En el aeropuerto internacional de Paris-Charles de Gaulle, una figura bajaba de las escaleras del avión con calma mientras que sus botas de tacón hacían un pequeño ruido con cada paso que daba en la escalera. Por fin había llegado a la ciudad natal de su padre. Conocía el idioma y sabía movilizarse vagamente gracias a que todas sus vacaciones las pasó en esa maravillosa ciudad. Era la primera vez que viajaba sola, siempre había viajado con sus padres, pero desde el divorcio, ambas contrapartes acordaron no volver a tener contacto si no era por medio de su hija.
Recordó con tristeza cuando sus padres le dieron la noticia de que iban a separarse, todo ese amor y esa pasión que se demostraban día a día se había ido extinguiendo hasta no quedar nada más que las cenizas de aquel hermoso sentimiento. Los papeles se firmaron, y sus padres le dieron la difícil decisión de escoger con quién quería quedarse como su tutor legal.
¿Escoger a uno de sus padres? ¿Cómo una niña de tan solo 13 años podría haber hecho tal cosa?
No fue fácil, pero la elección que tomó fue el quedarse con su madre mientras que pasaba todas las vacaciones de verano con su padre. Así fue durante cuatro años, hasta que su madre tomó la decisión de casarse de nuevo. No tenía nada en contra de que quisiera rehacer su vida con alguien más, pero si era honesta consigo misma, no se sentía cómoda viviendo con su madre y un completo desconocido, así que ahora que había cumplido recientemente diecisiete años y con su mente siendo mangoneada por sus impulsos adolescentes, como único regalo de cumpleaños, pidió ir a vivir con su padre, en Francia. Estaba feliz por su mamá, pero las cosas jamás volverían a ser lo mismo con el nuevo compromiso y con los tantos cambios que su mamá de seguro le hubiera impuesto de haberse quedado con ella.
Su padre había arreglado todo para que la aceptaran en un instituto justo antes de su llegada, según lo que su padre había dicho, este era amigo del director, así que conseguir que la aceptaran en ese instituto aun cuando ya iban muy avanzados en clases, fue cosa de nada. Así que lo único que quedaba por hacer, era adaptarse a su nueva vida.
No le resultaría tan difícil, puesto que en su antigua escuela, estaban súper adelantados con las materias, así que su padre le dijo que no se preocupara si estaba dos o tres meses atrasada, se podría defender bien. Además, era su último año en el instituto, y después de unos meses, se graduaría en parís.
Respiró con dificultad mientras se sacaba su abrigo y lo amarraba a su cintura quedando con una blusa color ocre sin mangas que dejaban a la vista un tatuaje con forma de flor en su hombro izquierdo.
Caminó a paso apresurado hacia la parte en donde se trasladaban las maletas y le gritó a uno de los encargados que justamente había tomado la suya para colocarla en un carrito como a las demás.
—¡Espere! Esa es mi maleta, ¿Puedo llevarla desde aquí? — preguntó genuinamente mirando al encargado.
El hombre miró a la chica y a la maleta que estaba sosteniendo, haciendo un debate mental en si dejarle llevársela o hacer su trabajo y dirigirse hacia la cinta transportadora. Después de un rato pensativo, finalmente asintió y dejó que la chica se llevase su maleta.
—De acuerdo, madmoiselle. Puede llevársela — habló con un marcado acento italiano — pero será solo por esta vez. Si alguien más sabe de esto, mi trabajo estaría en riesgo. Así que procuremos ser discreto, ¿esta bien? — propuso llevándose un dedo a los labios.
—No se preocupes, esta será la primera y última vez — sonrió hacia el hombre — no vengo precisamente de vacaciones. Me mudaré aquí, estaré al cuidado de mi padre, así que debería estar en marcha hacia su departamento.
—Pues en ese caso, bienvenida a París permanentemente, signorina — guiñó un ojo hacia la chica entregándole su maleta y bajando un poco su gorra a modo de cortesía — ha elegido una de las mejores ciudades para vivir. Si quiere puedo ayudarla a conseguir algún taxi que la lleve a su destino. El día de hoy está particularmente saturado de gente, no creo que consiga un taxi pronto.
