~Adrien~
Sentí como el aire golpeó contra mi rostro y sacudía con fuerza mi cabello rubio alborotado, por un momento me llegó a la mente la primera palabra que sentía al convertirme en Chat Noir... "Libertad". Si, no podía obtener mucho de eso en casa, o a lo que se le podía denominar como... "casa".
Suspiré derrotado y me recliné contra una chimenea de ladrillos detrás de mi espalda. Pesando en todas las cosas que estaban mal en mi vida, comenzando con mi padre... no era muy alentador tener un padre el cual se desvivía por su trabajo y dejara a la deriva a su único hijo. Eso era deprimente.
Miré al cielo nocturno como buscando una respuesta... ¡Claro! Como si el cielo me fuera a dar una solución a mi problema. Lo único que necesitaba era el consuelo y el cariño de alguien... necesitaba por primera vez en muchos años un abrazo reconfortante, de cualquier persona a la que le importara una mínima parte de mi vida. Alguien que me dijera al oído que todo iba a estar bien, y que siempre estaría conmigo.
Podía contar con los dedos las personas que se habían preocupado por mi antes, entre ellas estaban Chloe, Nino, Nathalie y... Marinette.
Ella siempre había sido muy dulce conmigo, aunque lo era con todo el mundo en realidad. Pero eso no quitaba el hecho de que Marinette seguramente tenía el corazón más bondadoso de todo París.
Miré la brillante y redonda luna en el cielo tapizado por las estrellas, no sabía que pensar ya al respecto sobre mi vida. Ser un súper héroe me había salvado de estar encerrado en mi habitación practicando piano y estudiando chino.
En fin.
Dejando mi vida privada de lado, estaba el hecho de que mi vida como súper héroe tampoco era como en los comics o en las historietas.
Peleábamos contra villanos, chocábamos los puños, recibíamos otra amenaza de que volverían y así era la rutina una y otra vez. Ni el Wason le daba tantos problemas a Batman.
Que más daba, mi trabajo era solo salvar y velar por los ciudadanos de París. Eso era todo...
—Pulgoso — se escucho detrás de mi.
Desvié mi vista hacia la nueva y verdadera portadora del Miraculous del zorro, Rena Rouge. Podría decirse que desde lo sucedido con Sapotis, Ladybug le había otorgado el miraculous de la ilusión permanentemente, fue súper divertido trabajar con ella al principio. Pero no fue hasta que me di cuenta de "ella" acaparaba toda la atención de My Lady, no estaba exagerando, siempre tenían un plan junta del cual nunca podía enterarme sino cuando estábamos luchando con el villano, sentía que me dejaban de lado... muchas veces.
—¿Ahora que ocurre Rena? — rezongué levantándome de mi lugar de descanso.
— Ladybug quiere que vigiles el lado norte de la ciudad, es importante que lo hagas pronto —me explicó señalando con su arma las áreas que tendría que vigilar.
—¿No pudo habérmelo dicho ella en persona? — pregunté con notable fastidio, odiaba que me dieran órdenes, ya tenía suficiente escuchando las de mi padre en casa.
—Esta ocupada en este momento chequeando el horario en el que nos toca patrullar, al parecer te toca mañana — dijo apartándose unos cuantos mechones rojizos de su moreno rostro y chequeando en el móvil de su flauta el horario.
—¿Qué? — pregunté con asombro — pero, siempre hacemos la patrulla juntos, nunca la hemos hecho individual — reproché con el ceño fruncido.
—Dice que ahora que me uní al grupo, será mejor tener asignados nuestros puestos de vigilancia para cubrir más terreno. ¿Lo entiendes verdad? — preguntó poniendo sus brazos en jarra.
«Genial, una semana que entró al grupo y ya se cree la mano derecha de Ladybug»
Solté un enorme suspiro al escuchar su tono de regaño y evité rodar los ojos a toda Costa.
—Entiendo... — repuse ante ella en un tono desganado y me alejé hacia la dirección que me había indicado.
La brisa estaba muy fresca, y las luces que iluminaban a la torre Eiffel, eran totalmente encantadoras y contrastaban con el cielo estrellado de París.
