~Adrien~
Pasó un largo rato, pero por fin pude lograr convencer a Marinette de que se viniera con nosotros a festejar nuestra victoria. Al final ella aceptó, lo que hizo que mi interior se regocijara de una manera excesiva, ¡Pasaría una tarde con Marinette! Era como si el destino me sonriera por primera vez en mi vida. Aprovecharía para conocerla mejor como Adrien, claro que, también irían los muchachos y Kagami, pero... era mejor eso que nada.
Caminamos varias calles hasta llegar a la cafetería "Le cafe du coin", ¡Era un lugar perfecto! Era pintoresco, agradable, silencioso... y su cappuccino con nata y chocolate era increíblemente rico, este lugar era ideal para celebrar nuestro triunfo como equipo, y por qué no... conseguir que Marinette hablara más de si misma, ¡Quería conocer todo sobre ella! Todas sus facetas, sus deseos, sus cosas favoritas, aun cuando sabía algunas cosas de ella como Chat Noir, quería que se las dijera a Adrien. Que tuviera esa confianza ciega que siempre presentaba con mi forma heroica.
—¡Hemos llegado!
—Este lugar es muy tranquilo, no es como otros restaurantes a lo que he ido — mencionó Kagami leyendo el letrero e inspeccionado el lugar. Ella prefería un ambiente más sereno.
—¡Me encantan los capuchinos que hacen aquí! Son realmente buenos — gritó Marinette dibujando una enorme sonrisa en su rostro.
No pude evitar sentir un arrebato de ternura al verla tan ilusionada con la idea de tener un cappuccino espumoso en su mano, al igual que yo, también fantaseaba con beber aquella relajante y dulce bebida, era algo que teníamos en común.
«Es tan espléndida»
Kagami rodó los ojos algo aburrida.
—Detesto el café, creo que pediré un té verde o una limonada — informó.
—Como quieras Kagami, no sabes de lo que te pierdes — bromeé — ¿cierto Marinette?
Marinette de inmediato me dio la razón asintiendo varias veces muy sonrojada, y algo intimidada por la mirada que le dedicó Kagami.
Kagami suspiró aborrecida y luego puso un semblante más tranquilo.
—Bueno, si es tan bueno como dices... entonces lo probaré, un poco de cafeína no le vendría mal a mi aparato digestivo.
—Lo amarás, lo prometo.
—Eso espero — advirtió mirándome fijamente con una muy imperceptible, tanto que se volvió un poco incómodo.
Un ruido de parte de nuestros compañeros nos sacó de ese tenso momento.
—¡Hey, chicos! ¿Qué esperan? Hay que ordenar — insistió uno de los de mi equipo.
Asentí y le cedí el paso a Marinette y a Kagami para que entraran primero, como siempre mi padre decía que debía hacerlo con cualquier dama.
Primero pasó Kagami seguida de Marinette, quien agradeció el gesto con esa dulce sonrisa que la caracterizaba. Esta chica no podía cautivarme más de lo que ya lo había echo.
Entre detrás de ellas y tomé asiento junto a Marinette, a mi lado se había sentado Kagami así que estaba en medio de dos chicas. Literal.
Esperamos a que viniera un camarero a tomar nuestra orden y cuando llegó el turno de Marinette, tuve curiosidad por saber cual sería su dulce favorito, aunque claro, al vivir ella en una panadería no me cabría duda de que había probado postres mucho mas deliciosos que cualquiera de los que están aquí, así que esperé ansioso por saber su decisión.
—Eh, pues me gustaría una porción de tarta de selva negra y un capuchino de nata y avellana — ordenó tímidamente mirando como el mesero anotaba su pedido en la libreta que cargaba.
«Una fanática del chocolate... interesante»
—Pediré una porción de tarta de tres leches y un cappuccino de menta — Plagg dentro de mi bolsillo se removió inquieto como protesta, golpeé disimuladamente mi bolsillo y miré nerviosamente al mesero.
—¿D-Disculpe, tendrán algo de queso?
El mesero arqueo una ceja confundido.
—Ehh, si Monsieur, tenemos una gran variedad, ¿Desea alguno para acompañar su tarta?
—Una ruleta de Cammembert por favor.
Todos se me quedaron viendo muy extrañados, especialmente Marinette, un momento bastante incomodo, hasta el mesero alzo las cejas extrañado por pedir aquel queso tan pestilente como acompañamiento para una tarta.
«Maldito Plagg, me las vas a pagar»
El mesero carraspeo nuevamente incómodo y tomó la orden esta vez de Kagami.