—Se lo agradezco mucho — suspiró la chica aliviadamente— jamás habría sido capaz de tomar un taxi en esta ciudad tan ajetreada, es la primera vez que viajo sola.
—Pues permítame, madmoiselle. Ahora mismo le indicaré, sígame — dijo el encargado tomando todas las maletas de los demás pasajeros a la vez que acompañaba a la chica hacia la entrada. La castaña igualó su paso arrastrando su maleta y mirando hacia el encargado con infinito agradecimiento. Una vez que el joven logró conseguir un taxi para la chica, ambos se despidieron de manera cortés y la fémina subió al vehículo amarillo indicándole al chofer la dirección en la que se encontraba el establecimiento de su padre.
Observó por la ventana la fabulosa ciudad del amor, mirando maravillada que todo seguía igual a como lo recordaba, moría de emoción por volver a ver a su padre, e incluso estaba emocionada por ver en acción a los héroes que protegían esa hermosa ciudad, solo había podido verlas en televisión y por medio de videos en la red, pero aún así era su mayor fan, nada se comparaba con verlos de cerca, y ahora que se mudaba a Paris, podría verlos casi a diario.
Pagó la cantidad justa de francos solicitada por el taxista y bajó junto a su maleta mientras observaba el departamento donde se alojaba su padre. Su nueva vida comenzaba aquí. Y estaba segura de que nunca sería igual a cómo era cuando sus padres estaban juntos, pero sin duda podía crear nuevos momentos junto a su padre.
Y a su madre, a pesar de que estuvieran a kilómetros de distancia, de igual forma, le deseaba toda la felicidad, aunque no fuera con su padre.
...
Su mirada se perdió en líquido que contenía el vaso de cristal, estaba tan absorta que ni siquiera notó a su madre hablarle.
—¿Eh?
—Marinette — volvió a llamar su madre con preocupación al ver que no reaccionaba — ¿Estas bien, cariño?
—Estoy bien, mamá. Es solo que estaba pensando en algunas cosas — se excusó tomando el tenedor y pinchando la comida.
—No has comido casi nada, apenas y tocaste la cena, ¿segura que no estas enferma, cielo? — preguntó la mujer acercando su mano a la frente de su hija.
—No te preocupes mamá, es solo el estrés par futuros exámenes, ya se me pasará – dijo Marinette levantándose de la mesa para sorpresa de sus padres — disculpen, es que no tengo mucha hambre por ahora. Quisiera descansar un poca antes de estudiar.
—Pero si no has comido nada, cariño. No puedes estar con el estómago vacío – pronunció Tom hacia su hija.
—Comeré algo mas tarde, papá – tranquilizó Marinette yendo escaleras arriba hacia su habitación sin dar oportunidad a que sus padres dijeran algo más.
Una vez que llegó a su cuarto, cerró la puerta y se dirigió hacia su cama para recostarse de lado. Sus recuerdos se hicieron visibles delante de sus ojos llevándola a revivir aquella espantosa escena que no podía creer que hubiese pasado.
Casi perdía un miraculous.
La persona en la que había confiado ciegamente para luchar con ella, había traicionado su confianza y ahora no podía pensar en otra cosa que no fuera el error de haber confiado en Alya. No podía creer que las mentiras de Lila hubieran ocasionado esa desconfianza de Alya hacia Ladybug.
Masajeó sus ojos tratando de desvanecer esas feas memorias, pero cada vez que trataba de dejar de pensar en ello, pasaba.
Se veía así misma recurriendo hacia el maestro Fú para solicitar un miraculous que ayudara a derrotar al Akuma Se recordaba tomando el collar y pensando en la única persona que había sido capaz de usar ese miraculous para salvar el día, ni siquiera pensó en que Alya y ella ya no eran amigas, fue un simple impulso y la desesperada necesidad de elegir a alguien conocido que la ayudase a ella y a Chat Noir a derrotar a la villana.
Nunca tomó en cuenta de que la mente de Alya ya había sido manipulada por la víbora de Lila Rossi, esa chica estaba poco a poco acabando con el equipo de súper héroes.
Era totalmente seguro, que después de ese error, no podría volver a confiarle un miraculous a Alya, no mientras estuviera bajo la Influencia de Lila y sus mentiras envolventes, Y no sabía a quién acudir cuando se viera en la necesidad de pedir prestado un miraculous, no podía dárselo a cualquier persona, tenía que ser alguien de confianza.