Mientras estiraba los brazos pude darme cuenta de lo tensos que estaban mis músculos, dolían un poco al estirarme, pero lo que más rondaba por mi cabeza era el hecho de que no sabía que hacer con mi vida a parte de ser el héroe de esta ciudad.
Mi padre, me ha manipulado toda vida para ser el chico perfecto, más nunca me ha dejado decidir que es lo que haría en un futuro, ya tengo 17 años y aún no tengo claro que quiero hacer cuando me gradúe. Lo principal será claro, conseguir un trabajo y quizás ¿Buscar un apartamento?
¡Ja! Si, claro, como si papá me dejara elegir por mi mismo un apartamento. Al igual que la compañía, no estaría mal tener a alguien con quien compartir algún momento agradable o que me felicitara por mis triunfos en las tantas cosas que mi padre me obliga a hacer, la semana que viene será el torneo anual de esgrima y... como siempre nadie irá. Nino tendrá una cita con Alya y Nathalie ayudará a mi padre para el próximo desfile.
De verdad que mi vida era más que miserable, no podía ni siquiera pasar un buen rato con mis amigos.
Ya era muy tarde, así que decidí ir a mi casa a reponerme de esta patrulla, había hecho más frío que de costumbre, y no quería que mi padre me regañara por un resfriado, aún recuerdo el como me había gritado solo porque me agarró una fiebre muy alta camino a la pasarela, estaba tan agotado por la última pelea con un akuma, que simplemente me desplomé, y en lugar de ser recibido por la preocupación de mi padre, este se puso a regañarme diciendo que era mi culpa el tener que cancelar todo el desfile debido a la fiebre. Fue horrible ese día.
Me asomé a la ventanilla de mi cuarto y me deje caer al suelo una vez que di una pirueta para entrar. Estaba silencio, frío, desolado... como todos los días.
Mi transformación terminó en el último pitido de mi anillo y la luz verde neón fue lo que iluminó toda la habitación de mi cuarto, y mi molesto Kwami apareció ante mis ojos algo mareado y malhumorado. Nada raro en él.
—¡Puaj! — lo primero que hizo al salir del anillo fue ir de un lado a otro quejándose de mi y de no tener a su adorado queso consigo, la misma actuación de cada noche al volver de patrullar.
—No exageres Plagg, si buscas tu queso esta en la alacena, no tienes que maldecirme todo el tiempo — repliqué señalándole con mi dedo índice el anaquel donde aguardaban sus quesos.
Este no lo pensó ni dos veces y olvidándose de que yo estaba en la habitación, voló hacia el anaquel y lo atravesó, para nuevamente salir, pero con un trozo gigante de queso Camembert en las manos.
—Tu no sabes el dolor que siento al separarme de mi precioso — dijo en un lloriqueo fingido para zamparse el enorme y apestoso manjar. Dos segundos después, eructó.
—¡Plagg! Eso no es muy cortés — lo regañé.
—¿Me hablas a mi de cortesía? — se burló — soy un espíritu libre, no tengo que preocuparme por ridiculeces como esas — dijo para luego carcajearse en mis narices.
Solo me limite a ignorarlo y llegar a mi cama de dos plazas para dejar mi cuerpo en reposo, no tenía ánimos de discutir con él.
—Solo déjame dormir — le dije un bostezo para abrazar una de mis almohadas y esperando caer en un sueño profundo.
El sonido de unos tacones resonando por el pasillo cerca de mi habitación, fue lo que me hizo despertar de golpe para encontrarme a Nathalie abriendo la puerta de mi cuarto y empezar a recitar mi horario de hoy en la mañana.
Una vez que terminó, me indicó que me fuera a dormir, padre se enojaría mucho si me viera con ojeras en la mañana, era... parte del precio de ser un modelo reconocido, la regla, era estar perfecto en todo momento sin importar que.
Haciéndole caso a Nathalie, tomé mis ropas para dormir uy me vestí con ellas para estar más cómodo, casi siempre me dormía con la misma ropa que llevaba puesta, no tenía ni un rato libre siquiera para cambiarme la ropa.
Una vez hube terminado, acomodé las cosas en mi bolso de la escuela, en unos meses, acabaríamos la secundaría y... cada uno por su lado.
