"Voy en un vuelo propenso a estrellarse, y sin embargo sigo volando."
Anónimo
Pidge.
Pidge no sabía que pensar o creer.
Primero van al encuentro del choque de una nave espacial, una de las personas que estuvo buscando con desesperación es apresada por la institución que silencio todo de la misión que no ha dejado de atormentar a Pidge desde hace un año y mientras procesaba esto, un desconocido- no tan desconocido para Lance y para Hunk- ataca oficiales del Garrison como si fueran putos novatos, los noquea, inmoviliza y desamarra al Capitán Takeshi Shirogane y todo en menos de dos minutos y tiene el increíble y necesario deseo de silbar.
Hablando de cosas sorprendentes.
Entonces gira para mirar a sus compañeros con la incertidumbre de no saber que estaba viendo, pero Lance parece brillar en medio de la noche, con una sonrisa que solo puede ser de locura o de una felicidad desesperada, Pidge está a punto de preguntar, pero Lance ya estaba en marcha, como si la situación no lo llenara de sorpresa, ve el intercambio de palabras con la agudeza de un halcón y no se pierde el asombro y la maravilla dar vueltas en el rostro del desconocido cuando ve llegar al cubano, mira a Hunk que se está palmeando la cara con la gracia ensayada que debió adquirir por ser amigo de Lance desde hace años y solo puede burlarse, negar con la cabeza y mandar todo al diablo. Jala a su enorme amigo, lanza un dispositivo corta-señales-versión granada porque uno nunca debe salir de casa sin sus juguetes, rescata a un oficial colocado en desgracia, se tira de un maldito acantilado y va a parar a una cabaña en medio del maldito desierto, todo esto sin morir, sorprendentemente.
Pidge no puede más que sorprenderse por el rumbo que está tomando su vida y se pregunta no sin cierto cinismo, si esto es culpa de su imprudencia o de su elección de amigos. Por lo que sabe las dos lo señalan a él como culpable así que ignora el pensamiento.
Están los cuatro mirando el cuerpo flácido y atormentado de un fantasma según los informes del Garrison, Hunk esta libido seguramente contemplando todo lo que paso por partes y partes, para poder saber desde que punto todo se salió de control y por qué lo permitió. Pidge solo pudo resoplar ante esto, tan acostumbrado a la paranoia e incertidumbre que era el alto sujeto. Pidge decidió que se centraría en el sujeto que no conoce, no era alto, pero tampoco bajo, con un sentido de la moda realmente interesante, leggins y botas militares, con una cazadora corta y guantes de motocicleta, un corte de cabello que no le quedaría bien a nadie pero que increíblemente no desentonaba con el chico, de hecho, lo hacían lucir salvaje y acentuaba de maravilla si Pidge puede decirlo la forma de su cara, un rostro obviamente asiático aunque no del todo, de rasgos claros y suaves. Un rostro que indiscutiblemente es atractivo, un tipo no robusto, pero si entrenado, obviamente musculoso por cómo se movía y se veía. Un luchador de corto alcance.
Pidge lo recordaba, menos marcado en su forma, descompuesto y goteando angustia, cuando el chico junto con el prometido del Capitán Shirogane, recibían la noticia que ya había sido dada a conocer a él, como a su madre. Pero él estaba centrado en su dolor y no le dedico una segunda vista, ahora junto a la situación, en calma y sin la necesidad de escapar, su cerebro lleno agujeros, conecto hechos y le informo de quien era el sujeto que no le quita la mirada de encima a Lance.
Esto es interesante.
Porque ni siquiera en el fin del mundo, el cerebro de Pidge frenaría al recibir tanta información jugosa y no tiene nada que ver con que el italiano sea un chismoso de primera que ama formar estratagemas que podrían tener más de un sentido. Incluso los que convertirían a esos dos en fuente de inspiración para algunos foros nada inocentes, una suave risa salió de su boca y el chico que ahora sabia se llamaba Keith se erizo de pies a cabeza y lo miro con cautela. Lance lo miro con algo parecido al aprecio y a la burla, pero negó con la cabeza y no se interpuso en el interrogatorio que Pidge prometía y vendría a continuación.
-Hola, al parecer no nos han presentado, chico maravilla. Soy Pidge Gunderson, no he tenido el placer de verte en el Garrison como los dos idiotas de aquí, así que ¿Quién eres? – Al parecer tomando desprevenido al sujeto, Keith se pasó la mano por el cuello en un acto incomodo casi avergonzado y asintió.
- Keith Kogane- dice y al parecer cree que es suficiente, Lance que estaba apoyado en la pared sin quitarle la vista a la nada, suelta una risa suave y casi burlesca.
-No te ofendas, Pidgeon. Aquí te presento al mejor recluta que ha tenido el Garrison en generaciones, Keith Kogane, nacionalidad: coreano-americana. Un hueso duro de roer, el mejor en la clase de defensa personal y en pilotaje, de la clase de piloto. Es un buen sujeto, no te dejes llevar por sus gruñidos, en lo personal me parece adorable, ¿no lo crees? Parece un gran y adorable gato. – Dijo todo carisma y buen humor, gesticulando extravagantemente, pero Pidge no pierde el rojo brillante que adorna el rostro del coreano, ni tampoco el placer perverso que parece llenar a Lance, su mirada interesada en cada reacción del coreano y es singular.
-No creo haber pedido tu opinión ni tu ayuda, Leandro – dijo Keith en represalia y con el ceño fruncido, pero con más confianza al hablar que con Pidge.