Sus pensamientos fueron Interrumpidos al escuchar las conocidas pisadas de su madre subir por la escalera.
—Marinette, la señora Chamack quiere hablar contigo, esta al teléfono — informó Sabine dándole a su hija el teléfono de la residencia Cheng.
—Gracias, mamá — agradeció Marinette tomando el teléfono y poniéndolo en su oído para responder a la llamada —¿Aló?
—¿Marinette?
—Buen día señora Chamack, un gusto hablar con usted — sonrió Marinette al escuchar a la reportera suspirar de alivio a través de la línea telefónica. —Menos mal — suspiró — te llamé casi toda la mañana pero no respondiste. Así que tuve que llamar directamente a tu casa.
—Lo lamento mucho, mi teléfono se descompuso y tuve que llevarlo a reparar. Estoy incomunicada.
—Ya veo, lo siento mucho — se escuchó decir a la mujer — te llamaba para saber si podrías cuidar a Manon por unas horas. Tengo una junta importante en la televisora y no puedo llevarla conmigo. Sé que quizás te estoy pidiendo mucho, así que si no puedes, tal vez yo...
—No hace falta señora Chamack, estoy libre, así que podría cuidar a Manon hasta que usted disponga. Podría llevarla al parque que esta cerca de mi casa — ofreció.
—¿En serio? Marinette, no sabes cuanto te lo agradezco — contestó la mujer extasiada — pasaré a dejarla a tu casa en media hora. Muchas gracias por ayudarme con esto, Marinette.
—No se preocupe, lo hago con gusto.
—Entonces nos vemos después.
—Claro. Adiós señora Chamack.
Ambas colgaron y Marinette le devolvió el teléfono a madre, quien la miró con curiosidad.
—La señora Chamack pasará a dejar a Manon para que la cuide toda la tarde, ¿No te molestaría, mamá?
—En absoluto, cariño. Te prepararé algunos bocadillos para que puedas controlar a Manon si es que se pone difícil — le dijo guiñándole un ojo a su hija.
—Te lo agradezco mucho mamá, pero bastará con una vuelta al carrusel para complacer a Manon, no es tan complicado cuidarla.
—De todas formas me sentiría más cómoda, si llevas algún bocadillo al parque, no comiste casi nada en la cena y eso me preocupa — aclaró.
—Esta bien — aceptó Marinette — supongo que algunas galletas no le caerán mal a Manon.
—¡Excelente! — aplaudió con emoción la mujer de origen asiático — la señora Chamack podría llegar en cualquier momento, así que, ¿Por qué no esperas en la sala, querida?
La joven asintió y agarró su bolsa de mano que contenía a Tikki dentro y bajó junto con su madre a la sala.
La señora Cheng preparó rápidamente un surtido de postres en una funda de papel y se la entregó a su hija, para luego escuchar unos toques en la puerta.
Marinette se encargó de abrirla, dejando ver a Nadja Chamack y a su hija, quién tenía abrazada a su pecho una muñeca de trapo igual a Ladybug que ella misma había hecho especialmente para Manon, la última vez que la cuidó.
A penas la pequeña visualizó a Marinette estiró los brazos corriendo hacia ella para abrazarla.
—¡Marinette! — gritó la niña abrazando a su joven niñera por la cintura mientras esta rela y acariciaba su melena castaña suavemente enternecida.
—Nuevamente te agradezco que hayas podido cuidar de Manon, Marinette. Espero no haberte molestado con esto — dijo preocupada mirando a la joven adolescente cargar a su hija.
—Ya le dije que no es problema, señora Chamack — insistió Marinette — nos divertiremos juntas, ¿no es así, Manon? — preguntó a la niña, quién asintió con vigorosidad abrazándose aún más fuerte al cuello de su niñera.
La mujer rió y se acercó a su niña que seguía en los brazos de Marinette para darle un beso en la frente de modo afectuoso.
—Nos vemos luego mi cielo. No olvides obedecerle a Marinette en todo y por favor, no comas muchos dulces — advirtió a la niña mirándola con severidad.
