echaba de menos a Paola, e incluso a Ayumi, pese a que seguía allí. Pero sobre todo echaba de menos a Becky. Podía fingir indiferencia, agarrándose a su orgullo, pero la realidad era que no había ni un sólo momento del día en que no pensara en ella. Nunca imaginó que podría llegar a extrañarla tanto; hasta el punto de extrañar incluso sus reclamos y sus malas caras.
El viernes, después de las clases, Becky recibiría una visita de sus padres. Usualmente la chica esperaba aquellas visitas con emoción, sin embargo aquella vez no lograba sentir demasiado. Aun así, bajó puntualmente a la entrada principal, donde los internados solían esperar a sus visitas. Se arreglaba su impecable uniforme cuando recordó que se había olvidado en clase los papeles de acceso a la universidad que quería revisar con sus padres. Miró su reloj y suspiró contrariada. No le quedaba otra que volver a subir, de modo que se apresuró y caminó sobre sus pasos en dirección a la escalera principal.
El pasillo estaba casi vacío. Algunos estudiantes salían de sus clases después de la limpieza, pero poco más. Al llegar a su aula, Becky abrió con decisión la puerta corredera, sin embargo algo hizo que sus pies se quedasen clavados al suelo, y que su corazón se detuviese por un momento.
Al oír el sonido de la puerta, Takeshi se giró entre las mesas y sus ojos se encontraron con la figura petrificada de Becky, que lo miraba sorprendida. La luz anaranjada del atardecer se colaba por las ventanas, coloreando algunos pupitres con perfectas líneas rectas.
-Yo… olvidé algo -atinó a decir Becky, todavía sin moverse, señalando torpemente hacia su asiento. Sentía que el corazón le latía tan fuerte que en cualquier momento saltaría de su pecho.
Takeshi no dijo nada. Con un leve movimiento de cabeza invitó a la chica a entrar y recoger lo que sea que hubiese olvidado, mientras él continuaba alineando los pupitres. Becky tomó aire y entró en el aula, caminando hasta su asiento. Mientras rebuscaba casi a tientas en su cajonera, miró de reojo a Takeshi, sin poder evitar pensar en cuánto de lindo se veía incluso enfadado. De repente deseó hallar cualquier excusa para poder hablarle, pero no la encontró.
-No seas tonta. Él no quiere hablarte- se dijo con desánimo lanzando una última mirada al muchacho.
Becky sacó los papeles que buscaba, pero justo entonces notó que Takeshi se acercaba a su mesa -apenas a dos pupitres de distancia-, y por los nervios hizo caer los folios al suelo. Ella se agachó a recoger, mientras él la miraba. Después de dudar unos segundos, el mediocampista se acercó y la ayudó a recoger los dos últimos papeles que quedaban en el suelo. El chico vio que se trataba de documentación relativa a la universidad, pero prefirió no decir nada y simplemente se los entregó a ella.
-Gracias- murmuró Becky sonrojada. El corazón le latía a mil.
-De nada- respondió él apenas sin mirarla, dirigiéndose a su mesa. Sentía que el estómago se le había encogido como puño.
Mientras fingía ordenar los papeles, Becky observó a Takeshi. Le gustaba mirarlo; eso no había cambiado. Él seguía indiferente, sacando algunos libros de su cajonera para meterlos en su bolsa. Entonces fue que al mirar bien la bolsa del chico, Becky reparó en que él seguía llevando el pequeño colgante en forma de mono que ella le regaló hacía casi dos años, cuando aún apenas se saludaban. Al ver aquello sintió que el corazón le daba un saltito y esbozó una pequeña sonrisa.
-Te falta matemáticas- se atrevió a decir la irlandesa viendo como Takeshi se disponía a cerrar su bolsa.
-¿Qué?- la miró él sin entender.
-Matemáticas-señaló- Te dejaste el libro en tu mesa y hay tarea para mañana-
-Ah. Gracias-murmuró él bastante incómodo, agachándose para sacar el mentado libro y meterlo en su bolsa.
-De nada…-
Takeshi terminó de recoger sus cosas y luego de dejar bien colocada su silla, se acomodó la bolsa en el hombro, dirigiéndose hacia la puerta para salir del aula. Necesitaba salir de allí de una vez.
-Takeshi…-oyó decir a su espalda. Sintió como el estómago se le encogía aún más.
-¿Sí?- se giró. Los músculos de la cara le dolían por lo forzado que le resultaba mantener aquel gesto serio y distante.
Becky tragó saliva al notar que él la miraba. De repente se sintió infinitamente pequeña. Ni siquiera sabía por qué se había animado a hablar; quizás por la emoción que sintió al ver que él mantenía aquel colgante. Como fuera ya estaba hecho.
-Yo…-murmuró nerviosa, apretando con fuerza los papeles que llevaba en las manos.
Takeshi la miró con atención. El corazón le latía con rapidez. Pese a que había querido convencerse a sí mismo de estar bien separados, en aquel momento deseó con todas sus fuerzas oír una disculpa por parte de la chica. Sintió una pequeña punzada de ilusión.
-Yo… -repitió la chica- Eh… ¿sabes algo de Paola? -dijo finalmente, más por decir algo, porque estaba tan nerviosa que no encontró la forma de decir nada más. Takeshi resopló, apartando la mirada decepcionado.
-Pregúntale a Ayumi-respondió secamente el muchacho, girándose hacia la puerta.
-¿Qué?-
-Pregúntale a ella-
-Espera… ¿Por qué eres tan grosero?-quiso saber Becky, mirando con desconcierto.
-No soy grosero. Puedes preguntarle a ella-
-¿Y a ti no?-
-A mí no-
-¿Por qué no?-
-Eres lista. Ya sabes por qué- respondió Takeshi mirándola hiriente. En aquel momento se sentía un tonto.
-No me lo estás poniendo fácil, ¿sabes?- murmuró Becky con desánimo.
-Fácil qué-
-Hablar contigo-
-¿Y para qué quieres hablar conmigo? ¿Para preguntarme por Paola? Para eso tienes a Ayumi-
-Pero yo quiero hablar contigo-
-¿Y por qué?- la miró.
-Porque sí- respondió exasperada- Necesito que dejes de tratarme como si no existiera. No puedo pensar, ni estudiar, ni concentrarme en nada si sigues actuando así-
-Ya…-sonrió con tristeza el chico- Necesitas que no haya nada que pueda distraerte de lo importante-
-¿Qué?-
Takeshi señaló con la cabeza los papeles que ella llevaba en las manos.
-Yo no…- balbuceó Becky, girando los papeles inconscientemente hasta hacerlos quedar casi ocultos tras su falda.
-Mira, siento estar entorpeciendo tus estudios, pero tampoco es que pueda hacer otra cosa. De todos modos intentaré molestarte lo menos posible- dijo Takeshi con seriedad, caminando hacia la puerta.
-Espera, yo no quería decir eso- trató de retenerlo la irlandesa, sin embargo no lo logró. Lo único que pudo es ver cómo Takeshi se perdía pasillo arriba, llevándose con él la oportunidad de poder suavizar las cosas.
Muchas gracias a Fbzmmx y BraveNewWorldd por seguir el fic y dejar reviews. ¡Gracias! :)
Rebecca (Becky) Onkawa y Ayumi Saruwatari son personajes creados por mí.
Paola Wakabayashi es un personaje de Tsuki W.
Los personajes de Capitán Tsubasa pertenecen a Yoichi Takahashi y Shueisha.
¡Gracias por leer!
Nota: Para más datos de mis OCs, os invito a visitar mi cuenta de DA (links en mi perfil).
