Hola a todos, toditos, todos! Aquí esta el cap número diez de esta historia, espero de todo corazón que lo disfruteís tanto como yo disfruté escribiéndolo.
~Adrien~
—Mi princesa — musité con claridad y me acerqué para besar por debajo de su barbilla.
Marinette entrecerró sus hermosos ojos azul zafiro entreabriendo un poco los labios que tenía la dicha de besar en esos instantes.
Nunca supe como llegamos a estar así, solo sabía que no quería detenerme. No ahora.
La tomé sutilmente de su mentón para besar sus tiernos y suaves labios de nuevo, ella tímidamente me respondió en una dulce caricia y yo la abracé de manera que ella quedara presa entre la cama y mis brazos. Ambos estábamos debajo de las frazadas completamente vestidos.
El calor comenzó a emanar de nuestros cuerpos y solo pude aumentar aquella deliciosa sensación sumiéndome en aquel beso asiduo que tenía con mi princesa.
—Chat — jadeó mi nombre.
Gruñí de satisfacción al ver que lograba tener ese efecto hipnótico en ella, nuestros labios bailaban al compás y nuestras lenguas se acariciaban de una forma tan candente que fue imposible no emitir un sonido de satisfacción. Era uno de los mejores besos que habíamos compartido. Y esta vez no era a causa de un accidente.
Coloqué mi antebrazo detrás de su columna para separar un poco su cuerpo de la cama, ella ante mi acción tiró su cabeza hacia atrás dejando todo su cuello accesible para que pudiera saborearlo. No lo pensé ni dos veces cuando ya estaba perdido en el sabor de su piel y en la suavidad con la que emitía esos sonidos de satisfacción. Sin embargo no era suficiente. ¡Quería escucharla gritar! Oír mi nombre brotar de sus labios, quería que supiera que era yo quien le provocaba esas sensaciones tan placenteras.
—Chat, ya no aguanto — articuló mi princesa dificultosamente, estaba realmente agitada, y su rostro había adquirido un leve tono rojizo que me pareció adorable.
—Tranquila princesa — le dije una vez que llegué a su lóbulo para susurrar la respuesta tranquilizadora. — pronto acabará esta tortura para ambos.
Los ojos de Marinette permanecieron cerrados y yo hice viajar mi boca desde su cuello a su clavícula, donde mordí levemente esa zona causando que mi princesa soltara un chillido pequeño.
Continúa succionando su piel creando pequeños hematomas que tardarían días en desaparecer. Pequeñas mordidas de amor que simbolizaban el comienzo de nuestro acto. Cada vez subíamos más y más el tono de nuestras caricias. Comenzando por acariciar nuestros cuerpos aún por encima de la ropa y diciéndonos frases dulces al oído, yo mayormente, lo que ocasionaba en la gran mayoría el sonrojo de mi princesa.
Llegué con mis dedos a esa parte que anhelaba poseer, esa parte que pedía a gritos un toque de mis garras. Cumplí con su llamado y mis dedos empezaron a acariciar aquel pequeño trozo de carne que estaba cubierto por el pantalón rosa de Marinette. Aquello fue como si le hubiesen electrocutado, se cimbró de pies a cabeza apretando las sábanas en dos puños. Los toques eléctricos parecían estar presente en todo su cuerpo.
—¿Te gusta? — pregunté maliciosamente aumentando las caricias cada vez más deprisa a la par con sus gemidos.
Ella no respondió. En vez de eso arqueo aún más su cuerpo hundiendo más las uñas en el colchón y tratando de cerrar sus piernas, más no se lo permití, antes de que pudiera siquiera cerrarlas un poco, me colé entre ellas quedando totalmente vulnerable ante mi.
—Eres una niña mala — bisbiseé — no deberías haber echo eso — musité refiriéndome a que no debía de negar el placer de ser tocada en esa parte. Sabía que le gustaba, sus gritos y gemidos ahogados eran la prueba de que lo estaba disfrutando.
—Gatito — sus ojos se entreabrieron solo un poco mirándome con esa mirada cristalizada, las lágrimas estaban a punto de salirse de sus orbes azules en un estado de desesperación.