—Tomaré lo mismo que Adrien... a excepción del queso — pidió.
Una vez que el mesero anotó los pedidos de todos, se retiró a la cocina para traer nuestros platillos.
—No creí que fueras un fanático del queso Agreste — se escuchó decir casi al final de la mesa.
«Lo que faltaba»
Sonreí algo incómodo maldiciendo a Plagg por obligarme a pedir uno de sus antojitos de queso. ¡Me quería morir de la vergüenza! Esto no podía estar pasándome.
Sentí un peso suave en mi hombro y enseguida volteé para mirar a Marinette sonriéndome tímida con un adorable sonrojo en sus mejillas.
—No tienes de que avergonzarte Adrien, como hija de un panadero no soy quien para juzgarte, he visto a clientes de mis padres pedir cosas más extrañas — comentó tratando de animarme.
Esas palabras habían echo que mi corazón diera un vuelco y que inmediatamente la vergüenza que sentía fuera reemplazada por una mejoría inexplicable. Le devolví la sonrisa tomando la mano que estaba pegada a su hombro en un contacto más íntimo y delicado.
—Gracias, Marinette. Eres muy gentil.
—N-No es nada Adrien, s-somos amigos, los amigos se apoyan entre si — admitió nerviosamente quitando delicadamente su mano de la mía. Fui totalmente consiente del vació que me hizo sentir al quitar su mano de la mía.
—Tienes razón.
Los chicos continuaron hablando de cosas triviales y sobre la tercera victoria hasta que llegaron los pedidos. Miré de reojo a Kagami, quien evaluaba de forma seria el lugar. Al contrario de Mari, que pese a estar tímida, veía fascinada la decoración y el ambiente tranquilo del establecimiento.
Pronto llegaron los pedidos, y Marinette casi salto de su asiento al encontrarse cara a cara con su postre, con los ojos brillando de ilusión al ver su porción de tarta, parecía una niña, era adorable verla degustar su postre con tanto anhelo.
—¿Esta bueno? — pregunté una vez que la vi llevarse su tercera cucharada se dulce a la boca para saborearlo con gusto. Al escuchar mi pregunta, ella asintió efusivamente con ojos brillosos y aún masticando su porción.
Mis ojos se dilataron al observar como una pequeña mancha de chocolate había embarrado sus labios. Cubriéndolos cuidadosamente como una fresa con una capa de dulce chocolate. Estiré mi mano y rocé su mejilla cuidadosamente retirando los restos del chocolate que estaban en sus delicados labios.
El mundo de pronto se congeló y Marinette se puso rígida mirando mis ojos con un atisbo de confusión y algo más que no pude identificar. El chocolate en sus labios aún era ligeramente imperceptible, sin darme cuenta, relamí mis propios labios para humedecerlos, estaba pensando en lo dulce que sería quitar esos restos de chocolate con mi boca... con la punta mi lengua recorriendo esos hermosos y apetecibles labios color durazno hasta fundirnos nuevamente en un ardiente beso, como el que nos dimos aquella vez en su cuarto. Era casi una necesidad, algo me incitaba a probar de ese dulce néctar prohibido, del cual estaba ansioso por ingerir.
No sé cuanto tiempo pasé observando sus labios, al menos no lo supe hasta que escuché un carraspeo por parte de Kagami, sacándome inmediatamente del mundo de mis fantasías.
Sin mencionar palabra alguna, Kagami agarró un par de servilletas de la mesa que luego paso a Marinette, quien los tomó algo confundida.
—Límpiate, ya no eres una niña. Tus modales en la mesa dicen mucho a cerca de tu personalidad.
Ambos quedamos fríos por aquel comentario. Marinette más que todo estaba súper contrariada y cohibida, con delicadeza tomó la servilleta y la llevo a sus labios, deshaciéndose de todo rastro del dulce color marrón.
«Que desperdicio de chocolate»
Suspiré con algo de desilusión. Que suerte que los chicos estaban tan metidos en la conversación y devorando sus respectivos postres que apenas y notaban lo que pasaba por esta parte de la mesa. Ninguno noto la incomodidad de Marinette, ni el ceño fruncido de Kagami. Era algo que agradecía mentalmente.
Opté por poner mi mejor cara y mi espalda de pronto se volvió tan recta y tensa como una vara, no pude evitar hacerlo. El pensar que mis manos habían rozado los labios de Marinette, hizo que mi interior casi saltara de emoción. Era el primer acercamiento íntimo que tenía como Adrien hacia ella. Esperaba poder tener más momentos como estos... con menos persona por supuesto.