Los fuertes brazos cruzándose en el pecho del chico, sus ojos apuntando y taladrando la cabeza del cubano, harían a otro hombre retroceder, la mirada casi salvaje que poseía el chico maravilla era pesada y sinceramente horrorosa, como un animal enjaulado y enojado. Lance solo sonríe como si esa fuera la mejor reacción posible.
- Lo que tu digas, bebe mío, lo que tu digas- responde sin siquiera pestañar el de piel canela.
- …. ¡¿bebe?! – entre gime y grita su adversario, con líneas de indignación en toda su cara- No soy tu bebe-
- Pero no niegas ser uno – dice con tranquilidad el cubano y algo en la frente de Keith parece brillar y estar a punto de explotar.
Oh.
¿Lance estaba coqueteando?
Mientras la discusión crecía y se abría paso al otro lado del recinto, Pidge mira atrás, solo para encontrarse con la mirada igual de asombrada e incrédula de Hunk, porque Leandro no coquetea de esa forma, nunca. Es agradable, adulador y hablador, pero solo cuando le convenia, cuando tenía que salir de alguna situación o cuando negaba un hecho, Leandro es una persona encantadora y él lo sabía, lo usaba frecuentemente a favor de sus intereses, un mecanismo tanto de defensa como ataque, que asombra como preocupa a Pidge, porque desde que conoce al cubano puede notar dos tipos de seducción, el premeditado. El que lleva con elegancia e intención para conseguir algo o salir bien librado.
Y el natural, el cómo siempre camina, habla e interactúa en general con cierto aire atrevido y confidente, creando la falsa ilusión de que quiere ser visto y aclamado, Pidge nunca había visto a nadie tan obviamente desinteresado de la mirada del resto, Lance hace lo que quiere, como lo quiere y usa su encanto para salir bien librado de las normas sociales, un hombre fatal, pero no coquetea, no hay intención de disfrute personal en el acto, ni una mirada placentera al ver logrado su objetivo, solo el triunfo de verse ileso ante lo que lo molestaba.
El seduce, nada más.
A veces porque podía y otras veces, por si acaso pueda cosechar frutos de las semillas ya esparcidas, pero esto, este provocar y recibir. Era nuevo, exótico y no creía que naciera de la noche a la mañana.
Pidge en contra de sí mismo, sus objetivos, metas y excusas, se vio encantado con el personaje, a pesar de haber tenido un año de la personalidad de este chico. Solo puede notar que no sabe casi nada de Lance y ya que este no pregunta nada de Pidge tampoco, de haber sido obviamente antagonista y, aun así, verse irremediablemente debajo del ala protectora del alto muchacho, porque era agradable, como persona, como ser, como amigo. Lance era el mejor amigo de Hunk, visitaba – entraba a la fuerza- a la guarnición mucho antes de que el llegara y se detuvo para no causarle problemas o meterlo en problemas, solo con haberlo visto una vez, limitando sus interacciones con su mejor amigo a videollamadas, preguntando por él y siempre mandando obsequios y saludos.
Cuando al fin pasaron de pinchazos verbales, a chistes a conversaciones, ninguno de los otros dos, le recrimino su actitud de perra, por lo que está agradecido. Son amigos, no como en los libros, ni en las historietas, que saben todo sobre el otro, son cordiales, amables, preocupados uno por el otro y sonríen fácil mientras hablan tonterías.
Si eso no es amistad, no sabe lo que es. Conoce como actúa Lance, como lo hace Hunk, así como está seguro de que ellos conocen como actúa él.
Por lo que para cualquiera era Lance siendo solo Lance, pero la sonrisa en su boca es suave, la mirada atenta e interesada y su forma sugerente, abierta y expectante, su cuerpo apuntando hacia el musculoso chico frente a él y mostrándose a sí mismo, muestra un interés que rayaba en lo desvergonzado y a Pidge le explota la cabeza porque hasta ese momento pensaba que Lance no distinguía entre sexos y era asexual o algo lo suficientemente cercano.
- Hunk amigo, que está pasando, no que Lance … -dice o medio susurra, pero Hunk solo le toca el hombro, mirando la interacción frente a el –
- Estoy igual o más sorprendido que tú. – dice suavemente sin moverse y Pidge voltea- alza la mirada también- a ver el serio rostro del samoano.
Hunk ha sido siempre más propenso a callar, meditar e intervenir como mediador o como voz de la razón, una sombra omnipresente y conciliadora, Pidge siempre se ha asombrado que nadie aparte de él y Lance, noten lo estoico de la personalidad de Hunk, lo realmente quieto y premeditado de su silencio, aunque rápido para admitir sus dudas, inseguridades y miedos, era solido de una manera que hablaba más de madurez que de ego, pues no se retractaba de lo ya hecho y siempre estaba dispuesto a dar el paso que necesita para avanzar aunque se muera de miedo.
– No…. Esperaba este desarrollo – admite, pero luego mira a su alrededor como si lo viera por primera vez y continua- Todo, esto no me lo esperaba, pero dejando de lado lo pasado en esta noche y que sigue sucediendo a pesar de mis mejores esfuerzos para despertar del sueño que estoy seguro que estoy teniendo, Lance… bueno, nunca fue sugerente con Keith antes, de hecho creo que se limitaba a decir los saludos básicos, me parecía interesante que no se acerque directamente a pesar de las miradas que le lanzaba, pero no se… no esperaba que fuera interés, de hecho estoy tratando de convencerme que es su yo habitual, incapaz de poder entablar conversaciones que no quiere, sin llevarlas hacia un terreno donde él tenga ventaja… pero luego, no se…. Se ve relajado e intenso de un modo que no he visto en el antes, me vergüenza admitir que lo conozco durante poco más de tres años y, aun así, me asombra siempre- dice con tranquilidad y un tono semi decepcionado el gigante oso de peluche que es su amigo.
