~Adrien~

Era sorprendente como había pasado de estar firme y seguro de hablar con Marinette sobre el beso en el balcón la otra noche, a estar en una batalla de lenguas ahora mismo con la misma chica que había repetido millones de veces que era solo una amiga.

Sea como sea, no quería detener esa rivalidad que había entre nuestras bocas, su boca era tan cálida y dulce. Y nuestras lenguas se entrelazaban como dos lazos queriendo enredarse. Envolví su cintura con mis garras, y la deslicé por su columna suspirando en medio del beso.

La respiración de ambos era entrecortada, así que corté el beso aspirando aire fuertemente con los ojos entrecerrados viendo como los labios de Marinette permanecían de un hermoso color rojo carmín, algo hinchados debido a la presión, y sus ojos entrecerrados conectados con los míos.

Se apartó ligeramente de mi sujetando el nudo de su toalla, mirándome expectante, y luego retrocedió alejándose lo suficiente para correr hacia su ropero en busca de ropa.

— Marinette yo... — no sabia como iniciar una oración lo suficientemente coherente como para explicar lo sucedido, pero mis palabras se cortaron al ver que Marinette me hizo una señal de que permaneciera en silencio mientras indicaba me volteara.

—Déjame ponerme algo de ropa por favor — pidió en un murmullo.

Asentí y volteé mi cuerpo en dirección a la pared reprendiéndome a mi mismo por mis acciones precipitadas.

«Adrien Agreste, si que eres un tonto»

Resollé mientras aclaraba las ideas en mi mente a la espera de que Marinette se cambiara. Teníamos una charla pendiente, de eso estaba seguro. Pero ese segundo beso hizo que en mi pecho se propagara un sentimiento de calidez, una que no había sentido hace mucho tiempo. Y uno que no estaba dispuesto a perder.

—Ya puedes voltear — escuché detrás de mi.

Haciéndole caso, me volteé y fijé mi mirada en la adorable chica delante de mi, sus mejillas cubiertas de pecas estaban coloradas y sus manos se retorcían en su regazo tratando de buscar las palabras adecuadas para iniciar una conversación, pero estaba claro que la vergüenza y el nerviosismo no la dejaban.

Me aclaré la garganta emitiendo un sonido que se perdió en el incómodo silencio de la habitación. No sabía que decir al igual que ella, supongo que era algo que teníamos en común en ese momento.

—Marinette... — comencé — yo lo...

—Amo a alguien más — me interrumpió de pronto.

—Lo siento Chat, no quería que esto pasara — indico con angustia acumulada en su voz — solo te estoy confundiendo más y me confundo a mi misma. — hablo abrazándose así misma preocupada.

Una pregunta llegó a mi mente poniéndome en duda en si hacerla o no, de todos modos me arriesgué y formulé la tan anhelada pregunta, sintiendo nervios ante lo que respondería.

—¿Te gusto? — quise saber mientras me acercaba a ella arrodillando enfrente, observando como sus manos ocultaban su rostro atormentado.

—Si — afirmó, luego abrió los ojos dándose cuenta de lo que dijo y negó con la cabeza — Bueno, ¡No! Digo, ¡No lo sé! ¿Vale? — bufó con apatía mostrándose esquiva conmigo.

—Estoy confundida — aclaró — nunca creí que un día dudaría de el amor que le tengo al chico que me gusta, lo veía casi imposible... hasta esta noche — dijo con un rubor decorando sus mejillas.

—Pues... — con mis garras rasqué un poco mi mejilla con nerviosismo — tampoco para mi es fácil ¿sabes?, yo también estoy en duda con respecto a mis sentimientos.

Su rostro mostró alivio al instante.

—¿De veras?

—Si — afirmé — Marinette, no quiero ser irrespetuoso contigo, jamás quise aprovecharme de tu situación — expliqué con rapidez el arrebato que tuve momentos atrás al sentir que solo traía una toalla puesta — te juro que no sabía que estabas...

—D-Descuida lo sé — me detuvo — también yo me deje llevar un poco — admitió acariciando sus brazos de manera nerviosa — así que técnicamente, la culpa fue de ambos — sonrió calmada.

Suspiré un poco más relajada.

—Menos mal — comenté con tranquilidad — no me gustaría que pensaras que soy en verdad un pervertido — aclaré.

Marinette asintió.

—Te agradezco que no te hayas propasado Chat, eres en verdad todo un caballero, te juzgué mal antes... — expresó con una dulce sonrisa — se que jamás me pondrías una mano encima a menos que yo te lo permita.

Asentí, ella tenía razón... la mayor parte, no quería decirle que de no ser por que ella me pidió que nos detuviéramos para ponerse ropa, las cosas se hubieran salido un poco de control. Jamás admitiría eso delante de ella, pero había una cosa que si estaba dispuesto a admitir.

