~Adrien~

Siempre pensé por un momento de mi vida, que tener una identidad secreta que proteger y a toda una ciudad que mantener a salvo, era realmente complicado, pero no era nada comparado con la ardua tarea que había intentado realizar por semanas.

El mayor de mis retos, puedo decir sin duda que fue el lidiar por conseguir un regalo purrrrfecto para mi hermosa princesa, y es que... ¿Qué podías darle a una chica tan auténtica como Marinette? Todo me resultaba de lo más banal e innecesario, había visto desde joyas, ropa, accesorios, flores y otros tipo de cosas en línea, pero sin duda nada de lo que habia presenciado era lo suficientemente bueno como para mi dulce princesa. Ella merecía el mundo entero, si me lo pidiera, yo mismo se lo conseguiría.

—De acuerdo, me rindo — resoplé agotado derrumbándome en el respaldo de mi asiento frente a la computadora — ¿Por qué es tan difícil conseguir algo digno para ti princesa? — me quejé mirando hacia el techo sin saber que más hacer.

El cumpleaños de Marinette era hoy. Y había pasado una semana buscando el regalo perfecto. Nada me convencía, y hoy en la noche se celebraría su fiesta.

Plagg devoraba su queso a un lado del ordenador sin importarle en lo más mínimo sobre mis problemas amorosos.

—¿Sugieres algo Plagg? — pregunté esperanzado de que aunque sea me diera una pequeña inspiración para conseguirle algo que comprarle a Marinette.

—¿Y a mi que me preguntas? — inquirió aborrecido — ¡Solo regálale algo simple! A ella no le importará mientras venga de ti y bla, bla, bla, todas esas cursilerías que la gente dice — explayó abrazando su porción de Cammembert.

Por un segundo analicé las palabras de mi Kwami y se iluminó en mi cabeza una buena idea.

«Tiene razón, ella es una persona muy dulce, seguro que cualquier cosa que le de ella lo apreciará»

Ya sabía que era lo que tenía que hacer, sonreí y apagué la computadora corriendo hacia el armario, debía buscar algo que me ayudaría a darle a mi princesa, lo que seria el mejor regalo del mundo.

Mi princesa tendría una fiesta inspirada en los súper héroes ¿no?

Abrí la puerta de mi armario, donde había una pequeña caja alargada. La saqué cuidadosamente abriéndola y observando con una sonrisa su interior.

El traje de Chat Noir. Era el que había usado en el video musical de Clara.

Recordé prontamente la charla que tuve con ella hace unos días.

Flash back...

—Prrrrincesa, ¿Cómo estas ma bella? ¿Estas encantada de verme esta noche?

—Chat, baja de ahí gato tonto, estoy ocupada en algo — me regañó volviendo a su labor.

—Uhh, ¿Acaso es algo relacionado con tu fiesta? — pregunté girando la cabeza en su dirección.

—Pues... en cierta forma — dijo mordisqueando la papa de su lapicero con un atisbo de tristeza.

No pude evitar mirar lo que tenía en sus manos. Era acaso... ¿Una invitación?

La veía con melancolía y suspiraba cada cierto tiempo, haciéndome preguntar el motivo por el que mi princesa estaba tan triste y pensativa. Su cumpleaños estaba cerca, eso debía ponerla contenta ¿no?

—¿Que es lo que agobia los pensamientos de tan hermosa dama? ¿Es acaso se debe a ese chico misterioso? — pregunté.

Ella suspiró echando su cabeza para atrás.

—No es eso, es solo que... invité un amigo mío a la fiesta y... al parecer no vendrá — declaró deprimida recargando los codos en la mesa.

—¿Miua? ¿Por qué se perdería tu amigo esa felinomenal fiesta en tu honor?

—Es una persona muy ocupada Chat — explicó de repente — la verdad, no esperaba de todas formas que Adrien viniera a mi cumpleaños.

Casi me voy de espaldas de no ser porque me recompuse de inmediato y carraspeé.

—¿Adrien? ¿Adrien Agreste? — pregunté haciéndome el desentendido.

—Si, Adrien. Es mi amigo, y esperaba que estuviera conmigo ese día... será el último cumpleaños que pase con él después de la fiesta de graduación — dijo con un suspiro de tristeza.

