~Adrien~

—¡Touche! — gritó el contrincante frente a mi, mientras me picaba el pecho con la espada y me desvanecía hacia el suelo con el arma aún en mi mano.

«Otra derrota más»

—Punto para el Señor Ferrec, chicos dense la mano y retírense a la banca — ordenó el docente dando unas palmadas y reuniendo a otros dos competidores.

Estreché mi mano con la de mi compañero y me quité el casco desanimado.

Estaba totalmente desorientado, perdido, mi mente estaba en blanco. Y todo por andar pensando en el accidentado beso que le di a mi compañera, ciertamente no fue algo malo, pero si algo raro. Esto era algo nuevo para mi. Jamás en mi vida había besado y ese había sido mi primer beso con una chica. Muy linda cabe decir.

Toqué mis labios, aún con los guantes puestos podía sentir el calor irradiar de ellos. Era algo extraño, era como si la presencia de los labios de Marinette sobre los míos no se desvanecía por completo, a pesar de que ella ni siquiera estaba conmigo.

Dejé el florete aún lado de mi cuerpo sentándome en la banca de madera que había en los vestidores.

Estaba confundido.

Si amaba a Ladybug, ¿Por qué mi corazón se aceleraba tanto cada vez que Marinette pasaba el tiempo conmigo como Chat Noir? Era una locura. Mi corazón parecía estar dividido en dos partes iguales. Y cada una de ellas tomada por las dos chicas que más apreciaba en el mundo.

Nunca debí aventurarme al balcón de mi compañera, solo estaba complicando las cosas y confundiendo más mis sentimientos. Ellas no merecían el amor incompleto de una persona.

Me froté el cabello hacia atrás frustrado, esto no debería ser así. Tenía que solucionarlo pronto.

—No pareces ser el mismo de siempre Agreste.

Levanté la mirada anonado al escuchar esa voz, pero me tranquilice al saber que era Kagami, mi eterna rival y una de mis amigas aquí en el club de esgrima.

No deje que viera la cara de sueño que me traía esa mañana, últimamente no había dormido bien pensando en el beso que tuve anoche con Marinette y sabía que el no dormir me traería consecuencias graves para mis clases extra. Kagami se sentó a mi lado y dejó su bolso a un lado de ella, ya estaba con su ropa normal, mientras que yo seguía con mi uniforme de esgrima puesto.

—¿Hay algo que te preocupe? — preguntó monocorde, no sabía que decirle, o encontrar las palabras correctas para expresar mi problema. ¿Que le iba a decir?

«Pues verás mi estimada Kagami, anoche besé a mi amiga Marinette estando en mi forma de súper héroe y ahora no puedo quitármela de la cabeza... ¿Que me recomiendas que haga?»

Ni de broma le diría eso, era un tema muy delicado como para andarlo divulgando por ahí, solo pude inventar vagamente una excusa para zafarme de su posible interrogatorio, no era tonto. Sabía que Kagami me sonsacaría la respuesta como fuera, y me haría sin querer, soltar toda la verdad.

—Te juro que no es nada importante Kagami, es solo un poco de estrés — comenté rascando mi nuca con algo de nervios, no quería decirle el verdadero motivo por el cual me encontraba así.

—¿Me dices que no es nada importante? — masculló frunciendo el ceño. — mañana es el campeonato de esgrima y tú estas en las nubes, como quieres que no me preocupe cuando estamos en medio de algo que es importante para todos — regañó.

Suspiré frustrado agarrándome el cabello y tironeando de este mismo.

—¡Lo sé, Kagami! ¿Vale? — grité con la cólera recorriendo mis venas — Estoy consciente de que esto es muy importante, pero solo... — me quedé mudo sin saber que decir— olvídalo, lamento haberte gritado — me disculpé tranquilizándome, no debía cargar mi ira con otros, menos con Kagami, que había sido buena conmigo... a su manera — estoy muy estresado por algo que paso con mi padre, pero se me pasará, para mañana estaré bien no te preocupes, estaré listo para el campeonato desde entonces— me esmeré en decir, sabiendo que probablemente quizás no fuera así, ya que mañana no vendría nadie a verme en el torneo, estaría solo... como siempre.

Kagami colocó su mano en mi hombro dándome apoyo y sonrió, levemente.

—Sabes que si tienes algún problema puedes contar conmigo Adrien, para eso somos amigos ¿No? — le devolví la sonrisa, pero no reflejaba nada en particular, solo era una sonrisa vacía.

Finalmente el claxon de su auto sonó y ella se despidió con un beso en la mejilla caminando a pasos acompasados hacia su auto, dejándome tal y como me había encontrado, sentado solo en la banca de los vestidores sin saber que hacer.

No tenía caso darle más vueltas, me iba a terminar enredando más de la cuenta, Marinette era una de las personas más importantes en mi vida. No quería que me odiara por besarla accidentalmente. Solo había sido un descuido. Tenía que aclarar las cosas esa noche, no quería que la amistad que tenía con Chat Noir se desmoronara tan fácil.

