~Adrien~
Estaba de acuerdo en que Marinette era la mejor compañera para hacer el examen de química, quizás no sea muy buena en la materia, pero con algo de práctica sería la mejor de todas.
Además, ella me prepararía para historia, tenía buenas calificaciones pero no las suficientes para lograr poner orgulloso a mi padre, y con Marinette y yo ayudándonos mutuamente, sé que lograremos pasar ambas materias con una excelente nota. Esta noche me tocaba patrullar a mi, según el horario indicado por Ladybug anoche, los lunes y jueves patrullaba Rena, martes y viernes lo hacía yo, miércoles y sábados patrullaba My Lady, y el domingo nos tomábamos todos un pequeño descanso.
Hoy era miercoles, así que patrullar la ciudad era mi última tarea del día. Luego de eso, podría irme a dormir.
Inicié mi transformación e hice guardia a cada rincón de París, fue totalmente agotador cubrir todo el terreno yo solo, pero pude con ello sin problema.
—Pues al parecer, todo esta en orden — murmuré visualizando por última vez la ciudad.
Todas las luces de las casas, estaban a pagadas, pero hubo una luz en especial que llamo mi atención, era... ¿La habitación de Marinette?
Me encogí de hombros y me dirigí a su balcón, una visita del héroe más amado de todo París no caía mal.
Aterricé suavemente en el barandal sin provocar ni siquiera un leve sonido al brincar de lleno en el suelo, la noche era callada, muy silenciosa a decir verdad, pero lo más interesante de todo era el porque una joven como Marinette se desvelaría a estas horas de la noche, a no ser que sea para resolver un ejercicio realmente difícil.
Me asomé a la trampilla que Marinette descuidadamente había dejado abierta, y visualicé cada detalle de su habitación. Marinette sin duda era una chica muy femenina, su cuarto estaba tapizado en color rosa, sus muebles, sabanas y alfombras eran de ese mismo color alegre y femenino. Y el aire que podía respirar se trataba de un dulce perfume floral mezclado con el olor de varias galletas dulces. Era tan relajante a la vez que delicioso.
En su cama y escritorio, tenía regados varios trozos de tela y agujas, brillantina y toda clase de cosas de costura, su máquina de coser no dejaba de sonar a lo que ella pasaba la tela por debajo de la aguja para coser. Y más allá de su escritorio, se encontraban esparcidos varios libros y cuadernos de química, incluso una hoja de papel con varias cosas escritas, algunas tachadas, por lo que no pude entender muy bien a que se referían.
Marinette estaba lidiando con lo que parecía ser un trozo de tela brillante, utilizaba un trozo pequeño de tiza para dibujar la forma de la prenda y luego marcaba los puntos con alfileres de varios colores.
¡Ella era tan talentosa!
Podía ver cuanto empeño ponía en sus diseños, era admirable verla trabajar de esa forma, pero me angustiaba que estuviera despierta a estas horas de la noche, ¿No se suponía que hablaría del baile mañana con la profesora Mendeleiev?
Tenia que hacer algo por ella, convencerla de que se vaya a dormir supongo. Mi trabajo era velar por el bien de todos los ciudadanos de París, pues bien... esta noche Marinette tendría la mejor compañía nocturna de toda Francia.
Me deslicé por la trampilla cayendo limpiamente en la cama y atrayendo la mirada asombrada de la chica.
—Eh... ¿Hola? — saludé observando divertido como la chica abría la boca sorprendida y en un descuido, se pinchara el dedo con la aguja de la máquina.
—¡Miouch! ¿Te encuentras bien? — pregunté algo preocupado al verla meterse el dedo lastimado a la boca para calmar un poco el dolor.
—¿Que haces aquí? — cuestionó aún con su dedo índice dentro de su boca.
—Vi la luz encendida, no crees que es demasiado tarde para crear otro de tus espectaculares diseños.
—El que seas un súper héroe no te da derecho a meterte en mi vida, gato callejero — reprochó con diversión colocándose una curita en el dedo y desplazándose con la silla giratoria por toda la habitación hasta llegar a los libros.
—¡Touché Prrrincess! Diste en el clavo, pero lamentablemente para ti, soy un súper héroe que se preocupa por el bienestar de los parisinos, tu eres uno de ellos — señalé — ¿Como no preocuparme? — inquirí haciendo un ligero puchero de cachorro abandonado.
