19
–¡Hola! –Naruto me miraba desde el otro lado de la puerta, con sus impresionantes ojos azules, rodeados de unas profundas ojeras–. ¿Puedo pasar?
–Sasuke no está –contesté, frunciendo el ceño.
—Ya lo sé. He venido a hablar contigo.
—¿Sobre qué?
—Sobre Temari.
–¡No me digas que te ha dado puerta! –No podía haber más alegría en mi voz.
–¡Joder! –exclamó, frotándose la cara con las manos–. ¡Pues sí, me ha dado puerta, por eso necesito que hables con ella!
–¿Que hable con ella? ¿Para qué?
–¿Para qué va a ser, Saku? ¡Para que me perdone!
–¡Será una broma! –Su mirada suplicante al otro lado alteró mi bilirrubina al momento–. ¡La respuesta es no! ¡No! ¡No! ¡Y no!
Le cerré la puerta en las narices, con una rapidez que no le dio tiempo a poner el pie. Lo de aquel hombre no era normal. Había despreciado a mi amiga de todas las formas imaginables, y en el momento en que ella se lo quitaba de encima, se revolvía en su interior su orgullo de machito, ese que lamentablemente no han perdido por el camino de la evolución y que tantos problemas les ocasiona, por no hablar de los sufrimientos que nos ocasiona a nosotras.
–¡Saku, por favor! –clamó al otro lado–. ¡Necesito que hables con ella!
–¡Ni lo sueñes! –Estaba realmente furiosa, con la raza humana, con el género masculino, y con él en particular–. ¡Márchate ahora mismo, o llamo a Sasuke!
–¡Él me ha dicho que viniera!
–¡Quéeee! –exclamé, abriendo la puerta–. ¿Tan poco aprecia tu vida que te pone en mis manos?
–La tuya estuvo una vez en mis manos –dijo con una pequeña sonrisa–. ¿Lo has olvidado?
–¡No lo he olvidado! –contesté, achicando los ojos.
–Necesito que hables con Temari, por favor.
–¿Para decirle qué? ¿Que eres un mujeriego? ¿Que eres un traidor? ¿Que no la mereces? ¿Que puede aspirar a un hombre de verdad? ¿Que me alegro de que te haya dejado?
–¡Pero qué dura eres!
–¡Naruto, el modo en que has hecho sufrir a Temari es algo que no te perdonaré nunca, ni aunque viva cien años!
–¡Vale, no me perdones, pero habla con ella! ¡Dile que lo siento, que la quiero, que me equivoqué, que la cagué, y que daría lo que fuera por volver atrás y rectificar!
–¿Y por qué no se lo dices tú?
–¡Porque no quiere verme! ¡Porque no quiere hablar conmigo y me cuelga el teléfono! ¡Porque ayer, cuando me presenté en la comisaría, sus compañeros me echaron a empujones... no puedo volver por allí!... ¡Me lo debes, Saku, me lo debes!
–¿Que te lo debo?
–¡Sí, me lo debes, te salvé la vida!
–¡A eso has venido, a chantajearme! –Sentía que de mis ojos salían rayos y centellas–. Los rusos siempre os cobráis las deudas, ¿verdad?
–Siempre, Saku, siempre.
Nos quedamos frente a frente, retándonos con la mirada, en la suya no podía haber más brillo de desesperación, en la mía no podía haber más rabia.
–¡Está bien, Naruto, te pagaré mi deuda! Pero reza para que Temari no me dé vía libre para arrancarte los ojos, porque como me la dé... ¡A por ellos me voy sin pensármelo dos veces!
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Sasuke levantó la vista del teclado del ordenador cuando le vio entrar en la oficina, pasándose la mano por el pelo y bufando como un auténtico toro español.
–¿Qué? ¿Cómo ha ido?
–¡Joder, Sasuke! –exclamó, dejándose caer en el sofá y exhalando un profundo suspiro–. ¡Te puedes creer que me ha dado miedo, tío!
–¿A que sí?
Su carcajada inundó el despacho.
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–¡Tengo que hablarte BIEN de Naruto!
–¿Qué?
Temari me miró como miraría a un talibán que entrase armado hasta los dientes por la puerta de su casa. La crucé sin dejar de refunfuñar en ningún momento, y me lancé hacia su cocina, donde afortunadamente una cafetera llena me esperaba, seguramente sabedora de la falta que me hacía en aquel momento una buena aliada.
–¿Saku? –preguntó divertida, a mi espalda–. ¿Pero qué te pasa?
–¡No me mires así, Temari, tengo que hacerlo, he dado mi palabra y tengo que hacerlo!
–¿Te ha chantajeado?
