Blue

[Minos x Albafica]

Salgo de la piscina y me siento extraño, perdido, o tal vez muy solo. Miro a mi alrededor y nada me parece conocido. La servidumbre limpia la casa, pero me levanto y a duras penas los detengo, me miran con asombro, ¿es tan difícil explicarlo?

Sonrió mirando el suelo y les pido que se marchen; sólo consigo mi objetivo cuando les aseguro que estoy bien.

Qué mentira.

Suspiro y cierro los ojos, intentando relajarme, siento una euforia interna, un nerviosismo desconocido para mí hasta ahora. Subo las escaleras, entro a mi habitación y un terrible escalofrío me recorre el cuerpo entero. Los tres cabellos han desaparecido.

Me arrojo hacia la cama, buscando entre las sábanas, arrodillado frente a la misma. Nunca los encuentro, y mi nerviosismo surge.

Me acuesto.

La garganta se me escoce, y la luz del sol por más buenos días que me desee, sólo logra quemar enteramente mis sentidos. Ya no duermo, me siento despierto, pero mi cuerpo no lo resiente. Estoy mareado, sin embargo me quedo acostado.

Un momento. Ruido.

Mis manos tocan la madera de las ventanas casi temblando, y mis ojos sólo ven una silueta imaginaria. Ha sido una fantasía.

Pasan días. Pasa la noche, las tardes, más oscuras de lo que antes parecían. Y la sensación de agua salada en mi boca nunca va a desaparecer.

Aunque de alguna manera se siente bien, es como estar junto a él.

Han pasado cuatro noches desde su desaparición. Son las diez, la hora a la que siempre solía visitarme, pero claro, ahora ya no lo hace.

Y escucho de nuevo ese sonido imaginario que he escuchado desde ese entonces. Torturado, y sólo para verificar y asegurarme de que cada día estoy más loco me asomo a la ventana. Y no lo creo.

¡Es él!, ¡ha vuelto! —Tú. —Se me escapa un susurro.

Ahí en la piscina me sonríe, pero pronto desaparece. Me alarmo, pero antes de entrar en un ataque de pánico siento sus brazos rodear mi cintura y su barbilla se recarga en mi hombro.

No espero un segundo movimiento; me volteo, lo beso y lo abrazo, él sonríe de nuevo, sobando mi espalda, cerrando los ojos.

—Quédate, hoy y siempre.

—El llamado del mar será más fuerte que yo, y lo lamentarás.

— ¿Es eso lo que querías la última vez? —Mi mano alcanzó a rozar su mejilla, antes de verlo desaparecer una vez más. Miro a mi alrededor, y oh sorpresa, en el mar siento su presencia.

Voy escaleras abajo; mi ansiedad me impide pensar con claridad, pero cada vez lo veo más cerca de mí.

Es una trampa, la trampa de una sirena, y no sé a qué me llevará eso, pero quiero averiguarlo. Me adentro en las aguas violentas hasta alcanzar su mano. Se sorprende de mis precipitadas acciones.

Cuando ya no aguanto la respiración me besa, hundiéndome con él a las profundidades; veo rostros por todas partes, ya no siento piernas, solo una cola que barre las fuertes corrientes. Respiro bajo el agua.