«Maldición... odio verla triste»

La rodeé con mis brazos y olfateé disimuladamente sus suaves cabellos tratando de sin palabras hacerle saber que yo estaba con ella, y que podría siempre contar conmigo para lo que sea.

—Lo siento mucho, princesa...

—Descuida Chat — consoló — no es culpa de nadie, esta ocupado. Al menos me hubiera gustado que tu estuvieses ahí conmigo.

—¿A mi? — pregunté con sorpresa.

Ella asintió con la cabeza estirando una sonrisa sincera.

—Eres mi amigo también ¿no?

Amigo... como odiaba esa palabra.

—Si, lo soy princesa. — contesté abatido bajando un poco los hombros. No dejé ver mi desilusión por obvias razones.

Ella abrazó mis brazos que la rodeaban y soltó un corto suspiro mirando hacia arriba.

—Entonces que Chat... ¿Irías a mi cumpleaños? — cuestionó con ojos brillantes.

—Si pudiera lo haría, princesa. Pero ya sabes — me encogí de hombros derrotados — los héroes no podemos tomarnos un descanso, por más pequeños que sea — contesté.

Su mirada perdió brillo y sus sonrisa se desvaneció haciendo una mueca de tristeza.

—Ohh, entiendo — respondió — pues, te veré entonces después de la fiesta — trato de sonar animada.

Me sentí mal por desilusionarla de esa forma, pero no podía hacer nada para cambiar las cosas... ¿O si?

Fin del Flashback...

Pues si quería súper héroes.

Coloqué las orejas falsas sobre mi cabeza mirándome al espejo, dándole un guiño a mi propio reflejo satisfecho.

Los tendría.

~Marinette~

Ya todos estaban llegando. Solo era cuestión de tiempo para que el salón del hotel se llenara.

Mis manos sudaban a través de los guantes de tela y tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no quitármelos y arruinar por completo el vestuario, pero finalmente me acostumbre a que mis manos estuvieran apresadas por la tela. En cualquier momento me los quitaría.

Sonreí mirando la tela vaporosa del vestido y como este formaba pequeños pliegues al moverme. Era en cierto modo entretenido.

—¡Nieta! — un sorpresivo abrazo por detrás hizo que me sorprendiera y a la vez me atorara con mi propio aire. Al reparar quien estaba detrás de mi ahogándome con un abrazo, no pude evitar reír y soltarme suavemente de su agarre para saludarlo como era debido.

—¡Abuelo! ¡Me alegra tanto que estés aquí! — lo abracé por los hombros con fuerza transmitiéndole una cálida respuesta devuelta en su abrazo.

—¡Tonterías! Jamás podría faltar al cumpleaños de mi única y adorada nieta — dijo esbozando una sonrisa. Lleva puesto un smoking negro con una pajarita color azul rey, me sorprendió ver que traía puesto ropa de gala, creí que vendría con uno de sus... antiguos trajes.

Reí nerviosamente por su respuesta efusiva. Era bueno saber que ya no estaba tan arraigado con hacer que París vuelva a ser la tradicional.

—Mi dulce nieta, te he traído un regalo muy especial para tu cumpleaños número diecisiete — comenzó diciendo — ¡Charlotte, Marie-Louise, Margarette! — le gritó a sus ratones, que salieron de los bolsillos de su traje arrastrando una pequeña caja alargada color rosa adornado con bolitas plateadas. La depositaron en mi mano con cuidado y volvieron a esconderse en las ropas de mi abuelo.

—Espero te guste, era de tu tátara-abuela.

Abrí la pequeña caja curiosa y quedé maravillada al escuchar un hermoso sonido que comenzó a emitirse después de abrirla por completo. Una pequeña bailarina comenzó a girar acorde a la música haciendo que el mundo se detenga por completo.

—¡E-Es... u-un regalo precioso, abuelo! — cerré con cuidado la cajita y abracé con fuerza al hombre que me había dado el obsequio.

—Me alegra tanto que te guste.— confesó casi llorando apartándose de mi con parsimonia —No será nada moderno, pero va con tu personalidad dulce y amable. ¡Mi pequeña nieta esta creciendo! — en este momento no supe que hacer al verlo llorar dramáticamente de esa forma. Miré nerviosa para todos los lados tratando de que no se viera tan extraño el asunto de mi abuelo llorando a lágrima viva.

