"El Emperador ha llegado."

Se escuchaba por los pasillos del palacio, lacayos y soldados de asalto desplazándose por todos los lugares para la bienvenida del emperador.

Rey no podía contener sus nervios, su corazón latiendo desaforadamente. En los últimos meses habían arribado rumores desalentadores. Sistemas completos conquistados por la nueva especie que provenían de la vecina galaxia. Historias de destrucción y masivos genocidios.

Impulsada por un peculiar ánimo, se esmeró en su apariencia eligiendo un elegante vestido y recogiendo su cabello en un peinado formal. Escoltada por su escuadrón personal de soldados de asalto, sus pequeños sujetando cada una de sus manos, aguardaba en el hangar a que su esposo descendiese de la nave.

Fue inevitable contener la respiración cuando la rampa apareció y de la nave emergió su imponente figura. Los gemelos salieron disparados hacia su padre quien a su vez se deshizo de su casco y se agachó con sus brazos abiertos para recibirlos.

Rey miraba en silencio la escena, todo su ser inundado con la presencia de su esposo. Observó cada línea de ese apuesto rostro advirtiendo su semblante cansado. Agotamiento que incluso ella percibía que tiraba hacia abajo el alma masculina haciéndola pesada. Ren se irguió con los gemelos en cada uno de sus brazos. Los oscuros ojos parecían devorarla y ella se estremeció ante su intensidad.

Emprendió su marcha hacia él, inicialmente en pasos pausados hasta acelerar sus pies en una carrera frenética . Lo abrazó, escondiendo su rostro en el pecho masculino al tiempo que aspiraba su aroma particular.

-Bienvenido, esposo mío.

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Esa noche, reclinada a lo largo de su esposo, escuchaba bajo su oído los latidos del corazón masculino. A pesar de la habitación hallarse en penumbras, la suave luz de la luna iluminaba todo con un tenue fulgor fosforescente.

-Rey… ¿sucede algo? – él formuló la pregunta apenas sobre un susurro.

Ella permaneció callada. Entendía el motivo de su interrogación. Su comportamiento no había sido el habitual. Durante la cena la conducta femenina fue retraída. No le había reconvenido, tampoco había articulado ninguna palabra hostil y respondía a las preguntas de su esposo de manera apagada pero amable.

-¿Rey?

Cerró sus ojos, deleitándose en el modo como él pronunciaba su nombre. Temió que ella nunca volvería a escuchar esa voz grave.

-¿Quienes nos están atacando? – ella decidió esquivar la pregunta con una suya.

Sintió sus largos dedos crear un camino lánguido a lo largo de su espalda. Aguardó pacientemente, segura de que buscaba las palabras adecuadas para contestarle.

-Dicen llamarse Yuuzhan Vong. Su especie parece humana pero sus rostros y cuerpos están completamente mutilados. Son extremadamente religiosos y creen en los sacrificios…

Ella capturó cierta reticencia en proseguir hablando sobre el tema. Transcurrieron varios segundos en silencio, uno que Rey decidió romper.

-La tarea de detener su invasión ha resultado ser ardua, ¿no?

Había alcanzado a captar la desmoralización entre la escolta que llegó con su esposo. Como si se cerniese sobre ellos una inminente catástrofe que resultaría en el exterminio total de la galaxia.

-No deseo hablar de la guerra. – imploró él quedamente.

-¿Qué deseas, entonces?

Era una pregunta estúpida y ella lo sabía. Pero ella experimentaba una sensación de pavor royendo su interior. Algo elusivo que no conseguía comprender y la aterrorizaba.

Ren se giró con ella en la cama, situándose sobre ella. Ojos oscuros miraron los pardos.

-Estás comportándote muy amable. – y arqueó una ceja, -Demasiado muy amable. Y me estás preocupando.

Rey volteó su rostro, eludiendo esa mirada escudriñadora.

-¿Rey?

Ella sintió su interior temblar. Ese llamado se le antojó como una solicitud suplicante. ¿Por qué él insistía en derrumbar sus defensas? ¿Qué lograba él con ello?

¿Su humillación?

¿Proclamar su dominio sobre ella?

Como anhelaba ella que su matrimonio fuese real. Que él la amara y ella poder profesarle su amor. Sin embargo, él era un monstruo y los monstruos eran incapaces de amar…

¿… o sí?

Se reprendió a sí misma. Por supuesto que no la amaba. Él no quería escuchar su admisión de amor porque él no necesitaba su amor. Solo su abyecta obediencia y su sumisión total. No era una ilusa y mucho menos creía que la amase.

Él la besó tiernamente en su sien, luego frotó su nariz a lo largo de su rostro, como si estuviese deleitándose en el aroma femenino. Seguidamente, depositó un sensual beso en la comisura de su labio.

Volvió a mirarla, narices apenas tocándose, aguardando alguna protesta o comentario virulento.

No obstante, nunca llegaron.

La confundida mirada oscura estrujó el corazón femenino. La expresión del rostro masculino adquiriendo un visaje vulnerable. La besó, labios deslizándose sobre los suyos en un movimiento tiernamente libidinoso.

Un deseo angustiante se apoderó de ella pero no era una necesidad puramente física. Ella quería más de él, estar con él, compartir todo con él.

