The 100: Sky people
Capítulo 2: No estamos solos
Tomé otra piedra –esta vez más grande- y sin pensarlo a sabiendas de que perdería ante aquel sujeto de mayores proporciones que yo, me le lancé. Me recibió y sin problemas me levantó en el aire tirándome sin problema alguno. No me consideraba una amenaza pues se acercó a Jasper como si yo no hubiera intentado lastimarlo hacía unos momentos.
-¡Ey! –aunque mi voz salió temblorosa busqué que con el tono saliera fuerte y demandante. Apenas y se giró. Sacó su cuchillo, lo que seguía no era ningún misterio y sin saber nada más tomé más impulso y me le subí a la espalda, esta vez asegurándome que la piedra le diera directo en la cabeza. Cosa que funcionó pues al instante soltó su arma y cayó de lado.
Quiso reincorporarse, pero le di otro golpe –no tan mortal- y quedó tendido. Pude haberle hecho daño pero al ver que su rostro y todo él, era humano como nosotros, no pude. Con sangre en las manos y la piedra que lo había dejado inconsciente, me quité de él y me acerqué a Jasper llorando.
-Jasper… -susurré asustada al chico que había bajado por mí y que sin duda le había costado aquello. Éste parecía no estar consciente pues apenas y murmuraba algo. Me encontraba desesperada por ayudarlo pero no sabía cómo, Clarke era quien podía, no yo.
Lo que parecía un cuerno se escuchó a la distancia y miré a mi alrededor esperando lo peor. Solo se escuchaba aquello largo y constante, como si fuera un aviso de algo, y ello me instó a pensar que el peligro aún no pasaba. Y ello lo constaté por dos humanos más que llegaron del otro lado, en lo que parecían dos caballos, salvo que estos eran aún mucho más grandes a lo que en los libros había leído, y más feroces.
Tomé la piedra de nuevo, tratado de cubrir el cuerpo de un Jasper convaleciente ante la llegada de aquellos dos hombres que aunque no tenían el mismo aspecto como al que acababa de lastimar, sí tenían esas miradas hostiles. Era lo único que podía ver debajo de sus rostros cubiertos.
-¡Aléjense! –grité helada sin pensar en que no teníamos posibilidades.
Uno de ellos se bajó –a la orden del otro- y se acercó seguro de sí hacia mí. Retrocedí un poco poniéndome de pie dispuesta a pelear si era necesario. Aunque en una batalla cuerpo a cuerpo me podía defender, pues mi padre me había entrenado bien, parecía que años y años de lo mismo no rendían fruto, era una inútil que se encontraba paralizada de miedo.
-¡Aléjate de él! –grité de nuevo asustada cuando vi que agarró la lanza, provocando que Jasper quedara inconsciente por el dolor. Al ver que éste no me prestaba atención, me le fui tratando de tirarlo, aun así su postura y su fuerza pudieron más pues me tomó de la cintura y me arrojó.
De cuatro patas y con la cabeza dándome vuelta por el ruido que parecía incrementar, quise ponerme de pie, sin embargo, el otro sujeto el cual de manera sigilosa se encontraba bastante cerca de mí, sacó su cuchillo. Cerré los ojos esperando lo peor. Al final solo recibí un leve corte en la mano, consternada y tratando de descifrar lo que había pasado, el sueño me pudo más y lo único que vi fue los ojos del sujeto acercarse a mí. Ojos pardos. Después, oscuridad.
…
El campamento se encontraba en su totalidad movilizado y nervioso por lo que se avecinaba. Aunque el mensaje había sido escueto y el contacto apenas el suficiente, era un hecho. Los del Arca bajaban a la Tierra y no podíamos sentirnos más extasiados. Veríamos a nuestros familiares y ello era motivo de celebración.
Llevábamos todo el día preparando lo necesario, que cuando vimos descender del cielo la nave que nos traía a todos nuestros seres amados, el esfuerzo invertido valía la pena.
