En la sala de reuniones a bordo del destructor imperial, Kylo Ren se levantó de la silla, se apoyó en el borde de la mesa con ambos brazos y hundió un momento la cabeza entre los hombros. El dolor que sintió en éstos lo obligó a alzarse enseguida. Sabía que los demás estaban tan cansados como él, pero, dado el devenir de los acontecimientos, ninguno podía permitirse descansar.
Sobre el holoproyector incrustado en el centro de la mesa negra flotaba la representación de una parte fronteriza de la galaxia. Los planetas bajo su mando y el espacio que había entre ellos brillaban con un suave resplandor dorado. En la parte izquierda, las Regiones Desconocidas estaba sombreado de color gris, y los planetas parecían perlitas negras.
—Según los datos que siguen llegando, el silencio desde Belkadan, Bimmiel, Dantooine y Sernpidal no debería sorprender a nadie, dado que los yuuzhan vong han tomado esos planetas, y no tenían mucha población para empezar. Siguen llegándonos informes de Dubrillion, pero cada vez son menos y más espaciados. Es como si Dubrillion fuera a convertirse en el cuartel general para los yuuzhan vong, al menos a corto plazo. De Garqi apenas nos llega nada; pero, por lo que parece, los yuuzhan vong han aterrizado allí, toman do el control y emprendiendo acciones para lo que sea que quieran hacer.
Escuchaba a Hux atentamente. A pesar de la animosidad que existía entre ambos, Ren confiaba plenamente en su capacidad militar.
-¿Cuál es la fecha del último reporte? – preguntó el oscuro jedi cuando Hux finalizó la información recopilada.
-Tres semanas atrás, exactamente.
-Me inquieta lo apagado que han estado. Tres semanas es mucho tiempo.
-Sí. Es muy preocupante. – afirmó el pelirrojo igualmente pensativo.
-¿Aun no se comunica Fel?
-No.
Ren cerró sus manos sobre la mesa en puños, los nudillos palideciendo ante la presión que ejercía en ellas. Antes de marcharse, le había dejado instrucciones al comandante de volver a tomar el mando del Finalizer y llevar s Rey con los gemelos a las afueras de la galaxia.
Jagged Fel había nacido y crecido en Csilla, planeta originario de la ascendencia de los Chiss. El comandante, quien Ren sabía era uno de sus más fieles oficiales, conocía como la palma de su mano el intricado laberinto entre nébulas y cinturas de asteroides, conocido como la trayectoria Vaagari que lo llevaría al planeta de Csilla el cual se hallaba contiguo a la orilla de la galaxia.
Sin embargo, aun no recibía comunicado alguno de su partida, si es que había logrado a marcharse. Al igual que no alcanzaba a tener contacto alguno con Rey. Presentía que ella estaba intentando cortar todo enlace con él y ese acto en sí lo afligía.
- Opinas que no saldremos victoriosos de esta guerra. – Hux cuadró sus hombros, los azules ojos mirando a su líder detenidamente.
-Si estas preguntándome sobre la posibilidad de alguna premonición de mi parte desde ahora te advierto que son inciertas y nada confiables. El futuro siempre está moviéndose, es difícil para predecirlo con seguridad.
Hux asintió con un leve movimiento de su cabeza, aceptando lo que el pelinegro le dijo.
-Bueno, lo más conveniente en estos momentos es que tomemos… - prosiguió el pelirrojo cuando fue interrumpido por un oficial.
-Señor, nos ha llegado un mensaje. El líder de los yuuzhan vong desea comunicarse con el emperador.
. . .
Las contradictorias emociones recorrían por su interior, luchando entre sí pero ninguna alcanzaba a ser victoriosa en tomar el control de su ser. Ansiaba verlo, ¡oh, cómo ansiaba verlo! Pero del mismo modo temía que la viese. Podía garantizar que no sería agradable verla en el estado que se hallaba y donde se hallaba.
En el breve tiempo que llevaba a bordo de la extraña nave había aprendido varios datos importantes de la raza alienígena. Los yuuzhan vong estaban lanzado un ataque sobre los planetas del Borde Exterior, que no sentían compasión ni piedad hacia la vida, y que, muy bien como dijo Ben, estaban totalmente al margen de la Fuerza. Al igual que podía entender el total desaliento de los militares bajo el mando de Ben pues las técnicas bélicas de los yuuzhan vong tenían en vilo el potencial militar de la primera orden. Eran, por decirlo de algún modo, poco más o menos invencibles.
No obstante, ella había alcanzado a captar cierta debilidad entre la raza alienígena: la casta de los esclavos. Observando detenidamente la interacción entre esta casta y la de los guerreros, percibió que existía una enorme desigualdad. Los esclavos eran humillados y maltratados simplemente por no pertenecer a la casta "correcta".
Un guerrero yuuzhan vong, alto y esbelto, de largas extremidades, con ganchos y espuelas en muñecas, codos, rodillas y talones, se había levantado en toda su estatura frente a ella y la observaba detenidamente. La joven jedi procuró ignorarlo.
-¿Confortable?
Era Shedao Shai, comandante de la flota que estaba tomando control de una parte de la galaxia de un modo violento.
-Como si importara mi bienestar. – espetó ella para luego apretar los dientes cuando una corriente dolorosa recorrió todo su cuerpo.