Pidge resopla.
No es por la heteronormativa, pero siempre pensé que era ya sabes…. Hetero- dijo mirando a Lance hacer una ola melodramática a un Keith cada vez más histérico, Hunk alzo una ceja ante eso.
¿Qué te hizo pensar eso? Siempre nombra lo que logra, mientras seduce hombres y mujeres – dice con simpleza Hunk, como si fuera obvio.
No se amigó, que no era un hombre de masculinidad frágil ni se espantaba ante el hecho de batir las pestañas a algunos interesados. – Dice y de verdad lo cree, siempre Lance ha coqueteado con un público abismalmente más femenino que masculino, nunca lo ha visto observando a alguien con ojos que sean una onza menos de analíticos o pensantes y asumió la norma general de desinterés.
…. La verdad no lo sé, hasta este momento pensé que no le atraían las relaciones románticas en sí. Hacemos bromas, pero el nunca, ya sabes. Ha mostrado interés real por algo que no sea danza, familia o comida- aclara Hunk, porque no es un tema que, si no se saca en su momento, no se pregunta con el tiempo.
Pidge iba a decir algo más, pero entonces Takeshi Shirogane se movió. Cuando iba a dar alerta, Keith ya estaba en la habitación, ellos corrieron tras él, demoro como cinco minutos en abrir los ojos y cuando lo hizo, sufrió un ataque gradual e incómodo frente a ellos, Keith parecía desorientado, casi asustado de lo que pasaba, Hunk estaba nervioso y Pidge paralizado, en teoría todos vieron el curso de psicología en la guarnición y que hacer frente un ataque de pánico, pero ni siquiera sabía que estaba pasando, que estaba diciendo el mayor y si no se estaba volviendo loco por culpa de un loco lavado de cerebro alienígena.
Entonces Lance dio un paso adelante, los miro con la calma proyectado en sus ojos oscuros, Pidge a veces olvidaba que eran azules, pero eran oscuros y realmente profundos, como las profundidades del mar, casi negros. Entonces se dirigió con paso firme hacia el mayor frenético y lo hizo caer en la realidad, lugar, espacio y tiempo. Le indico la situación, el estado actual de las circunstancias y le aseguro que había salió victorioso, que estaba bien y a salvo, con la firmeza y la convicción de quien debe dar una noticia importante o dar un discurso particularmente inspirador.
Acerco a una persona de confianza y contesto la pregunta no dicha que soltaba el hombre, que necesitaba la confirmación que esto no era un sueño y Pidge teóricamente podía ver lo obviamente lógico de ese curso de acciones, la estrategia psicología y por qué dio su nombre a pesar de ser un desconocido total para la persona en colapso y se vuelve a maravillar al darse cuenta de lo realmente buen soldado que hubiera sido Leandro Mclain. Otras veces ha tenido destellos de ello, desde que lo conoció y vio su paso silencioso y entrenado, su habilidad de infiltración, lo realmente confiable de su encanto, confianza y recolección de información. Y piensa en lo que le respondió Leandro cuando Pidge le dijo que se fue porque no tenía la confianza de ser un buen piloto.
Leandro se había reído, con todo y el perder la capacidad de habla por unos buenos dos minutos.
"Sería el mejor soldado que hayas conocido y soy el mejor piloto que pude ser. No me fui porque no crea que pude ser bueno en esto, sino porque no se si puedo ser bueno en la danza Lo puse en balanza y no podía vivir con esa duda."
Así sin más, piensa Pidge, como si fuera tan fácil.
Cuando se escucha el primer atisbo de que el mayor en la habitación iba a romperse bajo su propio peso, Lance agarro el hombro de Keith y asintió una vez bruscamente, sin gota de burla en su expresión, todo marcial y con algo muy parecido al toque de un veterano pasando el mando a un novato prometedor. Keith le devolvió la mirada y repitió el gesto, un solo asentimiento, pero quien sabe que significo para los dos.
Entonces Lance los miro y se vio a sí mismo, saliendo de la habitación junto a Hunk. Para que el reencuentro pase solo entre los dos asiáticos. Pidge recogiendo nueva información como loco en su cabeza, la reacción de Takeshi Shirogane habla de una situación que lo obligaba a desear estar en casa, tenía un brazo metálico que sabía que no era humano, cicatrices y a pesar de estar en el espacio con una presunta nave destruida, seguir respirando, con la musculatura corporal sin gran cambio aparte de las nuevas líneas de estrés en su rostro, durante un año. Significa que estuvo en un entorno con suficiente oxígeno, comida y agua pero que no estaba cómodo y que no era tratado como invitado.
Esclavo entonces piensa. Esclavo de alguien o algo.
Y la revelación se le incrusta en las entrañas, lo aprensivo del miedo latente que había escondido desde que supo con certeza de la vida en otros planetas y galaxias, el miedo que tienen los conejos ante los leones.
Seremos sus presas.
Así que también tienes capacitación en primeros auxilios psicológicos- dice con la calma tapando la acusación en el tono de Hunk, mientras todos esperan fuera de la casa para evitar escuchar lo que no deben escuchar.