—No me arrepiento — vociferé de la nada.

Ella me miró confundida.

—¿Eh?

Suspiré para continuar con aquella aclaración. Ella merecía conocer la verdad.

—No me arrepiento al haberte besado Mari — continúe tomando sus manos para acercarlas a mi pecho ante su mirada de confusión. Aún a través de los guantes podía sentir los fríos dedos por la ducha que había tomado con anterioridad, incluso el perfume de su cuerpo me aturdió un par de segundos antes de comenzar a hablar.

—¿Q-Qué? P-Pero tu dijiste que...

—Es cierto la parte en la que te respeto y el que jamás me atrevería a tocarte un solo cabello sin tu autorización, pero... — observé sus orbes azules hipnotizado — no me arrepiento el haber probado tus labios, fue una experiencia única, y me atrevería a decir que quisiera volver a repetirla, si fuera posible — aclaré de inmediato al ver su cara de sorpresa.

Marinette se quedó absorta, y no era para menos, le había dicho prácticamente que quería besarla otra vez, lo cual no era mentira.

—¿Marinette? — traté de traerla de vuelta a la realidad chasqueando mis garras frente a su rostro, hasta que al fin reaccionó con un tercer chasquido.

—¿Eh? ¿Qué? — dijo desorientada.

—¿Me permitirías besarte una vez más? — pregunté absorto mirando sus pequeños labios color melocotón.

Los ojos de la chica estaban desorientados, y gracias a mis orejas pude escuchar su respiración agitada y sus latidos una vez más, era como una dulce melodía para mis oídos, el saber que estaba viva y que su corazón latía más rápido que nunca me hicieron sonreír aún más.

—Tranquila... — murmuré acariciando su rostro de manera dulce — no tienes que hacerlo si no quieres... — la calme al ver un rastro de miedo en sus ojos. No estaba dispuesto a obligarla.

—Lo siento mucho Chat — se disculpó nuevamente enmarcando con sus manos mi rostro. — sé que tal vez te estoy distrayendo de tu trabajo como héroe y a la vez estoy confundiendo los corazones de ambos, lo mejor seria que... no volvieras más por aquí, solo estoy destruyendo una bella amistad, no te mereces eso Chat, es mi culpa... — murmuró con verdadero desánimo casi al borde del llanto. Había olvidado lo sentimental que era mi compañera.

—Hey, nada de esto es tu culpa — la interrumpí. Me atreví a tomar con mis garras su mentón para observar ese hermoso par de ojos brillar como gemas — el echo de que estemos en una enorme confusión de corazones no quiere decir que debo dejar de venir a verte, eres aún muy importante para mi Marinette — le confesé — y pienso demostrártelo cada día. Aún soy tu caballero ¿recuerdas? — sonreí picándole un costado de su cadera haciéndola reír.

—Me alegra que estemos bien y que la solución no sea el dejar de vernos — sonrió tranquila.

—¿Como no estarlo? Es obvio que si me voy, extrañarías a este gato purrrrfecto — le dije mientras hacía una de mis legendarias bromas de gatos, peinando mi cabello hacia atrás sacándole una carcajada que resonó por toda la habitación.

—Gatito tonto — bromeó a la vez que acariciaba mi desordenada cabellera y soltando una dulce risa, me gustaba verla reír, era algo que la caracterizaba de las otras chicas. — que te hace creer que eso pasaría — se jactó con gracia sentándose sobre el diván.

—Estoy más que seguro de que extrañarías a este gato callejero, princesa — ronroneé cerca de ella, ganándome un pequeño golpecito en el puente de mi nariz.

—No lo niego — reveló —extrañaría la compañía del chico más enigmático y fastidioso de toda Francia — reveló guiñándome un ojo.

—¿Lo ves? Aceptaste que no puedes vivir sin mi — le saqué en cara pavoneándome frente a ella.

—No tientes a la suerte, podría cambiar de opinión en cuestión de segundos — amenazó tumbándose en el diván despreocupadamente.

—Afortunadamente, soy un gato negro Princesa — le hice saber echándome de golpe en su regazo ronroneando — la suerte no es algo que vaya conmigo.

Ella puso los ojos en blanco y de todos modos acarició mi cabeza con tranquilidad, mandándome de inmediato a un mundo de completa paz y relajación.

—Gatito tonto — susurró acariciándome detrás de mis orejas falsas, creando una corriente de electrizante que viajaba por todo su cuerpo y centrarse en un solo punto.