Cuando llegamos al punto en donde aterrizaron, mis ojos se fueron presurosos a todos y cada uno de los rostros que salían de la nave. Estaba desesperada pero sabía que todo había salido bien y que ellos, por quienes me había arriesgado bajarían en cualquier momento.
-¡Liv! –El grito de Scott entre la multitud se hizo presente. Tenía mucho tiempo de no verlo y parecía que su crecimiento aceleró en lapso en que pasé encerrada. Detrás de él, Jeremías Strike, mi padre venía en mi búsqueda. Haciendo a un lado las convencionalidades y ante las miradas de algunos, me abrí paso entre la gente dispuesta a llegar a mi familia.
…
El ruido del cuerno que había escuchado momentos antes de perder la conciencia, fue el mismo que me trajo a la realidad. Había despertado y Scott, mi padre y los del Arca bajando eran un simple sueño nada más. Uno de mi torcida mente que se complacía con verme sufrir. Un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas adoloridas y abriendo los ojos para enfrentarme a lo que sea, me encontré con casi una oscuridad total.
Escuché voces en un dialecto que no identifiqué y supe que no me encontraba sola. Me giré aterrada y en lo que mis ojos se acostumbraban, me pude percatar de que los dos sujetos de hacía rato se encontraban sentados no muy lejos de mí. Uno parecía no me prestaba la menor atención, parecía ser el que se había acercado primero a Jasper, el segundo, no apartaba la mirada de mí en ningún momento aun cuando parecía que desarrollaba una conversación con su compañero.
-…no más –los murmullos apenas legibles de Jasper llamaron mi atención, se encontraba recostado en hojas detrás de mí.
Sin pensarlo y olvidando a nuestros captores, me acerqué a él a gatas.
-Jasper… -susurré como pude. Ahora que no había tanta adrenalina en mi cuerpo, todo éste resentía la caída de varios metros de hacía rato.
Mi amigo, totalmente sumido en la inconciencia, parecía balbuceaba. Su pecho, estaba tratado en lo que antes parecía una severa y mortal herida. Aunque se encontraba convaleciente, por su aspecto parecía que iba a vivir. Sin embargo, el dolor, la angustia y el terror me podían más. Me sentía impotente de no poder ayudarlo.
Quise llorar.
-¿Qué le hicieron? –hablé molesta sin importar si ellos me entendían o no. Ahora solo deseaba descargar todo lo que tenía guardado o caería de nuevo colapsada.
Ellos apenas y se inmutaron. Ahora ninguno me miraba.
-¡¿En dónde estamos?! –estos continuaron con lo suyo.
El cuerno aún se escuchaba y a distancia –ahora que veía mejor el entorno- se veía la entrada de la cueva en la que al parecer nos encontrábamos. Intenté vanamente de hablarles pero ellos continuaron con sus labores, como si estuvieran esperando algo.
Yo, sin saber muy bien qué hacer y a sabiendas de que podía propiciar su ira, me paré como pude y mallugada caminé lo mejor que pude a la entrada de la cueva sin hablar ni inmutar mi andar. Si no me querían hacer caso, los provocaría o al menos investigaría el qué nos deparaba.
Conforme me iba acercando, una bruma parecía cubrir toda la entrada. Parecía una especie de humo amarillo. Se encontraba aún a la distancia, en la entrada, pero un olor que me hacía llorar los ojos y la nariz me llegaba hasta donde estaba.
Escuché gritos de nuestros captores pero parecía que tampoco tenían intención de venir por mí, así que no les presté atención. Me tapé la nariz como pude y continué avanzando. Hasta que no estuve bastante cerca de la entrada y de ese extraño humo, fue cuando los llamados se hicieron persistentes.
Al momento justo en que sacaba una de mis manos, un par más me asían de la cintura para arrastrarme hacia atrás bruscamente. Forcejeé para deshacerme del agarre pero no pude. Hasta que no me encontré de nuevo con Jasper fue hasta cuando me soltaron.
