~Adrien~

—A las dos tienes que estar en clases de esgrima, sé puntual esta vez, luego tus clases de chino están programadas para las 4 de la tarde y a las seis tienes una sesión fotográfica — la misma rutina de siempre, Nathalie recitándome el horario de hoy, la misma comida desabrida y la misma gran mesa donde comía este insípido desayuno, completamente vacía.

La mesa estaría por completo en silencio de no ser por el repiqueteo de los tacones de Nathalie alejándose después de haberme dictado mis actividades.

Desde que mamá desapareció, todo a cambiado mucho, ya ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que comí con mi padre, o si alguna vez hicimos algo juntos.

Recargué mi mejilla en mi palma y comencé a jugar con los espárragos de mi plato. Era lo más entretenido que podía a encontrar en esta mesa a demás de escuchar atentamente las manecillas del reloj avanzando.

—Esto es aburrido — mascullé pinchando con el tenedor la verdura para llevarla a mi boca, el sabor era desagradable, nunca me habían gustado los espárragos, pero ¡Oh, sorpresa! No podía reclamar. Al parecer debía comer todo lo que a ellos les parecía lo más conveniente para mi dieta de modelo.

Menos mal que por esta vez no esta mi padre comiendo conmigo, cuando rara vez como con él si no esta metido en su Tablet, se esta poniendo a nombrar todos los errores que según él hago. Uno de ellos seria dejar de jugar con la estúpida comida ahora mismo.

Dejé casi la mitad del desayuno en el plato y procedí a tomar el licuado energizante preparado por mi chef personal. La verdad, no tenía idea de lo que le ponía, pero no sabía tan mal como las verduras hervidas y el pan integral que me daban de comer.

Hice arrastrar la silla hacia atrás y me levanté para caminar hacia la salida bostezando. No había dormido muy bien anoche, y claro todo tiene que ver con la pequeña visita que le hice a Marinette. Había llegado muy cansado a mi cuarto, no supe que hora era hasta que Nathalie entro de sorpresa mencionando que tenía 10 minutos para cambiarme y desayunar.

Si mi memoria no me falla, volví como a las 3 de la madrugada de la casa de mi amiga, había perdido la noción del tiempo, solo dormí como 4 horas y media antes de que Nathalie me levantara para la escuela.

Era, sencillamente magnífico. Estaba trasnochado y hambriento. Ahora me arrepentía de no haber tomado mi desayuno.

«Debí comerme esa galleta de cebada mientras pude»

Abrí la perta de la limusina y Nathalie se sentó a mi lado con su vista posada en la otra ventana y la Tablet en sus manos. Segundos después el vehículo arrancó.

—Adrien, colócate el cinturón de seguridad —habló la voz monótona de Nathalie despegando su vista de la ventana y colocándola ahora en la Tablet encendida.

Rodé los ojos con fastidió y acate la orden.

Llegamos en pocos minutos, solo bastó un minuto para que abriera la puerta, me despidiera de Nathalie y subiera las escaleras camino al instituto.

A penas llegando, Nino echo su brazo sobre mis hombros haciéndome chocar los puños a modo de saludo.

—¡Qué hay hermano! Problemas para dormir — dijo señalando las enormes ojeras que traía debajo de mis ojos, me sorprende que Nathalie no hubiera dicho nada de camino hasta aquí. Bueno, tomando en cuenta que jamás me observó con atención.

—¡Que hay, Nino! Pues, algo así... ya sabes, cosas de mi padre.

—Seguro, viejo — hablo con voz comprensiva — tu padre es algo... excéntrico, disculpa que te lo diga.

—No te disculpes, sé que él es así — admití estando totalmente de acuerdo con él.

—¿Hiciste el trabajo de historia de Miss Bustier? —preguntó cuando llegamos al salón, todos estaban en sus respectivos asientos con excepción de una persona.

—Lo hice —respondí — bueno al menos lo intenté — corregí — sabes que no soy bueno en historia, solo trato de dar mi mayor esfuerzo y no reprobar, mi nota máxima en esa materia es ocho punto sesenta.

—Hermano, ¡Te quejas por un ocho cuando otros estamos peor! Creéme, no querrás tener la nota que tengo yo, en tu preciosa boleta de excelentes calificaciones — dijo lo ultimo burlándose.

—No puede ser tan mala.