—A-Abuelo, tranquilo... p-porqué no van con papá a vigilar los aperitivos — sugerí rápidamente — pude escuchar que planeaba ponerles aceitunas a las tartaletas.

En el mismo instante en el que mencione la comida, dejo de llorar para hacer ver un semblante decidido y enojado.

—¡Aceitunas en las tartaletas! ¡Sobre mi cadáver! — sin más corrió directo a la cocina en busca de mi padre y las falsas tartaletas con aceituna.

Suspiré aliviada sosteniendo la pequeña cajita de música en mis manos. A Tikki le gustaría mucho.

—¡Marinetta!

Me giré contenta al escuchar esa voz madura y llena de vida.

—¡Abuela Gina! — la abracé con energía sin dejar caer la caja de música de mis manos. Estaba feliz de verla luego de tanto tiempo viajando.

—¡Mi ángel! Has crecido tanto. — contestó conmovida limpiando una pequeña lagrimita que se asomo por sus ojos — Parece que fue ayer cuando a penas te llevaba al carrusel — sonrió recordando aquellas épocas donde ella y yo la pasábamos increíble en el parque de diversiones y el zoológico, era y sigue siendo la abuela más genial de todas — ¿Te gustó el regalo que te envié en la última carta? — preguntó sosteniendo mis manos entre las suyas.

—¡Si! No lo podía creer cuando lo vi ¡Boletos para una excursión en África! Fue uno de los mejores regalos que he recibido abuela!

—Mi dulzura, te prometí que trataría de dejar atrás los carruseles y las ruedas de la fortuna, tuve que aceptar algo tarde que ya has crecido ma petit ange — acarició mi mejilla.

—Aww, abuela — me enterneció tanto el timbre de su voz que no me contuve de abrazarla cuidando de que no se me escaparan las lágrimas de mis ojos. — no importa cuanto crezca, siempre tendré lugar para ti y una buena vuelta en el carrusel — aseguré guiñándole un ojo de manera cómplice.

La observé sonreír y dejar un beso en mi frente para avanzar hacia la pista de baile a charlar con el resto de los invitados que ya habían tomado sus puestos en diferentes mesas o estaban de pie frente a la mesa de bocadillos.

Observé la charola repleta de Croissants y no pude evitar pensar en Chat, el ama los Croissants.

«Me gustaría que estuviese aquí»

Me abracé a mi misma tratando de darme ánimos y cuando menos lo espere, sentí como alguien me llamaba desde la entrada con emoción instalada en su voz, solo había una persona capaz de llamarme con ese tipo de entusiasmo.

—¡Marinette! — dimos vueltas en un gran abrazo chillando emocionadas al encontrarnos y nos miramos la una a la otra con asombro. ¡Alya estaba preciosa! Su piel morena destacaba a la perfección con ese vestido de gala color verde y la máscara que traía puesta era del mismo color haciéndole honor a "Carapace". Y detrás de ella venía Nino, con una máscara naranja con blanco y toques de negro... sin duda vinculado con "Rena Rouge".

—¡Chicos! ¡Me da gusto tenerlos aquí! — exclamé — sus máscaras y sus vestuarios son en serio fabulosos — explayé agitando las manos para darle más énfasis.

Ambos se soltaron a reír y me abrazaron cada uno por su lado deseándome un feliz cumpleaños y luego se unieron los dos en un abrazo irrompible como la hermosa pareja que eran.

—Marinette tu vestido esta en serio increíble — recalcó y lo escaneó de manera rápida para levantar el mentón y sonreírme de manera traviesa.

—Adivino... ¿Otra de tus magníficas creaciones? — cuestionó.

—Acertaste — sonreí altiva dando un par de vueltas para que apreciara la tela brillante resplandecer bajo las luces del hotel.

—Valió la pena la espera... jamás me dejaste echarle un vistazo, y ahora que lo veo... ¡Es lo más hermoso que he visto!

—Simples exageraciones tuyas Alya — dije agitando mi mano restándole importancia.

—¡Por favor chica! ¿Exageraciones?