—Sí, mami. Prometo portarme bien — dijo Manon haciendo sonreír a su madre cuando estiro sus labios y besó la mejilla de la mujer para despedirse agitando su manita al igual que Marinette.
Después de darle a Manon unas cuantas galletas, caminaron hacia el parque ayudando a Manon a subir al carrusel mientras ella la vigilaba a una distancia prudente. Su cabello suelto era movido por la ligera brisa y cerró sus ojos escuchando las risas de la niña.
Sonrió débilmente mientras sacaba una pequeña galleta y la mordía con verdadero deleite, era genial distraerse de todos los malos momentos que vivió esta semana, compartió unas pequeñas migajas de croissants con algunas palomas cuidando que ningún oficial estuviera cerca, aprovechando también para darle un macarrón a Tikki.
Se recargó aún más en la banca y se dedicó a mirar a Manon jugar. No debía preocuparse por nada más, al menos no por ahora.
—¡Vaya! ¿Quién diría que te encontraría aquí Marinette? Es una rara coincidencia.
Sus alarmas de dispararon y su cuerpo se tensó de golpe abriendo los ojos con incredulidad.
Rayos.
Tenía que ser solo una broma. Una pésima y de muy mal gusto...
Giró su rostro afilando la mirada, encontrándose cara a cara con la persona que menos quería ver en ese momento.
Lila caminó segura de si misma, llegando hasta la chica con una sonrisa zorruna plasmada en su rostro, caminando altiva y agitando su largo cabello castaño despreocupadamente.
Manon llegó hasta Marinette y al ver a la chica castaña con ella se quedo detrás de su niñera sin pronunciar palabra, y abrazando la muñeca que Marinette recientemente le había regalado.
Marinette no se dejó intimidar como en las veces anteriores. No estaban en la escuela y Lila no tenía el poder de decir mentiras que la perjudicaran a ella... al menos no más de lo que ya lo había hecho.
Sintió una punzada al recordar como sus amigos y compañeros le habían dado la espalda gracias a la chica que ahora se pavoneaba con aires de grandeza frente a ella. Como regocijándose de que su cometido había sido cumplido al pie de la letra. Y ciertamente, así fue.
Con una fingida sonrisa de amabilidad se acercó más a la chica de cabellos azules y contempló a la niña detrás de ella, así que trato de parecer lo más cordial posible.
—¡Que sorpresa encontrarte aquí Marinette! No sabía que eras niñera. — comentó juntando sus manos.
Marinette no se molesto en ocultar el claro desprecio que sentía hacia ella, torciendo los labios al encontrar tan repulsiva su intento mal intencionado de ser amable.
—Le hago en favor a la señora Chamak cuidando de Manon, nada importante Lila — casi masticó el nombre de la italiana, le resultaba tan vomitivo pronunciar su nombre, o cualquier cosa que se relacionara con ella.
—¡Oh, ya veo! Es una lindura — expresó con tono dulce.
La morena se agachó a la altura de la pequeña que se escondía detrás de Marinette y le sonrió cálidamente, o al menos lo fingió muy bien. Odiaba a los niños, pero si quería hacer quedar mal a Marinette, tenía que ganarse la confianza de esa mocosa.
—Hola — la saludó con un tono amistoso — Manon ¿Cierto? Veo que eres una admiradora de Ladybug — sonrió mirando de soslayo la muñeca que tenía la niña en su mano.
La niña aún algo tímida, asintió, escondiendo más su rostro en la chaqueta de Marinette dejando solo a la vista sus preciosos ojos color ámbar.
—Ella es increíble ¿no? ¿Sabes que ella es mi mejor amiga? — se mofó la italiana colocando de manera superficial su mano en su pecho — me ha salvado en más de una ocasión y nos volvimos tan cercanas, se podría decir que casi es mi hermana — mintió descaradamente.
Marinette la miró con aburrimiento y cierto resentimiento mientras Lila no paraba de hablar de lo cercana que era a Ladybug y lo mucho que han congeniado.
Pero ninguna de las dos chicas, se esperó la respuesta de la niña.
—¡Eso es mentira!
Marinette abrió los ojos sorprendida mientras que Lila por primera vez se quedaba petrificada en esa misma posición sin creer lo que acababa de escuchar. Y es que Lila, sin darse cuenta, había cometido un error garrafal en aquella anécdota.