Recordé que tenía aún los restos de chocolate que había retirado de los labios de Marinette en mis dedos, rápidamente, los lleve a mi boca y retiré todo el dulce, saboreando cada milímetro y fantaseando que algún día, pudiera retirar los restos de chocolate directamente de los labios de mi adorada Prrruincesa. Por que si, ella iba a ser mía, así fuera lo último que hiciera en la vida.
«Delicioso»
~Marinette~
¡Esta salida era una tortura!
No solo no estaba a solas con Adrien, sino que además, la reina del hielo no ha estado más que mandándome miradas de muerte y resaltando cada error que realizaba... ¡Todo frente a Adrien! Sabía que lo hacía apropósito. Yo no le caía muy bien. Y el echo de que Adrien me invitara a tomar un café con su grupo no le había caído en gracia para nada. Ahora mismo Adrien debe pensar ahora mismo que soy una idiota, de otro modo no estaría tan tenso y nervioso después del comentario de Kagami.
«Vaya suerte la mía»
Dejé la servilleta a un lado del plato y mantuve la mirada baja. Mis ánimos decayeron gradualmente en solo unos pocos segundos. No sabía que hacía esa chica pero siempre que estaba cerca de ella me hacía sentir como si yo fuera insignificante. Comparada con ella yo solo era un cero a la izquierda en esta reunión, no encajaba en las conversaciones del equipo y ni siquiera conocía del todo a los compañeros de Adrien.
Dejé escapar un sonoro suspiro antes de tomar con mis dos manos el vaso de cristal que contenía el capuchino, di un sorbo del dulce líquido dejando que este me relajara por completo y calentara mi estómago, casi olvide que estaba con más personas. El café de aquí era muy bueno, casi me atrevía a decir que mucho mejor que el de mis padres, bueno... en los postres ellos corrían con ventaja. Pero el café de aquí era tan relajante que te transportaba a un mundo distinto al que conocías, te pierdes por unos instantes de solo saborear la avellana combinada con la leche y los granos de café.
—Esplendido ¿Cierto?
De manera inconsciente asentí mientras que mis ojos permanecían cerrados y mi paladar terminaba de hacer su trabajo al anestesiar mi lengua tan exquisitamente.
—Es como si te transportaras a otro mundo ¿no?
Abrí los ojos con sorpresa y asentí en su dirección.
—¡Exactamente! ¡Es el mismo pensamiento que siempre tengo! Es como si...
—¿Tus papilas gustativas bailaran? — adivinó mientras asentía emocionada.
—¡Si! ¡Y su sabor es tan suave, como si estuvieras...
—/¡Tomando un afrodisiaco lactoso!/ — dijimos al mismo tiempo.
Cubrí mi boca con mis manos al descubrir que teníamos el mismo pensamiento, era como si estuviéramos sincronizados, reí un poco al pensar eso.
Adrien también dejó escapar una risilla mientras tomaba una cucharada de su porción de tarta.
—¿Quieres probar un poco? Es casi tan bueno como el tuyo...
«¡Oh mon dieu! ¿¡Esto era un sueño!? Adrien Agreste me daría de comer»
Asentí como estúpida y acerqué mi boca a la cuchara que Adrien me ofrecía. Casi podía observar el fondo rosado y los pétalos de rosa caer alrededor de él. Era como un príncipe, tan atractivo y absolutamente encantador, incluso casi me atoro con el pedazo de tarta, afortunadamente, logre tragar con normalidad antes de alejarme unos centímetros.
—¿Te gustó?
—Me encantas — murmuré soñadora sin darme cuenta de la estupidez que acababa de cometer, cuando reaccioné me quedé pálida como la nieve — q-quiero decir ¡Me encanta! La tarta, si eso, la tarta era de lo que hablaba — repetí nerviosamente — digo tu también me encantas, pero no tanto como la tarta, porque la tarta es deliciosa, es lo mejor que hay en el universo — parlotee rápidamente hasta quedarme sin aliento.
—¡Wow! Tranquila Marinette, ya entendí... amas mucho la tarta — agregó divertido guiñándome un ojo. — en ese caso, ¿Quieres acabártela? No puedo comer mucho dulce después de todo, ya sabes, por mi dieta de modelo — ofreció con esa sonrisa tan perfecta deslizando su plato hacia mi.