–¡Ohhhh! –gruñí, tomándome el café de golpe y encendiendo un cigarrillo–. ¡Y por Dios, no me digas que no fume en este momento, porque me va a dar algo!
Temari se puso otro café sin dejar de reír. Sí, supongo que vista desde fuera, mi imagen debía de ser divertida, pero desde dentro... la cosa cambiaba mucho ¡Nunca me había sentido tan contra las cuerdas! ... ¡Arrinconada!... ¡Extorsionada!... Me senté a la mesa de la cocina, concentrando mi mirada en la taza que tenía en la mano.
–A ver... –dije, cerrando los ojos y abriendo las manos, intentando concentrarme–. Es guapo...
Temari se dobló por la mitad, aquello iba a ser más difícil de lo que había imaginado. Tragué saliva... ¡Aviso a navegantes, nunca deis vuestra palabra, si no lo veis claro!
–Saku, esto no es necesario, cielo, tú ya sabes que he conocido a alguien y...
–¡Tengo que hacerlo, Temari, tengo que hacerlo! –exclamé, suspirando profundamente–. Está muy bueno...
Temí que Temari se mease encima, aquello era un auténtico espectáculo para ella, mientras que a mí me estaba costando Dios y ayuda no dejar salir por mi boca todas las cosas que de verdad pensaba mi mente, pero claro... ¡Cuando las cosas no se sostienen, no se sostienen!
–Tiene carencias afectivas, su padre era un maltratador y un borracho... ¡Lo cual no justifica que se comporte como se comporta, claro!
¡Ay, Dios, aquello no iba bien, me estaba desviando del camino!
–Es un buen amigo... ¡Con los hombres, porque con las mujeres deja mucho que desear!
–¡Ay, Saku! –Temari nunca se había reído tanto.
–Arriesgó su vida por recuperar mi pie... ¡Claro que si no lo hubiese hecho, Sasuke le habría arrancado la cabeza!
–Saku, por favor, déjalo ya, me va a dar algo.
Temari se desternillaba.
–¡No puedo! –dije, apagando el cigarrillo–. Sasuke dice que tiene buen corazón, pero que siempre le ha gustado ir de flor en flor y que le da miedo comprometerse... ¡Pero caray, tiene cuarenta años, con esa edad ya podía ser un poquito más maduro!
¡Juro que lo intenté, lo intenté con todas mis fuerzas, pero aquello no se sostenía! ¡Es lo que tiene no creer en algo, que uno no puede poner pasión en su defensa!
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Una bocanada de aire caliente me dio en la cara cuando crucé la puerta de mi castillo. No me sorprendió oír a Sasuke en la ducha, porque el calor de mi casa en verano es algo que no tiene explicación científica. Por primera vez deseé que las obras en la mansión terminasen cuanto antes, pero... cuando entré en la habitación y me encontré su maleta a los pies de la cama, sobre ella su ropa interior y una camisa, y uno de sus trajes colgando de una percha, el corazón me dio un vuelco.
–¿Sasuke, qué pasa? –pregunté al verle entrar con la toalla enrollada en la cintura.
–Tengo que irme de viaje, Saku.
–¿De viaje? ¿Adónde?
–A Rusia.
–¿A Rusia? –Me senté de golpe en la cama–. ¿Por qué, qué ha pasado?
—Tengo asuntos que arreglar allí –Se quitó la toalla y comenzó a vestirse.
—¿Pero así, de improviso? ¿Le ha pasado algo a Tenten?
Se abrochó lentamente la camisa, sin contestarme, la metió en los pantalones y se puso los zapatos, con unos movimientos tan lentos y precisos que sentí que todo estaba ocurriendo a cámara lenta, a cámara lenta y sin sonido.
–No vas a convencerla porque te presentes allí... ¿Lo sabes, verdad?... Voy contigo.
–No.
Su voz no fue más que un susurro, pero su firmeza me exasperó al momento. Toda mi adrenalina se alteró de repente, mientras le veía coger la corbata del armario y ponérsela ante el espejo, con toda la calma.
–¿Cómo que no?
–No quiero que vengas.
–¡¿No quieres que vaya?!
Mis ojos estaban a punto de salírseme de las órbitas, pero lo que más me exasperaba era que ni siquiera me miraba.
–¿Por qué?... ¿Por qué no quieres que vaya?
—Porque esto debo hacerlo solo.
Cogió la chaqueta y con ella en la mano se fue al salón. Me quedé allí sentada, a los pies de la cama, dándole tiempo a mis neuronas a que reaccionasen, se habían quedado tan ojipláticas como yo. Pero en cuanto se pusieron en funcionamiento ¡A por él me fui!