—Si, pero... ¿Que te preocupa? Como puedes ver, todo esta en orden — me dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
—Todo excepto que no estas durmiendo — rebatí — ¿Y tu sueño de belleza Princess? No es que lo necesites — aclaré de inmediato.
—¡Ja! No tengo tiempo para... — estiró los brazos soltando un bostezo — descansar esta noche, aun tengo mucho por hacer — me contradijo.
—¿No puedes hacer todo esto mañana? — pregunté arqueando una ceja en confusión.
—Ni de chiste — se quejó — tuve una charla con la profesora encargada de la administración de nuestro baile de graduación, me dio algunos detalles que debo conseguir para el evento...
—¿Que detalles? —pregunté curioso sentándome al borde de su cama con cuidado de no pincharme con algunos de los alfileres.
—La mesa de bocadillos, la música, el salón, la decoración... ¡Agh! Apenas tuve tiempo de respirar — dijo con desánimo recostándose en la silla y dando varias vueltas — y para rematar, tengo que estudiar para el examen final de química, soy pésima, en esa materia.
Me levanté de golpe sobresaltándola.
—Pues, no se angustie más mi bella señorita, aquí tiene a su valiente caballero, completamente a su servicio — mencioné haciendo una pequeña reverencia ante ella.
La hermosa chica rió divertida al verme hacer una reverencia, pero finalmente aceptó mi ayuda.
—Bueno, supongo que un poco de ayuda no me vendría mal — se dijo a si misma colocando sus dedos bajo su mentón.
—Entonces, ¿Aceptará la ayuda de este humilde gato? — inquirí levantando la cabeza para mirarla.
Ella asintió suavemente con una sonrisa.
—¡Bien! —froté mis manos haciendo rechinar mis guantes — entonces... ¿En que la ayudo Madmoiselle? — pregunté cortésmente.
—¿Sabes química?
—No me gusta presumir, pero soy uno de los mejores en mi clase — argumenté acicalando mis garras en mi traje.
—¡Es perfecto! Necesito una mano para estudiar o mejor dicho, una garra — habló haciendo un juego de palabras.
—¡Ey! Se supone que el de los chistes soy yo — le reproche en modo de broma.
—¿Será que es contagioso? — bromeó guardando su kit de costura para colocar los demás libros de química en la mesa y darles un repaso.
—¡Meow! Ese fue bueno Prrincesa — le dije apuntándola como si tuviera un arma en la mano.
Cuando terminó de acomodarse en su asiento esta misma me indicó que me sentara en un banquillo a un lado de ella, donde al estar tan cerca el uno del otro, el suave aroma dulce de vainilla con canela me golpeaba en el rostro como una bofetada.
Sin dejarme distraer por su maravilloso olor, empecé a explicarle cosas básicas y uno que otro problema difícil, ella al parecer entendió porque se había quedado muy callada.
Ambos estábamos reclinados hacia adelante, Marinette asentía con la cabeza cada vez que yo le preguntaba si había entendido, y a veces sonreía un poco en algunas ocasiones, incluso festejo en su asiento de que le saliera bien un ejercicio a ella sola.
—¡Wow! ¡Mira Chat, lo logré! — me gritó contenta levantando ambos brazos hacia el cielo.
—Me alegro Princesa, ahora sigamos con los ácidos — le indiqué para que se volviera a acercar y seguir explicando.
—Gracias por ayudarme Chat — dijo mientras se sentaba en su sitio.
—No hay porque darlas Princesa.
~Marinette~
Chat Noir era muy bueno explicando, entendía casi todo a la perfección, de no ser porque algunas de las palabras escritas en el libro eran bastante largas y confusas de aprender.
Dejando eso de lado, Chat podría ser un excelente profesor algún día, además no había notado que cuando esta concentrado sus orejas se mueven un poco, casi como si tuvieran vida propia. Siempre me había dado curiosidad su traje, parecía toda una obra maestra con respecto a trajes, el mío era simplemente la forma de mi cuerpo en látex de color rojo y motas, pero el de él... era súper funcional, y mucho más creativo.