-Nah, recibí la misma capacitación que ustedes, pero uno de los chicos con los que viví tenía un fuerte caso de estrés postraumático, cada vez que se despertaba de sus pesadillas, creía que estar a salvo era el sueño y el mundo que veía en sus recuerdos era el real. – dice mirando el cielo estrellado con lo que no puede ser más que nostalgia. – Me arriesgue, bien podía ayudarlo o acabarlo de asustar-
Pidge mira a Lance por primera vez desde hace como una hora.
- Tu único compañero es Noah y detestas a Laurence, ni que decir de Francis– dice Pidge, con la pregunta obvia, Lance niega con la cabeza.- Llevo en los dormitorios como residente hace un tiempo, los otros días visitaba a Noah, gane la beca completa hace poco con la presentación de las que les hable, por cierto, no saben que cara puso Laurence cuando…- Lance es cortado.
-¿Dónde estuviste durmiendo antes? – dije Hunk y entonces Pidge espera furia.
Porque él también está haciendo cálculos, los padres de Lance no viven en el estado, están como a setenta y dos horas de viaje en coche y los cálculos no cuadran, con el trabajo a medio tiempo del cubano, ni con las clases de la academia. Pero la calma de Hunk es engañosa y poderosa, no mira a nadie mientras lo pregunta, ni tampoco cambia de pose mientras espera respuesta, su respiración no cambia, ni la sonrisa ligera en su rostro se transforma, pero las líneas se acentúan en su frente.
Lance sabiamente no niega, ni pone excusas.
- Por aquí y por allá, mayoritariamente donde me alcanzaba en moteles de mala muerte, gente del trabajo y finalmente cuando no me quedaba de otra me quedaba por ahí. – Dice con calma y Pidge, sabe lo que quiere decir. Aunque se le remueve el estómago, al imaginar al chico durmiendo en la calle o peor.
- ¿Cuánto tiempo? – susurra la voz de Hunk.
- El suficiente, hasta que logre lo que quería. - Dice Lance y aunque no grita, ni alza la voz. El tono suena alto y trae una fuerza que habla de pura terquedad escondida detrás de la necesidad de creer en él y en sus sueños.
- Recuerdo que me dijiste que trabajaste durante un tiempo en un mal lugar, que era difícil pero que la paga era buena, antes de conseguir el trabajo que tienes en la cafetería, fue durante tres meses o seis, cuando recién saliste de aquí, nunca me dijiste la razón, pero sé que no estabas donde tus padres y -al parecer- aun no estabas en la academia, no tenías dinero. – Hunk dice y no hay duda en sus palabras, ni tampoco piedad, parecía que había esperado mucho para decirlo. Hunk mira el sol queriendo aparecer en el cielo, empapado aun de oscuridad. El rostro del samoano reluciente y realmente dolido, con lo suave de su actitud y su costumbre de empequeñecerse, a veces parecía no tener grandes atributos, pero ahí parado en toda su altura y sin titubeos o dudas, lo caliente en sus ojos chocolates relucen y lo marcado de cada uno de sus rasgos, lo llenan de una belleza gruesa y rustica, como los volcanes en calma.
- Si, lo sé- Dice Lance con calma, pero con algo parecido a la resignación en la forma en como respira y le regresa la mirada directamente los ojos a su amigo que lo encuentra en el camino- Lo siento, por ocultarles esto, pero no es de gran importancia, te prometo que no me paso nada y aunque no la pase de maravillas, estoy ileso. Soy más fuerte de lo que crees, después les contare, ahora hay cosas más importantes que atender- Lance rebate y es una estrategia inteligente, recordarles donde están, que lo pasado es pasado y que los regaños son inoportunos ahora, una retirada estratégica que no da pie a rebate.
Hubieras sido un maldito buen soldado, eso es un hecho.
Hunk sopesa lo dicho, puede ver Pidge, mientras resopla. Mira gravemente a Lance, tratando de traspasarlo con la mirada, pero no acusador o enojado.
- ¿Estás bien? – Es lo único que dice Hunk, como respuesta al corte de tema. Como si eso lo sellara todo, como si eso fuera lo único que necesita saber.
Lance no contesta de inmediato y el azul de sus ojos parece ahogarse bajo su propio peso.
- …Lo estoy ahora, hay tantas cosas, pero todas completamente inevitables y de ninguna me arrepiento – dice con un tono que no es nada más que verdad, bañada en resolución.
Y así como así, el tema termina. Pidge se siente algo excluido, porque a pesar de que nunca es dejado de lado o comentan secretos que ambos tengan en su presencia, no puede entender ese nivel de confianza y fe en el otro. La capacidad de estar en paz con la incertidumbre con tal de permitir que el otro se sienta listo o aceptar que se debe hablar de algo, pero tranquilizándose con el hecho de que se podría dejar para después, debido a las circunstancias no propicias.
Y si le sorprende lo buen soldado que sería Lance.
No puede dejar de pensar, en lo increíble que sería si Hunk fuera piloto, siempre calmo, consciente, no propenso a ataques emocionales, realista con las oportunidades, arriesgado, pero no imprudente. Siempre intuitivo de cuando actuar, de cuando moverse, de cuando callarse y cuando hablar.
Pidge mira lo último de las estrellas en el cielo, antes de que sean tragadas por la luz. Mira como tantas maravillas, detalles y pequeñeces son ocultadas por el brillo intenso de un solo objeto en el firmamento. Piensa en la inteligencia, astucia, testarudez oculta por el sofocante y burlesco coqueteo, piensa en la calma, el respeto y el liderazgo camuflado en la amabilidad desinteresada. Piensa en lo arisco camuflando la preocupación y el miedo junto a lo prodigio ocultando la necesidad de verse reconocido, Piensa en Lance, Hunk, Keith y Takeshi.