Me entristecía un poco tener que dejar a mis amigos, pero ¡Ey! Habíamos pasado mucho tiempo de calidad juntos los últimos tres años, y nos graduaríamos juntos, que era lo importante, al menos para mi era suficiente, saber que en mi solitaria vida al menos había tenido a mis amigos a mi lado apoyándome.
Sonreí y mientras guardaba mis cosas, un extraño cuaderno estaba dentro de mi mochila, un cuaderno rosa decorado con puntitos blancos, muy femenino y con un ligero toque a... ¿Vainilla? Eso si que era raro, yo no tengo... Oh si, ya lo recordé.
Le había pedido los apuntes de historia a Marinette, podría ser bueno en física o mate, pero si hablábamos de letras e historia, Marinette me ganaba. No es como si yo fuera pésimo en la materia, pero... los 8 y 9 arruinaban el registro perfecto de calificaciones según mi padre.
—Debes esforzarte más...
Eso era todo lo que me decía antes de volver a sentar cabeza en su trabajo.
Al parecer todos mis esfuerzos para que se sienta orgulloso de mi, eran un completo fracaso, por no decir algo imposible.
Tomé el cuaderno en mis manos y lo escudriñé con atención, no cabía duda que era de Marinette, el diseño y la portada era algo característico de ella, además de que era algo muy creativo y a la moda. Marinette era tan talentosa.
Volví a ponerlo en su lugar para llevárselo mañana a la escuela, ella de seguro lo necesitaría para anotar los siguientes apuntes que tocaban hoy en la clase de la señorita Bustier.
Coloque mi mano en mi boca para detener un bostezo y noté como una hoja se había deslizado del cuaderno de mi compañera de clases, la levanté y la mire con atención.
Vaya, no había notado esto cuando revisé los apuntes.
Era una la mitad de una hoja de su cuaderno, algo arrugada, con adornos en lápiz oscuro y un muy bonito dibujo de un corazón en medio de la hoja atravesado por una flecha de cupido.
«Curioso»
Aplanche la hoja con cuidado de no romperla y observé lo que tenía escrito.
En una bonita caligrafía se podía leer claramente el nombre de la chica junto al de... "rayos", el lápiz de carboncillo se había manchado un poco al tocar la hoja, dejándome en misterio de quien podría ser el nombre escrito por la chica.
No le di muchas vueltas, Marinette era una persona dulce, sencilla, y muy amable con todo el mundo, sé que podría cautivar al chico que fuera con su adorable y dulce personalidad.
Dejé con cuidado el pedazo de papel en medio de su cuaderno y volví a guardarlo en mi mochila para asegurarme de no dejarlo, su dueña lo esperaba mañana.
Me acosté finalmente en la cama con Plagg roncando a todo pulmón babeando mi almohada y abrazando felizmente entre sueños un trozo de queso.
«Fantástico, tendré que cambiar las sabanas otra vez por el hedor»
Gateé hasta llegar al centro de mi cama y finalmente descansé mi cabeza en otra de las almohadas que había en mi cama. Cerré los ojos y al instante caí dormido.
No tenía ni idea, de lo que me esperaba en la mañana.
Había logrado milagrosamente dormir sin problemas, cualquier ser humano común y corriente estaría cabeceando para no quedarse dormido en clases, pero yo estaba como si nada, era como si hubiera dormido las 8 horas sin falta. Supongo que eran los años de practica al levantarme todos los días en cualquier caso que se presentara, como una sesión de fotos de emergencia a las 3 de la madrugada.
Uno a todo se acostumbra...
Tamborilee mis dedos en la banca y seguí atento a las explicaciones de la profesora Mendeveleiv, la materia que impartía era mi fuerte, por eso no tenía que lidiar con las quejas de trabajos incompletos o cualquier otro regaño para el que no estuviera atento a sus clases.
Esta era una de las últimas clases en el día, sola faltaba una clase, la de historia impartida por Miss Bustier, y luego nuestra jornada escolar terminaría. En todas las horas que llevábamos escuchando clases, no había sido capaz de devolverle el cuaderno a Marinette, siempre se presentaba alguna interrupción no deseada y perdía mi oportunidad.
Cuando la campana sonó, todos recogieron sus cosas para salir del salón de Química e ir al salón de Miss Bustier para la última clase.
Suspiré.