Cerca de la fogata y con la mano que había sacado ardiendo, me di cuenta que el sujeto, el de los ojos pardos era el que había ido por mí. Me miró molesto y le regresé la mirada. Sin embargo el dolor pudo más y tuve que mirarme mejor.
-¿Pero qué diablos…? –solté aterrada.
Habían sido solo unas milésimas de segundos apenas los que había sacado mi mano al humo y eso bastó para que parte de mi palma superior adquiriera un asqueroso aspecto. Era como si aceite hirviendo me hubiera caído. Me ardía y parecía que cada vez eso traspasaba mi piel pues seguía quemando de manera profunda.
En cuanto el de los ojos pardos se dio cuenta, en lo que yo juraría fue una maldición en su lenguaje, se hizo de sus cosas y en dos ágiles pasos se encontraba a mi lado. Me tomó la mano aún en contra de mi voluntad y me roció unos polvos que mitigaron el dolor a sobremanera.
Respiré agradecida sin mostrar debilidad. Cuando él vio que ya no puse resistencia, hizo lo propio para curar la herida y posteriormente vendarla.
Cuando acabó me refugié con Jasper y ahí me mantuve en silencio, atenta al cuerno, la bruma y nuestros captores.
Fueron horas de agonía en donde los dos sujetos hicieron lo propio para mantener a mi amigo con vida. Lo hidrataron sin ofrecerme agua o mirarme siquiera, aunque mientras me encargaba de observar la salida, un par de veces pude sentir que me observaban.
Había perdido noción del tiempo, pues varias veces tuve que arreglármelas para ir al baño casi a la entrada, fuera de la vista de aquellos sujetos. Era un infierno, aunque agradecía que a Jasper lo mantuvieran con vida.
Cuando todo terminó, lo que siguió me dejó desconcertada. Y es que, sin darme cuenta había dormitado. Para cuando había despertado, los dos sujetos ya se preparaban para partir. Yo me quedé muda esperando lo peor, pero parece que apenas y repararon en nosotros pues cuando comenzaron a caminar, no se pararon ante mis gritos de ayuda y reproche.
-¿Liv? –alcancé a escuchar a Jasper. Yo me encontraba a mitad de camino de él y los sujetos que ya habían desaparecido de mi vista. Tuve que regresar.
-¿Cómo te sientes? –su aspecto, aunque deteriorado, parecía había mejorado los últimos momentos.
-Me duele todo –tuvo dificultad para ponerse de pie-. ¿En dónde estamos?
-Quisiera poder saberlo…
Le expliqué lo último que recordaba y cómo aquellos dos desconocidos le habían cuidado. Ante sus muestras de incredulidad y con toda la ayuda posible, nos pusimos a paso lento y en marcha para salir de aquella cueva. Si aquellos dos regresaban no queríamos estar ahí, aún si ello significaba arriesgarnos a salir después de lo que habíamos pasado.
-¿Liv, qué es esto? –Jasper soltó tan sorprendido como me encontraba yo.
La cueva de la que recién salíamos, no se encontraba a más de media hora de nuestro improvisado campamento. Conocíamos el lugar y estábamos bastante cerca. Quienes fueran aquellos dos, parecían no ser parte de los que nos habían atacado y al no solo curarlo y mantenernos con vida de la extraña y mortal bruma amarilla, se habían asegurado de dejarnos bastante cerca de nuestro campamento. Prácticamente a salvo.
-¡¿Quién anda ahí?! ¡Identifíquese! –gritó uno de los vigías que teníamos en el campamento, cuyo nombre desconocía.
-¡Soy Liv! ¡Somos amigos! Traigo a Jasper herido… -no hubo oportunidad de decir más, pues al instante se abrieron las puertas para dar paso a un par de chicos que se asomaron con cautela.