Y solo puede desear que su padre junto a su hermano no se esté riendo donde sea que estén.
No pudo reunirse de gente más extravagante que esta, pero está bien.
Pidge puede inyectarles sentido común.
O inyectarse algo de locura, como sea está bien acompañado.
Lance
Leandro o Lance, Lance o Leandro, para muchos un apodo y un nombre, o un nombre y un apodo, pero para él era la muestra de que era un solo ser, pero era también mucho más.
Porque murió y no lo hizo.
Cuando Keith sale y les dice que el capitán Takeshi Shirogane quiere hablar con todos ellos, Leandro se sorprende y a la vez no, porque, aunque no conoce nada del sujeto, lo entiende.
A un nivel personal, porque entiende la capacidad del hombre para recuperarse, para alguien a quien el mundo fue arrancado de sus dedos durante un año, le fue devuelto a punta de penurias, mientras duda de todo incluso de su propia mente, media hora era prácticamente de inmediato. Pero de nuevo, Leandro es Lance y Lance es Leandro, no es nuevo ver el cómo Takeshi oculta todo en su interior para soportarlo cuando tenga tiempo, cuando crea que no debe estar en todas sus facultades, Lance respetaba eso, pero también le causaba angustia, le costó años tener el nivel de confianza en sí mismo para expresar sus dudas al mayor y como se arrepintió de no hacerlo antes.
Porque lo recordaba, recordaba con una cruel exactitud al hombre de caparazón grueso y un corazón vacío, que vivía para la guerra y no se encontraba si no estaba en batalla, planeando un ataque o esperando con la respiración cortada las bajas enemigas y aliadas. Todos ellos, cada uno de los paladines tiene un aire de eso, más Takeshi que el resto, en sus diez años de sangre derramada, pero aún estaba ahí, en los planes y contramedidas de Pidge, en la paranoia a los desconocidos de Hunk y en la predisposición de primero atacar para después pedir perdón de Keith. Romalle acostumbrada a encontrarse a situaciones de vida y muerte, desde que despertó ni siquiera pestañaba al encontrar que un día hablo con alguien y al siguiente estaba en su funeral. Corán, siempre estuvo algo loco, pero era una locura que ocultaba una mente fuerte y no propensa al desespero, tal vez sea el que salga mejor parado de la guerra que de un lado del tiempo ya han ganado.
Lance siente una presión en el pecho, porque no está ahí para recoger los pedazos de lo que sobro, porque no hay nada que celebrar, para ellos no. Solo más trabajo, reunir las fuerzas para vivir y ya no para sobrevivir. Lance a veces se pregunta si es algo que alguien que ha vivido constantemente al límite pueda hacer, a veces la culpa de irse lo carcome al pensar sobre eso, pero no se puede cambiar lo que paso.
Así es. Recuerda Leandro, para ti todas estas son memorias que no pasaran.
Cuando entran a la casa y a la habitación, se encuentran ya de pie y listo, quien fue una figura fuerte y paterna para Lance, Shiro lucia indomable, curtido y listo. Sorprendente de un modo que no lo es, triste de un modo que solo el entiende. Casi se superpone al pasado, pero había sido otra situación, otras circunstancias y aquí en la calma que trae el desierto, Lance puede ver claramente lo tenso de su porte, lo cansado en su forma y lo realmente esperanzado de sus ojos, como mira y parece realmente agradecido de verlos, lo realmente maravilloso de estar rodeados de otros humanos a pesar de ser desconocidos, es algo que Lance sintió mucho más adelante, cuando la guerra se volvió más sangrienta, las luchas más despiadadas y la misericordia era un recuerdo pasajero que no volverían a tener.
- Hola, un gusto, Soy Leandro Mclain, Lance para los amigos, es un placer conocerte- dice porque siempre ha sido un hombre de primeros pasos, Takeshi asintió y agarro la mano que se le ofrecía, todos ignoraron que no era la primera vez que Lance se presentaba.
- Un gusto, Takeshi Shirogane, pero Shiro está bien - dice calmo y tranquilo, le aprieta la mano con fuerza.
Y lo que no se dice, no importa. Porque Lance puede ver el 'gracias' en los ojos del soldado y el solo asiente con una sonrisa.
-Pidge, si es un nombre… si también soy más joven que ellos y no, no soy un niño pequeño – dice Pidge que es inmediatamente empujado ligeramente por un samoano exasperado – el grandote tímido es Hunk, no te preocupes lo que tiene de altura, lo tiene de adorable-
Hunk tuvo la madurez de indignarse como un niño de cinco años.
Lance no intervino más, de hecho, en este momento no tuvo mucho que decir, las cosas ya eran muy diferentes de lo que fueron en su tiempo o mejor dicho en las memorias heredadas que tiene, por lo que descubrir que Keith tenia casi las mismas señales descubiertas en el desierto que las compartidas en un universo y tiempo diferentes, Lance no pudo evitar maravillarse, esta completamente seguro que en ese tiempo que llamara por razones de salud mental, universo beta.
Keith había logrado ganar el mismo nivel de información y según recordaba era increíblemente preciso en cuanto la ubicación del león azul.
Blue. Susurro.
