Alraune

[Dohko x Queen]

A la media noche, cruzando el puente del río, junto al viejo remolino verás una bella y gigante flor. Querrás tocarla por su vanidad y su belleza, pero si lo haces hallarás una muerte segura, porque según cuenta la leyenda: Un día un hombre acudió a una bruja, y le pidió desde el fondo de su corazón que hiciera aparecer una bella flor para regalarla a su próximo amor.

La bruja por primera vez, concedió su deseo, e hizo brotar del suelo una flor pequeña y hermosa que deslumbraría a cualquiera que la viese.

Pero al ver la bruja que el hombre no le había agradecido sus servicios lanzó una maldición.

No has de ser digno de ningún tipo de favor. Tu desinterés en mis acciones te condenó a la perdición, ahora habrás de quedarte aquí a devorar a cada hombre que veas pasar, hasta que en alguno de ellos veas la bondad que en ti nunca habrá. Sólo entonces, esta maldición desaparecerá, y ahora te condeno a la inmortalidad.

Tal como dijo la bruja, al tocarla, este en la flor se convirtió; de su cuerpo salieron raíces, pétalos y hojas gigantes, la planta creció a una velocidad anormal, extendiendo sus raíces casi por todo el lugar, levantándolo lejos del suelo, que tal vez jamás podría tocar de nuevo.

Desde entonces se dice que nadie ha visitado el lugar en años, pues la bruja divulgó esta maldición en el pueblo cercano, para evitar la salvación del Alraune como le habían llamado.

Con la ausencia de los hombres en el río, este fue creciendo hasta ahogar el puente y dejar olvidada aquella parte. Pasaron años y años, pero él no podría morir.

Los hombres que no conocían su existencia desapercibidos eran consumidos por él sin piedad, aunque ninguno pudo liberarlo de su maldad.

Un día de las lejanas tierras de occidente llegó al molino un viajero, que al darse cuenta de la enorme flor quiso tocarla enseguida. Pero al saber ya de su peligro fue más astuto que los otros.

Alraune Queen. Llamó, y escuchando una risa macabra retrocedió. Aquella planta malévola dejó ver a una joven de atractiva apariencia. Sus grandes ojos eran de un profundo color violeta, su cabello rosado como las flores de primavera, y aunque su cuerpo se conformaba de hojas la encontró tan hermosa que un alago le ofreció.

Alraune rió de nuevo, esta vez sin contenerse. —Yo no soy una doncella, pero tu alago me ha enamorado.—No mintió, pero debía saciar su hambre, así que lo tomó entre sus brazos, y le dio un beso en los labios, acariciando su cuerpo para consumir el elixir de su miembro viril, el cual succionó dándole al otro placer; al verle desconcertado preparó su ataque para comérselo de una vez, pero antes de hacer movimiento alguno sus propias toxinas lo asesinaron.

—Ahora te he liberado. —Y escuchando aquellas palabras sonrió cayendo en sus brazos, entregándole una pequeña flor. Las raíces venenosas desaparecieron pronto, así como lo hizo Dohko.