En cuanto nos vieron se quedaron petrificados como si estuvieran viendo a un fantasma. Aun cuando nos veían a mí y sobre todo a Jasper en deplorables condiciones, ninguno fue bueno para acercarse a ayudarnos. Como si ello significara contagiarlos de algo maligno.
-¡Están a salvo! –Octavia Blake se abrió camino a empujones para correr hacia nosotros, y sin esperar más se postró del otro lado de Jasper para ayudarme a encaminarlo. Él venía demasiado débil.
Caminamos como pudimos, no fue hasta que casi ingresamos al campamento cuando los que estaban sin enterarse de nuestra presencia, se acercaron a ayudarnos. Los murmullos y cuchicheos no se hicieron esperar, tal parece que no esperaban vernos y nosotros lo supimos.
-Liv… -Jasper pensó lo mismo que yo cuando entre el grupo, no pudimos ver exceptuando a Octavia claro, con los que habíamos salido.
-¿Cómo llegaron aquí? –fue lo primero que escuchamos de Bellamy quien se abrió paso entre los presentes. Aunque se mostraba altanero, no dejé de prever en su actitud asombro y hasta terror, como si en verdad nosotros hubiéramos revivido de entre los muertos.
-No creí que se nos tuviera impedido llegar a nuestro campamento –solté cortante.
-¿Disculpa? –aseveró él colérico-. Ustedes se largan, los emboscan, casi hacen que mi hermana muera y luego de dos días de desaparecidos…
-¿Qué estás diciendo? –preguntó ahora Jasper asustado. Al igual que él, no creía que nos hubiéramos alejado por tanto tiempo-. ¿Dos días? ¿En dónde están los demás? Monty, Finn, Clarke…
-Se largaron a buscarlos en cuanto pudieron regresar. Llevan fuera todo el día –respondió más sosegado Bellamy cuando se acercó y vio las considerables heridas ya tratadas de Jasper, así como nuestro aspecto general.
Yo no sabía cuánto tiempo llevaba sin tomar nada. No sabía si nuestros "salvadores" no tenían suficiente agua, o simplemente no quisieron darme, aun así me deshidrataba. Me costaba mantenerme de pie, necesitaba comida, pero sobre todo agua, sentía las encías y los labios casi sangrar por la resequedad.
-¿Qué les pasó? –a ellos les importaba saber qué había ocurrido y no nuestro bienestar. Los detesté por ello.
No le presté atención y me fui al depósito de agua para tomar cuanto podía. Al final mi cansancio pudo más y caí de rodillas con la mirada expectante de todos ahí. Octavia hizo lo propio para acercar a Jasper y lo ayudó a beber igual.
-¿A qué hora salieron? –le pregunté a la menor de los Blake por los demás.
-Les hice una pregunta –tajó Bellamy demandante, llamado al cual no acudimos ni Jasper ni yo.
-Han salido desde el amanecer, no me han dejado a mí –quiso excusarse pero le sonreí despreocupada. De todos los ahí presentes, era la única que sin pensarlo se había acercado a asistirnos-. Apenas amaneció. También lo hicieron ayer, ni siquiera han podido recuperase de lo que ocurrió… -su rostro se ensombreció.
-¿Cómo lograron salir? –cuestionó Jasper ahora un poco más recuperado luego de haber bebido agua.
-Corrimos solamente, no lograron alcanzarnos. Aun cuando nos separamos creímos que no lo íbamos a lograr, de hecho creímos que ustedes… -bajó el rostro avergonzada-. Monty te vio caer, y a Jasper seguirte, después de eso los dejamos atrás y solo seguimos corriendo. En algún punto se cansaron y regresamos para acá.
Por inercia observé a Jasper. ¿Los habían dejado ir? No lo creímos, y por el bien del campamento esperaba que Bellamy ni los demás tampoco, pues si no, estaríamos perdidos.