Rey estaba de cabeza, firmemente sujeta a un dispositivo que el comandante llamaba el Abrazo de Dolor. Cuatro apéndices, similares a unos tentáculos viscosos, rodeaban sus muñecas y tobillos. Muy pronto aprendió que si se resistía a estos, doblaría sus brazos y piernas hacia atrás, arqueándole la espalda y causándole dolor. Pero esos mismos apéndice enviaban entre ciertos intervalos, señales de dolor a su cuerpo.
Ella hubiese sucumbido al dolor de no ser por su conexión en la Fuerza. La invocaba y le permitía que recorriese su cuerpo para sentir su vigorizante energía.
Irónicamente, su fortaleza causaba la admiración de Shedao, despertando cierta curiosidad en los seres que él llamaba jeedai. Los infieles hacían todo lo posible por escapar de ese tipo de dolor.
"Se disocian de la realidad." Pensaba Shedao, "Es por eso que son una abominación que debe eliminarse de la galaxia."
Y si bien ella no buscaba el dolor, como los de su raza, ella tampoco intentaba apartarse del tormentoso suplicio. Lo aceptaba y fluía a través del dolor.
-Comandante. – llamó uno de los guerreros, realizando una leve genuflexión de respeto, -Estamos listos para enviar la señal.
. . .
Ren aguardaba a que entrase la señal en el puente de la nave imperial. Él consideraba insólito que el comandante utilizara un medio tecnológico para comunicarse. La raza intergaláctica repudiaba la tecnología y estaban horrorizados de la sociedad tecnológica que existía en la galaxia. Su énfasis en la biotecnología era parte de su creencia religiosa. Toda arquitectura no viviente es considerada blasfemia; las máquinas no vivientes son monstruosas; y los droides son ofensivos, porque para ellos son una imitación de la vida sacrílega de la galaxia.
Nunca estuvo preparado para lo que vería del otro lado de la transmisión, percatándose del motivo detrás de esa acción blasfema bajo los estándares de la raza alienígena. Quizás no estaban uno tan lejos del otro, realizando que ambos opinaban que los medios justificaban el fin.
Se despojó inmediatamente de su máscara, ojos oscuros absortos en la imagen que representaba la proyección del holocomunicador. La ira tomó control de su ser y quería aullar como un animal mal herido, apenas conteniendo el impulso de hacerlo.
Nadie, absolutamente nadie que tocaba lo suyo vivía para contarlo.
"Estoy bien." Ella pronunció las palabras moviendo únicamente sus labios.
Inmediatamente lo asaltó el pánico. Los gemelos… Pero ella se le adelantó, enviándole un mensaje mental de que Jag había alcanzado a marcharse con ellos.
"¿Por qué no he sentido tu dolor…?"
Ella interrumpió su pregunta, "Lo he estado ocultando de ti."
-Suficiente. – exclamó Shedao, observando de primera mano lo que le habían informado de los jeedaii. Estaban comunicándose a través de lo que ellos llamaban la Fuerza.
-No cumplo ordenes de nadie. – reclamó Ren.
-¿No? – y el yuuzhan chasqueó sus dedos.
Una mueca de dolor cruzó el rostro de Rey y Kylo se encogió cuando sintió una punzada de dolor en su interior.
Se esforzó por respirar, sintiendo como si le hubieran atravesado con una vibrocuchilla. El dolor físico se redujo lentamente, pero no el dolor emocional que le inundaba.
-¡Basta! – rugió el oscuro jedi.
-Es posible que pueda detenerlo, pero únicamente si alcanzamos un acuerdo.
Ren entrecerró sus ojos, -¿Cuál?
-Tú y yo, un duelo.
No necesitaba repetirle el convenio, Kylo lo aceptaría gustosamente. Ansiaba esa lucha personal con el comandante para cobrarle lo que le había hecho a Rey. Pero no entendía que él ganaba con ello.
-De acuerdo. – concedió Ren.
-Nuestras fuerzas tendrán una tregua hasta que nosotros nos enfrentemos.
-Muy bien. ¿Cuándo nos enfrentaremos?
-Siete ciclos planetarios a partir de ahora. En el planeta que ustedes llaman Ithor. Hasta entonces, habrá tregua. Que así sea.
-Bien. – gruñó el moreno, aceptando que justamente le tomaría llegar una semana al lugar indicado, -En siete días.
-Así será. – y el yuuzhan añadió, -Ven preparado para morir.
Y finalizó la transmisión.
Un profundo silencio descendió en el puente del destructor imperial, el cual fue interrumpido por el suave carraspeo de Hux.
-No, Hux, en estos instantes no necesito ninguno de tus consejos.
El pelirrojo realizó un breve gesto de abdicación, -De acuerdo, no diré nada.
Kylo escuchó a Hux ordenar que entraran las coordenadas a Ithor. Apretando los puños, opinaba que siete días era demasiado tiempo. Mucho tiempo para su equilibrio mental. No podía aguardar a que llegase el día.
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Notas de la Dama de Jade: Siento mucho haber tomado tanto tiempo en subir este capítulo. Darth Vida Real suele entremeterse entre las mejores intenciones. Me he estado mudando, lo que acarrea mucha tarea y encima, no sé porque razón Word no me permitía abrir mis documentos. Gracias a mi maridito, que solucionó el problema, aquí estoy de nuevo continuando esta historia. Espero -y cruza los dedos- continuar lo que queda de la historia sin mucha dilación.
