~Adrien~
Después de que salí de la habitación de Marinette esa noche, llegué a casa totalmente abatido y con un enorme agujero invisible instalado en mi pecho que succionaba cualquier estado de ánimo que quisiera presentarse en ese momento.
Por supuesto que me sentía mal, ser amigo de mi princesa no era precisamente algo malo, pero el caso es que mi "yo" interior quería un puesto más elevado en la vida de Marinette, quería ocupar un lugar en su corazón.
Suspiré derrotado sentándome en la silla frente a mi computadora. Da igual, tenía que dejar de pensar en eso, lo hecho, hecho esta, y ya no se puede cambiar. Solo esperaba no actuar raro a partir de ahora con Marinette, algo que me costaría ejecutar debido a la situación de hace unas horas. No podía dejar de pensar en la escena una y otra vez como si fuera un disco rayado.
Miré la hora en el reloj de la computadora y me di cuenta de que era media noche, por lo general las visitas con Marinette solían alargarse por mucho más tiempo, pero hoy regresé particularmente pronto, y eso se debía a una sola cosa.
El campeonato de esgrima
«Demonios»
No me había acordado de ese maldito evento. Fueron tantas las cosas que pasaron hoy que no era extraño que se me hubiera olvidado ese minúsculo detalle. Tendría que dormirme a penas tocando la almohada para poder estar de ánimos para ir a la escuela, y seguido eso, para el torneo, al finalizar las clases.
Chasqueé la lengua con fastidio.
Era estúpido. Siempre había odiado ese tipo de eventos, no servía de nada. Igual nunca nadie iba a verme ganar o perder, ni siquiera a darme ánimos. Estaba solo.
Quizás ganaría el torneo de hoy o quizás no. Sea cual sea la opción, el sentimiento de éxito o fracaso, no recaería en ningún lado, de que servía ganar cada año si nadie iba a verme.
Me acosté en la cama con aburrimiento y cerré los ojos para tratar de dormir aunque sea un poco, lo suficiente como para no verme como Zombie mañana en la escuela.
Di un sonoro bostezo antes de que el sueño me venciera, tantos pensamientos ocupando mi mente me habían agotado por completo. Sentí como Plagg salió del bolsillo de mi chaqueta y se posicionaba a un lado de la almohada para recostarse a dormir. Abrí levemente uno de mis ojos notando que en efecto, mi Kwami estaba dormido.
Acomodé mejor mi cuerpo en aquella enorme cama antes de que mis párpados comenzaran a cerrarse con lentitud hasta que todo quedó sumido en una profunda oscuridad y todos mis músculos se relajaron.
Mis ojos comenzaron a abrirse perezosamente, con ayuda de mis manos, levanté mi torso y poco a poco los rayos del sol golpearon las ventanas de mi habitación hasta dejarla totalmente iluminada.
Estiré los brazos entumecidos y me frote los ojos con mis palmas, a penas se estaban adaptando a la luz. Como cualquier persona, el haber dormido a media noche traía grandes consecuencias a tu apariencia. Por lo que no me sorprendería si al mirarme en el espejo tuviera unas ojeras que señalaban von letreros iluminados mi falta de sueño.
Por otro lado, no me sentía tan mal, una vez levantado ya no tenía ganas de volver a acostarme, así que solo busque con la mirada la puerta del baño y me dirigí hacia allí arrastrando los pies.
Efectivamente, como había predicho, mis ojos tenía enormes bolsas negras debajo de ellos, y mi cabello estaba desaliñado, al puro estilo Chat Noir.
Miré con apatía mi reflejo abriendo la llave del lavabo y haciendo un cuenco con mis manos para restregarlo en la cara.
«Quizás, esto me ayude a levantarme»
Cuando el agua fría hizo contacto con mi piel, cada célula de mi cuerpo se regeneró y mi rostro antes pálido y demacrado fue desapareciendo para dejar en su lugar ese semblante de "modelo estrella" que me cargaba siempre.