Tomé mi bolso y me dirigí a las duchas para asearme un poco antes de cambiarme, mi celular sonó repetidas veces dejándome ver en la pantalla un pequeño reloj que me indicó que tenía clases de chino en quince minutos.

—Vámonos Plagg — mi Kwami dio un enorme bostezo antes de seguirme, estaba dentro de mi bolso, en diez minutos estuve listo, con la toalla sequé mi cabello húmedo y salí disparado hacia la camioneta que me esperaba.

La última vez que llegué tarde a chino, mi profesor se puso tan molesto que empezó a maldecir y regañarme en su idioma, no era un experto en chino aún, pero les puedo asegurar que no fue nada lindo lo que me dijo.

Suspiré mientras nos dirigíamos a la Mansión Agreste, mi hogar. Las clases de chino eran en mi casa, lo que significaba que si el tutor no me regañaría por llegar tarde esta vez, lo haría por andar de distraído en sus clases.

De verdad que este día había sido una mierda, y solo podía esperar a llegar al balcón de Marinette esa noche para hablar con ella y arreglar las cosas, de lo contrario, no estaría tranquilo en lo absoluto.

~Marinette~

—¡Auch!

Me pinché el dedo por tercera vez en el día cosiendo una camisa de papá, era increíble que una cosa tan simple pudiera resultar complicada por andar distraída pensando en... otras cosas.

Lo que había pasado con Chat no había sido nada más un error, el se había resbalado y cayó provocando que ambos termináramos con los labios unidos. No significaba nada, solo había sido eso... un accidente.

Rememoré con las yemas de mis dedos el accidente tocando mis labios ultrajados, había sido solo un simple y casto beso el que habíamos compartido, no había pasado a mayores, y a ambos nos incomodó el echo de que siendo amigos, eso hubiera pasado. Chat no era exactamente alguien desagradable.

De hecho, podía admitir con seguridad que debajo de esa máscara era alguien completamente apuesto.

Sonreí avergonzada, más no lo iba a negar. Chat Noir era realmente guapo y carismático. Era la clase de chico que podría cautivar a cualquier chica menos a mi, pues mi corazón ya le pertenecía a Adrien, y estaba segura de que ese sentimiento, no iba a cambiarlo por nadie que no sea él jamás.

Estando segura de eso, coloqué mi mano encima de la tela que estaba cociendo y la dejé sobre la mesa para levantarme del asiento. Tikki estaba descansando a un lado de mi máquina de costura.

Solté una risita al ver como sus patitas y sus antenitas se movían como queriendo atrapar algo, de vez en cuando la oía murmurar, debía estar teniendo un sueño.

Levanté los hombros restándole importancia y estiré mis brazos para relajar mis músculos.

«Quizás una ducha despeje mis pensamientos»

—Si, creo que eso es justamente lo que necesito — murmuré haciendo a un lado el flequillo que cubría mi rostro, y agarrando una toalla para llegar hasta el baño, estaría mejor después de una relajante ducha, así no seguiré pensando en ese tema de tan poca importancia.

Tikki se notaba muy cansada, así que de seguro dormiría por un largo rato, me daría tiempo para usar esas velas aromatizantes con esencia a rosas que me regaló mamá.

Tomé los botes de jabón que estaban encima de mi lavabo y amarré mi cabello en un chongo alto con mucho cuidado de que no se deshiciera con un mal movimiento.

Cuando ya tenía todo en mis manos, abrí las llaves de la bañera, primero la del agua caliente y luego un chorro de agua fría para que este a temperatura ambiente. Una vez que el agua había ascendido hasta la mitad, dejé caer en el agua un poco de sales de baño con aroma a lavanda, dejándolo impregnado con un agradable aroma floral.

Comencé a deshacerme de mis prendas una a una, quedando solo con mi ropa interior, esperaría a que la tina se llena antes del borde para poder meterme en el agua.

Suspiré mientras miraba el agua transparente caer y formar un poco de vapor que llenó la habitación empañando los vidrios de los espejos y formando una línea espuma con las ondas de agua que se iban agrandando mientras caían.

Minutos después, me despojé de mi ropa interior y cerré la llave del agua ingresando a la tina y suspirando de satisfacción al sentir mi piel ser acariciada por la tibia agua con aroma a lavanda.

Respiré hondo echando la cabeza hacia atrás inundando mis fosas nasales con ese agradable aroma a rosas que desprendían las velas y acariciando la superficie del agua pacíficamente con mis brazos.

—Esto se siente tan bien — comenté suspirando con los ojos cerrados, relajándome y dejándome llevar por la cálida sensación del agua hidratando mi piel.

Abrí uno de los botes de jabón y lo unté por toda mi tez, restregando suavemente e impregnándola de aquel perfume sintético que tenía aquel jabón líquido.

Una vez que pasó el tiempo, en el cual no sabia ni que hora era, ni cuanto tiempo estuve metida en el agua. Sea como sea, debió ser mucho tiempo porque el agua antes tibia, se volvió fría. Así que tomé la toalla que estaba tendida a un lado de mí y envolví mi cuerpo con ella.