«Dios, esto es tan relajante»

Cerré los ojos dejándome acariciar por esas tersas manos habilidosas y sin poder evitarlo, ronroneé como si ella fuese mi dueña. La dueña de este gato negro callejero que siempre merodeaba por su balcón en busca de su agradable compañía.

Era como estar en un sueño.

~Marinette~

Mi corazón latía a mil en estos momentos, Chat estaba ronroneando en mi regazo como todo un felino. ¡Era extremadamente adorable! Mis pensamientos eran un lío y todo tenía que ver a mi relación con Chat.

Bien, básicamente no teníamos una relación. Era solo pura atracción física, no estaba ciega. Chat era muy lindo y tenía sus virtudes a pesar de ser arrogante, presumido, narcisista, exasperante y decía pésimos chistes relacionados con los gatos.

La lista de sus defectos era bastante larga.

Pero como dije anteriormente, así como tiene sus defectos, también tiene sus virtudes. Era amable, valiente, ágil, considerado, romántico, caballeroso y un excelente compañero al momento de luchar con akumas, creo que... podría decir con seguridad que tenía más virtudes que defectos, pero supongo que eso hace que aprecies aún más a aquella persona, pues toleras ambas partes de ella.

Suspiré mirando con una sonrisa a mi gatito, él amaba a Ladybug. La chica que todos en parís consideraban perfecta. No era culpa de Chat el haberse enamorado de una ilusión. Esa chica a la que todos consideraban perfecta, era en realidad una torpe adolescente de secundaria que no podía correr sin tropezarse con sus propios pies.

Y eso era lo que hacía que me preocupara tanto por los nuevos sentimientos de Chat hacia mí. Marinette.

Pues si él se enamoraba de mi, tarde o temprano tenía que rechazarlo como había hecho Ladybug tantas veces con él.

Tenía ganas de llorar.

Abracé su cabeza con fuerza cuando todavía permanecía dormido en mi regazo.

«Lo siento, perdóname Chat»

Las lágrimas no tardaron en aparecer, mis ojos comenzaron a arder y mi boca poco a poco comenzó a emitir un pequeño sollozo acompañada de otro lamento.

Chat estaba entrando en un terreno peligroso, yo amaba a Adrien, por lo tanto no podía corresponder a sus sentimientos, en las pocas veces que Chat a venido de visita, pude darme cuenta que lo había juzgado mal todo este tiempo. Podía ser arrogante, pero se preocupaba por los demás aún sin conocerlos, a veces era presumido pero tenía un lado amigable y tímido en ocasiones, y parecía ser un coqueto descarado que trataba de ganarse el corazón de todas las chicas de Francia. Pero era leal a su amor por Ladybug.

Por esa y muchas razones más era que no podía aferrarme a esos sentimientos que tenía por Chat, era demasiado riesgoso, por no decir imposible.

¿Un héroe y una civil saliendo? ¡Era una locura! Simplemente no podía ser.

«Lo nuestro nunca funcionaría»

Abandoné la postura que sostenía con Chat y me erguí en mi puesto limpiando mis pómulos de aquellas gotas salínicas que picaban mis ojos y se desbordaban hasta caer por mi barbilla.

Lo pensé mucho tiempo, y la única solución que encontré fue la de... continuar siendo amigos.

«De hecho ni siquiera tenía claro lo que éramos al principio y ahora esto»

Continúes secando mis lágrimas y finalmente paré los hipidos que emitía cada vez que respiraba.

«En cuanto despierte, se lo diré»

Moví con delicadeza uno de los mechones rubios que cubría su rostro y parte de su máscara. Estaba tan relajado, me replanteé en si debía despertarlo o no y simplemente dejé que durmiera lo que quisiera. El también debería de estar cansado después de todo.

Los minutos se me hicieron eternos, pero finalmente Chat se levantó de mi regazo bostezando adorablemente y estirando sus brazos.

Era como ver a un gatito levantándose de su siesta. ¡Simplemente adorable!

Mi sonrisa se borró a penas recordé la charla pendiente que tenía con él.

«¡Tranquilízate! Es por tu bien, por su bien y por el bien de París»

No podía tener en su cabeza la idea de que su compañero tuviera el corazón roto dos veces, esa idea apuñalaba su cabeza como un pico de hielo.

Chat notó mi incomodidad y dejó de tensar sus músculos para mirarme.

—¿Estas bien Marinette? ¿Ocurre algo?

Negué rápidamente con la cabeza sonriendo nerviosa.

—N-No es nada Chat solo... — me detuve a pensar en alguna excusa — estaba pensando en algo.

Chat se encogió de hombros y miró la hora en reloj de mi pared, notando que ya era muy tarde.

—Rayos, el tiempo se fue volando. Tengo que irme princesa — se excusó saltando del diván al suelo y brincando a mi cama para salir por la trampilla.

