Magic book

[Dégel x Kardia]

Con la punta de sus dedos acarició el lomo del grueso volumen, contrariado, sintiendo de nuevo la placentera sensación que se extendía por su cuerpo cada vez que se le ocurría hacerlo, siguió el trayecto titubeante hasta llegar a la pasta y juró sentir el material removerse a su toque.

Estúpido.

Se sintió increíblemente ridículo y estúpido de sólo pensar en sus acciones…así como excitado.

Su pasión por la lectura siempre lo llevaba a descubrir mundos interesantes dentro de los libros, se enternecía, alegraba e incluso lloraba al leer esos panoramas llenos de vida, de melancolía y un sinfín de escenarios cargados de sentimientos, pero este libro lo hacía derretirse en su asiento de sólo rozarle, este libro le carcomía en ansias de sólo mirarlo, este libro que no tenía nombre, que no había siquiera logrado abrirlo, puesto que su contenido se encontraba celosamente privado de su lectura debido a un hermoso candado de cobre con forma de escorpión.

Encontró su reliquia en una estantería al fondo de la biblioteca que solía frecuentar, llamó su atención la singular apariencia del objeto que contrastaba con los demás, enamorado de su inusual color azul índigo, así como del candado de cobre que resguardaba sus hojas color capucchino, obvio es, que optó por sacarlo del estante, pues empolvándose como estaba no llenaría de su conocimiento a nadie.

Nunca se sintió tan satisfecho de tomar una decisión.

Ahora véasele aquí, con las manos a los costados del libro misterioso, sintiendo la urgencia de seguir con su tarea anterior, de poseer el texto, de abrir el condenado candado que lo mantenía alejado de sus secretos. Y tal como si aquel lo hubiese escuchado estremeció en un contacto sus finas páginas y así de paso tentó los dedos de Dégel a continuar su recorrido, su mente le advirtió por unos segundos antes de nublarse de placer, aquello estaba consumiendo sus noches enteras, desesperándose debajo de su antifaz de negligencia, y retomó, retomó con la misma suavidad de antes las caricias que martirizaban su conciencia y lo arrojaban al delirio. Giró con extremo cuidado el libro sin nombre, examinando cual amante lascivo sus extremidades cubiertas de cuero extrañamente teñido de rojo, un rojo escarlata precioso, dando una apariencia descuidada y elegante al paradójico objeto.

Paradoja. Decían que no se podía excitar con la lectura, y de ser así sería algo vulgar y poco ético, sonrió de éxtasis pues él acababa de violentar las leyes.

Libertad. Se la otorgaba el libro sin nombre sin siquiera pronunciar o saberse del mismo palabras que leer a la luz de la vela.

Vergüenza, sintió eso y más cuando recriminó al objeto inanimado en silencio, por no obtener de este las caricias que él siempre le brindaba con tanto estupor, al no ser capaz de comprender lo que pasaba entre ellos. Volvió las manos por unos instantes a la pasta derrotado por sus pensamientos, recorriendo con vista anonadada el nombre grabado a fuego que había aparecido de la nada.

Una vez sus dedos tocaron aquella nueva zona, un latigazo de calor recorrió su espalda, dándole paso al clímax que necesitaba, mientras el interior de Kardia se sacudía por una ráfaga de frío.