Tendría que devolverle como sea el cuaderno a Marinette, sin él no podría tomar apuntes, y no estaba dispuesto a ceder a que Marinette reprobara una materia, a penas y le estaba yendo bien en química, y la profesora era muy estricta, teníamos que esforzarnos al máximo este último año, eran los exámenes finales y luego vendría el día de la graduación. Todos estaban muy ilusionados por ese día.
Bufé cuando se puso a conversar con su mejor amiga y un instante después apareció la profesora con los libros en mano.
«Oportunidad... perdida»
Sin más remedio me senté a la par con Nino y observé con atención a la maestra, yo también debía ponerme al corriente con su materia si no quería reprobar. La historia no se me daba muy bien, menos cuando tenía que desvelarme para poder patrullar la ciudad... solo desde ahora.
En una distracción de Miss Bustier al escribir algo en el pizarrón, le hice una señal a Marinette para llamar su atención.
Ella algo extrañada, notó mi ademán y con extremo sigilo y sin ser descubierto por la maestra, le pasé su cuaderno justo a tiempo, porque la maestra comenzó a dictar algunas palabras clave que nos ayudarían a estudiar para el examen del mes entrante.
«Misión completada»
Sonreí guiñándole un ojo a Marinette en su dirección, luego de que la maestra explicara los puntos y dejara asignadas las tareas, la clase terminó y todos los estudiantes recogían nuevamente sus objetos personales para poder salir en parejas del salón y retirarse a sus hogares.
—Chicos, no olviden estudiar para los exámenes que viene, y su tarea para el fin de semana, es muy importante que tengan presentados todos los trabajos de este parcial. — nos recordó Miss Bustier, asió sus cosas de igual manera que todos y se retiró.
Gorila debía estar esperándome afuera de la escuela, así que imitando a los demás, guardé mis cosas y me retiré del salón despidiéndome de Nino.
Estaba solo a unos metros de mi coche cuando sentí la cálida sensación de una mano topando mi hombro.
Me giré y mi mirada se poso en los orbes azul intenso que poseía Marinette, estaba un poco nerviosa, y eso lo podía notar por su intenso color carmín en sus mejillas y el como apretaba su cuaderno en sus manos.
Una vez que soltó un ligero carraspeo comenzó a hablar.
—H-Hola Adrien yo... s-solo quería agradecerte por, devolverme mi cuaderno — dijo en voz baja casi inaudible con ese ligero sonrojo aún decorando sus mejillas.
—Al contrario Marinette, el agradecido soy yo — contradije — de no ser por tus apuntes, de seguro hubiera reprobado en ese cuestionario. Eres muy inteligente - le sonreí.
—¡Q-Que Bah! T-Tú eres mucho más inteligente que yo, y además muy lindo — se cubrió la boca y emitió un gemido antes de volver a hablar — q-quiero decir listo, ¡Si! Muy listo.
—Pues, muchas gracias. Me alegra saber que piensas eso — el sonido del claxon provocado por mi chofer, interrumpió por completo el ambiente agradable que había producido esa amena conversación - me tengo que ir, pero te veré mañana Marinette, gracias por todo - me despedí entrando al auto y sacudiendo mi mano en su dirección.
Ella me devolvió el gesto tímidamente y el coche arrancó dejando atrás a mi compañera.
La duda embargo mi mente al recordar que Marinette había garabateado en una hoja el nombre del chico del cual estaba enamorada, no podía evitar sentir una enorme curiosidad de saber quien seria la persona que tenía cautivado el corazón de la persona más dulce en todo París.
~Marinette~
¡Oh mon Dieu! Era increíble, ¡Estaba súper emocionada solo por el hecho de haber hablado con Adrien Agreste! Abracé mi cuaderno con fuerza como si se tratara del mismísimo Adrien y comencé a caminar a mi casa colgando mi mochila de un solo hombro, tenía que preparar todo para la tarea de la Señorita Bustier.
No podía fallarle estábamos a finales del semestre, y tenía que sacar buenas calificaciones, sobre todo en química, esa materia era mi pesadilla, y el hecho de tener como profesora a la señorita Mendeleiev no era muy alentador. Era muy exigente y cero comprensible, tendría que enterrar mi cabeza en los libros de química si quería pasar su examen.
Y el hecho de llegar tarde a sus clases tampoco me daba muchos puntos, me tenía en la mira.