—¿D-De que hablas, cielo? — trató de tranquilizarse la morena, maquinando otra estrategia en su cabeza para tratar de arreglar ese pequeño asunto — e-es verdad, Ladybug es mi mejor amiga, es casi como una hermana para mi.
La niña había asomado más su rostro ante la mención de su heroína favorita, pero frunció el ceño cuando la chica frente a ella comenzó a decir algo que ella a pesar de ser una niña, sabía que no era verdad.
—¡Eso no es cierto! Tú no eres amiga de Ladybug, Marinette sí — gritó con seguridad abrazando su muñeca y pegándose más a su niñera — ella llamó a Ladybug la misma vez que la chica unicornio y yo quedamos atrapadas en el carrusel.
Lila quedó aún más sorprendida por aquella revelación. Poniéndose de pie y fulminando a la niña que se escondió nuevamente detrás de Marinette temerosa por la mirada de la castaña.
Marinette por el contrario no sabía si reír o sentir pena por el rostro desfigurado de la castaña. Así que solo se dedicó a verla con una sonrisa triunfante que enfadó más a la castaña.
—¿Y a ti que te resulta tan gracioso? — inquirió entre dientes.
Marinette no dejo de sonreír y la miró con rigor fijando sus orbes celestes a los olivos de la castaña.
—Solamente recordé que hace mucho tiempo escuché una frase que sin duda va de la mano contigo Lila. 'Cuanto más vacía la carroza, mayor es el ruido que hace' — se mofó la azabache viendo con satisfacción la cara de no entender de Lila — eres tan prepotente e inoportuna, que no me sorprendería que en cualquier momento te puedan descubrir. Toda esa farsa que vives se te derrumbará en la menor oportunidad, y cuando pienso en eso, no hago otra cosa más que esperar a que tú sola deshagas esa red de mentiras que armaste para separarme de mis amigos.
La castaña evitó hacer una escena y con toda dignidad agitó su cabello y las miró a ambas con molestia.
—No me sorprende nada que esa mocosa invente cuentos tan tontos como que eres amiga de Ladybug o que quedo atrapada en el carrusel con una chica unicornio, por favor, son simples fantasías de una niña. Y claro, el simple hecho de que este contigo tiene sentido para mi — Lila al fin había mostrado su verdadera cara. Y no se cortó en lo más mínimo en insultarla a ella y a Manon, ya que esta última no creía en sus mentiras.
Marinette afiló su mirada y replicó mordazmente a la castaña.
—Tú no deberías hablar mucho puesto que se te hizo muy fácil inventar que eres tan amiga de Ladybug sin el menor reparo, a pesar de qué ambas sabemos que la detestas. Pero cuida mejor tus palabras Lila, porque en la menor oportunidad se te puede ir demás la lengua y tú solita te puedes delatar y cuando eso pase estaré esperando a que recapacites y puedas ser mejor persona de lo que nunca fuiste— advirtió la euroasiática.
—Me las pagarás Dupain — murmuró la castaña apretando los dientes — ni te imaginas lo fácil que es para mí poner a toda París en tu contra, si yo quiero. Unas cuantas palabras y unas lágrimas falsas y los tendré a todos en mi mano como siempre. TÚ, no eres nadie sin tus amigos. Te conozco bastante bien y sé que sin tus "adorados" amigos, no podrás volver a mostrar más esa odiosa sonrisa de positivismo que me enferma, y quién sabe… podrías ser víctima de Hawk Moth en esta ocasión sonrió malignamente.
—Te equivocas Lila. — respondió mordazmente sin trabas — pudiste haberme separado de mis amigos, pero no estoy tan sola como crees, mucha gente cree en mí, y eso es suficiente. Y si crees que por algún motivo voy a dejar que algo tan como el miedo y la desesperación me consuman, puede qué… no me conozcas tan bien como dices — sonrió altivamente mirándola a los ojos.
Con los puños apretados Lila barrió con la mirada a Marinette y a esa mocosa, mirándolas como si fueran la peor de las aberraciones y salió del parque con la cabeza en alto dando grandes zancadas.