Sequé mi cara con una toalla cercana a mi y después de cepillar mis dientes salí del cuarto de baño para tomar mi bolso y viajar en la limosina junto con la compañía de Nathalie y Plagg dentro de mi bolsillo, quien no dejaba de removerse inquieto quejándose por la ausencia de su queso.
Rodé los ojos ante esto último, simplemente lo ignoré. No podía con sus payasadas tan temprano.
El viaje fue silencioso e insípido como siempre, nada fuera de lo común. Bajé del auto y me despedí con un grito de Nathalie.
Otro día de clases perfectamente normal.
Veremos que me depara el día de hoy.
Bueno, las clases por fin habían llegado a su fin. Mis compañeros del salón se despidieron vagamente de él a excepción de Chloe, quien besó sonoramente mi mejilla despidiéndose con ese apodo súper cursi que inventó para mi.
Tomé mi bolso mientras eliminaba los restos del labial de Chloe de mi mejilla, quería a mi amiga, pero a veces sus muestras de afecto eran completamente innecesarias y a veces molestas, ciertamente, no me atrevía a decirle eso en la cara, así que solo la dejaba actuar como siempre. Sinceramente, no era muy de mi estilo contradecir a nadie, mucho menos si era tan cercano a mi, y a menudo eso me causaba problemas.
Por eso el traje de Chat Noir me daba la completa libertad de ser yo mismo, de ser una persona completamente diferente a Adrien Agreste.
Abrí con una mano la puerta de los vestidores, encontrándome de inmediato con mis compañeros de esgrima. En cuestión de horas la cancha del colegio estaría repleta de gente, mayormente familiares de mis compañeros. Todos listos para presenciar el torneo.
Dejé el bolso en la banqueta y tomé uno de los trajes que reposaban encima de la mesa para cambiarme, no pude evitar sentir algo de envidia y un mal sabor de boca al escuchar a mis compañeros conversar sobre como sus padres, hermanos, o amigos presenciarían el torneo de principio a fin. Estruje el sable en mi mano con fuerza canalizando mi frustración. No quería recordar que estaría prácticamente solo todo el campeonato, sin nadie que me apoye o este dándome ánimos en medio de la multitud. Así que solo me limite a fingir que sus murmullos no me interesaban y colocándome el casco con fastidio.
—¡Chicos! — la voz de Monsieur Armand resonó por toda la habitación atrayendo la atención de los que estaban en este, aclarándose la garganta, dijo lo siguiente.
—Como saben, hoy es un día muy importante para todos — caminó solemnemente por toda la habitación alzando la barbilla mientras colocaba sus manos detrás de su espalda — competiremos como todos los años con la escuela Celle St Cloud-Noisy le Roi, hemos tenido muchas victorias hasta ahora, pero no se confíen — advirtió — este año podría ser diferente, quiero que mantengan sus cinco sentidos en este campeonato y den lo mejor de ustedes. ¿Entendieron? — cuestionó.
—¡Si, entrenador!
Este asintió conforme.
—Perfecto, la gente comenzará a llegar en pocas horas. Tiempo suficiente para practicar. Los veré en la cancha. — al terminar de decir esto se marcho tal y como había entrado. Todos hablaron de lo reñido que estaría este año, mientras que otros se mofaban de que este año, seria nuestro. Ya que teníamos a Kagami como un miembro más del equipo.
—Hey, relájense compañeros — la voz era proveniente de Edgar, un chico de estatura promedio, cabello rojo-castaño y ojos color ámbar, se acerco a mi colocando un brazo en mi hombros par luego contemplar a los demás — tenemos a Adrien Agreste, es obvio que este año ganaremos como siempre — dijo acallando los comentarios negativos.
—Sin olvidar que Kagami también esta en nuestro bando, con ellos en la pista estoy seguro de que arrasaremos con todos una vez más como siempre — animó otro de mis compañeros.