Entre a mi casa y lo primero que sentí al poner un pie dentro de la panadería fueron los cálidos brazos de mi madre envolviéndome en un abrazo, luego dejó un beso en mi mejilla seguido de mi padre, quien puso en mi boca un pedazo de mazapán, el dulce sabor del bocadillo invadió mi boca haciéndome soltar un gemido de satisfacción para ascender a mi cuarto, despidiéndome de mis padres.
Al llegar lo primero que hice fue dejar mi mochila en el diván de mi cuarto, para sentarme en la silla frente al escritorio y desplazarme por el cuarto hasta llegar a mi espacio de costura.
Regado en la mesa estaban todos los materiales que necesitaría para fabricar mi vestido de graduación, faltaban aún 5 meses, pero un vestido llevaba más trabajo del que podían imaginar, así que era mejor ponerse manos a la obra.
Tikki salió del bolso contempló mi trabajo con una sonrisa.
—Descuida Marinette, lo terminarás a tiempo — me alentó — aun queda mucho tiempo para tu graduación.
—Lo sé Tikki pero, al parecer tendré otras cosas de que preocuparme — bufé sacando de mi mochila los libros y los apuntes de química. — tengo que estudiar para los exámenes, será difícil concentrarme en mi vestido, los exámenes finales y salvar al mundo siendo una súper heroína — enumeré recargándome en mi asiento — además soy la delegada de la clase, tendré que ocuparme de los preparativos de la graduación, todo el mundo cuenta conmigo.
—Puedes con todo esto Marinette, salvas al mundo a diario de las garras de Hawk Moth, esto será pan comido — me animó con ese tono tierno de su voz.
—Gracias por el apoyo Tikki — la tomé entre mis manos y le di un beso en su pequeña cabecita haciéndola reír.
La solté y abrí las páginas en los ejercicios donde la profesora dijo que saldrían en el examen, eran muchas fórmulas que recordar y memorizar, pero tenía que hacerlo, debía pasar ese examen.
—¡Vamos Marinette! Tu puedes — la vocecita alentadora de mi Kwami resonó por mi habitación haciéndome reír, ella era muy tierna, y siempre trataba de ayudar a pesar de su diminuto tamaño.
Repase durante horas y horas las fórmulas y las preguntas, en solo unas semanas sería la prueba, y tenía que repasar ahora para que todo se me quedara grabado en la cabeza. Aunque al día siguiente se me olvidarían la mitad de las fórmulas.
Tikki en silencio, fue a la cocina y tomó una galleta para entregármela, le di las gracias y continúe leyendo el libro que tenía sobre mi escritorio.
Me comenzó a dar sueño, ya eran como las nueve de la noche y mis ojos comenzaron a cerrarse poco a poco hasta quedar recostada en mi escritorio por el cansancio.
Di un enorme bostezo antes de caer inconsciente.
Sentí como una pequeña manta cubría mis hombros y un beso pequeño resonó, era Tikki, que se había quedado conmigo toda la sesión de estudio. Ella también se acomodó encima de unos libros y se durmió.
Solo esperaba... llegar temprano a clases mañana.
Me levanté remolona de encima del escritorio, me restregué con fuerza los ojos y una vez que mis ojos se adaptaron al brillo de la luz solar, fue que pude ver las cosas con claridad.
Miré a Tikki encima de mi libro de química, aún yacía dormida.
Acaricié su cabecita dulcemente mientras esta sonreía entre sueños, encendí mi computadora y al ver la hora que marcaba me fue inevitable soltar un grito que despertó a mi Kwami sobresaltándola.
—¿Marinette? — preguntó Tikki confundida.
—Clases, suspender, una hora, ¡Escuela! — dije atropelladamente para guardar mis cosas en mi mochila, tenía solo 5 minutos para desayunar, guardar las cosas en mi maleta, despedirme de mis padres y ya había perdido un minuto guardando mis cosas.
—¡Voy a llegar tarde otra vez Tikki! — le grité a mi Kwami para luego correr escaleras abajo a la cocina con Tikki siguiéndome los talones, mis padres a estas horas están en la panadería, por lo que no se darían cuenta de que mi Kwami y yo asaltaríamos la cocina para comer algo.