Mi mano no dejó ni por un instante de masajear esa zona. Sabía que estaba por llegar al orgasmo por la forma en la que se movía y su respiración se agitaba cada vez más. Me incliné sobre ella besando su cuello y dejando que me arañara los hombros con sus largas uñas. Gracias a Dios todavía tenía el traje, o estoy seguro de que me abría arrancado la piel a tiras.
—Ahh... ¡Ahh! — un último grito y mi princesa había llegado a su anhelado orgasmo. Sus labios temblaron y su cuerpo convulsionó dejándome ver fascinado como su pantalón aparecía una ligera mancha en la parte de su intimidad. Se había corrido, y yo era el causante de eso.
Sonreí quitando mi mano de su zona para envolver a mi princesa en un protector abrazo, riendo al ver como ella ponía sus manos en su carita, cubriendo su expresión excitada y avergonzada.
Besé parte de su cabeza y ella se removió inquieta desde su posición. Sin decir nada, solo abrazándome y disfrutando de ese momento tan íntimo que compartíamos.
—¿Chat?
—¿Si, Princesa?
—Levántate.
Extrañado levanté bajé la mirada hacia Marinette y ella repitió la misma palabra una y otra vez, su voz se distorsionó cada vez más hasta que cambió por completo, la dulce voz de mi princesa se convirtió en...
—¡Levántate! — gritó esa irritante voz haciéndome despertar de golpe de aquel maravilloso sueño húmedo, en donde los protagonistas éramos mi Princesa y yo.
El encanto se había roto por completo.
Un olor pestilente hizo que me cubriera rápidamente la nariz y tuviera un par de arcadas. Inclusive me lloraron los ojos al olfatear el fuerte aroma.
—¡Plagg! Llévate esa abominación lejos de mi nariz — le reclamé a mi Kwami molesto, me había despertado en el mejor de los sueños con su odiosa y grotesca voz y aún así el muy descarado ponía su camembert lo bastante cerca de mi nariz como para dejarme sin mi sentido del olfato.
—¡Grosero! — se quejó Plagg.
—¿Por qué me despertaste? — me quejé restregándome los ojos.
«Estaba en la mejor parte del sueño»
—Tu teléfono no ha dejado de sonar desde hace más de dos horas, incluso tuve que dejar de lado a mi precioso para tratar de levantarte — siseó de manera indignada llevándose su queso al tacho de basura donde solía dormir.
Tomé mi teléfono y en efecto, había muchas llamadas perdidas de diferentes números. Estaban 2 llamadas perdidas de Nino, 3 de Kagami y por último 5 de Alya.
¿Espera? ¿Qué? ¿Por qué hay tantas llamadas perdidas de Alya?
Presioné el número de contacto de la novia de mi amigo y vi todo el registro de llamadas. Debía ser algo importante si había insistido tanto en las llamadas.
«Mierda, ella odia ser ignorada»
Presentí peligro en cuanto encontré un mensaje de ella, corto, pero casi parecía una carta de muerte debido a las "hermosas" palabras escritas por la amiga de mi novia.
Alya:
—Te llamé toda la maldita tarde pero ni siquiera tuviste la "gentileza" de agarrar el puto teléfono... ¡Más vale que te hayas estado muriendo para no poder contestarme!... te llamaba para decirte sobre el cumpleaños de Marinette, recuerda que es en una semana... ponte las pilas ricitos de oro.
—Vaya — murmuré — pues si que estaba molesta — comenté algo nervioso al leer nuevamente el mensaje de Alya. Más sus palabras me trajeron de vuelta a la realidad en un parpadeo.
«Cumpleaños...»
—¡Cierto! Marinette, su cumpleaños es en una semana ¡Gracias Alya! — le dije al teléfono con el mensaje escrito de Alya.
Habían pasado cinco días desde que me quedé cuidando de Marinette en su casa, fue un acercamiento bastante íntimo, al menos para mi lo fue. Realmente estaba muy preocupado en ese momento, tanto que ni siquiera me paré a pensar que en una semana sería su cumpleaños. Había apuntado la fecha en mi calendario a penas hable con Alya, la cual me dijo con exactitud y a detalle que el cumpleaños de Marinette sería la semana que viene.
Claro que, en ese momento en lo único que podía pensar era en ella, en su salud y en como podría hacer una buena jugada para que finalmente cayera en mis brazos. Y precisamente, la idea de su cumpleaños no pasó por mi mente en ningún instante. Yo sabía que ella tenía sentimientos por mi... por mi forma heroica, esa misma noche en la que decidimos ser solo amigos me hizo reavivar las esperanzas. Aún no estaba seguro de haber superado por completo los sentimientos del otro chico, pero aún me sentía próspero a alcanzar su amor.