—Oh, créeme ¡Si, lo es! Solo basta con ver mi tarea de hoy, ¡Es un fracaso hermano! — se lamentó.

Viendo ese estado tan depresivo de Nino, hizo que a mi mente llegara una fabulosa idea.

—¡Hey! Este viernes voy a ir a casa de Marinette a estudiar, ¿Te nos unes? Así estudiaremos mejor y pasaremos un buen rato de amigos, ¿Que dices? — esperé una respuesta.

Nino levantó su cara de la mesa y me miro con sorpresa.

—¿Lo juras? ¿Marinette nos enseñará historia? — preguntó entusiasmado.

—Si, le pedí ayuda a Marinette para el examen de historia que se viene, a cambio yo le enseñaré química, no creo le importe si alguien más se une a nuestro método de estudio — sonreí.

—¡Viejo eso sería fenomenal! Los padres de Marinette siempre llevan postres y galletas — dijo casi babeando al imaginar las posibles galletas.

—Y también iremos a estudiar, que no se te olvide Nino, este examen es importante — le recordé sacándolo de su burbuja de fantasía.

—¿Es cierto lo que escucho? ¿Irán a casa de Marinette para estudiar? — pregunto una voz femenina en la parte de atrás.

—Así es nena, Marinette nos asesorara para Historia — confesó Nino dándole un vistazo a su novia, que tenía medio cuerpo recargado en nuestra mesa.

—¡Que genial! Marinette jamás lo mencionó — se recordó — ¿Puedo unirme? Necesito sacar sobresaliente en Historia, pensé hace un tiempo en pedirle ayuda a Mari pero con su pequeño problemilla en química mejor no se lo pedí, ahora que sé que los ayudará a ustedes, de seguro me ayudará a mi también— dijo con seguridad —es mi mejor amiga, no me dirá que no — dijo restándole importancia.

—Pues entonces está decidido, el viernes por la tarde, sesión de estudio en casa de Mari — dijo Nino recargando su cabeza en sus brazos.

— Será emocionante — aplaudió Alya — ¡Sacaremos la mejor nota en Historia de seguro! No sé como lo hace esa niña, pero historia definitivamente es su fuerte. Recuerdo cuando tuvimos aquél examen sobre el antiguo Egipto, fue la mejor de toda la clase. Incluso superó a Max — parloteo Alya.

—El único problema de Marinette es que siempre llega tarde — manifestó Nino viendo su reloj de muñeca.

—Esa niña necesita que le compren un despertador súper resistente, uno que no rompa como el que le regalé en su cumpleaños número quince — declaró Alya.

—La culpa fue tuya nena, sabías que a Marinette no le dan gracia ese tipo de regalos — le regañó Nino.

—¡No creí que tuviera la fuerza suficiente como para romperlo! — se defendió Alya cruzada de brazos — además, era de los caros, me costó toda mi mesada — refunfuñó.

—Allá tú Aly, ¿Ya pensaste en que le regalarás este año?

—Naturalmente, no un despertador, eso seguro — recalcó.

Los tres nos soltamos a reír ante el comentario de Alya, pero eso también me intrigo un poco.

¿El cumpleaños de Marinette estaba cerca?

¿Como es que no lo recordé? Tendría que preguntarle a Alya que fecha era exactamente.

—Buenos días chicos.

—¡Buenos días señorita Bustier! — corearon todos.

—Bien, como es costumbre, iniciaremos la clase diciéndole algo agradable a un compañero — declaró Miss Bustier, estaba por nombrar a quienes pasarían primero cuando Marinette llegó casi a tropiezos al salón.

—B-Buenos días Miss Bustier ¿Puedo pasar? — preguntó Marinette tímidamente.

—Si Marinette, pero que no se repita ¿De acuerdo? — advirtió la maestra Caline sin dejar su lado amable.

La chica entró echa un manojo de nervios, y al subir la escalera pude notar que... ¿Se había soltado el cabello?

En cuanto la maestra nombró a dos de nuestros compañeros al frente para iniciar con su ejercicio de decir algo agradable para los demás, pude escuchar los murmullos de las chicas en la parte de atrás, sobre todo la de Alya, preguntándole a Marinette sobre su nuevo estilo.

—Amiga, ¿Que le hiciste a tú cabello? — preguntó Alya en voz baja cuando Marinette llego a su lado.