Tome una galleta con chispas para mi Kwami y enseguida tomé un cacho de pan para mi, lo comería en el camino, no había tiempo, bajé a la panadería y les di un beso en la mejilla a mis padres gritando un "¡Adiós!" Mientras corría, Tikki había alcanzado a meterse en mi bolso y yo solo corría todo lo que daban mis piernas para llegar a clases, solo quedaba un minuto.
Vi al conserje de la escuela cerrar las puertas y me apresuré para llegar antes de que este las cerrara por completo, casi me atoro con el bocado que tenía en mi boca, pero gracias a Dios pude llegar a tiempo.
Abrí la puerta con cuidado y me introduje en el salón al mismo tiempo que la profesora Mendeveleiv, ella me observó con ojo crítico antes de decir.
—Justo a tiempo Marinette, te salvaste por esta vez. Ve a tu lugar — me dijo para dejar su maletín en su escritorio y saludar a la clase.
Asentí y busque con la mirada a Alya, quien me esperaba con una sonrisa y una mirada de "No tienes remedio".
Subí los escalones y me senté junto a ella.
—Buenos días chicos, primero antes que nada — comenzó a decir la maestra caminando por el salón — el baile de graduación esta muy cerca y necesito que tanto la presidenta de la clase como la vicepresidenta, se queden conmigo después de clases para tratar lo del baile.
Todo el mundo dirigió la mirada hacia Alya y hacia mi, incomodándome un poco, puesto que hoy por poco llego tarde, y dirigir lo del baile era una gran responsabilidad.
No me había dado cuenta de eso hasta ahora.
«Que voy a hacer»
Oculté mi cabeza tras mi maleta, tenía tanto miedo de decepcionar a todos, la graduación era algo muy importante para todo mi salón, y no quería arruinárselos con mis legendarias metidas de pata.
La profesora aplaudió dos veces llamando la atención de todos y siguió hablando.
—Shhh ¡Silencio todos!, lo segundo es que, como sabrán, para tener su deseado baile, primero tendrán que pasar mi materia — ante estas palabras todos se congelaron en su sitio, la maestra podía ser muy extremista a veces — quiero que sepan, que para los que tengan una baja calificación en parciales anteriores, se pongan a estudiar desde hoy, no es una sugerencia, es una orden.
Todos empezaron a murmurar acerca del examen que se vendría a continuación, todos sabíamos que los exámenes de la profesora no eran nada sencillos, excepto para Max, claro.
—Tendrán que repasar todo lo que hemos visto hasta hoy, incluyendo investigaciones, tareas y exposiciones realizadas.
Todos emitieron una queja al escucharla decir todo ese repertorio. Así que con un golpe de su escritorio nos calló a todos.
—Para ser más justa este semestre, les permitiré tener un compañero con quien trabajar, deberán tener las mismas respuestas y por supuesto, no estará permitido preguntar a otras parejas ¿Quedó claro? — inquirió viendo las caras aliviadas de todos nosotros.
«Bien, al menos será divertido trabajar con Alya»
—Profesora, ¿Podremos elegir a nuestro compañero? — preguntó Rose con la mano levantada.
La profesora se acomodo las gafas y negó con la cabeza.
—Por su puesto que no Rose, esto será parte del examen, tienen que aprender a trabajar con alguien que no sea tan cercano a ustedes, por lo que yo elegiré a sus compañeros de equipos.
«Rayos»
—Cuando diga su nombre y el de su compañero de quipo, se cambiarán de puestos para que trabajen juntos desde ahora.
—Vamos a ver, entonces serán... Couffaine Juleka y Raincomprix Sabrina — empezó a nombrar, enseguida Sabrina se levantó del sitio que compartía con Chloe y se retiró a donde era el puesto de Rose.
La maestra estaba por nombrar a otro grupo, cuando la voz chillona de Chloe se dejó escuchar casi reventándonos los oídos.
—¡Ehm disculpe, maestra! —empezó a decir en un tono despreocupado — no sé si lo sabe, pero Sabrina y yo trabajamos mejor juntas, no querrá que le escriba a mi papi ¿o si? — amenazó con el móvil en mano.
Todos esperamos sin ninguna emoción en el rostro a que la maestra suspirara con derrota y le cumpliera su capricho, pero en lugar de eso, recibió una respuesta que Chloe no se esperaba.
