Winter
[Manigoldo x Thanatos]
Mi corazón traicionero late, late y ante ti me deja en evidencia, ante ti que inmediatamente volteas y me miras con esos ojos plateados que adornan tu níveo rostro.
Te acercas y acaricias mi mejilla, con esa sonrisa gentil que pocos saben posees; te amo, aunque nunca seré capaz de decírtelo, eres mágico y eres inalcanzable.
No basta con verte, con tenerte cerca, con poder tocarte apenas unos segundos. No sé porqué, pero necesito más de ti, y me siento tan culpable por eso. Te adoro, te venero, venero a la muerte.
¡No! ¡Espera! No te alejes, ¿no ves que eres lo único por lo que vivo? Eres mío, mío y de nadie más.
Te tomo por la cintura, y no te suelto, pero eso parece no importarte, pues no te apartas, ni dices nada. Sonríes de nuevo y miras a la nada. Nos quedamos ahí, de pie y en silencio.
Estar tan cerca de ti me hace sentir reconfortado, eres un ángel que sin razón aparente ha bajado del cielo. Tus alas permanecen cerradas, tal vez no quieres dañarme, te he visto volar por los cielos, y sé que son fuertes, pero no me importaría que las extendieras, son tan hermosas.
Me encantaría volar contigo, pero no puedo obligarte a hacerlo, nunca me lo has propuesto, ¿será que a ti no te importo? ¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Acaso te lo han prohibido?
Me odio por pensar todo esto, ¡es que te amo! Nadie podría entenderlo.
Me sacas de mis insanos pensamientos pasando tus manos sobre mis brazos aún enroscados, recorriéndolos suavemente como si fuera una caricia apasionada. Lo siento, no puedo evitar sentir morbo por ti, soy un humano sucio y te deseo, tanto que me atrevo a acariciar tu espalda con las yemas de mis dedos, provocando un temblor en tu cuerpo.
Eres un sueño, un ser precioso que me llevará a la locura, a la perdición, eres el ángel de la muerte, pero eres mío.
Percibes mis intenciones, lees mi mente, en tus ojos veo temor y te alejas una vez más. No quiero alarmarte, así que me quedo en mi lugar, observándote mientras te asomas por la ventana. Es invierno, y la nieve cae sobre este desconocido pueblo. Gracias a él te he conocido, mi querido ángel.
Con tus dedos tocas el cristal, y recorres las paredes de ladrillo como si todo fuese desconocido.
Sonrío y me siento en el sofá, entonces el peso de los años vuelve y con él mi soledad. Me siento tan ligero y purificado sólo cuando estás conmigo. Pero aún puedo ver tu reflejo en la ventana, sonriendo para mí con todo ese divino esplendor.
¿Regresarás? Es la pregunta que nunca saldrá de mis labios, pero que seguramente has de saber.
Soy uno más y lo sé, un alma más para él, una criatura sin importancia que llevará tarde o temprano al otro mundo, o quién sabe, tal vez me lleve consigo, para que acompañe eternamente, a mi ángel de la muerte.