Sin saber porque, alce una de mis manos y toqué con suavidad el pequeño triangulo encima de su cabeza, era de un material suave de color negro, muy suave nunca había visto este material cuando compro mis materiales de costura, era extraño. Sea lo que sea, la pequeña caricia hizo que Chat se quedara mudo y de la nada se quedó rígido en su asiento.
—¿Chat? ¿Estas bien? — pregunté algo angustiada al verlo inmóvil, él seguía callado.
Traté de moverlo un poco para que reaccione, pero el seguía completamente quieto.
—¡Chat! —grité finalmente sacándolo de su ensoñación.
—¿Eh? —parpadeo rápidamente —¿Q-Qué paso?
—Te quedaste en "Gatolandia" — bromeé para aligerar el ambiente.
—¿Uh? ¡Ah! Si, lo siento es que... ¿Me acariciaste acaso una oreja? — preguntó inseguro con la oreja que había acariciado anteriormente moviéndose como si tuviera un tic nervioso.
—Pues a decir verdad, si lo hice... ¿Te desagrada? — hable algo culpable, quizás no debí haberlo hecho — si quieres no lo vuelvo a hacer si te incomoda, yo...
—¡No! —gritó de pronto —no, no digo que... no me desagrada simplemente — tragó saliva — soy muy sensible en esa parte de mi cabeza.
Quedé sorprendida ante esa confesión.
—Así que en verdad puedes sentir cuando te tocan las orejas? —pregunté asombrada levantándome levemente para poder observar más de cerca los triángulos negros que sobresalían de esa cabellera rubia. — fascinante.
—S-Si yo, al parecer como son parte del traje se fusionan con mi cuerpo, y... siento todo un poco más claro que otras veces, al igual que mi cola — me explicó haciendo que su cola detrás de él se moviera como si fuera una mano a modo de saludo.
Imité el gesto saludando al cinturón-cola.
—Vaya, en verdad eres ¡Sorprendente! — exclamé para mi propia sorpresa con algo de emoción.
—¿En serio lo piensas? —dijo con una ceja arqueada.
—¡Seguro! — afirmé con la cabeza — eres uno de los mayores héroes de París, debes hacer miles de cosas interesantes.
—Je, bueno es difícil creer eso cuando todo el mundo piensa que solo eres el asistente de Ladybug —murmuró en voz baja.
—¿Que dices? ¿En verdad crees eso? —pregunté ladeando mi cabeza hacia un lado.
—No lo creo Marinette, ¡Lo sé! Incluso Rena Rouge lo piensa, solo soy un segundón.
Eso si que me enojó, nadie podía hacer sentir mal a mi compañero en mi guardia. Tenía que hablar seriamente con Alya.
—No digas tonterías Chat, tú no eres un asistente, ni nada que se le parezca. Eres mucho más que eso — le aseguré.
El sonrió suavemente antes de tomar mi mano y presionar su boca contra mis nudillos.
—Me alegro que esta hermosa Prrrrincesa piense así de este gato callejero — musitó recorriendo con besos la extensión de mi brazo provocándome ligeras cosquillas.
—¡Chat, para! T-Tengo que terminar de estudiar — logré decir entre risas.
—Ya no necesitas estudiar Princesa — declaró con una sonrisa vivaracha sin detener sus acciones — además, tuviste al mejor profesor — se señaló a si mismo.
—Presumido —mascullé en tono jocoso.
—¿Perdón? — se colocó una mano en su oreja falsa y me miró inocentemente — ¿Yo, presumido? ¡Que Bah! Es solo la verdad Prrrincesa — indicó sonriendo mostrando toda una hilera de blancos y perfectos dientes.
Empujé su nariz levemente su cabeza hacia atrás con un gesto divertida.
—¡Para atrás, gatito! No querrás que luego se me peguen tus chistes malos — alegué entre divertida y maliciosa.
El hizo una actuación digna de Shakespeare dejándose caer de espalda a la cama como si le hubieran atravesado una lanza.
—¿Cómo pudiste decir eso, Princesa? — musitó "lastimado" — mis chistes si son buenos — se quejó haciendo un puchero.
Fue inevitable no soltar una carcajada ante esa actuación.
—Tranquilo Chat, para mi tus chistes siempre serán graciosos — lo animé acariciando su cabellera como a un buen chico.
Un ligero sonido se dejó escuchar al rozar mis dedos con su cabello, eso fue un...