Iba a iniciar una lucha verbal a cerca de que era solo un diseño simple y normal, pero de pronto a Nino se le ocurrió la "fantástica" idea de llevarse a Alya a un lugar más apartado antes de que diera inicio a la música, y también para saludar a todos mis compañeros de la clase. Ya todos habían llegado, muchos vinieron a felicitarme y se alejaron para conversar entre ellos o fueron a atacar la mesa de los aperitivos... Kim, la mayor parte.

Suspiré mirando la máscara que tenía lugar ahora en mis manos. No había querido ponérmela aún hasta que llegaran todos, y una vez que calculé de manera rápida que todos estaban en el salón, procedí a colocármela, cuidando que mi peinado no se deshiciera una vez que amarré el listón detrás de mi cabeza.

Sentí tanta familiaridad al estar con la máscara puesta. Era como si fuera una persona distinta, pero mi valentía seguía por los suelos, puesto que el traje no era precisamente el de una súper heroína. Era como si mi cuerpo y mi cara estuvieran divididos en dos partes diferentes. Aún así me sentía conforme.

Miré con melancolía las parejas que bailaban una tonada invisible y otras que reían en los brazos de sus parejas ajenos a cualquier problema o preocupación.

Mi ánimo estaba decayendo poco a poco al recordar que los dos chicos más importantes de mi vida, no estaban aquí conmigo.

El salón estaba repleto de gente, casi no podía distinguir rostros conocidos, todos llevaban puesta una máscara referente a los héroes, pero no era complicado distinguir quien era quién debido a sus trajes y la manera de hablar.

Todo parecía marchar en orden... hasta que mi visión fue captada por un individuo que entraba sin preocupaciones al hotel y se acercaba a paso acelerado hacia a mi. Caminando con elegancia y parsimonia. Llevaba puesta una máscara negra y unas orejas falsas del mismo col9r en su cabeza, el smoking negro era resaltado por la divertida corbata verde neón que colgaba de su cuello.

Esa sonrisa.

«No puede ser...»

Miré hacia el frente anonada, la respiración se cortó y mis latidos cardiacos se redujeron por un instante para luego latir con un mayor ritmo cardiaco como una carrera frenética.

¿Esto era real?

—¿C-Chat?

—El mismo que viste y calza, princesa — reveló con una sonrisa ladeada inclinándose para besar mi mano como solía hacer.

Tardé extensos minutos en procesar el hecho de que Chat Noir estaba ahora mismo frente a mi, besando mi mano a través de los guantes de tela y el calor de su mano envolviendo la mía. Había quedado en un shock temporal.

La música dió inicio dándole paso a que Chat me acercara a él con rapidez pasando un brazo por mi cintura y prontamente desplazarnos por el salón al ritmo del vals, notando como los ojos curiosos de las personas se fijaban en como ambos nos complementábamos con cada paso que dábamos. Aún no terminaba de digerir el hecho de que Chat Noir estuviera aquí, en mi fiesta y vestido así, como un civíl normal, su máscara color negro haciendo referencia a si mismo con la temática de súper héroe, con la diferencia de que sus ojos con forma de gato, ahora lucían normales, como los de una persona común y corriente en lugar de sus pupilas alargadas y esas escleróticas color verde neón.

Mi escaneo se vio interrumpido por un corto giro que me hizo dar Chat cuando estuvimos más o menos en el centro de la pista. En toda la danza no había tenido la oportunidad de hablar con él pese a haberme quitado el habla ante su inesperada aparición.

—Chat tú... ¿Como? ¿Cómo es que tú...?

—¿En serio pensaste que me perdería la fiesta de cumpleaños de mi princesa? — inquirió falsamente indignado — no podía faltar — me hizo dar un nuevo giro reteniéndome en sus brazos sobre su torso quedando nuestros pechos juntos — una fiesta sin Chat Noir, no puede ser una fiesta — bromeó.

Rodé los ojos al confirmar que definitivamente era Chat Noir y no otra persona haciéndose pasar por él, conocía ese sentido del humor y ese amor por si mismo.

—Nunca pensé que fueras a venir — argumenté quedando nuevamente presa en sus brazos cuando se colocó detrás de mi para un nuevo paso de la canción.

—En ese caso, lamento decirte que no me conoces tan bien como creía princesa — se mofó.

—¿Cómo conseguiste pasar desapercibido? — inquirí en un susurro.