Rápidamente lo seguí y abandoné el diván en donde estaba sentada para poder llegar a tiempo al balcón, fui tan cobarde que no me atreví a pronunciar palabra acerca de nuestra relación. Si es que así podía llamarse.

Mi compañero estaba a punto de desplegar su bastón para transportarse a su hogar cuando lo detuve tirando de uno de sus brazos.

—E-Espera Chat yo...

El detuvo sus movimientos y me observó expectante.

—¿Qué ocurre?

«Llegó la hora»

Inspiré profundo y practiqué mentalmente las palabras que debía expresar. Debía parar esto, debía detener ese sentimiento que crecía en el pecho de Chat, a la vez que yo también forzaba mi corazón a olvidar que me sentía atraída hacia él y continuar amando a Adrien en secreto, a pesar de que ni siquiera vea en mi a la chica con la que quisiera pasar el resto de su vida.

—Y-Yo solo... sobre lo que pasó esta noche.

Chat se removió algo incómodo rascando su nuca.

—Ah, eso.

Ambos quedamos callados, él por que esperaba que yo dijera algo más, peto me quedé congelada, solo hasta que me di una cachetada mental por pasar estos momentos incómodos por tercera vez esta noche, o quizás más.

—Marinette yo... estaré conforme con lo que tu decidas, si quieres que seamos solo amigos, lo entenderé. Aceptaré cualquier decisión tuya — esas palabras hicieron un hueco en mi corazón, pues solo confirmaban que Chat era una persona increíble. Era todo lo contrario a lo que había pensado que era cuando apenas tenía catorce años.

—Lo siento... — murmuré — esto para mi, no es fácil. Me gusta mucho este chico de mi clase ¿sabes? Pero él, ni siquiera sabe que existo — coloqué la mano en mi pecho, tratando de aliviar aquel dolor yaciente en mi pecho al revelarle aquella información sobre mi vida amorosa — pero, contigo es diferente — sonreí — eres una persona maravillosa y tal vez... me gustes un poco — susurré.

—Princesa...

—Sin embargo, lo nuestro. Jamás podría funcionar — aclaré con un nudo en la garganta. — amamos a otras personas. Y no creo, que sea correcto dividir nuestro corazón a otra persona, me siento mal con esa sensación, como si estuviera engañando a ambos. Es complicado de explicar — parloteé — a lo que quiero llegar es que... estarías bien siendo ¿Solo mi amigo?

Sus ojos se ensancharon y se quedó inmóvil por un largo rato hasta que en silencio se acercó a mi con una sonrisa sincera pintada en su atractivo rostro.

—Si es lo que mi princesa desea, lo aceptaré. Amiga — bromeó dando un golpecito con su puño a su hombro.

Reí un poco ante su broma, más por alivio que por diversión, sentí que me quitaba un enorme peso de encima.

—Gracias por comprender Chat — sonreí — digo, amigo — repetí guiñando un ojo, optando por una pose más tranquila.

Chat soltó una risilla desplegando nuevamente su arma para retirarse.

—Ahora mismo tendré que retirarme My princess, pero volveré otro día para poder hacerte compañía, este felino necesita algunos mimos.

Solté una carcajada ante este comentario, Chat nunca cambiaría. Y eso es lo que amaba de él.

—Estaré esperándolo mi caballero.

Caminó de vuelta hacia el balcón y antes de poder brincar al vacío, regresó sus pasos hasta quedar frente a mi nuevamente. No sabía que es lo que hacia hasta que sin previo aviso, me tomó de la cintura y adhirió sus labios a los míos encajando perfectamente su lengua dentro de mi boca, una sensación reconfortante recorrió mi cuerpo, me sentí completa. Cerré los ojos disfrutando de aquel momento tierno en el que podía mandar a la borda mis pensamientos, hasta que se rompió. Dejándonos ver otra vez la realidad de la situación.

—Un beso de despedida antes de volver a ser formalmente amigos — contestó separándose de mi y soltando mi cintura en acto reflejo.

Quedé anonada mirando como Chat sin decir más, se paró en la orilla de mi balcón y con dos de sus dedos en su frente, se despidió emitiendo un grito de euforia al saltar libremente sobre los tejados de París hasta desaparecer.

«Esta hecho»

Cuando vi que la noche comenzaba a refrescar, miré por última vez hacia donde Chat se había ido y entre a mi alcoba aun con esa sensación de vacío corriendo por mi cuerpo.

«No te lamentes ahora, lo hiciste por que era lo correcto. Sabes que eso jamás podría avanzar más que una simple amistad»

Esa voz en mi cabeza tenía razón. Había echo lo correcto ¿cierto?