—No tuve tiempo de recogérmelo esta mañana ¿Sí? — farfulló — apenas y pude desayunar — hablo atropelladamente — me hubieras visto al levantarme, parecía un nido de pájaros — siguió murmurando avergonzada.

Emití una pequeña risilla al escuchar aquello.

«Lo más difícil fue lograr que se fuera a dormir ¡Es tan terca!»

—Al menos llegaste a tiempo, rompiste el record de ayer, llegaste diez segundos después de la profesora. — dijo Alya.

~Marinette~

—¡Alya! — le reñí, ella sabía que no me agradaba que contara los segundos que llegaba tarde, por suerte tocaba con la señorita Caline. Ella si era un poco más comprensiva que la profesora Mendeleiev.

—Sabes que tengo razón chica, deberías levantarte más temprano — me advirtió.

—Sabes que eso es imposible Aly — me quejé chocando mi sien contra el escritorio provocando un sonido seco.

—Ay, niña, niña — Alya sobó mi espalda tratando de consolarme, cabe decir que sin lograrlo.

La profesora paso por nuestro lado dejándonos dos carpetas en nuestra respectiva mesa.

—Alya y Marinette, aquí esta su trabajo de historia, muy buena redacción Marinette — dijo sonriendo mientras seguía subiendo los escalones a entregarle su trabajo a Iván y a Nathanaël.

—Gracias profesora Bustier — le agradecí para abrir mi carpeta y encontrar una A decorando la esquina de la hoja resaltada con un marcador rojo permanente.

—¡Chica, eso me recuerda! Iremos a tu casa el viernes para que nos enseñes historias — canturreo Alya batiendo las pestañas tras sus gafas.

—¿Eh? ¿Iremos? — pregunté sin saber de que estaba hablando.

—Ya sabes; Nino, Adrien y yo — dijo como si fuera lo más obvio del mundo — aún no sé porque no me dijiste que le enseñarías a Adrien historia, estuve a punto de pedírtelo, pero me arrepentía a último momento, que suerte que nos haya invitado a todos a tu casa para estudiar.

—E-Excelente — tartamudee totalmente pasmada y casi con un tic en el ojo. ¡No lo podía creer! Mi tiempo de calidad con Adrien, se había ido al caño, y todo porque no podía decir la palabra "no".

—¡Genial! — chilló Alya — pasaremos una divertida tarde, este viernes — dijo emocionada alzando sus brazos levemente y dándome un pinchazo con su codo.

—Si, jeje ¡Yuju! — dije con completo sarcasmo, cosa que Alya por suerte no noto.

«Será una larga, tarde»

Con una expresión de completo fracaso, continúe escuchando la clase, era interesante saber sobre historias antiguas de Francia u hablar de gente importante en aquellos tiempos, adoraba investigar más sobre estos temas, y a Tikki también... le gustaba tratar conmigo sobre estos temas, y no era para menos, ella me había contado sobre todas las Ladybugs que han convivido con ella a lo largo del tiempo. Desde una princesa Amazona hasta la Sorprendente Juana de arco. Todos los relatos de Tikki sobre las hazañas que habían tenido aquellas portadoras me dejaban con una intriga impresionante. Era la razón por la que siempre obtenía excelentes calificaciones en mis trabajos de historia, como no obtenerlos si tienes a una Kwami que te cuenta a detalle todo lo que sucedió en esas épocas.

Sonreí levemente al recordar como Tikki había mencionado que cada Ladybug era única a su manera... me gustaba pensar que yo también lo era.

La campana sonó y todos guardaron sus libros de textos y sus cuadernos de apuntes. Ya era hora de la siguiente clase.

«Que rápido se pasa el tiempo»

Alya caminó a mi lado cuando terminé de recoger mis cosas para echarlas a mi mochila, la siguiente clase era educación física con el profesor Armand D'Argencourt, nos hizo colocar en Columnas y se paseo por enfrente de nosotros con un balón en la mano.

«¡Ay no!, que no sea lo que creo que es»

Cerré los ojos rogándole a Dios que no fuera en verdad lo que imaginaba.

—Estudiantes, hoy tendremos un partido de quemados — dijo con una voz clara y elegante. — jugaremos 3 partidas, chicos contra chicas — arrojó el balón y este cayó en manos de Alix, la deportista del grupo. — ¡Comiencen! — el maestro sopló su silbato dándole inicio al partido, enseguida todos empezamos a correr sin miramientos y tratando de esquivar los balonazos que se daban entre si.