—¿Acaso ronroneaste? — cuestioné con una sonrisa ladeada cruzándome de brazos.
—Ehh —carraspeó haciéndose el desentendido — Pff... ¡Claro que no! — reclamó colocándose en posición india y evitando mirarme a la cara, donde se podía apreciar un ligero sonrojo debajo de su antifaz.
—A mi me pareció que si — canturreé.
—Son imaginaciones tuyas Prrrrincesa.
—No lo creo — debatí totalmente segura.
~Adrien~
No podía creerlo, había descubierto mi punto débil, el ronronear era inevitable, era algo que no se podía controlar, menos si estaba con una chica como Marinette, las caricias ofrecidas por la chica, hicieron que mis bajos instintos de gato salieran a la luz. ¡Que lío! Odiaba ronronear, me daba vergüenza.
«Ahora que pensará Marinette de mi»
—¡Eso es lo más adorable que he visto!
—¿Eh?
—¡Venga ya! Te he oído ronronear, ¡Acéptalo! Ouwww eres una monada, ¿A que si gatito? — me dijo volviendo a colocar sus manos en mi cabeza dándome una electrizante descarga al poner en contacto su mano con mi cabello. Era tan relajante.
Poco a poco mis defensas decayeron y me deje llevar por esa suave caricia hasta caer dormido en su regazo. El olor floral que ella desprendía, hacia que mi estancia aquí fuera aún más acogedora, se sentía tan bien estar con una persona que solo veía tus virtudes, y no solo tus defectos.
El sonido que emitía mi garganta al parecer la ponía feliz, como si yo fuera un gato haciéndole una grata compañía.
—¿Ya estas descansando gatito? — se escucho lejanamente, como si yo estuviera debajo del agua y ella en la superficie.
—Me encantaría poder hacer eso Princesa pero, ya es muy tarde y cierta chica debería estar dormida ahora — recriminé.
—No Chat, no puedo dormir aún, la señorita Mendeleiev cuenta conmigo para poner en orden lo del baile junto con Alya — protestó —además aún tengo que arreglar mi vestido, es algo trabajoso, llevaré meses enteros en terminarlo.
«Que testaruda»
—Escucha Mari — le dije tomándola firmemente de los hombros — necesitas descansar — sentencié — no puedes quedarte tan tarde despierta, tienes que relajarte, puedes lograrlo Princesa, solo necesitas un descanso... ¿Me lo prometes?
Ella rechistó, pero finalmente aceptó.
—Lo prometo —dijo rolando los ojos divertida.
—¿Promesa de gato? — pregunté extendiéndole una de mis garras para entrelazarla.
—Promesa de gato — accedió entrelazando su meñique con el mío sellando la promesa.
—¡Miauravilloso! Ahora que esta prometido, no me iré de aquí hasta que apagues las luces y te acuestes a dormir — declaré.
—Bien — replicó con su voz desganada, comenzando a guardar sus cosas, conmigo vigilándola claro,. Luego se metió a la cama y apagó su lamparita de noche.
—¿Satisfecho?— preguntó con un ligero desacuerdo.
—Por ahora si, Princesa. — contesté.
Era hora de marcharme, ya había logrado que la damisela lograra irse a dormir.
—Nos vemos otra noche Madmoiselle — me despedí reverenciándola, aunque no escuché ninguna respuesta. Observé con mi visión nocturna, como la chica estaba profundamente dormida y un poco destapada.
—Je, si estabas cansada después de todo, eres tan testaruda Princesa — le reproche dulcemente sabiendo que no podía oír.
Me acerqué al lecho de la joven que estaba dormitando y la cubrí aún más con la sabana.
—Dulces sueños, princesa.
Con cuidado de no despertarla, salté hacia la trampilla para poder salir de la alcoba de la chica, unas calles más que recorrer y había llegado a casa, entres días se supone que le enseñaría química a Marinette y practicaríamos para el examen.
Pero ella parecía, centrada en su mundo por ahora, no había pensado en que ella también tenía cosas de las cuales preocuparse también. Era la presidenta de la clase, estaría a cargo de todo lo respectivo al baile. Lo mejor es que como Chat, la ayudara todo lo que fuera posible y este viernes, sería el turno de Adrien Agreste.
No dejaría sola a mi compañera, porque ella no lo haría nunca.