«No se confíen tanto, esta semana no ha sido una de la mejores de mi vida»
Estaba tan aborrecido por el echo de no haber podido dormir bien que no tenía ánimos ni de contradecirlos. Como sea, de todas formas ellos no deberían confiarse mucho de mi. No estaba en uno de mis mejores momentos, sin embargo debía darles la razón con respecto a Kagami, ella era una de las mejores si de esgrima se trataba, era ágil, fuerte, determinada y diestra. Con ella ganaríamos el campeonato sin duda. Ni siquiera necesitaría mi ayuda, ella solo podría acabar con todos los contrincantes en un santiamén.
Transcurrieron unos minutos antes de notar que la gente ya había comenzado a amontonarse a los rincones cancha, todos listos para presenciar el espectáculo. Me quité el casco cuidadosamente para observar mejor al cúmulo de gente que llegaba con carteles, camisetas y toda clase de cosas para apoyar. Apreté los dientes con fuerza y presioné el casco con rabia.
«Acabemos con esto de una vez por todas»
—¿Adrien?
Me sobresalté al escuchar una voz a mis espaldas totalmente conocida, giré mi cabeza y sonreí débilmente a la persona que se acercaba con pasos cautelosos detrás de mi.
—¿Que tal Kagami? — coloqué en mi rostro mi mejor sonrisa y la saludé cortésmente a penas estuvo a mi lado.
Ella me miró como siempre, con su semblante serio y esa postura rígida que le daba un porte de elegancia, frunció el ceño y me riñó.
—No hagas eso — arguyó con la voz clara y firme con la que solía hablar siempre.
La miré confuso ladeando un poco la cabeza a la derecha.
—¿Hacer que?
—Poner esa sonrisa falsa como si todo estuviera bien, te conozco Adrien. Sé que algo te pasa, puedes decírmelo... — apoyó una de sus manos en mis hombros suavizando su voz.
—Tan asertiva como siempre Kagami — murmuré derrotado al ver que a mi compañera nada se le escapaba de las manos. No quería que se preocupara por cosas sin sentido, ni quería involucrarla en mis problemas personales, así que solo me encogí de hombros y le resté importancia. Sabía que no sería nada fácil convencerla de que estaba bien.
—Solo estoy algo nervioso ya sabes, por el campeonato, pensar que tanta gente estará observándome me inquieta un poco. — le dediqué una sonrisa ligera rascando mi nuca reprendiéndome por lo estúpida que sonaba esa excusa. Era un modelo, por lo cual no tendría sentido lo que acababa de decir, sin embargo, esperaba que se lo creyera. Al menos por ahora.
Ella entrecerró los ojos mirándome críticamente con esos ojos castaños fríos, como si quisieran leer mis pensamientos, a veces Kagami me intimidaba un poco, pero era agradable y muy buena compañera para practicar, a veces envidiaba su potencial y su pasión por la esgrima, esto no era lo mío, que fuera bueno en este deporte no quiere decir que sea mi pasión. Me hago destacar, eso es todo.
Finalmente luego de un suspiro de derrota salió de sus labios y sostuvo su espada con firmeza a su costado bajando su casco de esgrima desinteresadamente.
—Como sea, aún tenemos media hora antes del campeonato, me pondré a practicar ¿te vienes? — dijo a través del casco.
—Te lo agradezco Kagami, pero quisiera tomar algo de aire antes de ir a calentar — argumenté declinando su invitación.
Kagami asintió y tomó rumbo hacia donde estaban los demás alistándose.
Observé el casco en mis manos una vez más y lo detallé con melancolía, ya era hora de prepararse. Habían sido muchos los segundos que se habían perdido pensando y analizando las cosas fatídicas de mi vida, por ahora eso no era importante. Debía entrar en escena, si fallaba, decepcionaría a todo el equipo, y no estaba dispuesto a dejar que eso pasara.