—De hecho Chloe, los maestros hablamos con tu padre y decidimos que ahora que estas por terminar el ciclo escolar, cualquier trabajo que asignemos no será modificado ni removido por decición tuya, por lo cuál no puedes quejarte del compañero que te asigne. Trabajaras como todos los demás.
Ese había sido como un balde de agua fría para Chloe, pues ya que era el último ciclo de año escolar, ya no tenía el poder para manipular a los maestros con su padre, ya que este estaba de acuerdo en que esta vez Chloe debía arreglárselas para pasar sola el semestre, y no con la ayuda de la influencia de su padre.
Esta se cruzó de brazos y masculló una mala palabra sin decir nada más, y solo esperando a su compañero de equipo.
—Lavillant Rose y Bourgeois Chloe - siguió asignando la profesora.
«Pobre Rose»
—Haprèle Mylén y Kurtzberg Nathaniel.
—Césaire Alya y Bruel Iván.
—Lahiffe Nino y Kanté Max.
—Kubdel Alix y Lê Chiěn Kim.
—Y por último... Agreste Adrien y Dupain-Cheng Marinette.
«¡Oh mon Dieu!, ¡Oh mon Dieu!, ¡Oh mon Dieu!»
¡¡Me tocaría con Adrien!! ¡Este era el destino! Pronto tendremos una casa tres hijos y un hámster que se llame...
—Marinette...
Volví a la realidad cuando Adrien dijo mi nombre, sonaba tan bien viniendo de sus labios.
—¿Si, Adrien? — pregunté apoyando mis manos en mis mejillas observando como todo él brillaba de una manera intensa.
—No te...¿Cambiarás de puesto? — preguntó entre divertido y extrañado.
Abrí los ojos desmesuradamente y observé como aún seguía sentada en el puesto de ahora Iván.
Bajé rápidamente las escaleras y me senté a un lado de Adrien, esto era increíble.
Aun no podía creer que haría el examen con Adrien.
—Estoy feliz de que me haya tocado ser tu compañero, haremos un gran equipo — dijo con una sonrisa de lo más encantadora.
—Y-Yo si... aunque, no soy muy buena en química — admití un poco avergonzada.
El toco mi hombro brindándome algo de apoyo.
«¡Jamás volveré a lavar esta chaqueta!»
—Tranquila Marinette, saldrá bien, aquí entre nos, no soy muy bueno en historia — me susurró al oído causándome escalofríos.
—Q-Quizás yo pueda ayudarte, y-ya sabes p-para el examen de historia — hablé torpemente desmenuzando las hojas de mi cuaderno con nerviosismo mientras hablaba.
—¿De veras? — inquirió emocionado — ¡Eso sería fantástico! Gracias Marinette - de un momento a otro, sentí un abrazo proveniente de él que me cortó la respiración y me hizo sentir como en el cielo un par de segundos, estar entre sus brazos era increíble, y su perfume varonil invadió mis fosas nasales como si fuera una droga.
Minutos después me soltó y pude respirar con normalidad, pero mi mirada seguía perdida en el vacío, y dentro de mi estómago revoloteaban miles y miles de mariposas, y no precisamente akumas.
—Entonces, ¿Quedamos para estudiar juntos en tu casa?
—Ehh... ¿Qué? — pregunté estúpidamente perdida en ese hermoso par de ojos verdes.
—Para estudiar juntos — aclaró riendo suavemente.
«¡Marinette! Eres estúpida»
—O-Oh, sí claro... es decir, podríamos estudiar este fin de semana en mi casa — sugerí tratando de sonreír sin ponerme de los nervios.
—Suena fantástico — aceptó guiñando un ojo, pues entonces ya tenemos nuestro propio método de estudio.
—S-Si, fantástico — dije tratando de sonara lo más normal posible.
La campana sonó e indicó nuestra siguiente hora de clases.
Me levanté sintiendo un remolino abrumador en mi cabeza, tendría que poner en orden todas mis ideas si quería salir a delante con todo esto de la graduación y mis tareas heroicas.
Esperaba que la suerte de Ladybug recayera en mi, por lo menos esta vez que acabo la secundaria. Necesitaría toda la suerte que fuera posible.