Era ridículo, ¡Se supone que yo soy Ladybug! No me puede asustar un simple deporte para niños, sin embargo, todos le tememos a algo, y en este caso mi temor es que esa pelota de directo en mi cara haciéndome pasar vergüenza delante de todos.

Por suerte Tikki se había quedado en el salón escondida en mi bolso con tres de sus galletas favoritas.

El balón fue agarrado por Kim y este viéndome que andaba un tanto distraída se dispuso a lanzar el balón contra mi. Cerré los ojos aterrada esperando el impacto que jamás llegó. Alguien se había colocado en frente de mi recibiendo el golpe en mi lugar.

Abrí los ojos y Adrien estaba parado frente a mi extendiendo sus brazos y evitando que el balón me tocara.

—¿A-Adrien? — pregunté con la duda de si esto era una simple ilusión.

—¿Estas bien Marinette? — me preguntó una vez que me sacó de mi ensoñación.

—¿Que, yo... pues... ¿Si? — me atreví a decir todavía congelada en mi sitio.

—Me alegro — dijo regalándome la sonrisa más dulce que había visto en mi vida, formando así un intenso color rojo en mis mejillas.

—N-No debiste hacerlo Adrien, ahora por mi culpa perdiste — dije desanimada, no quería arruinarle el juego a Adrien, el adoraba el deporte.

—No importa Marinette, es solo un juego... además, no te veías muy bien estando en la cancha. ¿Sucede algo? — cuestionó con preocupación.

—N-No te preocupes Adrien es solo que no soy muy buena con los deportes que contienen balones — mencioné acariciando mi brazo con sutileza y nerviosismo.

—Entiendo. Si quieres podemos decirle al profesor que te sientes mal y tienes que ir a la enfermería — eso si que me sorprendió, ¿en serio estaba tomándose tantas molestias?

—Pero... estaríamos mintiendo — susurré algo preocupada.

—Es solo una mentirita blanca — me guiño un ojo de manera cómplice — además nadie lo sabrá — murmuró aún más cerca de mi oído.

—Y-Yo... supongo que esta bien — dije no muy convencida.

—Bien, ven conmigo — me tomó de la mano y me llevo a donde estaba el profesor de manera pacífica verificando el juego.

—¡Profesor! — gritó sorpresivamente — Marinette no se siente muy bien — comenzó a decir — tiene ligeros mareos y un fuerte dolor de cabeza, me preguntaba si podría darme el permiso de dejar a mi compañera en la enfermería a que tome una pastilla — la mentira sonó tan realista que me sorprendía que proviniera de Adrien.

El profesor enarco una ceja extrañado y dudó por un momento en si dejarnos ir.

—Esta bien, deja a tu compañera en la enfermería, y mantenme informado de su estado — advirtió.

—Desde luego profesor, vamos Marinette — me arrastro cuidadosamente hasta que perdimos de vista al profesor y a los demás, terminamos recargados en una pared cercana a la enfermería. Cuando nos sentamos en el suelo estallamos a carcajadas por aquella travesura.

—No puedo creer que le mintiéramos a Monsieur Armand — chillé avergonzada.

—Una pequeña mentira no cae mal de vez en cuando — se encogió Adrien de hombros. — sobre todo para zafarse de alguna clase en particular.

—En eso tienes razón — sonreí — gracias por salvarme de esa clase — agradecí tímidamente.

—No fue nada, a demás, yo también hubiera querido fingir una enfermedad. — rió suavemente — quisiera poder tenerla todo el tiempo si con eso me libro de algunas tareas — admitió medio decaído.

—Lo siento — no era lo que quería decir pero... sentí que debía decirlo.

Adrien sonrió levemente.

—No lo sientas, ya estoy acostumbrado.

Después de esa pequeña charla, ambos esperamos a que tocara el timbre para la siguiente clase, el resto de la jornada escolar anduvo con normalidad. Cuando nos retiramos a nuestras casas pude ver el vacío en los ojos de Adrien al subirse a su auto. Me dolía su sufrimiento, era una tortura ver al chico que amas triste. Deseaba con todo el corazón que Adrien fuera feliz. Porque de no serlo, entonces yo tampoco lo sería.

...

Otro cap de esta historia, espero y les este gustando la trama que lleva...

Un beso grande y un saludito para vosotros