Marinette nos había enviado hace dos días la invitación a su cumpleaños por correo a todos. Me partí la cabeza pensando en que podría darle de regalo. El dinero no era un problema para mi. El verdadero problema era que lo que Marinette merecía estaba por completo ajeno a lo que yo podía ofrecerle. Ella era una chica sencilla, según había descubierto en mis anteriores visitas, ella gustaba de cosas un poco más personales. Que vinieran del corazón de la persona.
No quería quedarme atrás... mi dulce princesita cumpliría años en pocos días y yo necesitaba regalarle algo único. Especial y extraordinario, como ella misma. Si pudiera le daría el mundo entero. Ella era mi princesa, y como tal merecía hasta la luna y cada estrella del cielo.
—Conseguiré algo digno de ti, princesa...
~Marinette~
Había pasado toda la noche bordando los últimos detalles de mi máscara, al igual que envía las últimas invitaciones por correo a mis amigos y familiares. Quisiera haber tenido una sencilla reunión con mis familiares pero al ver la ilusión de mis padres al organizarme una fiesta a o grande, no pude... decir que no.
«Típico de mi»
Corté con mis dientes un hilo que sobresalía del bordado y enseguida tome la brillantina para darle los últimos detalles. La sostuve frente a mi y la sometí a una minuciosa observación para verificar que todo estaba en orden.
—¿Qué te parece Tikki? No me quedó tan mal ¿O si? — le pregunté a mi Kwami, quien estaba comiendo una galleta encima de mi computadora escuchando la música de Clara Nightingale a todo volumen y moviendo su cabecita al ritmo.
Voló hacia la máscara y la contempló maravillada.
—Es preciosa Marinette, seguro serás la chica más hermosa de todas, es tu fiesta después de todo — le recordó la Kwami con una risita.
Le devolví la sonrisa y acaricié su cabeza.
Suspiré dejando aún lado la máscara para que se secara la brillantina. Coloqué una mano debajo de mi mentó y me paré a pensar en tantas cosas.
La imagen de Chat y yo en un beso apasionado se hizo presente en mi mente y me sonrojé como si hubiera explotado una granada en mi cara.
—Deja de pensar en esas cosas — me regañé a mi misma tratando de no pensar más en eso. Pero era inevitable.
No había vuelto a ver Chat desde que se quedó toda la noche conmigo cuidándome. Era algo muy dulce de su parte. Por más que insistí en que no era necesario que se quedara, el como el terco que era, igualmente permaneció conmigo toda una noche tratando de ayudarme en mi malestar, hasta que me dormí. Al levantarme mi cuerpo y mi cabeza se sintieron como nuevos.
Sin embargo el no verlo unos días, había comenzado a afectarme gradualmente, pues estaba tan acostumbrada a su cercanía, que no verlo por cinco días había ocasionado que tuviera una clase de sueños con él muy... explícitos y extremadamente vergonzosos.
Sentía asco de mi misma. No podía dejar de soñar con el héroe que me visitaba cada noche, pero tampoco podía quitar de mi mente la sonrisa y la cordialidad de Adrien.
Ambos chicos estaban en mi cabeza dando vueltas y vueltas, sinceramente, el solo pensarlo me ocasionaba mareo.
Solté un gemido de angustia y sostuve la cabeza en mis manos tratando de evitar que me explotara.
Devuelta al tema, Tikki me había estado llamando mientras que yo estaba buscando en lo más recóndito de mi mente aquella confusa e indecisa faena. Hasta que finalmente revoloteó hasta quedar en mi hombro y me dijo algo que me sorprendió bastante.
—¿Un regalo? — musité sorprendida.
Ella asintió y voló a mi frente.
—Lo hice especialmente para ti Marinette, es casi tan increíble como lo que te regalé en tu cumpleaños número 14 — respondió.
Sonreí palpando mi camiseta, donde debajo permanecía el obsequio que Tikki me había echo años atrás. Más tenía curiosidad de lo que sería ahora.
—No será otro Kwagatama a juego ¿verdad? Porque, si tienes que escupirlo puedes hacerlo en...