Inserté el casco en mi cabeza y finalmente me dirigí a la cancha, donde estaban los demás. A penas llegué, fui recibido por el sonido del choque de las espadas de los que estaban practicando. Y una vez más, vi a Kagami vencer rápidamente a su compañero de práctica para luego tumbarlo al suelo sin ninguna delicadeza y hacer una pose elegante, dando a conocer su victoria.
Los pocos alumnos que presenciaron la pelea aplaudieron y felicitaron a la japonesa como si fuera una celebridad.
Sonreí debajo del casco y le tendí la mano a mi compañero en el suelo para ayudarlo a levantarse.
— Arriba — murmuré una vez que este tomó mi mano y se ayudo con ella para pararse nuevamente.
—Gracias Agreste, no puedo creer que pierda contra ella otra vez — dijo quitándose el casco y mirando en dirección a Kagami, podía sentir la decepción en su voz, pero también podía detectar algo de fascinación y admiración ocultas.
Miré en su misma dirección y me di cuenta en la forma en que la miraba, fue ahí cuando comencé a entender.
—Te gusta Kagami.
No era una pregunta, era más bien una afirmación, la forma en la que mi compañero miraba a Kagami era la forma en la que yo miraba a Ladybug, cuando la vi por primera vez, tan deslumbrante, fuerte y valiente. Y era ahora la forma en la que veía a mi princesa.
El chico dejó de mirarla embobado y se dirigió a mi con su rostro lleno de pánico.
—¡P-Por su puesto que no! — exclamó, sin embargo su rostro colorado era la prueba irrefutable de que lo que había dicho, era cierto.
Levanté el casco y le dirigí una sonrisa palmeando su espalda.
—Estoy seguro de que si se lo pides, ella podría salir contigo en una cita — susurré una idea.
El chico de cabellera castaña me miró y suspiró bajando su casco deprimido.
—No lo creo, sé de buena fuente que a ella le gusta alguien más — se excusó con un tono lastimero.
—¿En serio? ¿Quién? — pregunté confuso, que yo sepa, Kagami no se relacionaba con casi nadie, mucho menos si eran chicos, ella nunca parecía estar interesada en esos temas, por lo que veía imposible que a ella le gustara alguien sabiendo como es su carácter tan... voluble.
El volteó el rostro y acomodó el agarre de su arma.
—Creo que tú lo conoces mejor que nadie Agreste — dicho esto, se marchó dejándome con la palabra en la boca.
No entendí lo que quiso decir con eso, pero no me puse a analizarlo... no me imaginaba a Kagami enamorada, la simple idea se me hacía ridícula, ¿Sería eso siquiera posible?
El altavoz resonó por toda la cancha indicando que el torneo estaba por comenzar, así que bajé la rejilla del caso y me integré al grupo.
Podía escuchar los gritos eufóricos de la gente tanto de los familiares de mis compañeros, como el de los de la escuela rival. Todos animando a sus respectivos equipos. Cuando llego mi turno, tomé lugar detrás de la línea de la cancha y mi oponente al otro lado de la cancha en la misma posición.
Los gritos continuaron reproduciéndose en mi mente sin darle importancia alguna, no fue hasta que escuche una voz remotamente familiar.
Mis ojos se expandieron enormemente y mis pupilas se dilataron al máximo al ver en medio de la montaña de gente el contorno de una figura que conocía muy bien, la única que ha logrado que me desconcentre y la única que hacía latir mi corazón de una manera verdaderamente especial.
—Marinette...
La vestimenta color rosa que llevaba puesta la hacía resaltar entre toda esa gente, y la pancarta que llevaba en sus manos solo me hizo querer abrazarla y no soltarla nunca más. Me estaba apoyando... había venido aquí solo para apoyarme.