-Caí, Jasper fue por mí pero nos alcanzaron. Nos defendimos y huimos. Esa bruma amarillenta que quemaba, nos refugiamos en una cueva, hice todo lo que pude con la herida de Jasper, pero necesito a Clarke para que lo revise.
Mi compañero me miró sin decir una palabra, yo esperaba que me siguiera la corriente y así fue. Bellamy, quien no parecía muy convencido no dijo nada más. No sabíamos si fue por nuestro aspecto o porque al final no le importaba. Yo lo detesté por lo que fuera. Necesitaba a los demás y me preocupaba que estuvieran allá fuera. No estábamos a salvo.
…
Ya era noche y los demás no regresaban. Hasta donde sabíamos por Octavia, Finn, Clarke, Monty y Wells fueron los únicos que se ofrecieron a ir en nuestra búsqueda. Ahora sabía lo que podía esperar y había determinado no confiar en ellos para nada. Total, habían demostrado con creces ser tan cobardes y faltos de criterio, aunado en parte por el "gran líder" Bellamy Blake.
Preparaba mis pertenencias, aunque me sentía no del todo bien, si ellos no regresaban yo misma iría a buscarlo. Con la presencia de no solo los salvajes que nos atacaron, sino los que nos salvaron, de alguna manera me hacían sentir segura. No estaba del todo desprotegida y ello me daba fuerzas para salir por aquellos quienes ahora mismo arriesgaban sus vidas por buscarnos.
-¿Estás segura de esto? Es noche y será más difícil, además ellos no están solos.
-Eso no lo sabemos, Octavia –le sonreí. Era increíble el cariño que le podías coger a alguien en tan solo unos días, aunque quizá era más el hecho de que me recordaba a Scott-. Cuida de él…
-Debes hablar con Bellamy sobre esto –le había contado todo lo que Jasper y yo pasamos, pero solo a ella porque de todos ahí era quien lo merecía.
-No hará ninguna diferencia. El que tengamos a amigos afuera no significa nada, más cuando a tu hermano le valemos un reverendo sorbete.
-Él no es así, además no diría que fueron amigos esos sujetos.
-Nos salvaron de la bruma. Salvaron la vida de Jasper.
-Y quién no garantiza que ellos mismos lo hayan hecho y el ayudarlos solo sea una táctica para que bajemos la guardia.
Ciertamente no descartaba eso. De hecho, Jasper y yo nos llegamos a plantear que nos dejaron ahí para seguirnos y conocer nuestra ubicación. Sin embargo ello era muy poco probable, ahí mismo nos hubieran matado, o nos hubieran tomado de rehenes. O ya sabríamos de ellos.
Lo más aterrador era que ellos saben de nuestra ubicación y por ello nos habían dejado cerca.
Amigos o no, conocían de nosotros y aunque Jasper y yo habíamos corrido con suerte, no estaba segura que ello se repetiría. Bien aquello podría haber sido una advertencia, un llamado para dejarnos en claro que estaban cerca y no solo eso, que además de conocer nuestra ubicación, tenían el poder de quebrarnos en cualquier momento.
Al instante temí por todos nosotros y deseé con todo mi corazón que los del Arca estuvieran por acá. Ellos sabrían qué hacer. Nosotros no. Ahora, como prueba de ello, me internaría en lo desconocido por encontrar a quienes se habían arriesgado por nosotros.
Debía encontrarlos. Tenía que encontrarlos y contarles todo. Porque si no, ellos los encontrarían primero y de ser así, estaríamos más perdidos que nunca.
No estábamos solos, y el hecho de dejárnoslo en claro hacía todo más aterrador. Con o sin amigos, nosotros éramos invasores, intrusos.
Los salvajes pelearían como lo habían dejado en claro por lo suyo. Y lo peor de todo es que si se lo proponían, en cualquier momento, podrían terminar con nosotros.
No estábamos solos, pero justo en aquel momento, no podía sentirme, sentirnos, más desprotegidos que nunca.