Se besaron. Se acariciaron. Y cuando la necesidad se volvió insoportable, unieron sus cuerpos. Se movieron juntos. Ella jadeó, apretándolo contra ella. Y él la amaba -que la Fuerza la perdonase, pero ansiaba pensar que la amaba- de una forma tan dulce, tan gentil, que no reprimió el impulso de presionar su boca contra el hombro masculino para acallar un sollozo lujurioso.

Existía una intensidad adicional que nunca antes había estado entre ambos, que los sacudía agudamente. Era posible que fuese la inminente amenaza, el temor de lo que les deparaba el futuro. Y ella se abandonó, como siempre hacía pues nunca podía luchar contra la turbulenta tormenta de pasión que él despertaba en ella sin dificultad alguna para finalmente entregarse totalmente al impetuoso frenesí masculino.

. . .

El oscuro caballero jedi observaba a su esposa dormir pacíficamente sentado en una butaca frente a la cama. La respiración acompasada sosegaba sus emociones, impartiéndole un propósito a su resolución. Ella y los gemelos lo eran todo en su vida. Se irguió y caminó hacia la cama para depositar un beso sobre la frente femenina.

En total silencio, abandonó la habitación.

. . .

Al despertar esa mañana, la sobresaltó la frialdad de su ausencia. Colocó una mano sobre su boca en un fallido intento de acallar un sollozo. ¿Por qué no la despertó antes de marcharse?

Los sucesos de la noche anterior los consideró insólitos pero igualmente grandiosos. Nunca antes había experimentado la unión con Ben del modo como lo hizo anoche. Aun podía sentir la resonancia de la esencia masculina vibrando en su alma.

Las dudas acosaron su cabeza mientras reflexionaba sobre su matrimonio -si es que acaso podía llamarle así. Rememoró el día que su vida tomó un rotundo desvío. La tenía acorralada y él le brindó una alternativa, la única que ella podía aceptar. Ser su esposa a cambio de la liberación de sus queridos amigos.

Ella aceptó la despiadada solicitud no sin antes garantizarle que únicamente obtendría una esposa solo de nombre pues nunca le entregaría su corazón.

Una diminuta risa auto despreciativa abandonó sus labios. ¡Qué ilusa había sido! Por que cada resistencia suya él las derribaba con sus sensuales besos y caricias. Cada comentario virulento él lo contrarrestaba con una declaración afable. Solo ahora ella reconocía que su conducta agresiva y desagradable había alcanzado a transformar su matrimonio en una incesante batalla de dominio.

Cerró sus ojos, la angustia carcomiendo su interior.

¿Por qué no se conocieron bajo otras circunstancias?

Sí, hubiese sido tan fácil amarlo y entregarse a él. Tener la libertad de elegir. No obstante, ella mejor que nadie sabía que la vida era un sendero pedregoso, cubierto de adversidades y sufrimientos acechándola en cada curva.

Una revelación sobrevino sobre ella, similar a la de un rayo fulminante. Tenía que comunicarse con él y confesarle lo que sentía. Saltó de la cama, decidida y se vistió rápidamente. Sin embargo, saliendo de su habitación descubrió que aguardaban por ella.

-Su excelencia.

Rey no reprimió el impulso instintivo de retroceder, rechazando lo que estaba frente a ella. El extraño ser era alto, demasiado de muy alto. El cuerpo estaba tatuado y su cráneo, el cual estaba al descubierto, exhibía un patrón intricado de símbolos que bajaban por su frente. Era casi cadavérico y tenía un rostro que portaba una nariz rota y labios finos.

Sin embargo, no era su apariencia lo que causó la repulsión en Rey, mas bien fue su total vacío en la Fuerza. Un espacio en blanco. Como si la Fuerza no tuviese nada que ver con él. No… ella se sacudió mentalmente, corrigiéndose, en realidad era el extraño ser quien no tenía nada que ver con la Fuerza.

-Permítame presentarme. Nom Anor de la casta intendente Anor.

Ella lo observaba recelosa. Dudaba de su sincera introducción.

-Y usted debe ser la emperatriz, esposa del gran emperador Kylo Ren.

-¿Qué es lo que quiere?

-¡Oh, no es mucho! Simplemente que nos acompañe y nos deleite con su presencia.

Dos criaturas similares se aproximaron a ella, flanqueándola. Ella sabía que no era una invitación a la que podía negarse.

-De acuerdo. – aceptó ella elevando la barbilla demostrando su desafío.

Se marcharía con ellos pero no se doblegaría, evidenciando su personalidad obstinada. Después de todo ella era emperatriz de la Primera Orden y esposa del emperador Kylo Ren.

Mientras caminaba junto a ellos, le envió un mensaje a través de la Fuerza a Cilghal, la nana de sus hijos. Gracias a la Fuerza que Ben la eligió personalmente, siendo uno de sus requerimientos que tuviese capacidad en la Fuerza. La mon calamari era muy leal y llevaría a cabo lo que le pidiese. Y en esos instantes le estaba ordenando a que buscara al comandante Fel inmediatamente para que se marcharan del sistema lo más pronto posible.

Solo esperaba que Cilghal alcanzara a lograrlo. Rey presentía que los seres eran despiadados y crueles. Y si podía ser una distracción para que Jaina y Jacen pudiesen salvarse, no dudaría en sacrificarse.

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Notas de la Dama de Jade: Bueno, que más puedo decir que me convencieron a continuar el One Shot. Pero les advierto, será una corta historia. Tres o cuatro capítulos más. Espero que sea de su agrado esta humilde historia. Gracias por seguirla y por todos sus alentadores comentarios.