Sonreí como un idiota debajo del casco y toda la energía negativa que había acumulado esa mañana se fue desmoronando como las rocas de una montaña. La fuerza vital que resplandecía Marinette me produjo un retorcijón de energía que se iba acumulando en mis venas y que me motivaba al mismo tiempo que me golpeaba una enorme ola de felicidad.
Le hice un saludo de dos dedos en su dirección, lo cual hizo que sonriera y se cubriera tímidamente detrás de la pancarta de una manera adorable.
Cuando el silbato sonó, supe que estaba listo para ir a por todo, Marinette estaba aquí, y podía ganar varios puntos con ella si lograba vencer a este tipo, no quedaría mal ante ella.
Sujeté con fuerza mi arma y me dispuse a bloquear el ataque que estaba dirigido hacia mi, luego hice un movimiento ágil hacia él mandando su brazo hacia su costado, lo cual permitió que lograra picar su pecho con el florete y lograra vencerlo en diez simples segundos, quedando como ganador de la primera ronda.
Giré mi rostro hacia Marinette y la vi saltando en su mismo sitio alentándome y contagiándome de esa felicidad que ella irradiaba. Una imagen pura que recordaría toda mi vida.
Me quité el casco y choqué los puños con Darierr, era el próximo en salir. Quité el casco y peiné mis cabellos alborotados hacia atrás con mi mano enguantada. Estaba feliz de ver a Marinette aquí, pero aún seguía algo dolido de que ella y Chat Noir no fueran más que simples amigos a pesar de los fuertes sentimientos que sentíamos el uno por el otro, jamás pensé que amaría a alguien tan intensamente como lo hacía por Ladybug. Pero Marinette había logrado captar mi interés y solo iba aumentando con el pasar de los días.
Corrí hacia ella y levante el brazo a modo de saludo mientras me acercaba esquivando una que otra persona en mi camino.
—Hola Marinette ¿Como estás?
~Marinette~
Al verlo acercarse hacia mi con esa sonrisa tan resplandeciente y su cabello siento agitado por la brisa fría hizo que mis rodillas por poco flaquearan y quedara sentada en el suelo como una tonta.
Afortunadamente, logré recomponerme y abracé la pancarta contra mi pecho jugueteando con esta mismo.
Adrien llego respirando un poco agitado y sin embargo su rostro seguía siendo atractivo a pesar de que un poco de sudor empapaba su frente pegando sus cabellos rubios al contorno de su faz. Mi boca quería articular algún saludo o al menos una pequeña frase, pero solo salía un simple tartamudeo que no podía detener
—E-Estoy bien, es decir. Estoy muy bien, tú eh, ¿Que tal estas? — dije finalmente sonriendo para disfrazar mis nervios.
Su hermosa sonrisa se ensancho aún más si eso fuese posible y rió suavemente quedando a mi lado.
—Me alegra mucho que hayas podido venir Marinette, nunca pensé que vendrías a animarme, de hecho jamás imaginé que pudieras venir — puntualizó.
Me sonrojé y comencé a aclarar un par de cosas, oh por lo menos intenté.
—B-Bueno ¡Si! E-Es que, mi casa queda muy cerca y, t-tú eres mi amigo así que me dije, porque no apoyar a un amigo en este tipo de situaciones.
Me dolió decir eso, pero no podía maquillar la verdad.
—Pues, agradezco mucho ser uno de tus amigos Marinette — comentó dulcemente.
—N-No es nada — logre decir — es lo menos que podía hacer — argumente sonriendo suavemente.
Este sonrió de igual manera y se acercó a mi para tomarme de los hombros y recostar su mejilla en mi cabeza dándome un cálido abrazo.
—Gracias — susurró aferrándose a mi cintura y enterrando su rostro en mi cabello, aspirando fuertemente, mientras que yo sentía mi cuerpo tiritar contra el suyo, sus respiraciones pesadas estaban empezando a provocar reacciones involuntarias en mi cuerpo.
Me dejé llevar y lo abrace de vuelta con timidez dejando el lado lateral de mi cabeza descansando contra su pecho.