Porque la quintaescencia que había tenía en el universo beta, lo acompañaba ahora, la sentía como un hormigueo bajo su piel, como un mar fuerte y vasto, pero bien domesticado, él sabe que, en este universo, el Alpha, no contaba con tanta, lo normal en una especie en proceso de ser adulta que al mismo tiempo no la había refinado y entrenado para ser una parte consciente y un sentido permanentemente despierto. En pocas palabras lo suficiente para demostrar que estaba vivo y sano.
Pero desde que despertó y los recuerdos lo invadieron, lo sintió. Instintivamente sabia que lo que estaba pasando era real, porque no solo lo recordaba en su mente, su alma lo recordaba, su esencia en sí misma, madura y herida lo había seguido a través de lo que sea que lo había traído aquí, entrenada y constantemente en el aire por ser un piloto de voltron durante una década. Ella le había permitido vivir en un lugar que había matada a tantos soldados experimentados y fuertes, porque contaba con esa ventaja.
Ahora, la quintaescencia que contaba en este universo el Alpha, era más fuerte que la de su contraparte a esta edad, porque este Leandro había dicho y hecho cuanto quiso, no negaba sus fuerzas, pero tampoco sus debilidades y aunque seguía dudando y teniendo miedo, avanzaba hacia lo que su alma necesitaba. No tenía miedo al sacrificio ni tampoco al que dirán.
Leandro había perdido mas que Lance en este mundo cuando tenían diecisiete años, pero ahí acaba esa comparación, pues Lance había tenido diez años más de vida y muchas más perdidas de las que hubiera imaginado o querido. Pero juntas, Lance y Leandro o Leandro y Lance, era increíble la cantidad, pero lo mejor era la calidad, no contaba con tanta como Allura o Zarkon, pero era afilada como salvaje, incontrolable en lo intuitivo y controlada en su casi totalidad.
Y ante su ruego, escucho respuesta.
Paladín. La voz melodiosa y atemporal contesto. ¿Eres mío?
Leandro quería decir tantas cosas, contarle en susurros suaves, que, si fue suyo y lo seria siempre, pero que también había sido de Red. Que la conocía y ella a él, cuanto la había extrañado y que ni la muerte lo alejaría de su destino. Cuanto quería poder verla y sentir su poder vibrar a su alrededor, porque con ella podía compartir todos sus secretos.
Lo soy. Prometió simplemente, porque era verdad. Lo he sido durante mucho tiempo.
Ven a mí. La voz suplico. Ven a mí, mi paladín.
Y Leandro contesto. Siempre.
Leandro paso el resto del camino, como si estuviera en un trance, desconectado de todo lo que no fuera llegar a donde estaba su León, asintiendo cuando lo llamaban y haciendo sonidos bajos de acuerdo.
Lance no había tenido que pasar por esto, según las memorias que tenía, había permanecido ignorante del vínculo que compartían hasta mucho, mucho después. Pero ahora era como un clavo ardiente en su alma, el estar lejos de su destino, alejarse del sendero que le era designado.
Cuando sintió la tierra retumbar, Leandro se dejo caer y miro en la dirección donde el susurro cariñoso era cantado, Blue estaba ahí tan imponente y regia como recordaba, protegida de energía que solo dejaría pasar a quien ella considerara como digno, con la quintaescencia color azul salvaje como el agua y tan voluble rodeándola, lanzando zarcillos en su dirección, camino sin mirar atrás, duda o miedo. No era nada desconocido, ni peligroso, era su compañera, su fiel amiga.
Paladín.
Mi paladín, escuchas mi voz y me acaricias con tu esencia.
Lance avanza, una mano agarra su antebrazo y lo obliga a parar, se gira aun con los sentidos adormecidos, para encontrarse con la mirada preocupada, asombrada y cautelosa de Keith.
- Esta bien, se lo que hago, confía en mi - dice, porque es verdad.
- ¿Qué es lo que harás?, es una maquina en forma de león- dice porque las visiones que compartieron no pueden ser nada más que informativa pero no explicativa- recubierta por quien sabe que energía, no puedes ser tan idiota- el estoy realmente preocupado por ti y no ayuda que no lo notes, no se dice, pero Leandro lo escucha y le sonríe con cariño.
- Todo lo que hace falta es tocar- y lo hizo, el muro cayo.
Los jadeos asombrados y perdidos se escucharon, Leandro los esperaba, fue asombroso en sus memorias y era asombroso ahora, pero entonces nota que las miradas de asombro no están en el León, si no en él.
¿Qué sucede?
- Amigo, ¿qué carajo es eso en tu cara? - dice Hunk señalando sus mejillas y entonces las siente, en sus pómulos, un frio suave y reconfortante que era su energía brillar y latir.
Un sentimiento que no había tenido hasta que su quintaescencia había sido lo suficientemente fuerte como para mostrar los rasgos perdidos de una civilización muerta hace mucho tiempo, cuyo único remanente estaba en forma de una rubia energética y llena de esperanza junto a un pelirrojo extremadamente risueño.
Un legado que no supo que era suyo, hasta casi cinco años de guerra constante.
Joder, maldita sea. Tenía marcas Alteanas, no las que tenía Romalle o Corán no.
Tenía sus marcas Alteanas
Lance hizo lo que debía hacer, acariciarse el rostro con duda y negar con la cabeza porque tampoco podía actuar con normalidad pero tampoco se exalto, les dijo que no tenían tiempo para esto, algo estaba acercándose a ellos y rápido, mientras entraba en Blue y su ser entero vibraba con antelación, en el universo beta habían tenido una situación diferente llena de gritos, heridos y meses de recuperación para soldados de la rebelión y los Galra en la tierra, ahora Blue le advertía de enemigos, rapases y dispuestos a atacar su planeta.