—¡¿Q-Qué?! Oh no, no, no Adrien, no podría... digo, esa es tu tarta, además yo ya tengo la mí...
—Insisto Marinette, no te preocupes — interrumpió — sería una lástima desperdiciarla.
—P-Pero, tu pagaste por ella, es injusto que yo la coma... — trate de negarme, más el solo negó con la cabeza.
—Yo te invito, anda no reniegues tanto y acéptala de una vez — sonrió dejando el plato frente a mi.
—Gracias — murmuré una vez que la tuve frente a mi, ni siquiera podía terminarme la porción que tenía en mi plato y ahora debo acabarme dos, todo porque dije que amaba la tarta más que nada en un momento de desesperación.
Fantástico, tendré una sobredosis de azúcar. Simplemente maravilloso.
«Como si no fuera suficiente lo que me dan de comer mis padres»
Aún así, el gesto fue lindo, incluso pensé que llegaría a amar mas la tarta de tres leches que la de chocolate, solo por el echo de que este postre, lo había pedido Adrien. Pero... ¿Y si me consideraba una glotona? Me escandalicé por ese pensamiento, no quería que pensara que era una comedora compulsiva. Vale si, era un poco glotona, pero hasta yo tenía mis límites.
Baje la cucharada con cuidado y alejé los dos platos de mi, cada uno con media porción de tarta.
—¿Ya no vas a comer más? — preguntó Adrien algo extrañada al verme alejar los platos de mi.
—No, estoy llena, pero estuvo delicioso, gracias Adrien.
—No hay de que Marinette, al parecer tenemos una debilidad por lo dulce, otra cosa que tenemos en común — mencionó cruzando sus manos y recargando sus codos en la mesa.
—E-Eso creo... — reí nerviosamente mientras mis manos se retorcían bajo la mesa con nerviosismo, era casi irreal la forma en la que Adrien charlaba conmigo. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un sonido acuoso que vino de la dirección donde se encontraba Kagami.
La observé apuñalar su trozo de tarta con el tenedor mientras que con su característico semblante serio nos observaba a Adrien a mi.
¿Se habría sentido ofendida de que la excluyéramos de la conversación?
A pesar por el semblante que se cargaba, yo diría que la respuesta era más que obvia, tragué fuertemente y coloque mi mejor sonrisa antes de hablar, cuidando que las palabras no salieran temblorosas de mi boca.
—K-Kagami, ¿Que te ha parecido el capuchino? ¿Era lo que esperabas? — pregunte tratando de disipar el miedo que me carcomía el entablar una conversación con la reina de hielo.
Vaciló un poco antes de contestar.
—No esta mal, aunque sigo prefiriendo mil veces el té que tanta cafeína recorriendo mi cuerpo, el té es mucho más relajante — respondió secamente.
—V-Vale, ¿Y La tarta?
Ella se encogió de hombros.
—Es demasiado dulce, prefiero las cosas agrias o saladas.
Sus respuestas no hicieron más que incomodarme por milésima vez en la tarde. No era posible que una persona pudiese bajarle el ánimo a uno contestando una simple pregunta, cada respuesta parecía tener un código secreto que decodificándolo se podía entender como "No me hagas preguntas estúpidas" o "cállate".
Me rendí mentalmente, era obvio que no me ganaría jamás la simpatía de Kagami. Era alguien demasiado seria y centrada, al contrario de mi, que no podía pasar más de dos segundos para cometer un acto vergonzoso y era a menudo, muy distraída. Éramos como el agua y el aceite, ninguna podía estar en presencia de la otra.
Al escuchar que los amigos de Adrien tenían planeado marcharse, todos incluyéndome, se levantaron de la mesa y se dirigieron a la salida. Ya era muy tarde, seguro que mis padres estarían muy preocupados. Metí mi mano en la bolsa donde también descansaba Tikki, arranqué un pedazo de tarta disimuladamente y lo introduje en mi bolsa para que Tikki comiera, ella más que nada amaba el chocolate, o más bien todo lo dulce.
Extraje mi celular y lo encendí para ver el montón de llamadas perdidas de parte de mis padres.
Suspire profundo. Ahora si que la había hecho buena. Mis padres esta vez si que no escucharían explicaciones y me castigarían como mínimo un mes. Ya muchos problemas tenía con desaparecerme todo el tiempo como Ladybug.
Rodeé la mesa para quedar en el lumbral de la puerta hasta que Adrien me interceptó antes de que pudiera siquiera poner un pie fuera de la cafetería.
—¿Te llevo Marinette?