Marinette se arrodilló a la altura de Manon que estaba abrazando su muñeca temblorosa por el encuentro con esa chica, a su parecer, muy aterradora... parecía más una villana como las que enfrentaban Ladybug y Chat Noir, era atemorizante.
—¿Estas bien Manon? — preguntó Marinette a la pequeña al ver su semblante temeroso, la niña no dudo en abrazarse a su cuidadora con sus hermosos ojos ámbar a punto de estallar en lágrimas. Esa chica había hablado muy mal de su niñera y desde que se la cruzaron por el parque le dio muy mala espina, las personas cómo ella no le agradaban, Marinette siempre le había dicho que las personas no siempre son lo que parecen, podía ser pequeña, pero sabía que esa chica no era para nada amiga de Ladybug, mucho menos de su niñera.
—Esa chica es mala — dijo sin vacilaciones haciendo un puchero triste que fue como un bálsamo hacia el corazón de Marinette. Así que le acarició sus cabellos con arrobo y la tranquilizó murmurando palabras calmantes que poco a poco fueron dando resultados al notarla más calmada.
—Shh… lo sé. No te preocupes, no dejaré que se acerqué a ti nunca. — prometió limpiando las pequeñas lágrimas del rostro de la niña que había comenzado a gimotear.
—¿Te gustaría comer uno de los helados mágicos de André? — ofreció mirando como la niña se separaba de ella con los ojos brillosos ahora de la emoción con una sonrisa en su pequeño rostro — escuché que estaba cerca de nuestra ubicación actual.
—¡Sí! ¡Quiero un helado! — brincó emocionada sosteniendo la mano de Marinette y tirando de ella, la heroína se sintió mejor al ver que su semblante triste había desaparecido y se dejo llevar por la niña hasta donde estaba el heladero.
Hotel Le Grand Paris
En otro lugar. Una silueta estaba recostada cómodamente en uno de los enormes sofás que poseía el lujoso hotel de su padre mientras revisaba una revista en su mano derecha y en la otra Sabrina se encargaba de hacerle la manicura. Todo estaba realmente perfecto y se sentía tan relajada, eso hasta que llegaron sus padres saliendo del ascensor, parecían estar gritándose, o más bien su madre era la que le gritaba a su padre mientras que este solo soltaba disculpas al azar tratando de calmar la ira de su madre. Arqueó una delgada ceja sin saber que sentir, no era exactamente algo nuevo que sus padres dieran ese tipo de espectáculos.
Su padre dejó de caminar para pararse frente a ella al igual que su madre, quien lo miraba con un enorme ceño fruncido. Su padre tragó saliva y miro a Sabrina con algo de incomodidad, como si quisiera pedirle de la mejor manera posible con la mirada que se marchara. Chloe al ver los inútiles intentos de su padre de despachar a Sabrina, se soltó de sus manos y le dio la orden de salir de allí para que la dejara a sola con sus padres. Quienes parecieron mediamente aliviados al ver a la chica salir en silencio murmurando una disculpa.
El alcalde carraspeó algo nervioso y se dirigió a su hija con voz temblorosa.
—Chloe querida, te tenemos una... eh, sorpresa — habló nervioso el hombre frotándose las manos.
La chica al oír la palabra sorpresa disparó todos sus sentidos tratando de imaginar en su mente que podía ser. ¡Eran tantas las opciones que se presentaban!
—¡¿Una sorpresa?! ¿Qué es? ¡Oh! ¿Es esa fabulosa pulsera de oro con topacios? Se verá fabuloso con ese nuevo vestido veraniego que compré ayer — exclamó juntando sus manos soñadoramente.
El alcalde tragó nervioso.
—Eh, no... la verdad es que tiene que ver... con la visita de alguien... pasará aquí toda la temporada — informó sintiendo un enorme peso en su estómago, odiaba hacer rodeos, pero si se lo decía directamente, su hija estallaría.
—¿Es alguien famoso?
—B-Bueno... en cierta forma lo es. — se rascó la nuca con ese inquietante temblor en sus piernas.
—¡Entonces es cierto! ¿Será una estrella de cine? O... ¡Quizás un famoso cantante cómo Jagged Stone! ¡Ja! Todos se morirán de envidia en el instituto — ya podía ver las caras de todos sus compañeros implorándole que los dejara conocer a la estrella, y por supuesto ella negándoselo, aplastando sus sueños.