Un gruñido bajo suena en alguna parte de él, Blue tenía preguntas, pero no dudas, una vez entro le dio acceso así mismo, se abrió por instinto y por memoria, Blue sabia y estaba en un estado que rivalizaba el pánico.
Después, dice y Lance sonríe ante el enojo perdido de su amiga.
Se sentó en la cabina del piloto, hizo el asiento un paso más atrás, miro el visor y lo ajusto para poder asegurarse de su puntería y cuando sintió que todos estaban adentro, corriendo y gritando para saber que estaba pasando, Leandro solo arranco, en un movimiento mucho más controlado que la primera vez hace una vida atrás, conocedor de la mecánica y del susurro a gusto de Blue.
- ¡¿Dónde vamos?!- Grita Hunk pareciendo ingrávido y pálido, pero no mareado, mirando a Leandro con exasperado miedo- ¡¿Por qué tuviste que entrar en el León mecánico y arrancarlo, no tienes deseos de vivir?!
- Hay naves enemigas- dice Leandro tenso, porque aunque sabe que no es su primera experiencia, lo que haga en este momento será uno de los recuerdos menos alegres que tenga – Blue, dice que son dos o tres a lo mucho, tripulantes armados, hostiles y presumo que son los mismos sujetos que tenían a Shiro por las implicaciones de la situación- pausa y gira su rostro hacia Takeshi – Se que no tengo el derecho de decir esto, porque me escape de los Boys scout del espacio, pero eres mi oficial superior inmediato, ¿tengo permiso para ser hostil? –
La cabina se vuelve silenciosa, pero entonces Takeshi Shirogane se vuelve significativamente más solemne e increíblemente mas profesional, su rostro pétreo le regreso la mirada a Leandro, Takeshi sabia de que hablaba, Leandro le estaba preguntando si podía derribarlos, en pocas palabras estaba pidiendo autorización para disparar con intención de asesinar.
La duda, las preguntas e incluso la pena, murieron en el rostro del mayor.
- Si no podemos tener comunicación de cualquier tipo y si puedes estar seguro de tener un enfrentamiento frontal sin fuego amigo o la seguridad de una ruta de escape, lo mejor sería evitar comenzar la batalla, pero si falla todo esto, procede con la intención de esperar el primer contacto, en caso contrario dispara a discreción – dijo todo oficial militar.
Lance empuño mejor los controles, asintió bruscamente y se movió más rápido, para interceptar las naves cazadores, los demás mantuvieron el silencio tal vez por duda o para evitar distraerlo, apenas estuvieron en el espacio, les dispararon, Lance por instinto bajo con Blue y se dirigió al punto ciego de las naves Galras, sin dar tiempo ni ajustarse a sus enemigos, Lance disparo al armamento, sin dudar.
- ¿Era tan bueno en esto, porque demonios se retiró de la guarnición? – creyó escuchar los susurros de Pidge, sonando asombrado a regañadientes.
- Nunca lo sabríamos, nunca piloteo enserio, pero era decente– dijo con cierto renuncia Keith sonando mas decepcionado que conspirador o sarcástico.
- De pilotaje no sé, pero era un buen francotirador creo, en ese momento éramos de clases separadas, un día solo dijo que ya no tenia razones para estar en la guarnición y se fue- contesto Hunk sonando menos mareado y más incómodo.
Shiro que hasta el momento estaba en plan general, sin dar consejos porque al parecer decidió que podía solo, aporto.
- Según tengo entendido paso el entrenamiento como uno de los mejores francotiradores del grupo novato, si no el mejor – dijo aportante su granito de arena.
Leandro eligió ignorarlos.
No necesitaba recordar que una de las principales razones por la que salió del ejército, era porque no quería disparar nunca a ningún humano o para el caso ser vivo, lo peor es que era endemoniadamente bueno, lo suficiente para ser dirigido a una base de francotiradores cuando entro, Leandro era bueno lo dejo antes de que sea el mejor, Lance era bueno continuo hasta que era una parte de sí mismo, ahora era mejor. Lance había tragado su repulsión en risas y tranquila indiferencia. Leandro en excusas y en promesas, que después desecho.
Blue acaricio su esencia, una caricia a su alma. Lance le devolvió el gesto con cariño.
Estaba condenado, pero no solo.
No tenía el casco así que no tenia la mirilla incorporada, así que tuvo que concentrarse, con un ojo apuntaba y con el otro procuraba esquivar los disparos, después de unas dos maniobras bruscas debido a eso, concentrado en evitar que Blue reciba daño debido ya que no tenían apoyo, recurrió a maniobras duras y que mantenían a todos aferrados para no caerse, pero logro incapacitar dos naves y eliminar completamente la tercera, cuando las naves comenzaron a retirarse se permitió relajarse.
- Esperando ordenes, ¿disparo a discreción? – dijo mientras apuntaba a los estabilizadores del lado izquierdo de una de las naves frente a ellos.
Detrás de él escucho algo muy parecido a un gemido, las naves se acercaron a la tierra, Leandro cerro los ojos por menos de un segundo y luego miro a Takeshi, porque sabia lo que tenia que hacer y cuando los ojos oscuros, cansados y decididos, le devolvieron la mirada. Leandro tuvo que sonreír para tranquilizarlo.
Disparo, a esa distancia y sin miedo a emboscadas, solo le costó tres disparos, acabar con las naves.