—Adrien, van a anunciar a los ganadores — llamó la chica de cabello corto interrumpiendo el abrazo entre Adrien y yo, sin ningún tacto.
«Oh mon Dieu, la reina del hielo»
Adrien levantó la cabeza y saludó a ala chica que vestía un inmaculado traje de esgrima color rojo cereza, y que traía una espada en su mano derecha, perfectamente limpia.
—¡Kagami! Mira, ella es Marinette, vino a darme apoyo, ¿No es tierna? — preguntó sin despegarse de mi, haciendo que por instinto me cubriera la cara abochornada, acaso ¿me había dicho tierna? ¡Era el mejor día de mi vida! En cambio la chica frente a Adrien no parecía pensar lo mismo.
Caminó hacia nosotros y se limitó a mirarme con cierto resentimiento, al igual de echar una mirada de asqueo al notar que seguíamos abrazados.
—Marinette — saludó despectivamente y concentró su mirada en Adrien tomándolo del brazo y tirando de él — apresúrate, anunciaran al equipo ganador — insistió sin emoción alguna en su voz y separándonos bruscamente de la posición en la que estábamos.
—Ya voy Kagami, espera un segundo — consiguió decir zafándose delicadamente de su agarre y mirándome una vez más. — ¿Te quedarás a ver la premiación Marinette? — preguntó.
—¿Eh? Yo... — dude un poco antes de contestar, no tenía planeado quedarme mucho tiempo, mis padre me habían dado permiso hasta un cierto período de tiempo, pero al ver la sonrisa esperanzada de Adrien, mis defensas decayeron.
«Supongo que, podría quedarme un poco más»
—Si, por supuesto — respondí inmediatamente al mismo tiempo que Adrien se despedía con la mano y caminaba junto a Kagami hacia su grupo.
Kagami en cambio regresó su mirada hacia mi con el ceño fruncido de una manera que daba miedo. Ciertamente, ya me había dejado claro que yo no le caía muy bien.
Tikki se removió dentro de mi bolso y saco su cabeza disimuladamente para ver a Kagami alejarse con Adrien.
—Esta claro que para esa chica no eres de su agrado Marinette — habló en voz baja levantando su mirada hacia mi.
—Estoy de acuerdo contigo Tikki, no es tan conveniente que me acerque mucho a ella por ahora — estaba segura de que esa espada que se cargaba no la utilizaba solo para los torneos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo imaginándome cerca de ella con esa espada acompañándola y una sonrisa sádica marcando su rostro.
Sacudí la cabeza deshaciéndome de esos pensamientos. A veces podía llegar a ser algo... esta bien, ¡Muy dramática! Pero no por eso debía estar con la cabeza baja en presencia de esa chica.
—No pienses tanto en eso Marinette — me animó mi Kwami que seguía asomando la cabeza disimuladamente — ahora corre, o no habrá lugar para ver a Adrien recibir su premio.
Sonreí haciéndole caso y me abrí paso entre las personas para llegar hacia el frente y observar como Adrien y su equipo estaban reunidos a un lado del profesor Armand. Quien con un altavoz pedía un poco de control de parte del público y le cedía el altavoz al organizador del evento y a quien anunciaría a la escuela ganadora. Rezé para mis adentros que nuestra escuela fuera la elegida, al igual como lo hice para que Adrien fuera el ganador.
—La escuela ganadora de este año es... — abrió el sobre en sus manos y leyó el nombre en voz alta — por... tercera vez ¡La escuela Françoise Dupont!
Todos los del equipo se dieron un abrazo grupal y gritaron de emoción mientras que el productor tenía en su mano otro papel, que indicaban a los chicos que habían quedado en primer, segundo y tercer lugar.
Aplaudí emocionada al ver que el puesto de primer lugar se lo había llevado Adrien, quien subió al podio saludándome con una sonrisa al recibir su medalla del primer lugar.