—Tiene que ver el cine, mi hermosa princesa.
—¿Entonces es actor? — a Chloe le brillaron los ojos en ese instante.
—M-Más o menos, verás tu tío llamó y...
—¡Genial! ¿El tío Andrew al fin recapacitó y dejará que yo protagonice al personaje principal en su película? Por qué estoy segura de qué YO me vería fabulosa cómo la protagonista... ¡Lo tengo todo! Belleza, talento, una gran personalidad... soy la indicada, sin duda — terminó diciendo con una risita.
—N-No, querida... lo que trato de decir es...
—Agh... ¡Díselo sin rodeos, André! — espetó furiosa su esposa cansándose del tartamudeo y los nervios del hombre — Tu prima se viene a vivir con nosotros. — soltó de golpe.
El mundo fabuloso y perfecto de Chloe, se vino abajo.
—¿¡Qué!?
—C-Chloe, princesa... por favor, cálmate — pidió el hombre alzando las manos en dirección a su hija.
—¡No! ¡No voy a calmarme! ¿¡Por qué no me lo dijeron antes!? ¡¿Es qué a caso soy la única qué no esta enterada de los planes sin autorización que hace esta familia?!
—A mi tampoco me hace mucha gracia tener a tu prima viviendo con nosotros Chloe, pero es gracias a tu padre que estamos comprometidos en esta situación — dijo su madre mirando mal al hombre.
El alcalde no sabía cómo tranquilizar a su hija, si no la calmaba con algo armaría un berrinche tan grande que la recepción del hotel quedaría echa ruinas, tampoco ayudaba mucho que su esposa le echara la culpa de todo.
—Princesa, te aseguro que todo estará bien, ni siquiera notarás que tu prima esta aquí.
—¿¡Y qué más da!? ¡Si igual sabré que esta en este hotel! — gritó enfurecida — ¡Papi! ¡No quiero que mi prima venga a Paris! ¡No me agrada!
—Entiéndeme Chloe, tu tío tomó esta decisión, no yo... somos la única familia que tiene aquí en París, debemos brindarle apoyo, aunque no queramos, sólo eso te pido, algo de comprensión y aceptación — rogó juntando sus manos en señal de súplica.
—¡No quiero! Será todo un problema tenerla deambulando por el hotel, es una pesada... siempre esta tratando de ayudar a todos y haciéndose de amigos con la servidumbre... ¿¡Qué haré si me avergüenza delante de los sirvientes!? ¡Lo prohíbo totalmente!
El hombre mayor sudó frío y su mujer fue la que tomó las riendas de la situación, aunque fue más firme y dura.
—La decisión esta tomada Chloe, y aunque no te guste, en unos días, tu prima se quedará en el hotel, quieras o no — replicó Audrey, odiaba usar ese tono autoritario otra vez con su hija, pero debía calmar todo este escándalo que estaban formando — ¿He sido lo suficientemente clara?
Chloe evitó que unas lágrimas de furia contenida escaparan de su ojos y miró a su madre sin decir una palabra, sólo apretando sus perfectas y limadas uñas recién pintadas contra sus palmas, claro que dejó de hacerlo para no arruinar su manicura, más esta noticia la había dejado con un mal sabor de boca.
—Sí, mamam.
La rubia se cruzó de brazos intentando a todas costas no llorar, su madre era la única que podía hacerla sentir de esa forma con sólo unas palabras, les dio la espalda no queriendo verlos, no después de la decisión que habían tomado. ¿Cómo se atrevían a hacerle esto?
Ya podía verlo. Ella y la sosa de su prima conviviendo juntas bajo el mismo techo. Siempre le había desagradado su prima, y sabía con seguridad que tan pronto llegara, tendría que tragarse su orgullo y aceptar que ahora viviría con ellos en el hotel.
«Esto es ridículo»— pensó amargamente haciendo una rasgadura con sus uñas a su elegante y costosa chaqueta.
¡Perdón, perdón, perdón, perdón!
No tengo justificación para mi extensa ausensia, pero espero que este capítulo les haga saber que estoy viva y que continuaré con todas mis historias, no importa el tiempo que pase ;)
¡Bye, bye!
¡Hora de trabajar! ;3