Caminé hacia el espejo y me solté al cabello, este cayó desparramado sobre mis hombros. Había crecido un poco estos últimos tres años, estuve pensando un tiempo en cortármelo, pero Alya me hizo entrar en razón diciendo que se me veía bien, en otras palabras, me amenazó.

Bufé recordando todos los dramas e intentos por convencerme de que no me lo cortara. Si fracasaba como periodista en un futuro, fácilmente podría ser una gran actriz.

Removí un poco la toalla para comenzar a secarme, solo deshice levemente el nudo comenzando a retirar la toalla, cuando una figura negra que conocía muy bien se estrelló contra mi cama asustándome.

—¿Q-Que...? — reaccioné tarde.

—¡Marinette tenemos que hab... — ¡Maldición! Ambos nos quedamos tiesos en el mismo sitio con un sonrojo inundando nuestras caras, la furia combinada con la vergüenza se apodero de mi y tomando lo primero que se me cruzó por la mano, se lo lancé de lleno en su rostro, pero se desvió y terminó estrellándose contra la pared justo rozando su máscara.

—¡Estúpido gato pervertido! — exploté en ira lanzando a diestra y siniestra todo lo que encontrara en mi cómoda, lo peor es que el maldito gato esquivaba todos mis golpes muy bien, tantos años luchando con akumas habían servido para mejorar sus reflejos.

Cuando se me acabaron las cosas que pudiera lanzarle, tome la lámpara de noche sin importar que pronto esta terminaría echa pedazos en cuanto se la lanzara, la furia dominaba completamente mis acciones.

—¡No, no, no, princesa! Espera — gritó Chat Noir arrebatándome la lámpara que estaba destinada a ir a su cara, forcejeamos hasta que este logró quitármela y me envolvió entre sus brazos evitando que le siguiera golpeando, ya que me sujetaba de los hombros sin dejarme mover.

—¡Suéltame ahora mismo Chat! — grite escandalizada tratando de zafarme.

—¿Y que te pongas a lanzar objetos sin control alguno? ¡Olvídalo! No estoy loco — dijo negándose rotundamente a soltarme.

—Solo, suéltame... — murmuré tratando de apartarlo sin éxito alguno.

—No hasta que te calmes — masculló decidido.

En todo el tiempo que había estado forcejeando para liberarme, había olvidado que solo traía una toalla alrededor cubriendo mi cuerpo, enseguida me alarmé y trate de soltarme desesperadamente ahora no porque estuviera enojada, sino porque el nudo de la toalla comenzaba a zafarse y Chat no dejaba de abrazarme dejándome inmovilizada, sin poder acceder a rehacer el nudo.

—C-Chat suéltame, por favor — pedí suavemente, rogando en mi interior por que este accediera, más este no parecía estar dispuesto a hacerlo, seguro pensando que lo iba a apalear si me soltaba. Y no estaba tan alejada de la realidad, estaba muy molesta por aquella escena de entrar sin permiso a mi cuarto. Sin embargo tenía problemas mayores ahora.

—C-Chat por favor solo, solo déjame... — el sonido de su respiración me cimbró de pies a cabeza, el chico ahora estaba perdido olfateando mi cabello y apretándome más contra su cuerpo, no reaccionaba por más que le hablaba y le rogaba que me soltara.

El aire me comenzó a faltar, y los vellos de mi cuerpo se pusieron en punta reaccionando a esos toques y ese firme agarre que mantenía contra mi.

—C-Chat por favor... — murmuré temerosa con un hilillo de voz tratando de convencerlo de alguna forma.

Cerré los ojos esperando a que Chat de alguna manera volviera en si y me soltara, pero su respiración no hacía más que volverse agitada y sofocante. Sentía que me desmayaría en sus brazos con la cara ardiendo de vergüenza por estar tan enfrascada en esta situación.

Separo mi cuerpo del suyo segundos después, dejando que lo viera a los ojos, cuando lo hizo, aferré mi mano a la toalla que estaba a la altura de mi pecho avergonzada, tratando de escapar de esta situación en la que estaba metida.

No podía dejar de mirar esos ojos de un color verde tan intenso que sentía que me atrapaban por completo, y me invitaban a seguir en su juego.

—Marinette...

Susurro mi nombre de manera deliciosa acercándose peligrosamente a mis labios, pero esta vez por voluntad propia. Todo en mi cabeza se desvaneció con ese dulce toque entre nuestros labios. Por un momento esto pareció irreal, había olvidado que mi corazón le pertenecía infinitamente a Adrien, había olvidado que estaba casi desnuda frente a un chico que ahora estaba devorando mi boca sin tapujos. Y definitivamente había olvidado que esto era incorrecto, por el simple hecho de estar enamorada de alguien más.

Sin embargo, tener esos pensamientos no me sirvió de nada una vez que envolví mis brazos alrededor de su cuello entregándome plenamente a su beso.

Sabía que me arrepentiría luego, pero al menos lo disfrutaría mientras durara, después reacomodaría mis pensamientos y me regañaría por cometer tales locuras.

«Después...»