Entonces un agujero de gusano se abrió y le informo al equipo que Blue decía que era seguro, tuvieron un debate de tres minutos exactos sobre ir o no. Leandro quería gruñir y decir que, si Blue decía que era seguro, lo era. Pero como explicas las sutilezas que no solo trae la fe ciega, si no la experiencia que trae la lucha y la sangre. Por lo que al final Leandro revisaba los controles y hacia números mentales, los argumentos de Hunk eran racionalmente buenos, aunque podrían resumirse con un no absoluto, los de Pidge eran ambiguos dividido entre ir o no ir, pero Leandro podía oler la curiosidad, Keith estaba en silencio. Takeshi lo miro.
- ¿Confías en la información que te dice el León? – el estas ¿completamente seguro que esto no es un boleto de ida, sin retorno? era la verdadera pregunta. Leandro no tenia estos recuerdos, en el universo beta había acontecido de manera diferente, mucho, demasiado. Habían tenido una guerra en la tierra, invadidos, una pelea larga y ardua de unos seis meses, solo para poder recuperar al León Azul, cuando los galras que acaba de derribar tocaron la tierra, todo porque Lance no toco la energía azul. Todo porque Leandro no pudo hacer caso a su propio instinto.
Sabía que esto no los mataría, pero si sería un viaje sin retorno.
Leandro miro a Takeshi con resolución, la cara de Leandro hasta el momento sonriente para evitar que vean los fantasmas en sus ojos se enfrió, donde iban no era peligroso pero la guerra podía matarlos a todos porque el futuro no estaba tallado en piedra.
- El puente es estable revise los controles, podrán estar en otro idioma, pero las ecuaciones hasta cierto nivel son entendibles, la singularidad no es inestable y la trayectoria parece seguir un curso definido, por lo que mínimo nos llevara hacia un lugar, en vez de tragarnos en el olvido, el león azul no funciona a combustión se recalibra al ambiente, se alimenta de un tipo de energía… que existe en todo el universo, por lo que calculo que no nos quedaremos varados…. – Leandro se cruzó de brazos – si te soy sincero, estos son puntos que hice desde la razón porque me niego a seguir solo me instinto, pero estoy en una maquina/nave espacial sensible que responde a mi energía y a la de ninguno de ustedes, aunque lleva cientos de años en el planeta, tal vez más. Una parte de mi que no es mi cerebro, cree que por lo menos debo ir yo– Leandro les dará opciones, en el universo beta no tuvieron, ahora podía por lo menos dar la oportunidad de dar marcha atrás.
- ¿Piensas ir solo? – el susurro entre dientes de Keith lo sorprendió, Leandro lo miro, sin pizca de miedo o de sarcasmo.
- Si tengo que – respondió – no quiero obligarlos, de hecho, según veo no tengo muchas opciones, acabamos de confirmar la vida alienígena, que cuenta con armamento más allá de nuestra imaginación, somos superados. Abismalmente me atrevo a sugerir, hostiles según vi – dijo mirando un punto vacío en el espacio - y el zumbido en mi cabeza me dice, que, si dejo ir ese agujero, no solo me condenare… sino a todo el planeta, lo puse en la balanza y me di cuenta que no estoy dispuesto a correr el riesgo –
El silencio se hizo en la cabina.
- Siempre vas a poner las cosas en la balanza ¿no? - Dijo Pidge riéndose para si mi mismo, en alguna broma interna propia. – No te dejare ir solo niño bonito, necesito averiguar como este artilugio puede seguir funcionando después de siglos sin mantenimiento, esta misión es para mi -
- Amigo, estás loco y estaré condenado si crees que dejare que vayas a algún lado sin mí- Dijo Hunk con una fuerza en su voz que contrastaba con lo pálido que se veía. Leandro le sonrió con cariño.
- ¿Si estamos yendo a una trampa? – dijo Keith con calma, mas dispuesto al dialogo según vio Leandro, no había cambiado su semblante y parecía enojado, excepto porque no lo estaba, así que Leandro tampoco lo hizo, tampoco perdió el hecho que Keith dio por hecho que la decisión de quedarse no existía.
Existe siempre esa posibilidad, no te lo negare, ni seré terco al respecto, pero quiero ir Keith, tengo razones racionales y planes de respaldo. Además, las ventajas les ganan a las desventajas, La pregunta es si ustedes quieren tomar el riesgo conmigo. – dijo con voz suave, alzo las manos y le sonrió. – se que no parezco digno de confianza, ni siquiera me quede mucho tiempo en la guarnición, no tengo derecho a decirte esto, pero no creas en mi como persona, pero cree en mi como soldado. Nunca iría si creería que es mi muerte inminente o la de ustedes, ni sería imprudente puedes dar fe de ello, además, confía en que no dejare ir al enemigo si está en mi mira, confió en muy pocas cosas Keith, una de ellas es mi puntería –
Keith lo miro a los ojos, Leandro vio el brillo en ellos y casi pensó que era de peligrosa furia, pero entonces el chico sonrió.
- Estoy con el loco de Leandro, vamos – dijo y entonces todos giraron al unisonó a ver a un sonriente Takeshi.
- Bueno, veamos que encontraremos ahora, espero que lo siguiente que encontremos no sea enemigos – dijo el mayor y Lance rezo para que así sea, pie derecho, palanca y la sensación de una caricia de aprobación en la espalda, justo sobre su alma y Lance junto con todos los demás avanzaron hacia lo desconocido.