Me quedé estupefacta por su pregunta.
—¿Qué? ¡Por supuesto que no Adrien! — chillé alterada — No quiero abusar de tu amabilidad, hiciste mucho por mi hoy, puedo regresar sola a mi casa.
—No seas así Marinette, yo te invité a venir, así que seré el responsable de entregarte sana y salva a tu casa — insistió haciendo una reverencia rápida e indicando con su cabeza el auto donde aguardaba su chofer y guardaespaldas con cara de perro bulldog.
—¿S-Seguro que esta bien? ¡Digo! No quiero causar ningún revuelo con tu padre al saber que me llevarás a casa...
—Marinette — me tomo suavemente de los hombros transmitiéndome tranquilidad — descuida, solo quiero hacer un gesto lindo con mi amiga, además no quiero que te pase nada de camino a casa, prefiero asegurarme de que llegues bien. Vamos — terminó diciendo indicándome con el gesto de su cabeza que subiera al auto.
Apreté con fuerza la correa de mi bolsa y entre ayudada por Adrien a su lujoso y enorme auto, sintiéndome un poco intimidada por el chofer que conducía el vehículo. No parecía ser de muchas palabras... ni tampoco amigable.
—Regreso en un momento Marinette, me despediré de mis amigos y vendré corriendo.
—Claro Adrien, tranquilo. Me quedaré aquí — finalicé.
Adrien asintió dedicándome una sonrisa y por el vidrio podía ver como chocaba sus puños con sus compañeros e incluso se abrazaban dándole unas cuantas palmaditas en la espalda. Al final quedó dolo con Kagami, esta le dió un abrazo, muy intimo desde mi punto de vista, y luego para mi tortura, dejó un delicado beso en una de las mejillas de Adrien para luego retirarse a su propio auto.
Un enorme agujero se instaló en mi estómago, sentía como si algo helado me desmenuzara las tripas. Era una sensación muy desagradable.
«No tengo derecho a quejarme, Adrien y yo... ni siquiera somos algo»
Me arrimé en la puerta suspirando con fuerza. Este día no había salido del todo bien, y debía prepararme para lo que me esperaba al llegar a casa.
Cuando Adrien se acerco nuevamente al vehículo, me aparte ligeramente del vidrio dejando que este abriera la puerta sin ningún impedimento.
—Listo, vamos por la calle Gotlib número 12, por favor — indicó al chofer cerrando la puerta detrás de él y ubicando su mirada al asiento de enfrente.
El viaje fue tranquilo. Silencioso, no incómodo pero si muy sigiloso.
Cuando llegamos, Adrien como el caballero que era, me abrió la puerta e hizo una reverencia tomando una de mis manos para llevarla hasta su boca y dejar un beso en ella. Mis mejillas se calentaron tanto, que podía apostar a que parecían dos focos de luces de navidad.
—Gracias por acompañarme Marinette, eres una persona increíble — dijo una vez que despegó sus labios de mi mano.
—N-No hay de que Adrien, siempre estaré para lo que necesites, tendrás siempre mi apoyo — aclaré.
Adrien rió suavemente y se enderezó de nuevo.
—Lo sé. Nos veremos otro día Marinette — se despidió agitando su mano y entrando al auto.
Agité mi mano despidiéndome de él con una sonrisa tonta en mi rostro. Estaba ya muy lejos como para notar mi despedida. Así que baje la mano y ahogué un suspiro al entrar a casa y encontrarme con mis padres de brazos cruzados y con una cara que decía que estaban de todo menos contentos.
Tragué saliva fuertemente cerrando la puerta del local detrás de mi.
«Mi suerte no pudo haberse ido más lejos»
—¡Jovencita! ¿Se puede saber por qué no has contestado tu teléfono? Tu padre y yo te estábamos muy preocupados por ti...
«Tal y como lo había previsto... las cosas no van para mejor»
—Estas en serios problemas señorita, sube a tu cuarto inmediatamente, hablaremos de esto más tarde — me regañó mi madre con dl ceño levemente fruncido y los brazos cruzados.
Sin más remedio, baje la cabeza y subí escalones arriba hacia mi cuarto. Podía estarme olvidando de la salida que había planeado con Alya mañana en la tarde. La vida a veces puede sorprenderte de la forma más inesperada.
Tomé mi mano abrazándola más a mi pecho, recordando como los labios de Adrien habían hecho contacto con mis nudillos en un beso de despedida.
Aunque... tal vez, no todo había sido tan malo.