—Soy muy bueno para camuflarme entre el gentío, sobre todo en las noches — agregó — por la sorpresa inicial que tuviste al inicio, no tuve la oportunidad de decirte que estas arrebatadoramente hermosa esta noche ma bella, pareces una verdadera princesa de cuento — continuó — lo único que cambia es que... tu eres más bella que cualquier otra princesa — bisbiseó en mi oído una vez que se acercó a mi lo suficiente.

—Y-Ya para Chat, llamarás más la atención — repliqué asustada separándome un poco de su rostro y mirando como todos nos observaban entretenidos nuestra pieza musical, solo habíamos estado unos minutos bailando, pero parecía que lo habíamos estado haciendo una eternidad. Temía que descubrieran que en realidad era el verdadero Chat Noir, pero era algo imposible, sabia que era yo tratando de formular una excusa válida para mi mente, la presencia de Chat aquí hacia que mis sentimientos burbujearan y casi surgieran en una explosión. Era muy mala disimulando.

—¿Preocupada, ma douce?

—¡P-Pues claro que si! E-Estamos en pleno salón con todos observándonos, podrían sospechar — mascullé con preocupación.

Él se rió presionando su mejilla contra mi cabeza y me abrazó sin dejar de bailar, mi cabeza quedó pegada a su pecho y pude escuchar el eco de su risa contra mi.

—La gente de aquí solo cree que soy un invitado más — explicó sin dificultad alguna — jamás creerían que en realidad es Chat Noir el que esta bailando contigo ma bella.

—A-Aún así... trata de no ser tan... ya sabes... tú — hablé torpemente.

—Pero si no soy yo... entonces no sería Chat Noir, princess — alardeó siguiendo la suave melodía de la canción.

Su coqueteo no hizo más que aumentar mi nerviosismo y hacer que quiera desviar la mirada de sus claros y brillantes ojos verdes. Ahora que lo notaba, sus ojos no tenían las características escleróticas verde neón que su disfraz le otorgaba, nunca había tenido la oportunidad de observar detenidamente sus ojos, eran... hermosos.

—Chat — rezongué — solo actúa normal por esta noche — lo regañé evitando mirar sus ojos más de la cuenta y evitando tener ciertos pensamientos.

~Adrien~

—Bueno, si eso es lo que mi princesa desea, lo haré... — murmuré sonriente.

—Apropósito, ¿Qué tal has pasado tu cumpleaños hasta ahora? — pregunté y la hice girar haciendo que su vestido girase con ella dándole un aire divino a su persona, aproveché la cercanía que tenía con mi hermosa acompañante para estrecharla más a mi, y sentir como esos suaves y firmes pechos se aplastaban contra el mío.

Ella acercó sus dos brazos a mi cuello y se aferró a él mientras yo entrelazaba una de mis manos con la ella y con la otra tomé posesión de su cintura para guiarla en el baile, sintiendo un fuerte escalofrío placentero recorrer cada fibra de mi cuerpo y el como mis hormonas se alborotaban aún más. Tenía suerte de que pudiera mantener el control a raya.

—Pues la verdad, la he pasado increíble — contestó mi princesa pasando sus brazos por mi cuello nuevamente después de otro giro. — vinieron mi abuelo, mi abuela y mi tío Cheng... él se encargó de la comida, preparó la sopa a la que le puso mi nombre — rió dulcemente.

—Mmm... interesante — pronuncié deslizando mi mano por su cintura acariciando la suave curvatura por encima de la tela.

Nos acercamos el uno al otro sin decir una palabra, solo mirándonos a los ojos y hablando con nuestras miradas conectadas como si conversáramos por telepatía.

Empezaba a sentirme ansioso. Bailar una pieza con ella era una de las tantas cosas que quería hacer con mi Princesa.

Ella acarició mi cabello alborotándolo, enredando sus finos dedos cubiertos por los guantes con una mano, y sujetándose fuerte con la otra de mi hombro sin romper el contacto entre nuestras miradas. La música pasó de una lenta a una más alegre, que invitó a todos presentes en la pista a bailar de manera alocada y bulliciosa.

Con tanta gente distraída tomando su lugar en la pista de baile, no tenían la menor idea de lo que pasaba a su alrededor. Aso que supuse que ya era tiempo.