—Es algo muy diferente en realidad — intervino Tikki con entusiasmo.
—¿En serio? ¿Que es? — me entusiasme yo también.
La Kwami salió disparada hasta llegar al baúl donde antes tenía los regalos para los siguientes 50 cumpleaños de Adrien, me daba escalofríos pensar en lo acosadora que fui en el pasado con respecto a Adrien. Parecía una fan más de su larga lista. Eso me hizo sentir vacía y recapacité, ahora no podía pensar en el porque inmediatamente a mi mente venía la coqueta sonrisa de mi compañero gatuno.
—Necesito dejar de pensar en este momento — me quejé.
—¡Aquí esta! — la escuché gritar para luego cerrar con dificultad el baúl y venir hacia acá.
—¡Ta-chan!
Tikki dejó ver entre sus manitas un hermosa figura de una mariposa color rosa pastel con una secuela de líneas negras para simular un adorno de cruz en sus alas. Era completamente hermoso.
Me quedé en trance.
—Tomé prestado un par de artículos de tu taller de costura, espero y no te moleste — cerró sus ojitos apenada y me regaló una tímida sonrisa.
Tomé de sus manitas el pequeño objeto encantada y casi grito de ternura el verla ser tan modesta y extremadamente dulce.
—¡Es preciosa Tikki! — exclamé — pero como, como es que...
—De tanto observarte trabajar para crear tus diseños, supongo que se te pega la creatividad — expresó sonriente.
Sonreí agradecida y la atraje con mucho cuidado a mi rostro para dejar un beso en su pequeña cabecita.
—Gracias Tikki — susurré.
Ella rió suavemente.
—No hay de que Marinette, es lo menos que puedo hacer por la mejor portadora que he tenido.
—Aww ¡Tikki! — ambas reímos mientras que yo la abrazaba contra mi mejilla.
Ella y yo teníamos una conexión muy especial que nos unía. Sus consejos me habían sacado de problemas en más de una ocasión. Siempre que la veo, doy gracias de que haya tenido la suerte de que haber sido elegida para ser su portadora.
Sinceramente, no me imagino mi vida, sin Tikki a mi lado.
—¡Ya sé! — me levanté de sopetón con el regalo en manos y me dirigí al maniquí donde contenía el vestido que había hecho para mi cumpleaños.
La noche en la que Chat me ayudó a darle los toques finales, no pude evitar sentir esa extraña sensación de saber que le faltaba algo, un elemento clave para que se viera excepcional. Claramente, no era el brillo lo que le hacía falta.
Tomé cuidadosamente el adorno que había hecho mi Kwami y lo coloqué al lateral del vestido, casi por la altura de la cintura.
—¡Listo!
—¡Te ha quedado increíble Marinette!
—¡Todo gracias a ti Tikki! Ha sido el regalo más dulce que me han dado — indiqué señalando mi trabajo terminado. Ahora estaba completo.
Todo estaba listo. En una semana tendría oficialmente diecisiete años, y no podía creer que en lugar de preocuparme por como va a salir el evento, me preocupara por el lío que tenía con Chat debido a los sueños... tendré que salir con Alya para despejarme y dejar de tener todos esos problemas indecisos rodeando mi cabeza.
Pero yo sabía que era imposible...
No había forma de que me olvidara de ese gato tonto. De ese gato que me visitaba cada noche y la hacía especial, no podía quitármelo de la cabeza.
Suspiré.
No tenía caso.
—Gatito, te extraño...
...
Siento de veras demorarme tanto en actualizar, estoy algo liada con otros proyectos y mis horas de sueño no son las correctas .
Pero aquí les traje el cap, y solo para decirles, que cada vez nos acercamos más a mi capítulo favorito así que... no se despeguen .
Ahora, agradecimientos a:
Karen Agreste: Chica, ¡Muchas gracias por comentar! Eres de verdad un gran ánimo, me motivaste a seguir .
Rebeca.sz: Obrigado por ler esta história humilde. Um beijo grande...
y
Marulis: Gracias en verdad por el halago, sé que no es una historia tan buena, pero me esforzaré por hacerla al menos entretenida .
Estas preciosas chicas son laa que han dejado reviews hasta ahora, mil gracias en verdad por apoyarme, seguiré escribiendo por diversión.
¡Un beso a todos!