En segundo lugar quedo la reina del hielo, lo cual no le causo ninguna gracia, pero que de todos modos subió al podio y cerro los ojos mientras le colocaban la medalla.
En tercer lugar quedó un chico de nuestra misma escuela, su nombre era Jean Duparc, lo había visto un par de veces en el patio del colegio, sin embargo, no lo conocía muy bien.
El público aplaudió y los participantes bajaron del podio, no sin antes estrechar la mano del productor y del profesor, dándoles las felicitaciones y entregándole el trofeo al equipo ganador. Nuestra escuela.
Adrien me indicó con un gesto que me acercara y yo obedecí casi al instante, no me resistí más y lo abracé fuertemente causándole sorpresa, pero de igual forma me regreso el abrazo con entusiasmo, estaba tan feliz por él.
—¡Felicitaciones Adrien! Debes estar muy orgulloso de ti mismo — dije separándome unos centímetros de él.
Este se rasco la nuca un poco incomodo y se aclaro la garganta para hablar.
—Gracias Marinette, te confieso que... no sabía si ganaríamos este año, pero lo logramos. Así que también debo darte las gracias por apoyarme — comentó.
Asentí algo cohibida por sus palabras y miré como Kagami llegaba a la zona donde estábamos. No quería ser mal educada, así que dibujé una sonrisa nerviosa y la saludé.
—¡Ey, Kagami! — la nombré — muchas felicidades por tu triunfo también, debes estar muy feliz.
Esta frunció el ceño y miró hacia mi, casi sentía que se me estaban congelando los huesos.
—Ganar el segundo lugar no es ningún motivo de celebración para mi familia, es solo un puesto sin valor, así que no es como si hubiese ganado algo de mayor importancia realmente — espetó.
Me congele ante esta contestación y me removí incomoda en mi sitio.
—E-Entiendo, lo siento — me disculpé, esta chica no estaba conforme con nada que fuera de la segunda clase, tenía muy claro que quería ser la número uno en todo.
—Adrien, los chicos quieren celebrar nuestro triunfo en una cafetería, solo venía a decirte eso — reveló fríamente sin dar más hincapié al tema.
—¿De verdad? ¡Eso suena genial! ¿Quieres acompañarnos Marinette?
No necesitaba ver el semblante de Kagami para saber que esa sugerencia no le cayo ni una pizca de gracia. Así que mi miraba viajo hacia abajo mientras que sujetaba mi brazo distraídamente.
—Y-Yo... no lo sé, no quiero importunar a nadie.
—No lo harás — insistió — vamos, mi papá me dio permiso esta vez, no me digas que no — rogó nuevamente.
Estaba entre la espada y la pared, si no llegaba a casa pronto, me castigarían, pero si no me quedaba, decepcionaría a Adrien.
Mordí mi labio inferior indecisa y finalmente suspiré dando una respuesta afirmativa.
Que era un simple castigo si podía pasar con Adrien toda una tarde.
—¡Fantástico! ¡Ey, Kagami! No es grandioso, Marinette se viene con nosotros — expresó con alegría pasando un brazo sobre mis hombros y acercándome a él.
Me sentí un poco intimidada por la mirada que Kagami daba en mi dirección. Se notaba a leguas que no le agradaba ni un poco la idea de que yo vaya con ellos, más no lo dió a relucir.
—Como sea — respondió secamente desviando la mirada hacia otro lugar y alejándose.
Estaba metida en un lío, no sabía que podría pasar si nos ponían juntas a mi y a Kagami a convivir en una cafetería, la chica me odiaba y ella no era mi persona favorita pero, si no iba, perdería la oportunidad de estar junto a Adrien.
«Rayos»
¿Que debía hacer?
...
¿Qué les pareció? ¿Fue interesante?
¿Kagami jugará un papel muy importante en esta historia? ¿Aparecerá Luka pronto? ¿Ustedes que creen?