Era momento de darle su regalo a mi princesa.

Totalmente decidido, me acerque al rostro de mi bella acompañante haciendo chocar mi aliento contra su mejilla.

—Ven conmigo. — susurré en su oído para luego incorporarnos de la pieza musical y tomar su brazo con delicadeza.

Sonreí ladinamente jalando su delicada mano y manteniéndola junto a mi en todo momento para salir de la pista de baile de manera discreta.

Seguí con mis pasos hasta subir las escaleras del hotel, todas las personas usaban el ascensor en lugar de la escalera, así no llamaríamos tanto la atención.

Marinette me preguntó a donde nos dirigíamos, y yo solo podía reír ante lo desesperada que se veía por saber la dirección a donde nos dirigíamos.

—Solo sígueme y no hagas preguntas chérie — murmuré llegando hasta una habitación en específico. La había reservado en la tarde, después de haber conseguido el smoking y la máscara, nada complicado.

Abrí la puerta y la hice entrar para cerrar la puerta detrás de nosotros echando el pestillo. La habitación estaba en penumbras y solo podía distinguir con dificultad el bello rostro de Marinette cubierto por aquella máscara color rosa.

La retiré lentamente dejando a su paso la suave piel que acaricié con adoración bajando por su mentón y acercando mi rostro al suyo de manera lenta.

La joven frente a mi tembló y observo la habitación algo confundida y nerviosa por la situación.

—C-Chat, ¿Qué hacemos aquí? ¿P-Por qué...?

Hice todo lo que pude para evitar abalanzarme sobre ella como un animal cazando a su presa, solo me limité a pasar las yemas de mis dedos por el contorno de sus labios y finalmente apresarlos con los míos de una manera sorpresiva, acallando sus palabras y preguntas innecesarias.

Los firmes labios se movieron lento y sin prisa alguna, saboreando lentamente el dulzor de su saliva y la suavidad de su boca contra la mía. Era maravilloso.

Cuando nuestros pulmones exigieron aire, me separé lentamente haciendo un sonido sordo al separar nuestros labios.

Acaricié el contorno de su faz retirando los pocos cabellos que se habían desparramado por su frente y observé esos ojos azules claros y limpios vaciar mi alma por completo.

—Quiero que esta noche sea inolvidable para ambos — declaré juntando nuestros torsos y soltando sin cuidado alguno la máscara que antes portaba mi princesa

—¿C-Cómo? — inquirió confundida mi pequeña con un atisbo de sorpresa instalado en sus orbes celestes.

Di un casto beso a sus labios color cereza y junté su frente con la mía aspirando el perfume floral de su cabello y el dulce aroma a vainilla de su piel.

—Se mía, Marinette...

No me importaba si me tachaba de loco, si tenía que humillarme y rogar de rodillas que fuera mía por esa noche y por las del resto de mi vida... mi corazón ya había decidido, y Marinette era la razón por la que mi ser interior sigue vivo a pesar de la mierda que era mi vida.

En mi menté, solo podía imaginarme con una persona, y esa era mi princesa. La misma frase atormentó mi cerebro constantemente en una plegaria silenciosa.

«Di que si, por favor... princesa»

...

¡Hola a todos de nuevo! Me alegra estar de vuelta otra vez.

Solo tengo una cosa que decirles a todos ustedes mis fieles lectores...

¡GRACIAS!

Gracias a:

natsuri1416, Moon-9215, sonrais777, Karen Agreste, andres.tenorio.arriola, Rebeca.sz, reika Kagene, laurenlmprincess, TheBlackat, Sou y manu...

Se los juro, lloré con sus comentarios al leerlos... es increíble como unas cuantas palabras pueden mejorar el ánimo de uno. No paré de sonreír luego de que se me salieron un par de lágrimas de felicidad.

Recibir el apoyo incondicional de tus lectores es lo mejor que una escritora podría pedir. En serio les agradezco mucho su preocupación... por sus comentarios, su apoyo, y sus palabras de ánimo. Funcionaron a la perfección... ¡Son los mejores!

Espero que como yo, hayan disfrutado de este capítulo... se me fue mucho tiempo pero logré terminarlo al fin.

¡Un beso muy grande a todos y los amo un montón!

¡Bye, bye!