–¡Sasuke! –Entré en el salón como un auténtico torbellino–. ¿A qué viene esto? ¡Quiero que me des una explicación!
–Sakura. –Se acercó lentamente y por fin me miró, acariciando suavemente mis brazos–. Tengo que ir a Moscú, es importante, tengo que ir y tú no vas a venir conmigo. Necesito que lo entiendas y lo aceptes.
–Pero...
Se giró y se fue en busca de la cafetera, como si nada. Estuve a punto de saltar sobre su espalda y aporrearla como si fuese una puerta ¡El ser que habitaba allí dentro no me escuchaba!
–¡Pues no, no lo acepto y no lo entiendo! –exclamé–. ¡Quiero ir contigo, Sasuke!
—No.
–¡Iré contigo, Sasuke!
–No, Sakura, no vendrás, esto es asunto mío y tú te quedarás aquí.
–¡Iré!
–No.
–¡Iré, Sasuke, quieras tú o no quieras! –Me lancé a la habitación y abrí el armario, sacando mi maleta.
–Tú no vendrás –dijo con toda la calma, apareciendo a mi espalda y quitándomela de las manos–. Tú no vendrás, Saku.
–¡¿Pero por qué?!
–Porque tengo que ir solo.
–¡Pero dime por qué!
–Ya te lo he dicho. Tengo asuntos que resolver allí.
–Pero Sasuke... Dime qué pasa, por favor, dime qué pasa...
Los ojos se me inundaron de lágrimas. Tomó mi cara entre sus manos y dejó sobre mis labios un suave beso, mientras sus dedos la acariciaban. Sentí sus caricias en mis mejillas y sentí mis lágrimas, las primeras cesaron, las segundas parecían una riada. Y así, con la cara surcada de lágrimas me dejó en la habitación, gimiendo descontrolada, hasta que el timbre del telefonillo activó las hormonas de mi rebeldía, que tomaron el mando de mi cuerpo y de mi alma, y hacia él me fui con la escopeta cargada de mis palabras.
–¡No me digas más! –exclamé iracunda–. ¡Tu amigo te ha pegado las ansias de libertad y habéis decidido daros un garbeo por Moscú, recordar viejos tiempos y de paso... liberar ciertas ansias que no quieres liberar conmigo!
–Sakura...
–¡Oh, claro, Ino está en Moscú, y ella no está embarazada! –grité, levantando las manos con desesperación–. ¡Y seguramente ya está esperando a su don Juan!
–No voy a ver a Ino.
—¿Quiero ir contigo, Sasuke!
–No.
–¡Sasuke!
–He dicho que no.
Mi querido zar no me pidió que le acompañase al aeropuerto, seguramente para evitar una nueva escena o para impedir que me colase en alguna maleta, aunque de habérmelo pedido tampoco habría podido hacerlo porque la rabia que invadía mi cuerpo sólo era comparable a la desesperación que sentía porque se alejase de mi lado. ¡¿Pero cómo podía irse de aquella manera y abandonarme en semejantes circunstancias?! Cuando la puerta se cerró, me lancé sobre la cama, liberando todo el dolor, todo el desconcierto, todas las lágrimas. Aquella primera noche que no pasé entre sus brazos, hizo una pequeña incursión al otro lado de la línea telefónica, intentando tranquilizarme y hacerse perdonar... ¿Pero cómo perdonar algo que no se comprende? Para perdonar hay que comprender, y para comprender, hay que saber.
–¿Cómo estás, mi vida?
–Sola.
–Te echo de menos, cielo.
–Ya, por eso no me has permitido acompañarte.
—Es mejor así, te lo aseguro.
–Esto que has hecho no te lo perdonaré, Sasuke, que me hayas apartado de tu vida de esta manera y en este momento... es algo que no podré perdonarte, y quiero que lo sepas.
–Te aseguro que es mejor así, cariño.
–¿Mejor para quién? En una pareja las decisiones son consensuadas, no impuestas, y yo no soy un soldado al que le puedas dar órdenes, Sasuke, soy la mujer que comparte tu vida, y como tal debo de compartirla, sin secretos. ¿Acaso no hablamos de que la sinceridad es la base de una relación? ¿Ya se te ha olvidado?
–No se me ha olvidado, cielo.
–Pues lo parece.
–Saku, por favor, necesito que lo comprendas.
–No puedo comprenderlo porque no lo entiendo. Sasori también tomaba decisiones unilaterales, Sasuke, él también mandaba, él también ordenaba...
–Yo no soy Sasori, Sakura, y lo sabes.
—¡Entonces, no te comportes como él!
Colgué con rabia. Esa noche no volvió a llamar.
